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martes, 28 de octubre de 2025

Munir Bracco, el cura viral que desafía a las apuestas: «Los niños llevan un casino en el bolsillo»

Su intervención ante el Senado argentino ha sido muy comentada

"Hoy, muchos adolescentes y jóvenes van al deporte solo para apostar", denuncia Bracco.

El sacerdote Munir Bracco, vicario de Pastoral Social del Arzobispado de Córdoba (Argentina), se hizo viral hace unos días gracias a sus enérgicas palabras ante el Senado de la nación en las que denunciaba, sin pelos en la lengua, el grave problema que sufren los jóvenes argentinos con las apuestas.

El cura cordobés advirtió, en un país donde el fútbol es una religión y ante el plenario del Senado donde están siendo tratados varios proyectos de ley para regular las apuestas online, que "la camiseta de fútbol se convierte en publicidad de una droga" y denunció una "pandemia silenciosa" de ludopatía. 

ReligiónEnLibertad charla con Bracco sobre este mal que hoy afecta, no solo a Argentina, sino a países de toda Europa y del resto de Occidente.

-¿Crees que la adicción a las apuestas es un problema generalizado entre niños y adolescentes?

-Hay encuestas que así lo dicen y nosotros lo vemos permanentemente, estamos en contacto con los chicos, con los padres, docentes, psicopedagogos, médicos... Están todos muy, muy preocupados. Es un problema generalizado, lamentablemente. 

-¿Las consecuencias de esta adicción son peores que las de otras drogas?

-Todas las adicciones hacen daño, son tristes. La dificultad que tiene esta adicción, o una de las dificultades, es que, en un principio, no se advierte una sintomatología, como puede ser el caso de otras adicciones con sustancias.

»En esta adicción tiene que pasar un tiempo para darse cuenta. Y, posiblemente, un familiar no se dé cuenta por una sintomatología orgánica sino por conductas. Como pueden ser, por ejemplo, aislarse, trasnochar o darse cuenta de que no durmió porque estuvo todo el tiempo con el celular.

Puedes escuchar aquí la intervención de Bracco en el Senado.

»O, la más clara, que van perdiendo dinero y comienzan a mentir. Después, cuando se van adentrando en la compulsión, tienen mucha ansiedad, se aíslan, se quedan en casa, y buscan permanentemente sacar momentos y dinero, de donde sea, para apostar.

»Si no se tiene dinero, se busca, se roba, se pide, se inventa... Cuando la adicción ya está muy avanzada, se hace incontrolable y ya no se apuesta por dinero, sino por el placer que tienen por apostar. Está todo pergeñado para que la persona que apuesta quede atrapada, lamentablemente, está todo muy bien preparado para hacer daño. 

-¿A alguien le interesa tener a una juventud adicta a las apuestas, que permanezca cautiva...?

-Sí, a la gente que se lucra con esto, que son inescrupulosos, que con tal de tener más dinero no les importa destruir vidas, no les importa destruir familias, no les importa que se quede gente en la calle.

-¿Y a las administraciones públicas? ¿qué interés pueden tener?

-Porque la publicidad y la promoción de los sitios de apuestas les deja mucho dinero. Cuando un club de fútbol hace publicidad de apuestas, y no se toman medidas, habría que pensar por qué no se toman medidas.

»Nosotros hemos visto que hay presiones, los legisladores tienen presiones, y sería lamentable que alguno tenga alguna recompensa por no legislar, por no decidirse. Sería muy lamentable, además de un acto de corrupción, si eso pasara. 

-¿Qué papel cree que debería tener la Iglesia frente al aumento de la ludopatía? ¿cómo puede ayudar?

-Primero, lo que estamos haciendo aquí en Argentina, intentando conectar con los legisladores y acercarles la preocupación de la gente. Ayudar a que los legisladores tomen conciencia de que ellos tienen un rol muy importante y que tienen que legislar y tomar una decisión que solo ellos pueden hacer. Tenemos una participación importante en el campo político para que se puedan tomar decisiones que hagan bien, ya sean medidas preventivas, de contención, de ayuda, de concienciación. La ludopatía es un problema de salud pública.

