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lunes, 13 de julio de 2026

Evangelio del día Lunes 15a. Semana del Tiempo Ordinario

 


San Esdras (A. T.) , Beato Carlos Manuel Rodríguez SantiagoMás...

Libro de Isaías 1,10-17.

¡Escuchen la palabra del Señor, jefes de Sodoma! ¡Presten atención a la instrucción de nuestro Dios, pueblo de Gomorra!
¿Qué me importa la multitud de sus sacrificios? -dice el Señor-. Estoy harto de holocaustos de carneros y de la grasa de animales cebados; no quiero más sangre de toros, corderos y chivos.
Cuando ustedes vienen a ver mi rostro, ¿quién les ha pedido que pisen mis atrios?
No me sigan trayendo vanas ofrendas; el incienso es para mí una abominación. Luna nueva, sábado, convocación a la asamblea... ¡no puedo aguantar la falsedad y la fiesta!
Sus lunas nuevas y solemnidades las detesto con toda mi alma; se han vuelto para mí una carga que estoy cansado de soportar.
Cuando extienden sus manos, yo cierro los ojos; por más que multipliquen las plegarias, yo no escucho: ¡las manos de ustedes están llenas de sangre!
¡Lávense, purifíquense, aparten de mi vista la maldad de sus acciones! ¡Cesen de hacer el mal,
aprendan a hacer el bien! ¡Busquen el derecho, socorran al oprimido, hagan justicia al huérfano, defiendan a la viuda!


Salmo 50(49),8-9.16bc-17.21.23.

El que sigue el buen camino, gustará la salvación de Dios.

No te acuso por tus sacrificios:
¡tus holocaustos están siempre en mi presencia!
Pero yo no necesito los novillos de tu casa
ni los cabritos de tus corrales.

"¿Cómo te atreves a pregonar mis mandamientos
y a mencionar mi alianza con tu boca,
tú, que aborreces toda enseñanza
y te despreocupas de mis palabras?

Haces esto, ¿y yo me voy a callar?
¿Piensas acaso que soy como tú?
Te acusaré y te argüiré cara a cara.
El que ofrece sacrificios de alabanza,
me honra de verdad;
y al que va por el buen camino,
le haré gustar la salvación de Dios."


Evangelio según San Mateo 10,34-42.11,1.

Jesús dijo a sus apóstoles:
"No piensen que he venido a traer la paz sobre la tierra. No vine a traer la paz, sino la espada.
Porque he venido a enfrentar al hijo con su padre, a la hija con su madre y a la nuera con su suegra;
y así, el hombre tendrá como enemigos a los de su propia casa.
El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.
El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.
El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.
El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a aquel que me envió.
El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, tendrá la recompensa de un justo.
Les aseguro que cualquiera que dé de beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa".
Cuando Jesús terminó de dar estas instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí, para enseñar y predicar en las ciudades de la región.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

San Juan Crisóstomo (c. 345-407)
presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia
Sermón 45 sobre los Hechos de los Apóstoles; PG 60, 318-320


«El que de a beber, tan sólo un simple vaso de agua fresca... no quedará sin recompensa»

«Yo era un extranjero, dice Cristo, y me habéis acogido» (Mt 25,35). Y más aún: «Cada vez que lo habéis hecho a uno de estos pequeños, a mí me lo habéis hecho» (Mt 25,40). Puesto que se trata de un creyente y de un hermano, aunque se trate del más pequeño, es Cristo quien entra con él. Abre tu casa, recíbele. «El que recibe a un profeta por ser profeta, recibirá una recompensa de profeta»... Estos son los sentimientos que se deben tener al recibir a un huésped: la complacencia, el gozo, la generosidad. El huésped es siempre tímido y vergonzoso. Si su anfitrión no le recibe con gozo, se retira sintiéndose menospreciado, porque es peor ser recibido medianamente que no ser, en absoluto, recibido.
Abre tu casa donde Cristo encuentre alojamiento. Di: «Esta es la habitación de Cristo. Esta es la mansión que le está reservada». Aunque sea muy sencilla, no la va a desdeñar. Cristo está desnudo, extranjero. No le hace falta más que un techo. Por lo menos, dale esto; no seas cruel e inhumano. Tú, que muestras tanto deseo por los bienes materiales, no te quedes frío ante las riquezas del espíritu... Para tu coche tienes un local, ¿y no tendrás ninguno para Cristo vagabundo? Abraham recibió a los huéspedes allí donde él vivía (Gn 18). Su mujer les trató como si fuera la sirvienta, y ellos, los amos. Ni el uno ni la otra sabían que recibían a Cristo, que acogían a ángeles. Si lo hubieran sabido, se hubieran despojado de todo. Nosotros, que sabemos reconocer a Cristo, mostremos aún más prisa que ellos que creían recibir sólo a unos hombres.
(EDD)

