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sábado, 1 de febrero de 2025

11 tips para vivir la castidad cuando estás en una relación seria

Abrazar y empezar a cultivar la castidad no es siempre una tarea fácil. Si has crecido en un ambiente católico y desde muy pequeño te lo han inculcado puede ser más sencillo. La cosa se complica cuando, como San Agustín, la conversión se va dando en edad adulta y empiezas a entender lo que es la castidad y el significado de la pureza en tu vida. Del mismo santo podemos intuir lo difícil que le resultó conquistar esta virtud, a menudo rezaba: «Señor dame castidad pero no ahora» (Dios se la dio, en el momento que Dios lo designó y San Agustín la abrazó con todo su corazón).

Hoy esa oración hace mucho sentido. En un mundo como el nuestro, hablar de castidad puede sonar a locura. ¿Quién va a querer enfrentarse al mundo con lo que hoy más proclama y más «disfruta»? El mundo ciego, no quiere ver que la castidad es una virtud realmente hermosa, que te permite conocer quién eres y a qué estas llamado. No es simplemente no tener relaciones sexuales mientras estás soltero y tenerlas cuando estás casado. ¡No! La castidad es mucho más, es una virtud que abarca toda la sexualidad humana y nos permite vivirla correctamente. Explicar esto en un ambiente sin Dios es una tarea titánica, casi imposible. Por lo tanto imagínense lo que debe vivir una chica, y más aún un chico, que decidió abrazar y cultivar esta virtud entrada la edad adulta. ¿Quién va querer agarrarme la mano «solamente» casi a mis treinta años? Por muy loca que pueda parecer esta pregunta, en un mundo tan sexualizado como el que vivimos, es completamente válida.

He escuchado a muchas chicas y a algunos chicos decir que salir con alguien en estos días es casi un ejercicio de sobrevivencia. Que las opciones se ven limitadas solo a salir con chicos católicos y que estos encima son, o muy escasos o incongruentes con su fe. ¡Cómo cansa sentirse la rara del grupo! o tener que argumentar una y mil veces el estilo de vida que llevas. El prejuicio que la gente tiene de ti es muy grande y te resta posibilidades.

Lo común en el ser humano es la búsqueda del amor, de amar y ser amado y es aquí donde nosotros, los cristianos, tenemos la gran ventaja: Nosotros conocemos a Aquel que es el amor mismo. Dicho esto, me atrevo a dejar unos consejos que alguien me dio hace un tiempo atrás sobre relaciones en el mundo de hoy y castidad. Los he venido guardando en mi corazón y hoy los comparto con ustedes:

1. La amistad es algo realmente importante

amigos

Una buena relación se empieza con una buena amistad. ¿Cómo vas a decir que amas a alguien si no lo conoces? Alguien te puede parecer muy atractivo pero más allá de esa atracción, ¿quién es esa persona? La amistad es un camino hermoso que recorrer. Aprende a ser un buen amigo. Escuché a Jason Evert decir algo así como: «¿Cuántas películas recuerdas en la que se muestre una verdadera amistad entre un hombre y una mujer sin que una relación sexual no esté de por medio?». Y es cierto, nos estamos comprando la idea que la amistad entre un hombre y una mujer en algún punto tiene que involucrar una relación sexual. Y eso no es cierto.

2. Conócete y establece qué es lo que quieres

quieres

Antes de estar con alguien tienes que saber qué es lo que quieres para ti y qué es lo que esperas de la otra persona. Si no sabes qué es lo que quieres es mejor que no empieces ningún tipo de relación. Es importante que te conozcas, que por lo menos te hayas hecho alguna pregunta sobre tu vocación, sobre si verdaderamente el matrimonio es un camino para ti. Si no tienes muy claras las cosas para qué salir con alguien: ¿para pasar el tiempo?, ¿para no sentirte solo o sola? No seamos irresponsables y juguemos con los sentimientos de los demás. Pregúntate que quieres y sobre todo pregúntate qué tipo de persona estás buscando. De lo contrario más de uno saldrá herido.

3. No llenes de argumentos a alguien que no conoce qué significan

argumentos

Parece que desde la primera cita hay que estar a la defensiva y ni siquiera sabemos el apellido del chico… En lugar de escandalizarnos, o peor aún encontrarnos en una situación incómoda en la que la defensa consiste en gastarnos hablando de que somos católicos y creemos en la castidad y bla bla bla… Seamos más astutos. La castidad se entiende con Dios de la mano. Si sabemos que la otra persona no es católica o lo es solo de palabra, tratar de explicarle a la primera sobre la castidad va a ser una pérdida de tiempo y en algún caso una gran provocación. La vida íntima no se argumenta con alguien que no conoces. Si no quieres que la otra persona te toque o si quiera insinúe alguna proposición de poca moral, evita el tema, conversa de otra cosa, no se queden solos… Sí, efectivamente está el tema del auto y subirse sola al auto, ¿no? Revisa el primer punto: antes de salir con alguien, primero ¡sean amigos!

