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domingo, 22 de marzo de 2020

Los consejos de un sacerdote experto sobre cuándo, dónde y cómo rezar... y qué pasa con los fallos

Muy útiles para una Cuaresma en cuarentena

Todo acto o pensamiento que nos dirija a Dios ya es oración, explica el padre Etêve. Pero Él también cuenta, porque rezar es encontrarnos con quien viene a nuestro encuentro.
Todo acto o pensamiento que nos dirija a Dios ya es oración, explica el padre Etêve.
Pero Él también cuenta, porque rezar es encontrarnos con quien viene a nuestro encuentro.

Jean Etève
 es sacerdote del Instituto Notre-Dame de Vie [Nuestra Señora de la Vida], que agrupa sacerdotes diocesanos para misiones comunes con una espiritualidad carmelita, esto es, centrada en la oración.
Oración que no es entendida como un “método”, pues todo movimiento hacia Dios (la adoración, el rosario, la lectura espiritual) es oración. “Cuando uno se dirige a Dios ya puede hablarse de oración”, explica el padre Etève: “Rezo con todo lo que soy, con mi temperamento, mi cultura, en la angustia o en la alegría. El mejor método de oración es el que a mí me permite encontrar a Dios”. Según el carisma de su  Instituto, uno descubre la oración cuando entiende que es algo que no va de uno mismo, sino de Él: “Rezar es el mayor servicio que puedo hacer a mi prójimo, a quienes me rodean, al mundo entero”.
Pero ¿cómo hacerlo? Él mismo ofrece algunos consejos muy sencillos y prácticos en un artículo en Famille Chrétienne que resulta de especial utilidad ahora que, sobre ser Cuaresma, buena parte de los cristianos del mundo se encuentran recluidos en cuarentena por el coronavirus y son exhortados por el Papa y los obispos a aprovechar este periodo como un "tiempo de gracia" para profundizar en la relación con Dios.
Jean Etève, sacerdote diocesano de espiritualidad carmelitana.
¿Cuándo y dónde? La fidelidad es más importante que la cantidad
Si esperamos a tener tiempo para rezar, lo más probable es que no lo hagamos nunca, dice el padre Etève con realismo. Y eso, a pesar de que cualquier momento que dediquemos a Dios “nunca es tiempo perdido”. Cada cual debe decidir el momento que pueda dedicar, de forma que luego pueda ser fiel a ese propósito. Se puede comenzar por poco, unos diez minutos. ¿Parece mucho? Quince minutos son solo un 1% de las 24 horas de las que consta un día. Pero “no importa la cantidad de tiempo, sino el hecho de dedicarlo”.
El sacerdote propone hacerlo por la mañana (salvo quienes trabajen de noche), levantándose si es preciso un poco antes, porque “Dios es entonces el primero a quien servimos, y nos aseguramos de que es la fuente de nuestra jornada”. Pero tampoco está mal interrumpir las actividades cotidianas para rezar –siempre que podamos ser fieles a la decisión de hacerlo– porque para ello hay que parar de hacer lo que estemos haciendo y poner el teléfono en modo silencio, y “eso nos obliga a escogerle a Él”, y además “es una forma de decirle al Señor que sin Él no podemos hacer nada”.
