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lunes, 30 de octubre de 2023

Papa advierte al Sínodo: o la Iglesia es santo pueblo de Dios o termina siendo empresa de servicios

Papa Francisco En La XVIII Congregación General Foto: Vatican Media

Palabras del Papa en la tarde del miércoles 25 de octubre ante los participantes en el Sínodo sobre la sinodalidad

(ZENIT Noticias / Ciudad del Vaticano, 25.10.2023).- Por la tarde del miércoles 25 de octubre, en el transcurso de la XVIII Congregación General de la Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, el Papa Francisco pronuncio un discurso. El discurso fue pronunciado el mismo día que la Asamblea dio a conocer una carta al Pueblo de Dios (carta que obtuvo 336 votos a favor y 12 votos en contra). A continuación las Palabras del Papa:

***

Me gusta pensar la Iglesia como pueblo fiel de Dios, santo y pecador, pueblo convocado y llamado con la fuerza de las bienaventuranzas y de Mateo 25.

Jesús, para su Iglesia, no asumió ninguno de los esquemas políticos de su tiempo: ni fariseos, ni saduceos, ni esenios, ni zelotes. Ninguna “corporación cerrada”; simplemente retoma la tradición de Israel: “tu serás mi pueblo y yo seré tu Dios”.

Me gusta pensar la Iglesia como este pueblo sencillo y humilde que camina en la presencia del Señor (el pueblo fiel de Dios). Este es el sentido religioso de nuestro pueblo fiel. Y digo pueblo fiel para no caer en los tantos enfoques y esquemas ideológicos con que es “reducida” la realidad del pueblo de Dios. Sencillamente pueblo fiel, o también, “santo pueblo fiel de Dios” en camino, santo y pecador. Y la Iglesia es ésta.

Una de las características de este pueblo fiel es su infalibilidad; sí, es infalible in credendo. (In credendo falli nequit, dice LG 9) Infabilitas in credendo. Y lo explico así: cuando quieras saber lo que cree la Santa Madre Iglesia, andá al Magisterio, porque él es encargado de enseñártelo, pero cuando quieras saber cómo cree la Iglesia, andá al pueblo fiel.

Me viene a la memoria una imagen: el pueblo fiel reunido a la entrada de la Catedral de Éfeso. Dice la historia (o la leyenda) que la gente estaba a ambos lados del camino hacia la Catedral mientras los Obispos en procesión hacían su entrada, y que a coro repetían: “Madre de Dios”, pidiendo a la Jerarquía que declarase dogma esa verdad que ya ellos poseían como pueblo de Dios (Algunos dicen que tenían palos en las manos y se los mostraban a los Obispos). No sé si es historia o leyenda, pero la imagen es válida.

El pueblo fiel, el santo pueblo fiel de Dios, tiene alma, y porque podemos hablar del alma de un pueblo podemos hablar de una hermenéutica, de una manera de ver la realidad, de una conciencia. Nuestro pueblo fiel tiene conciencia de su dignidad, bautiza a sus hijos, entierra a sus muertos.

Los miembros de la Jerarquía venimos de ese pueblo y hemos recibido la fe de ese pueblo, generalmente de nuestras madres y abuelas, “tu madre y tu abuela” le dice Pablo a Timoteo, una fe transmitida en dialecto femenino, como la Madre de los Macabeos que les hablaba “en dialecto” a sus hijos. Y aquí me gusta subrayar que, en el santo pueblo fiel de Dios, la fe es transmitida en dialecto, y generalmente en dialecto femenino. Esto no sólo porque la Iglesia es Madre y son precisamente las mujeres quienes mejor la reflejan; (la Iglesia es mujer) sino porque son las mujeres quienes saben esperar, saben descubrir los recursos de la Iglesia, del pueblo fiel, se arriesgan más allá del límite, quizá con miedo pero corajudas, y en el claroscuro de un día que comienza se acercan a un sepulcro con la intuición (todavía no esperanza) de que pueda haber algo de vida.

La mujer del santo pueblo fiel de Dios es reflejo de la Iglesia. La Iglesia es femenina, es esposa, es madre.

Cuando los ministros se exceden en su servicio y maltratan al pueblo de Dios, desfiguran el rostro de la Iglesia con actitudes machistas y dictatoriales (basta recordar la intervención de la Hna. Liliana Franco). Es doloroso encontrar en algunos despachos parroquiales la “lista de precios” de los servicios sacramentales al modo de supermercado. O la Iglesia es el pueblo fiel de Dios en camino, santo y pecador, o termina siendo una empresa de servicios variados. Y cuando los agentes de pastoral toman este segundo camino la Iglesia se convierte en el supermercado de la salvación y los sacerdotes meros empleados de una multinacional. Es la gran derrota a la que nos lleva el clericalismo. Y esto con mucha pena y escándalo (basta ir a sastrerías eclesiásticas en Roma para ver el escándalo de sacerdotes jóvenes probándose sotanas y sombreros o albas y roquetes con encajes).

El clericalismo es un látigo, es un azote, es una forma de mundanidad que ensucia y daña el rostro de la esposa del Señor; esclaviza al santo pueblo fiel de Dios.