4. Comparte tus valores y juntos establezcan un compromiso

corazon

Ser católico implica vivir una vida de castidad. Vivir la castidadd no es simplemente abstenerse de relaciones sexuales, sino conocer verdaderamente quién eres como hombre o como mujer. La castidad es el uso correcto de tu sexualidad. Comprométete en tu vida a comprender qué significa la castidad en tu vida, date un tiempo para aprender sobre ella, frecuenta los sacramentos y haz un verdadero compromiso de vida contigo y con Dios. Es Él, el que te dará la fortaleza que necesitas para enfrentar los obstáculos, es más, los enfrentará contigo.

5. Eleva la valla

vall

Cuántas veces he escuchado: «Es que los hombres son así». Yo tengo un hijo hombre, es muy pequeño aún, es verdad, pero cada vez que escucho esa frase pienso en él: nunca, pero nunca quisiera que alguien se conforme con sus caprichos o sus debilidades y no lo rete a ser una mejor persona, a dar lo mejor de sí mismo. Las mujeres somos capaces de convertir a un cualquiera en un caballero en la medida en que «elevamos la valla». Así que seamos específicas y pongamos límites. Es verdad que existe un temor, que creo que en parte es producto de la presión social por tener que salir con alguien sin importar quien sea y por otro lado y muy grande es por la falta de fe. Eleva la valla, exige respeto.

6. Utiliza el humor y la inteligencia

humor

El humor siempre es un buen aliado. No necesitas discutir sobre tu religión o tu posición con alguien con quien supuestamente estás teniendo una relación con miras a algo serio. Si están juntos es porque hay cariño y afecto de por medio. Usa tu sentido del humor e inteligencia. Si esa persona no conoce sobre Dios rétalo a que investigue, a que hable con otras personas. No todas las respuestas se las tienes que dar tú, muchas de ellas o no las sabes o puede que tengas argumentos débiles. Esto también para ti es un reto, fórmate y afianza tu fe y tu decisión de seguir a Cristo, no hay mejor evangelización que el testimonio propio con alegría. Toma sus argumentos con humor y rétalo a que él o ella investiguen por sus propios medios.

7. Conoce su ambiente familiar y sus amigos

conocer

Para esto volvamos al punto uno: sean amigos. Muchas veces cuando una relación empieza y sobre todo cuando toca el nivel físico, las parejas tienden a aislarse y empezar a vivir un mundo de ilusión solos. Así pierdes objetividad, conoces sólo una dimensión, y es obviamente ingenuo para alguien que vive la castidad quedarse a solas siempre con el enamorado. Conoce cómo se desenvuelve con sus amigos, con su familia. Los demás son testigos de la existencia de cada uno y buenos referentes especialmente cuando se está conociendo a alguien.

8. Aprende a dialogar. Escuchen, hablen, escuchen

conversacion

Y en ese orden. Cómo podrías conocer a alguien si solo hablas tú y te das a conocer tú y solo hablas de ti. Esto es más frecuente en las chicas que en los chicos. Está en nuestra naturaleza. Aprendamos a escuchar, las pocas o muchas palabras que el otro tenga que decirnos, preguntemos sin temor y hablemos sin temor. Las preguntas y respuestas que obtengamos nos irá revelando quién es el otro.

9. Si algo no te queda claro tienes todo el derecho a preguntar y puedes decir no, cuantas veces quieras decirlo

pregunta

«No sé si estamos saliendo, si somos amigos o si ya somos novios». ¡Cuántas veces he escuchado esto! ¡Pregunta! ¡Es tu vida! tienes derecho a preguntar y a decir que no, a poner límites con lo que no te gusta. Si eres amigo de alguien, si se conocen y tienen una relación un poco más intima que la de amistad y de pronto te dicen: «no quiero algo serio», pues está demás decirte que de ahí tienes que salir bien rápido o aclarar las cosas. Nadie puede jugar con tu vida, ni tú con la de otros.

10. No sigas saliendo con alguien solo porque esperas que algún día cambie

cambie

«Yo sé que va a cambiar, en el fondo es bueno». Salir con alguien con la esperanza de que va a cambiar por ti es un poco arrogante y bastante ingenuo. No solo te pones en riesgo tú, sino que tal vez lo único que estás haciendo es salir con una persona imaginaria, pues la realidad es bastante distinta a lo que tu crees. El proceso de cambio es algo personal, es una decisión propia iluminada por la gracia de Dios. Yo sé que terminar con alguien que te atrae es muy difícil. Busca consejo y ayuda.

