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jueves, 8 de febrero de 2018

Encontré las respuestas que buscaba, con Jesús en el sagrario. (Un hermoso Testimonio)

Cómo hacer para no aferrarse a las cosas del mundo

Mirar al mundo con mirada sobrenatural, cuánto me cuesta.Sé que todo es pasajero, que algún día partiré de este mundo, que nada temporal llevaré conmigo. Y aun así me aferro a las cosas.
Me doy cuenta que tengo muchas dudas y preguntas. Converso con sacerdotes amigos, leo libros de espiritualidad, procuro pasar ratos a solas con Dios, y no siempre encuentro lo que busco. Comprendí que algo importante me faltaba. Y lo encontré en los maravillosos momentos que pasaba con Jesús en el Sagrario. Allí, con Él experimente el amor a manos llenas, una paz sobrenatural que me movía a perdonar y amar más, a ver al otro como a mi hermano.
Murió por mí. Y por ti. ¿lo has pensado? ¿Alguna vez has reflexionado en ello? ¿Lo has visto en la cruz?
“Él ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. El soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales hemos sido curados.” (Isaías 53,5)
¿Quién puede comprender tanto amor?No podemos, salvo en el amor, amando.
Suelo preguntarle: “¿Cómo puedes amarnos siendo como somos, haciendo lo que hacemos?”
La respuesta siempre es la misma: “Dios es amor y su naturaleza es amar”.
Esto es lo que hace Jesús en el sagrario: “Ama”. Y el que ama se da por entero a los demás.
Me encanta esta descripción, que de alguna forma describe a nuestro buen Dios, me gusta repetirla cuando tengo alguna duda o no percibo su dulce presencia:
“El amor es paciente y muestra comprensión. El amor no tiene celos, no aparenta ni se infla. No actúa con bajeza ni busca su propio interés, no se deja llevar por la ira y olvida lo malo. No se alegra de lo injusto, sino que se goza en la verdad.” (1 carta a los Corintios 13, 4-6)
Por eso, cuando alguien me cuenta que tiene dudas o no comprende algo que le ocurre sin merecerlo, o no soporta la adversidad y no sabe cómo enfrentarla, inexorablemente lo envío con el Amor.
“Ve al sagrario”, le sugiero. “Busca el sagrario en tu parroquia. Allí habita Jesús. Anda, habla con Él. Acompáñalo, cuéntale tus inquietudes. Te aseguro que no quedarás sin respuesta. Jesús es amor y no puede más que amar. Por tanto no saldrás nunca igual que como entraste. Su amor te toca y transforma, te cambia el alma.  Y si no te das cuenta al principio, persiste, no dejes de visitarlo y verás cómo ese Amor infinito se derrama por ti”.
Jesús es un gran amigo, no te dejara sin respuesta.
Cuando vayas, por favor dile:
“Jesús, Claudio te manda saludos”.
¡Dios te bendiga!


miércoles, 5 de julio de 2017

Anda, Jesús te espera en el sagrario




aleteia.org
Crecí escuchando historias de sor María Romero, la beata que realizó grandes obras por los más pobres. Mi madre, María Felicia Soto, fue una de sus primeras misioneritas en Costa Rica, cuando estudiaba en el Colegio Superior de Señoritas. La conoció muy bien y vivió con ella aventuras espirituales increíbles. A su lado, vio milagros innumerables y conversiones extraordinarias.

Me cuenta que cierta vez sor María fue al sagrario y le preguntó a Jesús:
— ¿Quién soy yo, Jesús?
Una voz clara, salida del sagrario respondió:
—Tú eres la predilecta de mi Madre y la consentida de mi Padre.
—Y de ti, ¿quién soy?,  volvió a preguntar sor María.
— ¡Mi amada!

Le encantaba colocar rosas frescas, de su rosal, muy cerca del sagrario para que el dulce aroma de las flores le llegara a Jesús.
Solía recordar estas anécdotas cada vez que iba a visitar a Jesús en algún oratorio o una capilla.  Imaginaba largas conversaciones con Jesús.