Y el pueblo de Dios, el santo pueblo fiel de Dios, sigue adelante con paciencia y humildad soportando los desprecios, maltratos, marginaciones de parte del clericalismo institucionalizado. Y con cuánta naturalidad hablamos de los príncipes de la Iglesia, o de promociones episcopales como ascensos de carrera! Los horrores del mundo, la mundanidad que maltrata al santo pueblo fiel de Dios.




























domingo, 29 de octubre de 2023

Diaconisas, indígenas, no nacidos, celibato, género... 13 conclusiones del Sínodo de la Sinodalidad

Recogidas en el Informe de Síntesis,
de cara a su segunda fase en octubre de 2024


La noche de este sábado se presentó el Informe de Síntesis con las principales conclusiones de la primera dase del Sínodo de la Sinodalidad, concluido este 29 de octubre y que espera retomarse en octubre de 2024.


 

Durante la noche de este sábado concluyeron los trabajos de la primera fase del Sínodo de la Sinodalidad, que fue clausurado por el Papa Francisco con una misa en la mañana de este domingo.

Como parte de la clausura, el Informe de Síntesis  que recoge las conclusiones del sínodo fue aprobado por práctica unanimidad de los presentes con derecho a voto: aunque en un principio eran 365 miembros con esta premisa, fueron 344 los que votaron de forma definitiva, después de que cardenales como Ludwig Müller y Pierbattista Pizzaballa o los obispos Yao Shun o Yang Yonquiang se retirasen a lo largo del proceso.

El documento aprobado, el Informe de Síntesis, aborda multitud de temáticas esperadas como la sinodalidad, la misión, la pobreza y los migrantes, el papel de la mujer y los laicos en la Iglesia, los abusos, la reestructuración de la administración eclesial o el clericalismo. Algunos de ellos suscitaron polémica desde momentos previos al sínodo, como pudieron ser el diaconado femenino o el debate climático: si bien carecen de conclusiones definitivas, salpican el texto definitivo en varias ocasiones.

Destacamos algunos de los aspectos centrales del documento y sus conclusiones:

1º La sinodalidad, un término "desconocido" y resistido

Vatican News destaca primeramente que entre los primeros puntos del documento se admite que el mismo término de "sinodalidad" no solo es "desconocido para muchos", sino que también "suscita confusión y preocupación en algunos".

"Sinodal y sinodalidad son, en cambio, términos que "indican un modo de ser Iglesia que articula comunión, misión y participación" y que "no puede prescindir de sus voces". Por ello, se destaca la necesidad de "comprender las razones de la resistencia a la sinodalidad", especialmente de cara al futuro y la segunda fase del sínodo en octubre de 2024.

2º Un lenguaje litúrgico más accesible y "encarnado" en la diversidad

Según se desprende del documento, se muestra una "necesidad" que "las comunidades cristianas compartan la fraternidad con hombres y mujeres de otras religiones, convicciones y culturas, evitando, por un lado, el riesgo de la autorreferencialidad y la autopreservación y, por otro, el de la pérdida de identidad" (2 e). En este nuevo "estilo pastoral", parece importante para muchos hacer "el lenguaje litúrgico más accesible a los fieles y más encarnado en la diversidad de las culturas" (3 l).

3º Por los pobres, en sentido amplio: desde el no nacido hasta el indígena

Uno de los temas centrales del documento es el de la pobreza y los descartados, categoría que para la Iglesia es teológica "antes que cultural, sociológica, política o filosófica". A la hora de definir la pobreza, no se limita el término a la población con escasos recursos, sino que también se identifica como tal "a los migrantes, los indígenas, las víctimas de la violencia, los abusos (especialmente las mujeres), el racismo y la trata, las personas con adicciones, las minorías, los ancianos abandonados, los trabajadores explotados".

El documento tiene también claras connotaciones en defensa de la vida, pues también se incluye en esta categoría a "los más vulnerables entre los vulnerables, los niños en el vientre materno y sus madres", siendo "necesaria una defensa constante" sobre  estos.

Miembros del sínodo, con el Papa Francisco.

Miembros del sínodo, con el Papa Francisco. 

4º Promoción de la mujer y "conversión" frente al abuso

El de la mujer fue otro de los temas centrales que se trataron en la primera fase del sínodo. El informe de síntesis, partiendo de la base de que "en Cristo, mujer y hombre están revestidos de la misma dignidad bautismal", llama a una "comunión caracterizada por una corresponsabilidad no competitiva" que "debe encarnarse en todos los niveles de la vida de la Iglesia". Así, entre otros aspectos, los firmantes "piden a la Iglesia que crezca en el compromiso de comprender y acompañar a las mujeres" desde lo pastoral y sacramental.

Considerando que a menudo "constituyen la mayoría de quienes asisten a las iglesias" o que "son las primeras misioneras de la fe en la familia", el documento insta a que el "acompañamiento y promoción decisiva de las mujeres" deben ir de la mano.

El sínodo también habló de "una Iglesia que duele" debido a un "clericalismo, machismo y uso inadecuado de la autoridad que continúan desfigurando el rostro de la Iglesia". En este sentido, los firmantes destacan la "necesidad de una profunda conversión espiritual" que aborde el "abuso sexual y el abuso de poder", así como de una "renovación de relaciones y cambios estructurales" para "mejorar la participación y contribución de todos".    

