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viernes, 2 de febrero de 2024

Las principales causas de divorcio se pueden prevenir: cinco consejos para evitar «las tormentas»


 

Entre finales de 2023 y principios de este año salían a la luz las alarmantes cifras de divorcios y rupturas matrimoniales en países de todo el mundo. En España, el INE hizo públicas las más de 84.000 disoluciones matrimoniales efectuadas en 2022, cifra cercana a la mitad de enlaces matrimoniales, casi 180.000. En Estados Unidos fueron 700.000 los divorcios, también muy cercana al 50% de matrimonios.

A finales de noviembre de 2023, la revista Best Life aunaba el criterio de multitud de especialistas de orientación matrimonial, psicólogos y del ámbito legal, arrojando las 20 razones más frecuentes de que un matrimonio concluyese en divorcio.

Entre las más frecuentes, el psicólogo de la Therapy Calgary Emotions Clinic, Rod Mitchell, situaba en el Top 10 de motivos que llevan al fracaso matrimonial los conflictos no resueltos, en referencia a "las discusiones que las parejas no tienen, los problemas que eluden" y que significan "la ruina de su matrimonio".

Otro especialista, el terapeuta matrimonial y familiar de Pathways Recovery en California, Raúl Haro, incluía como motivo frecuente de divorcio las discusiones constantes.

"Siempre habrá desacuerdos en cualquier relación, pero la frecuencia y la intensidad de estos desacuerdos pueden determinar si un matrimonio durará o no. Los malentendidos, los sentimientos heridos y la ira son frecuentemente el resultado de una mala comunicación. Evitar conversaciones difíciles o discutir sobre el mismo tema una y otra vez sin lograr ningún progreso puede erosionar rápidamente los cimientos de la relación", afirmaba.

El psicólogo John Gottam, con experiencia tratando a 40.000 parejas, también hablaba de que el primero de "los cuatro jinetes" que terminan con un matrimonio es la crítica, o lo que es lo mismo, "un ataque al centro del carácter [de la pareja]" con el que se desmantela "todo su ser".

Gráfico de El Mundo sobre la evolución de los enlaces y rupturas en la última década. 

Gráfico de El Mundo sobre la evolución de los enlaces y rupturas en la última década. 

Otro de los factores que a su juicio erosionan el matrimonio es la actitud defensiva, una estrategia que "casi nunca tiene éxito" pues "es en realidad una forma de culpar a tu pareja y no permitirá una gestión saludable del conflicto".

Ponerle freno es posible

Sabiendo que las mencionadas se encuentran -junto a otras- entre los principales responsables de la disolución matrimonial es posible ponerles freno.

Y es lo que ha hecho el experimentado escritor y orador Derek Maul en su último post para la web familiar All pro dad.

Bajo el titulo Cinco formas de mantenerse a salvo de las tormentas matrimoniales, Maul ofrecía cinco sencillos consejos que, aplicados con perseverancia, pueden fortalecer al matrimonio y ayudar a encauzar posibles discusiones hacia un final productivo. Su síntesis es que, cuando surgen problemas matrimoniales, normalmente no suceden a propósito y mucho menos ocurren cuando los cónyuges son amables, se apoyan el uno al otro y tratan de hacer lo correcto. Sin embargo, siempre pueden surgir circunstancias que "hacen saltar chispas o estallar tormentas". Y se pueden prevenir:

1º Ser proactivo y no reactivo: si se siente querido, los roces serán menores

Maul observa que cuando ambos o uno de los dos trata de ser amable, reflexivo y positivo por defecto, de por sí "habrá menos leña a mano cuando salte una chispa". En conclusión, se dirige a los cónyuges para animarles a que traten de actuar antes que el otro, para bien.

"Sirve a tu esposa. Levántate antes que ella y hazle el café. Hazle un cumplido cuando no se lo espere, habla su lenguaje de entrega y amor con frecuencia. Las probabilidades de que te critique serán mucho menores si se siente amada", destaca.

