Increíble lo que puede transmitirse en tan solo 120 segundos
Quizás no puedas entender sus palabras exactas, pero los gestos y subtítulos en esta versión traducida al inglés bastan para transmitir el hermoso mensaje de este premiado cortometraje escrito y dirigido por el cineasta iraní de 20 años Syed Mohammad Reza Kheradmand.
El corto, titulado Thursday Appointment (Cita de los jueves), fue galardonado recientemente en el Festival de cine africano de Luxor, una organización sin ánimo de lucro que fomenta y homenajea el cine de África.
Este poderoso cortometraje presenta a un matrimonio anciano dentro de un coche que se recita mutuamente un poema de Hafez, un poeta iraní del sigo XIV, cuando se detienen en un semáforo en rojo y se percatan de la notoria discusión de una pareja en un coche contiguo, con su joven hija en el asiento trasero. Entonces, la pareja mayor hace un gesto que dice mucho de su propio matrimonio y sobre cómo el amor marital puede ayudar a reconciliar y restaurar a las personas que nos rodean.
La carta de su hijo de 7 años puso en evidencia el mal ambiente que se vivía en casa. Un caso extraído de la experiencia del consultorio familiar y matrimonial de Aleteia.
En consultoría, el joven matrimonio manifestaba la preocupación y tristeza que les produjo leer la carta que su hijo de siete años había puesto en el árbol de navidad. En ella, en esforzada caligrafía, pedía sus anhelados regalos, aclarando que no le importaría no recibirlos, si en vez de ello, sus papás dejaban de pelear, pues eso le daba mucho miedo y tristeza.
Al leerla quedaron desolados, pues no sabían lo que sus constantes discusiones estaban afectando emocionalmente a su hijo, queal no ser capaz de manifestarlo verbalmente, lo comenzaba a hacer a través de ciertas actitudes de infantil rebeldía.
Tenía ya cierto daño emocional.
Decidieron entonces dialogar para llegar a propósitos concretos, que les ayudaran a superar el triste y preocupante relieve de su crisis, a favor de su hijo, mas pronto comenzaron los primeros posicionamientos… y discusiones.
Decidieron entonces no comprar los regalos, sin antes recibir ayuda especializada.
Partían del error de suponer de que aun amándose, “sus caracteres eran incompatibles”, cuando en realidad era “falta de verdadero carácter”, pues este se forma por la adquisición voluntaria de virtudes, y, siendo así, tal incompatibilidad no es un diagnóstico válido para problemas conyugales.
Gracias a su amor y a su rectitud de intención comprendieron que el trasfondo de su incapacidad para crear el ambiente de comunidad de vida y amor, propio de una familia, era ante todo la ausencia en ambos de la virtud de la mansedumbre ( la virtud que modera la ira y sus efectos desordenados).
Así que se hicieron un propósito: trabajar para adquirir esta virtud. Ese sería el mejor regalo de navidad para su pequeño hijo, y para ellos también.
Fuertes y mansos
La mansedumbre es propia de los fuertes de espíritu, por ello el ejercicio de la virtud, requiere de continuosactos de fortaleza interior de quien es capaz de morir a sí, poniendo la otra mejilla para hacer más feliz al amado, mientras lo ayuda a superarse.
Una actitud que se opone a las estériles manifestaciones del mal carácter,que no son más que signos de debilidad ante enfados que no tienen razón de ser, y que no se presentarían ante la fortaleza de una sonrisa o un silencio.
Por ello, admitiendo circunstancias en que la convivencia les resulta especialmente dificultosa, se les propuso partir de tres premisas:
El mal carácter que los rebasaba en las ocasiones y circunstancias que ellos bien conocían, no se explicaba por los defectos y limitaciones del otro; o dicho de otro modo, la paz de espíritu que cada uno debía conquistar, no podía depender del buen carácter o benevolencia del otro, pues siendo así, no sería virtud.
La bondad del temperamento, el carácter, la benevolencia del cónyuge, no están sometidos al poder o al arbitrio del otro, de ninguna manera, lo cual sería absurdo.
Las manifestaciones de la falta de verdadero carácter, como la ira, arrebatos y otras desafortunadas reacciones, no deben tomar como rehenes la paz del corazón y la tan necesaria comunicación del amor.
Luego concretamos en algunas formas de vivir la virtud de la mansedumbre, y hacer agradable la vida en familia, como:
No pretender tener siempre la razón.
Pedir perdón aun sin tener culpa,para evitar cerrarnos en el orgullo de quien tiene la razón.
Pasar por alto los roces de la convivencia, sin conceder espacio a las explosiones de mal humor, que van corroyendo poco a poco el amor entre los esposos.
No tener inconveniente en repetir los argumentos, ante las incomprensiones o distracciones de quien debe escuchar.
Pasar por alto las malas maneras y faltas de correspondencia, a los propiosactos de generosidad.
Sobre todo, soportar y perdonar rápido las heridas recibidas en el amor propio.
Y más…
Ante el esfuerzo que en ciertos momentos tales actitudes pueden costar, considerar siempre lo que el otro nos habrá a su vez soportado, y, poco a poco, por este camino se irían convenciendo que el poder de superar su mal carácter, no dependerá ya de las virtudes del otro, sino de las propias.
