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sábado, 4 de mayo de 2024

¿Cómo practicar el pudor en época de verano?

¿Cómo practicar el pudor en época de verano?

por Convertidos Católicos

 

Se viene la época de calor y con ella trae consigo también el destape del cuerpo a través del uso de prendas minúsculas o semitransparentes que son producto de la influencia de la moda actual en el vestir. Esta falta de pudor provoca mucha incomodidad y tentación sobre todo en el sexo masculino que aunque intente controlar la mirada es casi imposible no verse afectado, esto debido al latente panorama de desnudez femenina que se vive no sólo en lugares de ocio o vacacionales sino también en plena vía pública.

¿Qué debe hacer una mujer cristiana frente a toda esta cultura de impudor actual?

Como toda creyente y practicante está llamada a no seguir las corrientes del mundo, tal como lo aconseja el Catecismo de la Iglesia Católica en su numeral 2523 "Existe un pudor de los sentimientos como también un pudor del cuerpo. Este pudor rechaza, por ejemplo, los exhibicionismos del cuerpo humano propios de cierta publicidad o las incitaciones de algunos medios de comunicación a hacer pública toda confidencia íntima. El pudor inspira una manera de vivir que permite resistir a las solicitaciones de la moda y a la presión de las ideologías dominantes."

También Leah Darrow,una ex top model y experta en modestia nos explica que la moda actual busca en su mayoría mostrar solo partes del cuerpo femenino y no este en su completa dimensión y por ello va en contra de su misma dignidad.

Extracto de su entrevista aqui: https://www.instagram.com/reel/C6VybluI-6d/?igsh=MTMzazhzcTc0dmV4eg%3D%3D

Es así, que como católicas debemos buscar vestirnos de forma modesta y decorosa, aunque esto conlleve ciertos sacrificios como la elección correcta y algo meticulosa de las prendas que no siempre responderán acorde a las actuales tendencias.

Otra opción sería, intentar adaptar o complementar ciertas prendas para hacer que el atuendo sea más cubierto que el original. Sé también que todo esto puede resultar un desafío, pero no es imposible y por ello os dejo algunos consejos o tips que os pueden ayudar en ello:

  • El tiempo de verano es ideal para usar vestidos frescos y faldas hermosas y con amplio colorido. Sin embargo, descarta las minifaldas o aquellos vestidos que expongan bastante los muslos.
  • Evita los shorts o pantalones muy cortos que exponen en estos tiempos no solo los muslos sino también hasta parte del trasero femenino. En su lugar, opta mejor por pantalones capris/bermudas o que estos lleguen al menos cerca de la rodilla.
  • Evita los tops muy cortos o camisetas escotadas. También puedes complementarla con una camiseta o bvd debajo y solucionar el problema de la longitud o el escote.
  • Evita usar las camisetas transparentes solas, mejor opta por complementarlas con tops debajo de las mismas.
  • Evita los pantalones muy ceñidos o leggins semitransparentes. Si vas a realizar una actividad deportiva o asistir al gimnasio podrías optar por usar prendas superiores más largas o más holgadas para cubrir la zona del trasero.

¿Y que hay con el traje de baño?

Este es un tema muy controvertido aunque anteriormente he escrito un artículo sobre el Bikini y sus orígenes paganos. Dejo el enlace por aquí y también un video donde una diseñadora católica no lo recomienda o aconseja.

https://www.religionenlibertad.com/blog/618589139/Que-traje-de-bano-deberia-usar-una-mujer-catolica.html

Ah y algo muy importante y que también evita faltar al pudor en verano es no publicar fotografías luciendo tu traje de baño en las redes sociales.

 ¿Los varones también están llamados a practicar el pudor?

Claro que si, aunque en su caso no es algo tan observado o común ya que son pocos los casos en los que ellos caen en eso. Sin embargo, cabe recordar que no es modesto usar los shorts o pantalones caídos, muy ceñidos o transitar sin camiseta por lugares que no sean específicos para bañarse como la playa o la piscina.

