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domingo, 7 de agosto de 2022

El dolor provocado por el racismo une a los jóvenes católicos en EE.UU.

 

JOURNEYING

Entrar en contacto con jóvenes de otras etnias que sufren lo mismo, y experimentar cómo Jesús no rechaza a nadie por el color de su piel es una de las claves de la pastoral juvenil en EE.UU. Journeying Together, el evento que reunió a los principales líderes juveniles católicos de seis diferentes familias culturales y étnicas en suelo estadounidense, fue todo un éxito en este sentido


Jóvenes católicos hispanoamericanos, nativos americanos, afroamericanos, angloamericanos, asiáticos y refugiados coincidieron en un solo espacio. Después de dos años de trabajos vía virtual, por fin pudieron mirarse a los ojos, cruzarse en abrazos y estrechar sus manos. Fue durante el encuentro Journeying Together, celebrado en Chicago a finales de junio.

Durante los días de este encuentro, los jóvenes de las seis familias culturales pudieron participar en las diferentes actividades, comer juntos y dialogar sin importar el color de su piel ni su procedencia. Su identidad, es decir, su fe católica, por un momento se convirtió en un solo ADN; les permitió compartir incluso importantes testimonios del dolor que han vivido al ser discriminados o lastimados en diferentes ambientes, momentos y circunstancias históricas. 

Pero, a pesar de los momentos emotivos donde compartieron su sufrimiento, los jóvenes también pudieron reír y coexistir en un clima de paz y de unión; podían caminar y convivir en un lugar seguro; y donde la fila para confesarse tenía la diversidad de los rasgos físicos de cada familia cultural.

Las Misas se pintaron de colores, dibujando un ambiente multicultural donde los idiomas se unieron en un solo lenguaje: la Palabra de Dios en su Evangelio de Amor. 

Aleteia estuvo ahí presente, respirando el ambiente de celebración y unidad, y pudo entrevistar a algunos de los participantes y también a sus organizadores.

JOURNEYING

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Soy Carolina Pérez, nací en la ciudad de Chicago, mis papás son del estado de Michoacán, tengo 27 años y estoy trabajando en la pastoral universitaria, en una universidad que tiene la espiritualidad vicentina.

-¿Qué ha significado para ti volver a estar en un Journeying Together?

Cuando recién empezó la pandemia fue un poco difícil, pero fue un tiempo bonito para reflexionar y crecer espiritualmente. Una amiga me mandó el enlace para asistir a Journeying Together, y desde entonces he pensado que éste es un espacio muy bonito para conectar con personas de distintas partes del país y diferentes etnias. Fue una bendición escuchar sus testimonios y dialogar acerca de los obstáculos y los momentos difíciles que han pasado. Esta comunidad ha sido un gran apoyo y ha dado mucha luz.

-¿Cómo ayuda esta experiencia de Journeying Together en la pastoral universitaria?

Empecé Journeying Together antes de mi trabajo en la pastoral universitaria, en donde tengo estudiantes de diferentes culturas, pero la mayoría son hispanoamericanos. Entonces, conforme voy avanzando, voy conociendo a otros. Escuchar los testimonios de los jóvenes en este encuentro ha sido importante porque muchos de ellos son de las edades de mis estudiantes, y así podré entenderlos mejor. 

-¿Cómo has vivido este evento multicultural?

Los testimonios de los nativos y de los black african american son los que, para mí, han resaltado, porque a ellos, por el simple hecho de ser parte de esa comunidad, los juzgan, pues primero ven el color de su piel.  Poder escuchar su testimonio fue importante. 

Existen también personas que al mismo tiempo son indígenas y católicas, y están felices de decir que ésa es su identidad, y la viven de acuerdo a su cultura. Un espacio como éste ha sido esencial para ellos, y así sabemos cómo podemos apoyarlos, cómo podemos caminar juntos y pedirles perdón no sólo de palabra sino también con acciones. 

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Mar Muñoz Visoso, directora ejecutiva del Departamento de Diversidad Cultural de la USCCB.

-¿Cuál es el balance de Journeying Together ahora que se han reunido de manera presencial?

