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viernes, 6 de marzo de 2026

Evangelio del día - Viernes 2a. semana de cuaresma


 

Libro de Génesis 37,3-4.12-13a.17b-28.

Israel amaba a José más que a ningún otro de sus hijos, porque era el hijo de la vejez, y le mandó hacer una túnica de mangas largas.
Pero sus hermanos, al ver que lo amaba más que a ellos, le tomaron tal odio que ni siquiera podían dirigirle el saludo.
Un día, sus hermanos habían ido hasta Siquém para apacentar el rebaño de su padre.
Entonces Israel dijo a José: "Tus hermanos están con el rebaño en Siquém. Quiero que vayas a verlos".
José fue entonces en busca de sus hermanos, y los encontró en Dotán.
Ellos lo divisaron desde lejos, y antes que se acercara, ya se habían confabulado para darle muerte.
"Ahí viene ese soñador", se dijeron unos a otros.
"¿Por qué no lo matamos y lo arrojamos en una de esas cisternas? Después diremos que lo devoró una fiera. ¡Veremos entonces en qué terminan sus sueños!".
Pero Rubén, al oír esto, trató de salvarlo diciendo: "No atentemos contra su vida".
Y agregó: "No derramen sangre. Arrójenlo en esa cisterna que está allá afuera, en el desierto, pero no pongan sus manos sobre él". En realidad, su intención era librarlo de sus manos y devolverlo a su padre sano y salvo.
Apenas José llegó al lugar donde estaban sus hermanos, estos lo despojaron de su túnica - la túnica de mangas largas que llevaba puesta - ,
lo tomaron y lo arrojaron a la cisterna, que estaba completamente vacía.
Luego se sentaron a comer. De pronto, alzaron la vista y divisaron una caravana de ismaelitas que venían de Galaad, transportando en sus camellos una carga de goma tragacanto, bálsamo y mirra, que llevaban a Egipto.
Entonces Judá dijo a sus hermanos: "¿Qué ganamos asesinando a nuestro hermano y ocultando su sangre?
En lugar de atentar contra su vida, vendámoslo a los ismaelitas, porque él es nuestro hermano, nuestra propia carne". Y sus hermanos estuvieron de acuerdo.
Pero mientras tanto, unos negociantes madianitas pasaron por allí y retiraron a José de la cisterna. Luego lo vendieron a los ismaelitas por veinte monedas de plata, y José fue llevado a Egipto.


Salmo 105(104),16-17.18-19.20-21.

¡Recuerden las maravillas que hizo el Señor!

Él provocó una gran sequía en el país
y agotó todas las provisiones.
Pero antes envió a un hombre,
a José, que fue vendido como esclavo.

Le ataron los pies con grillos
y el hierro oprimió su garganta,
hasta que se cumplió lo que él predijo,
y la palabra del Señor lo acreditó.

El rey ordenó que lo soltaran,
el soberano de pueblos lo puso en libertad;
lo nombró señor de su palacio
y administrador de todos sus bienes,


Evangelio según San Mateo 21,33-43.45-46.

Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«Escuchen otra parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero.
Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos.
Pero los viñadores se apoderaron de ellos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon.
El propietario volvió a enviar a otros servidores, en mayor número que los primeros, pero los trataron de la misma manera.
Finalmente, les envió a su propio hijo, pensando: "Respetarán a mi hijo".
Pero, al verlo, los viñadores se dijeron: "Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia".
Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron.
Cuando vuelva el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?».
Le respondieron: «Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros, que le entregarán el fruto a su debido tiempo.»
Jesús agregó: «¿No han leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos?
Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos.»
Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír estas parábolas, comprendieron que se refería a ellos.
Entonces buscaron el modo de detenerlo, pero temían a la multitud, que lo consideraba un profeta.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

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Bulle

San Basilio (c. 330-379)
monje y obispo de Cesárea en Capadocia, doctor de la Iglesia
Homilía 5 sobre el Hexaemerón, 6


