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martes, 28 de marzo de 2023

Un forma difrente de rezar el Via Crucis con la Biblia que cambiará tu Cuaresma

Jesús en las Estaciones de la Cruz

Créditos: Wikimedia Commons.

El Vía Crucis, también conocido como Vía Dolorosa o las Estaciones de la Cruz, detalla catorce momentos diferentes del día de la muerte de Jesús.

Esta peregrinación de oración es una forma poderosa de acercarse a Jesús en cualquier época del año, aunque es más popular durante la temporada de Cuaresma.

“La cruz de Cristo, abrazada con amor, nunca trae consigo tristeza, sino alegría, la alegría de ser salvado y de hacer un poco de lo que hizo el día de su muerte”. – Papa Francisco

¿Qué son las Estaciones de la Cruz?

Las Estaciones de la Cruz se rezan comúnmente durante la temporada de Cuaresma. La tradición sostiene que Cristo murió un viernes a las 3 pm Debido a esto, muchas parroquias ofrecen el Vía Crucis a esta hora los viernes durante la Cuaresma.

Sin embargo, puedes rezar las Estaciones de la Cruz en cualquier momento del día, y no estás limitado a la Cuaresma cuando se trata de esta devoción a Cristo.

Breve Origen de las Estaciones de la Cruz

La tradición sostiene que después de la muerte y resurrección de Cristo, la Santísima Madre volvió sobre el último día de Jesús todos los días.

A lo largo de los siglos que siguieron a la Resurrección de Cristo, esta práctica se transformó en lo que hoy conocemos como las Estaciones de la Cruz o Via Crucis. En pocas palabras, la Buena Nueva continuó difundiéndose, al igual que la popularidad de seguir los pasos de Cristo, ya sea en Tierra Santa o con las estaciones en otros lugares.

Sin embargo, no fue hasta 1462 que la palabra “estaciones” se asoció con esta peregrinación, ya sea una réplica oa través de los sitios originales; los historiadores atribuyen a William Wey el término “estaciones”.

Franciscanos y las Estaciones de la Cruz

A principios del siglo XIII, San Francisco de Asís peregrinó a Tierra Santa. Sin embargo, tuvo que obtener un permiso especial para visitar porque las Cruzadas todavía estaban ocurriendo.

Así, mientras Jerusalén todavía estaba bajo el dominio musulmán, San Francisco fundó la Custodia de Tierra Santa en 1217, con el permiso de su orden franciscana. En 1342, el Vaticano reconoció a los franciscanos como custodios oficiales de los lugares santos (incluidos monasterios, iglesias, hospitales y otros lugares sagrados).

Los franciscanos continúan cuidando los lugares santos físicos y originales que reconocemos en las Estaciones de la Cruz.

Después de este reconocimiento, los franciscanos comenzaron a replicar estos momentos y lugares sagrados en toda Europa. Si bien este movimiento comenzó con la construcción de santuarios en el exterior, los franciscanos también construyeron estaciones en el interior, en iglesias de toda Europa.

Esto no fue aprobado por el Vaticano en ese momento, pero los franciscanos continuaron solicitando que la réplica de los lugares santos fuera aprobada por la Iglesia. Finalmente, el Papa Inocencio XI aprobó esta solicitud en 1686.

Hoy en día, la mayoría de las iglesias tienen las Estaciones de la Cruz en un área interior o exterior para la meditación caminando.

Estaciones originales y bíblicas

Las Estaciones de la Cruz originales se transmitieron a través de la tradición, siguiendo los pasos del último día de Cristo en la tierra, mientras leemos los Evangelios.

El Viernes Santo de 1991, el Papa San Juan Pablo II celebró las Estaciones de la Cruz con una alternativa a las Estaciones de la Cruz originales. Estas Estaciones de la Cruz alternativas nos llevan de vuelta a los momentos bíblicos que conducen a la Pasión de Cristo.

Por eso, las llamamos las “Estaciones de la Cruz bíblicas”.

A continuación, puede leer las 14 Estaciones de la Cruz en su forma original y bíblica. Ambas devociones son hermosas para orar mientras buscas acercarte más a Cristo.

14 estaciones

La primera estación

Original: Jesús es condenado a muerte.

Bíblico: Jesús en el Huerto de Getsemaní ( Mateo. 26: 36-41 )

La segunda estación

Original: Jesús recibe su cruz.

Bíblico: Jesús es traicionado por Judas y arrestado. ( Marcos 14: 43-46 )

La Tercera Estación

Original: Jesús cae por primera vez.

Bíblico: Jesús es condenado por el Sanedrín. ( Lucas 22, 66-71 )

La Cuarta Estación

Original: Jesús se encuentra con su madre María.

Bíblico: Jesús es negado por Pedro. ( Mateo 26: 69-75 )

La Quinta Estación

Original: Simón de Cirene ayuda a llevar la cruz.

Bíblico: Jesús es juzgado por Poncio Pilato. ( Marcos 15: 1-5, 15 )

La sexta estación

Original: La Verónica limpia el rostro de Jesús.

Bíblico: Jesús es azotado en la columna y coronado de espinas. ( Juan 19: 1-3 )

La séptima estación

Original: Jesús cae por segunda vez.

