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sábado, 31 de enero de 2026

4 claves para que los padres católicos transmitan la fe a sus hijos

 


Ser padres es difícil. Todos lo sabemos.

Y transmitir la fe es más difícil todavía.

¿Y hacer ambas cosas en 2026? Bueno… no es nada menos que heroico.

Los padres de hoy se enfrentan a un sinfín de obstáculos para transmitir la fe, como nunca antes se había visto.

Lo sé, lo sé. Cada generación tiene su propia cuota de dificultades. Sin duda. No quiero caer en el “pobrecito de mí, millennial”.

Pero.

Entre una cultura cada vez más secularizada que se ha despojado de toda identidad cristiana, fe y donde la asistencia a la iglesia está en mínimos históricos (¡aunque recientemente se nota un repunte!), el acceso inmediato a prácticamente cualquier cosa con solo mover un dedo, y el hecho de tomar la posta de una generación que falló en transmitir la fe (sin ánimo de ofender, baby boomers), los padres de hoy libran una batalla cuesta arriba.

Por eso, aquí tienes cuatro claves para ayudarte en esta batalla de transmitir la fe católica a tus hijos:

1) Enseña con tu testimonio.

Como expresó de manera memorable el Papa san Pablo VI:

“El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan —decíamos recientemente a un grupo de seglares—, o si escuchan a los que enseñan, es porque dan testimonio”.

Sus palabras se han vuelto un poco cliché en los últimos años, pero los clichés suelen serlo por una razón. No se puede transmitir lo que no se tiene.

Tus hijos te escucharán si ven un testimonio auténtico y una alegría verdadera.

En la sección sobre los deberes que los padres tienen hacia sus hijos, el Catecismo de la Iglesia Católica enseña que dar testimonio en la educación “requiere el aprendizaje de la abnegación, de un sano juicio, del dominio de sí” (CIC 2223).

Traducción: los padres deben ser verdaderos discípulos de Cristo.

Muchos pensadores cristianos contemporáneos sostienen que una mejor palabra para “discípulo”, según nuestra comprensión actual, es “aprendiz”: alguien que estudia deliberadamente bajo un maestro y encarna su modo de vida. El arte del aprendizaje (léase: del discipulado) es la imitación del maestro.

La Iglesia nos recuerda que educar a los hijos exige que nos convirtamos en verdaderos seguidores de Jesús —aprendices de Jesús— que encarnen de manera auténtica sus cualidades y su amor.

2) Rodéate de otros testigos.

Los aprendices fieles pueden criar a sus hijos en la fe, pero los aprendices fieles que comparten la vida en comunidad con otros aprendices fieles tienen muchas más probabilidades de criar a sus hijos en la fe.

No debería afirmarlo de manera tan categórica, porque al final nuestros hijos tienen libre albedrío y pueden hacer lo que quieran; sin embargo, es más probable que abracen la fe si crecen en una comunidad que vive coherentemente lo que cree.

Cuando los niños ven a otras familias vivir como testigos auténticos, comprenden que seguir a Jesús no es solo “cosa de mamá y papá”. Es real. Es atractivo. Y es normal.

Si no tienes amigos que se esfuercen por vivir la fe, involúcrate en tu parroquia. Inscríbete en un grupo bíblico para mamás y/o papás. Haz lo que sea necesario para integrarte con otras familias que buscan el mismo objetivo.

3) Apóyate en los testigos por excelencia: los santos.

Tenemos “en torno nuestro tan gran nube de testigos”, como nos recuerda San Pablo en Hebreos 12,1. Tenemos héroes de toda condición que nos han precedido y han demostrado que seguir a Jesús como su aprendiz es una forma hermosa de vivir; de hecho, ¡la mejor manera de vivir!

Los santos inspiran, animan y despiertan en los niños el deseo de buscar la santidad. Les muestran que nuestra fe no es solo “cosa de mamá y papá”, ni algo “con lo que crecí”, sino la forma, la única manera de vivir verdaderamente.

Comparte con tus hijos historias de santos. Señálales personas reales que vivieron vidas reales y experimentaron una transformación auténtica gracias a Cristo.

4) Asume la responsabilidad del currículo católico de tus hijos.

La Iglesia enseña que “los padres son los primeros responsables de la educación de sus hijos” (CIC 2223). Tú eres el principal educador de tus hijos, no sus maestros ni catequistas.

¿Sabes qué están aprendiendo tus hijos en las clases de religión? ¿Hablan de ello en casa y los ayudas con las lecciones?

Si no es así, asegúrate de involucrarte y participar activamente.

¿Cómo estás enseñando la fe católica a tus hijos?

Tanner Kalina, churchpop

Vea también    Transmitir la fe en familia


Hicks, sucesor de Dolan: «Quiero hacer la voluntad de Dios... todo por la salvación de las almas»

Apura sus últimas jornadas en Joliet (Illinois) antes de tomar posesión el 6 de febrero de la archidiócesis de Nueva York.

