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domingo, 12 de julio de 2026

Para los Padres de Familia que transmiten la Fe a los Hijos

 ¿Usted siembra en su casa/familia?



¿Los 
El estudio de las Sagradas Escrituras debe ser una puerta abierta a todos los creyentes. Es fundamental que la Palabra revelada fecunde radicalmente la catequesis y todos los esfuerzos por transmitir la fe. La evangelización requiere la familiaridad con la Palabra de Dios y esto exige a las diócesis, parroquias y a todas las agrupaciones católicas, en las familias de creyentes proponer un estudio serio y perseverante de la Biblia, así como promover su lectura orante personal y comunitaria. Nosotros no buscamos a tientas ni necesitamos esperar que Dios nos dirija la palabra, porque realmente «Dios ha hablado, ya no es el gran desconocido sino que se ha mostrado» [Benedicto XVI]. Acojamos el sublime tesoro de la Palabra revelada.
(Papa Francisco Exhortación apostólica “Evangelii Gaudium / La alegría del Evangelio” §174-175)


sábado, 31 de enero de 2026

4 claves para que los padres católicos transmitan la fe a sus hijos

 


Ser padres es difícil. Todos lo sabemos.

Y transmitir la fe es más difícil todavía.

¿Y hacer ambas cosas en 2026? Bueno… no es nada menos que heroico.

Los padres de hoy se enfrentan a un sinfín de obstáculos para transmitir la fe, como nunca antes se había visto.

Lo sé, lo sé. Cada generación tiene su propia cuota de dificultades. Sin duda. No quiero caer en el “pobrecito de mí, millennial”.

Pero.

Entre una cultura cada vez más secularizada que se ha despojado de toda identidad cristiana, fe y donde la asistencia a la iglesia está en mínimos históricos (¡aunque recientemente se nota un repunte!), el acceso inmediato a prácticamente cualquier cosa con solo mover un dedo, y el hecho de tomar la posta de una generación que falló en transmitir la fe (sin ánimo de ofender, baby boomers), los padres de hoy libran una batalla cuesta arriba.

Por eso, aquí tienes cuatro claves para ayudarte en esta batalla de transmitir la fe católica a tus hijos:

1) Enseña con tu testimonio.

Como expresó de manera memorable el Papa san Pablo VI:

“El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan —decíamos recientemente a un grupo de seglares—, o si escuchan a los que enseñan, es porque dan testimonio”.

Sus palabras se han vuelto un poco cliché en los últimos años, pero los clichés suelen serlo por una razón. No se puede transmitir lo que no se tiene.

Tus hijos te escucharán si ven un testimonio auténtico y una alegría verdadera.

En la sección sobre los deberes que los padres tienen hacia sus hijos, el Catecismo de la Iglesia Católica enseña que dar testimonio en la educación “requiere el aprendizaje de la abnegación, de un sano juicio, del dominio de sí” (CIC 2223).

Traducción: los padres deben ser verdaderos discípulos de Cristo.

Muchos pensadores cristianos contemporáneos sostienen que una mejor palabra para “discípulo”, según nuestra comprensión actual, es “aprendiz”: alguien que estudia deliberadamente bajo un maestro y encarna su modo de vida. El arte del aprendizaje (léase: del discipulado) es la imitación del maestro.

La Iglesia nos recuerda que educar a los hijos exige que nos convirtamos en verdaderos seguidores de Jesús —aprendices de Jesús— que encarnen de manera auténtica sus cualidades y su amor.

2) Rodéate de otros testigos.

Los aprendices fieles pueden criar a sus hijos en la fe, pero los aprendices fieles que comparten la vida en comunidad con otros aprendices fieles tienen muchas más probabilidades de criar a sus hijos en la fe.

No debería afirmarlo de manera tan categórica, porque al final nuestros hijos tienen libre albedrío y pueden hacer lo que quieran; sin embargo, es más probable que abracen la fe si crecen en una comunidad que vive coherentemente lo que cree.

Cuando los niños ven a otras familias vivir como testigos auténticos, comprenden que seguir a Jesús no es solo “cosa de mamá y papá”. Es real. Es atractivo. Y es normal.

Si no tienes amigos que se esfuercen por vivir la fe, involúcrate en tu parroquia. Inscríbete en un grupo bíblico para mamás y/o papás. Haz lo que sea necesario para integrarte con otras familias que buscan el mismo objetivo.

3) Apóyate en los testigos por excelencia: los santos.

Tenemos “en torno nuestro tan gran nube de testigos”, como nos recuerda San Pablo en Hebreos 12,1. Tenemos héroes de toda condición que nos han precedido y han demostrado que seguir a Jesús como su aprendiz es una forma hermosa de vivir; de hecho, ¡la mejor manera de vivir!

Los santos inspiran, animan y despiertan en los niños el deseo de buscar la santidad. Les muestran que nuestra fe no es solo “cosa de mamá y papá”, ni algo “con lo que crecí”, sino la forma, la única manera de vivir verdaderamente.

Comparte con tus hijos historias de santos. Señálales personas reales que vivieron vidas reales y experimentaron una transformación auténtica gracias a Cristo.

4) Asume la responsabilidad del currículo católico de tus hijos.

La Iglesia enseña que “los padres son los primeros responsables de la educación de sus hijos” (CIC 2223). Tú eres el principal educador de tus hijos, no sus maestros ni catequistas.

¿Sabes qué están aprendiendo tus hijos en las clases de religión? ¿Hablan de ello en casa y los ayudas con las lecciones?

Si no es así, asegúrate de involucrarte y participar activamente.

¿Cómo estás enseñando la fe católica a tus hijos?

Tanner Kalina, churchpop

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sábado, 2 de octubre de 2021

¿Cómo viven sus nueve hijos ser una familia en misión? «Lo asocian todo con Dios y su providencia»


David Rubio y María Millán son un joven matrimonio de la parroquia Santo Tomás de Villanueva de Castellón que junto a sus nueve hijos están como familia en misión en Ucrania. Allí llegaron hace ya 10 años y muchos menos hijos, el más pequeño ha nacido este verano.