11. Confía en Dios. No olvides tu vida espiritual

rezar© Marc Brüneke/Flickr

La virtud de la castidad se vive de la mano de Dios. Frecuenta los sacramentos, construye una relación con Dios. Haz de tu vida una oración. Sí, son frases elaboradas y que has escuchado mucho. Es hora de ejecutarlas. Tenemos muchos recursos para que aprendas cómo rezar, cómo hacer un buen examen de conciencia y como ir haciendo de Jesús un gran amigo.

La castidad es un camino que vale la pena recorrer. Un matrimonio casto, en los que los novios han sabido esperar para así poder entregarse por completo y para toda la vida es un regalo realmente hermoso. Las heridas de una vida desordenada se cuelan en el matrimonio y aunque Dios efectivamente nos ha perdonado y nos ha dado la gracia de tener un matrimonio casto, hay muchas cosas como recuerdos que hieren y se llevan a cuesta. No vale la pena. La castidad siempre será la mejor opción para el verdadero amor entre un hombre y una mujer. Recuerda: como tú hay muchos, tal vez no lo digan porque vaya que es difícil decirlo y además la vida íntima no es algo que deba estar gritándose a los cuatro vientos. Solo recuerda que como tú, hay muchos más que anhelan el verdadero amor.

«Tal es el combate que tienes que sostener: una lucha continua contra la carne, el demonio y el mundo. Pero no temas; porque aquél que nos manda pelear no es un espectador indiferente, ni tampoco te ha dicho que confíes en tus solas fuerzas» (San Agustín).

Silvana Ramos, CatholicLink

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- buena o mala elección








jueves, 18 de agosto de 2022

Si vuelven a repetirte que la pureza reprime el amor… esto es lo que responderás

 La pureza requiere combate, pero no renuncia. Respondemos al Amor, con mayúscula, con una vida limpia; no es simplemente evitar la caída, sino que, al ser una virtud, debe crecer y perfeccionarse. Es una afirmación gozosa. 

«Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios». En estas palabras recibimos una de las promesas más bonitas: estamos llamados a contemplar a Dios. No se refieren solo a la vida futura, sino también a encontrarle hoy; verle y encontrarle en la vida ordinaria.  

¿Qué tiene que ver la pureza con ver a Dios?

la pureza, Si vuelven a repetirte que la pureza reprime el amor… esto es lo que responderás

Cada vez son más numerosos los que no ven a Dios, los que son incapaces de percibir lo sobrenatural. Muchos confunden el amor con el placer y la amistad con la simple compañía. Quizá por eso hay tantas personas que se sienten solas. Son los que no saben querer, no saben ni quererse a sí mismos. Y son incapaces de ver a Dios.

La contemplación se alcanza si correspondemos buscando el trato con Dios, presente en el alma en gracia. De este modo, nos vamos purificando. Como dice san Pablo: «vamos siendo transformados en su misma imagen, cada vez más gloriosos, conforme obra el Espíritu del Señor».

Para llegar a esta contemplación de la que estamos hablando, Jesús es muy claro: se exige la limpieza interior. Tenemos que tener la mirada limpia, porque las ventanas del alma son los ojos, y también purificar el corazón. Como lo pedía el rey David después de haber pecado, y está recogido en el Salmo 50: «¡dame, Señor, un corazón puro!».

Sabemos que esta limpieza no consiste en las purificaciones exteriores, similares a las que realizaban los escribas y fariseos, sino en la pureza interior. Como dice Jesús en el Evangelio: del corazón proceden los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que hacen al hombre impuro.

Entonces, ¿qué es y qué no es la pureza?

la pureza

La pureza abarca multitud de aspectos: los pensamientos, intenciones y afectos. Es lo que recoge el Catecismo de la Iglesia: los «corazones limpios» designan a los que han ajustado su inteligencia y su voluntad a las exigencias de la santidad de Dios, principalmente en tres dominios: la caridad, la castidad o rectitud sexual, el amor de la verdad y la ortodoxia de la fe. Esto es así porque existe un vínculo entre la pureza del corazón, del cuerpo y de la fe.

La santa pureza hace clara y limpia la mirada del corazón, custodia la visión sobrenatural y nos permite amar a Dios y a los demás con todo nuestro ser, alma y cuerpo. Así lo explica san Josemaría:

«Comparo esta virtud a unas alas que nos permiten transmitir los mandatos, la doctrina de Dios, por todos los ambientes de la tierra, sin temor a quedar enlodados. Las alas —también las de esas aves majestuosas que se remontan donde no alcanzan las nubes— pesan, y mucho. Pero si faltasen, no habría vuelo» 

No se trata de una actitud negativa que constriñe una necesidad natural, más bien es una fuerza que nos permite crecer en el verdadero amor, y nos hace posible encontrar a Dios. Es lo que nos permite crecer y poder llegar a decir con los santos: «que yo vea con tus ojos, Cristo mío, Jesús de mi alma».

