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martes, 10 de octubre de 2023

Santa Teresa de Ávila: una luz para el mundo de hoy

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Santa Teresa de Ávila, la primera mujer doctora de la Iglesia, fue una monja carmelita, mística y escritora que reformó la Orden de los Carmelitas y fundó las Carmelitas Descalzas

La vida y obras de Santa Teresa de Ávila son un testimonio de la amistad con Dios, la búsqueda de la santidad y el amor a la Iglesia. En el año 2023 se cumplen 500 años de su nacimiento, y su legado sigue siendo una fuente de inspiración y esperanza para el mundo de hoy.

¿Qué podemos aprender de Santa Teresa de Ávila en el siglo XXI? Aquí te ofrecemos algunas claves:

La oración como relación personal con Dios

Santa Teresa de Ávila definió la oración como «tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama». Para ella, la oración no era una simple práctica devocional, sino un diálogo íntimo y constante con Jesucristo, al que consideraba su esposo y su amigo. La oración le permitía conocerse mejor a sí misma, purificar su corazón y crecer en las virtudes. También le hacía experimentar las gracias y los dones sobrenaturales de Dios, como las visiones, las locuciones y la transverberación. La oración es el camino para unirnos a Dios y transformarnos en su imagen.

SAINT TERESA OF AVILA
Oración por la Vida

La reforma como respuesta a los desafíos de la época

Teresa vivió en un tiempo de crisis religiosa, política y social, marcado por la Reforma Protestante, las guerras y la decadencia moral. Ella sintió el llamado a reformar la Orden de los Carmelitas, que había perdido el fervor y la observancia de la regla original. Con el apoyo del papa y de algunos obispos, fundó 17 conventos de Carmelitas Descalzas, donde se vivía una vida más austera, contemplativa y apostólica. También colaboró con San Juan de la Cruz en la reforma de los Carmelitas Descalzos. Su reforma fue una obra de fidelidad a la Iglesia y de servicio a la evangelización.

Teresa of Avila and John of the Cross

La escritura como expresión de su experiencia espiritual

Escribió varios libros que son considerados obras maestras de la literatura mística y espiritual. Entre ellos se destacan el Libro de la Vida, donde narra su autobiografía; el Camino de Perfección, donde expone las enseñanzas sobre la oración y las virtudes; el Castillo Interior o Las Moradas, donde describe las etapas del camino espiritual; y las Fundaciones, donde relata las vicisitudes y los frutos de sus fundaciones conventuales. También escribió numerosas cartas, poemas y otros escritos menores. Su estilo es sencillo, directo y lleno de humor. Su doctrina es profunda, práctica y universal.

saint teresa of Avila

La santidad como vocación universal

Fue canonizada en 1622 por el papa Gregorio XV y proclamada doctora de la Iglesia en 1970 por el papa Pablo VI. Su santidad no fue algo extraordinario o reservado para unos pocos, sino el fruto de su respuesta generosa a la gracia de Dios en medio de sus debilidades y dificultades. Su ejemplo nos anima a todos a aspirar a la santidad, siguiendo el consejo que ella repetía: «Nada te turbe, nada te espante; todo se pasa; Dios no se muda; la paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene nada le falta. Solo Dios basta».

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Santa Teresa de Ávila es una luz para el mundo de hoy, que nos invita a descubrir el amor infinito de Dios y a vivir con alegría nuestra fe católica. Que ella interceda por nosotros y nos ayude a seguir sus pasos hacia la unión con Dios.

Matilde Latorre, Aleteia

Vea también      Camino de Perfección(2) - Santa Teresa de Ávila





























sábado, 1 de abril de 2023

Tu vida puede cambiar en Semana Santa, como la de Teresa de Jesús

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La contemplación de los sufrimientos de Jesús en su Pasión cambió radicalmente la vida de Teresa de Ávila: pasó de ser una monja mediocre, ya en edad avanzada, a alcanzar una unión íntima con Cristo que transformaría su existencia y a la misma Iglesia. Te contamos cómo sucedió y cómo puedes tú hacer esa experiencia

¿Quieres vivir una Semana Santa diferente? ¿Estás cansado de una vida monótona, de un cristianismo mediocre y aburrido?  

