Visitar al Santísimo no es un gesto reservado para “los muy santos”, sino una necesidad para todo el que busca encontrarse con el amor de Dios. En una reciente entrevista, el P. Pablo Fernández-Martos explica la importancia de la Adoración Eucarística.
En el reciente episodio del podcast católico “Mantita y Fe”, que inicia ya su cuarta temporada, Bárbara Bustamante conversó con el sacerdote de la Diócesis de Getafe (España) sobre este tema fundamental para la vida espiritual.
Durante la conversación, el P. Fernández-Martos subrayó que, precisamente por ser pecadores, debemos acercarnos con mayor insistencia a Dios y advirtió que el demonio busca hacernos creer que, tras el pecado, debemos escondernos del Señor como lo hicieron Adán y Eva.
“¿Y qué es lo que tenemos que hacer? Justo lo contrario. Cuando he pecado, lo que tengo que hacer es sacar a un Cristo, besarlo, mirarlo y decirle: ‘Señor, yo ahora, desde el lodo de mi pecado, solo sé que Tú me amas’”, afirmó.
Esta actitud, explicó, nos permite experimentar un cambio profundo: la certeza de que el amor de Dios es más grande que cualquier pecado.
“Por tanto, cuando me acerco a la Adoración Eucarística, aunque sea pecador, porque todos lo somos, lo que hago es reconocer que Dios es misericordia. Él es siempre mucho más bueno de lo que nosotros somos malos y, por tanto, aunque yo sea pecador, mi lugar propio es postrado a sus pies, implorándole como el publicano: ‘Señor, ten misericordia de mí, que soy pecador’”.
El P. Fernández-Martos recordó que la Adoración Eucarística no es un premio para los “perfectos”, sino un encuentro para quienes reconocen su necesidad de la misericordia de Dios.
“No vamos al Santísimo para demostrar que somos muy buenos, sino para reconocer que Dios es muy bueno”.
Este episodio busca acercar a los fieles la experiencia de la visita al Santísimo Sacramento, derribando prejuicios y mostrando que este encuentro transforma la vida cotidiana de los fieles.
En la Fiesta de San Juan María Vianney, recordamos cuatro importantes pasos del Santo Cura de Ars para volver a encender el amor de su pueblo por la Eucaristía, recopilados por el sacerdote católico Roger Landry.
Cada 4 de agosto, la Iglesia Católica celebra la fiesta litúrgica de San Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars, sacerdote de la Tercera Orden Franciscana y patrono de sacerdotes y párrocos, quien aseguró a su madre que dedicaría su ministerio a "conquistar muchas almas".
En un artículo del National Catholic Register, el P. Roger Landry reveló la exitosa estrategia pastoral que aplicó San Juan María Vianney en el siglo XIX para que en su parroquia de Ars (Francia) resurja el fervor eucarístico.
Según el relato de P. Landry, el Santo Cura de Ars llegó a la iglesia de San Sixto en 1818, y la mayoría de los 230 residentes del lugar fueron a Misa el domingo para conocerlo. No obstante, el santo observó que cada vez menos fieles comulgaban o asistían a la Eucaristía.
"La falta de amor a Dios, y la falta casi total de conciencia del don de Dios en la Sagrada Eucaristía, desconcertaron al Padre Vianney", pues para los católicos de su tiempo el asistir a Misa, adorar el Santísimo y comulgar era "lo suficientemente importante como para morir", escribió.
El P. Landry explicó que cuando el santo era niño viajaba de noche y a escondidas con sus padres para asistir a Misa en graneros.
Esto era así debido a que durante la Revolución Francesa, las Eucaristías se celebraban de forma clandestina y los sacerdotes cuidaban que los católicos no sean descubiertos; de lo contrario, el clero y los fieles eran condenados a morir decapitados.
Fue así que el santo desarrolló la siguiente estrategia de cuatro pasos para reavivar el amor a Jesús Sacramentado y renovar la vida eucarística de su pueblo:
1. Recordar la importancia de asistir a la Misa dominical
El P. Landry señala que lo primero que hizo el Santo Cura de Ars "fue ayudar a su pueblo a recuperar el sentido de la importancia de santificar el Día del Señor".
Desde el inicio del cristianismo el domingo es considerado como una "pequeña Pascua", así que el santo siempre recordaba que el domingo era "un don divino para ayudarnos a ser quienes debemos ser", indica. El santo solía ir de paseo al pueblo antes de Misa para llevar a la gente del campo, e incluso "no dudó en usar fuego y azufre cuando era necesario", agrega.
El Santo Cura de Ars solía señalar que el hombre "no sólo tiene necesidades materiales y apetitos básicos, sino también necesidades del alma y apetitos del corazón. Vive no sólo de pan, sino de oración, de fe, de adoración y de amor".
Con el tiempo, la mayoría de aldeanos regresó a la Misa dominical, y eso le permitió iniciar "el verdadero trabajo de formarlos para vivir vidas eucarísticas", destaca el P. Landry.