Estamos en el momento de la culminación de un proceso en donde hemos podido ver, discernir y juzgar; y ahora vamos al momento del actuar. Hemos aprendido a comunicar, dialogar y evaluar lo que tenemos en nuestras raíces y en nuestros valores, así como lo que podemos aportar en nuestra Iglesia, en nuestra cultura. Tuvimos el proceso de diálogo intercultural que, al mismo tiempo, estaba liderado por una familia cultural. Ha sido la oportunidad de hablar, de escuchar aquello que les afecta (racismo, discriminación),  y, tras discernir las lecciones aprendidas como comunidades interculturales, de hacer un plan para la acción: ¿Qué hacer para que el apostolado sea inclusivo, que forme y que salga a buscarlos? 

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Joven hispana durante el encuentro Journeying Together

Algo muy bonito que se ha visto, después de dos años de pandemia y encuentros virtuales, es que nos pudimos abrazar y saber que tenemos objetivos comunes: queremos que todos los grupos tengan acceso a educación y justicia; queremos construir una Iglesia en donde todos tengan un lugar en la mesa y donde los valores de todos sean bien recibidos y no descartados. 

Cada uno de nosotros hemos sido colmados de dones y talentos que podemos poner al servicio de la comunidad. Todos y cada uno tenemos una dignidad de hijos e hijas de Dios. 

-¿Los hispanos no son los únicos que han padecido las diferencias en este país?

Así es. Los nativos y los afroamericanos también han padecido y, no entiendes cómo, en nuestra Iglesia y en la historia se le ha dicho a otro ser humano: “Tú vales menos”. Este proceso nos ha permitido darnos cuenta de que en todas partes ha habido procesos de lucha, de discriminación. Pero también tenemos muchos puntos en común. A pesar de todo, lo que nos une es nuestra fe. Debemos preguntarnos: ¿Qué estamos haciendo para dotar a esos jóvenes del impulso misionero? ¿Qué necesitan para ser discípulos misioneros de hoy? 

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Mi nombre es Esmeralda Peña y tengo 25 años; nací en Chihuahua, Chihuahua, y vivo en Tyler, Texas. 

-¿Qué ha significado para ti Journeying Together?

Ha sido un encuentro verdadero conmigo misma, con las personas de mi comunidad y las personas de otras comunidades que nos acercan verdaderamente a Cristo. El poder salir de una zona de confort y tener un encuentro con los demás me permite reconocer la comunidad en Cristo y saber que solamente así puedo tener una experiencia genuina. La Iglesia somos todos, entonces, Journeying Together ha sido un verdadero encuentro.

-¿Qué has sentido al ver en los pasillos tanta diversidad cultural?

Al entrar a Misa y ver tantas caras diferentes, tanta riqueza cultural de los grupos étnicos, me causó nostalgia. Qué hermoso es que seamos uno, y que sintamos y nos conectemos hacia un mismo fin, que es Dios Trino.

-¿Cómo ha sido escuchar los testimonios de otros grupos y darte cuenta de la persecución y discriminación que sufren?

Las diferentes sesiones me ayudaron a ver la particularidad del sufrimiento de cada uno de nosotros y, especialmente, en la parroquia en la que estoy, que es mayormente hispana. Puedo ver que podemos sanar juntos y puedo reconocer sus dificultades y ser herramienta o puente para ayudarlos a ellos y que ellos puedan ayudarme a mí.

-¿Qué te llevas de Journeying Togethery cómo lo vas a aplicar? 

Una mente mucho más abierta; un deseo de salir completamente de mi zona de confort; una experiencia personal hermosa, pero que no se queda conmigo, sino que me ayuda y permite salir de mi caminito tan estrecho al encuentro de los demás, lugares y personas, que no tenía idea ni la necesidad de hacerlo. Me llevo el corazón de cada persona que voy conociendo y me llevo mucha motivación para seguir trabajando para Cristo. El Cielo va estar lleno de diferentes culturas, colores y rasgos.

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Alejandro Aguilera Titus, miembro del Comité de Asuntos Hispanos de la USCCB y coordinador nacional del V Encuentro

-¿Qué balance haces del Journeying Together?

Mucho entusiasmo, en el sentido de que, por dos años, las personas se reunieron vía Zoom; pero estar de cuerpo presente es algo completamente distinto. Los jóvenes y los adultos han ido tomando cada vez más protagonismo y todas las familias culturales están muy bien representadas.

-¿Cómo ha funcionado el estar en un solo lugar, pero lleno de diversidad cultural?