El obispo Munilla también se ha referido con frecuencia al que considera uno de los primeros malos hábitos en el matrimonio, "hacer de la crítica nuestro estilo de expresión, expresar quejas en vez de tener pensamientos motivadores”. ¿Cómo sanar este hábito? “Hay que cultivar el ejercicio de la intuición para percatarnos de que Dios ha puesto junto a mí a la persona que necesito para mi santificación. Dios quiere servirse de las virtudes y defectos de mi cónyuge para ser santo”, explica Munilla.

2º Ser previsor, pon medidas y estar atentos a las tormentas que puedan venir

Maul recomienda ser previsor ante las circunstancias que puedan ocasionar problemas y anticiparlas mutuamente. Pone como ejemplo el posible mal humor al acabar la jornada de trabajo.

"No la dejes a oscuras sobre tu estado de ánimo o tus necesidades. Por ejemplo, si estás de mal humor cuando termina tu jornada laboral, envíale un mensaje y dile lo que podría ayudar: `Mal día en el trabajo. Necesitaré descomprimirme durante media hora antes de poder hablar de ello´".

3º Afianzar las promesas, prestar atención, estar atento…

En determinadas circunstancias puede no haber algo objetivo de lo que discutir, simplemente darse ocasiones que lo favorezcan. Para ello, recomienda la lectura de artículos especializados ante posibles crisis, dejar de lado intencionalmente los problemas o poner énfasis en una actitud conciliadora. Es decir,  "crear un ambiente en el que sea menos probable que ocurran peleas prestando atención cuando el otro habla, hacer aquello a lo que te has comprometido o tener en cuenta las necesidades del otro cónyuge o de los hijos a la hora de tomar decisiones".

4º No te pongas a la defensiva, admite que tienes errores

Aún tratándose de uno de los aspectos que ocasiona divorcios de forma mantenida, Maul invita a admitir que "a todos nos viene bien que pulan nuestros bordes más irregulares". "La felicidad conyugal no se trata tanto de perfección  como de mantenimiento preventivo. Cuando reconocemos nuestras propias asperezas, podemos y debemos hacer todo lo posible para suavizarlas. Entonces, cuando te des cuenta de que tienes la costumbre de desquitarte con tu esposa cuando estás estresado (o cuando ella te señala que lo estás), haz un esfuerzo por no hacerlo más".

Un matrimonio discutiendo.

Ponerse a la defensiva, 'no tragarse el orgullo' o discusiones que no llevan a ningún lado son, a la larga, causa frecuente de divorcio, que se puede prevenir. 

5º Establece protocolos de emergencia

En último lugar, considera fundamental "tener un plan", especialmente si uno sabe que no es totalmente efectivo a la hora de evitar problemas o discusiones en el matrimonio. En ese caso, lo indicado es perfeccionar las habilidades para reducir la tensión.

"La gestión de crisis salva vidas y también matrimonios. Necesitamos tragarnos nuestro orgullo, asumir la responsabilidad de nuestra parte en las peleas y asegurarnos de que nuestro amor por nuestras esposas siga siendo evidente para ellas en medio de una tormenta", concluye.

José María Carrera, ReL


jueves, 26 de septiembre de 2019

¿Cómo discutir? Guía para cónyuges (in)compatibles

Estaremos luchando por la calidad de nuestras disputas, tomaremos decisiones e igualmente fallaremos en alguna parte. Y es normal. Esto no dice que no podemos ser un gran matrimonio

JAK SIĘ ZŁOŚCIĆ

De entre nuestro grupo de amigos, fuimos una de las primeras parejas en casarnos. Durante mucho tiempo después de la boda, escuchábamos la pregunta de si ya estábamos discutiendo. Nos sorprendían mucho estas preguntas, pero las discusiones en sí mismas no eran el centro de interés, sino el estado de nuestras relaciones domésticas.
Todos tenemos la convicción de que discutir debe ser algo malo. No solo eso: la falta de discusiones en el matrimonio no significa que éste sea exitoso o no. El Instituto Gottman en su investigación establece claramente que la cantidad de discusiones no indica si un matrimonio va a sobrevivir. Sin embargo, depende de la forma en que se lleva a cabo la discusión y, por lo tanto, de su calidad.