Hoy cuesta imaginarlo, pero como tú se encontraba Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada, a sus 39 años, edad de plena madurez para aquella época. En 1554, llevaba ya veinte años de religiosa carmelita en el monasterio de la Encarnación, donde convivía con una comunidad de más de cien monjas.

Teresa después reconocería que, en realidad, vivía una vida doble: en ciertos momentos, quería entrar en una vida de oración; pero en otros su vida se hacía anodina, sin sentido, anegada en la rutina de lo cotidiano. «Como las muchas», dice ella.  

La conversión

En su autobiográfico Libro de la Vida, escrito diez u once años después, lo recuerda así (capítulo 8, 12): «Buscaba remedio; hacía diligencias; mas no debía entender que todo aprovecha poco si, quitada de todo punto la confianza de nosotros, no la ponemos en Dios. Deseaba vivir, que bien entendía que no vivía, sino que peleaba con una sombra de muerte, y no había quien me diese la vida».  

En ese momento, irrumpe la conversión de Teresa. Experimenta el encuentro personal con Cristo. Lo suscita la contemplación de la Pasión de Jesús y la conciencia del dolor y el sacrificio que afrontó por nuestro amor. Le ayuda en esta contemplación una imagen de Jesús tras la flagelación, el «Ecce Homo». Todo el ser de Teresa quedó sobrecogido. No fue simplemente una experiencia sentimental, sino un encuentro con Cristo íntimo, intenso, entrañable, muy real.

Ella lo cuenta así : «Entrando un día en el oratorio, vi una imagen que habían traído allá, que se había buscado para cierta fiesta que se hacía en casa. Era de Cristo muy llagado y tan devota que, en mirándola, toda me turbó de verle tal, porque representaba bien lo que pasó por nosotros. Fue tanto lo que sentí de lo mal que había agradecido aquellas llagas, que el corazón me parece se me partía, y arrojéme cabe Él con grandísimo derramamiento de lágrimas, suplicándole me fortaleciese ya de una vez para no ofenderle» (Libro de la Vida, capítulo 9, 1).

Así se desencadena su conversión. Al contemplar la Pasión de Jesús, descubre el amor de Dios total, sin filtros. Su vida cambia totalmente. Ahora ya no quiere amar a Dios para ganarse el cielo, o para salvarse del infierno. Está totalmente transformada. Ha encontrado por primera vez el verdadero amor de Cristo, que dio su vida por ella.  

La verdadera razón de ser cristiano

Cristo pasa a ser la única razón de su existencia: ya no es un elementos más en su vida, sino su único amor y su motor. De ahí surge la «determinada determinación» que llevaría a su cambio de vida. Si Teresa deja de ser  una monja mediocre  y aburrida se lo debe a ese encuentro con Cristo. Su relación con Jesús pasa de meramente teórica a profundamente vivencial. Él le ha cambiado la vida.  

Por eso, en el relato autobiográfico del Libro de la Vida, terminado el capítulo de la conversión, irrumpe inmediatamente la experiencia mística de Teresa: ahora ama a Dios por el descarado amor que Él antes le ha demostrado. Ya no hay segundos fines en su amor a Cristo. La vida cristiana ya no consiste en cumplir normas. Esa es su verdadera conversión: amar a Dios únicamente por lo que me ama, por lo que es, puro amor.

Ahora, Teresa, convertida, cambia incluso de nombre; ahora es «Teresa de Jesús». Esta experiencia quedó perfectamente recogida en este soneto anónimo, que algunos han querido atribuir a Santa Teresa de Jesús o a San Juan de la Cruz, aunque nadie ha podido comprobar su autoría.

No me mueve, mi Dios, para quererte

el cielo que me tienes prometido,

ni me mueve el infierno tan temido

para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte

clavado en una cruz y escarnecido,

muéveme ver tu cuerpo tan herido,

muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,

que aunque no hubiera cielo, yo te amara,

y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,

pues aunque lo que espero no esperara,

lo mismo que te quiero te quisiera.

Aleteia, red global católica de información, en virtud de su misión fundacional, contribuye, en colaboración con la Fundación DeClausura, a comunicar la vida y espiritualidad de los monasterios y conventos contemplativos.