Es entusiasmante. Estar en el mismo espacio es otra manera de interactuar; y los jóvenes que participaron se prepararon, y a los nuevos se les dio orientación, y todos estaban en la misma sintonía. La participación fue muy buena y tuvimos sesiones de acción pastoral en donde discernimos qué acciones tomar, porque aquí no se acaba Journeying Together, sigue a nivel local con un proceso, con acciones personales y de grupos, y con procesos nacionales.     

En términos generales la experiencia fue muy positiva, y toda la diversidad de lenguas, de razas y de expresiones se vio como un don, como una gran riqueza. 

JOURNEYING
Miembros de la comunidad asiática

-¿Qué realidades se pudieron descubrir?

La interacción en Journeying Together fue muy intercultural. Por ejemplo, los grupos de acción pastoral son muy diversos; todas las familias estuvieron representadas y se habló de realidades difíciles, pero también de sueños, de los cambios que les gustaría ver en la Iglesia o de los cambios que ellos quieren hacer realmente. Fue un proceso profundo de escucha. 

Los hispanos pudimos expresar nuestro sufrimiento, sueños y esperanzas, pero también escuchamos y aprendimos de los demás, y eso nos hace más conscientes y solidarios con los otros. 

-¿Qué compromisos se llevan?

El proceso de acción pastoral que se ha desarrollado está basado en que identifiquen; por ejemplo, en el área de la formación: ¿Qué quieren ver en la Iglesia en un futuro? ¿Cómo se puede lograr? ¿Qué vas a hacer tú para que se logre? El “qué vas a hacer” se analizó a nivel personal y a nivel de grupos que tienen conexión geográfica para que haya proximidad. También se plantearon proyectos con dimensión nacional.

Jesús V. Picón, Aleteia 

Vea también      La necesidad de promover el progreso de los pueblos - Pablo VI





























jueves, 11 de junio de 2020

EE.UU.: «Existen algunos sectores que han entrado en una deriva ideológica de la fe»

Entrevista al filósofo y miembro de la Academia Pontificia para la Vida, Rodrigo Guerra
AMERICA