Etève recomienda dedicar un espacio concreto a la oración, ya sea una iglesia ante el Santísimo o la propia habitación o un lugar determinado, porque si ese lugar es reconocible, “cuando pase delante de él a lo largo del día recordaré el encuentro que tuve con Él…¡o que no tuve!”.
¿Cómo? Con una actitud de oración
Para rezar hay que disponer un entorno que favorezca el recogimiento: un icono, un crucifijo, una imagen de Cristo o de la Virgen, una vela… “todo puede ayudar”, porque “se reza físicamente, con el cuerpo”, y por eso también es bueno adoptar una actitud específica para la oración, ya sea “de rodillas, sentado, apoyado sobre los talones…”
Lo importante, dice el sacerdote, es “encontrar una actitud corporal que indique que estoy atento para Dios”. Además, habrá ocasiones en las que, “por mi estado interior o por mi cansancio, la actitud de mi cuerpo será mi única oración”.
¿Qué? Abrir la puerta a un encuentro
A veces, al pensar en qué hacer en la oración, “¡uno se olvida de Dios, de que Él también interviene! La oración es un intercambio de amistad”. No se trata tanto, dice, de “concentrarse y pensar en Dios”, como simplemente en “permitir que Dios entre en mi vida”. Decía San Juan de la Cruz que Dios es como el Sol: basta abrir las ventanas para que ilumine y caliente.
¿Cómo abrir esas ventanas? Eso ya depende de cada cual: puede ser un canto, una invocación al Espíritu Santo, hacer la señal de la Cruz, orar a la Virgen María, rezar el rosario… “Uno puede exponer sus peticiones o dar gracias, ¿qué importa? El objetivo es orientarme hacia Aquel que viene a mi encuentro”.
Ahora bien, ¿qué mejor compañía en ese camino que Jesús mismo? Y “para encontrar a Cristo, ¿qué mejor que el Evangelio? A condición de abrirlo para escuchar a Cristo, no solamente para leerlo. En la oración, la lectura está al servicio del encuentro. También vale el Antiguo Testamento, donde Él está tan anunciado que está presente, aunque esté escondido. Los salmos me hablan de Cristo. También podemos coger el Evangelio del día, en el Magnificat o en otro lugar, y hacer la lectura y luego el Evangelio, o algunos versículos. La finalidad no es leerlo todo, sino encontrar algunas ideas cuya lectura me permita encontrar a Cristo”.
Sequedades y distracciones: Cristo nos habla de nuestros apegos
El mismo Catecismo de la Iglesia católica dice que “la dificultad habitual de la oración es la distracción” (n. 2729). La imaginación nunca deja de actuar. Así que no es sorprendente que nos distraigamos, “lo sorprendente sería lo contrario”, tranquiliza Etève: “Las distracciones solo me alejarán de Dios si son voluntarias”, así que cuando aparezcan no hay que rendirse a ellas, sino “recentrarnos en Aquel a quien buscamos”. Como dice San Juan de la Cruz: “Si el alma busca a Dios, mucho más la busca su Amado a ella” (Llama de Amor Viva, 3, 27). Además, a través de las distracciones Dios nos enseña, “desvelándonos cuáles son nuestros apegos”.
En cuanto a las sequedades, Etève es aún más sincero: “La sequedad y el aburrimiento forman parte de la oración. Pero vale la pena, ¿no?”
C.L./ReL