Dar fruto

     El Señor no cesa de comparar las almas humanas a las viñas: «Mi amigo tenía una viña en un fértil otero» (Is 5,1); «Planté una viña y la rodeé de una cerca» (Mt 21:33). Evidentemente que Jesús llama su viña a las almas humanas, que las ha cercado, como con una clausura, con la seguridad que dan sus mandamientos y la protección que les proporcionan sus ángeles, porque «el ángel del Señor acampa en torno a sus fieles y los protege» (Sl 33:8). Seguidamente plantó alrededor nuestro como una valla poniendo en la Iglesia «en el primer puesto los apóstoles, en el segundo los profetas, en el tercero los que están encargados de enseñar» (1C 12:28). Además, por los ejemplos de los santos hombres de otros tiempos, hace elevar nuestro pensamiento sin dejarlos caer en tierra donde serían pisoteados. Quiere que los ardores de la caridad, como los sarmientos de una vid, nos aten a nuestro prójimo y nos hagan descansar en él. Así, manteniendo constantemente nuestro impulso hacia el cielo, nos elevemos como viñas que trepan hasta las más altas cimas.
Nos pide también que consintamos en ser escardados. Un alma escardada aleja de ella las preocupaciones del mundo que no son más que una carga para nuestros corazones. Así, el que aleja de sí mismo el amor de este mundo y su apego a las riquezas o que tiene por detestable y menospreciable la pasión por esta miserable y falsa vanagloria irrisoria ha sido, por así decirlo, escardado, y respira de nuevo, librado ya de la carga inútil de las preocupaciones de este mundo.
Pero, para mantenernos en la misma línea de la parábola, es preciso que no produzcamos únicamente madera, es decir, que vivamos con ostentación, ni que busquemos ansiosamente la alabanza de los de fuera. Es necesario que demos fruto reservando nuestras obras para ser mostradas tan sólo al verdadero propietario de la viña.
(EDD)


Reflexión sobre el cuadro

En la parábola que cuenta Jesús, nos encontramos con mucha violencia. Los criados de un terrateniente son enviados a recoger la cosecha de su viña, pero los labradores se vuelven contra ellos y los matan. Luego, en un acto aún más chocante, matan al propio hijo del terrateniente, imaginando que así pueden apoderarse de la viña. En la raíz de su violencia está la codicia, el deseo de poseer lo que no es suyo. Reconocemos algo de esto en nuestro propio mundo. Fíjate en todas las guerras que asolan el mundo hoy en día. La violencia hoy en día es a menudo impulsada por las mismas fuerzas: los celos, la ira y el ansia de control. De este modo, las Escrituras son un espejo para todas las épocas, incluida la nuestra.

Sin embargo, la parábola también apunta más allá de sí misma. Jesús está hablando, en parte, de su propio rechazo: de cómo él, el Hijo, será desechado y condenado a muerte. Y aun así, la violencia no tiene la última palabra. Y entonces Jesús cita los salmos, con los que, por supuesto, estaba muy familiarizado: “la piedra desechada por los constructores se ha convertido en la piedra angular” (Salmo 118,22). ¡Dios transforma el rechazo en vida nueva! Estas lecturas nos recuerdan que, incluso cuando la oscuridad parece prevalecer, Dios sigue trabajando silenciosamente, sacando vida de la pérdida.

Según datos de la ONU sobre conflictos mundiales, hay más de 50 conflictos armados activos en todo el mundo, el mayor número registrado desde la Segunda Guerra Mundial. Decenas de miles de personas mueren cada año como consecuencia directa de la guerra, y millones más se ven desplazadas, obligadas a huir de sus hogares en busca de seguridad. Hoy rezamos por todas las víctimas.

Probablemente uno de los cuadros más famosos que representan los horrores de la guerra es nuestro cuadro de Goya. El Tres de Mayo de 1808 de Francisco Goya capta las brutales consecuencias de un fallido levantamiento español contra las fuerzas de ocupación napoleónicas. En el cuadro, un grupo de civiles españoles son ejecutados por un pelotón de fusilamiento de soldados franceses sin rostro, de espaldas a nosotros, formando un frío y mecánico muro de violencia. En el centro, un hombre con camisa blanca, los brazos extendidos en una postura que recuerda a Cristo en la Cruz, iluminado por una gran linterna frente a los soldados. Su expresión es de terror y rendición, mientras otros a su alrededor se acobardan o yacen ya muertos. El cuadro se ha hecho famoso porque no glorifica la guerra, sino que expone su horror. El cuadro se despoja del heroísmo y muestra en su lugar el crudo sufrimiento de personas inocentes.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración por la paz 

Señor Jesús, ante ti quiero volcar el espanto por el horror y el error de la guerra. Me sangra el corazón por los ayes del sufrimiento de miles de seres humanos que se ven envueltos en un conflicto que no quieren ni han creado. Ante ti, Señor, me pregunto: «¿Qué precio tiene la paz?, ¿a qué acciones nos reta?». Ayúdanos, Señor, a humanizar la sociedad, abriendo nuestro corazón a una cultura de la ternura y la paz, favorecedora de bienestar social. Para que la paz sea eficaz, todos debemos comprometernos con actitudes auténticas de sana humildad. Una actitud del corazón y una comprensión de la mente que deja a los otros ser ellos mismo, con todos los derechos de ser humanos. Dios Padre de todos, danos ojos grandes para ver y mirar a los demás como hermanos y hermanas a quienes debemos solo amar y respetar. Y saca de nuestro interior la violencia y el gesto amenazador que hiere y aplasta a los demás. Tú nos dices: «Mi paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde» . Que tu Espíritu nos infunda la serena confianza. Tú fuiste víctima de la violencia que te llevó a la muerte en cruz. Que tu resurrección nos lleve a realizar el sueño amoroso de la paz y de la felicidad que Dios quiere para sus hijos e hijas amadas. AMÉN. Papa FRANCISCO

(agustinosvalencia.com)

lunes, 3 de junio de 2024

Evangelio del día


Epístola II Carta de San Pedro
 1,2-7.