En este tiempo han vivido de cerca todo el conflicto de Crimea y los tambores constantes de guerra entre Ucrania y Rusia. Durante nueve años han permanecido en Odesa y en este último año han sido enviados a Kiev.

Allí anuncian a Jesucristo y David junto a María y sus hijos Israel, Josué, David, Juan, Pablo, Francisco Javier, María, Cecilia y Gloria viven como una familia cristiana en una tierra lejana, pero donde también necesitan a Dios.

En una entrevista con la diócesis de Segorbe-Castellón este matrimonio perteneciente al Camino Neocatecumenal aclara que con respecto a la guerra de Crimea la situación no es lo que era en el año 2014. “En nuestro día a día no nos afecta para nada. El país sí que está preparándose por si tuviera que entrar en combate, hay un tensión política y ves muchos tanques en la calle, pero la realidad es que en el día a día no nos afecta”.

De este modo, la familia Rubio Millán señala que su misión “consiste en anunciar a Jesucristo resucitado”. Además, estos castellonenses forman parte de una missio ad gentes, una comunidad formada por varias familias, que en este caso son dos ucranianas, una polaca, otra española de Valencia, tres chicas, y nosotros, que somos los responsables junto a un sacerdote y un seminarista”.

Misión por las calles de Ucrania

¿Qué es lo que hacen? “Formamos una comunidad cristiana y vivimos allí como lo hacían las primeras comunidades cristianas, encontrándonos para celebrar la Palabra, la Eucaristía y anunciar que Cristo ha resucitado. Este año, en la medida que hemos podido, hemos salido a la calle a anunciar que Cristo ha resucitado, y que ama a los ucranianos, un pueblo que ha sufrido mucho en su ser, en su alma, a causa del comunismo”.

Otra parte de su misión –añade este matrimonio- consiste en apoyar a la parroquia, que en este caso es la catedral, como catequistas, formando comunidades cristianas. También acompañan a los jóvenes de la parroquia y realizan catequesis con ellos.

Una de las preguntas más frecuentes que reciben como familia misionera es cómo lo viven sus hijos. David asegura que los mayores “son más conscientes de lo que es la misión y son más participativos”. Es más, el padre prosigue afirmando que “ellos la vive de una forma en la que, al igual que el matrimonio, se sienten llamados. Viven la misión con mucha fe, creyéndose de verdad los motivos por los que estamos allí, y forman parte de ella en el mismo grado que los padres, porque el carisma es ‘familia en misión’, no padres en misión o hijos en misión”. También la viven con sufrimiento, por la adolescencia, por la persecución de este mundo, en el que ser cristiano es muy difícil, y tienen sus combates, pero saben y tienen grabado a fuego que son parte de esta misión. Por otra, es una maravilla ver a los niños más pequeños, que han crecido en misión y forman parte de ella. Ellos saben que nosotros estamos llamados a la misión y anunciar a Jesucristo”.

Por su parte, María explica que como madre ella ve que sus hijos “viven la misión con alegría”. Confiesa que “hay momentos difíciles, pero están contentos cuando están en la misión. Les ayuda muchísimo el contacto con la Palabra de Dios, el poder formar parte de su comunidad, el poder formar parte de un prevocacional en el que se escruta la Palabra, en el que celebran la Eucaristía, en el que tienen contacto con otros jóvenes que también se preguntan por su vocación”.

Misión ad gentes en Ucrania

Mientras tanto, los pequeños –indica María-  “lo asocian todo con Dios y con su providencia, y todo esto es gracias a la misión. A veces hay gente que nos pregunta por los sufrimientos de los hijos en la misión, como si fuese algo que a ellos les coarte la libertad, o les haga vivir de una forma más precaria que otros niños, cuando ellos lo viven al revés, como una riqueza, en obediencia a sus padres, con alegría y sin rebeldía”.

Preguntados sobre los instrumentos que tiene la familia cristiana, este matrimonio del Camino Neocatecumenal lo tiene claro: “tiene que habitar Cristo en ella. Para que Cristo pueda habitar en la familia primero tiene que habitar en sus miembros, de tal forma que alguien que no es creyente, viendo a una familia cristiana pueda ver a Cristo”.

Mi experiencia es que Cristo puede habitar en mí si yo no me separo de la Iglesia, si voy de su mano y vivo en comunión con ella, si voy de la mano de mis catequistas, si obedezco al Obispo, en la apertura a la vida, en tener los hijos que Dios quiera, en no vivir egoístamente el acto conyugal, en la forma de vestirse, en la forma de educar a los hijos, en la relación con las redes sociales…,Ahí el mundo puede ver que existe Cristo, cuando lo primero que se pone en la familia es a Él”, agrega.

Un elemento fundamental es la transmisión de la fe a los hijos. A juicio del padre, “es un reto, pero es fundamental para la Iglesia, porque su futuro son los hijos, y si a ellos no les transmitimos la fe el futuro de la Iglesia está en riesgo”.

Los Rubió Millán lo hacen –tal y como describen- “a través de la oración, rezando con ellos las Laudes todos los domingos. Eso ha sido muy importante en mi vida, porque es como mis padres me transmitieron a mí la fe desde pequeño, y así es como ahora María y yo se la transmitimos a nuestros hijos. Todos los domingos nos reunimos alrededor de la mesa y rezamos todos juntos, y después elegimos un personaje de la Biblia o un evangelio y lo leemos, y les damos una catequesis haciéndoles ver que en la Sagrada Escritura está su vida y la sabiduría de Dios, la riqueza del cristianismo, y les preguntamos cómo les ayuda esta palabra que les damos en su vida. Es una celebración preciosa, en la que los niños participan cantando, leyendo, nos cuentan como están, los sufrimientos que tienen, le piden aquello que necesitan al Señor, nos damos la paz, también los padres nos pedimos perdón delante de ellos, les hablamos de nuestra historia y de los milagros que ha hecho Dios en nuestra vida. Vivimos el domingo de una forma distinta.  Es el día del Señor, el día que nos ha dado para descansar y para transmitir la fe a los niños, poniéndole a Él lo primero y haciendo una comida especial”.