»Otra acción que hace la Iglesia es en nuestros colegios y en nuestros espacios juveniles ofrecer instancias de educación del buen uso de las pantallas y sobre la problemática que trae la adicción a apostar. Nosotros no le llamamos adicción al juego, el juego es otra cosa, sino que le llamamos adicción a las apuestas.

»Otra cosa que hacemos es generar espacios de contención, como, por ejemplo, los grupos juveniles, la catequesis, el apostolado, los campamentos, en donde los jóvenes toman contacto con otros jóvenes, con la naturaleza, con la vida espiritual, con el deporte... Nosotros constatamos que cuando están en esto, los chicos conectan realmente con cosas que les hacen bien y se olvidan de lo otro. 

-¿Crees que la adicción a las apuestas pervierte la afición más pura de los jóvenes por el deporte?

-Sí, sí, el deporte, que es tan lindo en la dimensión lúdica y recreativa, que es salud –cualquier médico te recomienda, a cualquier edad, que hagas actividad deportiva–, hoy, muchos adolescentes y jóvenes van al deporte solo para apostar. En Argentina el fútbol es una pasión, que la vivimos con mucha fuerza, y hay muchos jóvenes que ya no ven el deporte por el deporte mismo, sino por la apuesta. 

»Y, también, hay clubes y jugadores de fútbol que han tenido sospechas de no jugar por el fútbol sino para beneficiar a algún tipo de apuesta, ya sea perdiendo o cometiendo alguna infracción. Esto pervierte el deporte en sí mismo, y para muchos de los que nos gusta el deporte genera dudas, de que muchos vayan al deporte no para mirar el fútbol, sino para apostar.

»El hecho de que tengamos en las camisetas de los equipos más importantes publicidad de sitios de apuesta es un incentivo para apostar, a una adicción. Es un absoluto contrasentido que el deporte, que es tan bueno, que es tan lindo, que es tan saludable, fomente una adicción que enferma, que hace mucho daño, y que ha llevado a que algunos se quiten la vida. Tenemos que reflexionar sobre esto, de la única manera que se puede entender es que haya otros intereses que no sean el deporte. 

-¿Qué papel tienen los teléfonos móviles en esta "pandemia" de las apuestas?

-El arzobispo de Córdoba, el cardenal Rossi, ha dicho en alguna oportunidad que hemos puesto un casino en cada bolsillo de los chicos. Uno no se imagina a un grupo de niños en el casino, es como que nos haría mal verlos, pero ahora el casino está en el teléfono celular.

»Se requiere mucha educación, pensar a qué edad es conveniente que un menor tenga su dispositivo móvil, se requiere mucho diálogo con la familia, e impedir que la publicidad, la promoción, la posibilidad de apostar estén al alcance de la mano.

-¿Y qué consejo le darías a unos padres que acaban de descubrir que su hijo apuesta?

-El consejo que les daría es que lo escuchen, que hablen mucho con él, que no le juzguen, y si ven que es una adicción muy avanzada, que consulten a un profesional, a un psicopedagogo, a un medico-pediatra, y que le pongan límites.

»Es muy importante el límite en nuestra sociedad. El límite, a veces, es sinónimo de mala palabra, y el límite es saludable, hay que poner límites acorde a la edad y acorde a lo que uno cree, y no tener inconveniente en hablar y plantear estos temas, y conversar mucho sobre los peligros de esto, y también ver en qué andan metidos los niños.

»El rol de los padres es muy importante, es determinante. A veces, los padres no tienen tiempo, por el trabajo o por lo que sea, y es ahí cuando los niños o los adolescentes se sienten solos, experimentan la soledad, les faltan espacios de contención, y buscan generar algo en su interior que los distraiga, que les apague ese sentimiento de soledad, y es cuando terminan cayendo en estas apuestas. 