5º Mayor liderazgo femenino: a la espera la sentencia sobre las "diaconisas"

Se aprobó también la necesidad de "garantizar que las mujeres puedan participar en procesos de toma de decisiones, liderazgo y responsabilidad -pastoral, enseñanza en seminarios, procesos canónicos-", si bien el acceso al diaconado de mujeres forma parte de un debate "conectado a la reflexión más amplia sobre la teología del diaconado".

Los "padres y madres" del Sínodo piden continuar "la investigación teológica y pastoral sobre el acceso de las mujeres al diaconado", utilizando los resultados de las comisiones especialmente creadas por el Papa y las investigaciones teológicas, históricas y exegéticas ya realizadas: "Si es posible, los resultados deberían presentarse en la próxima Sesión de la Asamblea" (9 n), recoge Vatican News.

6º Retomar la cuestión de celibato: "Valor profético y conformación a Cristo"

Se mencionó el tema del celibato, que suscitó distintas valoraciones durante la asamblea. "Todos -se lee en el Informe final- aprecian su valor profético y el testimonio de conformación a Cristo; algunos se preguntan si su adecuación teológica con el ministerio presbiteral debe traducirse necesariamente en la Iglesia latina en una obligación disciplinar, sobre todo allí donde los contextos eclesiales y culturales lo hacen más difícil. No se trata de un tema nuevo, que requiere ser retomado".

Congregación General del Sínodo. 

Congregación General del Sínodo en el aula Pablo VI del Vaticano. 

7º Más y mejor formación afectivo sexual, especialmente a jóvenes con vocación

El Informe recomienda también "profundizar en el tema de la educación afectiva y sexual, acompañar a los jóvenes en su camino de crecimiento y apoyar la maduración afectiva de los llamados al celibato y a la castidad consagrada" (14 g).

8º Género, final de la vida o Inteligencia Artificial: "Es importante tomarse tiempo"

Se encomienda que este "profundizar" vaya de la mano con un "diálogo con las ciencias humanas" (14 h) para desarrollar "cuestiones controvertidas incluso dentro de la Iglesia" (15 b), que "plantean nuevos interrogantes" para la Iglesia (15g) por lo que "es importante tomarse el tiempo necesario para esta reflexión e invertir en ella las mejores energías". Se pide, eso sí, hacerlo "sin ceder a juicios simplificadores que dañan a las personas y al Cuerpo de la Iglesia", y recordando que "muchas indicaciones son ya ofrecidas por el Magisterio y esperan ser traducidas en iniciativas pastorales adecuadas".

Entre estas "cuestiones controvertidas se mencionan las "relacionadas con la identidad de género y la orientación sexual, el final de la vida, las situaciones matrimoniales difíciles y los problemas éticos relacionados con la inteligencia artificial".

9º Escucha a quienes se sienten "marginados" por su "situación o identidad"

Se renueva la invitación a una escucha "auténtica" de "las personas que se sienten marginadas o excluidas de la Iglesia, a causa de su situación conyugal, su identidad y su sexualidad" y que "piden ser escuchadas y acompañadas, y que se defienda su dignidad". Su deseo es "volver a casa", a la Iglesia, y "ser escuchados y respetados, sin miedo a sentirse juzgados", afirma la Asamblea, reafirmando que "los cristianos no pueden faltar al respeto a la dignidad de ninguna persona" (16 h).

10º Migrantes: "Acogida abierta" y "reconocer errores cometidos"

El documento también presta atención a los migrantes, "muchos de los cuales cargan con las heridas del desarraigo, la guerra y la violencia" y que "se convierten en una fuente de renovación y enriquecimiento para las comunidades que los acogen y en una oportunidad para establecer un vínculo directo con Iglesias geográficamente distantes" (5d).

El Sínodo también invita "a practicar una acogida abierta, a acompañarles en la construcción de un nuevo proyecto de vida y a edificar una verdadera comunión intercultural entre los pueblos".

En este sentido, se llama también al "respeto de las tradiciones litúrgicas y de las prácticas religiosas", así como del lenguaje.

Como ejemplo, el documento del sínodo recoge que palabras como "misión", en aquellos contextos en los que "el anuncio del Evangelio ha estado asociado a la colonización e incluso al genocidio", implica "un doloroso legado histórico" y dificulta la comunión (5 e): "Evangelizar en estos contextos exige reconocer los errores cometidos, aprender una nueva sensibilidad ante estas cuestiones".

11º "Combatir el racismo y la xenofobia"

En este sentido, el documento llama a potenciar "la educación para una cultura del diálogo y del encuentro, combatiendo el racismo y la xenofobia, especialmente en los programas de formación pastoral" (5 p). También a "identificar los sistemas que crean o mantienen la injusticia racial dentro de la Iglesia y combatirlos" (5 q).

12º "Arrepentimiento y sanación" para avanzar en ecumenismo

En cuanto al ecumenismo, habla de una "renovación espiritual" que requiere "procesos de arrepentimiento" y de "sanación de la memoria" (7c); luego cita la expresión del Papa de un "ecumenismo de la sangre", es decir, "cristianos de distintas filiaciones que juntos dan su vida por la fe en Cristo" (7d) y relanza la propuesta de un martirologio ecuménico (7o). El Informe reitera también que "la colaboración entre todos los cristianos" es un recurso "para sanar la cultura del odio, la división y la guerra que enfrenta a grupos, pueblos y naciones". No olvida la cuestión de los llamados matrimonios mixtos, que son realidades en las que "podemos evangelizarnos mutuamente" (7 f).