El escenario norteamericano ha quedado estremecido por el asesinato de George Floyd y por las movilizaciones de protesta contra el racismo en diversas ciudades. Entrevistamos a Rodrigo Guerra, Doctor en Filosofía, miembro de la Academia Pontifica por la Vida, del Equipo Teológico del CELAM y fundador del Centro de Investigación Social Avanzada (CISAV) para profundizar sobre lo que está sucediendo en el gigante del norte.
– ¿Cuál es el origen de las recientes manifestaciones anti-racistas en los Estados Unidos?
En mi opinión la respuesta no es simple. Por una parte existen grupos radicalizados que de manera deliberada buscan desestabilizar la administración del Presidente Trump y que instrumentalizan la indignación ante la muerte de George Floyd con fines políticos precisos.
Y por otra parte, es necesario entender que existen muchos manifestantes que simplemente están indignados por el racismo que no logra desecharse de la cultura norteamericana y buscan ser escuchados.
Ambos componentes se mezclan y hacen que el escenario no sea homogéneo sino altamente híbrido. Simplificar la realidad en uno sólo de estos polos es pernicioso y no permite reconocer las cosas como son.
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– El Papa Francisco ha rechazado simultáneamente el racismo y la violencia en Estados Unidos. Esto parece regalar a cada bando un señalamiento crítico. ¿Es así?
El Papa Francisco a través de su enseñanza ha hecho una lectura no-ideológica o política de la conflictividad contemporánea no solo respecto de lo que sucede hoy en Estados Unidos sino en otras latitudes. Él continuamente nos recuerda que las tensiones son parte de la vida humana real. El pecado original continuamente nos enemista, aún a los hermanos.
Lo importante es que ante ellas aprendamos a levantar la mirada para encontrar criterios superiores que permitan iluminar las diferencias y eventualmente introducirlas en un camino diverso al de la “lógica de la guerra”.
Este levantar la mirada en buena medida coincide con reproponer el cristianismo no como una doctrina o un paquete de valores sino como una Persona, como un encuentro, que permite mirar bajo una lógica diversa la tensión, el conflicto, y aún las mutuas violencias.
– ¿Cómo es el catolicismo norteamericano?
El catolicismo norteamericano es complejo. No se puede describir en un par de trazos.
Sin embargo, hay que reconocer que existen algunos sectores que han entrado en una deriva ideológica de la fe. No anuncian el Kerygma sino un ideal de decencia más o menos conservador. No reproponen el acontecimiento cristiano sino las razones para prepararse para emprender “batallas culturales”.
Creen que el cristianismo es principalmente una vida moral, una costumbre litúrgica, un rechazo a cosas como el aborto, la homosexualidad y similares, perdiendo de vista que nadie se salva por su coherencia moral o por comulgar en la boca o en la mano.
– ¿Influye en esto el patriotismo de algunos norteamericanos?
Amar a la Patria es amar al pueblo y a su historia. Para un cristiano servir a la Patria es una forma de agradecer el don de Dios. Sin embargo, en algunos ambientes es más decisivo ser “norteamericano”, participar en el MAGA (“Make America Great Again”), ser “conservador” o “neoconservador” que seguir a Jesucristo en la Iglesia, entendida ésta como Pueblo de Dios que camina en la Historia.
Cuando esto sucede, fácilmente los católicos no miramos las circunstancias a la luz de la lectura teológica de la historia que propone el Concilio Vaticano II y el Magisterio Pontificio, sino a la luz de juegos y rejuegos de poder. Entramos así en la “lógica de la guerra”, en la polarización maniquea.
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– En días pasados el Presidente Donald Trump visitó una Iglesia protestante y posteriormente el Santuario de San Juan Pablo II en Washington. Algunos ven esto como un legítimo ejercicio del derecho a la libertad religiosa y otros como una manipulación político electoral. ¿Qué significa que el Presidente de los Estados Unidos haga estas visitas en tiempos tan ríspidos?
Cualquier ser humano, tenga el cargo que tenga, goza del más amplio derecho a la libertad religiosa. Sin embargo, esto no significa en automático que todo ejercicio de libertad en este ámbito sea por definición el más acertado.
Mons. Wilton Gregory, Arzobispo de Washington, ha sido claro y enfático señalando que la visita de Trump al Santuario de San Juan Pablo II fue oportunismo electoral. Los detractores del obispo de inmediato optaron por intentar descalificarlo a través de errores cometidos por él en el pasado, diciendo que el evento en el Santuario estaba programado con anticipación y otros pseudo-argumentos.
El viernes 5 de junio, en un evento organizado por la Universidad de Georgetown, Mons. Gregory advirtió a los católicos sobre el peligro de estar demasiado alineados a un partido político. Una simpatía acrítica hacia un partido fácilmente debilita la “capacidad profética” de todos como Iglesia.
Me parece que estos comentarios del obispo son del todo acertados. Sin embargo, requieren de una profundización reflexiva para no perderse en el olvido.
– ¿Qué sería lo esencial al momento de profundizar en esta cuestión?
Desde mi punto de vista, Jesucristo es un acontecimiento irreductible a cualquier tipo de compromiso partidista. No hay traducción unívoca y directa de la fe en un proyecto político por sano que sea. Solamente Cristo nos puede reclamar la totalidad de la vida.
Entregarle nuestro núcleo de convicciones esenciales a un cierto conservadurismo, a un cierto ideal político o a una cierta moral, desplaza a Cristo del lugar que Él debe ocupar en la vida. Cuando este desplazamiento sucede, se puede seguir asistiendo a misa, se pueden continuar cumpliendo un conjunto de devociones, pero lo esencial cristiano se habrá disuelto.