Yasmin Oré, ReL

Vea también     El Pudor: Atañe a los mujeres y a los hombres


jueves, 10 de marzo de 2016

¿Qué me pongo hoy? 5 tips para convertir el pudor en buen gusto




María Belén Andrada, catholic-link
Yo creo firmemente en que hay que ir bien puestos. Tengo varias razones, pero voy a compartirles solo tres de ellas. La primera, por caridad: hay que presentarse bien ante los demás (por ejemplo, a una reunión de trabajo no vamos en zapatillas), es una manera de demostrarles respeto y decir al otro «me importas, por eso me arreglo». La segunda, porque desde que somos chiquitos nos enseñan que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo: como es así, el arreglo personal es parte del cuidado de este templo. La tercera: somos una caja de sorpresas, tenemos un montón de cosas buenas para transmitir y nuestra vestimenta puede tirar pistas sobre esto; si acertamos estaremos invitando a la gente a conocer más de nosotros, pero si erramos estaremos enviando una imagen equivocada.
Para ir bien puestos y responder favorablemente a cada una de estas razones, creo que el ingrediente esencial es la modestia. ¿Por qué? Porque lleva a evitar lo que no es necesario, lo que puede resultar ofensivo, guarda una sana discreción, no se deja arrastrar por cualquier impulso e invita a escoger en todo el punto justo. Además, San Agustín decía que «la modestia ganada lleva a percibir más finamente todo lo que pasa en el alma con mayor claridad» y, como veremos en los consejos que voy a compartir, lo básico y primero –en este tema como en cualquier otro– es conocerse a uno mismo.
Una observación: Si bien la modestia es para todos, me dirigiré en esta oportunidad directamente a las mujeres, solo para facilitarme en algo la redacción. Además, porque creo que así puedo hablar con mayor propiedad 😉

1. Resaltar la verdadera belleza

tu
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Lo que nos ponemos tiene que estar a nuestro servicio: debemos descubrir los determinados encantos que nos hacen atractivas y resaltarlos. Pero ¡ojo!, muchas veces, la moda nos pone delante de conjuntos que lo que hacen es destacar partes que en realidad no constituyen su verdadera belleza. Por ejemplo, los escotes pronunciados o las minifaldas no están descubriendo a la verdadera mujer sino “partes” de ella. ¡La mujer es mucho más que partes! Es algo tan hermoso, complejo y extraordinario que me parece inútil y hasta ridículo pretender simplificarla a partes de su anatomía.
Repito que hay estar atractivas, pero esto no es sinónimo de “provocativas”. Hay que aprender lo primero sin caer en lo segundo (aunque nos toque movernos en un contexto que no diferencia mucho estos términos). ¿Qué hacer, entonces? Ante esto, yo pensaría: ¿qué es lo que estoy queriendo mostrar o  destacar? ¿Para qué, con qué fin? ¿Cuál es el mensaje que quiero dar? ¿Cómo quiero que me conozcan o reconozcan? Y acorde a las respuestas que pueda dar a estas preguntas sabré escoger qué es lo que compraré o me pondré.
Lo bueno es que podemos encontrar una grandísima variedad de prendas –también a la moda– que van mostrando más de la propia personalidad que del cuerpo. Porque mucho de aquello que no se ve –la alegría, la inteligencia, algún talento, etc., etc.– es parte de los principales encantos a los que me refiero y los que debemos hacer visibles.Conociéndolos y teniendo esto en cuenta, sabremos escoger siempre lo mejor de lo que nos puedan ofrecer, lo que de verdad hable de nosotras, lo que pueda exteriorizar lo que nos hace únicas. Una frase dice: «No dejes que la ropa te vista, tú viste la ropa», la ropa no te debe distraer de quién eres: tu sonrisa, tu humor, tu cariño, tu inteligencia.
Por ejemplo, existen muchos accesorios bastante simpáticos. A mí me gusta pintar y llegué a encontrar un collar cuyo dije tenía la forma de un lápiz. O si no, prendas de vestir con ciertos estampados o diseños que hablen de nuestras preferencias, como gatos, cupcakes, formas geométricas, letras del abecedario, libros… ¡hoy día hay tantas opciones!

