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jueves, 1 de enero de 2026

(VIDEO) 2025: Lo que vivió la Iglesia

 

Entre despedidas históricas, una elección papal y gestos de diálogo con el mundo, la Iglesia vivió un año decisivo desde el corazón de Roma

El 2025 quedará en la memoria de la Iglesia como un año intenso y profundamente simbólico. Desde el Vaticano, la fe católica atravesó el dolor de una pérdida, la expectativa de un nuevo comienzo y renovados gestos de apertura al mundo. Veamos qué hechos marcaron a la Iglesia universal durante 2025.

Guillermo Arévalo,  Aleteia

Vea también    Mensaje del Concilio Vaticano II
a toda la humanidad


Ángelus del Papa León XIV el primer día del año 2026

 


SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS

LVIII JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ

PAPA LEÓN XIV

ÁNGELUS

Plaza de San Pedro

Jueves, 1 de enero de 2026

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Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz año nuevo!

Mientras el ritmo de los meses se repite, el Señor nos invita a renovar nuestro tiempo, inaugurando finalmente una época de paz y amistad entre todos los pueblos. Sin este deseo de bien, no tendría sentido girar las páginas del calendario y llenar nuestras agendas.

El Jubileo, que está por concluir, nos ha enseñado cómo cultivar la esperanza de un mundo nuevo: convirtiendo el corazón a Dios, para poder transformar los agravios en perdón, el dolor en consolación y los propósitos de virtud en obras buenas. De hecho, es con este estilo que Dios mismo habita la historia y la rescata del olvido, dando al mundo al Redentor: Jesús. Él es el Hijo Unigénito que se hace nuestro hermano e ilumina las conciencias de buena voluntad, para que podamos construir el futuro como casa acogedora para todo hombre y toda mujer que nace.

En este sentido, la fiesta de Navidad lleva hoy nuestra mirada a María, que fue la primera en sentir palpitar el corazón de Cristo. En el silencio de su seno virginal, el Verbo de la vida se anuncia como latido de gracia.

Dios, creador bueno, conoce desde siempre el corazón de María y el nuestro. Haciéndose hombre, Él nos da a conocer el suyo; por eso el corazón de Jesús late por todo hombre y toda mujer. Por el que está dispuesto a acogerlo, como los pastores, y por el que no lo quiere, como Herodes. Su corazón no es indiferente ante quien no tiene corazón para el prójimo: palpita por los justos, para que perseveren en su entrega; y por los injustos, para que cambien de vida y encuentren paz.

El Salvador viene al mundo naciendo de una mujer; detengámonos a adorar este acontecimiento, que resplandece en María Santísima y se refleja en cada recién nacido, revelando la imagen divina impresa en nuestro cuerpo.

En esta Jornada oremos todos juntos por la paz; sobre todo entre las naciones ensangrentadas por conflictos y miseria, pero también en nuestras casas, en las familias heridas por la violencia y el dolor. Con la certeza de que Cristo, nuestra esperanza, es el sol de justicia que nunca declina, supliquemos confiados la intercesión de María, Madre de Dios y Madre de la Iglesia.

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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Saludo con afecto a todos ustedes, reunidos en la Plaza de San Pedro en este primer día del año. ¡Mis mejores deseos de paz y de todo bien! Correspondo con viva gratitud los buenos deseos del Presidente de la República Italiana, Sergio Mattarella.

Desde el 1 de enero de 1968, por voluntad del Papa san Pablo VI, se celebra hoy la Jornada Mundial de la Paz. En mi Mensaje, he querido retomar el saludo que el Señor me sugirió al llamarme a este servicio: «¡La paz esté con todos ustedes!». Una paz desarmada y desarmante, que proviene de Dios, don de su amor incondicional, que ha sido confiado a nuestra responsabilidad.

Queridos amigos, con la gracia de Cristo, comencemos desde hoy a construir un año de paz, desarmando nuestros corazones y absteniéndonos de toda violencia.

Expreso mi aprecio por las innumerables iniciativas promovidas con ocasión de esta Jornada en todo el mundo. En particular, recuerdo la Marcha nacional que se tuvo lugar anoche en Catania y saludo a los participantes en la que organiza hoy la Comunidad de Sant’Egidio.

Saludo también al grupo de estudiantes y docentes de Richland, Nueva Jersey, y a todos los romanos y peregrinos presentes.

Al comienzo de este año, en el que se conmemora el octavo centenario de la muerte de san Francisco, quisiera hacer llegar a cada persona su bendición, tomada de la Sagrada Escritura: «El Señor te bendiga y te guarde; haga resplandecer su rostro sobre ti y tenga misericordia de ti; vuelva hacia ti su mirada y te conceda la paz».

Que la santa Madre de Dios nos guíe en el camino del nuevo año. Muchas felicidades a todos.

(vatican.va)



Evangelio del día - ¿No sería muchísimo mejor escucharlo con la familia proclamado en la Santa Misa presencial de precepto al comenzar el nuevo año?


 

Libro de los Números 6,22-27.

El Señor dijo a Moisés:
Habla en estos términos a Aarón y a sus hijos: Así bendecirán a los israelitas. Ustedes les dirán:
Que el Señor te bendiga y te proteja.
Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia.
Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz.
Que ellos invoquen mi Nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré.


Salmo 67(66),2-3.5.6.8.

¡Que los pueblos te den gracias, Señor!