Este es el clima sobre el que renace el espíritu de cruzada, la idea de que los cristianos somos fundamentalmente “guerreros” llamados a “combatir enemigos”. Esta es la atmósfera de polarización que hace resurgir la herejía cátara y la herejía maniquea.
– ¿Pero, los cristianos estamos llamados al radicalismo? ¿No es así?
Los cristianos estamos llamados a ser “radicales” en el amor, en la paciencia, en el perdón. El radicalismo de la espada,  de la condena, de la legitimación acrítica de cierta fórmula política es ajeno al evangelio.
– Mons. Carlo María Viganò ha escrito una carta al Presidente Trump confesándole que está de su lado mientras que existen obispos alineados al “Estado profundo”, al globalismo, al “Nuevo Orden Mundial”. ¿Estamos en un escenario de lucha entre el bien y el mal tal y como el exnuncio lo describe en su carta?
La más reciente carta de Mons. Viganò al Presidente Trump es un documento paradigmático que visibiliza cuan real es el peligro de la “Teología política” tal y como Erik Peterson y Massimo Borghesi la caracterizan.
Trump, desde sus preocupaciones político-electorales busca instrumentalizar la sensibilidad religiosa del pueblo norteamericano.  Por su parte, Viganò le ofrece una lectura teológica ad-hoc que legitima las batallas del hombre de la Casa Blanca.
El planteamiento esencial está basado en la lucha teológica entre el bien y el mal. En unos cuantos renglones, Mons Viganò explica que él y Trump representan las fuerzas del “bien”. Mientras que existen al interior de la sociedad, de la política y de la Iglesia “hijos de la oscuridad” que colaboran con el “Estado profundo” y el “Nuevo Orden Mundial”.
Este planteamiento, aunque utiliza un poco de lenguaje católico en el fondo repropone la lectura cátara-maniquea tan típica del integrismo católico clásico.
– ¿En qué consiste esta lectura herética de la historia?
Existen muchas versiones de esta forma de ver las cosas. Menciono una de las más típicas basada en una lectura ideológica de la “Ciudad de Dios” de San Agustín. El planteamiento más o menos es así: el bien y el mal están en conflicto. Existe una enemistad teológica entre quienes reconocen al portador del bien y quienes piden que sea crucificado. La Ciudad de Dios intenta ser destruida por la Ciudad del Diablo.
La Ciudad de Dios son los buenos. La Ciudad del Diablo son todas las fuerzas, personas y grupos que de manera oculta buscan destruir la civilización occidental cristiana. Es necesario que los buenos se organicen, denuncien la existencia de las fuerzas secretas que pretenden gobernar el mundo, y actúen en una guerra contra los malos. Solo así se establecerá el “Reinado social de Jesucristo”.
– ¿Cuál es el error de esta perspectiva?
Fundamentalmente creer que las “dos Ciudades” agustinianas son realizaciones socio-políticas. Para el verdadero San Agustín, el conflicto entre las “dos ciudades” no es político sino espiritual. Se da en el corazón de cada persona.
Para Jesucristo, para San Agustín, para el Concilio Vaticano II, para el Papa Francisco el trigo y la cizaña se encuentran en cada persona. Todo ser humano está herido por el pecado, y en todo ser humano misteriosamente actúa la gracia.
La cuestión no es entonces la lucha  de los buenos contra los malos. Sino la tensión entre Cristo que ya triunfó y mi vanidad y egoísmo que me hacen creer que puedo construir un camino para mi vida, para la sociedad o para la Iglesia al margen de la unión con la vid verdadera.
– Mons. Viganò habla de “Estado profundo” y de “Iglesia profunda” ¿qué significan estas expresiones?
A Mons. Viganò le gusta usar el lenguaje de una de las teorías de la conspiración más recientes al interior de los grupos de derecha radical norteamericanos. Los grupitos en torno a Breitbart más o menos hablan así.
Para él, existe una suerte de gobierno secreto que atraviesa los servicios de inteligencia, las burocracias estatales y otras instituciones. Esta estructura oculta busca controlar las instancias de poder para avanzar en la agenda del “globalismo” y del “nuevo orden mundial”. Así mismo, para él existe algo similar en la Iglesia.
Como es fácil advertir, el hecho real de que existan mafias aquí y allá, es aprovechado para construir una teoría de la conspiración de base pseudo-teológica. Viganò quiere aproximarse a Trump y le canta al oído cosas que le resultan familiares. 
– ¿Qué debemos tener en cuenta los católicos para no caer directa o indirectamente en actitudes de polarización extrema, de conspiracionismo, de manipulación política de la fe?
Mucha gente buena está siendo víctima de discursos radicalizados no solo en los Estados Unidos sino en diversas partes del mundo. Los católicos tenemos que aprender del Papa Francisco que nos anuncia con sencillez y profundidad la buena noticia de Jesús.
Los cristianos estamos llamados a construir puentes, no a edificar muros. Los cristianos estamos llamados a ser solidarios con quienes hoy sufren violencia o discriminación. Es muy fácil ser un cristiano burgués, aparentemente correcto y desentendido de quien es humillado y aplastado en su dignidad. El cristianismo burgués que no se ensucia las manos, se ve bonito en fotos, no se despeina, pero termina siendo muy diferente a Jesucristo.
El testimonio de Dorothy Day y de Oscar Romero bastarían para recordarnos que la santidad cristiana proviene en buena medida de otro itinerario, ciertamente arriesgado pero que el Señor siempre acompaña.
Jaime Septién, Aleteia 

Vea también La ideología del hedonismo y ruptura con Dios, raíz de la ruptura entre padres e hijos