Tengo influencia en la calidad de la discusión

El desarrollo de nuestra pelea depende mucho de nosotros mismos y no de la explosividad del carácter de la otra persona. Como participante en la discusión, podemos suavizar o alimentar la pelea para que se vuelva menos sustantiva y ya no conduzca a una solución del problema. Por lo tanto, tengo un impacto real en la disputa. Vale la pena darse cuenta de ello. Aprender a no esconderse detrás de la excusa de que esto no depende de nosotros.

¿Cómo mejorar la calidad de una discusión?

  1. Suavizar nuestro tono al principio
Se puede comenzar la conversación de manera acusadora o suavizar nuestro tono. Puedes encontrar un ejemplo en la guía para las esposas sobre cómo comenzar las discusiones. Es difícil no intensificar la disputa, por lo que es mejor comenzar con la mayor calma posible. 
  1. Salvar la discusión
Esta observación parece “dar en el clavo”: “cuando te inscribes en una autoescuela, lo primero que aprendes en una clase práctica es detener el coche. También en el matrimonio, aprender a utilizar el freno es una habilidad muy importante”. Querer salvar la discusión es como usar el freno durante su desarrollo. Veamos este ejemplo:
– ¡No pasas tiempo con niños!
– Paso tanto tiempo con ellos como puedo. Los llevo a la escuela y entonces los pregunto, sobre cómo les va.
– Sí los llevas, pero no es suficiente (…).
En este caso, utilizar el freno sería decir “sí, los llevas”. Es un intento de salvar la discusión. También se podrían utilizar otras palabras, pero depende de los cónyuges decidir qué frenos funcionarán en cada caso. Puede ser un breve descanso en la discusión para calmarse, disculparse, admitir errores, dejarle hablar a la otra persona sin cortar su discurso, incluso cuando lo que dice nos gusta, usar el sentido del humor, interrumpir la conversación durante un tiempo determinado. En la práctica, los cónyuges saben lo que les ayuda.
  1. Utilizar descansos
Es importante tratar de evitar la sensación de desbordamiento de emociones negativas. Cuando una de las partes tan nerviosa como para que su frecuencia cardíaca supere los 100 latidos por minuto, incluso cuando lo intenta, no puede escuchar argumentos racionales. Es una señal de que es hora de detener la pelea para calmarse.
  1. El compromiso
Hay disputas que no terminan en una solución. Sin embargo, si queremos resolver el problema, se necesita un compromiso, y esto solo es posible si tenemos en cuenta lo que presenta la otra parte. Sin el compromiso no es posible tomar una decisión conjunta que nos lleve a cambiar una situación de conflicto dada.
  1. Tomar una decisión
Después de una discusión, la reconciliación es importante, lo que debe ir de la mano con tomar una decisión. Si nuestra disputa fue sobre un problema dado, entonces debería llegar el momento de decidir “¿qué vamos a hacer a continuación? ¿Qué vamos a cambiar? ¿Qué resultados hemos obtenido de nuestra conversación (discusión)?” La respuesta a estas preguntas aclarará cuáles tendrán que ser nuestras acciones.