Lleguen a ustedes la gracia y la paz en abundancia, por medio del conocimiento de Dios y de Jesucristo, nuestro Señor.
Su poder divino, en efecto, nos ha concedido gratuitamente todo lo necesario para la vida y la piedad, haciéndonos conocer a aquel que nos llamó por la fuerza de su propia gloria.
Gracias a ella, se nos han concedido las más grandes y valiosas promesas, a fin de que ustedes lleguen a participar de la naturaleza divina, sustrayéndose a la corrupción que reina en el mundo a causa de los malos deseos.
Por esta misma razón, pongan todo el empeño posible en unir a la fe, la virtud; a la virtud, el conocimiento;
al conocimiento, la templanza; a la templanza, la perseverancia; a la perseverancia, la piedad;
a la piedad, el espíritu fraternal, y al espíritu fraternal, el amor.


Salmo 91(90),1-2.14-15ab.15c-16.

Tú que vives al amparo del Altísimo
y resides a la sombra del Todopoderoso,
di al Señor: «Mi refugio y mi baluarte,
mi Dios, en quien confío».

“Él se entregó a mí,
por eso, yo lo glorificaré;
lo protegeré, porque conoce mi Nombre;
me invocará, y yo le responderé.

Estaré con él en el peligro
lo defenderé y lo glorificaré
le haré gozar de una larga vida
y le haré ver mi salvación”.


Evangelio según San Marcos 12,1-12.

Jesús se puso a hablarles en parábolas: "Un hombre plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero.
A su debido tiempo, envió a un servidor para percibir de los viñadores la parte de los frutos que le correspondía.
Pero ellos lo tomaron, lo golpearon y lo echaron con las manos vacías.
De nuevo les envió a otro servidor, y a este también lo maltrataron y lo llenaron de ultrajes.
Envió a un tercero, y a este lo mataron. Y también golpearon o mataron a muchos otros.
Todavía le quedaba alguien, su hijo, a quien quería mucho, y lo mandó en último término, pensando: 'Respetarán a mi hijo'.
Pero los viñadores se dijeron: 'Este es el heredero: vamos a matarlo y la herencia será nuestra'.
Y apoderándose de él, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña.
¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá, acabará con los viñadores y entregará la viña a otros.
¿No han leído este pasaje de la Escritura: La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular:
esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos?".
Entonces buscaban la manera de detener a Jesús, porque comprendían que esta parábola la había dicho por ellos, pero tenían miedo de la multitud. Y dejándolo, se fueron.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Bulle

San Basilio (c. 330-379)
monje y obispo de Cesárea en Capadocia, doctor de la Iglesia
Grandes Reglas monásticas, § 2


"Todavía le faltaba enviar a alguien: a su Hijo muy amado"

Dios creó al hombre a su imagen y semejanza (Gn 1,26), lo honró con el conocimiento de sí mismo, lo dotó de razón, por encima de los demás seres vivos, le otorgó poder gozar de la increíble belleza del paraíso y lo constituyó, finalmente, rey de toda la creación. Después, aunque el hombre cayó en el pecado, engañado por la serpiente, y, por el pecado, en la muerte y en las miserias que acompañan al pecado, a pesar de ello, Dios no lo abandonó; al contrario, le dio primero la ley, para que le sirviese de ayuda, lo puso bajo la custodia y vigilancia de los ángeles, le envió a los profetas, para que le echasen en cara sus pecados y le mostrasen el camino del bien. (...)
La bondad del Señor no nos dejó abandonados y, aunque nuestra insensatez nos llevó a despreciar sus honores, no se extinguió su amor por nosotros, a pesar de habernos mostrado rebeldes para con nuestro bienhechor; por el contrario, fuimos rescatados de la muerte y restituidos a la vida por el mismo nuestro Señor Jesucristo; y la manera como lo hizo es lo que más excita nuestra admiración. En efecto, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo (Ef. 2,6-7). Más aún, soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores, fue traspasado por nuestras rebeliones, sus cicatrices nos curaron (Is 53,4-5); además, nos rescató de la maldición, haciéndose por nosotros un maldito (Ga 3,13), y sufrió la muerte más ignominiosa para llevarnos a una vida gloriosa.
Y no se contentó con volver a dar vida a los que estaban muertos, sino que los hizo también partícipes de su divinidad y les preparó un descanso eterno y una felicidad que supera toda imaginación humana. ¿Cómo pagaremos, pues, al Señor todo el bien que nos ha hecho? (Sal. 115, 12) Es tan bueno que la única paga que exige es que lo amemos por todo lo que nos ha dado. (EDD)