Pablo VI reflexionaba de esta forma:

«Hoy se habla mucho de ecología, es decir, de la purificación del ambiente físico donde se desarrolla la vida del hombre: ¿Por qué no preocuparnos también de una ecología moral, donde el hombre pueda vivir como hombre y como hijo de Dios?»

¡Se puede crecer en esta virtud!

la pureza

Hemos de estar decididos a poner los medios imprescindibles para salvaguardar la limpieza del corazón: la guarda atenta de los sentidos y del corazón; la valentía de ser cobarde para huir de las ocasiones; la mortificación y la penitencia corporal; la frecuencia de sacramentos, con particular referencia a la confesión sacramental.

Para vivir la pureza nuestro comportamiento no puede limitarse a esquivar las caídas, estar huyendo de toda ocasión. No ha de reducirse de ninguna manera a una negación fría y matemática. San Josemaría nos recuerda:

«¿Te has convencido de que la castidad es una virtud y de que, como tal, debe crecer y perfeccionarse? No basta, insisto, ser continente, cada uno según su estado: hemos de vivir castamente, con virtud heroica».

Esta postura comporta un acto positivo, con el que aceptamos de buena gana el requerimiento divino.

La virtud de la castidad lleva también a vivir una limpieza de mente y de corazón: a evitar aquellos pensamientos, afectos y deseos que apartan del amor de Dios, según la propia vocación. Sin la castidad es imposible el amor humano y el amor a Dios

En conclusión…

la pureza, Si vuelven a repetirte que la pureza reprime el amor… esto es lo que responderás

La pureza no es un no, es un sí al amor, es lo que le concede sentido, valor a nuestra manera de vivir. 

Si la persona renuncia al empeño por mantener esta limpieza de cuerpo y de alma, se abandona a la tiranía de los sentidos y se rebaja a un nivel infrahumano: parecería como si el «espíritu» se fuera reduciendo, empequeñeciendo, hasta quedar en un puntito… Y el cuerpo se agranda, se agiganta, hasta dominar.

Sigamos el consejo de todos los santos que cuando hay que combatir por la pureza nos animan a acudir a nuestra Madre, que Inmaculada. Para poder ver a Dios, vayamos a María, ella nos enseñará a cuidar mejor la santa pureza. 

Padre Juan Carlos Vásconez, catholic-link

Vea también       Pasajes bíblicos para vencer la tentación contra la castidad



























domingo, 29 de agosto de 2021

Jóvenes: Contemplen su modelo


 


 El Papa Juan Pablo II presenta especialmente a Santa María Gorretti como modelo para los jóvenes: "Nuestra vocación por la santidad, que es la vocación de todo bautizado, se ve alentada por el ejemplo de esta joven mártir. Miradla, sobre todo vosotros los adolescentes, vosotros los jóvenes. Sed capaces, como ella, de defender la pureza del corazón y del cuerpo; esforzaos por luchar contra el mal y el pecado, alimentando vuestra comunión con el Señor mediante la oración, el ejercicio cotidiano de la mortificación y la escrupulosa observancia de los mandamientos" (29 de septiembre de 1991).

La catequesis completa de San Juan Pablo II:

1. Hace cien años, el 6 de julio de 1902, moría María Goretti, gravemente herida el día anterior por la ciega violencia que le había agredido. Mi venerado predecesor, el siervo de Dios Pío XII, la proclamó santa en 1950, proponiéndola a todos como modelo de valiente fidelidad a la vocación cristiana hasta el supremo sacrificio de la vida.

He querido recordar esta importante fecha con un mensaje especial dirigido al obispo de Albano, subrayando la actualidad de esta mártir de la pureza, deseando que sea más conocida por los adolescentes y los jóvenes.

Santa María Goretti es un ejemplo para las nuevas generaciones, amenazadas por una mentalidad de falta de compromiso, a la que les cuesta comprender la importancia de los valores sobre los que no es lícito llegar a compromisos.

2. Si bien tenía poca instrucción escolar, María, que no había cumplido todavía los doce años, poseía una personalidad fuerte y madura, formada por la educación religiosa recibida en su familia. De este modo, fue capaz no sólo de defender su propia persona con castidad heroica sino incluso perdonar a su asesino.

Su martirio recuerda que el ser humano no se realiza siguiendo sus impulsos de placer, sino viviendo su propia vida en el amor y la responsabilidad.

Sé muy bien, queridos jóvenes, que sois sumamente sensibles a estos ideales. En espera de encontrarme con vosotros dentro de dos semanas en Toronto, quisiera repetiros hoy: ¡no dejéis que la cultura del tener y del placer adormezca vuestras conciencias! Sed "centinelas" despiertos y vigilantes para ser auténticos protagonistas de una nueva humanidad.