2. Enseñar el verdadero significado de la Misa
Después, el Santo Cura de Ars ayudó a su pueblo a recuperar el asombro por lo que sucede en la Eucaristía. Les enseñó a "reconocer que en el sacrificio de la Misa participamos del sacrificio de Cristo […] que hizo posible la salvación; y que en la consagración, el pan y el vino se transforman totalmente en Jesucristo, real, verdadera y sustancialmente", apunta el P. Landry.
Él solía decir a los fieles que "asistir a Misa es la acción más grande que podemos hacer", pues durante la Eucaristía "¡la lengua del sacerdote y un pedazo de pan hacen a Dios! ¡Eso es más que crear el mundo!", subraya el P. Landry citando al santo.
Además, San Juan María Vianney recordaba que "todas las buenas obras en el mundo juntas no son equivalentes al sacrificio de la Misa, pues son obras de los hombres, y la Santa Misa es obra de Dios".
"El mártir no es nada en comparación, pues el martirio es el sacrificio que el hombre hace de su vida a Dios; la Misa es el sacrificio que Dios hace de su Cuerpo y Sangre por el hombre", destacaba el santo.
3. Promover la reverencia a la Eucaristía en Misa
El P. Landry revela que luego el santo ayudó a su pueblo a "crecer en la apreciación práctica de la presencia real del Señor en la Eucaristía", y ello a través de su ejemplo de vida: el santo solía hacer reverencia a la Eucaristía en Misa y rezaba ante el Santísimo.
El Santo Cura de Ars decía que las personas nunca habríamos pensado en pedir a Dios "que su Hijo muera por nosotros, que nos dé su cuerpo para comer, su sangre para beber", sino que "Dios en su amor lo ha dicho, concebido y actuado", recuerda el P. Landry.
El santo "solía predicar entre lágrimas, recordando a su pueblo que Dios mismo estaba entre ellos en el altar y en el tabernáculo"; y precisa que el Cura de Ars les decía: "¡Él está aquí!" y los animaba a dedicar más tiempo a la adoración eucarística y a visitarlo como si fuera nuestro amigo.
Jesús "nos espera de noche y de día" para "decirle nuestras necesidades y para recibirlo", y se acomoda "a nuestra debilidad: si se apareciera en gloria ante nosotros, nunca nos habríamos atrevido a acercarnos", solía enseñar el santo.
4. Alentar a recibir con frecuencia la Comunión
El último paso fue ayudar a preparar el alma de su pueblo y de toda Francia con el sacramento de la Confesión para que reciban a Jesús dignamente, "no sólo cada domingo, sino con la mayor frecuencia posible, incluso todos los días".
El Santo Cura de Ars confesó a muchas personas en jornadas de entre 12 y 18 horas diarias por 31 años, y les explicaba que si rezaban y recibían la Sagrada Eucaristía más seguido y con más amor, "serían santos".
El santo proclamaba que en la Comunión "¡Dios se entrega a vosotros! ¡Él se hace uno contigo!", y que si realmente comprendieran su felicidad, "no podrían vivir" sino que "morirían de amor". "¡Venid a comulgar, venid a Jesús, venid a vivir de Él, para vivir por Él!", recuerda el P. Landry.
El Santo Cura de Ars trabajó con paciencia y rezó por la conversión de su pueblo hasta que logró que los fieles llenaran la iglesia todos domingos en la Misa de las 7:00 a.m.
En la víspera de la Fiesta de San Juan María Vianney, recordamos cuatro importantes pasos del Santo Cura de Ars para volver a encender el amor de su pueblo por la Eucaristía, recopilados por el sacerdote católico Roger Landry.
Cada 4 de agosto, la Iglesia Católica celebra la fiesta litúrgica de San Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars, sacerdote de la Tercera Orden Franciscana y patrono de sacerdotes y párrocos, quien aseguró a su madre que dedicaría su ministerio a “conquistar muchas almas”.
En un artículo del National Catholic Register, el P. Roger Landry reveló la exitosa estrategia pastoral que aplicó San Juan María Vianney en el siglo XIX para que en su parroquia de Ars (Francia) resurja el fervor eucarístico.
Según el relato de P. Landry, el Santo Cura de Ars llegó a la iglesia de San Sixto en 1818, y la mayoría de los 230 residentes del lugar fueron a Misa el domingo para conocerlo. No obstante, el santo observó que cada vez menos fieles comulgaban o asistían a la Eucaristía.
“La falta de amor a Dios, y la falta casi total de conciencia del don de Dios en la Sagrada Eucaristía, desconcertaron al Padre Vianney”, pues para los católicos de su tiempo el asistir a Misa, adorar el Santísimo y comulgar era “lo suficientemente importante como para morir”, escribió.
El P. Landry explicó que cuando el santo era niño viajaba de noche y a escondidas con sus padres para asistir a Misa en graneros.