13º Poligamia: acompañamiento y discernimiento

A la luz de las experiencias relatadas en la asamblea por algunos miembros del Sínodo procedentes de África, se anima al SECAM (Simposio de Conferencias Episcopales de África y Madagascar) a promover "un discernimiento teológico y pastoral" sobre la cuestión de la poligamia y "el acompañamiento de las personas en uniones polígamas que se acercan a la fe" (16 q)

José María Carrera, ReL














jueves, 26 de octubre de 2023

Esta es la Carta al Pueblo de Dios, aprobada por el Sínodo: ¿qué dice y para qué sirve?

Este miércoles se hizo pública la Carta al Pueblo de Dios, un texto no muy largo aprobado por los participantes del Sínodo de la Sinodalidad en Roma.

El texto parece cumplir varias funciones:

- ser un documento accesible, que se pueda leer en parroquias y grupos, acercando el Sínodo a los feligreses de a pie;
- intentar mostrar que durante tres semanas de Sínodo de la Sinodalidad se han hecho cosas;
- insistir en que en esta fase el Sínodo consiste en escucha y oración;
- enumerar categorías de personas, en la Iglesia y fuera, en las que los se piensa y, en teoría, a las que se escucha.

El texto destaca una única novedad: es la primera vez que en un Sínodo de Obispos, hay laicos ("hombres y mujeres, en virtud de su bautismo") no solo dando ideas sino votando.

El texto menciona el método empleado ("la conversación en el Espíritu") y el objetivo: "discernir lo que el Espíritu Santo quiere decir a la Iglesia hoy".

Actividades realizadas: rezar "por las víctimas de la violencia homicida, sin olvidar a todos a los que la miseria y la corrupción les han arrojado a los peligrosos caminos de la emigración"; asegurar "solidaridad y compromiso" a los "artesanos de justicia y de paz"; en la vigilia ecuménica inicial, experimentar que "la sed de unidad crece en la contemplación silenciosa de Cristo crucificado".

Apenas se menciona nada de tema ecológico, sólo una alusión a que "resuenan, cada vez con mayor urgencia, el clamor de la tierra y el clamor de los pobres".

Además de la Virgen, se menciona sólo a un santo, Santa Teresita de Lisieux, sobre la que el Papa ha publicado estos días una exhortación apostólica. Usan una frase de la santa: "'Es la confianza' lo que nos da la audacia y la libertad interior que hemos experimentado".

En la última parte del texto, se intenta enumerar un listado de tipos de personas a las que la Iglesia, dicen, debe escuchar (como hay que escuchar a todos, es una especie de clasificación de la humanidad). Así, figuran en este orden:

- los que no tienen derecho a la palabra en la sociedad;
- los que "se sienten excluidos, también de la Iglesia";
- las víctimas del racismo;
- los pueblos indígenas cuyas culturas han sido humilladas;
- las víctimas de abusos cometidos por miembros del cuerpo eclesial;
- a los laicos, a las mujeres y a los hombres;
- el testimonio de los catequistas;
- la sencillez y la vivacidad de los niños, el entusiasmo de los jóvenes;
- los sueños de los ancianos, su sabiduría y su memoria;
- las familias, sus preocupaciones educativas;
- los que "desean ser involucrados en ministerios laicales o en organismos participativos de discernimiento y de decisión";
- los sacerdotes, "primeros colaboradores de los obispos, cuyo ministerio sacramental es indispensable en la vida de todo el cuerpo";
- los diáconos, "representan la preocupación por el servicio a los más vulnerables".
- "la voz profética de la vida consagrada, centinela vigilante de las llamadas del Espíritu".
- los que no tienen la fe católica "pero que buscan la verdad, y en los que está presente y activo el Espíritu".

El texto finaliza con una invocación a la Virgen María ("ella nos muestra a su Hijo y nos invita a la confianza") y el reconocimiento de que "es Él, Jesús, nuestra única esperanza".

A continuación, el texto íntegro.

El Sínodo de la Sinodalidad se realiza en grupos en mesas redondas, con laicos, sacerdotes y obispos en cada mesa

El Sínodo de la Sinodalidad se realiza en grupos en mesas redondas, con laicos, consagradas, sacerdotes y obispos en cada mesa.

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Carta al Pueblo de Dios: La sinodalidad es el camino de la Iglesia del tercer milenio

Carta de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos al Pueblo de Dios, aprobada por la Asamblea Sinodal.

Queridas hermanas, queridos hermanos:

Cuando se acerca la conclusión de los trabajos de la primera sesión de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, queremos, con todos vosotros, dar gracias a Dios por la hermosa y rica experiencia que acabamos de vivir. Este tiempo bendecido lo hemos vivido en profunda comunión con todos vosotros. Hemos sido sostenidos por vuestras oraciones, llevando con nosotros vuestras expectativas, vuestras preguntas y también vuestros miedos.

Han pasado ya dos años desde que, a petición del Papa Francisco, se inició un largo proceso de escucha y discernimiento, abierto a todo el pueblo de Dios, sin excluir a nadie para “caminar juntos”, bajo la guía del Espíritu Santo, discípulos misioneros siguiendo a Jesucristo.