Y, al final: igualmente “meteremos la pata” en algún momento

Si quieres crecer, entonces por tu propio bien, el de tu matrimonio y el de tu familia, vale la pena aceptar desde el principio que no eres ideal. Lo mismo se aplica a tu cónyuge. No somos perfectos. Lucharemos por la calidad de nuestras discusiones, tomaremos decisiones y fallaremos en alguna parte. Y es normal. Esto no dice que no podemos ser un gran matrimonio. 
Marlena Bessman-Paliwoda, Alteleia

jueves, 21 de septiembre de 2017

Amor y respeto ante las diferencias

En la psicología masculina ante todo está el respeto mientras que en la femenina está el amor. Finalmente, al ser unión, respeto y amor se funden.
Matrimonio: Respeto y Amor
Una vez más, una fuerte discusión estalló de pronto entre mi esposa y yo a los pocos meses de casados. Ambos comenzábamos a reaccionar ante el juicio y el reclamo de lo que considerábamos un defecto en el otro.  Se  cernían sobre nosotros gruesos nubarrones, sobre todo por mi intolerancia ante las diferencias.
Con mi fuerte temperamento yo esperaba que en momentos como esos,  ella se sujetara intimidándose ante mis poses, gritos, gesticulaciones… pero, para mi sorpresa, en vez de ello, subía el tono y con mejores recursos racionales y emotivos sostenía su posición, solo que a diferencia de mí no llegaba a la ira, la ofensa y fácilmente perdonaba olvidando.
Así que ahí estaba yo, con o sin razón, fuera de mis cabales con el corazón agitado.
Iracundo, salí a la calle a caminar bajo una pertinaz lluvia que fue calmando mis ánimos. Luego, unos brillantes relámpagos parecieron iluminar mi mente y corazón,  pues comencé entonces a reconocer que me había casado con un ser pensante y apasionado de la vida, decidido a defender su individualidad y autonomía en su forma de pensar y sentir, no solo en el terreno de los valores  personales, sino también de lo opinable. Lo que marcaba decididamente nuestras diferencias al convivir.
Regresé sinceramente arrepentido a pedir perdón, muy consciente de que la vida nos expondría a muchas diferencias, ante las que nuestro amor habría de hacer un fuerte contrapeso.
Me costaba trabajo creer que temas que nos empezaban a confrontar, como el de nuestras familias de origen, el uso del dinero, nuestros respectivos amigos, la llegada del primer hijo, los hábitos alimenticios o el uso del tiempo libre solo señalaban diferencias, que armonizadas, habrían de constituirse en un bien para nuestro matrimonio.
Y precisamente esos temas eran solo como la punta del iceberg de todo aquello en lo que deberíamos buscar ser unión,conservando nuestras individualidades.
Pasó el tiempo sin lograr cambiar de fondo. Aunque con menos frecuencia, volvíamos a apasionadas discusiones y disgustos que más de una vez me dejaron abatido. Pero fui  aprendiendo de ella: que los días de sol se imponen sobre las noches oscuras, y que había en mí cierta falta de humildad y fortaleza.
Por ello, solicité ayuda especializada.
Fueron cinco las premisas que me ayudaron a  mejorar desde la perspectiva de que, las diferencias siendo inevitables, no tenían por qué hacernos sufrir, sino unirnos más.
La primera: Debía  entender en principio, como inmadurez y falta de realismo, lo que me hizo en momentos de mi vida suponer que las dificultades en nuestra relación  no eran elementos normales del ir enfrentando juntos la vida sino algo extraordinario.
La segunda: Discutir es normal y es sal necesaria en el amor porque es señal de amar lejos de la indiferencia. Pero es necesario valorar antes y muy bien el motivo, además de hacerlo en el momento correcto, en el lugar propicio y con el tono y las palabras adecuadas.
La tercera: En la psicología masculina ante todo está el respeto mientras que en la femenina está el amor.  Al final, respeto y amor se funden cuando se abraza la verdad de que nada es más importante que conservar  la armonía.
La cuarta: Puede pasar que cualquiera de los cónyuges cometa un error por el que, de forma real o  por percepción subjetiva, el otro se considere dañado u ofendido, pero éste no debe poner en tela de juicio que se trata de un mal momento y nunca será esa la verdadera intención de quien tiene abonadas tantas muestras de abnegación en el amor. No sería justo olvidarlo ni por un instante.
La quinta: Es necesario  cultivar una fortaleza nacida del más fino amor y respeto para aceptar y sobrellevar las diferencias.
Algunos ejemplos:
  • Capacidad de controlar el propio estado de ánimo.
  • No dejarse abatir por las contrariedades.
  • No caer en el desánimo  ante las dificultades, conservando la energía al emprender una tarea que nos hemos propuesto.
  • Prepararnos para hacer algo que sabemos que nos costará emocionalmente.
  • Desarrollar habilidad para superar los miedos, la timidez, la pereza, los enfados.
  • Desarrollar sobre todo la habilidad de superar la agresividad en nuestras reacciones.
La  fortaleza es la virtud humana estrechamente relacionada con la inteligencia emocional que nos permite sobrellevar adecuadamente los inevitables roces humanos. Y es que contribuye a moderar los impulsos para que nuestra inteligencia sepa distinguir lo conveniente de lo  inconveniente, lo bueno de lo malo y lograr una conducta equilibrada en nuestras tendencias y un uso razonable de las cosas.
Vamos logrando así que nuestra relación crezca en el amor y el respeto, al tiempo que abrimos espacio a una nueva forma de ser juntos: en criterios, gustos, aficiones, tristezas y alegrías.
Una nueva forma desde la que vamos aprendiendo a amarnos, y por la que no es nada exagerado apreciar que los esposos con el tiempo, llegan hasta parecerse físicamente.
Es  como la tercera dimensión en el amor.