Oración - Reflexión

BENEDICTO XVI

AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 16 de noviembre de 2005

 

Acción de gracias por la salvación realizada por Dios

1. Nuestra reflexión vuelve al himno de alabanza del salmo 135 que la liturgia de las Vísperas propone en dos etapas sucesivas, siguiendo una distinción específica que la composición ofrece a nivel temático. En efecto, la celebración de las obras del Señor se delinea entre dos ámbitos, el del espacio y el del tiempo.

En la primera parte (cf. vv. 1-9), que fue objeto de nuestra meditación precedente, desempeñaba un papel destacado la acción divina en la creación, que dio origen a las maravillas del universo. Así, en esa parte del salmo se proclama la fe en Dios creador, que se revela a través de sus criaturas cósmicas. Ahora, en cambio, el gozoso canto del salmista, llamado por la tradición judía "el gran Hallel", o sea, la alabanza más elevada dirigida al Señor, nos conduce a un horizonte diverso, el de la historia. La primera parte, por tanto, trata de la creación como reflejo de la belleza de Dios, la segunda habla de la historia y del bien que Dios ha realizado por nosotros en el curso del tiempo.
Sabemos que la revelación bíblica proclama repetidamente que la presencia de Dios salvador se manifiesta de modo particular en la historia de la salvación (cf. Dt 26, 5-9; Jos 24, 1-13).

2. Así pues, pasan ante los ojos del orante las acciones liberadoras del Señor, que tienen su centro en el acontecimiento fundamental del éxodo de Egipto. A este está profundamente vinculado el arduo viaje por el desierto del Sinaí, cuya última etapa es la tierra prometida, el don divino que Israel sigue experimentando en todas las páginas de la Biblia.

El célebre paso a través del mar Rojo, "dividido en dos partes", casi desgarrado y domado como un monstruo vencido (cf. Sal 135, 13), hace surgir el pueblo libre y llamado a una misión y a un destino glorioso (cf. vv. 14-15; Ex 15, 1-21), que encuentra su relectura cristiana en la plena liberación del mal con la gracia bautismal (cf. 1 Co 10, 1-4). Se abre, además, el itinerario por el desierto:  allí el Señor es representado como un guerrero que, prosiguiendo la obra de liberación iniciada en el paso del mar Rojo, defiende a su pueblo, hiriendo a sus adversarios. Por tanto, desierto y mar representan el paso a través del mal y la opresión, para recibir el don de la libertad y de la tierra prometida (cf. Sal 135, 16-20).

3. Al final, el Salmo alude al país que la Biblia exalta de modo entusiasta como "tierra buena, tierra de torrentes, de fuentes y hontanares (...), tierra de trigo y de cebada, de viñas, higueras y granados, tierra de olivares, de aceite y de miel, tierra donde el pan que comas no te será racionado y donde no carecerás de nada; tierra donde las piedras tienen hierro y de cuyas montañas extraerás el bronce" (Dt 8, 7-9).

Esta celebración exaltante, que va más allá de la realidad de aquella tierra, quiere ensalzar el don divino dirigiendo nuestra expectativa hacia el don más alto de la vida eterna con Dios. Un don que permite al pueblo ser libre, un don que nace —como se sigue repitiendo en la antífona que articula cada versículo— del hesed del Señor, es decir, de su "misericordia", de su fidelidad al compromiso asumido en la alianza con Israel, de su amor, que sigue revelándose a través del "recuerdo" (cf. Sal 135, 23). En el tiempo de la "humillación", o sea, de las sucesivas pruebas y opresiones, Israel descubrirá siempre la mano salvadora del Dios de la libertad y del amor. También en el tiempo del hambre y de la miseria el Señor entrará en escena para ofrecer el alimento a toda la humanidad, confirmando su identidad de creador (cf. v. 25).

4. Por consiguiente, en el salmo 135 se entrelazan dos modalidades de la única revelación divina, la cósmica (cf. vv. 4-9) y la histórica (cf. vv. 10-25). Ciertamente, el Señor es trascendente como creador y dueño absoluto del ser; pero también está cerca de sus criaturas, entrando en el espacio y en el tiempo. No se queda fuera, en el cielo lejano. Más aún, su presencia en medio de nosotros alcanza su ápice en la encarnación de Cristo.