Sin embargo, también avisa que “los hijos son muy inteligentes. Los padres les podemos contar, nos podemos saber muy bien la Biblia de memoria, podemos contarles la vida de los santos…, pero si ellos no ven en nosotros una coherencia y una sinceridad de lo que decimos con lo que hacemos, la fe no se transmite. Pero si ellos ven una concordancia entre lo que decimos y nuestra forma de vivir, la fe se pasa, se transmite”.

ReL


Vea también                        La espiritualidad de la familia (escoja lo que necesite en este momento)











































sábado, 8 de mayo de 2021

¿Cómo transmitir la fe a nuestros hijos?

 

Una pregunta que preocupa a cualquier padre que vive su fe como un don, un tesoro que llena de sentido su vida y que, en consecuencia, desea transmitir a sus hijos. Porque, ¿no es natural desearles lo mejor a quienes más quieres?

Christian Smith es profesor de sociología en la Universidad de Notre Dame y lleva dos décadas estudiando este tema entre los adolescentes norteamericanos y sus familias. En base a sus resultados ha publicado un libro, Handing Down the Faith: How Parents Pass Their Religion on to the Next Generation en el que recoge lo que ha descubierto al respecto (no solamente analizando lo que ocurre entre los cristianos, sino también entre judíos, musulmanes, hindúes o budistas). Los resultados no son nada sorprendentes, incluso podría decirse que son obvios y conocidos, algo que cualquiera con un poco de sentido común, ojos para ver y criterio para juzgar puede concluir sin necesidad de tantos años de estudios sociológicos. Pero por ello mismo son especialmente sólidos: encajan en lo que vemos a diario.

Escribiendo en First Things, Christian Smith lo explica así:

“La buena noticia es que, entre todas las influencias posibles, los padres ejercen la mayor influencia en la vida religiosa de sus hijos. Dicho de otro modo, la mala noticia es que casi toda la responsabilidad humana sobre las trayectorias religiosas de los hijos recae sobre los hombros de sus padres. La evidencia empírica es clara. En casi todos los casos, ninguna otra institución o programa influye en la formación religiosa de los jóvenes como lo hacen sus padres: ni las congregaciones religiosas, ni los grupos de jóvenes, ni las escuelas, ni los viajes de misión y servicio, ni los campamentos de verano, ni la escuela dominical, ni la pastoral juvenil, ni ninguna otra cosa. Estas influencias pueden reforzar la influencia de los padres, pero casi nunca la superan ni la anulan. Lo que hace que cualquier otra influencia palidezca hasta la insignificancia es la importancia (o no) de las creencias y prácticas religiosas de los padres estadounidenses en su vida ordinaria, no sólo en los días festivos, sino todos los días, a lo largo de semanas y años.”

Una advertencia: como buen sociólogo, Smith está hablando de los comportamientos generales. Esto no significa quela gracia puede actuar y actúa donde quiere, y que alguien en quien todas las influencias le alejen de la fe pueda caer del caballo y entregar su vida a Dios. Por eso escribe que “casi nunca”. Casi nunca, o sea, en alguna ocasión.

Pero hablando de lo general, de lo normal, encontramos que:

  • Lo que más influye en la transmisión de la fe es la vida familiar.
  • Los otros ámbitos en los que vive el niño pueden reforzar esta influencia, pero no suplirla.
  • Lo importante no es tanto una práctica puntual y aislada, sino llevar una vida en la que todo esté orientado por la mirada de la fe.

Como explica Smith: “dejando de lado los casos excepcionales, lo que está casi garantizado es que los padres que no están especialmente comprometidos, atentos y que se esfuerzan por transmitir su fe, producirán hijos menos religiosos que ellos, y eso en el mejor de los casos”.

¿Algunas propuestas prácticas que nos puedan ayudar a quienes tenemos hijos?

Esto es lo que nos dice Christian Smith:

  1. Sed vosotros mismos: “creed y practicad vuestra propia religión genuina y fielmente. Los niños no se dejan engañar por las actuaciones. Ven la realidad. Y cuando esa realidad es auténtica y vivificante, pueden sentirse atraídos por ella”.
  2. Educad a vuestros hijos con un estilo basado en la autoridad: “Estos padres combinan dos rasgos cruciales. En primer lugar, les dan a sus hijos expectativas, normas y límites claros y exigentes en todos los ámbitos de la vida. En segundo lugar, se relacionan con sus hijos con abundante cariño, apoyo y atención. No es difícil entender por qué este estilo de crianza funciona mejor para educar a niños religiosos. La combinación de expectativas claras y cariño afectivo es muy potente para el desarrollo de los niños… Los niños son más propensos a abrazar la religión de sus padres cuando disfrutan de una relación con ellos que expresa tanto una clara autoridad paterna como un cariño afectivo. Esos niños saben que sus padres les exigen mucho precisamente porque les quieren. También saben que cuando no cumplen esas normas habrá consecuencias, pero que esas consecuencias nunca incluirán la retirada del amor y el apoyo.”
  3. Los padres que transmiten la fe a sus hijos, “como parte normal de la vida familiar durante la semana, hablan con sus hijos sobre temas religiosos: lo que creen y practican, lo que significa e implica y por qué les importa. En estas familias, la religión forma parte de la trama y la urdimbre de la vida cotidiana. Va y viene en la charla con facilidad. No está compartimentada en determinadas franjas de la semana, ni es un tema inusual o incómodo. Forma parte de "quiénes somos y qué nos importa". Esto no significa que esas familias hablen de religión todo el tiempo. Pero sí indica a los niños que la religión es importante, y que es lo suficientemente relevante para el resto de la vida como para que surja con normalidad en las conversaciones ordinarias sobre cualquier tema”. Y añade una importante aclaración: se trata de que los padres y las familias sean auténticamente quienes son y lo que son, no de que decidan de repente ir echando sermones.
  4. Orienta a tus hijos a lugares, grupos, actividades y amistades que refuercen su religiosidad: “Ya he dicho que las influencias no parentales -congregaciones, grupos de jóvenes, escuelas religiosas, etc.- son menores que la influencia de los padres. Esto no significa que estos otros factores sean irrelevantes. Pueden marcar la diferencia en la formación religiosa de los jóvenes, pero normalmente lo hacen porque los padres comprometidos con la religión lo "arreglan" así. Los sociólogos de la religión llaman a esto "canalización" religiosa. La idea es que los padres encauzan a sus hijos hacia compromisos y relaciones que refuerzan (no sustituyen) su influencia parental más directa”.