Como la experiencia dice que cuando se descuida o no se lucha en la formación del buen carácter, puede más el falso orgullo de un errado amor propio, que provoca graves problemas y rupturas matrimoniales.
No es suficiente con que los esposos se amen, es preciso además que entiendan y respeten, para consolidar su amor y extenderlo hacia los hijos.
Por fortuna los consultantes estaban a tiempo de enmendar.
En el matrimonio, la ayuda mutua, la procreación y educación de los hijos, son bienes que en los esposos hacen posibles la adquisición de virtudes, para no tener más que un corazón y un alma al servicio del amor.
Estaremos luchando por la calidad de nuestras disputas, tomaremos decisiones e igualmente fallaremos en alguna parte. Y es normal. Esto no dice que no podemos ser un gran matrimonio
De entre nuestro grupo de amigos, fuimos una de las primeras parejas en casarnos. Durante mucho tiempo después de la boda, escuchábamos la pregunta de si ya estábamos discutiendo. Nos sorprendían mucho estas preguntas, pero las discusiones en sí mismas no eran el centro de interés, sino el estado de nuestras relaciones domésticas.
Todos tenemos la convicción de que discutir debe ser algo malo. No solo eso: la falta de discusiones en el matrimonio no significa que éste sea exitoso o no. El Instituto Gottman en su investigación establece claramente que la cantidad de discusiones no indica si un matrimonio va a sobrevivir. Sin embargo, depende de la forma en que se lleva a cabo la discusión y, por lo tanto, de su calidad.
Tengo influencia en la calidad de la discusión
El desarrollo de nuestra pelea depende mucho de nosotros mismos y no de la explosividad del carácter de la otra persona. Como participante en la discusión, podemos suavizar o alimentar la pelea para que se vuelva menos sustantiva y ya no conduzca a una solución del problema. Por lo tanto, tengo un impacto real en la disputa. Vale la pena darse cuenta de ello. Aprender a no esconderse detrás de la excusa de que esto no depende de nosotros.
¿Cómo mejorar la calidad de una discusión?
Suavizar nuestro tono al principio
Se puede comenzar la conversación de manera acusadora o suavizar nuestro tono. Puedes encontrar un ejemplo en la guía para las esposas sobre cómo comenzar las discusiones. Es difícil no intensificar la disputa, por lo que es mejor comenzar con la mayor calma posible.
Salvar la discusión
Esta observación parece “dar en el clavo”: “cuando te inscribes en una autoescuela, lo primero que aprendes en una clase práctica es detener el coche. También en el matrimonio, aprender a utilizar el freno es una habilidad muy importante”. Querer salvar la discusión es como usar el freno durante su desarrollo. Veamos este ejemplo:
– ¡No pasas tiempo con niños!
– Paso tanto tiempo con ellos como puedo. Los llevo a la escuela y entonces los pregunto, sobre cómo les va.
– Sí los llevas, pero no es suficiente (…).
En este caso, utilizar el freno sería decir “sí, los llevas”. Es un intento de salvar la discusión. También se podrían utilizar otras palabras, pero depende de los cónyuges decidir qué frenos funcionarán en cada caso. Puede ser un breve descanso en la discusión para calmarse, disculparse, admitir errores, dejarle hablar a la otra persona sin cortar su discurso, incluso cuando lo que dice nos gusta, usar el sentido del humor, interrumpir la conversación durante un tiempo determinado. En la práctica, los cónyuges saben lo que les ayuda.
Utilizar descansos
Es importante tratar de evitar la sensación de desbordamiento de emociones negativas. Cuando una de las partes tan nerviosa como para que su frecuencia cardíaca supere los 100 latidos por minuto, incluso cuando lo intenta, no puede escuchar argumentos racionales. Es una señal de que es hora de detener la pelea para calmarse.
El compromiso
Hay disputas que no terminan en una solución. Sin embargo, si queremos resolver el problema, se necesita un compromiso, y esto solo es posible si tenemos en cuenta lo que presenta la otra parte. Sin el compromiso no es posible tomar una decisión conjunta que nos lleve a cambiar una situación de conflicto dada.
Tomar una decisión
Después de una discusión, la reconciliación es importante, lo que debe ir de la mano con tomar una decisión. Si nuestra disputa fue sobre un problema dado, entonces debería llegar el momento de decidir “¿qué vamos a hacer a continuación? ¿Qué vamos a cambiar? ¿Qué resultados hemos obtenido de nuestra conversación (discusión)?” La respuesta a estas preguntas aclarará cuáles tendrán que ser nuestras acciones.
Y, al final: igualmente “meteremos la pata” en algún momento
Si quieres crecer, entonces por tu propio bien, el de tu matrimonio y el de tu familia, vale la pena aceptar desde el principio que no eres ideal. Lo mismo se aplica a tu cónyuge. No somos perfectos. Lucharemos por la calidad de nuestras discusiones, tomaremos decisiones y fallaremos en alguna parte. Y es normal. Esto no dice que no podemos ser un gran matrimonio.