Matilde Latorre, Aleteia 

Vea también      Via Crucis: Acompañar a Jesús en su Pasión y Muerte  (abundante información)




























lunes, 20 de febrero de 2023

Consejos que no esperabas de Teresa de Ávila para vivir la Cuaresma

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La santa mística y contemplativa no recomendaba a sus hijas espirituales centrarse en ayunos masoquistas o renuncias. Más bien les proponía centrarse en lo esencial: Jesús. De este modo, todo cambia en Cuaresma…

Estamos a punto de adentrarnos en la Cuaresma, cuarenta días de preparación para el triduo pascual (Jueves Santo, Viernes Santo y Sábado de Gloria). ¿Tiempo de renuncias? ¿Tiempo de tristeza? Es posible que malentendidos o prejuicios no nos permitan vivir de manera cristiana este período litúrgico tan intenso.

Santa Teresa de Ávila, una de las contemplativas más grandes de la historia, con su vida y escritos, ha dejado consejos para vivir la Cuaresma de manera significativa. Déjate sorprender.

1NO PERDER DE VISTA EL OBJETIVO

Ni el objetivo ni el espíritu de la Cuaresma cristiana son masoquistas: no se trata de hacer sacrificios por hacer sacrificios. Si algo dejó claro santa Teresa de Ávila, es que el amor de Jesús, y, en particular, su pasión, muerte y resurrección, dan sentido a nuestra vida.

Santa Teresa se convirtió en edad ya adulta, a sus 39 años: en 1554, cuando llevaba viviendo casi veinte de religiosa carmelita en el monasterio de la Encarnación. Ella misma recuerda que vivía una vida doble: por momentos, vida de oración; pero muchos momentos más, vida anodina y pérdida de tiempo con amistades sin sentido religioso. «Como las muchas», dice ella. A pesar de los sacrificios y renuncias propios de la vida religiosa. 

Narra su conversión en su autobiográfico Libro de la Vida (capítulo 9), escrito diez u once años después. Fue un momento de encuentro personal con Cristo. Encuentro desencadenado por la presencia de una imagen emotiva del «Ecce Homo». Aquella escultura tocó lo más profundo de su ser: de repente, comprendió tangiblemente el amor de Jesús por ella hasta el punto de sufrir los tormentos.

«Fue tanto lo que sentí de lo mal que había agradecido aquellas llagas, que el corazón me parece se me partía», escribe la mística. Ese es el sentido de la Cuaresma: preparar el alma y la vida para experimentar el amor de Cristo en su pasión, muerte y resurrección.

La oración, tan importante en Cuaresma, consiste, por tanto, en algo muy sencillo: estar «muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama», como escribe la santa en su Libro de la Vida (capítulo 8, 5).

2HUMILDAD

Con los ojos puestos en el amor de Cristo, santa Teresa invita a continuación a comprender la propia realidad. En esto consiste la verdadera humildad a la que invita la Cuaresma, que el cristiano necesita para cultivar poder vivir la experiencia del amor de Jesús. 

Teresa escribe: «Pongamos los ojos en Cristo, nuestro bien, y allí aprenderemos la verdadera humildad» (I Moradas 2, 10-11). El mismo Señor nos dice; «Aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón», (Mateo 11,29) 

Santa Teresa de Jesús se planteó en una ocasión «por qué razón era nuestro Señor tan amigo de esta virtud de la humildad» y esta fue la respuesta que encontró: «Dios es suma Verdad, y la humildad es andar en verdad» (Sextas Moradas 10,7). 

3«DESASIMIENTO»

Del amor de Cristo surge una de las actitudes más típicas de la Cuaresma: el «desasimiento», es decir, el estado del alma que queda libre de todo afecto desordenado y egoísta hacia cualquier cosa o persona, que nos sea Dios. 

El desasimiento explica las prácticas cuaresmales, como son la abnegación, renuncia, despojamiento, desapego, desapropiación, etc. No significa supresión de todo deseo y aspiración, ni tampoco quiere decir fabricarse un corazón duro e insensible, ya que el amor es el primero y mayor de los deberes. El amor da sentido y matriz al desapego.

Santa Teresa de Jesús escribe: «Ahora vengamos al desasimiento que hemos de tener, porque en esto está el todo, si va con perfección». El secreto del cristianismo, está en abrazar toda la vida por amor a Cristo, y «desasirse» o desprenderse de todo lo que nos puede alejar de Él (Camino de Perfección, capítulo 8).