Esto era así debido a que durante la Revolución Francesa, las Eucaristías se celebraban de forma clandestina y los sacerdotes cuidaban que los católicos no sean descubiertos; de lo contrario, el clero y los fieles eran condenados a morir decapitados.
Fue así que el santo desarrolló la siguiente estrategia de cuatro pasos para reavivar el amor a Jesús Sacramentado y renovar la vida eucarística de su pueblo:
1. Recordar la importancia de asistir a la Misa dominical
El P. Landry señala que lo primero que hizo el Santo Cura de Ars “fue ayudar a su pueblo a recuperar el sentido de la importancia de santificar el Día del Señor”.
Desde el inicio del cristianismo el domingo es considerado como una “pequeña Pascua”, así que el santo siempre recordaba que el domingo era “un don divino para ayudarnos a ser quienes debemos ser”, indica. El santo solía ir de paseo al pueblo antes de Misa para llevar a la gente del campo, e incluso “no dudó en usar fuego y azufre cuando era necesario”, agrega.
El Santo Cura de Ars solía señalar que el hombre “no sólo tiene necesidades materiales y apetitos básicos, sino también necesidades del alma y apetitos del corazón. Vive no sólo de pan, sino de oración, de fe, de adoración y de amor”.
Con el tiempo, la mayoría de aldeanos regresó a la Misa dominical, y eso le permitió iniciar “el verdadero trabajo de formarlos para vivir vidas eucarísticas”, destaca el P. Landry.
2. Enseñar el verdadero significado de la Misa
Después, el Santo Cura de Ars ayudó a su pueblo a recuperar el asombro por lo que sucede en la Eucaristía. Les enseñó a “reconocer que en el sacrificio de la Misa participamos del sacrificio de Cristo […] que hizo posible la salvación; y que en la consagración, el pan y el vino se transforman totalmente en Jesucristo, real, verdadera y sustancialmente”, apunta el P. Landry.
Él solía decir a los fieles que “asistir a Misa es la acción más grande que podemos hacer”, pues durante la Eucaristía “¡la lengua del sacerdote y un pedazo de pan hacen a Dios! ¡Eso es más que crear el mundo!”, subraya el P. Landry citando al santo.
Además, San Juan María Vianney recordaba que “todas las buenas obras en el mundo juntas no son equivalentes al sacrificio de la Misa, pues son obras de los hombres, y la Santa Misa es obra de Dios”.
“El mártir no es nada en comparación, pues el martirio es el sacrificio que el hombre hace de su vida a Dios; la Misa es el sacrificio que Dios hace de su Cuerpo y Sangre por el hombre”, destacaba el santo.
3. Promover la reverencia a la Eucaristía en Misa
El P. Landry revela que luego el santo ayudó a su pueblo a “crecer en la apreciación práctica de la presencia real del Señor en la Eucaristía”, y ello a través de su ejemplo de vida: el santo solía hacer reverencia a la Eucaristía en Misa y rezaba ante el Santísimo.
El Santo Cura de Ars solía decir que las personas nunca habríamos pensado en pedir a Dios “que su Hijo muera por nosotros, que nos dé su cuerpo para comer, su sangre para beber”, sino que “Dios en su amor lo ha dicho, concebido y actuado”, recuerda el P. Landry.
El santo “solía predicar entre lágrimas, recordando a su pueblo que Dios mismo estaba entre ellos en el altar y en el tabernáculo”; y precisa que el Cura de Ars les decía: “¡Él está aquí!” y los animaba a dedicar más tiempo a la adoración eucarística y a visitarlo como si fuera nuestro amigo.
Jesús “nos espera de noche y de día” para “decirle nuestras necesidades y para recibirlo”, y se acomoda “a nuestra debilidad: si se apareciera en gloria ante nosotros, nunca nos habríamos atrevido a acercarnos”, solía enseñar el santo.
4. Alentar a recibir con frecuencia la Comunión
El último paso fue ayudar a preparar el alma de su pueblo y de toda Francia con el sacramento de la Confesión para que reciban a Jesús dignamente, “no sólo cada domingo, sino con la mayor frecuencia posible, incluso todos los días”.
El Santo Cura de Ars confesó a muchas personas en jornadas de entre 12 y 18 horas diarias por 31 años, y les explicaba que si rezaban y recibían la Sagrada Eucaristía más seguido y con más amor, “serían santos”.
El santo proclamaba que en la Comunión “¡Dios se entrega a vosotros! ¡Él se hace uno contigo!”, y que si realmente comprendieran su felicidad, “no podrían vivir” sino que “morirían de amor”. “¡Venid a comulgar, venid a Jesús, venid a vivir de Él, para vivir por Él!”, recuerda el P. Landry.
El Santo Cura de Ars trabajó con paciencia y rezó por la conversión de su pueblo hasta que logró que los fieles llenaran la iglesia todos domingos en la Misa de las 7:00 a.m.