El obispo Ronald Hicks tomará posesión de la archidiócesis de Nueva York en la catedral de San Patricio el próximo 6 de febrero.

El obispo Ronald Hicks tomará posesión de la archidiócesis de Nueva York en la catedral de San Patricio el próximo 6 de febrero.

El 18 de diciembre de 2025, el Papa León XIV aceptó la renuncia del cardenal Timothy Dolan como arzobispo de Nueva York y nombró a Ronald A. Hicks, obispo de Joliet (Illinois), como su sucesor. El nuevo arzobispo, antiguo vicario general de la archidiócesis de Chicago, tomará posesión de su cargo en la catedral de San Patricio el viernes 6 de febrero.

Monseñor Hicks respondió recientemente a una entrevista del periódico digital de la archidiócesis de Nueva York, The Good Newsroom, a preguntas la productora jefe de contenidos, Mary Shovlain, y de la editora en español, Fernanda Pierorazio:

Sobre la oración y la espiritualidad

"Me tomo muy en serio mi vida de oración. Dedico bastante tiempo a la oración. Me aseguro de hacer una hora santa cada mañana, y la Eucaristía es fundamental en mi vida. Lo que más conmueve a corazón es esto: mi deseo en la oración ha sido unir mi corazón al corazón de Jesús para hacer la voluntad del Padre. Quiero confiar. Quiero entregarme. Quiero hacer la voluntad de Dios. He hecho todo lo que el Señor y la Iglesia me han pedido. Así que si me han pedido que sea obispo auxiliar o obispo de una diócesis llamada Joliet, o ahora arzobispo en Nueva York, lo único que quiero es hacerlo fielmente".

Sobre su misión como arzobispo

"Quiero seguir a Jesús. Amo a la Iglesia. Amo el sacerdocio. Amo a las personas. Como obispos, estamos llamados a gobernar, enseñar y santificar. Pero lo que más espero es tener la oportunidad de rezar con la gente de la archidiócesis de Nueva York y conocerla. Hay algo especial en la gente de la archidiócesis de Nueva York. La calidez con la que te reciben, la sinceridad, el amor que sienten por la archidiócesis, por su fe... Se nota. Es sincero. Y estoy deseando formar parte de ello".

Sobre su legado

"Espero que digan que fui sincero, auténtico, fiel y que, con un corazón de pastor, el corazón de Jesús, recé con la gente. Recé por la gente. Y llevé a más personas a Jesús a través de la Iglesia y de los sacramentos, todo por la salvación de las almas. No necesito lograr cosas grandes y maravillosas en mi nombre. Lo único que quiero es hacer la voluntad de Dios. Y parte de hacer la voluntad de Dios es presentarles a su hijo, a Jesús".

Sobre la archidiócesis de Nueva York

"Estoy aprendiendo mucho. Creo que lo que más estoy aprendiendo es: el tamaño, la magnitud... todo es más grande. Estoy acostumbrado al trabajo de la Iglesia y a cómo funciona, pero, Dios mío, Nueva York funciona a una escala mucho mayor. Y creo que casi todo el mundo está representado en la archidiócesis de Nueva York. Todo el mundo está aquí. Ser ciudadano del mundo en la archidiócesis de Nueva York, creo que es una fortaleza".

Sobre la catedral de San Patricio

"Conozco Nueva York solo como turista. Cada vez que la he visitado, la catedral de San Patricio me ha llamado. He ido allí a rezar o a contemplar su belleza, y siempre he intentado asistir a misa allí. Así que sé lo que se siente al ser un forastero y ver San Patricio como la parroquia de Estados Unidos. Es el corazón de la Iglesia. Ahora que voy a ser arzobispo, tengo muchas ganas de rezar con la gente y conocer a las personas que ya la consideran su hogar y a las que la visitan constantemente. Todos compartimos algo juntos. Esa es nuestra fe".

Sobre la diversidad y considerar Nueva York como mi hogar

"Toda mi vida me he sentido llamado a traspasar mis propias fronteras. He podido conocer muchas partes diferentes del mundo, con culturas, idiomas, gastronomía y costumbres diferentes. Me parece fascinante y estimulante. Y todo eso está representado en la archidiócesis de Nueva York. Estudié en Roma, fui voluntario en México y viví en El Salvador y Centroamérica durante cinco años. Me han enviado a muchos sitios. Pero aquí está la diferencia: todos los demás lugares eran temporales. Me gusta mucho el hecho de que ahora haya sido llamado a considerar Nueva York mi hogar. Espero que la gente me invite a su casa".

Sobre la inmigración

"Nuestro país se fundó como un país de inmigrantes. Yo tengo raíces inmigrantes: antepasados irlandeses, alemanes y polacos que hace generaciones llamaron a este lugar su hogar. He vivido en El Salvador, donde conozco los retos que llevan a las personas a buscar una nueva vida. A nivel muy personal, comprendo la experiencia de los inmigrantes. La declaración de la Conferencia de la Conferencia episcopal de Estados Unidos sobre la inmigración es pastoral e inteligente. No dice que debamos abrir nuestras fronteras sin leyes. Necesitamos el debido proceso y el control fronterizo. Al mismo tiempo, nuestras políticas deben actuar de una manera respetuosa y humana que respalde la dignidad humana".