Nada es seguro en esta vida y cada uno toma sus propias decisiones, por lo que no hay fórmulas infalibles… pero lo que explica Christian Smith tiene mucho sentido.

Mientras el mundo gira, Aleteia

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martes, 13 de octubre de 2020

Transmitir la fe a los hijos en una sociedad cada vez más hostil: una ayuda para padres y... abuelos

 


En una sociedad secularizada y en algunos aspectos ya abiertamente anticristiana e hipersexualizada la transmisión de la fe a los hijos cobra si cabe una importancia aún mayor. Los niños necesitan las armas de la fe para el mundo al que se enfrentarán, pero los padres en muchas ocasiones no son conscientes de la importancia de transmitirlas o simplemente no saben cómo hacerlo.

Para ayudar en esta problemática tan urgente en este momento de la historia se ha publicado el libro Transmite la fe a tus hijos (o nietos), de la editorial Biblioteca Online, donde se ofrecen claves para “educar hoy hijos cristianos”.

El libro ha sido preparado por el sacerdote Pedro de la Herrán, autor de numerosos textos de Enseñanza religiosa y Catequesis; por Pedro Chiesa, también sacerdote y profesor de Derecho de Familia; y por Gloria Galán, madre de familia, experta en catequesis y profesora de Religión.

De este modo, los autores explican que este libro se dirige principalmente a padres de familia jóvenes que desean acompañar a sus hijos durante la infancia (de 0 a 12 años) para ayudarles a vivir y a desarrollar la fe que recibieron en el Bautismo.

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Puede comprar aquí este libro sobre la transmisión de lo fe a los hijos

Además, insisten en que parten del convencimiento de que la primera comunidad educadora de la fe es la familia, y, en particular, la familia cristiana. Si los padres de familia cristianos no acompañan a sus hijos desde pequeños, con el ejemplo y la doctrina católica, en el crecimiento y fortalecimiento de la fe y de las vivencias cristianas, el futuro de esos hijos está casi asegurado: no serán fermento cristiano de la sociedad, sino que la sociedad con sus “valores laicistas” los engullirá vorazmente.

De hecho, no es un libro de apologética que tenga como fin convencer a padres no creyentes sino más bien los autores intentan llamar lo que ellos consideran un vacío de la “pedagogía cristiana familiar”.

La presión del ambiente social es tan fuerte que muchos padres de familia que se consideran cristianos necesitan conocer modos prácticos para transmitir a sus hijos la fe y la vida cristiana, de un modo adecuado a su desarrollo personal, psicológico y moral durante el largo y fundamental  período de la infancia. Una vez más se puede aplicar aquí, según los autores, el principio de que “nadie da lo que no tiene”.

El principal interés de este libro está en desarrollar una importante vertiente de la formación cristiana en la familia que se ha desarrollado muy poco en las últimas décadas. Hay abundante bibliografía de educación y orientación familiar y son numerosas las editoriales que cultivan estos temas. Sin embargo, afirman los autores, no es fácil encontrar un libro que oriente a los padres de familia a la hora de formar hijos cristianos en el propio hogar. Quizás porque durante mucho tiempo los padres de familia han confiado la formación cristiana de sus hijos, desde que son pequeños, a instituciones como un colegio confesional o la parroquia para la catequesis sacramental.

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De izquierda a derecha, los autores del libro: Pedro de la Herrán, Pedro Chiesa y Gloria Galán

Por otra parte, hace unas décadas la vida de fe estaba bastante más arraigada en la vida familiar. Pero aquellos eran otros tiempos. Se respiraba la fe cristiana en el ambiente y el aprendizaje de la fe resultaba un proceso natural muy simple.  Hoy se precisa en este campo más determinación, convicciones firmes, y conocer un poco más de pedagogía para poder transmitir a los hijos valores y virtudes cristianos que están totalmente ausentes en el ambiente social, pero que son absolutamente necesarios para unos padres de familia que desean que sus hijos crezcan conociendo y viviendo a conciencia el Evangelio de Jesucristo.

Pero el libro no pretende quedarse únicamente con los padres, sino que está también dirigido a sacerdotes, párrocos, catequistas y laicos que trabajan con niños o matrimonios jóvenes. E incluso las numerosas ilustraciones del texto pretenden que también pueda ser compartido con los menores.

En el prólogo, monseñor Mario Iceta, recientemente nombrado arzobispo de Burgos y hasta ahora obispo de Bilbao, indica que “la fe crece, se afianza y profundiza cuando se testimonia y se transmite. El contexto de amor propio de la familia constituye el ethos adecuado para este testimonio de fe de los padres y de toda la familia ante los hijos”.

“En este contexto vivencial –agrega Iceta- acontece la presencia de Cristo y la familia se constituye verdaderamente como Iglesia doméstica, alimentada por el amor, la Palabra de Dios, la oración y la caridad, donde todos crecemos como hijos e hijas de Dios y hermanos en Cristo”.

Por ello, considera que este libro con su “lenguaje sencillo y claro, la presentación amable y atractiva y principalmente la calidad de su contenido contribuirá notablemente a ayudar a los padres, y como dice el título, también a los abuelos, a que el tesoro de la fe, con la gracia de Dios, prenda con fuerza en el corazón de las generaciones más jóvenes”.

