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martes, 11 de julio de 2017

Los médicos les dijeron que no tendrían más hijos, pero sucedió algo increíble

¿Sabes quién es un “bebé arcoíris”? Es el que nace después de que los padres hayan perdido un hermano/a durante el embarazo. Laura Fernández explica su experiencia y nos recuerda a quién pertenecen realmente nuestros hijos

 
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Sofía Gonzalo, aleteia

¿Cómo has vivido la llegada de Guadalupe?
Como un milagro. Literalmente. Una de las primeras cosas que les preguntamos a los médicos cuando me diagnosticaron el cáncer de mama fue si podríamos tener más hijos, y nos dijeron que no. Quizá esta fue una de las cosas que más nos costó asimilar de todo el proceso, porque los dos teníamos claro cuando nos casamos que lo mejor que se le puede dar a un hijo son hermanos. Naturalmente también esto lo pusimos en manos de Dios.
Yo estuve “luchando” con Él algunos meses. Resulta que a pesar de lo que nos decían los médicos, en mi corazón tenía la certeza de que vendrían más niños. Cada vez que lo rezaba, cada vez que lo ponía en oración, el Señor me decía que volveríamos a ser padres. En una Pascua de Familias de Cursillos de Cristiandad, un sacerdote amigo nuestro me aconsejó que “lo dejase estar”, que el Señor sabe lo que hace cuando habla al corazón.
Meses después, los médicos nos fueron abriendo la puerta a la esperanza de la paternidad. Pero solo se trataba de una puerta entreabierta, apenas con una rendija… Nos dijeron que era difícil que me pudiera quedar embarazada, que tenía 37 años pero mis ovarios eran mucho mayores como consecuencia de la quimioterapia…
Y llegó el primer milagro: Garbancito.El mismo día que nos dijeron que la revisión anual del pecho estaba bien y que nos daban un año para intentar quedarme embarazada, ese mismo día, el Señor llamó a la vida a nuestro segundo hijo, que se fue al cielo a las 7 semanas de gestación.
Diez meses después nacía Guadalupe, que fue bautizada el pasado 3 de junio, víspera de Pentecostés. El lema que escogimos su padre y yo para su bautismo, que es el final del Evangelio de la Anunciación, de San Lucas, lo resume todo:   “…Porque para Dios no hay nada imposible”.
¿Qué sientes al verla?
Gratitud; es vivir una constante oración de acción de gracias a Dios. Responsabilidad; como me pasó con Mateo, mi hijo mayor, sigue sobrecogiéndome al pensar que el Señor nos deja a Su hija para que la cuidemos y la llevemos al cielo. Y mucha paz; sabiendo que con la ayuda de Dios hemos podido llevar a cabo su plan.
Cuando tuvimos que tomar la decisión de interrumpir o no el tratamiento por un año para intentar quedarme embarazada, fue determinante pensar que lo más importante era que el día de mañana, estuviésemos en el cielo todos los miembros de nuestra familia que el Señor tenía pensado desde la eternidad. Ni uno menos.