La sesión que nos ha reunido en Roma desde el 30 de septiembre constituye una etapa importante en este proceso. Por muchos motivos, ha sido una experiencia sin precedentes. Por primera vez, por invitación del Papa Francisco, hombres y mujeres han sido invitados, en virtud de su bautismo, a sentarse en la misma mesa para formar parte no solo de las discusiones, sino también de las votaciones de esta Asamblea del Sínodo de los Obispos.

Juntos, en la complementariedad de nuestras vocaciones, de nuestros carismas y de nuestros ministerios, hemos escuchado intensamente la Palabra de Dios y la experiencia de los demás. Utilizando el método de la conversación en el Espíritu, hemos compartido con humildad las riquezas y las pobrezas de nuestras comunidades en todos los continentes, tratando de discernir lo que el Espíritu Santo quiere decir a la Iglesia hoy.

Así hemos experimentado también la importancia de favorecer intercambios recíprocos entre la tradición latina y las tradiciones del Oriente cristiano. La participación de delegados fraternos de otras Iglesias y Comunidades eclesiales ha enriquecido profundamente nuestros debates. Nuestra asamblea se ha llevado a cabo en el contexto de un mundo en crisis, cuyas heridas y escandalosas desigualdades han resonado dolorosamente en nuestros corazones y han dado a nuestros trabajos una gravedad peculiar, más aún cuando algunos de nosotros venimos de países en los que la guerra se intensifica.

Hemos rezado por las víctimas de la violencia homicida, sin olvidar a todos a los que la miseria y la corrupción les han arrojado a los peligrosos caminos de la emigración. Hemos garantizado nuestra solidaridad y nuestro compromiso al lado de las mujeres y de los hombres que en cualquier lugar del mundo actúan como artesanos de justicia y de paz.

Por invitación del Santo Padre, hemos dado un espacio importante al silencio, para favorecer entre nosotros la escucha respetuosa y el deseo de comunión en el Espíritu. Durante la vigilia ecuménica de apertura, experimentamos cómo la sed de unidad crece en la contemplación silenciosa de Cristo crucificado. “La cruz es, de hecho, la única cátedra de Aquel que, dando su vida por la salvación del mundo, encomendó sus discípulos al Padre, para que ‘todos sean uno’ (Jn 17,21).

Firmemente unidos en la esperanza que nos da Su Resurrección, Le hemos encomendado nuestra Casa común, donde resuenan, cada vez con mayor urgencia, el clamor de la tierra y el clamor de los pobres: ‘¡Laudate Deum!’”, recordó el Papa Francisco precisamente al inicio de nuestros trabajos. Día tras día, hemos sentido el apremiante llamamiento a la conversión pastoral y misionera. Porque la vocación de la Iglesia es anunciar el Evangelio no concentrándose en sí misma, sino poniéndose al servicio del amor infinito con el que Dios ama el mundo (cf. Jn 3,16).

Ante la pregunta de qué esperan de la Iglesia con ocasión de este sínodo, algunas personas sin hogar que viven en los alrededores de la Plaza de San Pedro respondieron: “¡Amor!” Este amor debe seguir siendo siempre el corazón ardiente de la Iglesia, amor trinitario y eucarístico, como recordó el Papa, evocando el 15 de octubre, en la mitad del camino de nuestra asamblea, el mensaje de Santa Teresa del Niño Jesús. “Es la confianza” lo que nos da la audacia y la libertad interior que hemos experimentado, sin dudar en expresar nuestras convergencias y nuestras diferencias, nuestros deseos y nuestras preguntas, libremente y humildemente.

¿Y ahora? Esperamos que los meses que nos separan de la segunda sesión, en octubre de 2024, permitan a cada uno participar concretamente en el dinamismo de la comunión misionera indicada en la palabra “sínodo”. No se trata de una ideología, sino de una experiencia arraigada en la Tradición Apostólica. Como nos recordó el Papa al inicio de este proceso: “Si no se cultiva una praxis eclesial que exprese la sinodalidad […] promoviendo la implicación real de todos y cada uno, la comunión y la misión corren el peligro de quedarse como términos un poco abstractos” (9 de octubre de 2021). Los desafíos son múltiples y las preguntas numerosas: la relación de síntesis de la primera sesión aclarará los puntos de acuerdo alcanzados, evidenciará las cuestiones abiertas e indicará cómo continuar el trabajo”.

Para progresar en su discernimiento, la Iglesia necesita absolutamente escuchar a todos, comenzando por los más pobres. Eso requiere, por su parte, un camino de conversión, que es también un camino de alabanza: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños” ( Lc 10,21). Se trata de escuchar a aquellos que no tienen derecho a la palabra en la sociedad o que se sienten excluidos, también de la Iglesia. Escuchar a las personas víctimas del racismo en todas sus formas, en particular en algunas regiones de los pueblos indígenas cuyas culturas han sido humilladas. Sobre todo, la Iglesia de nuestro tiempo tiene el deber de escuchar, con espíritu de conversión, a aquellos que han sido víctimas de abusos cometidos por miembros del cuerpo eclesial, y de comprometerse concretamente y estructuralmente para que eso no vuelva a suceder.