ReL

Vea también   Importancia de la figura paterna en la educación de los hijos pdf


miércoles, 9 de septiembre de 2020

Transmitir la fe a los hijos: 5 cosas ineficaces y 3 que sí funcionan, según la sociología actual

Christian Smith, experto en religiosidad juvenil y sociología de la religión

Transmitir la fe a los hijos en esta época no es fácil ni delegable... los padres han de hablarles regularmente del tema
Transmitir la fe a los hijos en esta época no es fácil ni delegable...
los padres han de hablarles regularmente del tema

Christian Smith es uno de los sociólogos de la religión más influyentes y divulgadores de Estados Unidos. Fue profesor de sociología 12 años en la Universidad de North Carolina en Chapel Hill, y desde 2006 lo es en la universidad católica de Notre Dame, Indiana.
Insiste en que los padres religiosos, si quieren transmitir la fe a sus hijos, necesitan tenerlo como prioridad declarada. Además, han de hablar específica y personalmente de religión con los chicos entre semana, no sólo el domingo.
De protestante a católico, y experto sociólogo 
Christian Smith creció en una familia protestante presbiteriana, "moderadamente" conservadora y evangélica, ha explicado en varias entrevistas. Disfrutó de un buen grupo de monitores y formadores de fe cuando era joven, algo que hoy sabe que no es común.
Sus preguntas sobre el papel de la Escritura y la autoridad de la Iglesia le llevaron en un viaje espiritual por iglesias anabaptistas, después anglicanas y finalmente se hizo católico tras 13 años de "mucho leer, hablar, pensar, preguntar, discutir, reconsiderar y rezar". La autoridad y unidad de la Iglesia Católica y las riquezas de su doctrina social son elementos que le ayudaron en su viaje.
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Christian Smith, sociólogo especializado en juventud y religión,
de la Universidad de Notre Dame, Indiana
A partir de cierto momento, Christian se especializó en investigar sociológicamente la fe de los niños, jóvenes y adolescentes de EEUU en sus libros Soul SearchingSouls in TransitionYouth Catholic America y Lost in Transition.
En ellos presenta, entre otras cosas, una tesis realista: la mayoría de los norteamericanos que creen en Dios, especialmente entre los menores de 35 años, en realidad no son ni católicos, ni protestantes, ni judíos: son "deístas terapéuticos moralistas" (MTD, en inglés), una expresión que acuñó Christian y que en los últimos diez años usan cada vez más analistas y evangelizadores.
Lo que cree la gente que dice que cree... algo
Los "deístas terapéuticos moralistas" están poco o nada interesados en Jesús, la Biblia, el pecado o tratarse personalmente con Dios. Vayan a la parroquia, al culto protestante o a la sinagoga (cuando van), sus creencias son, básicamente estas 5:
Dios existe, creó y ordenó el mundo, y vigila la vida de los humanos
- Dios quiere que seamos buenos, majos, amables... así lo enseña la Biblia y la mayoría de las religiones
- El objetivo de la vida (esta vida) es sentirme bien conmigo mismo, y ser feliz
Dios no debería meterse en nuestras vidas... excepto si le pido ayuda para resolver un problema
- Los buenos van al cielo cuando mueren
La visión general de estas personas es la de un Dios supervisor lejano, solucionador, sin necesidad específica de ser salvados los hombres del pecado, y con la vida eterna casi por seguro... que deja poco espacio a Jesús y la necesidad de convertirse.
Cómo transmitir la fe, y cómo no conseguirlo
El "teísmo moralista terapéutico" se transmite con cierta facilidad "natural" (o cultural) en Estados Unidos. Lo que no se está transmitiendo hoy de forma natural ni cultural es el verdadero cristianismo, ni siquiera de padres a hijos. Para transmitirlo hace falta un esfuerzo consciente.

En una entrevista en CruxNow.com en enero de 2020, Christian Smith determinaba las cosas que funcionan y las que no, según su investigación sociológica, a la hora de transmitir la fe en nuestros días.
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Foto de Caleb Johns en Unsplash: la fe es una chispa que debe saltar de padres a hijos, pero hoy no lo hace sin intencionalidad ni insistencia de los padres
Las 5 cosas que no funcionan para pasar la fe a los hijos
1. Padres demasiado pasivos
No se esfuerzan, o se esfuerzan poco en transmitir la fe, no actúan sobre el niño en este tema. Así no se pasa la fe.
2. Padres demasiado autoritarios
"Deben ser padres proactivos, pero no abrumadores", señala el sociólogo.
3. Limitarse a 'dar ejemplo', pero sin hablar de la fe en casa
"No funciona modelar la fe y práctica religiosa de los niños sin que los padres les hablen con frecuencia de por qué el padre cree y practica; los niños necesitan oir hablar del tema a los padres, no sólo vivirlo", insiste el sociólogo.
4. La hipocresía y doble vida
Evidentemente, no es eficaz para transmitir la fe decir al niño que ir a misa el domingo o ayunar es muy importante si luego ve que los mismos padres no van a misa o no ayunan. La doble vida es pésimo ejemplo.
5. Dejárselo a la escuela o la parroquia
La escuela y la parroquia, en realidad, por sí solas no tienen casi eficacia a la hora de transmitir la fe a los niños. Tampoco funcionan apenas, sin los padres, los campamentos, retiros, jornadas... Los niños han de ver que los padres son los que dan ejemplo y lideran el proceso.
Las 3 cosas que sí funcionan para que los padres transmitan su fe
1. Hay que querer realmente transmitir la fe: ha de ser prioritario
"Tiene que ser una prioridad en sus vidas [de los padres], tienen que hacer que su vida sea el modelo que desearían que su hijo abrace", advierte el sociólogo.
2. Deben hablar con sus hijos de fe, durante la semana
"Es absolutamente esencial que los padres hablen con sus hijos de religión, no sólo una vez a la semana, sino regularmente, durante la semana. Hablar o no hablar con los hijos de asuntos religiosos entre semana es uno de los mecanismos más poderosos para la transmisión religiosa a los niños. Cuando los padres nunca, o rara vez, hablan de la religión en términos personales, eso da un fuerte mensaje a sus hijos de que en realidad no es algo importante".
3. Es eficaz mostrar a la vez cariño y firme autoridadNo funcionan bien los padres no implicados, ni los demasiado autoritarios, ni los demasiado permisivos. Los que transmiten bien la fe (y otros valores) son los que expresan cariño y conexión con los chavales, a la vez que piden altos estándares y son exigentes con los chicos. Dejan espacio a los chicos para que vayan trabajando su propia visión y valores.
P.J. Ginés/ReL