Francisco preside la misa de clausura del Congreso Eucarístico en la ciudad italiana de Matera
El Papa ha acudido a la ciudad italiana de Matera este domingo donde ha celebrado la Eucaristía de clausura del Congreso Eucarístico Nacional, una jornada en la que durante varios días cientos de personas han participado en actos de adoración y culto, culturales y solidarios, organizados por movimientos católicos, la Conferencia Episcopal Italiana (CEI) y la diócesis anfitriona, de Matera-Irsina.
Del 22 al 24 de septiembre, la Jornada ha reunido oficialmente a unos 80 obispos y unos 800 delegados diocesanos bajo el lema “Volver al gusto del pan. Por una Iglesia eucarística y sinodal”.
La misa con el Papa se celebró en un estadio donde le esperaban unas 12.000 personas. El viaje del Papa fue distinto al previsto. En teoría, tendría que haber ido en helicóptero desde el helipuerto vaticano, pero debido al mal tiempo en Roma el itinerario cambió. Primero se trasladó en coche a Ciampino, desde allí, con un Air Force Falcon 900 al aeropuerto de Gioia del Colle (en Bari, el sur de Italia) y de allí a Matera en automóvil.
Matera es una ciudad famosa por sus panes, que tienen una denominación de origen especial reconocida por la Unión Europea. Ya en el siglo I, el poeta Horacio, que era de la región, decía que los panes de su infancia eran "los mejores del mundo". Por todo esto, la simbología eucarística del pan y la cultura del pan han estado muy presentes en estas jornadas eucarísticas de Matera.
Vídeo breve: el Papa saluda a las autoridad municipales de Matera.
Los fieles que esperaban al Papa han participado estos días en procesiones y encuentros por toda la ciudad. Muchos recordaron que Juan Pablo II vino a la ciudad hace 31 años. El sábado tuvo lugar una gran procesión eucarística por las calles de Matera, con Francesco Savino y Erio Castellucci, Vicepresidentes de la CEI, Giuseppe Baturi, Secretario General de la CEI, y Gianmarco Busca, Presidente de la Comisión Episcopal para la liturgia. También estuvo presente el cardenal Matteo Zuppi. Los fieles caminaron con ellos hasta la Plaza San Francesco d'Assisi y escucharon unas enseñanzas del obispo Pino Caiazzo.
La Eucaristía es para adorar a Dios, no al yo
Ante un público que llevaba ya varios días reflexionando sobre el misterio de la Eucaristía, el Papa insistió en que "la Eucaristía nos recuerda la primacía de Dios" y "nos llama al amor a nuestros hermanos". Además, apuntó, "el que adora a Dios no se convierte en esclavo de nadie".
El Papa analizó el Evangelio del Día: el rico Epulón que alardea de sus posesiones y el pobre Lázaro que sólo espera las migajas. “El pan no siempre se comparte en la mesa del mundo; no siempre emana la fragancia de la comunión; no siempre se parte en justicia”, denunció el Pontífice.
El rico solo se adora a sí mismo, a su bienestar. De hecho, la Biblia no da nombre a este rico (Epulón es un nombre que le asigna la tradición). El rico es sus bienes, no tiene identidad propia. Por el contrario, la Eucaristía recuerda "la primacía de Dios", la necesidad de alimentarse de Dios.
"Qué triste es esta realidad aún hoy, cuando confundimos lo que somos con lo que tenemos, cuando juzgamos a las personas por la riqueza que tienen, los títulos que ostentan, los papeles que desempeñan o la marca de ropa que llevan. Es la religión del tener y del parecer, que a menudo domina la escena de este mundo, pero que al final nos deja con las manos vacías", ha advertido el Papa.
Lázaro es el nombre que Jesús da al pobre y significa "Dios ayuda". “A pesar de su condición de pobreza y marginación, puede mantener su dignidad intacta porque vive en relación con Dios”, señaló el Papa.
"He aquí, pues, el desafío permanente que la Eucaristía ofrece a nuestra vida: adorar a Dios y no al yo. Ponerlo a Él en el centro y no a la vanidad del yo. Para recordar que sólo el Señor es Dios y que todo lo demás es un regalo de su amor. Porque si nos adoramos a nosotros mismos, morimos en la asfixia de nuestro pequeño yo; si adoramos las riquezas de este mundo, se apoderan de nosotros y nos hacen esclavos; si adoramos al dios de la apariencia y nos embriagamos en el despilfarro, tarde o temprano la vida misma nos pedirá la cuenta".
Papa Francisco en la misa del Congreso Eucarístico Italiano, en Matera.
El que adora a Dios no es esclavo de nadie
El Papa señaló que adorando al Señor en la Eucaristía recibimos "una nueva mirada sobre nuestra vida".