La Iglesia necesita también escuchar a los laicos, a las mujeres y a los hombres, todos llamados a la santidad en virtud de su vocación bautismal: el testimonio de los catequistas, que en muchas situaciones son los primeros en anunciar el Evangelio; la sencillez y la vivacidad de los niños, el entusiasmo de los jóvenes, sus preguntas y sus peticiones; los sueños de los ancianos, su sabiduría y su memoria. La Iglesia necesita escuchar a las familias, sus preocupaciones educativas, el testimonio cristiano que ofrecen en el mundo de hoy. Necesita acoger las voces de aquellos que desean ser involucrados en ministerios laicales o en organismos participativos de discernimiento y de decisión. La Iglesia necesita particularmente, para progresar en el discernimiento sinodal, recoger todavía más las palabras y la experiencia de los ministros ordenados: los sacerdotes, primeros colaboradores de los obispos, cuyo ministerio sacramental es indispensable en la vida de todo el cuerpo; los diáconos, que a través de su ministerio representan la preocupación de toda la Iglesia por el servicio a los más vulnerables. Debe también dejarse interpelar por la voz profética de la vida consagrada, centinela vigilante de las llamadas del Espíritu. Y debe también estar atenta a aquellos que no comparten su fe, pero que buscan la verdad, y en los que está presente y activo el Espíritu, Él que ofrece “a todos la posibilidad de que, en la forma de sólo Dios conocida, se asocien a este misterio pascual” (Gaudium et spes 22).

“El mundo en el que vivimos, y que estamos llamados a amar y servir también en sus contradicciones, exige de la Iglesia el fortalecimiento de las sinergias en todos los ámbitos de su misión. Precisamente el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio” (Papa Francisco, 17 de octubre de 2015). No debemos tener miedo de responder a esta llamada. La Virgen María, primera en el camino, nos acompaña en nuestro peregrinaje. En las alegrías y en los dolores Ella nos muestra a su Hijo y nos invita a la confianza. ¡Es Él, Jesús, nuestra única esperanza!

Ciudad del Vaticano, 25 de octubre de 2023

P.J.G., ReL

                    Vea también      Los 7 principios de la doctrina social
                                      de la Iglesia

















miércoles, 26 de abril de 2023

Mujeres y laicos, con voz y voto en el Sínodo

Pope-Francis-Audience-February-15-2023

Presentadas las novedades del Sínodo de la Sinodalidad.

Se presentaron en Roma las novedades que tendrá la próxima XVI  Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, prevista para octubre de 2023.

Los Cardenales Mario Grech y Jean-Claude Hollerich, Secretario General y Relator General del Sínodo respectivamente, lo explicaron a los periodistas en la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

La gran novedad tiene que ver con la composición de la Asamblea y el tipo de participantes, que se justifican en el contexto del proceso sinodal, sin cambiar la naturaleza episcopal.

“En primer lugar, los diez clérigos pertenecientes a institutos de vida consagrada, elegidos por las respectivas organizaciones que representan a los Superiores Generales, ya no están presentes”, explica Vatican News. Estos serán sustituidos por cinco religiosas y cinco religiosos pertenecientes a institutos de vida consagrada, elegidos por las respectivas organizaciones representativas de las Superioras Generales y de los Superiores Generales. Como miembros tienen derecho a voto y esta es una de las grandes novedades. Por primera vez mujeres tendrán derecho a voto.

De igual manera, explicaron, ya no habrá auditores, pero añaden otros 70 miembros no Obispos, «que representan a otros fieles del Pueblo de Dios (sacerdotes, personas consagradas, diáconos, fieles laicos) y que proceden de las Iglesias locales».

Estos fieles, explicaron, «son elegidos por el Papa de una lista de 140 personas indicadas (y no elegidas) por las siete Reuniones Internacionales de las Conferencias Episcopales y la Asamblea de Patriarcas de las Iglesias Orientales Católicas (20 por cada una de estas realidades eclesiales)». También tendrán derecho a voto.

Alvaro Real, Aleteia 

VEa también      Los Jóvenes, la Fe y el Discernimiento Vocacional - Sínodo 2018























miércoles, 15 de marzo de 2023

Declaraciones de un obispo alemán que votó contra los textos de la V Asamblea sinodal Alemana

Monseñor Stefan Oster. Foto: Il Foglio

El obispo consideró que aún se necesita renovación, profundización y fortalecimiento de la fe. Y el hecho de que en ninguna asamblea se haya tratado este tema muestra que también existen problemas estructurales.

 

(ZENIT Noticias / Passau, 14.03.2023).- La quinta reunión del Camino Sinodal de la Iglesia en Alemania tuvo lugar en Fráncfort. Monseñor Stefan Oster intervino durante el debate sobre tres textos de acción individual (bendición de celebraciones para parejas que se aman; tratamiento de la diversidad de género; consultar y decidir juntos) en las tres declaraciones siguientes (traducidas por ZENIT del alemán). El obispo Stefan también fue invitado a dar una breve impresión/impulso en la misa de clausura en la catedral de San Bartolomé de Fráncfort.

1ª Declaración

El Papa Francisco ha descrito a la Iglesia como un hospital de campaña y la ha invitado a dejarse herir y desgastar por el mundo y el encuentro con las personas. Esta llamada se dirige a nosotros como pueblo de la Iglesia, a todos nosotros. Quien se deja herir es capaz de amar. Al mismo tiempo, la Iglesia está llamada a ser ella misma sacramento -y a serlo cada vez más-, especialmente en la vida de sus relaciones, que incluyen también la comunión sexual. Esto incluye el entrelazamiento de la verdad y el amor. Por lo tanto, creemos que la bendición de la Iglesia a las relaciones de pareja tiene que ver con la ordenación hacia el todo de la comunión cuerpo-alma, la asociación y la fecundidad. El presente texto se entiende en el sentido de acompañamiento de la pastoral, y en esto sí que tenemos necesidad de aprender. Pero como el texto incluye todas las relaciones de pareja imaginables y no disponemos de un texto básico teológico-antropológico correspondiente y tampoco de las diferenciaciones necesarias, en realidad abre la puerta a la arbitrariedad y, en mi opinión, no puede aprobarse.