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miércoles, 8 de julio de 2020

«La fe es el mayor regalo de nuestros padres y es una responsabilidad transmitirla a nuestras hijas»

La familia Alarcón vive su fe en la parroquia Santa María la Mayor de Baena, en la provincia andaluza de Córdoba / Diócesis Córdoba
La familia Alarcón vive su fe en la parroquia Santa María la Mayor de Baena,
 en la provincia andaluza de Córdoba / Diócesis Córdoba


Francisco Alarcón y Maribel Jiménez son un matrimonio cordobés de la parroquia de Santa María la Mayor de la localidad de Baena. Padres de dos hijas que están entrando en la adolescencia esta familia está fundada en los cimientos de la fe, la argamasa que da vigor a laf familia.
En una entrevista publicada por la Diócesis de Córdoba, este matrimonio habla del papel de la fe en la vida familiar, de su transmisión y de cómo ser luz en la sociedad actual:
-¿Cuáles son los pilares de vuestra convivencia familiar?
- El amor, el respeto, la comunicación entre nosotros, desde el diálogo. Intentamos educar a nuestras hijas en los valores en que nos educaron a nosotros, la honradez, el servicio a los demás, la humildad… y, por supuesto, poniendo todo esto en el pilar fundamental de nuestra familia, que es el Señor.
-¿Qué resulta más complicado en la educación de los hijos en este momento social?
- Formar una familia y educar a los hijos en la fe es el proyecto que decidimos llevar a cabo cuando unimos nuestras vidas. Es la opción que elegimos y aceptamos todo lo que de ello se deriva con alegría. Pero es cierto que educar hoy no es tarea fácil. Vivimos en una sociedad donde los valores están relegados a un segundo plano por detrás del individualismo. Especialmente los adolescentes están acostumbrados a un estilo de vida donde todo es muy rápido y, por tanto, no hay tiempo para la empatía, para analizar las consecuencias que tienen los actos de cada uno, no hay tiempo para valorar las cosas que son realmente importantes. Por ello, intentar educar para que piensen en los demás, para que respeten, analicen y diferencien lo que está bien y lo que está mal, produce a veces la sensación de estar nadando contra corriente. Nosotros procuramos ser coherentes con lo que creemos, hablamos mucho con ellas, les presentamos las cosas como son y ponemos todo en manos del Señor.
-¿Qué instrumentos tiene la familia de hoy para manifestarse cristiana?
- Fundamentalmente nuestra forma de vivir y comportarnos con los demás. Si vivimos la fe dentro de casa debemos manifestarnos como cristianos también fuera de ella, con nuestra forma de actuar, sin miedo y con alegría. Debemos usar nuestro testimonio de vida cristiana para contribuir a crear una sociedad más comprometida.
-La transmisión de la fe a los hijos es un reto para todos, ¿cómo lo hacéis vosotros?
- Nosotros siempre hemos vivido la fe en casa de una manera muy natural, rezamos, participamos de la Eucaristía… Cuando nuestras hijas nacieron, lo primero que hicimos al día siguiente, en el hospital, fue presentárselas a la Virgen. Desde el primer domingo de vida están asistiendo a la Eucaristía. Ellas han visto desde siempre que Dios es el centro de nuestra vida. Procuramos ser ejemplo para nuestras hijas de la misma manera que nuestros padres lo han sido para nosotros. La fe es el mayor regalo que nuestros padres nos han dado y es nuestra responsabilidad transmitirla a nuestras hijas. También es muy importante rodearte de personas que comparten esa fe. Tenemos la gran suerte de tener grandes amigos que, con su testimonio cristiano, aportan su granito de arena.
-¿Cuál es vuestra parroquia? Habladnos de vuestra vida en comunidad.
- Nuestra parroquia es Santa María la Mayor, de Baena. Allí nos casamos, nuestras hijas recibieron el bautismo y la comunión y, si Dios quiere, Isabel recibirá próximamente la confirmación. Procuramos participar activamente en la vida parroquial, formamos parte del Consejo Pastoral, catequesis, campamentos, vida cofrade… y cualquier otra actividad en la que se nos pida colaboración.
-¿Cómo imagináis la Iglesia del futuro?
- Pues, posiblemente, muy diferente a como la hemos conocido hasta ahora. Con un número de fieles menor, pero con un mayor nivel de compromiso e implicación. Es cierto que hoy en día parece que ser cristiano no está de moda. Pero los cristianos debemos dar testimonio de nuestra fe de manera fehaciente, vivirla de manera activa y comprometida. Será fundamental el papel de los jóvenes. Hay muchos jóvenes cristianos muy comprometidos.  Hay que tener claro que ellos tienen una forma diferente de tratar con Dios. Hay que darles su espacio, escuchar lo que tienen que decir, que es mucho. Por ello es importantísimo el papel de las familias, de la iglesia doméstica, para perpetuar la transmisión de la fe y que siga habiendo jóvenes cristianos comprometidos. Será una iglesia más reducida, pero más auténtica.
ReL

Vea también: Kiko Argüello - Transmitir la Fe en el Camino Neocatecumenal



sábado, 22 de febrero de 2020

Con 7 hijos, ¿cómo les transmitieron la fe? «Es esencial el ejemplo y la coherencia de nuestra vida»


La familia Aranda Valera, encabezada por Enrique y Concha, está formada por siete hijos y ya por los primeros nietos / Diócesis de Córdoba
La familia Aranda Valera, encabezada por Enrique y Concha, está formada por siete hijos
 y ya por los primeros nietos / Diócesis de Córdoba