4AMOR AL PRÓJIMO

Por último, prepararse en Cuaresma para vivir el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús significa vivir la caridad, amar concretamente al prójimo. Teresa escribe en el libro «Las Moradas»: «Entendamos, hijas mías, que la perfección verdadera es amor de Dios y del prójimo, y mientras con más perfección guardáremos estos dos mandamientos, seremos más perfectas» (Moradas Primeras 2,17). 

Según santa Teresa, no se puede amar a Dios sin amar al prójimo y no se puede amar al prójimo sin amar a Dios. 

Matilde Latorre, Aleteia 

VEa también      Cuaresma: 40 días, 40 ideas
del Papa Benedicto XVI



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sábado, 9 de julio de 2022

7 pasos para aprender a orar, según santa Teresa de Jesús

PRAY


Una guía para estar «a solas con quien sabemos nos ama», secreto de la verdadera oración según la doctora de la Iglesia

¿Te resulta difícil orar? ¿Te distraes? Santa Teresa de Jesús  (1515-1582) sigue ofreciendo hoy el secreto y el método. 

El secreto lo recoge en esta frase recogida en su  Libro de la Vida: la oración consiste en tratar «a solas con quien sabemos nos ama» (Capítulo 8, 5).

El método para orar, que toda persona puede vivir, lo dejó con su vida y consejos, recogidos en sus obras. 

La Orden de los Carmelitas ha contribuido a hacer accesible este método.  Aleteia te ofrece una sencilla guía, inspirada en una síntesis realizada por el Carmelo joven.

I. Aclarando confusiones

Para aclarar qué es la oración, santa Teresa de Jesús escribía: «No os pido ahora que penséis en Él [al Señor], ni que saquéis muchos conceptos, ni que hagáis grandes y delicadas consideraciones con vuestro entendimiento; no os pido más de que le miréis» (Camino de Perfección, capítulo 26, 1).

Para la doctora de la Iglesia, orar es algo tan sencillo como vivir la amistad con Jesús y cultivarla en el silencio, en el encuentro personal, en la oración.

Como toda amistad, necesita condiciones para que pueda durar y se fortalezca. En particular, la persona debe cuidar sus relaciones:

Las relaciones con los demás: respeto, amor, solidaridad, perdón…

La relación con uno mismo.

La relación con Jesús.

Santa Teresa sabe muy bien que la vida de oración exige una «grande y muy determinada determinación» (Camino de Perfección, capítulo 21, 2). Requiere decisión y entusiasmo, pues no faltarán dificultades para alcanzar los frutos duraderos de la amistad con Jesús.

II. La preparación

La oración puede estar sometida a mil distracciones. Ante todo, es necesario, por tanto, crear condiciones favorables. 

Busca un ambiente adecuado y silencio.

Prepara un texto del Evangelio, un canto, colócate ante una imagen de Jesús: te ayudará a centrar la atención en Él.

La postura ayuda mucho: asume una actitud relajada, que te ayude a centrarte, en ahondarte en el encuentro con el Amado.

Toma conciencia de tu respiración, de tu cuerpo, de tu interior para evitar la dispersión.

Centra, pues, tu atención en Jesús, en su presencia amorosa contigo.

III. Entrar en la oración

Pasa ahora a encontrar tu propio modo de orar, según tu modo de ser, tu sensibilidad y tu situación. Lo importante está en volver la mirada y el corazón a Jesús, contemplarle, penetrar en su misterio con ayuda de su Espíritu Santo.

Santa Teresa ofrecía estas sugerencias:

Representa a Jesús vivo en tu interior.

Contempla a Jesús adentrándote en uno de los pasajes del Evangelio.

Contempla una imagen de Jesús o repite una frase breve que exprese lo que quieres decirle.

Recita muy pausadamente el Padrenuestro, la oración que el mismo Jesús nos enseñó y saboréala.

Es bueno reflexionar un rato, profundizar, tratar de comprender… pero esto no debe ser el centro de  la oración. La amistad es cosa del corazón… La oración es cosa del corazón.

Santa Teresa escribía: «Tu deseo sea de ver a Dios; tu temor, si le has de perder; tu dolor, que no le gozas, y tu gozo, de lo que te puede llevar allá, y vivirás con gran paz».