2. ¡Sé tú misma!

misma
misma
No atarnos incondicionalmente a los dictámenes del último grito de la moda o a tendencias que en realidad no nos favorecen nos permite ir armando nuestro propio estilo, seleccionando lo que nos gusta, lo que habla de nosotras, lo que dice algo de nuestra manera de pensar, de actuar, de amar, de soñar… etc. Al mismo tiempo, sabremos presentarnos actuales, elegantes, lindas y de manera que podamos llamar positivamente la atención, lo que significa ser advertidas por el conjunto de lo que somos en realidad.
Claro que para esto primero hay que conocerse, saber quiénes somos, qué nos gusta y por qué, para encontrar el estilo que más se ajuste a nuestra personalidad y con el que más cómodas nos sintamos. Así, podemos encontrar algunas alternativas clásicas, románticas, trendy, bohemias, etc. y escoger la que nos describa y siente mejor.

3. Saber elegir

ropero
ropero
Esto puede parecer difícil, pero no es complicado. Cuesta a veces decidirse a decir que “no” a algunas cosas, pero vale la pena porque en realidad no hablamos de vivir de negaciones, sino de afirmacionesEn primer lugar, de la afirmación de una misma. En la vida en general siempre pasa esto: si se elige un camino, se renuncia a la posibilidad de andar por otro. Por eso es que conviene no mezclar todos los estilos habidos y por haber. Me enseñaron que hasta dos o tres estilos puede tener una persona, aunque lo ideal es que tenga uno solo. Esto es así porque la persona es un todo y su forma de vestirse debe transmitir la misma coherencia.
Entonces, si nos decidimos por querer presentarnos de una manera, será lógico que tengamos que aprender a discernir qué podemos usar para ello y qué no. Pero no en un tono negativo, no a modo de “prohibición”; simplemente porque si bien todo me es lícito, no todo me conviene (1 Cor. 10:23).  Conócete: pide a Dios que te enseñe a amar tu cuerpo y a saber lo que le va mejor. 
De la misma manera que vimos en el punto anterior, esto nos permitirá una consistencia en lo que transmitimos de nuestra forma de ser. Si bien es cierto que lo que la apariencia transmite no lo dice todo de uno, dice mucho, o al menos algo. Y yo pienso que “algo” es mejor que “nada”, porque al menos da pie a conocer mejor.

4. Vestir según las distintas circunstancias

ocasion
ocasion
Otro tip para vestirse siempre de la mejor manera, es haciéndolo según las circunstancias, según el escenario en el que nos vamos a desenvolver. No es lo mismo vestirse para ir a la cancha a ver un partido de fútbol que para irse a una cena con amigas, ni vestirse para ir a una boda que para ir a la Misa. Pensar a dónde voy, con quién me voy a encontrar, qué voy a hacer ahí, nos tira algunas pistas para saber qué podemos ponernos para estar acordes a la situación.
Esto no significa perder el propio estilo, sino ir ajustándolo o adaptándolo al contexto en el que nos vamos a encontrar. Se lo mantiene, y al mismo tiempo evitamos esa incomodidad que sentimos al ver que no nos hemos preparado lo suficiente o la ridiculez al sentir que estamos súper producidas.

5.  Para una buena cristiana: mirar a la Virgen

maria
 maria
Sobre la modestia y el buen vestir, un amigo (sí, varón) una vez me dio este consejo. A la hora de elegir una ropa determinada, pensar si la Virgen la usaría si viviera en nuestros tiempos. Obviamente no nos imaginamos a la Madre de Dios mal vestida ni descuidada y por eso es un buen parámetro para preguntarnos si estamos bien puestas y si, al arreglarnos, no estamos exagerando un poco, si no estamos dejándonos llevar por la vanidad o si estamos exhibiendo de más… Mirar a María es la mejor manera de elegir bien, de estar bien puestas, bien arregladas, a la vez que sencillas. Obviamente esto no quiere decir que solo nos pondremos cosas largas y súper cubiertas, se trata de conservar el principio y aprender a discernir. Ana Catalina Emmerick en sus revelaciones privadas pudo ver a la Virgen María y describe sus vestidos y su actitud: «Vestida con su hermoso traje, era su andar lleno de gracia, de decencia y de gravedad».
Y ya sabes lo que se dice: no hay mayor belleza que en la sencillez, porque ella es «la clave de la elegancia», como lo decía Coco Chanel.