"Yo no soy las cosas que poseo y los éxitos que consigo alcanzar; el valor de mi vida no depende de lo mucho que pueda presumir, ni disminuye cuando fracasé y fallé. Soy un hijo amado; estoy bendecido por Dios; Él ha querido revestirme de belleza y me quiere libre de toda esclavitud. Recordemos esto: el que adora a Dios no se convierte en esclavo de nadie. Redescubramos la oración de adoración: nos libera y nos devuelve nuestra dignidad de hijos".
Además, la Eucaristía llama a amar al hermano. Abraham dice al rico: "Entre nosotros y tú se abre un gran abismo". El Papa comenta: "Fue el hombre rico quien cavó un abismo entre él y Lázaro durante su vida terrenal y ahora, en la vida eterna, ese abismo permanece”.
De hecho, nuestro futuro eterno depende de esta vida presente: “Si cavamos un abismo con nuestros hermanos ahora, ‘cavamos nuestra propia tumba’ para después; si levantamos muros contra nuestros hermanos ahora, quedamos presos en la soledad y la muerte incluso después”.
El Papa enumeró ejemplos de este abismo hoy: "Las injusticias, las desigualdades, los recursos de la tierra injustamente repartidos, los abusos de los poderosos contra los débiles, la indiferencia ante el grito de los pobres, el abismo que cavamos cada día generando marginación, no pueden dejarnos indiferentes. Por eso, hoy, juntos, reconozcamos que la Eucaristía es una profecía de un mundo nuevo, es la presencia de Jesús que nos pide que nos comprometamos para que se produzca una conversión efectiva: de la indiferencia a la compasión, del derroche al reparto, del egoísmo al amor, del individualismo a la fraternidad".
Volvamos al sabor del pan
El Pontífice invitó a soñar una “Iglesia eucarística”, “una Iglesia que se arrodilla ante la Eucaristía y adora con admiración al Señor presente en el pan; pero que también sabe inclinarse con compasión ante las heridas de los que sufren, levantando a los pobres, enjugando las lágrimas de los que padecen, haciéndose pan de esperanza y alegría para todos”.
"Volvamos al sabor del pan, porque mientras tenemos hambre de amor y de esperanza, o estamos rotos por las fatigas y los sufrimientos de la vida, Jesús se convierte en alimento que nos alimenta y nos sana. Volvamos al gusto por el pan, porque mientras la injusticia y la discriminación de los pobres siguen produciéndose en el mundo, Jesús nos da el Pan de Compartir y nos envía cada día como apóstoles de la fraternidad, la justicia y la paz".
Los migrantes, los secuestrados en Camerún y Myanmar
Al final de la misa, el Papa ofreció la oración del Ángelus recordando varias situaciones dramáticas en el mundo: Italia, donde nacen pocos niños; Myanmar, donde hay violencia y 11 niños murieron en el ataque a una escuela; Ucrania, donde los líderes mundiales deben ser capaces de detener la guerra; Camerún, donde sacerdotes y laicos están secuestrados, y los migrantes y refugiados, cuya jornada celebra la Iglesia este domingo.
Sobre Myanmar, país asiático azotado "desde hace más de dos años por graves enfrentamientos armados y violencia", recordó "el grito de dolor por la muerte de los niños en una escuela bombardeada" esta semana. Después, el Papa improvisó unos comentarios: "¡Vemos que es moda, bombardear escuelas, hoy, en el mundo! ¡Que el clamor de estos pequeños no pase desapercibido! ¡Estas tragedias no tienen que suceder!" (El dramático ataque de helicópteros, que según testigos eran gubernamentales, tuvo lugar el 16 de septiembre en la región de Sagaing).
Sobre la Jornada del Migrante, el Papa afirmó: “Renovamos nuestro compromiso de construir el futuro según el plan de Dios: un futuro en el que cada persona encuentre su lugar y sea respetada; donde las personas migrantes, refugiadas, desplazadas y víctimas de la trata puedan vivir en paz y con dignidad”. Y añadió: "el Reino de Dios se realiza con ellos, sin ser excluidos".
Sobre los migrantes, recordó las 4 palabras o fases que siempre cita y exige: "acogidos, acompañados, promovidos e integrados”.
Dios quiere ir a ti, prepárate y acógelo como enseña la Iglesia. Una invitación del escritor Claudio de Castro que puede cambiar tu vida
Muchos años atrás descubrí un tesoro en nuestra Iglesia católica. Una promesa que se ha cumplido al pie de la letra y es formidable. ¿Tienes una Biblia a mano? Vamos a buscar esa promesa. Está en Mateo 28, 18-20. Veamos qué dice.…
“Jesús se acercó a ellos y les habló así: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.”
Primero hace un envío para hacer discípulos y luego la gran promesa de permanecer con nosotros hasta el fin del mundo.
Que todos los sepan.
Ya no necesitas ir a Jerusalén para seguir los pasos de Jesús. Puedes estar con Él, y hablarle directamente, tenerlo frente a ti.
Tienes a Dios muy cerca
El mismo Jesús que caminó en Jerusalén está disponible en todos los Sagrarios para escucharte.
