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lunes, 13 de junio de 2022

Evangelio del día

Evangelio según San Mateo 5,38-42.

Jesús, dijo a sus discípulos:
Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente.
Pero yo les digo que no hagan frente al que les hace mal: al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra.
Al que quiere hacerte un juicio para quitarte la túnica, déjale también el manto;
y si te exige que lo acompañes un kilómetro, camina dos con él.
Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

San Cipriano (c. 200-258)
obispo de Cartago y mártir
Los bienes de la paciencia, 15-16; SC 291

«Yo os digo, no repliquéis al malvado»

«Sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu, con el vínculo de la paz.»(Ef.4, 2) Con esto enseña que no puede conservarse ni la unidad ni la paz, si no se ayudan mutuamente los hermanos y no mantienen el vínculo de la unidad, con auxilio de la paciencia...
Perdonar a tu hermano que te ha ofendido no sólo setenta veces siete, sino todas las ofensas; que debes amar a tus enemigos, que debes rogar por los adversarios y perseguidores (Mt 5,39.44; 18,22) ¿Podrías acaso sobrellevar todos estos preceptos si no fuera por la fortaleza de la paciencia? Esto lo cumplió, según sabemos, Esteban: siendo asesinado... no pedía venganza para sus asesinos, sino perdón con estas palabras: Señor, no les tengas en cuenta este pecado (Hech 7, 60). Tal convenía que fuese el primer mártir de Cristo... no sólo se hiciese el pregonero de la pasión del Señor, sino su imitador en la inmensa mansedumbre y paciencia.
¿Qué diré de la ira, de la discordia, de las enemistades, que no deben tener cabida en el cristiano? Haya paciencia en el corazón y estas pasiones no entrarán en él... El apóstol Pablo nos advierte de eso: "No entristezcais al Santo Espíritu de Dios... eliminad de vuestra vida todo lo que es amargura, ira, cólera, insultos" (Ef. 4,30-31). Si el cristiano escapa a los extravíos y a los asaltos de nuestra naturaleza caída, como de un mar en furia, si se establece en el puerto de Cristo, en la paz y la calma, no debe admitir en su corazón cólera ni discordia. No le está permitido devolver mal por mal (Rm 12,17), ni dar cabida al odio. (EED)

Oración 

Bendice a mis enemigos, Señor. Yo también los bendigo y no los maldigo.

Mis enemigos me han llevado a tus brazos más que mis amigos.

Mis amigos me han atado a la tierra, mis enemigos han hecho que me desprenda de ella y han destruido mis aspiraciones en este mundo.

Mis enemigos han hecho que sea un extranjero en los reinos de la tierra y que habite como forastero en este mundo.

Del mismo modo que un animal perseguido por los cazadores encuentra un refugio más seguro que un animal despreocupado, yo, perseguido por mis enemigos, encontré el santuario más seguro oculto bajo tu tabernáculo, donde ni amigos ni enemigos pueden matar mi alma.

Bendice a mis enemigos, Señor. Yo también los bendigo y no los maldigo.

Ellos han confesado mis pecados ante el mundo en mi lugar.

Me han castigado cuando yo he dudado en castigarme.

Me han atormentado, cuando he intentado huir de los sufrimientos.

Me han reprendido, cuando yo me envanecía.

Me han escupido, cuando estaba lleno de arrogancia.

Bendice a mis enemigos, Señor. Yo también los bendigo y no los maldigo.

Cuando me he creído sabio, me han llamado necio.

Cuando me he colocado por encima de los hombres, se han burlado de mí como si fuera un enano.

Cuando he querido ser el primero, me han postergado.

Cuando he corrido a enriquecerme, me lo han impedido con puño de hierro.

Cuando he pensado que podía dormir tranquilo, me han despertado de mi sueño

Cuando he intentado construirme una casa para pasar una vida larga y tranquila, la han derruido y me han echado de ella.

En verdad, mis enemigos me han liberado de las ataduras del mundo y han hecho que alargue la mano para tocar la orla de tu túnica.