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
haga brillar su rostro sobre nosotros,
para que en la tierra se reconozca su dominio,
y su victoria entre las naciones.

Que canten de alegría las naciones,
porque gobiernas a los pueblos con justicia
y guías a las naciones de la tierra.

¡Que los pueblos te den gracias, Señor,
que todos los pueblos te den gracias!
Que Dios nos bendiga,
y lo teman todos los confines de la tierra.


Carta de San Pablo a los Gálatas 4,4-7.

Hermanos:
Cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la Ley,
para redimir a los que estaban sometidos a la Ley y hacernos hijos adoptivos.
Y la prueba de que ustedes son hijos, es que Dios infundió en nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama a Dios llamándolo" ¡Abba!, es decir, ¡Padre!
Así, ya no eres más esclavo, sino hijo, y por lo tanto, heredero por la gracia de Dios.


Evangelio según San Lucas 2,16-21.

Los pastores fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre.
Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño,
y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores.
Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón.
Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido.
Ocho días después, llegó el tiempo de circuncidar al niño y se le puso el nombre de Jesús, nombre que le había sido dado por el Angel antes de su concepción.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

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Bulle

Beato Guerrico de Igny (c. 1080-1157)
abad cisterciense
Sermón I para la Asunción (Lectures chrétiennes pour notre temps, Abbaye d'Orval, 1971), trad. sc©evangelizo.org


Como niños en brazos de su madre

Si el Apóstol, servidor de Cristo, sigue engendrando a sus hijos por su solicitud y su ardiente deseo, hasta que Cristo sea formado en ellos (cf. Gal 4,19), ¡cuánto más eso es cierto de la madre de Cristo! Pablo los ha engendrado al predicar la Palabra que los regeneraba. María lo hizo en forma mucho más santa y divina, engendrando a la misma Palabra. Alabo en Pablo el misterio de la predicación, pero admiro y venero más aún en María el misterio de la generación.
De su parte, los hijos reconocen a su Madre. Por una especie de instinto natural inspirado por la fe, recurren espontáneamente e irresistiblemente a la invocación de su nombre en todas las necesidades y todos los peligros, como niños que se echan en los brazos de su madre.
Por eso, no creo que sea absurdo pensar que de esos niños habla el profeta cuando hace esta promesa: “Tus hijos habitarán en ti” (cf. Is 62,5), sin perder de vista que esta profecía se puede aplicar a la Iglesia. Desde ahora habitamos al abrigo de la Madre del Altísimo, descansamos bajo su protección, a la sombra de sus alas. Más tarde compartiremos su gloria y estaremos en la tibieza de su seno. Entonces resonará el grito unánime de los hijos alabando a su madre “De todos nosotros que estamos en la alegría, tú eres nuestra morada” (cf. Sal 86,7). (EDD)

Reflexión sobre el cuadro


Debido a que la Navidad vuelve cada año, siempre existe el peligro de que su misterio se vuelva demasiado familiar, en lugar de sorprendernos. Lo que una vez conmocionó al mundo puede comenzar a parecer predecible. Sin embargo, en este día de Año Nuevo, celebramos a María como Madre de Dios, como el último día de la octava de Navidad. María no pasa por alto lo que ha sucedido. Se detiene. Está asombrada por lo que ha sucedido. Como escribe Lucas: "María atesoraba todas estas cosas, meditándolas en su corazón".". Se nos muestra como una mujer contemplativa, atenta a las maravillas que Dios ha obrado a través de ella.

Las palabras de los pastores, que le traen el primer anuncio del Evangelio, conmueven a María. Repiten lo que los ángeles habían anunciado: que en la ciudad de David ha nacido un Salvador, Cristo el Señor. María atesora esta buena noticia en su corazón. Al comenzar un nuevo año, esta fiesta nos invita a elegir el camino de María: recibir la Buena Nueva con renovado asombro en lugar de con rutina; meditarla en lugar de pasarla por alto. Hoy es el día de Año Nuevo, un momento en el que hablamos de propósitos. Y qué mejor propósito podríamos hacer que adoptar la postura de María ante los Evangelios que escucharemos durante el próximo año: leerlos y escucharlos con renovado entusiasmo.

¿Qué mejor imagen para comenzar un nuevo año que la luminosa Adoración de los pastores de Gerrit van Honthorst? Pintada en 1622, María y su Hijo se encuentran en el centro mismo de la luz y la esperanza. Eso es todo lo que necesitamos en este año que comienza: un poco de luz y esperanza. Van Honthorst, un artista holandés que pasó sus años de formación en Roma y se hizo conocido como Gherardo delle Notti (“Gerardo de la Noche”), estuvo profundamente influenciado por el dramático uso del claroscuro de Caravaggio, pintando escenas en las que la oscuridad es atravesada por una luz repentina. Aquí, el propio Niño Jesús se convierte en la fuente de iluminación, proyectando un cálido resplandor que ilumina el rostro tierno y contemplativo de María y saca a los pastores de las sombras. Se nos invita a arrodillarnos con ellos, a mirar de cerca y a reconocer que Dios ha elegido entrar en nuestro mundo no con fuerza, sino con vulnerabilidad.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

Oremos: Te suplicamos, Señor, que derrames tu gracia en nuestras almas, para que los que hemos conocido, por el anuncio del ángel, la Encarnación de tu Hijo Jesucristo, Nuestro Señor, seamos llevados por los méritos de su Pasión y Cruz a la Gloria de su Resurrección. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.