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domingo, 14 de julio de 2024

Para que tu familia sea (más) feliz

Invitamos a los matrimonios y a personas interesadas en una familia feliz, a leer y asimilar pasajes de la Exhortación pontifical 'Amoris laetitia' del Papa Francisco.

Tú y tu esposa


11. La pareja que ama y genera la vida es la verdadera «escultura» viviente —no aquella de piedra u oro que el Decálogo prohíbe—, capaz de manifestar al Dios creador y salvador. Por eso el amor fecundo llega a ser el símbolo de las realidades íntimas de Dios (cf. Gn 1,28; 9,7; 17,2-5.16; 28,3; 35,11; 48,3-4). A esto se debe el que la narración del Génesis, siguiendo la llamada «tradición sacerdotal», esté atravesada por varias secuencias genealógicas (cf. 4,17-22.25-26; 5; 10; 11,10-32; 25,1-4.12-17.19-26; 36), porque la capacidad de generar de la pareja humana es el camino por el cual se desarrolla la historia de la salvación. Bajo esta luz, la relación fecunda de la pareja se vuelve una imagen para descubrir y describir el misterio de Dios, fundamental en la visión cristiana de la Trinidad que contempla en Dios al Padre, al Hijo y al Espíritu de amor. El Dios Trinidad es comunión de amor, y la familia es su reflejo viviente. Nos iluminan las palabras de san Juan Pablo II: «Nuestro Dios, en su misterio más íntimo, no es una soledad, sino una familia, puesto que lleva en sí mismo paternidad, filiación y la esencia de la familia que es el amor. Este amor, en la familia divina, es el Espíritu Santo»[6]. La familia no es pues algo ajeno a la misma esencia divina[7]. Este aspecto trinitario de la pareja tiene una nueva representación en la teología paulina cuando el Apóstol la relaciona con el «misterio» de la unión entre Cristo y la Iglesia (cf. Ef 5,21-33).

12. Pero Jesús, en su reflexión sobre el matrimonio, nos remite a otra página del Génesis, el capítulo 2, donde aparece un admirable retrato de la pareja con detalles luminosos. Elijamos sólo dos. El primero es la inquietud del varón que busca «una ayuda recíproca» (vv. 18.20), capaz de resolver esa soledad que le perturba y que no es aplacada por la cercanía de los animales y de todo lo creado. La expresión original hebrea nos remite a una relación directa, casi «frontal» —los ojos en los ojos— en un diálogo también tácito, porque en el amor los silencios suelen ser más elocuentes que las palabras. Es el encuentro con un rostro, con un «tú» que refleja el amor divino y es «el comienzo de la fortuna, una ayuda semejante a él y una columna de apoyo» (Si 36,24), como dice un sabio bíblico. O bien, como exclamará la mujer del Cantar de los Cantares en una estupenda profesión de amor y de donación en la reciprocidad: «Mi amado es mío y yo suya [...] Yo soy para mi amado y mi amado es para mí» (2,16; 6,3).

13. De este encuentro, que sana la soledad, surgen la generación y la familia. Este es el segundo detalle que podemos destacar: Adán, que es también el hombre de todos los tiempos y de todas las regiones de nuestro planeta, junto con su mujer, da origen a una nueva familia, como repite Jesús citando el Génesis: «Se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne» (Mt 19,5; cf. Gn 2,24). El verbo «unirse» en el original hebreo indica una estrecha sintonía, una adhesión física e interior, hasta el punto que se utiliza para describir la unión con Dios: «Mi alma está unida a ti» (Sal 63,9), canta el orante. Se evoca así la unión matrimonial no solamente en su dimensión sexual y corpórea sino también en su donación voluntaria de amor. El fruto de esta unión es «ser una sola carne», sea en el abrazo físico, sea en la unión de los corazones y de las vidas y, quizás, en el hijo que nacerá de los dos, el cual llevará en sí, uniéndolas no sólo genéticamente sino también espiritualmente, las dos «carnes».

De la Exhortación ‘Sobre el Amor en la Familia (Capítulo primero)




martes, 27 de febrero de 2024

La sintonía, el mayor reto para cualquier pareja


 

Comunicar hechos e información es una cosa, pero expresar tus emociones o, aún más difícil, comprender las emociones de tu pareja, ¡es un gran reto para la relación! Y todo un reto

Los asesores matrimoniales son unánimes: la comunicación es un pilar de la relación de pareja. Pero, ¿qué entendemos exactamente por comunicación? Porque no hablamos de intercambios sobre qué hay para cenar o cómo se va a organizar el fin de semana. Se trata más bien de la expresión sincera, verdadera y recíproca de tus emociones, deseos y necesidades, y de la acogida atenta y benévola.

Un diálogo en profundidad que ayuda a evitar muchos malentendidos conyugales y las consiguientes discusiones y frustraciones. «El primer proceso que debe construirse en la pareja es el de la comprensión mutua de las emociones», subraya Marc d’Anselme, psicólogo y terapeuta de pareja, autor del reciente libro El amor duradero(L’amour durable, editorial Artège).

Comprender las emociones de su pareja requiere empatía. Pero dadas las diferentes historias y personalidades de cada persona, esto no es nada fácil. El terapeuta da un buen ejemplo de un malentendido causado por la incapacidad del hombre para comprender las emociones de su mujer durante unas vacaciones bastante tormentosas.

Éste es sólo un ejemplo, y «cualquier parecido con hechos o personajes que existen o han existido es pura coincidencia». La mujer le dice a su marido que está agotada, que necesita descansar y que es él quien debe hacerse cargo, sobre todo de los niños. En general, las mujeres son más comunicativas que los hombres con sus emociones. El marido reflexiona y busca una solución. Finalmente, propone a su mujer que se vaya cuatro días, sola, a descansar a casa de su madre… La mujer le mira consternada. Su propuesta, por generosa y eficaz que fuera, había caído en saco roto.