Enrique Aranda y Concha Valera son un matrimonio cordobés padres de siete hijos y ya abuelos. Una de las grandes prioridades de su vida ha sido transmitir la fe a sus hijos, y ahora los ayudan para hacerlo con sus nietos.
Estar en la Iglesia, rodearse de buenos sacerdotes y de otras familias cristianas y realizar el Máster del Instituto Juan Pablo II fueron elementos cruciales para que este matrimonio pudiera vivir su fe y llevarla a su vida y a la de sus hijos. En esta entrevista para la Diócesis de Córdoba hablan sobre esta experiencia:
- ¿Cuáles son los pilares de vuestra convivencia familiar?
- Lo primero que nos gustaría comentar es que nos pone muy nerviosos el hecho de que, de alguna manera, aparezcamos como si fuéramos “modelo” de algo, cuando en realidad somos una familia normal, como muchas otras, con luces y muchísimas sombras.
Siempre hemos intentado que la relación entre nosotros se sustente en la confianza, la generosidad, la misericordia y, por supuesto, en el perdón; perdón que sin amor es imposible. Pero tenemos que tener en cuenta que somos imperfectos, limitados, y todo lo que nos llega de lo que nos rodea nos empuja a una mala convivencia, por lo que hay que luchar contra una sociedad esencialmente hedonista y narcisista, y fundamentalmente individualista; y también contra nosotros mismos.
- ¿Qué ha resultado más complicado en la educación de los hijos antes y ahora de los nietos?
- En la educación de los hijos quizás lo más complicado es aceptar que no son una prolongación de nosotros, sino personas totalmente diferentes y libres, que tienen todo el derecho del mundo, como tuvimos nosotros, a equivocarse y a levantarse. La educación es ayudar a nuestros hijos a que surja de ellos lo mejor de ellos mismos (que ya lo llevan impreso en su corazón); muchas veces no es fácil el equilibrio entre responsabilidad y libertad, sobre todo en algunas etapas de la vida, como puede ser la adolescencia. Sin responsabilidad no hay libertad.
Respecto a los nietos, entendemos que la labor de los abuelos siempre ha sido trascendental:  son la memoria y la experiencia con serenidad de la familia. Ahora tienen también un papel importante por la falta de tiempo que muchas veces tienen los padres, en esta sociedad que no ha sabido conciliar la familia con el mundo laboral, y aquí pueden entrar los abuelos. Para estos debe ser primordial saber que la educación es responsabilidad de los padres y no de los abuelos. Sí tenemos claro que en la educación de nuestros hijos va implícita la educación que van a recibir nuestros nietos.
- ¿Qué instrumentos tiene la familia de hoy para manifestarse cristiana?
- Nos dijo San Juan Pablo II “familia, sé lo que eres”. La manera de manifestarse una familia cristiana es siendo consciente de que es la cuna de la Iglesia y que creciendo como familia está colaborando con la Creación de Dios y, a través de la educación de nuestros hijos, con la Providencia Divina. Esto nos tiene que hacer vivir de una manera coherente con lo que somos: mostrar la familia como un núcleo central y férreo, célula pequeñita de la Iglesia donde las personas crecen en libertad como personas, porque somos queridos por nosotros mismos, no por lo que somos o por lo que tenemos. Al mismo tiempo la familia es el hábitat natural donde aprendemos a amar; este amor, que debe estar necesariamente presente en la familia, impide que esta se cierre sobre ella misma y necesariamente se abre a quien la rodea. De los primeros cristianos decían: “Mirad cómo se aman”.
Hay muchos instrumentos para que una familia cristiana se muestre como luz y sal de la tierra, pero lo que realmente tiene que irradiar es felicidad. La familia cristiana tiene que ser feliz, también en la adversidad, aunque nos resulte paradójico, porque no estamos creados para sufrir sino para todo lo contrario.
- La transmisión de la fe a los hijos y a los nietos es un reto para todos, ¿cómo lo hacéis vosotros?
- La fe es un don, es un gran regalo que se nos da. La familia tiene que crear un ambiente de espiritualidad suficiente para que el Espíritu Santo actúe. No es fácil porque, por lo que hemos comentado antes en la educación, la transmisión de la fe está fuertemente dificultada por una cultura dominante que a toda costa quiere eliminar a Dios de nuestras vidas. Es difícil pensar en pautas para esto, quizás abandonarse al Espíritu y la oración, sin que olvidemos que nuestros en hijos el 70% de lo que aprenden es de lo que ven y tan solo un 30% de lo que oyen. Es esencial el ejemplo y la coherencia de nuestra vida para ellos. Es fundamental, para poder transmitir la fe, tener fe.
Insistimos en la importancia de la oración; sabemos que Cristo tiene cierta debilidad por la oración de las madres, sin que esto quiera decir que la de los padres no sea útil.
- ¿Cuál es vuestra parroquia? Habladnos de vuestra vida en comunidad.
- Son varias las parroquias que han sido muy importantes para nosotros a lo largo de la vida. Gracias a Dios, siempre hemos estado acompañados de sacerdotes muy buenos (íbamos a poner santos, pero como la mayoría siguen aquí... se lo vayan a creer) y también rodeados de amigos, matrimonios que nos han permitido vivir la fe en comunidad y en comunión. Al principio ya desde novios fue la Trinidad (con la que nos reencontramos a través del colegio de nuestros hijos, Trinidad Sansueña). Posteriormente, San Miguel. Después, la Esperanza; y estamos actualmente muy ligados con las madres carmelitas del convento del Sagrado Corazón de Jesús de Córdoba.
También quisiéramos comentar la importancia en nuestra vida de fe que tuvo el encuentro con el Instituto Juan Pablo II, con un máster que comenzamos en España hace 20 años, para la formación de matrimonios con toda la familia y que, gracias a Dios, a pesar de la tempestad, continua por toda España. Para vivir nuestra fe, nuestra vocación conyugal y la educación de nuestros hijos ha sido fundamental y nunca agradeceremos a Dios lo suficiente el haber ido a la Fuente a través de San Juan Pablo II y a los matrimonios (grandes amigos ahora) que han compartido y siguen compartiendo esta aventura con nosotros, aunque en este momento estemos más centrados en la educación afectivo-sexual de nuestros jóvenes a través del programa Teen Star.
- ¿Cómo imagináis la Iglesia del futuro?
- La Iglesia del futuro la vemos similar, salvando obviamente la diferencia, a la primitiva. Como dice Benedicto XVI “las minorías creativas van a determinar el futuro”. El mensaje de Cristo a través de su Iglesia sigue siendo actual y viva: tenemos la obligación de ser minoría creativa allá donde nos encontremos. El hombre ha dejado de saber quién es, ha perdido su identidad personal, por lo que en todo momento debemos mostrarle la verdad con la que fuimos creado; esa verdad está inserta en lo más profundo de nuestro corazón y se corresponde con una antropología adecuada para la persona humana, antropología que vemos claramente reflejada en el rostro de Cristo.
ReL




sábado, 13 de febrero de 2016

Transmitir la fe a los niños jugando con la luz de hoy: la apuesta evangelizadora de Creo