IV. Profundiza

El centro de tu oración es la persona de Jesús. La clave está en permanecer a su lado: déjate mirar por él, escúchale, acoge su luz para conocerle, penetra en su misterio desde tu propio corazón y déjate envolver por su presencia.

Santa Teresa aconsejaba: «Estate allí, acallado el entendimiento, mira que te mira, acompáñale y habla y pide y regálate con Él. Pídele que aciertes a contentarle siempre, porque de Él te ha venido todo bien».

Es tiempo de recibir el don de Dios, de dejarle a Él la iniciativa para que obre en tu interior, para que transforme tu corazón. 

Para ello ha llegado la hora  de responder a su amor: una palabra, un gesto, un sentimiento, una petición… 

Sobre todo, es tiempo de dar gracias y reconocer: «Su amor hace obras grandes». Es tiempo de pedir conocer su voluntad. Pide a Dios que te cuente el sueño que acaricia para ti.

V. El camino

La oración no es un momento, es un camino. Te irá descubriendo poco a poco quién es Jesús, su misterio, su persona,  el amor con que te acoge y te busca… 

Al mismo tiempo, te ayudará a conocerte personalmente de otro modo: quién eres y cómo vives a la luz de Dios. 

Orar no es más que mirar a Jesús y mirarte tal y como Dios te ve y te sueña. Solo hay verdadera oración en la verdad, como sucede con la amistad.

De este modo, se irá concretando poco a poco la llamada que te hace Jesús. Independientemente de tus circunstancias, te invita a vivir con Él y a ser como Él. Ser orante es vivir el seguimiento de Jesús con todas las consecuencias.

Santa Teresa decía: «Dios no ha de forzar nuestra voluntad; toma lo que le damos; mas no se da a sí del todo hasta que nos damos del todo.

VI. La transformación

Con frecuencia, la oración será tiempo de paz, de alegría interior, de luz… pero no siempre. Tu momento personal, tu situación, el cuestionamiento que encuentras en la oración…, hacen que los sentimientos que nacen en la oración sean siempre distintos.

No evalúes por esto tu oración. Lo importante es que se produzca el encuentro, que tu actitud sea de atención amorosa y escucha. Recoge las luces que hayas  recibido,  agradece  la  presencia  del Señor y su amor, la sientas o no. La oración es cuestión de fe, de tiempo, de constancia… y de compromiso.

Mira hacia afuera, ¿acaso no empiezas a verlo todo de otra manera? Los demás, la vida de cada día, lo que sucede en el mundo…, tiene ya otros colores: colores de esperanza y de amor.

Santa Teresa, describiendo la potencia de la oración, decía: «Guíe su Majestad por donde quisiere. Ya no somos nuestros, sino suyos».

VII. La huella

La oración deja huella en nuestro interior, «deja dejos». No se trata de tener muy buenos deseos, ni de hacer «buenos propósitos». La oración, como la amistad, es sobre todo un don, un regalo que, acogido desde el corazón, va haciendo crecer algo nuevo, nos cambia. Y eso se nota por fuera, son esos «dejos confirmados con obras».

«El amor de Dios no ha de ser fabricado en nuestra imaginación, sino probado por obras», decía santa Teresa.

Lo fundamental es que esa obra de Jesús en ti, unida a tu respuesta, se va reflejando en otro modo de ser, con otros valores, otros criterios, otros sentimientos profundos. Él nos ama sin medida ni condiciones. Amarle no es cosa de palabras bonitas, «sino de servir con justicia y fortaleza y humildad». 

Santa Teresa sintetizaba la huella de la oración en estas palabras: «La mejor manera de descubrir si tenemos el amor de Dios es ver si amamos a nuestro prójimo».


Matilde Latorre, Aleteia 

Vea también       Estar en oración - 46 catequesis de
 Benedicto XVI






















jueves, 30 de septiembre de 2021

Dos Teresas: Un retiro virtual con las santas carmelitas


 Conoce el secreto de la felicidad a través de los escritos que dejaron Teresa de Ávila y Teresita de Lisieux


Este mundo en el que vivimos necesita santas tan potentes como lo fueron las dos Teresas, santa Teresa de Jesús y santa Teresita del Niño Jesús, las dos carmelitas, contemplativas, místicas. Y ahora puedes acercarte a ellas a través de un retiro virtual.

