viernes, 16 de febrero de 2018

Vivamos la Cuaresma con Esperanza


Iniciando la Cuaresma

La Cuaresma es un camino similar al éxodo
 que el pueblo de Israel realizó durante 
40 años, hasta llegar a la Tierra Prometida. 
Hablar de Cuaresma es hablar de ayuno, la 
oración y la limosna. Las tres actitudes
 nos recuerdan tres aspectos importantes 
de todo peregrinar: escasez de  
alimentos, actualización del objetivo 
que nos conduce y caridad con 
quienes nos acompañan en el camino. 
A su vez, son reflejo de las tres Virtudes 
Teologales: Fe, Esperanza y 
Caridad. Entendimiento, sentimientos y voluntad, que se hacen realidad vital
 en cada uno de nosotros ¿Podemos peregrinar sin sentir la debilidad que 
nuestra condición humana? ¿Podemos acercarnos al Misterio Pascual sin 
haber sido conducidos por la oración? ¿Podemos vivir la Cuaresma  enemistados 
con nuestros compañeros de viaje?

En la situación eclesial que vivimos, la Cuaresma es una oportunidad
 para reconciliarnos unos con otros. Olvidar las etiquetas que nos 
arrojamos sin piedad. Olvidar los prejuicios que nos petrifican y detienen 
durante el camino. Una vez que lleguemos al final del peregrinaje ¿Cómo
 vamos a ofrecer en el altar nuestros rencores y resentimientos? ¿Los aceptará
 Dios como ofrenda?
 
Tal como el mismo Dios me lo inspiró, os he aconsejado siempre que al 
llegar las fiestas... os acerquéis al altar del Señor vestidos con la luz 
de la pureza, resplandecientes con las limosnas, adornados con las 
oraciones, vigilias y ayunos, como con valiosas joyas celestiales y 
espirituales, en paz no sólo con vuestros amigos, sino 
también con vuestros enemigos, en una palabra, que os lleguéis 
al altar con la conciencia libre y tranquila, y podáis recibir el cuerpo y 
la sangre de Cristo, no para vuestro juicio, sino para vuestro r
emedio. (San Ambrosio de Milán, Sobre la Cuaresma. Sermón IX)

Vivir siempre es encuentro y desencuentro. No es raro que en nuestra
 Cuaresma aparezcan disgustos, rencillas o hasta peleas. La misma
 Cuaresma contiene aspectos que generan dudas y rencillas entre nosotros. 
Para unos el ayuno es una cosa, para otros, algo muy diferente. Orar 
se puede entender de tantas formas, que a veces no somos capaces de
 unirnos con una misma oración en la mente, corazón y voluntad. Estas
 tensiones hacen que nos alejemos o incluso que nos enfrentemos unos con
 otros. El maligno hace su trabajo eficientemente y nosotros le solemos 
seguir el juego. Por ello, es aún más importante la negación de nosotros mismos
 y el silencio interior.

¿Es la Pascua un remedio para nosotros o un momento de discordia? Para que
 no sea un tiempo más en el año, es importante centrar nuestra mirada en la
 pureza. La pureza es un don de Dios. Un don que hemos de solicitar con la 
oración y que debemos trabajar con limosna y ayuno. Ojalá podamos 
compartir oración, ayuno y limosna en comunidad. Pero aunque esto no sea
 posible, intentemos vivir la Cuaresma interiormente.

La Pascua es el momento culmen de año Litúrgico y tal como San Ambrosio 
nos indica, el Señor espera que lleguemos al altar con la conciencia 
libre y tranquila, y podáis recibir el cuerpo y la sangre de Cristo, no para 
vuestro juicio, sino para vuestro remedio.

Posiblemente discrepemos incluso del entendimiento de la Eucaristía. No 
perdamos la esperanza por ello. La Eucaristía no puede ser espacio de 
prejuicio y condena mutua. La Eucaristía es remedio, porque es camino 
privilegiado para que la Gracia de Dios se haga presente en cada uno de nosotros.

Quiera el Señor que lleguemos a la Pascua vestidos de luz y resplandecientes.
La Providencia/ReL

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