Velas, juegos para la familia, puzzles... que acercan a Dios

Transmitir la fe a los niños jugando con la luz de hoy: la apuesta evangelizadora de Creo
La relación padres-hijos es clave para la transmisión de la fe y la iniciación a la vida orante...
 y hay ideas que ayudan, con juegos


Tú, mamá, papá, enseña al niño a rezar, a hacer la señal de la cruz: es una hermosa tarea de las mamás y los papás”, pedía el Papa Francisco en una de sus audiencias públicas el pasado agosto. 


En un mundo acelerado y agresivo, donde la fe es ignorada o incluso atacada en muchos ambientes, los padres tienen un papel clave en su transmisión, pero es cierto que muchos padres sienten que les falta tiempo. Hay estadísticas que señalan que en España hasta un 80% de los niños de once años o menos rezan, pero ya de doce a catorce años se reduce a un 60%, y después a un 40%. 

Miguel Ángel Blázquez Vilar, uno de los iniciadores de la línea Creo (www.creo.tienda) anima a "contagiar" la fe de la manera más natural: jugando. Y no sólo en casa, con los padres o abuelos, sino también con los catequistas y los amigos. Creo ilustra este jugar con una luminosidad especial.

Entre los productos Creo hay juegos clásicos como el parchís, el Memory (con 24 fichas), puzzles (sencillitos, de 35 piezas), libros para colorear... pero dedicados a figuras que resultan cercanas y vivas para los niños: con los apóstoles conocen a los "amigos de Jesús"; con el Arca de Noé y sus animales exploran la asombrosa Creación de Dios; con los Reyes Magos, sus regalos, pastores, mula y buey, se acercan a la Sagrada Familia y a ese Niño tan especial.

 

"De esta forma los abuelos y los padres pueden jugar con los niños y explicarles la historia de los Reyes Magos, quiénes fueron los apóstoles, etc... Nuestros clientes nos cuentan que ellos lo hacen así, y así comparten la fe”, explicaba Miguel Ángel Blázquez a ReL.

La verdadera apuesta es que los niños de una casa jueguen entre ellos y con sus padres y abuelos. "Una madre nos dijo asombrada que sus hijos habían dedicado más tiempo ese día a jugar juntos al parchís que a ver la tele o jugar a la Tablet", recuerda Miguel Ángel.

Una vela que no quema para aprender a rezar
Otra dimensión especial es la que ayuda directamente a la oración. Un ejemplo es la vela de LED Pray Candle. “Está fabricada en cera real, pero no es una vela con fuego, es segura, con una lucecita led que simula el efecto de la llama", detallan en Creo.


En la vela se pueden leer dos textos, el Padre Nuestro y el Ave María, que ayudan a los niños a orar y a aprenderse estas oraciones al ir a dormir. "A los niños les encanta. Hemos descubierto que cada niño insiste en que quiere ‘su’ vela, que no piden una por habitación sino una por cama. Su luminosidad suave, de LED, relaja y crea un ambiente de recogimiento". 

Otra herramienta que ayuda a la oración son los libritos "Jesusito de Mi Vida" (en azul para los niños, en rosa para las niñas) con oraciones en letra grande y clara, para ayudar a memorizarlas o para rezarlas leyendo. Muchos niños los guardan bajo la almohada. 

Aunque se titula “oraciones infantiles” sólo el “Jesusito de mi vida” es infantil. Las demás oraciones puede aprenderlas y usarlas con naturalidad un adulto, son las oraciones clásicas de la Iglesia de tradición latina occidental. 

Estas oraciones son: 

- Jesusito de mi vida
- Ángel de la guarda
- La señal de la cruz
- Gloria
- Padre Nuestro
- Ave María
- Ángelus (marcando las respuestas si hay dos orantes)
- Memorare (en latín, y con traducción: Memorare piisima Virgo Maria…)
- Credo (en español)
- Salve (en español: Dios te salve, Reina y Madre de Misericordia…)
- Regina Coeli (en español: Alégrate, Reina del Cielo, aleluya…)
- Bendición de la mesa (para antes y después de comer)
- Los 7 sacramentos (“los cinco primeros son de necesidad…”)
- Los 10 mandamientos


El librito incluye una frase del Papa Francisco: “Es muy hermoso rezar, alzar la mirada hacia el cielo, dirigir la mirada a nuestro corazón y saber que tenemos un padre bueno que es Dios”.

Explicaciones para que el niño entienda
Casi todos los juegos incluyen algún folletito o explicación con una enseñanza bíblica breve, para contar a los niños. El folleto de los juegos sobre los apóstoles, por ejemplo, detalla un símbolo artístico para cada apóstol, común en la historia del arte y cómo y dónde murió cada apóstol según la tradición. Se trata de individualizar a cada uno, darle una historia a cada amigo de Jesús. 


Los juegos tienen además la ventaja de ocupar poco espacio: incluso el Parchís se dobla bien. Se pueden llevar con comodidad a catequesis, retiros familiares, excursiones... 

Miguel Ángel Blázquez comenta también que el papel de los abuelos como transmisores de la fe puede verse reforzado por estos juegos, que en realidad son una excusa para iniciar una actividad del adulto con el niño. "Muchas veces los abuelos son los custodios de la tradición católica en la familia de hoy", reconoce. 


La necesidad de fondo es la de "pasar tiempo juntos, y con un elemento de transmisión de la fe. Eso es lo que piden las familias, e incluso los catequistas y los colegios. En Creo cuidamos mucho la calidad y el contenido y estamos convencidos de que la belleza es un valor fundamental para que todos se acerquen a Dios".


Estos y otros productos se pueden encontrar en www.creo.tienda .