-Y como sacerdote, ¿cómo puede ayudar a estos niños?

-Algo muy importante que podemos hacer los sacerdotes, y los educadores, es transmitir a los adolescentes, jóvenes y niños, un proyecto de vida en donde ellos crean que pueden realizar su vida, no sin esfuerzo, no sin lucha, pero que puedan encontrar un verdadero sentido a la vida, un proyecto de vida que les permita soñar, creer que es posible realizar sueños, realizarse como personas, lograr objetivos. Tenemos que ofrecerles eso, como nos lo ofrecieron nuestros padres, nuestros abuelos. Hay muchos jóvenes que no tienen un proyecto de vida. Además de alertar sobre la preocupación, tenemos que transmitirles la esperanza.

Juan Cadarso, ReL

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de Ludopatia



jueves, 25 de julio de 2019

Ludopatías: hay que «erradicar la cultura del azar para reemplazarla por la dignidad del trabajo»

La ludopatía es una amenaza para la familia y el Estado debe protegerla, recuerdan los obispos argentinos.
La ludopatía es una amenaza para la familia y el Estado debe protegerla,
recuerdan los obispos argentinos.


La Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina publicó un documento bajo el título Con tu vida y la de tu familia no se juega. Una oferta que crece y enriquece a unos pocos advirtiendo sobre los peligros derivados de la multiplicación en la oferta de los juegos de azar en la Argentina: “Han proliferado los casinos, los bingos, unidos al negocio de las máquinas tragamonedas, aun en cercanía de barrios pobres. También se han multiplicado las ofertas de juegos de apuestas en locales de lotería", afirma el texto.
Asimismo, alerta de que "internet hace emerger nuevas y cada vez más masivas formas de juego”, lo cual “pone en peligro especialmente a los más jóvenes, con una escasa barrera de acceso a los mismos”.  Ya a finales del año pasado, la Comisión de Drogodependencia de los obispos argentinos calificó como "problemática, inoportuna y nociva" la legalización de las apuestas on line.
“El juego de azar es un negocio que mueve gran cantidad de dinero para beneficio de unos pocos en detrimento de muchos, especialmente de los más pobres a quienes muchas veces el agobio lleva a probar salidas mágicas que terminan sumiéndolos en mayor pobreza y desazón”, continúa el documento, quien reclamó de las autoridades fomentar, por el contrario, "el trabajo honesto como camino de construcción de futuro" y "erradicar la cultura del azar para reemplazarla por la dignidad del trabajo”. 
Uno de los resultados de esta proliferación es la ludopatía, que domina "la vida del enfermo en perjuicio de sus valores y obligaciones sociales, laborales, materiales y familiares. La falta de esperanza, de un proyecto de vida, la baja estima de sí mismo, van generando dependencias que limitan la libertad de las personas”.
Por todo ello, "el Estado debe trabajar por la protección integral de la familia. El juego puede llevar a una adicción que daña la comunión familiar, y puede llevar a su destrucción. Otro tanto puede decirse de la compulsión a videojuegos, que se instalan desde muy temprana edad en la vida de los más chicos, que también son parte de otros esquemas de negocios y que crean también formas de adicción o dependencia, vinculados en muchos casos con la explotación de pulsiones violentas, individualistas e intolerantes”,
“Nuestra actitud no es de condena a quienes sufren esta adicción, sino acogerlos y alentarles a recorrer el camino de la libertad de toda esclavitud, porque ‘para ser libres nos liberó Cristo’”, concluyen: “La esperanza del cristiano está puesta en el Señor, el único que salva. No en soluciones mágicas. Sabemos también que de Dios hemos recibido la tarea de trabajar para completar su obra creadora, y así obtener lo necesario para la vida. El juego por dinero no salva ni dignifica a la persona, sino que la daña seriamente a ésta y a su familia... ¡No permitamos que avance este lobo disfrazado de cordero!”