3. Dirijámonos ahora a la Virgen, de quien santa María Goretti lleva el nombre. Que la criatura más pura ayude a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo, en especial a los jóvenes, a redescubrir el valor de la castidad y a vivir las relaciones interpersonales en el respeto recíproco y en el amor sincero."
























martes, 29 de septiembre de 2020

5 consejos prácticos para fortalecer la virtud de la pureza en el día a día


En el lenguaje teológico se entiende por pureza a la virtud de estar «limpio» ante los mandatos de Dios. Esta «limpieza» hace alusión a la ausencia de pecado que, por definición, es: la ausencia de Dios. La pureza es, entonces, la transparencia nítida y plena de la huella de Dios en nosotros y su práctica es fielmente una correlación con lo sagrado.
Cada vez parece más complicado practicar esta virtud entre las muchas ofertas vagas que desvalorizan al ser humano. Pero, ante todo, debemos recordar su trascendencia. La misma Biblia nos lo dice: «Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios». (Mt 5, 8).
¿Te imaginas el magnánimo momento en el que podamos ver directamente a Dios? Será verdaderamente, el mejor de toda nuestra existencia.

¿Quiénes son aquellos que mantienen un corazón puro?

La respuesta es sencilla, son quienes han logrado (y realmente es un gran logro) ajustar su inteligencia y voluntad a las exigencias de santidad en el orden de Dios. Esto basándose, principalmente, en cuatro dominios: la caridad, la castidad, el amor a la Verdad y la ortodoxia de la fe. Así es que se define un vínculo claro entre la pureza del corazón, la del cuerpo y la de la misma fe.
El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) hace una profunda reflexión al respecto:
2519 «A los «limpios de corazón» se les promete que verán a Dios cara a cara y que serán semejantes a Él. La pureza de corazón es el preámbulo de esta visión.
Ya desde ahora, esta pureza concede ver según Dios, recibir al otro como un «prójimo»; nos permite considerar el cuerpo humano, nuestro y del prójimo, como un templo del Espíritu Santo, una manifestación de la belleza divina».
Es cierto que, lamentablemente, la impureza recubre el ambiente y es una imposición contra la que debemos luchar. En específico, la lucha por la tentación de la carne resulta en una contienda compleja entre la visión espiritual y la que el mundo nos muestra.
Solo de la mano de Dios es que podremos alcanzar un corazón puro que nos permita ser templo del Espíritu Santo. Pero, como en todo, también debemos poner nuestro esfuerzo y determinación para lograrlo. Por eso, te compartimos cinco consejos prácticos que te ayudarán a desarrollar esta virtud en tu día a día:

1. Purifica tu pensamiento

En mi país, México, decimos comúnmente que nuestra mente es —la loca de la casa— y, ¡con mucha razón! Es a través de nuestros pensamientos que llegamos a fantasear o desarrollar deseos que van en contra de un perfil auténtico cristiano.
Así que, ¡cuidado! Rompe con pensamientos que te alejen de tu aspiración por un corazón puro y distráete. Aprovecha para hablar con Dios, ofrécele tu lucha.

2. Practica la pureza de intención

Que consiste en buscar el fin verdadero del hombre, manteniendo como firme meta el encontrar y realizar la Voluntad de Dios para nosotros. Puede costar, pero intentarlo es la clave.

3. Purifica la mirada

Al ver a un hermano o hermana, aprende a verlo como hijo de Dios. ¡Que somos todos! El pecado no está en la mirada, sino en el deseo, así que mantente atento. Recuerda que con la mirada también se activan los sentidos.

4. Practica la castidad

La pureza exige el pudor que preserva la intimidad de la persona, ordenando sus acciones en conformidad con el respeto a la dignidad de los demás.
La castidad y el pudor protegen el amor verdadero, invitan a la donación completa y al compromiso definitivo entre el hombre y la mujer. La invitación es a optar por un estilo de vida modesto, que resista a la presión de modas e ideologías de actualidad.

5. Purifica tu corazón

Para lograrlo dependeremos de la oración (te recomiendo el cursto/taller «Crecer en la vida de oración»), la castidad y la pureza de intención y mirada, en paquete.
Purificar tu corazón implica alejarte y rechazar todo aquello que hiera tu pureza. Esto es una cuestión personal de decisión y constante lucha, pero con Dios de la mano todo es posible.
La pureza del corazón nos permitirá un día el poder ver a Dios, pero desde ahora, nos da la capacidad de ver todo bajo el propósito para el cual Dios lo creó.
Es evidente que la sociedad actual ha olvidado esta promesa, incluso muchos católicos lo han hecho. Pero debemos tener presente que la pureza es fielmente un puente hacia Dios.
La templanza, la moderación y una sabia elección, nos ayudarán a perseguir un deseo de profunda santidad. Las tentaciones siempre estarán presentes, pero con la gracia de Dios podremos combatirlas, muchos santos son vivo ejemplo de ello.
Para terminar, te aconsejo leer la historia de San Agustín. Un santo que llevó una vida bastante alejada de la pureza, hasta que puso su mirada (y su vida) al servicio de Dios. La puedes encontrar aquí.
¡Oro por ti!
Myriam Ponce, catholic-link