¿Cómo lo haces? Muy sencillo. Vas a un oratorio donde tienen un Sagrario. Allí encontrarás a Jesús VIVO, prisionero de Amor por nosotros.
Sí, este es el gran descubrimiento que el mundo debiera conocer, así los Sagrarios nunca estarían abandonados:
JESÚS ESTÁ VIVO. Y TE ESPERA EN EL SAGRARIO
Cuando alguien me comenta de un nuevo descubrimiento le digo: “Es maravilloso, yo prefiero ir a ver a Jesús en el Sagrario. Sé que está allí. Voy a lo seguro”.
Recibir a Jesús
Sabiendo esto debes tener delicadeza al recibir a nuestro Señor, consciente de a quién recibes y hacerlo con dignidad y amor.
¿Sabes cómo prepararte para comulgar?
Nuestro amigo el Padre Sergio, lo explica en este simpático video. Te invito a verlo. Vale la pena. Es una enseñanza edificante.
Me encantan estas palabras de san Josemaría Escrivá que nos hacen valorar la Sagrada Comunión. Reflexiono sobre ello antes de ir a misa.
“Para albergar a Cristo en nuestra alma, ¿cómo debemos prepararnos? ¿Hemos pensado alguna vez en cómo nos conduciríamos si sólo se pudiera comulgar una vez en la vida?”.
Te comparto los requisitos que se necesitan para comulgar dignamente:
La importancia de comulgar dignamente
Es tan serio el tema, que en la Biblia recibimos advertencias para los que se atreven a comulgar indignamente.
Este texto estremece el alma. Hoy, cuando veo todo lo que ocurre en nuestra Iglesia, comprendo lo serio que es.
Te pido que leas con atención. Está en 1 Corintios 11, 26 a 30.
«Fíjense bien: cada vez que comen de este pan y beben de esta copa están proclamando la muerte del Señor hasta que venga.
Por tanto, el que come el pan o bebe la copa del Señor indignamente peca contra el cuerpo y la sangre del Señor.
Cada uno, pues, examine su conciencia y luego podrá comer el pan y beber de la copa. El que come y bebe indignamente, come y bebe su propia condenación por no reconocer el cuerpo. Y por esta razón varios de ustedes están enfermos y débiles y algunos han muerto”.
Hermano sacerdote, necesitamos que nos hables de nuevo sobre la importancia de hacer una buena comunión y de la presencia real de nuestro Señor en la Eucarística, y en los Sagrarios del mundo entero.
Nada hay más triste que un Sagrario abandonado donde no se le demuestra amor a nuestro buen Jesús.
¿Puedo pedirte un favor? Cuando vayas a verlo en el Sagrario dile: “Jesús, Claudio te manda saludos”. Ya sabes que me encanta sorprenderlo.
¿Te gustaría compartir con nosotros tus aventuras en la fe? Puedes escribirme si lo deseas. Te dejo mi email personal cv2decastro@hotmail.com
Desde la Adoración, Dios te transforma la vida poco a poco
Con incienso, multitudes y velas, o en soledad, la Adoración Eucarística acerca a Dios y su Misterio
La Eucaristía es descrita en el Catecismo como fuente y culmen de la fe.Encontrar tiempo para hacer Adoración Eucarística puede ser difícil, pero muchos que lo hacen describen resultados sorprendentes. Ruth Baker, en el portalCatholic Link describe una decena de experiencias maravillosas.
“Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: Tomen, esto es mi Cuerpo. Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, y todos bebieron de ella. Y les dijo: Esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos” (Marcos 14, 22-24).
En la cultura actual, la idea de progreso interior es drásticamente desvalorada como “desperdicio de tiempo” o “cosa de los antiguos e ingenuos”. Sólo el progreso exterior parece palpable. Pero el progreso material permanece fuera de nosotros: incluso nos ofrece sentimientos positivos, pero es siempre efímero y sin sustancia. Pero el progreso interior significa que tú te estás transformando y volviéndote mejor.
El tiempo que dedicas a la Adoración puede sorprenderte de muchas maneras. Por ejemplo:
1. Puedes desarrollar un sentimiento de admiración y maravilla
¡No hay nada como la atmósfera de una capilla o iglesia tranquila! El olor del incienso y el esplendor del ostensorio ayudan a comprender la verdad de lo que está sucediendo en la Adoración. ¡Estamos realmente ante Jesucristo! Su Cuerpo, Su Sangre, Su Alma, Su Divinidad. Cuanto más te quedas en silencio ante la Hostia Santa, más comprendes que la única respuesta a la grandeza de Dios es la maravilla, la admiración y el amor.
2. Experimentas la paz en otras áreas de tu vida
Jesús dijo: “Mi paz les dejo, mi paz les doy” (Jn 14, 27). La paz exterior que podemos experimentar en la Adoración (la quietud y el silencio) van mucho más al fondo y nos llevan a una paz interior que abraza todas las áreas de nuestra vida. Esto no significa que todo será perfecto y sin sufrimiento, pero esa paz nos fortalecerá para enfrentarnos con más firmeza y serenidad a las tempestades de la vida.