sábado, 12 de enero de 2019

La ludopatía, al alza: «Al final era solo la adrenalina de apostar, ya no importaba ganar o perder»

Decenas de miles de personas, menores incluidos, se endeudan para seguir jugando



La extensión de la ludopatía la convierte en casi epidémica.
La extensión de la ludopatía la convierte en casi epidémica

La Asociación Papa Juan XXIII, fundada por el sacerdote Oreste Benzi, homenajeó recientemente, en la parroquia de la Resurrección de Rímini (Emilia Romaña, Italia) a antiguos ludópatas que han conseguido superar esa dependencia. Manuela Petrini lo cuenta en In Terris:

"Al final ya no era ni siquiera importante ganar, sólo quería recrear esa excitación que sentía  mientras preparaba una apuesta, el frenesí de elegir si tenía que apostar en las carreras de caballos o en los partidos de fútbol. Una descarga de adrenalina que hacía que me sintiera vivo". Eran estas sensaciones, con la falsa esperanza de ganar algún dinero extra, las que hicieron caer a Leonardo en la trampa del juego de azar. Su historia tiene un final feliz, aunque el recorrido para derrotar a la ludopatía -la dependencia del juego de azar- no ha sido fácil. 
Las primeras apuestas
Después de licenciarse, Leonardo, deportista apasionado, empieza a seguir a los hinchas del equipo de baloncesto; sin embargo, económicamente no consigue hacer todas las actividades que le gustaban o que quería hacer. "Me gustaba la posibilidad de jugar, a veces incluso de ganar y conseguir pagarme mis cosas. Por lo que, poco a poco, dejó de ser una o dos veces a la semana y pasó a ser todos los días. No sé si hay alguien que decide o hay un sistema, pero al principio ganas más de lo que te esperas, pero las pérdidas son cada vez más altas".
Llega un momento en que Leonardo ya no tiene suficiente dinero y empieza a pedir pequeños préstamos a sus amigos, con lo que empieza a endeudarse. "Empecé a apostar cifras cada vez más altas. Al final el juego dejó de interesarme... era sólo la adrenalina de saber que tenía una apuesta activa, no importaba ganar o perder... A veces ni siquiera controlaba si había ganado o perdido". 
El juego era el centro de su vida
"Cada actividad que realizaba tenía como finalidad el juego. Me explico: no iba a entrenar a mi equipo porque fuera mi trabajo, sino para recibir mi sueldo que luego utilizaba para las apuestas. Salía con mis amigos, no porque me gustara, sino porque al mantener mi relación con ellos podía pedirles dinero si lo necesitaba". Llegó un momento en que sus padres y su hermano empezaron a sospechar y le preguntaron qué había hecho con su dinero. Fue precisamente gracias a ello que Leonardo consiguió expresar por primera vez su necesidad de ayuda.
Después de varios intentos, llegó a una comunidad terapéutica de la Asociación Comunidad Papa Juan XXIII e inició un recorrido que le llevó a afrontar y superar su problema. Ahora Leonardo está casado, tiene un hijo y trabaja como agente pastoral en una sede de la asociación, en la que ayuda a muchos jóvenes a salir del túnel de las dependencias. 
Una nueva conciencia
"Hay que comprender que existe un problema. La sociedad empieza ahora a movilizarse, pero creo que no tiene aún claro que el juego es una verdadera plaga. Es más, hay gente para la que es un hobby, por lo que se siguen abriendo centros de apuestas, salas de tragaperras. Mientras el Estado, las regiones y los ayuntamientos no pongan limitaciones, habrá quien gane sobre la espalda de quien cae en esta trampa". 
La fiesta del reconocimiento de la Asociación Papa Juan XXIII