Esto es lo que la relectura cristiana del salmo proclama de modo límpido, como testimonian los Padres de la Iglesia, que ven la cumbre de la historia de la salvación y el signo supremo del amor misericordioso del Padre en el don del Hijo, como salvador y redentor de la humanidad (cf. Jn 3, 16).

Así, san Cipriano, mártir del siglo III, al inicio de su tratado sobre Las obras de caridad y la limosna, contempla con asombro las obras que Dios realizó en Cristo su Hijo en favor de su pueblo, prorrumpiendo por último en un apasionado reconocimiento de su misericordia. "Amadísimos hermanos, muchos y grandes son los beneficios de Dios, que la bondad generosa y copiosa de Dios Padre y de Cristo ha realizado y siempre realizará para nuestra salvación; en efecto, para preservarnos, darnos una nueva vida y poder redimirnos, el Padre envió al Hijo; el Hijo, que había sido enviado, quiso ser llamado también Hijo del hombre, para hacernos hijos de Dios:  se humilló, para elevar al pueblo que antes yacía en la tierra, fue herido para curar nuestras heridas, se hizo esclavo para conducirnos a la libertad a nosotros, que éramos esclavos. Aceptó morir, para poder ofrecer a los mortales la inmortalidad. Estos son los numerosos y grandes dones de la divina misericordia" (1:  Trattati:  Collana di Testi Patristici, CLXXV, Roma 2004, p. 108).

Con estas palabras el santo Doctor de la Iglesia desarrolla el Salmo con una enumeración de los beneficios que Dios nos ha hecho, añadiendo a lo que el Salmista no conocía todavía, pero que ya esperaba, el verdadero don que Dios nos ha hecho:  el don del Hijo, el don de la Encarnación, en la que Dios se nos dio a nosotros y permanece con nosotros, en la Eucaristía y en su Palabra, cada día, hasta el final de la historia. El peligro nuestro está en que la memoria del mal, de los males sufridos, a menudo sea más fuerte que el recuerdo del bien. El Salmo sirve para despertar en nosotros también el recuerdo del bien, de tanto bien como el Señor nos ha hecho y nos hace, y para que podamos ver si nuestro corazón se hace más atento:  en verdad, la misericordia de Dios es eterna, está presente día tras día.

Rezando

¡Aleluya! Alabad el nombre de Yahvé, alabad, siervos de Yahvé,

2 que servís en la Casa de Yahvé, en los atrios de la Casa de nuestro Dios.

3 Alabad a Yahvé, porque es bueno, tañed para su nombre, que es amable.

4 Pues Yahvé se ha elegido a Jacob, a Israel, para ser su propiedad.

5 Bien sé yo que es grande Yahvé, nuestro Señor más que todos los dioses.

6 Todo lo que quiere Yahvé, lo hace en el cielo y la tierra, en el mar y en los abismos.

7 Levanta las nubes por el horizonte, con los relámpagos hace llover, saca de sus depósitos el viento.

8 Hirió a los primogénitos de Egipto, desde personas hasta el ganado;

9 mandó señales y prodigios en medio de ti, Egipto, contra el faraón y sus siervos.

10 Hirió a incontables naciones, dio muerte a reyes poderosos,

11 a Sijón, rey de los amorreos, a Og, rey de Basán, y a todos los reinos de Canaán;

12 y dio sus tierras en herencia, en herencia a su pueblo Israel.

13 ¡Yahvé, tu fama es eterna, Yahvé, tu recuerdo por generaciones!

14 Pues Yahvé hace justicia a su pueblo, se compadece de todos sus siervos.

15 Los ídolos paganos son plata y oro, obra de la mano del hombre,

16 tienen boca y no hablan, tienen ojos y no ven;

17 tienen orejas y no oyen, tienen boca y no respiran.

18 ¡Sean como ellos los que los hacen, los que en ellos ponen su confianza!

19 Casa de Israel, bendecid a Yahvé, casa de Aarón, bendecid a Yahvé,

20 casa de Leví, bendecid a Yahvé, los adeptos a Yahvé, bendecid a Yahvé.

21 ¡Bendito desde Sión Yahvé, que habita en Jerusalén! ¡Aleluya!

(Biblia de Jerusalén)





viernes, 1 de marzo de 2024

Evangelio del día



Libro de Génesis 37,3-4.12-13a.17b-28.