2ª Declaración

No hay duda de que como Iglesia tenemos mucho que hacer para ponernos al día en las muchas cuestiones que rodean la identidad de género de las personas. Esto es especialmente cierto cuando se trata de tratar con personas que se sienten incomprendidas o marginadas. En mi opinión, basándonos en nuestra antropología tradicional, sólo estamos al principio en la comprensión de los fenómenos mencionados. Por ejemplo, hablamos del término «identidad» como si todos entendiéramos ya lo que queremos decir con él. En múltiples conversaciones serias con personas queer, esto me ha quedado muy claro. Y casi nunca añadimos que nuestro cristianismo significa crecer hacia una identidad específica, nueva. Según Jesús, estamos llamados a nacer de nuevo o, con Pablo, a ser nuevas criaturas en Cristo. Y lo que tal experiencia existencial cristiana de la identidad hace con todo lo que luego también contribuye a la búsqueda de identidad de las personas, en mi opinión, ni siquiera se considera en el presente texto. Por lo tanto, todavía no lo considero aceptable.

3ª Declaración

Desde mi punto de vista, la sinodalidad es un aspecto sumamente esencial que el Papa Francisco ha introducido recientemente en la Iglesia universal y en el que se ha desplegado una nueva dinámica. En 2018, en el Sínodo de los Obispos sobre los Jóvenes, pude comprender más profundamente lo que él entiende por sinodalidad. Estoy muy contento de seguir este camino y también pretendo vivir y desarrollar la sinodalidad en mi diócesis. Sin embargo, estoy experimentando una especie de sinodalidad aquí en el camino sinodal, que en mi opinión contradice la comprensión del Papa en bastantes puntos. Los dos llamamientos de la tarde de los dos miembros del Comité Ejecutivo confirmaron claramente una vez más esta impresión, al igual que la declaración anterior de Thomas Söding.

Por otra parte, el Papa nos ha dado una directiva clara con respecto a esta Asamblea, y me siento vinculado a ella. Por tanto, esperaré a ver qué propone el Sínodo de los Obispos a nivel mundial sobre el tema y no estaré de acuerdo con el texto presentado aquí.

4o Breve impulso final

Queridos hermanos y hermanas en la fe, queridos miembros del Sínodo,

La mayoría de vosotros sabéis que soy escéptico respecto a algunos de los textos clave adoptados por el Camino sinodal. Por supuesto, creo que nuestra Iglesia necesita urgentemente una renovación, y también una renovación sistémica. Y estamos aplicando intensamente cambios institucionales concretos en el sistema en todas partes. Pero necesitamos todavía más la renovación de la fe, la profundización de la fe, el fortalecimiento de la fe. Y el hecho de que nuestras cinco Asambleas Sinodales no hayan tratado este tema en particular muestra también que aquí tenemos problemas estructurales; pero al mismo tiempo también sentimos una cierta impotencia, especialmente en relación con lo que el Papa Francisco entiende por evangelización. Y por lo tanto, incluso después de esta Asamblea Sinodal, probablemente pasará mucho tiempo antes de que podamos decir: La Iglesia ha superado su crisis. Y, sin embargo: quiero absolutamente seguir aferrándome a esa fe del pueblo de Dios que se expresa hoy en la lectura del libro del profeta Miqueas. Que Dios permanece con nosotros, camina con nosotros y que siempre tiene misericordia de nosotros. Y no quiero dejar de insinuar a los que en nuestra iglesia piensan y creen de forma diferente a la mía que ellos también quieren el bien para esta iglesia.

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domingo, 10 de octubre de 2021

«¿Preferimos refugiarnos en las excusas del “no hace falta” o del “siempre se ha hecho así"?»

Francisco abre un sínodo para liberarnos «de nuestros modelos pastorales repetitivos»

El Papa apuntó como tarea para el sínodo
 el «liberarnos de modelos pastorales repetitivos».

 El Sínodo sobre la Sinodalidad, que arrancará en todo el mundo la semana que viene en su fase diocesana y concluirá en el Vaticano en octubre de 2023, quedó formalmente abierto este domingo con la misa que ofició el Papa en la basílica de San Pedro.

"La Palabra nos abre al discernimiento y lo ilumina, orienta el Sínodo para que no sea una 'convención' eclesial, una conferencia de estudios o un congreso político, para que no sea un parlamento, sino un acontecimiento de gracia, un proceso de sanación guiado por el Espíritu", sintetizó Francisco al finalizar su homilía, referida siempre al encuentro de Jesucristo con un hombre rico que quería seguirle (Mc 10, 17-22): "Jesús nos llama en estos días a vaciarnos, a liberarnos de lo que es mundano, y también de nuestras cerrazones y de nuestros modelos pastorales repetitivos; a interrogarnos sobre lo que Dios nos quiere decir en este tiempo y en qué dirección quiere orientarnos".