Todas las fotos fueron tomadas de Pixabay.com.

domingo, 23 de agosto de 2015

Siete pasos sencillos y prácticos para ser humilde




De todas las virtudes, la humildad puede considerarse una de las más difíciles de conseguir. Toda la literatura sobre el tema nos lo repite.

Siempre recordamos frases de grandes hombres como Ruskin ("estoy convencido que la primera prueba de un gran hombre consiste en la humildad"), Cicerón ("cuanto más alto estemos situados, más humildes debemos ser") y, por supuesto, de santos como el Cura de Ars ("si no tienes humildad, puedes decir que no tienes nada"), san Agustín ("sólo a pasos de humildad se sube a lo alto de los cielos") o santa Teresa ("aquélla que le parece que es tenida en menos entre todas se tenga por más dichosa").
 
Es experiencia de todos sentir el aguijón de ese “yo” que nos impulsa a hacer lo que muchas veces no queremos realizar. ¡Cuántas veces nos arrepentimos de nuestras acciones y deseamos vivir con más sencillez y menos altanería! ¿Cómo ser humilde?
 
Dentro de las muchas presentaciones que me llegan, esta semana hubo una que me llamó particularmente la atención y que daba, justamente, siete pasos para conseguir la humildad. Me picó la curiosidad. Su lectura me ha ayudado mucho y he querido compartirla con todos ustedes, retocándola un poco (a cada consejo le he añadido un párrafo de algún santo que le dé más peso y contenido).
 
Ciertamente, estas líneas no pretenden ser un manual de “consígalo sin esfuerzo”. No hay rosa sin espinas. Pero tal vez la lectura de este artículo pueda ayudar a alguno a enderezar el camino, como si se tratase de un GPS que pide una reorientación de ruta. Espero, pues, que estos ocho pasos sirvan a más de uno. ¡Buena lectura!
 
1. Procura descubrir lo mejor de cada uno:
 
Todo ser humano ha tenido experiencias que tú no has tenido, y en esos aspectos te aventaja. Einstein, reputado como uno de los grandes cerebros de la humanidad, dijo: "Nunca he conocido a una persona tan ignorante que no tuviera algo que enseñarme".
 
"Procuremos siempre mirar las virtudes y cosas buenas que viéremos en los otros, y tapar sus defectos con nuestros grandes pecados. Es una manera de obrar que, aunque luego no se haga con perfección, se viene a ganar una gran virtud, que es tener a todos por mejores que nosotros, y comiénzase a ganar por aquí el favor de Dios" (Santa Teresa de Jesús, Vida, 13, 6).
 
2. Elogia sinceramente a los demás:
 
¿Cómo se va a desdeñar a una persona a la que se le está diciendo lo que se admira de ella? Cuanto más se mencionen las buenas cualidades de quienes rodean a uno, más virtudes se descubrirán en ellos, y será más difícil que uno caiga en la trampa del egocentrismo.
 
"La humildad es la virtud que lleva a descubrir que las muestras de respeto por la persona –por su honor, por su buena fe, por su intimidad–, no son convencionalismos exteriores, sino las primeras manifestaciones de la caridad y la justicia" (San José María Escrivá,Es Cristo que pasa, 72).
 
3. No te demores en admitir tus errores:
 
Dicen que la frase más difícil de pronunciar en cualquier idioma es: "Me equivoqué". Quienes se rehúsan a hacerlo por orgullo suelen volver a caer en los mismos errores (sólo el hombre cae dos veces en la misma piedra) y, además, terminan marginándose de los demás.
 
"La humildad es una antorcha que presenta a la luz del día nuestras imperfecciones; no consiste, pues, en palabras ni en obras, sino en el conocimiento de sí mismo, gracias al cual descubrimos en nuestro ser un cúmulo de defectos que el orgullo nos ocultaba hasta el presente" (Santo Cura de Ars, Sermón sobre el orgullo).
 