Israel amaba a José más que a ningún otro de sus hijos, porque era el hijo de la vejez, y le mandó hacer una túnica de mangas largas.
Pero sus hermanos, al ver que lo amaba más que a ellos, le tomaron tal odio que ni siquiera podían dirigirle el saludo.
Un día, sus hermanos habían ido hasta Siquém para apacentar el rebaño de su padre.
Entonces Israel dijo a José: "Tus hermanos están con el rebaño en Siquém. Quiero que vayas a verlos".
José fue entonces en busca de sus hermanos, y los encontró en Dotán.
Ellos lo divisaron desde lejos, y antes que se acercara, ya se habían confabulado para darle muerte.
"Ahí viene ese soñador", se dijeron unos a otros.
"¿Por qué no lo matamos y lo arrojamos en una de esas cisternas? Después diremos que lo devoró una fiera. ¡Veremos entonces en qué terminan sus sueños!".
Pero Rubén, al oír esto, trató de salvarlo diciendo: "No atentemos contra su vida".
Y agregó: "No derramen sangre. Arrójenlo en esa cisterna que está allá afuera, en el desierto, pero no pongan sus manos sobre él". En realidad, su intención era librarlo de sus manos y devolverlo a su padre sano y salvo.
Apenas José llegó al lugar donde estaban sus hermanos, estos lo despojaron de su túnica - la túnica de mangas largas que llevaba puesta - ,
lo tomaron y lo arrojaron a la cisterna, que estaba completamente vacía.
Luego se sentaron a comer. De pronto, alzaron la vista y divisaron una caravana de ismaelitas que venían de Galaad, transportando en sus camellos una carga de goma tragacanto, bálsamo y mirra, que llevaban a Egipto.
Entonces Judá dijo a sus hermanos: "¿Qué ganamos asesinando a nuestro hermano y ocultando su sangre?
En lugar de atentar contra su vida, vendámoslo a los ismaelitas, porque él es nuestro hermano, nuestra propia carne". Y sus hermanos estuvieron de acuerdo.
Pero mientras tanto, unos negociantes madianitas pasaron por allí y retiraron a José de la cisterna. Luego lo vendieron a los ismaelitas por veinte monedas de plata, y José fue llevado a Egipto.


Salmo 105(104),16-17.18-19.20-21.

Él provocó una gran sequía en el país
y agotó todas las provisiones.
Pero antes envió a un hombre,
a José, que fue vendido como esclavo.

Le ataron los pies con grillos
y el hierro oprimió su garganta,
hasta que se cumplió lo que él predijo,
y la palabra del Señor lo acreditó.

El rey ordenó que lo soltaran,
el soberano de pueblos lo puso en libertad;
lo nombró señor de su palacio
y administrador de todos sus bienes,


Evangelio según San Mateo 21,33-43.45-46.

Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«Escuchen otra parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero.
Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos.
Pero los viñadores se apoderaron de ellos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon.
El propietario volvió a enviar a otros servidores, en mayor número que los primeros, pero los trataron de la misma manera.
Finalmente, les envió a su propio hijo, pensando: "Respetarán a mi hijo".
Pero, al verlo, los viñadores se dijeron: "Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia".
Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron.
Cuando vuelva el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?».
Le respondieron: «Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros, que le entregarán el fruto a su debido tiempo.»
Jesús agregó: «¿No han leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos?
Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos.»
Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír estas parábolas, comprendieron que se refería a ellos.
Entonces buscaron el modo de detenerlo, pero temían a la multitud, que lo consideraba un profeta.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

San Ambrosio (c. 340-397)
obispo de Milán y doctor de la Iglesia
Tratado sobre el evangelio de Lucas 9, 29-30


La parábola de la viña

La viña es la figura del pueblo de Dios, porque, injertado sobre la vid eterna se levanta por encima de toda la tierra. Brote de un suelo ingrato, brota y florece, se reviste de verdor, pareciéndose al yugo de la cruz cuando sus pámpanos se extienden como brazos fecundos de una viña hermosa... Con razón se llama al pueblo de Cristo la viña del Señor, sea porque está marcado con el signo de la cruz (Ez 9,4), sea porque se recoge de él los frutos en la última estación del año, sea porque como los renglones de la viña, pobres y ricos, humildes y poderosos, siervos y amos, todos en la Iglesia tienen una igualdad perfecta...
Cuando se ata la viña, ella se reconduce; cuando se la poda, no es para dañarla sino para hacerla crecer. Lo mismo pasa con el pueblo santo; atándolo se hace libre; humillado se vuelve a levantar; recortado recibe una corona. Mejor aún: igual que el brote, cogido de un árbol viejo, es injertado sobre otra raíz, asimismo el pueblo santo... alimentado en el árbol de la cruz... se desarrolla. Y el Espíritu Santo, esparcido en los surcos de una viña, se derrama en nuestro cuerpo, lavando todo lo impuro y levantando nuestros miembros para dirigirlos hacia el cielo.
Esta viña es expurgada por el viñador, es ligada, podada (Jn 15,2)...A veces quema con el sol los secretos de nuestro cuerpo, a veces nos riega con su lluvia. El viñador quiere expurgar la viña para que las zarzas no perjudiquen a los brotes tiernos, vela para que las hojas no hagan demasiada sombra...no priva nuestras virtudes de luz, y no impide la maduración de nuestros frutos. (EDD)