Reflexión sobre el cuadro

Las recientes olas de calor que hemos sufrido aquí en el Reino Unido y en gran parte de Europa nos han recordado lo valioso que puede ser algo tan sencillo como un trago de agua fresca. Cuando suben las temperaturas, nos damos cuenta mucho más de lo mucho que dependemos de las pequeñas cosas que nos mantienen con vida. En las tierras donde Jesús vivió y predicó, ese calor formaba parte habitual de la vida, y ofrecer un vaso de agua fresca a un viajero era un auténtico acto de hospitalidad y bondad.

En este contexto, Jesús dice en el Evangelio de hoy que quien dé siquiera un vaso de agua fría a uno de sus discípulos no quedará sin recompensa. Se refiere a sus seguidores como “pequeños”, lo que sugiere la humildad y la confianza que deben caracterizar a todo creyente. Qué forma tan hermosa y cariñosa tiene Jesús de describirnos: 'pequeños'. En otra parte del Evangelio de Mateo, Jesús nos enseña que debemos hacernos como niños si queremos entrar en el Reino de los Cielos. Ser discípulo es reconocer nuestra dependencia de Dios, como la de un niño respecto a sus padres.

El Señor nos recuerda que, a los ojos de Dios, ningún gesto de amor es insignificante. Una palabra amable, una mano tendida, alguien dispuesto a escuchar o algo tan sencillo como un vaso de agua ofrecido con caridad tienen todos un valor eterno.

A primera vista, la obra de Chardin «Vaso de agua y cafetera» parece casi demasiado sencilla como para llamar nuestra atención: un vaso de agua, una cafetera de plata, unas cuantas cebollas y flores sobre una mesa. Sin embargo, cuanto más la miramos, más extraordinaria se vuelve la pintura. Chardin eleva lo cotidiano a algo extraordinario. La luz que baila a través del cristal transparente, los reflejos sobre el metal pulido y la tranquila quietud de la escena nos invitan a hacer una pausa y redescubrir la belleza que se esconde en la vida cotidiana. No ocurre nada dramático, pero todo parece rebosar belleza.

Es una imagen muy adecuada para el Evangelio de hoy. Jesús nos dice que ni siquiera el gesto de ofrecer un simple vaso de agua fría en su nombre pasará desapercibido para Dios. Lo que a los ojos humanos parece pequeño e insignificante puede tener un valor inmenso en el Reino de los Cielos. Chardin comprendió esta verdad como artista: que los objetos cotidianos con los que nos cruzamos cada día son dignos de contemplación y asombro. Del mismo modo, Cristo nos enseña que los actos cotidianos de bondad (ofrecer un refresco, mostrar hospitalidad, cuidarnos unos de otros) se convierten en algo extraordinario cuando se realizan con amor. La vida cristiana no se construye, a menudo, sobre grandes gestos, sino sobre innumerables ofrendas sencillas, cada una de ellas tan clara, pura y vivificante como un simple vaso de agua fría.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

«Señor, haz de mi corazón un refugio de paz. Ayúdame a dejar de lado mis propios afanes para poder ver y recibir a quienes me rodean con una sonrisa sincera. Infúndeme paciencia para escuchar sin juzgar, generosidad para compartir lo que tengo y la gracia de hacer que cada persona que cruce mi camino se sienta valorada, amada y verdaderamente bienvenida. Amén.»

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