Garbancito y Guadalupe

¿Cómo superaste el miedo que atraviesa una madre durante los meses de gestación del nuevo bebé una vez que ha perdido uno?
Las primeras semanas fueron complicadas. Intentaba no pensarlo… hasta que llegó un día en que me di cuenta de que no podía pasarme siete meses y medio huyendo o dominada por el miedo. Y lo abordé de frente. En realidad, tuve uno de esos pensamientos que sabes que son alumbrados desde lo Alto… Lo recuerdo perfectamente: iba en el coche, ¡recuerdo hasta en qué rotonda! Fui plenamente consciente de que la vida de mis tres hijos estaba en manos de Dios.
Garbancito ya había llegado a la meta. Y en realidad, no había diferencia entre los otros dos. El embarazo, si Dios quería, llegaría a término, pero ¿y luego? No tenemos comprado el mañana, porque lo más valioso que tenemos, la vida, es un regalo. Así que me limité a pedirle a Dios que, si era su voluntad, nos permitiese conocer a Guadalupe y cuidarla muchos, muchísimos años.
¿Cómo afrontaste el hecho de que tu bebé había partido hacia el cielo?
Fue durísimo. No son cosas comparables, y en el dolor no existen las escalas, pero después de pasar por un cáncer de mama, creo que el desgarro que supone saber que tu hijo ya no está vivo dentro de ti, es todavía peor…
¿Cómo lo vivió tu marido?
También fue un golpe durísimo para él. Por cómo se desarrolló todo, era impensable que no “fuese a salir bien”. Hay expresiones como “huérfano” para quien pierde al padre; “viudo” para quien pierde al cónyuge, pero es tan antinatural perder a un hijo que no hay una palabra para los padres que nos hemos visto en esa situación.
Mi marido siempre dice que la cruz es un instrumento de tortura, pero que lo que cambia todo es mirar al Crucificado, porque Jesús llena de presencia el sufrimiento. Eso es lo que hizo él, y encontró consuelo cuando le pidió al Señor que, dentro de mucho, si por su misericordia llegaba al cielo, le dejase jugar allí con su hijo.
Estoy absolutamente segura que nuestro hijo nos espera en el cielo y hoy por hoy nos cuida desde allí. Le tengo muy presente, y le pido muchas veces ayuda, sobre todo en las pequeñas cosas del día a día de sus hermanos.
¿Nuestros hijos nos pertenecen?
Estoy convencida de que no. Y es precioso vivir con esa convicción. Los hijos son de Dios y nuestra es la misión de ayudarles a que se haga en ellos Su Voluntad.
 ¿Alguna vez piensas en la idea de que tus hijos sean llamados para estar en el cielo?
Hace poco un cura amigo nuestro me decía una cosa muy cierta: absolutizamos la vida en este mundo. (Normal, por otra parte, puesto que no conocemos otra). Pero a veces es muy sano recordar que esta vida no es un fin en sí mismo. Hemos sido creados para la vida eterna. La vocación matrimonial a la que hemos sido llamados José y yo (como cualquier matrimonio cristiano), pasa por buscar la santidad propia y la del cónyuge, y juntos llevar al cielo a los hijos que el Señor nos ha regalado para cuidar.
Gracias a Jesucristo sabemos que la muerte no es el final; es un misterio, pero no es un final. Mi marido dice que la muerte siempre tiene algo de misterio, porque nos excede, y que la vida es como un pasillo que tiene inicio y final, aunque algunos parece que saltan por una ventana para llegar antes, como en un atajo. Lo importante es llegar juntos al cielo.
¿El sol siempre sale después de la lluvia?
Yo creo que tanto en la lluvia como en el Sol, tenemos a Dios con nosotros. En la lluvia para resguardarnos bajo su paraguas y, llegado el caso, empaparnos y pasar juntos la tormenta. Y en el Sol, para vivir esos momentos aún más intensamente en acción de gracias.
Toda circunstancia vivida con Él puede ser plena… durante el periodo de la enfermedad tuve muchísima presencia de Dios, recuerdo que un día me sorprendí a mí misma pensando: “¡Vaya! Resulta que se puede tener cáncer y ser feliz al mismo tiempo”.

jueves, 29 de enero de 2015

La mujer que en tres embarazos dijo «no» al aborto… y puso en pie, emocionados, a 15.000 jóvenes


La mujer que en tres embarazos dijo «no» al aborto… y puso en pie, emocionados, a 15.000 jóvenes
El padre Mario Majano cuenta en la homilía ante numerosos obispos el testimonio
de una mujer que le impresionó y que tres veces rechazó el aborto

El pasado 22 de enero, 15.000 jóvenes católicos se congregaron en el gran estadio Verizon de Washington en el encuentro juvenil con misa (YouthRallyAndMassForLife.org) previo a la Marcha por la Vida de cada año en la capital norteamericana.