Un día fui a verlo. Me quedé con Él, acompañándolo, recordando nuestra amistad de la infancia y le pregunté:
“¿Qué quieres de mí?”
La respuesta no se hizo esperar. En lo más hondo de mi alma escuché su voz, tierna, llena de un amor inimaginable.
Era clara como el viento, fuerte como una tempestad, y me decía:
“Escribe. Deben saber que los amo”.
Regresé a mi casa un poco confundido y empecé a escribir y  narrar mis aventuras con Jesús.
Pensé que las personas se burlarían de mí si les contaba. Ya me habían llamado: “bicho raro”. 
“Soy un bicho raro para Jesús”, respondía.
No estaba muy a gusto publicando estas historias. Pero sentí que debía hacerlo y seguí adelante, un escrito tras otro, que dieron lugar a mis primeros libros.  Y de pronto ocurrió lo inesperado. Empezaron a llegar testimonios increíbles de los lectores, contándome cómo mis libros les habían cambiado sus vidas. Yo quedaba impactado. Y me preguntaba: “¿Cómo era eso posible?”

No siempre comprendía lo ocurrido y los enviaba al sagrario para que le agradecieran a Jesús.
Aun hoy recibo de diferentes países, correos que me llenan de esperanza y me motivan a continuar.

Hace unos días una joven me contó que fue a una librería y uno de mis libros se cayó de la estantería frente a ella. Lo recogió del suelo y lo acomodó en su lugar. Siguió ojeando otros libros y el mío volvió a caer a su lado. Vio esto como una señal y lo compró. Se titulaba: EL SAGRARIO.
“Sus historias me ayudaron mucho”, me dijo emocionada. “Ahora voy al sagrario y visito a Jesús todos los días”.
“Me encanta ir al sagrario para estar con Jesús. Es mi mejor amigo”, le respondí. Por eso le recomiendo a todo el que puedo:
“Anda, Jesús te espera”.
Desde el sagrario Jesús te mira, con tanta ilusión, buscando un gesto de amor de tu parte, un:
“Te quiero Jesús”.
¿Se lo dirás?

lunes, 25 de enero de 2016

Cosas que ocurren cuando vas más seguido a la adoración eucarística:


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La Eucaristía se describe en el catecismo como la “fuente y cumbre” de nuestra fe. Encontrar tiempo para ir a adorar al Señor en la Eucaristía puede ser difícil, pero si vamos con un corazón abierto, los resultados serán sorprendentes.
«Durante la comida Jesús tomó pan, y después de pronunciar la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: “Tomen, esto es mi cuerpo” Tomó luego una copa, y después de dar gracias, se la entregó y todos bebieron de ella. Y les dijo: ′Esto es mi sangre, la sangre de la Alianza, que será derramada por muchos′»(Marcos 14, 22-24).
En la cultura actual la idea del crecimiento interior es muy poco valorada, es considerada una pérdida de tiempo o una costumbre pasada de moda practicada por nuestros antepasados ​​ingenuos. Por lo general solo el crecimiento exterior y el más palpable vale algo. La principal diferencia entre estos dos progresos (material y espiritual) es que el material siempre está fuera de ti. Este te ofrecerá ciertas sensaciones positivas, sin embargo, siempre estará coloreado con una especie de efímera e inconsistente temporalidad. Un progreso interior, por otro lado, significa que eres tú el que cambia haciendo tu espíritu más fuerte. Te puede sorprender el cambio que producirá en ti el tiempo que pases en la adoración Eucarística, este puede cambiarte de estas diez maneras:

1. Desarrollarás un sentido de asombro y maravilla

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No hay nada como la atmósfera de una capilla o iglesia tranquila, el olor del incienso y el esplendor de la custodia para ayudarte a entender la verdad de lo que está sucediendo en la adoración. Estamos verdaderamente ante Jesucristo: su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. Cuanto más te hundes en el silencio frente a Él, más te darás cuenta de que la única respuesta es la admiración y el asombro ante la grandeza de nuestro Dios.


2. Experimentarás la paz en otras áreas de su vida

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Jesús dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy” (Juan 14, 27). La paz externa que podemos experimentar en la adoración (la tranquilidad y el silencio) llega mucho más profundo: nos llena de una paz interior que afecta a todas las áreas de nuestra vida. Esto no significa que todo será perfecto y sin sufrimiento, pero la paz de Cristo nos hace tener la certeza de que las tormentas de la vida no nos harán naufragar.

3. Comenzarás a mirar fuera de ti mismo

animal© Ronnie Macdonald/ Flickr
Jesús nos dijo: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” (Juan 13, 34). Pasar tiempo en adoración nos conecta con todo el mundo –después de todo, estamos gastando tiempo con el Creador de todas las cosas–. Pasar tiempo alabando y adorando a Dios te abrirá los ojos para poder mirar más allá de tus propias preocupaciones y ver las necesidades de los demás.