Oración

Un corazón abierto a tu plan sobre mí y a tu invitación de colaborar en tu viña. Un corazón vacío de todo lo que no eres Tú, Señor, porque Tú eres mi tesoro y mi recompensa; un corazón vacío de mí mismo, para poder recibir tantas bendiciones que me tienes reservadas hoy. Toma mi corazón y extiende en él tu Reino. Amén.

(catholic.net)


domingo, 24 de septiembre de 2023

Evangelio del día - jornaleros de la viña


 

Libro de Isaías 55,6-9.

¡Busquen al Señor mientras se deja encontrar,
llámenlo mientras está cerca!
Que el malvado abandone su camino
y el hombre perverso, sus pensamientos;
que vuelva el Señor, y él le tendrá compasión,
a nuestro Dios, que es generoso en perdonar.
Porque los pensamientos de ustedes no son los míos,
ni los caminos de ustedes son mis caminos
-oráculo del Señor-.
Como el cielo se alza por encima de la tierra,
así sobrepasan mis caminos y mis pensamientos
a los caminos y a los pensamientos de ustedes.


Salmo 145(144),2-3.8-9.17-18.

Señor, día tras día te bendeciré,
y alabaré tu Nombre sin cesar.
¡Grande es el Señor y muy digno de alabanza:
su grandeza es insondable!

El Señor es bondadoso y compasivo,
lento para enojarse y de gran misericordia;
el Señor es bueno con todos
y tiene compasión de todas sus criaturas.

El Señor es justo en todos sus caminos
y bondadoso en todas sus acciones;
está cerca de aquellos que lo invocan,
de aquellos que lo invocan de verdad;


Carta de San Pablo a los Filipenses 1,20c-24.27a.

Así lo espero ansiosamente, y no seré defraudado. Al contrario, estoy completamente seguro de que ahora, como siempre, sea que viva, sea que muera, Cristo será glorificado en mi cuerpo.
Porque para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia.
Pero si la vida en este cuerpo me permite seguir trabajando fructuosamente, ya no sé qué elegir.
Me siento urgido de ambas partes: deseo irme para estar con Cristo, porque es mucho mejor,
pero por el bien de ustedes es preferible que permanezca en este cuerpo.
Solamente les pido que se comporten como dignos seguidores del Evangelio de Cristo. De esa manera, sea que yo vaya a verlos o que oiga hablar de ustedes estando ausente, sabré que perseveran en un mismo espíritu, luchando de común acuerdo y con un solo corazón por la fe del Evangelio,


Evangelio según San Mateo 20,1-16a.

porque el Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña.
Trató con ellos un denario por día y los envío a su viña.
Volvió a salir a media mañana y, al ver a otros desocupados en la plaza,
les dijo: 'Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo'.
Y ellos fueron. Volvió a salir al mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.
Al caer la tarde salió de nuevo y, encontrando todavía a otros, les dijo: '¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada?'.
Ellos les respondieron: 'Nadie nos ha contratado'. Entonces les dijo: 'Vayan también ustedes a mi viña'.
Al terminar el día, el propietario llamó a su mayordomo y le dijo: 'Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros'.
Fueron entonces los que habían llegado al caer la tarde y recibieron cada uno un denario.
Llegaron después los primeros, creyendo que iban a recibir algo más, pero recibieron igualmente un denario.
Y al recibirlo, protestaban contra el propietario,
diciendo: 'Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda la jornada'.
El propietario respondió a uno de ellos: 'Amigo, no soy injusto contigo, ¿acaso no habíamos tratado en un denario?
Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a este que llega último lo mismo que a ti.
¿No tengo derecho a disponer de mis bienes como me parece? ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?'.
Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos».


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Bulle

San Efrén (c. 306-373)
Diácono en Siria, doctor de la Iglesia
Diatessaron, 15, 15-17


«¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos?»