sábado, 7 de septiembre de 2019

5 consejos prácticos para fortalecer la virtud de la pureza en el día a día




En el lenguaje teológico se entiende por pureza a la virtud de estar «limpio» ante los mandatos de Dios. Esta «limpieza» hace alusión a la ausencia de pecado que, por definición, es: la ausencia de Dios. La pureza es, entonces, la transparencia nítida y plena de la huella de Dios en nosotros y su práctica es fielmente una correlación con lo sagrado.
Cada vez parece más complicado practicar esta virtud entre las muchas ofertas vagas que desvalorizan al ser humano. Pero, ante todo, debemos recordar su trascendencia. La misma Biblia nos lo dice: «Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios». (Mt 5, 8)

¿Te imaginas el magnánimo momento en el que podamos ver directamente a Dios? Será verdaderamente, el mejor de toda nuestra existencia.

¿Quiénes son aquellos que mantienen un corazón puro?

La respuesta es sencilla, son quienes han logrado (y realmente es un gran logro) ajustar su inteligencia y voluntad a las exigencias de santidad en el orden de Dios. Esto basándose, principalmente, en cuatro dominios: la caridad, la castidad, el amor a la Verdad y la ortodoxia de la fe. Así es que se define un vínculo claro entre la pureza del corazón, la del cuerpo y la de la misma fe.


El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) hace una profunda reflexión al respecto:
2519 «A los «limpios de corazón» se les promete que verán a Dios cara a cara y que serán semejantes a Él. La pureza de corazón es el preámbulo de esta visión.
Ya desde ahora, esta pureza concede ver según Dios, recibir al otro como un «prójimo»; nos permite considerar el cuerpo humano, nuestro y del prójimo, como un templo del Espíritu Santo, una manifestación de la belleza divina».
Es cierto que, lamentablemente, la impureza recubre el ambiente y es una imposición contra la que debemos luchar. En específico, la lucha por la tentación de la carne resulta en una contienda compleja entre la visión espiritual y la que el mundo nos muestra.
Solo de la mano de Dios es que podremos alcanzar un corazón puro que nos permita ser templo del Espíritu Santo. Pero, como en todo, también debemos poner nuestro esfuerzo y determinación para lograrlo. Por eso, te compartimos cinco consejos prácticos que te ayudarán a desarrollar esta virtud en tu día a día:

1. Purifica tu pensamiento

En mi país, México, decimos comúnmente que nuestra mente es —la loca de la casa— y, ¡con mucha razón! Es a través de nuestros pensamientos que llegamos a fantasear o desarrollar deseos que van en contra de un perfil auténtico cristiano.
Así que, ¡cuidado! Rompe con pensamientos que te alejen de tu aspiración por un corazón puro y distráete. Aprovecha para hablar con Dios, ofrécele tu lucha.

2. Practica la pureza de intención

Que consiste en buscar el fin verdadero del hombre, manteniendo como firme meta el encontrar y realizar la Voluntad de Dios para nosotros. Puede costar, pero intentarlo es la clave.

3. Purifica la mirada

Al ver a un hermano o hermana, aprende a verlo como hijo de Dios. ¡Que somos todos! El pecado no está en la mirada, sino en el deseo, así que mantente atento. Recuerda que con la mirada también se activan los sentidos.

4. Practica la castidad

La pureza exige el pudor que preserva la intimidad de la persona, ordenando sus acciones en conformidad con el respeto a la dignidad de los demás.
La castidad y el pudor protegen el amor verdadero, invitan a la donación completa y al compromiso definitivo entre el hombre y la mujer. La invitación es a optar por un estilo de vida modesto, que resista a la presión de modas e ideologías de actualidad.

5. Purifica tu corazón

Para lograrlo dependeremos de la oración (te recomiendo el cursto/taller «Crecer en la vida de oración»), la castidad y la pureza de intención y mirada, en paquete.
Purificar tu corazón implica alejarte y rechazar todo aquello que hiera tu pureza. Esto es una cuestión personal de decisión y constante lucha, pero con Dios de la mano todo es posible.
La pureza del corazón nos permitirá un día el poder ver a Dios, pero desde ahora, nos da la capacidad de ver todo bajo el propósito para el cual Dios lo creó.
Es evidente que la sociedad actual ha olvidado esta promesa, incluso muchos católicos lo han hecho. Pero debemos tener presente que la pureza es fielmente un puente hacia Dios.
La templanza, la moderación y una sabia elección, nos ayudarán a perseguir un deseo de profunda santidad. Las tentaciones siempre estarán presentes, pero con la gracia de Dios podremos combatirlas, muchos santos son vivo ejemplo de ello.
Para terminar, te aconsejo leer la historia de San Agustín. Un santo que llevó una vida bastante alejada de la pureza, hasta que puso su mirada (y su vida) al servicio de Dios. La puedes encontrar aquí.
¡Oro por ti!