Orfa Astorga de Lira, máster en matrimonio y familia, Universidad de Navarra.

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jueves, 10 de noviembre de 2016

Cómo aprendimos mi esposo y yo a “pelear limpio” en nuestro matrimonio

Después de 20 años seguimos casados, seguimos discutiendo... y muy felices

Cómo aprendimos mi esposo y yo a “pelear limpio” en nuestro matrimonio

Dena Dyer, aleteia
Cuando mi marido Carey y yo estábamos recién casados, odiaba el conflicto. De hecho, lo temía. Habíamos sido muy buenos amigos antes de ser novios siquiera y pensaba que eso significaba que nunca discutiríamos ni una sola vez como casados. No cabía duda, pensaba yo, de que si nos amábamos lo suficiente y nos comunicábamos bien, podríamos evitar el conflicto.

Ingenua, ¿verdad?
Cuando, obviamente, discutíamos, yo retrocedía y me cerraba en mí misma. Mi negativa a participar en la discusión hacía que Carey se sintiera rechazado, así que él seguía intentando interactuar. Hablaba más alto y se acercaba más a mí. Entonces yo me encerraba, físicamente, dentro de nuestro dormitorio y me negaba a cruzar palabra con él. Él quedaba enfadado y resentido, sobre todo si yo me iba a dormir sin tratar de resolver nuestras diferencias. Basta con decir que nuestros primeros años como pareja casada fueron difíciles.

Sin embargo, no todo estaba perdido. El año pasado celebramos nuestros 21 años de casados. Hemos llegado tan lejos porque ninguno de los dos estaba dispuesto a abandonar… y porque descubrimos una combinación de amor incondicional, asesoramiento cristiano, pura y simple cabezonería, y la gracia de Dios.

Una de las cosas básicas que aprendimos a hacer mejor después de esos primeros años fue a cómo “pelear” el uno con el otro de forma más productiva. Empezamos a ver el conflicto como una oportunidad.

Las discusiones aparecen siempre cuando dos personas están en una relación a largo plazo. Después de todo, somos humanos, cada uno con sus propios defectos, rarezas y hábitos molestos. Sin embargo, cuando aprendemos a tener “peleas justas”, el conflicto puede conducirnos a un mayor nivel de intimidad con nuestro cónyuge.

1. Conexión dentro del conflicto
Si podemos aprender a evitar comportamientos como el sarcasmo, interrumpir al otro y poner los ojos en blanco, podemos aprender a comunicarnos de forma más efectiva. Durante las discusiones, es importante dar espacio a la pareja para que exprese sus sentimientos y preocupaciones.