Ellas con sus escritos y doctrina han guiado a muchas almas, por eso ambas son doctoras de la Iglesia. Y desde luego han cambiado el rumbo de la historia.

En todas las épocas de la historia, son grandes hombres y mujeres los que han cambiado el curso de los acontecimientos.

Es impresionante comprobar lo que puede hacer un santo. El demonio tiene terror a aquellos que ve que pueden llegar a ser santos, porque sabe que cuando el alma llega al estado unitivo con Dios, esta se lleva consigo muchísimas almas.

Por eso la mejor labor de evangelización que puede hacer un cristiano es ser santo, cada uno en su estado, pues la santidad es para todos.

Una propuesta espiritual para octubre

Las dos Teresas celebran su fiesta en octubre. Teresita del Niño Jesús el primero de octubre, y  quince días después, Teresa de Ávila, la maestra de la oración.

Para esta ocasión, Hozana lanza un retiro telemático muy especial: Dos Teresas, un solo camino, Jesús.

15 meditaciones a partir de escritos de las dos santas, es un viaje hacia un encuentro con la humanidad de Jesús, para aprender a amar y a dejarse amar, para aprender a vencer las dificultades y vivir con mayor claridad.

Aunque cada una de las santas vivió caminos muy diferentes, ambas tienen en común el gran amor que tuvieron a Jesús, y este amor fue la Luz que guió su vida.

Santa Teresa de Jesús andariega por esos caminos fundando conventos. Santa Teresita del Niño Jesús viviendo su labor misionera de forma escondida y encontrando un caminito para ir directo a Jesús.

Enamoradas, audaces y atrevidas

Las dos fueron unas enamoradas de Jesús, tenaces, audaces, atrevidas. Su fuerza se la daba el Resucitado que las atraía hacia sí.

Cada una de ellas nos marcó un camino que conducía a Jesús.

Teresa de Jesús maestra de oración nos enseña a orar y a entrar en nuestro castillo interior.

Y con su humildad nos cuenta cómo ella misma tuvo muchas dificultades en este camino y nos alienta a no dejar nunca de orar.

Teresita de Jesús nos lleva a Jesús por el camino de los pequeñitos, es la que nos anima a subir a Jesús en ascensor, el ascensor de la gracia al que suben los que se sienten pequeños, pobres y pecadores.

Conocer el Amor

¿Existe algo más maravilloso que poder conocer y sentir el Amor de Dios?

La solución para este mundo convulso en el que vivimos es el Amor. Sólo el Amor nos salvará. Y este Amor es a una persona, Jesús, que está vivo y resucitado.

Sólo los que de verdad experimentan este amor pueden ayudar a aquellos que todavía no lo han descubierto. Las dos Teresas lo hicieron y lo hacen ahora con su doctrina, con su obra, con su vida.

Un camino de felicidad y amor

La vida de estas dos santas es un camino de felicidad y amor pues como escribió el Padre Arintero en su gran obra “Evolución Mística”:

“Los que piensan que la vida de los místicos es sombría y triste, como llena de oscuridades sensibles y sembrada de cruces, ésos no saben lo que es la felicidad. Las mismas cruces llevadas por amor de Aquel que las ennobleció con su Sangre, son más dulces que todas las dulzuras terrenas, y esas aparentes oscuridades que se encuentran como en el vestíbulo de la luz divina, resultan más claras y alegres que todas las luces humanas. Y las inefables consolaciones y admirables ilustraciones que entre las pruebas se intercalan y se prolongan cada vez más, no tienen en todos los placeres del mundo juntos nada que les sea comparable, pues son ya presagios de la gloria eterna. Por gozarlas un solo momentos se darían por bien empleados todos los trabajos que pueden caber en esta vida…”

Pues entonces adentrémonos en este camino de estas santas, de estas místicas, de estas mujeres enamoradas que supieron elegir el camino del Amor, el camino de la salvación y de la alegría.

Para comenzar puedes participar en el retiro espiritual en línea para aprender a amar, del 1 al 15 de octubre.

Este es el secreto de la felicidad que necesita nuestro mundo. ¡Tómalo y compártelo a tu alrededor!

Por María Jesús Esteban, de Hozana