4. Sé el primero en disculparse después de una discusión:
 
Si la frase más difícil de pronunciar es: "Me equivoqué", la siguiente más difícil debe de ser: "Perdóname". Ese simple vocablo mata el orgullo (pues te reconoces tan pecador como él) y pone fin al altercado: dos pájaros muertos de un solo tiro. Pero para eso, es necesario reconocer que tanto él como yo podemos equivocarnos…



"Si vieres a alguno pecar públicamente, o cometer cosas graves, no te debes estimar por mejor: porque no sabes cuánto podrás tú perseverar en el bien. Todos somos flacos; mas tú no tengas a alguno por más flaco que a ti" (La Imitación de Cristo, I, 2, 4).
 
5. Admite tus limitaciones y necesidades:
 
Es parte de la naturaleza humana querer dar la impresión de ser fuerte y autosuficiente; eso normalmente no hace más que dificultar las cosas. Si manifiestas humildad pidiendo ayuda a los demás y aceptándola, sales ganando.
 
"Esto de no fiarse del propio parecer nace de la humildad. Por ello, el cap. II de los Proverbios dice que donde hay humildad, hay sabiduría. Los soberbios, en cambio, confían demasiado en sí mismos (Santo Tomás de Aquino, Sobre el Padrenuestro, l.c., 142).
 
6. Sirve a los demás:
 
Ofrécete a ayudar a los ancianos, los enfermos y los niños, o a prestar algún otro servicio comunitario. Saldrás beneficiado, pues aparte de adquirir humildad, te ganarás la gratitud y el cariño de muchas personas.
 
"Cuando se te presente la ocasión de prestar algún bajo y abyecto al prójimo, hazlo con alegría y con la humildad con que lo harías si  fueras el siervo de todos. De esta práctica sacarás tesoros inmensos de virtud y de gracia" (León XIII, Práctica de la humildad, 32).
 
7. Reconócele a Dios el mérito de toda cualidad que tengas y de todo lo bueno que te ayude a hacer:
 
Es importante abrir los ojos del alma y considerar que no se tiene nada nuestro de lo que debamos gloriarnos. Lo único que realmente tenemos es pecado y debilidad. Los dones de la naturaleza y de gracia que hay en nosotros, solamente merecen ser agradecidos a Dios, que nos lo ha dado cuando ha pensado en nosotros al crearnos.
 
"Nadie confíe en sí mismo al hablar; nadie confíe en sus propias fuerzas al sufrir la prueba, ya que, si hablamos con rectitud y prudencia, nuestra sabiduría proviene de Dios, y si sufrimos los males con fortaleza, nuestra paciencia es también don suyo" (San Agustín, Sermón 276).
 


Por el Padre Juan Antonio Ruiz J., L.C
Artículo originalmente publicado por pildorasdefe.net

domingo, 28 de junio de 2015

La belleza de la mujer que nunca pasa

Francesca Giannoni, catholic-link

En muchos casos el concepto de belleza ha quedado reducido al exterior, a la apariencia física; verse bien, estar bien arreglada, maquillarse, estar a la moda, tener las medidas perfectas… de este modo tristemente, se ha ido alejando de su verdadero significado, de aquella belleza que viene del alma y brota del corazón.
¿Ser sexy es lo mismo que ser bella?, ¿qué es realmente lo bello de una mujer? Si nos quedamos solamente con la belleza exterior nos damos cuenta inevitablemente que, ésta pasará en algún momento. Llegará un día en que envejeceremos. La belleza de una mujer no envejece con el tiempo y sus arrugas. No se reduce solamente a la apariencia física. Es mucho más que eso.
¿Dónde eres más bella? Eres más hermosa en el interior. En aquello que te hace distinta, especial y diferente a los demás. La belleza, ha estado desde la antigüedad relacionada con la bondad. La mujer ha suscitado, a lo largo de la historia, diversas reflexiones entre lo bueno y lo bello. Es así que los griegos acuñaron la palabra “kalokagathia” que significa belleza-bondad.  Platón decía: “La potencia del Bien se ha refugiado en la naturaleza de lo Bello”. 



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