Cuestión de empatía

Por sorprendente que pueda parecer a los hombres, cuando una esposa expresa su agotamiento, no espera que su marido encuentre una solución a su problema; simplemente espera que él la comprenda, que escuche sus dificultades, que simpatice y se sienta agradecido por los servicios prestados, los mismos servicios que la han agotado.

No quiere ir a casa de su madre, sino pasar las vacaciones con su marido y sus hijos. Pasar tiempo de calidad con las personas que quiere es su deseo más profundo. «La mujer habla con su marido para experimentar emociones y activar la relación. El hombre, en cambio, busca un problema que resolver, de ahí los malentendidos», analiza Marc d’Anselme.

Una esposa espera empatía de su marido, y viceversa. La empatía no requiere largas reflexiones ni grandes decisiones, solo la expresión de una comprensión emocional. «La empatía no es la solución a un problema, no implica interpretación, ni explicación, ni solución, ni sentimentalismo, ¡solo comprensión significada! Es importante expresar esta comprensión con palabras o gestos, de lo contrario sigue siendo tristemente inútil.

La sintonía, el Santo Grial de la relación conyugal

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La empatía nos ayuda a comprender las emociones del otro y, si es recíproca, permite a la pareja estar en sintonía. En física, los circuitos eléctricos están en sintonía cuando oscilan en la misma frecuencia, cuando están sintonizados en la misma longitud de onda.

En psicología matrimonial, cuando los cónyuges se entienden, también se habla de sintonía. La pareja vive entonces momentos de «unión perfecta». Aunque la sintonía no es un estado duradero -y es una suerte, porque es bueno que cada uno experimente primero sus propias emociones-, tiene muchos beneficios.

La empatía permite que una persona se sienta apoyada en lo que está viviendo, y esto tiene el efecto fascinante, casi mágico, de liberarla de sus emociones negativas, vinculadas a la carga que ha estado llevando sola hasta entonces. Muy a menudo, esto conduce a un cambio positivo de actitud por parte de la pareja, que se siente escuchada y comprendida. Además, ante las dificultades y pruebas de la vida, la sintonía es un apoyo importante para la pareja. «Un acontecimiento vivido por cada uno en comunión con el otro se supera mucho más fácilmente», explica Marc d’Anselme.

Fomentar el intercambio emocional

«Las dificultades conyugales se derivan principalmente del hecho de que, en lugar de comprender las emociones de nuestra pareja, interpretamos su comportamiento en términos de nuestras propias emociones», dice el terapeuta. De ahí la frase que se oye a menudo en las disputas conyugales: «¡Tú no entiendes nada!»

La empatía significa salir de una postura individualista e interesarse por el otro, abrirse a sus emociones. Y la otra persona tiene que poner un poco de sí misma para intentar expresar sus sentimientos.

«Compartir emociones es el mejor remedio contra el individualismo conyugal. Una herramienta excelente para promover la armonía».

¿Qué significa esto en la práctica? Es una buena idea que cada miembro de la pareja exprese por turnos las emociones con las que el otro puede empatizar. «Para ir más allá de los hechos y acceder a las emociones, la pareja se ayuda mutuamente poniendo nombre a las emociones».

Por ejemplo: «Si yo fuera tú, eso me habría enfadado» o «¿Te ha sorprendido?» Esto permite a la persona que experimenta la emoción aclararla y afinarla, y confiársela a la otra persona. ¿Con qué objetivo? Amar mejor. Marc d’Anselme nos recuerda que amar «es abrir el corazón a nuestra pareja, dejar que viva un poco en nosotros», y vivir un poco en ella.

Consejos para que una pareja se comunique bien

Matilde De Robien, Aleteia


jueves, 3 de noviembre de 2022

CÓMO ENRIQUECER EL MATRIMONIO (video)

 Cristina y Juan son dos de los organizadores de El Taller del Orfebre, una propuesta para profundizar en el camino de la vocación matrimonial basada en la visión cristiana del hombre, y que toma su nombre de la obra de teatro sobre el matrimonio escrita por Karol Wojtyla en 1956, cuando el futuro Papa era solo sacerdote.























lunes, 31 de diciembre de 2018

Aprende a mirar esta situación con los ojos de Dios


Proyecto de Amor

Aterrizado a la vida matrimonial:

Ana: Señor, mi esposo no me comprende. No sabe cómo soy, y me siento muy sola.
El Señor: Ana, querida Ana, tienes que esforzarte por ver las cosas de mi Padre en esta situación.
Ana: Es verdad, Señor, me doy cuenta que no hago más que mirarme a mí misma y lamentarme. Tengo que mirar la transcendencia de esta situación. Dejar de ocuparme de mí para ocuparme de mi esposo.
Carlos: Señor, mi esposa se siente agredida por todo lo que digo. Me exige que sea como ella sería y diga lo que ella diría, y si no, se enfada conmigo porque no la comprendo. Dame luz, Señor.
El Señor: Carlos, querido Carlos, aprende a mirar esta situación con los ojos de Dios. Vive la prueba con amor.
Carlos: Es verdad, Señor. Lo importante es que ella no se siente bien y tengo que esforzarme más por agradarla. Gracias Señor por mostrarme el camino, que consiste siempre en salir de mí para estar en ella.

María,

Que aprenda a guardar en mi corazón todas aquellas cosas que no entienda, como hacías Tú, sabiendo que tiene que haber un don en ellas que no soy capaz de ver. Por Jesucristo Ntro. Señor. Amén.
Proyecto de Amor, ReL