Myriam Ponce, catholic-link

lunes, 18 de marzo de 2019

Un itinerario espiritual de la falsedad a la transparencia

La hipocresía acecha a las personas, principalmente a las piadosas, ¿sabes cómo combatirla?

BAPTISM

¿Cuál es la condición esencial para “ver” a Dios? Según Jesús, es la pureza de corazón, recordó hoy el predicador del Papa, Raniero Canalamessa en su primera reflexión de la Cuaresma 2019 a Francisco y sus colaboradores.
“Sabemos que puro y pureza tienen en la Biblia, como, por lo demás, en el lenguaje común, una amplia gama de significados. El Evangelio insiste en dos ámbitos en particular: la rectitud de las intenciones y la pureza de costumbres”, explicó el capuchino.
“A la pureza de las intenciones se opone la hipocresía, a la pureza de costumbres el abuso de la sexualidad”, añadió.

NAJPOPULARNIEJSZE IMIONA 2018
Colin Maynard/Unsplash | CC0

Cuerpo puro, espíritu puro

El padre Cantalamessa habló a la Curia romana de la relación entre la pureza corporal y la espiritual.
“En el ámbito moral, con la palabra “pureza” se designa comúnmente un cierto comportamiento en la esfera de la sexualidad, orientado al respeto de la voluntad del Creador y de la finalidad intrínseca de la misma sexualidad -señaló-. No podemos entrar en contacto con Dios, que es espíritu, de otro modo que mediante nuestro espíritu”.
“Pero el desorden o, peor aún, las aberraciones en este campo tienen el efecto, comprobado por todos, de oscurecer la mente -advirtió-. Es como cuando se agitan los pies en un estanque: el barro, desde el fondo, asciende y enturbia toda el agua. Dios es luz y una persona así «aborrece la luz».
“El hombre carnal está lleno de concupiscencias, desea las cosas ajenas y la mujer de los otros. En esta situación Dios se le aparece como aquel que cierra el paso a sus malos deseos con esos  conminatorios suyos: «¡Tú debes!», «¡Tú no debes!». El pecado suscita, en el corazón del hombre, un sordo rencor contra Dios”.

MĘŻCZYZNA W CIEMNOŚCI
Pexels | CC0

¿Cuánta hipocresía hay en nuestras acciones?

Más allá de la cuestión sexual, el padre Cantalamessa habló de la pureza de corazón o rectitud de intención, que se contrapone a la hipocresía.
“Es sorprendente lo poco que entra el pecado de hipocresía —el más denunciado por Jesús en los Evangelios—, en nuestros exámenes de conciencia ordinarios”, reflexionó el sacerdote. “El mayor acto de hipocresía sería esconder la propia hipocresía”.
Eso además, impide cambiar porque “la hipocresía se vence,  en gran parte, en el momento que es reconocida”:
“El hombre —escribió Pascal— tiene dos vidas: una es la vida verdadera; la otra, la imaginaria que vive en la opinión, suya o de la gente.
Nosotros trabajamos sin descanso para embellecer y conservar nuestro ser imaginario y descuidamos el verdadero. Si poseemos alguna virtud o mérito, nos damos prisa en hacerlo saber, en un modo u otro, para enriquecer con tal virtud o mérito nuestro ser imaginario, dispuestos incluso a prescindir de nosotros, para añadir algo a él, hasta consentir, a veces, ser cobardes, a pesar de parecer valientes y en dar incluso la vida, con tal de que la gente hable de ello[1]”.
“Hay quien se jacta de ser orgulloso o libertino, nadie de ser hipócrita”, alertó. Y aclaró: hipocresía “es hacer de la vida un teatro en el que se recita para un público; es llevar una máscara, dejar de ser persona para convertirse en personaje”.
¿Y qué tiene esto de malo? Lo explicó el sacerdote en su prédica al Papa Francisco y sus colaboradores:
El personaje no es otra cosa que la corrupción de la persona. La persona es un rostro, el personaje una máscara. La persona es desnudez radical, el personaje es todo vestimenta. La persona ama la autenticidad y la esencialidad, el personaje vive de ficción y de artificios. La persona obedece a sus convicciones, el personaje obedece a un guión. La persona es humilde y ligera, el personaje es pesado y torpe”. 