Sobre los sacerdotes y el clero

"Acabo de celebrar mi despedida en la diócesis de Joliet y me he asegurado de dar las gracias a mis sacerdotes. Haber trabajado con ellos, ser su pastor y compartir la misión con ellos ha sido una gran alegría. Lo que mis sacerdotes y diáconos deben comprender sobre mí es que me encanta ser sacerdote. Entré en el seminario cuando tenía 14 años y fui ordenado a los 26. Incluso en los momentos difíciles, sigo dando gracias a Dios cada día por el sacerdocio. Los sacerdotes están en primera línea. Si queremos que nuestra misión y nuestro ministerio sigan vivos, tenemos que trabajar juntos. Estoy deseando apoyarles, animarles y, a veces, desafiarles. Pero lo más importante es que quiero amarles como padre espiritual, como su pastor".

Sobre los jóvenes

"No siempre me gusta cuando la gente habla de nuestros jóvenes como el futuro de nuestra Iglesia. También son el presente. Lo que aportan actualmente y su pertenencia a la Iglesia, parte del cuerpo de Cristo, es vital. Quiero que sean catequizados, que estén bien informados y que tengan un corazón evangelizado. Pero también quiero que nuestros jóvenes sepan por qué hacen todo eso. Es por Jesús. Es tener un encuentro con Jesús. Si lo conocen, si lo aman y lo sirven bien, entonces eso será para toda la vida y transmitirán su fe a las próximas generaciones. Quiero ser un arzobispo que diga, todos juntos, nuestra fe es importante. La vamos a vivir. La vamos a compartir y la vamos a seguir transmitiendo a las próximas generaciones".

ReL

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del Pueblo de Dios



La Palabra de Dios es el alma del Cuerpo de Cristo

 

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El alma de un cuerpo humano es lo que le da vida, por eso se entiende bien que la Palabra de Dios anime al Cuerpo de Cristo, que es Iglesia que Él fundó

No podemos imaginar un cuerpo vivo sin alma, porque es obvio que estaría muerto. De la misma manera, no se trata solo de una analogía sino de una verdad mística: el Cuerpo de Cristo, que es su Iglesia, tiene vida y se mantiene activa gracias a la Palabra de Dios.

Una misma Palabra

Leemos en el Catecismo de la Iglesia católica:

"A través de todas las palabras de la sagrada Escritura, Dios dice sólo una palabra, su Verbo único, en quien él se da a conocer en plenitud (cf. Hb 1,1-3)"

(CEC 192).

Es el mismo Cristo, Verbo de Dios, Palabra del Padre quien da vida a la Iglesia. Esa es la razón por la que la Iglesia siempre ha tenido en lugar preponderante la Sagrada Escritura, porque es el alimento que se distribuye a los fieles en la Eucaristía, junto con el Pan eucarístico.

El Catecismo agrega:

"Por esta razón, la Iglesia ha venerado siempre las divinas Escrituras como venera también el Cuerpo del Señor. No cesa de presentar a los fieles el Pan de vida que se distribuye en la mesa de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo (cf. DV 21)"

(CEC 103).

Alimento y fuerza del cristiano

Es, asimismo, alimento y fuerza:

"En la sagrada Escritura, la Iglesia encuentra sin cesar su alimento y su fuerza (cf. DV 24), porque, en ella, no recibe solamente una palabra humana, sino lo que es realmente: la Palabra de Dios (cf. 1 Ts 2,13)".

(CEC 104)

Además, es la manera que Dios ha elegido para hablarnos:

"En los libros sagrados, el Padre que está en el cielo sale amorosamente al encuentro de sus hijos para conversar con ellos (DV 21)"

(CEC 104)

Por eso, quien acude a la santa Misa se fortalece en la escucha de la Palabra y en la participación de la sagrada Comunión.

El alma del Cuerpo de Cristo

Mucho hay que decir de la Sagrada Biblia. Por eso el Magisterio de la Iglesia está dedicado a su estudio y correcta interpretación, para que el pueblo de Dios se alimente de la Palabra y la haga vida.

Porque la Iglesia no puede explicarse sin la Escritura:

"Es tan grande el poder y la fuerza de la Palabra de Dios, que constituye sustento y vigor para la Iglesia, firmeza de fe para sus hijos, alimento del alma, fuente límpida y perenne de vida espiritual" (DV 21). "Los fieles han de tener fácil acceso a la Sagrada Escritura" (DV
 22) (CEC 131).

Tengamos un propósito para todo el año: coloquemos en un lugar visible la Sagrada Escritura, leamos a diario un breve pasaje y meditémoslo a lo largo del día, haciendo que su enseñanza haga mella en nuestra vida.

Mónica Muñoz, Aleteia

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