3. Empieza a mirar más fuera de ti mismo
Jesús dijo: “Como yo les amé, ámense también ustedes unos a otros” (Jn 13, 34). La Adoración nos conecta al prójimo y al mundo – al final, ¡estamos dedicando tiempo al Creador de todo lo que existe! Más tiempo para alabar y adorar a Dios significa más tiempo para ir más allá de nuestras propias preocupaciones y para atender las necesidades de los demás y del mundo en que vivimos.
4. A veces, es pesado…
Habrá momentos en que la Adoración parecerá “insulsa”, “árida”… Te distraerás, tu mente empezará a divagar… La Adoración regular puede estabilizarse y dejar de parecer especial, pero eso no quita valor ni disminuye la verdad de la Adoración. Nuestra fe es mucho más que los sentimientos, y Dios continuará trabajando en ti aunque sientas o pases por momentos más “secos”. Aunque tu mente divague, estás dando a Dios lo mejor que puedes: ¡tu tiempo, tu compromiso y tu compañía!
5. ¡Te emocionas en la Adoración!
Cuanto más tiempo dedicas a adorar a Dios, más descubres que Él te ama y quiere pasar tiempo contigo. ¡Y más empiezas a querer realmente vivir ese tiempo con Él! Si la Adoración antes parecía rutina, ¡en poco tiempo percibes que deseas hacerla! Como decimos en la misa, “es justo y necesario” dar gracias al Señor. La Adoración a Dios está inscrita en nuestro corazón, y “nuestro corazón está inquieto hasta que no descansa en él” (San Agustín).
6. La gracia entra en tu vida
Es increíble como un simple acto de compromiso con Dios, aunque sea un corto periodo de Adoración, haga la diferencia para el resto de tu vida. Puedes tener la certeza de seguir en su presencia aunque hayas salido de la iglesia o capilla. La gracia te poya en todos los momentos, especialmente en los de tentación. Es más fácil resistir a la tentación cuando se dedica más tiempo a la Adoración.
7. Te das cuenta de lo afortunado que eres
Hay personas que quisieran pasar más tiempo con Jesús en Adoración, pero no pueden porque están enfermos o tienen mil tareas necesarias en el día a día. Hay personas, en muchas regiones del mundo, que arriesgan la vida por la Eucaristía y son perseguidas por causa de la fe. ¡Hay personas que enfrentan situaciones extremamente peligrosas para estar con Jesús! Y tú tienes el regalo de poder adorarlo abiertamente, ¡sin hablar de lo que significa tener un sacerdote para administrar los sacramentos!
8. ¡Comprendes que Dios tiene sentido del humor!
Cuanto más dejas que Dios te hable, en vez de gastar todo tu tiempo hablándole, ¡más notas que Dios tiene un gran sentido del humor! ¡Hay incluso momentos en que quisieras reír en voz alta! Quizás parezca sorprendente, pero los mejores padres ¿no demuestran su amor con buen humor?
9. Vas a querer confesarte más veces
Puede parecer intimidador, pero no lo es. ¡La confesión nos permite experimentar el océano ilimitado de la misericordia de Dios! Su misericordia engulle todos nuestros pecados y nos da una libertad real, una libertad sin miedo, que nos permite entrar en su Amor y en su Bondad! La confesión fortalece la conciencia de que estamos en los brazos de un Padre que nos ama mucho y que “nunca se cansa de perdonar” (Papa Francisco).
10. ¡Te apasionas!
Cuando dedicas tiempo de corazón abierto a adorar a Dios y permitir que Cristo te muestre Su Amor, ¡también te apasionas! ¡Y su amor te revela a ti mismo y permite que seas tú mismo! “Yo he venido para que todos tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10).
Si dedicas un tiempo a la Adoración Eucarística... dejas a Dios transformar tu vida.
Encontrar tiempo para hacer adoración eucarística puede ser difícil pero si lo consigues ¡podrás percibir grandes resultados!
La Eucaristía es descrita en el Catecismo como fuente y culmen de la fe. Encontrar tiempo para hacer adoración eucarística puede ser difícil, pero, si lo consigues, ¡podrás percibir resultados sorprendentes!
“Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: Tomen, esto es mi Cuerpo. Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, y todos bebieron de ella. Y les dijo: Esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos” (Marcos 14, 22-24).
En la cultura actual, la idea de progreso interior es drásticamente desvalorada como “desperdicio de tiempo” o “cosa de los antiguos e ingenuos”. Sólo el progreso exterior parece palpable.
Sin embargo el progreso material permanece fuera de nosotros: incluso nos ofrece sentimientos positivos, pero es siempre efímero y sin sustancia. En cambio el progreso interior significa que tú te estás transformando y volviéndote mejor.