Shutterstock / Ollyy

Cantalamessa advirtió que la actual cultura de la imagen hace que la hipocresía aceche a las personas, “principalmente a las personas piadosas y religiosas”.
“Un rabino del tiempo de Cristo, decía que el 90% de la hipocresía del mundo se encontraba en Jerusalén[3]. El motivo es simple: donde más fuerte es la estima de los valores del espíritu, de la piedad y de la virtud, allí es más fuerte la tentación de aparentarlos para no parecer que se carece de ellos”, explicó.
Y añadió: “Un peligro viene también de la multitud de ritos que las personas piadosas suelen realizar y de las prescripciones que se han comprometido a cumplir. Si no están acompañados por un continuo esfuerzo de poner en ellos un alma, mediante el amor a Dios y al prójimo, se convierten en cáscaras vacías”.
Añadió que “cuando la hipocresía se hace crónica crea, en el matrimonio y en la vida consagrada, la situación de «doble vida»: una pública, evidente, la otra oculta; a menudo una diurna, la otra nocturna. Es el estado espiritual más peligroso para el alma, del cual es muy difícil salir, a menos que intervenga algo desde el exterior rompiendo el muro dentro del cual uno se ha encerrado. Es el estado que Jesús describe con la imagen de los sepulcros blanqueados”.

¿Por qué Dios la rechaza tanto?

Para Cantalamessa, la respuesta es clara: “La hipocresía es mentira. Es ocultar la verdad. Además, en la hipocresía, el hombre degrada a Dios, lo pone en el segundo puesto, colocando en primer lugar a las criaturas, al público”.
“La hipocresía es, pues, esencialmente falta de fe, una forma de idolatría en cuanto que pone las criaturas en el lugar del Creador”, profundizó.

¿Cómo combatirla?

La victoria sobre la hipocresía “no será nunca una victoria a primera vista”, explicó el sacerdote, “no podemos evitar sentir instintivamente el deseo de que nos pongan bien, de quedar bien, de agradar a los demás”.
¿Cómo luchar contra ella, entonces? “Nuestra arma es la rectificación de la intención. A la recta intención se llega mediante la rectificación constante, diaria, de nuestra intención. La intención de la voluntad, no el sentimiento natural, es lo que hace la diferencia a los ojos de Dios”, respondió.
Para concretar más, el predicador propuso como remedio eficaz “ocultar incluso el bien que se hace”, como una delicadeza respecto de Dios que tonifican el alma aunque no sea “una regla fija”, sino distinguiendo cuándo es bueno que los demás vean y cuándo es mejor que no vean.
Y alertó que “lo peor que se puede hacer, al término de una descripción de la hipocresía, es utilizarla para juzgar a los otros, para denunciar la hipocresía que existe en torno a nosotros”. “Quien de vosotros esté sin pecado que tire la primera piedra, dijo Jesús.
“El hecho consolador es que apenas uno dice: “he sido un hipócrita”, su hipocresía es vencida”, añadió. Y en ello ayuda cultivar la virtud opuesta: la sencillez.
Cantalamessa invitó a vivir la Pascua como “la gran limpieza primaveral” para lograr “una transparencia solar” tras haber sido “probado a la luz y encontrado puro”.
Y propuso un ejercicio para lograr esta pureza: recitar lenta y repetidamente el salmo 139 de la Biblia:
“Señor, tú me sondeas y me conoces.
Me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.
No ha llegado la palabra a mi lengua,
y ya, Señor, te la sabes toda…
¿Adónde iré lejos de tu aliento,
adónde escaparé de tu mirada?
Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo, allí te encuentro;
si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
me agarrará tu derecha.
Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra,
que la luz se haga noche en torno a mí»,
ni la tiniebla es oscura para ti,
la noche es clara como el día,
la tiniebla es como luz para ti”.
“Sondéame, oh Dios, y conoce mi corazón,
ponme a prueba y conoce mis sentimientos,
mira si mi camino se desvía,
guíame por el camino eterno”.
Y terminó su prédica con una oración: “Sí, mira, Señor, si seguimos un camino de mentira y guíanos, en esta Cuaresma, por la vía de la sencillez y de la transparencia. Amén”.

© Traducido del original italiano por Pablo Cervera Barranco

[1] Cf. B. Pascal, Pensamientos, 147 Br.
[2]  La Rochefoucauld, Máximas, 218.
[3] Cf. Strack-Billerbeck, I, 718.
[4]  S. Juan de la Cruz, Máximas, 20 y 21.
[5] Alessandro Manzoni, I promessi sposi, cap. XXIV [trad. esp. Los novios(Rialp, Madrid 2001].
[6]  S. Agustín, De Trinitate, VI, 7.
[7] S. Tomás de Aquino, S.Th., I,3,7