Incluso si estás en radical desacuerdo con el punto de vista de tu pareja, hay muchísimo que ganar tan solo escuchando e incluso repitiendo en voz alta lo que tu pareja acaba de decirte (te llevarás una sorpresa: incluso cuando crees que repites lo escuchado palabra por palabra, ¡no siempre suena igual que cuando lo dijo tu pareja!).
Leslie Vernick es una trabajadora social clínica, coach de parejas y autora de siete libros, entre ellos The Emotionally Destructive Marriage [El matrimonio emocionalmente destructivo]. 

En su blog, Leslie respondió a una lectora que tenía problemas de comunicación en su matrimonio con el siguiente consejo: “Es importante que seas capaz de expresar tus necesidades y tus deseos sin juzgar al otro ni ser acusadora. Por ejemplo, podrías decir ‘Echo de menos hablar contigo’ o ‘Quiero que pasemos algún tiempo los dos este fin de semana haciendo algo divertido’. Eso suena muy diferente a ‘Nunca tienes tiempo para mí’ o ‘Siempre pones a tus amigos antes que a mí’. Los dos primeros ejemplos generan una respuesta más positiva y conciliadora. Las últimas frases crean una respuesta defensiva que probablemente lleve a más distanciamiento y retraimiento. Así que te sientes mal y empiezas a insistirle y él continúa evitándote, lo que te deja con un sentimiento de más abandono y de falta de amor”.
Cuando ambos esposos se sienten respetados y queridos, una pareja puede avanzar hacia una solución satisfactoria para ambas partes.

Mi marido lo expresa de esta forma: “Trato de pensar: ‘¿esta discusión que estamos empezando Dena y yo va encaminada a producir los resultados deseados?’. En otras palabras, ¿está siendo realmente útil o simplemente hemos entrado en un bucle emocional de desgaste?”.

2. Encontrar el punto intermedio
Otra forma de tener una discusión justa es encontrar el compromiso en un feliz término medio.

Por ejemplo, durante los primeros años de matrimonio, Carey quería debatir durante el tiempo que hiciera falta hasta que llegáramos a un acuerdo, ¡aunque la discusión durara horas! Por otro lado, yo quería hablar del conflicto, luego pensar sobre el tema individualmente y volver cuando hubiera templado mis ideas y alcanzado algún tipo de claridad.

Después de unos cuantos años de encontronazos provocados por nuestras diferencias, encontramos un compromiso que nos funcionó. Acordamos nunca irnos a dormir cuando estemos enfadados, pero también acordamos “posponer” ciertos debates si yo estaba demasiado fatigada o consternada como para continuar.

3. Controlar la lengua
Si queremos que nuestros matrimonios prosperen, también debemos aprender a controlar la lengua. Uno de los mayores problemas durante las discusiones es que nuestra tendencia humana nos lleva a hablar primero (a menudo “sin filtro”), para que se escuche nuestra postura.

Deb De Armond, coautora con su marido Ron del libro Don’t Go to Bed Angry: Stay Up and Fight! [No vayas a dormir con un enfado: ¡levántate y pelea!], afirma: “En Santiago 3:2 se lee: ‘Todos fallamos mucho. Si alguien nunca falla en lo que dice, es una persona perfecta, capaz también de controlar todo su cuerpo’. Con el paso de los años, he llegado a ser más consciente de la necesidad de ponerle intención a las charlas con Ron cuando surge un conflicto, sobre todo porque el Espíritu del Señor ha sido persistente en su labor de señalar oportunidades perdidas, pequeños patinazos e importantes lapsus de la lengua”.
Estoy muy agradecida a Deb por su perspectiva. Navegar por los altibajos del matrimonio puede ser estresante y, algunas veces, perdemos la paciencia y decimos cosas hirientes. Si no somos cuidadosos, esas acciones pueden convertirse en un hábito.

Cuando uno o los dos miembros de la pareja afloja la lengua y pierde el autocontrol, la atmósfera se vuelve tensa e incluso tóxica. Entonces, crecen el resentimiento y el rencor, se aleja al perdón y se instala la amargura.