El tiempo que dedicas a la adoración puede sorprenderte de muchas maneras. Por ejemplo:
1. Puedes desarrollar un sentimiento de admiración y maravilla
¡No hay nada como la atmósfera de una capilla o iglesia tranquila! El olor del incienso y el esplendor del ostensorio ayudan a comprender la verdad de lo que está sucediendo en la adoración. ¡Estamos realmente ante Jesucristo! Su Cuerpo, Su Sangre, Su Alma, Su Divinidad. Cuanto más te quedas en silencio ante la Hostia Santa, más comprendes que la única respuesta a la grandeza de Dios es la maravilla, la admiración y el amor.
2. Experimentas la paz en otras áreas de tu vida
Jesús dijo: “Mi paz les dejo, mi paz les doy” (Jn 14, 27). La paz exterior que podemos experimentar en la adoración (la quietud y el silencio) van mucho más al fondo y nos llevan a una paz interior que abraza todas las áreas de nuestra vida. Esto no significa que todo será perfecto y sin sufrimiento, pero esa paz nos fortalecerá para enfrentarnos con más firmeza y serenidad a las tempestades de la vida.
3. Empiezas a mirar más fuera de ti mismo
Jesús dijo: “Como yo les amé, ámense también ustedes unos a otros” (Jn 13, 34). La adoración nos conecta con el prójimo y con el mundo – al final, ¡estamos dedicando tiempo al Creador de todo lo que existe! Más tiempo para alabar y adorar a Dios significa más tiempo para ir más allá de nuestras propias preocupaciones y para atender las necesidades de los demás y del mundo en que vivimos.
4. A veces, es pesado …
Habrá momentos en que la adoración parecerá “insulsa”, “árida”… Te distraerás, tu mente empezará a divagar… La adoración regular puede estabilizarse y dejar de parecer especial, pero eso no quita valor ni disminuye la verdad de la adoración. Nuestra fe es mucho más que los sentimientos, y Dios continuará trabajando en ti aunque sientas o pases por momentos más “secos”. Aunque tu mente divague, estás dando a Dios lo mejor que puedes: ¡tu tiempo, tu compromiso y tu compañía!
5. ¡Te emocionas en la adoración!
Cuanto más tiempo dedicas a adorar a Dios, más descubres que Él te ama y quiere pasar tiempo contigo. ¡Y más empiezas a querer realmente vivir ese tiempo con Él! Si la adoración antes parecía rutina, ¡en poco tiempo percibes que deseas hacerla! Como decimos en la misa, “es justo y necesario” dar gracias al Señor. La adoración a Dios está inscrita en nuestro corazón, y “nuestro corazón está inquieto hasta que no descansa en él” (San Agustín).
6. La gracia entra en tu vida
Es increíble como un simple acto de compromiso con Dios, aunque sea un corto periodo de adoración, haga la diferencia para el resto de tu vida. Puedes tener la certeza de seguir en su presencia aunque hayas salido de la iglesia o capilla. La gracia te apoya en todos los momentos, especialmente en los de tentación. Es más fácil resistir a la tentación cuando se dedica más tiempo a la adoración.
7. Te das cuenta de lo afortunado que eres
Hay personas que quisieran pasar más tiempo con Jesús en Adoración, pero no pueden porque están enfermos o tienen mil tareas necesarias en el día a día. Hay personas, en muchas regiones del mundo, que arriesgan la vida por la Eucaristía y son perseguidas por causa de la fe. ¡Hay personas que enfrentan situaciones extremamente peligrosas para estar con Jesús! Y tu tienes el regalo de poder adorarlo abiertamente, ¡sin hablar de lo que significa tener un sacerdote para administrar los sacramentos!
8. ¡Comprendes que Dios tiene sentido del humor!
Cuanto más dejas que Dios te hable, en vez de gastar todo tu tiempo hablándole, ¡más notas que Dios tiene un gran sentido del humor! ¡Hay incluso momentos en que quisieras reír en voz alta! Quizás parezca sorprendente, pero los mejores padres ¿no demuestran su amor con buen humor?
9. Vas a querer confesarte más veces
Puede parecer intimidador, pero no lo es. ¡La confesión nos permite experimentar el océano ilimitado de la misericordia de Dios! Su misericordia engulle todos nuestros pecados y nos da una libertad real, una libertad sin miedo, que nos permite entrar en su Amor y en su Bondad! La confesión fortalece la conciencia de que estamos en los brazos de un Padre que nos ama mucho y que “nunca se cansa de perdonar” (Papa Francisco).
10. ¡Te apasionas!
Cuando dedicas tiempo de corazón abierto a adorar a Dios y permitir que Cristo te muestre Su Amor, ¡también te apasionas! ¡Y su amor te revela a ti mismo y permite que seas tu mismo! “Yo he venido para que todos tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10).
Entonces, ¿a qué estás esperando? Dedica un tiempo a la Adoración Eucarística, ¡y deja a Dios transformar tu vida!