Son mensajes que ya había trasladado el sábado a los participantes sinodales, y sobre los que abundó al inaugurar el largo evento: "Hoy, al dar inicio al itinerario sinodal, todos omenzamos preguntándonos: nosotros, comunidad cristiana, ¿encarnamos el estilo de Dios, que camina en la historia y comparte las vicisitudes de la humanidad? ¿Estamos dispuestos a la aventura del camino o, temerosos ante lo incierto, preferimos refugiarnos en las excusas del 'no hace falta' o del 'siempre se ha hecho así'?"

Se trata, resaltó, de "caminar juntos en la misma dirección", y para ello definió los calificados como "verbos del sínodo", a saber: "Encontrar, escuchar, discernir".

Encontrar

"Encontrar" forma parte de "la cercanía de Jesús", porque Él sabe que "un encuentro puede cambiar la vida". Por eso en el Evangelio abundan encuentros con los que Cristo reanima y sana: "Jesús no tenía prisa, no miraba el reloj para terminar rápido el encuentro. Siempre estaba al servicio de la persona que encontraba, para escucharla".

Esto es una lección para el sínodo, que no consiste "en organizar eventos o en hacer una reflexión teórica de los problemas, sino, ante todo, en tomarnos tiempo para estar con el Señor y favorecer el encuentro entre nosotros". También con tiempo para la oración, para  "dar espacio a la adoración a lo que el Espíritu quiere decir a la Iglesia".

Interior de la basílica de San Pedro.

La basílica de San Pedro presentó para la apertura del sínodo una asistencia más parecida a los tiempos anteriores a la pandemia. Foto: Captura Vatican Media.

"A menudo preferimos refugiarnos en relaciones formales o usar máscaras de circunstancia", lamentó, con un espíritu "clerical y de corte (soy más monsieur l’abbé que padre)", pero "el encuentro nos cambia y con frecuencia nos sugiere nuevos caminos que no pensábamos recorrer". Por eso pidió tener "encuentros auténticos con Él y entre nosotros... sin formalismos, sin falsedades, sin maquillajes".

Escuchar

El Papa recordó, al comentar el segundo verbo que ha de definir el sínodo, "escuchar", que Jesús lo hacía "sin prisa" y sin "miedo de escucharlo con el corazón y no sólo con los oídos". No daba respuestas formales, ni ofrecía soluciones prefabricadas, sino fingía responder con amabilidad solo para librarse de quien le hablaba: "Cuando escuchamos con el corazón sucede esto: el otro se siente acogido, no juzgado, libre para contar la propia experiencia de vida y el propio camino espiritual".

Para el recorrido sinodal, Francisco pidió lo mismo: "¿Permitimos a las personas que se expresen, que caminen en la fe aun cuando tengan recorridos de vida difíciles, que contribuyan a la vida de la comunidad sin que se les pongan trabas, sin que sean rechazadas o juzgadas?"

"Hacer sínodo", recalcó, "es descubrir con asombro que el Espíritu Santo siempre sopla de modo sorprendente, sugiriendo recorridos y lenguajes nuevos. Es un ejercicio lento, quizá fatigoso, para aprender a escucharnos mutuamente evitando respuestas artificiales y superficiales, respuestas prêt-à-porter, no... No insonoricemos el corazón, no nos blindemos dentro de nuestras certezas. Las certezas muchas veces nos cierran".

Discernir

En cuanto al discernimiento, corona los verbos anteriores, pues "el encuentro y la escucha recíproca no son algo que acaba en sí mismo, que deja las cosas tal como están. Al contrario, cuando entramos en diálogo, iniciamos el debate y el camino, y al final no somos los mismos de antes, hemos cambiado".

Es el diálogo el que ayuda a discernir, dijo el Papa, y en ese sentido "el sínodo es un camino de discernimiento espiritual, de discernimiento eclesial, que se realiza en la adoración, en la oración, en contacto con la Palabra de Dios".

Reflexión sobre la fe en el Angelus

En el Ángelus que rezó el Papa posteriormente ante los fieles congregados en la Plaza de San Pedro, volvió a referirse al episodio del encuentro de Cristo con el hombre rico, pero aquí Francisco puso el foco sobre la fe para interrogarse sobre ella.

El Papa en el Angelus.

Antes del rezo del Ángelus, el Papa continuó reflexionando sobre el episodio del hombre rico. Foto: captura Vatican Media.

"Si principalmente [la fe] es un deber o una moneda de cambio, vamos descaminados, porque la salvación es un don y no un deber, es gratuita y no se puede comprar", precisó.

El Evangelio dice que Jesús "amó" a su interlocutor cuando le escuchó plantearle sus inquietudes. La fe "nace de una mirada de amor", añadió Francisco, y por eso "la vida cristiana es hermosa, porque no se basa sobre nuestras capacidades o nuestros proyectos, sino sobre la mirada de Dios". Si tu fe está cansada y quieres revigorizarla, aconsejó el Papa, "busca la mirada de Dios, ponte en adoración, déjate perdonar en la confesión, vete ante el Crucifijo; en resumen, déjate amar por Él".

"Una fe sin don, una fe sin gratuidad, es una fe incompleta, es una fe débil, una fe enferma", concluyó, comparándola a una comida sin sabor o a un partido de fútbol sin goles: "Una fe sin obras de caridad, al final entristece".

ReL

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