 Mi marido y yo decimos a nuestros dos hijos que sólo por que algo sea difícil no significa que no sea bueno.

Controlar nuestras palabras es algo más fácil de decir que de hacer, pero no estamos solos. ¿Eres de naturaleza sarcástica? Reza pidiendo ayuda para conseguir morderte la lengua durante un conflicto e intentar encontrar otra salida, más saludable, a ese aspecto de tu personalidad.

Una de las primeras cosas que me atrajeron de mi marido fue su sentido del humor. Era cursi, pero lindo; nunca se burlaba de nadie más que de sí mismo. Admiraba eso en él por entonces, y lo agradezco mucho más ahora.

Quizás tengas problemas con ser demasiado gruñón o gruñona. Así que, la próxima vez que empieces a recordar a tu cónyuge algo que ha olvidado hacer, respira hondo, di una oración rápida, y simplemente escribe el recordatorio en un trocito de papel. Incluye palabras como “por favor”, o “te agradecería mucho si…”. Luego, pon la nota donde tu pareja vaya a verla. Añade chocolate o algún regalito, si quieres. (Si algo funciona, no lo cambies, ¿no?).

4. Cambio de trayectoria
Cambiar hábitos negativos en la comunicación es algo difícil, en especial cuando llevamos empleando esos comportamientos desde la infancia. Lo cierto es que el matrimonio puede ser difícil a veces. Pero, tal y como decimos a nuestros dos hijos Carey y yo, sólo porque algo sea difícil no significa que no sea bueno. Todo aquello que merece la pena —paternidad, trabajo, ministerio, amistad, servicio, salud— contiene un elemento de dificultad.

Cuando lo permitimos, Dios nos encuentra en mitad de nuestros problemas. Cuando pedimos ayuda, Él nos la ofrece. También utiliza las épocas duras para desarrollar nuestro carácter y enseñarnos lecciones que necesitamos aprender. Que nuestra voluntad se rinda no siempre es divertido, pero el resultado —paz, perspectiva y paciencia renovadas— siempre merece la pena.
Además, las recompensas de trabajar en pos de un matrimonio saludable son tremendas, no sólo para nosotros, sino para las generaciones futuras.

Psicólogos como los doctores Howard Markman, John Gottman y otros, realizaron estudios científicos con parejas durante los años 70 y 80 y descubrieron que “la calidad de la interacción entre maridos y esposas era altamente predictiva de dificultades matrimoniales o de divorcio”.

La investigación de los doctores señaló que las parejas que interactuaban —y reaccionaban— frecuentemente de formas negativas tenían matrimonios problemáticos. Esos patrones de comportamiento también indicaban un altísimo nivel de futuros problemas en la relación, o incluso divorcio. Un extracto importante de los estudios: “La interacción negativa se considera un factor de comportamiento dinámico que las parejas pueden cambiar para mejorar sus posibilidades de permanecer juntos”.

Si un matrimonio duradero y lleno de apoyo mutuo no es un incentivo para “pelear limpio”, no sé qué podría serlo. Porque permanecer juntos es precisamente una de las razones por las que nos casamos en primer lugar.



miércoles, 7 de septiembre de 2016

¡Queda con tu mujer!: una cita semanal, agradable, a solas con el cónyuge, previene el divorcio



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Es una de las "reglas de oro" del Curso Alpha para Matrimonios, un consejo frecuente en los Centros de Orientación Familiar y una experiencia que miles de parejas han comprobado, pero ahora lo confirma un estudio publicado en 2012 por la Universidad de Virginia (EEUU): los matrimonios que quedan para una cita solos, aunque sea una sola vez a la semana, ven reducido su riesgo de divorcio casi por la mitad. 

Los datos se han recogido en Estados Unidos (1.600 parejas de 18 a 55 años, en 2010-2011, combinados con sondeos de 10.000 adultos, de 1987 a 1994), pero en la España de la crisis, el divorcio exprés y los horarios alocados puede perfectamente aplicarse la receta.