Vea también San Cipriano: Venga tu reino, hágase tu voluntad


miércoles, 16 de mayo de 2018

«Pray». Una canción sobre la oración escrita desde un corazón que busca

 rezar

¿Alguna vez les ocurrió una coincidencia con gustito a Providencia de Dios? Cruzarme con esta canción fue una linda Dioscidencia. El single «Pray» fue publicado por el cantautor inglés Sam Smith el 6 de octubre de 2017 e hizo una presentación en vivo del mismo en los Grammy’s  2018. La letra de esta canción me sorprendió por el tema que trata y porque parece escrita desde la sinceridad del corazón. Acá les dejo algunos puntos para reflexionar:

1. El hombre necesita rezar

En nuestro corazón está grabada esa necesidad de alguien que nos escuche, alguien superior, trascendente, más grande que nosotros. Aunque nuestra fe no sea muy fuerte seguimos sintiendo esa necesidad en nuestro interior. Y esto se ve más claro en los momentos en que comprobamos que nuestras fuerzas no alcanzan y nos vemos débiles e impotentes ante el sufrimiento propio y del prójimo. El cantante lo dice muy claro: «Nunca he creído en ti, no, pero voy a rezar».
«En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: “¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!» (Lucas 18,13).

2. Dios es mucho más que un ser superior. Es un Padre

Esa es la Buena Noticia que trae Jesús: que Dios no es alguien lejano sino que es un Padre Misericordioso que quiso que hacernos sus hijos. Entonces la oración se convierte en un dialogo cara a cara, lleno de confianza, un verdadero encuentro con nuestro Padre del Cielo. En este encuentro podemos mostrarnos con todo lo que somos porque Dios no se escandaliza sino nos abraza y perdona todo.
«Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!» (1 Juan 3,1).

3. La oración no es solo para algunos

La relación con Dios es para todos. Dios Padre quiere tener una relación de confianza con todos y cada uno de nosotros. No importa que seamos la persona más pecadora del mundo y que lo rechacemos, Él está siempre esperándonos para cuando volvamos y nosotros encontramos nuestra felicidad en sus brazos. Si te cuesta rezar porque pasas por un momento difícil o porque estás distraído en otras cosas, te recomendamos hacer click aquí.
«Y, levantándose, partió hacia su padre. «Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente» (Lucas 15,20).

4. Jesús nos enseña a rezar

Jesús se iba a orar todas las noches y ahí era donde encontraba toda la fuerza para su misión. Me imagino que los discípulos veían el rostro de Jesús cuando rezaba o después de rezar y le pedían que les enseñe a orar. Así recibimos el regalo del “Padre nuestro”. A veces lo tenemos tan incorporado que lo repetimos como loros pero si le prestamos un poco de atención podemos ver que nos invita a llamarlo a Dios “Padre” y a rezar en comunidad, como hermanos.
«Un día estaba Jesús orando en cierto lugar. Al terminar su oración, uno de sus discípulos le dijo: “Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos”» (Lucas 11,1).

 5. Rezar por nosotros y por nuestros hermanos

En la canción el cantante se pone a rezar cuando ve el sufrimiento del mundo, no se queda indiferente. Qué importante es rezar al Padre por mis hermanos, Sus otros hijos, y también dejar a Dios que nos hable en la oración de nuestros hermanos, mostrándonos que necesitan de nosotros.
«Siempre y en todas mis oraciones pido con alegría por todos ustedes» (Filipenses 1,4).
 ¡Espero que les sirva para reflexionar solos o en grupo sobre la belleza de la oración! Les dejo la letra traducida:
Soy joven e insensato,
he tomado malas decisiones.
No presto atención a las noticias,
le doy la espalda a la religión.
No tengo ningún diploma académico,
en cierto modo soy ingenuo.
He conseguido llegar hasta aquí por mí mismo,
pero últimamente, esta m**rda
no me ha estado estimulando.
Levanto mi cabeza y el mundo está en llamas,
hay terror en mi corazón y miedo en mis huesos,
y yo no sé qué decir.
Tal vez rezaré, rezaré.
Tal vez, rezaré.
Nunca he creído, y lo sabes,
pero voy a rezar.
No me encontrarás en la iglesia
-No-
Leyendo la Biblia
-No-
Sigo estando aquí, y sigo siendo discípulo tuyo.
Estoy de rodillas,
suplicándote, por favor.
Estoy destrozado, solo, y asustado.
No soy un santo,
soy más un pecador.
No quiero perder,
pero me dan miedo los ganadores.
Cuando intento explicarme,
las palabras se escapan,
por eso estoy hoy aquí parado.
Voy a rezar, rezar.
Tal vez rezaré por un destello de esperanza.
Tal vez rezaré, rezaré.
Tal vez rezaré.
Nunca he creído,
y sabes que voy a…
¿No me vas a llamar?
¿Podemos tener una charla tú y yo, por favor?
Hablemos de la libertad.
Al final todo el mundo reza.
Al final todo el mundo reza.
¿No me vas a llamar?
¿Podemos tener una charla tú y yo, por favor?
Hablemos de la libertad.
Al final todo el mundo reza.
Al final todo el mundo reza.
Oh, y voy a rezar,
voy a rezar,
voy a rezar, rezar por un destello de esperanza.
Tal vez rezaré, rezaré.
Tal vez rezaré.
Nunca he creído, y lo sabes,
pero voy a rezar.
Escrito por María Gisella Corti, catholic-link