Estos hombres querían trabajar pero «nadie les había contratado»; eran trabajadores, pero sin hacer nada por falta de trabajo y de amo. Seguidamente, una voz les ha contratado, una palabra los ha puesto en camino y, en su celo, no ajustaron el precio de su trabajo como lo habían hecho los primeros. El amo ha evaluado su trabajo con prudencia y les ha pagado tanto como a los demás. Nuestro Señor pronunció esta parábola para que nadie diga: «Puesto que no fui llamado cuando era joven, no puedo ser recibido». Enseñó que, sea cual sea el momento de su conversión, todo hombre es acogido. [...] Salió al amanecer, a media mañana, hacia mediodía y a media tarde, y al caer la tarde»: con lo cual da a entender desde el inicio de su predicación, después a lo largo de su vida, hasta la cruz porque es «a la hora undécima» que el ladrón entró en el Paraíso (Lc 23,43). Para que nadie se queje del ladrón, Nuestro Señor afirma su buena voluntad; si le hubieran contratado antes, hubiera trabajado: «Nadie nos ha contratado».
Lo que damos a Dios es muy poco digno de él y lo que nos da es muy superior a nosotros. Se nos contrata para un trabajo proporcionado a nuestras fuerzas, pero se nos propone un salario mucho mayor que el que merece nuestro trabajo. [...] Se trata de la misma manera a los primeros que a los últimos; «recibieron un denario cada uno» que llevaba la imagen del Rey. Todo esto significa el pan de vida (Jn 6, 35) que es el mismo para todos; es único el remedio de vida para los que lo comen.
En el trabajo de la viña no se puede reprochar al amo su bondad, y nada hay que decir de su rectitud. Según su rectitud da tal como estaba convenido, y según su bondad, muestra su misericordia como quiere. Es  para darnos esta enseñanza que nuestro Señor dijo esta parábola, y la resumió con estas palabras: «¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? (EDD)

Oración

Amado Jesús, eres mi dueño, te pertenezco, desde el momento en que acepté, que pagaste el precio por mi vida en esa cruz, pagaste por mis pecados y me rescataste de las tinieblas. Me siento seguro, porque ahora todo lo que soy te pertenece y deseo glorificarte con mi cuerpo y con mi espíritu. Amén.

(Conexiondevida.org)
























viernes, 5 de marzo de 2021

Evangelio del día

 

ChristianArt 
 
Mateo 21, 33-43. 45-46 Parábola de los viñadores
 
 

Cristo tendiendo la mano, Fotografía de Kristina Linton, Fotografiada en 2016,
Impresión digital en color © Kristina Linton artista

En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola: “Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego la alquiló a unos viñadores y se fue de viaje.

Llegado el tiempo de la vendimia, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro, y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo.

Por último, les mandó a su propio hijo, pensando: ‘A mi hijo lo respetarán’. Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros: ‘Éste es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia’. Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron.

Ahora díganme: Cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores?” Ellos le respondieron: “Dará muerte terrible a esos desalmados y arrendará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo”.

Entonces Jesús les dijo: “¿No han leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable?

Por esta razón les digo que les será quitado a ustedes el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos”.

Al oír estas palabras, los sumos sacerdotes y los fariseos comprendieron que Jesús las decía por ellos y quisieron aprehenderlo, pero tuvieron miedo a la multitud, pues era tenido por un profeta.

Comentario

Santa Catalina de Siena (1347-1380)
terciaria dominica, doctora de la Iglesia, copatrona de Europa
Carta 45 al Conde de Fondi (Lettres, Téqui, 1976), trad. sc©evangelizo.org


La viña de nuestra alma

Mi queridísimo Padre y Hermano en Cristo, el dulce Jesús: Yo, Catalina, esclava de los servidores de Dios, le escribo en su preciosa Sangre. Tengo el deseo de verlo buen obrero en la viña de su alma, para que dé mucho fruto en el tiempo de la recolección. Es decir, en el momento de la muerte, cuando toda falta es castigada y toda virtud recompensada.
Sabe que la Verdad eterna nos ha creado a su imagen y semejanza. Dios hizo de nosotros su templo, donde quiere habitar con su gracia, siempre que el obrero de esta viña quiera cultivarla si no está cultivada. No podrá habitar si está cubierta de zarzas y espinas. Veamos qué obrero ha ubicado el Maestro. Le ha dado el libre arbitrio, al que confió todo poder. Nadie puede abrir o cerrar la puerta de la voluntad si el libre arbitrio no lo desea. La luz de la inteligencia le es dada para conocer amigos y enemigos que quieran pasar por la puerta. En esta puerta está ubicado el perro de la consciencia, que ladra cuando escucha llegar, levantado y sin dormir. Al obrero, esta luz hace ver y discernir el fruto. Saca la tierra para que el fruto sea puro y lo pone en su memoria como en un granero, en el que apila el recuerdo de los beneficios de Dios. En medio de la viña se encuentra el vaso de su corazón, lleno de preciosa Sangre, para regar las plantas y que no se sequen.
Es así que es creada y dispuesta esta viña (su alma). Ella también es, como dijimos, el templo dónde Dios debe habitar con su gracia. (EDD)