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sábado, 11 de enero de 2020

¿Quieres que tu oración sea efectiva? No olvides esto

Si tu única relación con Dios es pedirle cosas, ábrete a nuevas formas de orar y verás



Cuando oras, el Señor te escucha. Puedes pedirle todo, para ti y para tus seres queridos. ¡Pero presta atención a cómo formulas tu petición!
El verbo orar ha tomado un significado limitado. Ahora, a menudo es sinónimo de pedir. Es una pena, porque muchos ignoran que su vida espiritual podría ser más rica y más profunda. ¿Cómo descubrir otras facetas de la oración cristiana?
Son numerosas: la adoración, la alabanza, la acción de gracias, la contemplación, la escucha de la Palabra de Dios, la mera presencia en Dios.
Además, esto distorsiona tu relación con el Señor. Son los sempiternos clientes de una divinidad especializada en la protección de todo riesgo, la reparación universal, la solución de problemas insolubles, el trío ganador en todo momento.
Finalmente, solo piensan en Dios cuando las cosas van mal. Esto es mejor que no pensar nunca en él. Pero es una pena. Es como aquel que cada vez que se encuentra con su amigo, le dice: “¿No podrías darme un euro?”.

No está prohibido pedir


PRAYING
Microgen | Shutterstock

Pide, te lo darán; busca, encontrarás; llama, te abrirán (Mt 7: 7). Las parábolas hablan del padre que le da a su hijo lo que necesita, el amigo que satisface las necesidades de su amigo (Mateo 7, 11; Lucas 11, 5).
Así nosotros podemos presentar nuestras peticiones al Señor con sencillez y con una gran confianza.
Pero no es siempre por la súplica como hay que comenzar la oración. Sería grosero pedirle a Dios que se interese por nosotros sin primero interesarnos por Él.
Este es el orden de la oración que el Padre Nuestro nos enseña: “Tu nombre, tu reino, tu voluntad” viene antes de “nuestro pan, nuestro perdón, nuestra protección en la tentación y nuestra liberación del Mal“.
Es por eso que san Pablo insiste en que la oración de petición se envuelva con la oración de alabanza. Esta es su invitación: “persevera en la oración en la acción de gracias” (Col 4: 2) y “da a conocer a Dios tus peticiones mediante la oración y la súplica con acción de gracias” (Fil 4: 6).
Fue de esta manera que Jesús oró por la resurrección de Lázaro: “Padre, te doy gracias porque me has escuchado” (Jn 11:41).

Aprende a pedir con fe y de manera justa


PRAYER
Suzanne Tucker|Shutterstock

Cuando formulamos una intención de oración, no es para informar a Dios: Él sabe mejor que nosotros cuáles son nuestras necesidades y las del mundo. Tampoco es para influirlo: no tenemos que defender nuestra causa, porque el Padre nos ama.
La oración de pedido no apunta a cambiar Dios, sino a cambiarnos, nosotros. Ella nos abre y abre este mundo a los deseos de Dios y a sus gracias.
Es por eso que Jesús nos invita a orar “en su Nombre” (y no “invocando su nombre”: esta traducción litúrgica que pretende explicitar una fórmula enigmática solo la atenúa).
En su Nombre (Jn 16: 23-24), es decir en su lugar, de este lugar que es el suyo. Orar como él, en él, como el verdadero Hijo de Dios.
Entonces, poco a poco, la distancia se reduce entre lo que queremos y lo que Dios quiere, entre su voluntad y la nuestra. Entonces podemos pedir todo, y nuestra oración será siempre respondida.
Esta purificación y esta profundización de la intercesión no se hacen en cinco minutos. Se necesita tiempo para que nuestras oraciones paganas se conviertan en oraciones cristianas.
Hay un eco de esto en las parábolas que invitan a la perseverancia en la súplica. La respuesta se hace esperar no porque la central telefónica en el Cielo esté saturada, sino porque las llamadas desde la Tierra aún no son lo suficientemente verdaderas, puras, humildes, fuertes.
Por el padre Alain Bandelier Edifa, Aleteia


sábado, 16 de mayo de 2015

¿Dios escucha nuestra oración?




El Evangelio de hoy:  San Juan 16, 23b-28.

Aquél día no me harán más preguntas. Les aseguro que todo lo que pidan al Padre, él se lo concederá en mi Nombre. 
Hasta ahora, no han pedido nada en mi Nombre. Pidan y recibirán, y tendrán una alegría que será perfecta. 
Les he dicho todo esto por medio de parábolas. Llega la hora en que ya no les hablaré por medio de parábolas, sino que les hablaré claramente del Padre. 
Aquel día ustedes pedirán en mi Nombre; y no será necesario que yo ruegue al Padre por ustedes, 
ya que él mismo los ama, porque ustedes me aman y han creído que yo vengo de Dios. 
Salí del Padre y vine al mundo. Ahora dejo el mundo y voy al Padre". 
Palabra del Señor


Leer el comentario del Evangelio por : 

San Bernardo (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia  Sermón de Cuaresma nº5, 5 

«Si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará»

Cada vez que hablo de la oración, me parece escuchar dentro de vuestro corazón ciertas reflexiones humanas que he escuchado a menudo, incluso en mi propio corazón. Siendo así que nunca cesamos de orar ¿cómo es que tan raramente nos parece experimentar el fruto de la oración? Tenemos la impresión de que salimos de la oración igual que hemos entrado, nadie nos responde una palabra, ni nos da lo que sea, tenemos la sensación de haber trabajado en vano. Pero ¿qué es lo que dice el Señor en el evangelio? «No juzguéis por las apariencias, sino tened un juicio justo» (Jn 7,24) y ¿qué es un juicio justo sino un juicio de fe? Porque «el justo vive de la fe» (Ga 3,11). Sigue, pues, el juicio de la fe más seguro que el de tu experiencia, porque la fe no engaña, mientras que la experiencia puede inducirnos al error. 

Y ¿cuál es la verdad de la fe sino la que el mismo Hijo de Dios nos promete?: «Cualquier cosa que pidáis en la oración, creed que os la han concedido, y la obtendréis» (Mc 11, 24). Así pues, hermanos, ¡que ninguno de vosotros tenga en poco su oración! Porque, os lo aseguro, aquel a quien ella se dirige, no la tiene en poca cosa; incluso antes de que ella haya salido de vuestra boca, él la ha escrito en su libro. Sin la menor duda podemos estar seguros de que Dios nos concede lo que pedimos, aunque sea dándonos algo que él sabe ser mucho más ventajosa para nosotros. Porque «nosotros no sabemos pedir como es debido» (Rm 8, 26) pero Dios tiene compasión de nuestra ignorancia y recibe nuestra oración con bondad... Entonces «sea el Señor tu delicia, y él te dará lo que pide tu corazón» (Salmo 36,4).