Un sacerdote joven, de 28 años, el padre Mario Majano, de la diócesis anfitriona, tomó el micrófono (y el ambón, porque era la homilía de la misa) para contar un testimonio que a él le había impresionado.

Explicó que el heroísmo no es tener poderes, como pensaba de niño al leer comics de superhéroes, sino que “el verdadero héroe es el que no deja que nada, ni grande ni pequeño, le impidan defender lo que sabe que es bueno, defender a los más pequeño, defender lo que viene de Dios”.

El testimonio que le había impresionado era el de una mujer.


Primer embarazo: violada
Estudiando en el instituto, esta chica fue violada y quedó embarazada. “Su familia la ignoró. Se sentía sola”, explicó. Una amiga la animó a abortar. “Es una situación imposible para ti, haz lo que es práctico, aborta”, le dijo.

Pero ella respondió: “No podría afrontar el resto de mi vida sabiendo que le he quitado la vida a alguien”. Y tuvo el niño.

Segundo embarazo: abandonada
Más adelante quedó embarazada otra vez, esta vez de un hombre al que amaba… pero que no se quería comprometer en matrimonio y la iba a dejar. Además, ella quería sacar un título académico y tener un segundo hijo lo iba a impedir definitivamente. Su familia la animaba a abortar: no podía criar a dos hijos sin padre. Incluso se ofrecían a “pagarle todo” (el aborto).

“No importa lo bienintencionada que sea esa oferta, no sé lo que pasará, pero… no”. “Ella dijo no al aborto y sí a la vida”, explicó el padre Majano.

Tercer embarazo: quimio y riesgo de malformación
Pasaron 13 años. Ahora por fin la mujer estaba felizmente casada, pero enferma de cáncer recibía un intenso tratamiento químico… y quedó embarazada. Los médicos le dijeron que abortara, que sin duda el niño tenía “cero posibilidades de nacer normal”.

“Normal o no, es algo que no puedo hacer, y no lo haré”, dijo ella.

El padre Majano concluyó: “este tipo de heroismo no suele ser alabado por la sociedad pero nosotros lo vamos a hacer. A esta mujer, por sus esfuerzos valientes, por estar siempre firme, por centrar su vida en el amor, yo simplemente le digo: ¡gracias, mamá, muchas gracias!”



Rosa Majano, la madre y protagonista de la historia, 
llora emocionada mientras le aplaude todo el Verizon Center (
foto de Pete Baklinski, de LifeSiteNews)


La emoción recorrió el estadio Verizon mientras 15.000 jóvenes, numerosos obispos, cardenals y hasta el nuncio del Papa en Estados Unidos se levantaban para aplaudir a la madre del joven sacerdote, Rosa, de 53 años, allí presente, que lloraba emocionada como muchos de los presentes.

Rosa tiene hoy 4 hijas y un hijo… y su hijo es sacerdote. “Él fue mi título académico”, dijo ella. “Nunca pensé que llegaría a ser sacerdote, me muestra bien claro que Dios lo escogió a él desde mi vientre”, comenta. Mario fue el protagonista de la segunda historia.

"Dios nunca te dejará sola"
A cualquier mujer en una situación apurada, Rosa le da un mensaje: “No te rindas, Dios tiene un plan, siempre. Dios nunca te dejará sola”.


Rosa Majano tiene un mensaje: "Dios tiene un plan"

Mario está convencido –lo contó a LifesiteNews- que el ejemplo de su madre, su firmeza, es uno de los orígenes de su vocación. Además, ella acudía a la Iglesia en busca de ayuda y la encontró. “Con su ejemplo nos mostró siempre que Dios era esencial en nuestras vidas, no importa en qué circunstancias. Eso fue una buena base en mi vida para que llegase el mensaje vocacional”, afirma.