4. Algunas veces te aburrirás, pero…

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Habrá momentos en los que no sentirás nada glorioso, estarás distraído y tu mente comenzará a divagar. Tal vez en un principio tu oración estaba llena de sentimientos maravillosos, pero luego, con el tiempo, no fue tan especial. Nuestra fe es más que un sentimiento. Con tu perseverancia Dios seguirá trabajando en ti y convirtiendo tu corazón. Ésta es la belleza de la Encarnación: Dios hecho hombre que entra en todas nuestras tensiones, miedos, problemas -También en el aburrimiento-. La adoración es un continuo volver a Él cada vez que (durante algunos minutos) nuestra mente divaga, dando a Dios el mejor regalo que podemos entregar: nuestro tiempo y compañía.

5. A pesar de que te cueste, estarás entusiasmado por ir

Estando delante de Jesús descubriremos que nos ama y que quiere pasar tiempo con nosotros, de esa forma ya no habrá ninguna excusa que te impida ir.  Si la adoración alguna vez se sintió como un deber, luego se convertirá en un acto de amor, en una necesidad; no solo por las cosas que podemos obtener, sino porque fuimos creados para adorar. Como decimos en la Misa, es “justo y necesario” darle gracias al Señor. La adoración se imprime en nuestros corazones y “nuestro corazón está inquieto hasta que encuentren nuestro descanso en Él” (San Agustín).


6. La Gracia entrará en tu vida

flower© Theophilos Papadopoulos/ Flickr
Es increíble como el simple gesto de darle un tiempo corto al Señor hace una gran diferencia en el resto de tu vida. Podemos llevar su presencia mucho después de dejar la iglesia o capilla. Su gracia es la que nos sostiene, sobre todo en los momentos de tentación, en los que nos será más fácil resistir cuando pasamos tiempo y nos llenamos de Él.

7. Te darás cuenta de lo afortunado que eres

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Si es tan simple como coger el carro o incluso caminar a la capilla cercana, te das cuenta de lo afortunado que eres. Hay quienes les encantaría pasar más tiempo con Jesús pero no pueden hacerlo porque les es imposible salir de casa, están enfermos o muy ocupados. Luego están aquellos alrededor del mundo que arriesgan sus vidas por la Eucaristía en los lugares donde son perseguidos por su fe. Cuando te acuerdas de los que caminan durante horas o días en situaciones peligrosas con el fin de estar un ratito con Jesús, te das cuenta de que es un regalo poder orar abiertamente, y eso sin hablar de tener un sacerdote que pueda administrarnos los Sacramentos.

8. Descubrirás que Jesús tiene un muy buen sentido del humor

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Cuanto más somos capaces de sentarnos y dejar que Dios nos hable (en lugar de gastar todo nuestro tiempo llenando el espacio de silencio hablando), nos daremos cuenta de que Dios tiene un muy buen sentido del humor: le gusta hacernos una broma o dos, y a veces esos momentos son lo suficientemente divertidos para que nos queramos  reír en voz alta.

9. Querrás ir a confesarte más seguido

confesion© Stròlic Furlàn – Davide Gabino/ Flickr
Esto puede sonar aterrador, pero no lo es. La confesión nos permite experimentar el océano sin límite de la misericordia de Dios. Su misericordia abraza todos nuestros pecados y nos da una libertad sin miedo que nos permite dar el salto al amor y la bondad presentes en todos sus planes para nuestra vida. Una y otra vez acudir a la confesión nos hace renovarnos en la certeza de que estamos seguros en los brazos de un Padre que nos ama y “no se cansa de perdonarnos” (Papa Francisco).

10. Te enamorarás

fall-in-love© François Philipp/ Flickr
Cuando pasamos mucho tiempo con el corazón abierto en adoración y dejamos que Cristo nos ame, entonces lo amaremos también. Ese amor nos define y nos permite ser nosotros mismos. “Yo he venido para que tengan vida, y vida en abundancia” (Juan 10, 10).

Entonces, ¿qué esperas? ¡Haz una cita ahora con Jesús y deja que Él transforme tu vida!

    Ruth tiene 25 años y es de Inglaterra. Estudia Escritura Creativa en la Universidad de Gales y le encanta correr, acampar y escribir.