La pregunta del estudio era "¿cada cuanto pasa usted tiempo solo con su pareja, charlando o compartiendo una actividad?"

Las palabras clave son "solo con su pareja" (no valen las salidas con amigos, parientes ni los niños) y "compartiendo".

¿Salir y gastar o quedarse en casa?
El sociólogo W. Brad-Wilcox, co-autor del estudio, insiste en que no hace falta salir a cenas caras ni alquilar un viaje en globo... "Mientras estés tan concentrado en tu cónyuge como en tus niños, tu trabajo o tus jueguecitos del iPhone, ya vale. Se trata de que hablen cara a cara. Puede bastar con jugar a algo los dos solos después de acostar a los niños".

Pero en Estados Unidos, las compañías de descuentos para actividades como Groupon o LivingSocial responden que "es difícil animar a tu cónyuge a jugar al Monopoly contigo si está cansado del trabajo y ya acomodado en casa, se habrá quedado dormido".
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Por eso, dicen, es mejor "salir", tener una cita con antelación... y ofrecen descuentos de hasta el 60% en cenas ¡o alquiler de viajes en globo! También apuntan que el estudio demuestra que las actividades originales y novedosas unen más a las parejas.

Más citas, menos divorcio
El estudio muestra que cuanto más tiempo "de calidad" se comparta, menos riesgo de divorcio hay. Los que tienen una cita semanal se divorcian al 15%... parece mucho, pero es que los que no se citan con esa regularidad lo hacen al 25%.

Puestos a analizar el "poder protector" de las citas con el cónyuge, los sociólogos encuentran lo siguiente:

1) Mejoran la comunicación
Al poder hablar sin la distracción de los niños y el trabajo, la cita les permite hablar de las cosas que les importan y motivan: sus sueños, aspiraciones, también temores... Si hablan de sueños, pueden compartirlos, buscar objetivos comunes. Si hablan de problemas, lo hacen de forma constructiva y tranquila, proactiva, que es mejor que reaccionar por instinto y con prisas rodeado de niños o agobios.

[Algunos manuales, como Alpha para Matrimonios, recomiendan que las citas sean agradables, y no se usen para hablar de problemas, pero en cualquier caso debe primar siempre la necesidad de compartir entre cónyuges].

Además, la comunicación estable permite descubrir que el cónyuge cambia, que ya no piensa o desea o teme como 10 o 20 años antes. Una mejor comunicación es clave del éxito matrimonial.

2) Disfrutar de la novedad
Las parejas con años de relación tienden a "acomodarse" y perder la emoción. Los estudios demuestran que hacer juntos cosas novedosas (desde montar a caballo a pasear por la montaña, bailar o ver puestas de sol) borra la rutina, y une a los cónyuges en un reto compartido, divertido y emocionante.

3) Mejora la relación romántica y sexual
Las citas añaden creatividad y emoción, y al permitir el diálogo, puede ayudar también en este campo, animar a probar cosas nuevas, nuevos ambientes, etc...Todo ello fortalece el matrimonio.

4) Mejora el compromiso
Si hay al menos un día comprometido para "nuestra cita semanal", queda claro que se marca una prioridad. Los abuelos que quedan cuidando a los niños, los amigos del trabajo que saben que el martes por la tarde "ellos quedan solos, no pueden venir a lo nuestro"... Todo refuerza la sensación de unidad y la importancia de trabajar por ella. Queda claro que para cada cónyuge, el otro es una prioridad.

5) Se aligera el estrés
Salir a divertirse en pareja, o meramente relajarse juntos, quita estrés, y eso es bueno para el matrimonio, siempre amenazado por enfermedades, problemas de dinero, broncas en el trabajo, etc... Permite ver al otro sin cargas de irritabilidad o cansancio o agobio, y eso ayuda a mantener el amor conyugal.

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