Leonardo ha salido del túnel gracias al apoyo de su familia y al camino realizado en una comunidad terapéutica de la Asociación Papa Juan XXIII. Un recorrido que, una vez concluido, debe ser reconocido y no olvidado.
Don Oreste Benzi (1925-2007), un sacerdote entregado al apostolado entre los más débiles: discapacitados, prostitutas, personas sin techo, niños por nacer...
Por esto, como cada año, el 26 de diciembre la comunidad fundada por Don Oreste Benzi se reúne en la Parroquia de la Resurrección (o Grotta Rossa) de Rímini donde, con una liturgia especial, celebra el renacimiento de muchos jóvenes que han concluido el programa terapéutico y han vencido su dependencia. Una tradición que este año cumple 23 años: la primera misa del reconocimiento fue oficiada por Don Oreste en 1995. Este año, en cambio, ha sido monseñor Francesco Lambiasi, obispo de Rímini, quien ha celebrado la liturgia. 
Algunos datos sobre la ludopatía
El mundo del juego de azar, una de las peores plagas sociales que aflige a millones de familias italianas, no implica sólo a jóvenes, sino también a ancianos, parados, trabajadores y estudiantes que, con la esperanza de ganar alguno dinero extra, caen en su trampa. Según un informe publicado en mayo de 2018 por el Consejo Nacional de las Investigaciones, durante 2017 jugaron por lo menos una vez 17 millones de italianos (42,8%), contra los 10 millones de 2014 (27,9%); entre estos, más de un millón de estudiantes (36.9%), en disminución respecto a los 1,4 millones (47,1%) de ocho años antes. En general los hombres (51,1%) juegan más que las mujeres (34,4%). Entre los estudiantes, el porcentaje de hombres es casi el doble respecto a las mujeres (47,3% vs 26,3%).
El juego más difundido es el Gratta&Vinci [Rasca y Gana]: el porcentaje de jugadores que lo eligen sube de 60,1% en 2010 a 74% en 2017. Siguen Lotto y SuperEnalotto, a pesar de haber una clara disminución en el mismo periodo del 72,7% al 50,5%. En el tercer lugar tenemos las apuestas deportivas, que aumentan del 18,3% en 2010 al 28% en 2017. También entre los jóvenes el juego más difundido es el Gratta&Vinci (64,7%) con una clara preferencia por parte de las mujeres: 75,5% respecto a sus coetáneos, que son el 58,9%. En el segundo puesto se sitúan las apuestas deportivas, en sentido opuesto: 66,9% de los chicos contra el 16,8% de las chicas. Entre los estudiantes con perfil problemático el juego más difundido son las apuestas deportivas (78,3%), seguido por el Gratta&Vinci (70,4%) y las cartas (48,7%), mientras que entre los adultos con perfil problemático el juego más difundido son las apuestas deportivas, (72,8%), seguido por el Gratta&Vinci (67,5%) y el SuperEnalotto (43,6%).
El 63,7% de los jugadores entre los 15 y los 64 años se gasta como media menos de 10 euros al mes, pero entre las personas con perfil problemático el 48,1% refiere un gasto inferior a los 50 euros, el 37% entre 50 y 200 euros, el 14,9% se gasta más de 200 euros. Además, casi 100.000 personas han pedido dinero prestado de manera ilegal; poco más de 100.000 han causado daños económicos a otras personas y casi 30.000 han sufrido daños económicos. 
El 10,8% de los estudiantes ignora que en nuestro país es ilegal el juego para los menores de 18 años y se estima que 580.000 (33,6%) estudiantes menores han jugado a lo largo del año. La facilidad de acceso a las salas de juego está confirmada por el dato que sólo el 27,1% de los menores ha tenido problemas para jugar en lugares públicos. El 75,1% de los estudiantes se gasta en el juego menos de 10 euros al mes y el 6,3% más de 50 euros al mes, cifra que entre los estudiantes con perfil problemático sube al 22,1%.
Traducción de Elena Faccia Serrano.