Bendice a mis enemigos, Señor. Yo también los bendigo y no los maldigo.

Bendícelos y multiplícalos; multiplícalos y vuélvelos aún más contra mí, para que mi huida hacia ti sea sin retorno, mi esperanza en los hombres se desvanezca como una telaraña, una serenidad total empiece a reinar en mi alma, mi corazón se convierta en la tumba de esas dos malvadas hermanas, la arrogancia y la ira, pueda atesorar mi tesoro en el cielo y por fin me vea libre del autoengaño que me ha enredado en la terrible maraña de esta vida ilusoria.

Mis enemigos me han enseñado lo que casi nadie sabe: que el único enemigo que tiene un hombre en este mundo es él mismo.

Uno sólo odia a sus enemigos cuando no se da cuenta de que no son enemigos, sino amigos crueles.

Me resulta muy difícil decir quién me ha hecho más bien y quien me ha hecho más mal en este mundo: mis amigos o mis enemigos.

Por lo tanto, bendice, Señor, tanto a mis amigos como a mis enemigos.

Un siervo maldice a sus enemigos, porque no entiende, pero un hijo los bendice, porque sí que entiende y sabe que sus enemigos no pueden quitarle la vida. Por eso, anda sin miedo entre ellos y ruega por ellos a Dios.

Bendice a mis enemigos, Señor. Yo también los bendigo y no los maldigo.

Amen

(unpasoaldia.com)




























lunes, 14 de junio de 2021

Evangelio del día

 

ChristianArt 
 
Mateo 5:38-42 Si alguien te ordena ir una milla, ve dos millas con él
 
 

Paseando por la orilla del mar, Pintado por Joaquín Sorolla (1863-1923), Pintado en 1909,
Óleo sobre lienzo © Museo Sorolla, Madrid

Jesús dijo a sus discípulos: 'Habéis aprendido cómo se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. Pero yo os digo esto: no ofrezcáis al malvado ninguna resistencia. Al contrario, si alguien os golpea en la mejilla derecha, ofrecedle también la otra; si un hombre os lleva a juicio y quiere quitaros la túnica, dejadle también el manto. Y si alguien te ordena ir una milla, ve dos millas con él. Da a todo el que te pida, y si alguien quiere pedirte prestado, no lo rechaces".

Comentario

Concilio Vaticano II
Mensaje a los jóvenes el 7/12/ 1965 (© Copyright 1980 - Libreria Editrice Vaticana)


«Yo os digo, no respondáis al malvado»

En el nombre de este Dios y de su hijo, Jesús, os exhortamos a ensanchar vuestros corazones a las dimensiones del mundo, a escuchar la llamada de vuestros hermanos y a poner ardorosamente a su servicio vuestras energías. Luchad contra todo egoísmo. Negaos a dar libre curso a los instintos de violencia y de odio, que engendran las guerras y su cortejo de males. Sed generosos, puros, respetuosos, sinceros. Y edificad con entusiasmo un mundo mejor que el de vuestros mayores.
La Iglesia os mira con confianza y amor. Rica en un largo pasado, siempre vivo en ella, y marchando hacia la perfección humana en el tiempo y hacia los objetivos últimos de la historia y de la vida, es la verdadera juventud del mundo. Posee lo que hace la fuerza y el encanto de la juventud: la facultad de alegrarse con lo que comienza, de darse sin recompensa, de renovarse y de partir de nuevo para nuevas conquistas. Miradla y veréis en ella el rostro de Cristo, el héroe verdadero, humilde y sabio, el Profeta de la verdad y del amor, el compañero y amigo de los jóvenes. Precisamente en nombre de Cristo os saludamos, os exhortamos y os bendecimos. (EDD)

Oración

Señor Dios, rey de cielos y tierra, dirige y santifica en este día nuestros cuerpos y nuestros corazones, nuestros sentidos, palabras y acciones, según tu ley y tus mandatos; para que, con tu auxilio, podamos ofrecerte hoy en todas nuestras actividades un sacrificio de alabanza grato a tus ojos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.