Bíblico: Jesús lleva la cruz. ( Juan 19: 6, 15-7 )

La Octava Estación

Original: Jesús se encuentra con las mujeres de Jerusalén.

Bíblico: Jesús es ayudado por Simón el Cireneo a llevar la cruz. ( Marcos 15: 21 )

La Novena Estación

Original: Jesús cae por tercera vez.

Bíblico: Jesús se encuentra con las mujeres de Jerusalén. ( Lucas 23, 27-31 )

La Décima Estación

Original: Jesús es despojado de Su ropa.

Bíblico: Jesús es crucificado ( Lucas. 23: 33-34 ).

La undécima estación

Original: Jesús es clavado en la cruz.

Bíblico: Jesús promete su Reino al ladrón arrepentido. ( Lucas 23, 39-43 )

La duodécima estación

Original: Jesús muere en la cruz. ( Opcional pero apropiado permanecer arrodillado para esta estación )

Bíblico: Jesús habla a su madre y al Discípulo Amado. ( Juan 19: 25-27 )

La decimotercera estación

Original: el cuerpo de Jesús es quitado de la cruz.

Bíblico: Jesús muere en la cruz. ( Lucas. 23: 44-46 ) ( Opcional pero apropiado permanecer arrodillado para esta estación )

La decimocuarta estación

Original: El cuerpo de Jesús es colocado en la tumba.

Bíblico: Jesús es colocado en la tumba. ( Mateo 27: 57-60 )

¿Por qué rezamos las Estaciones de la Cruz?

“El Vía Crucis es… una escuela de examen de conciencia, de conversión, de transformación interior y de compasión, no como sentimentalismo, como mero sentimiento, sino como experiencia perturbadora que llama a la puerta de mi corazón, que obliga para conocerme a mí mismo y convertirme en una mejor persona”.

– Papa Emérito Benedicto XVI

Seguir a Jesús en su camino hacia la muerte es inquietante; esta no es una oración cómoda. Pero al recordar las Estaciones de la Cruz, caminar con Jesús y tomar nuestras propias cruces como Jesús nos llama a hacer, somos sacados de nuestro egoísmo.

Nos volvemos más voluntariamente pacientes, amorosos y sacrificados. Nos volvemos más como las personas que Dios nos creó para ser cuando recordamos el sacrificio de Cristo.

Cómo rezar las Estaciones de la Cruz en casa

La forma más común de rezar las Estaciones de la Cruz es en una iglesia o en un santuario al aire libre, dejando que las imágenes de cada estación en el santuario te guíen. ¡Pero también puedes rezar con las estaciones en casa!

Por ejemplo, puedes buscar imágenes de estaciones, sentarte frente a un crucifijo o cerrar los ojos e imaginarte en cada momento.

A continuación, encontrará algunos pasos para ayudarlo a comenzar a rezar las Estaciones de la Cruz. Si rezas las 14 estaciones, puedes repetir estos pasos para cada estación.

Prepárate para la primera estación.

Antes de comenzar, elije con qué conjunto de estaciones planeas orar, la original o la bíblica. Luego, mientras te preparas para la oración, pregúntate cómo hacer que este tiempo de meditación sea pacífico. Por ejemplo, es posible que desees cerrar los ojos o respirar profundamente antes de comenzar.

Luego, haz la Señal de la Cruz y camina, mira o dirige sus pensamientos a la escena de la primera estación.

Nombra la estación.

Arrodíllate o haz una genuflexión ante la estación. Luego, toma un momento para aquietar tu corazón y mente para estar presente con Cristo en este momento.

Si estás orando con las estaciones originales, Cristo acaba de ser condenado a muerte por Poncio Pilato. Si estás orando con las estaciones bíblicas, Cristo está orando con sus discípulos en el Huerto de Getsemaní.

Orar.

San Alfonso María de Ligorio escribió esta oración, junto con una popular serie de meditaciones sobre las estaciones:

“Te adoramos oh Cristo y te alabamos, porque por tu santa cruz has redimido al mundo.”

Meditar.

Dedica un tiempo a contemplar esta estación. Puedes arrodillarte, mirar una imagen de la estación, cerrar los ojos e imaginar estar en el momento con Cristo. Cuando estés listo, puedes leer el versículo asociado.

Orar.

Cierra tu tiempo antes de cada estación con una oración, como el Padrenuestro. Enfócate en hablar honestamente con Dios.

Repetir.

Repita este patrón para las 14 estaciones.

Cate Von Dohlen (ChurchPOP)
Este artículo apareció originalmente en el blog de la aplicación Hallow.

Vea también    Vía Crucis en Compañía de los Santos

























domingo, 10 de abril de 2022

Evangelio del día


 

Evangelio según San Lucas 22,14-71.23,1-56.

Llegada la hora, Jesús se sentó a la mesa con los Apóstoles y les dijo:
"He deseado ardientemente comer esta Pascua con ustedes antes de mi Pasión,
porque les aseguro que ya no la comeré más hasta que llegue a su pleno cumplimiento en el Reino de Dios".
Y tomando una copa, dio gracias y dijo: "Tomen y compártanla entre ustedes.
Porque les aseguro que desde ahora no beberé más del fruto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios".
Luego tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: "Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía".
Después de la cena hizo lo mismo con la copa, diciendo: "Esta copa es la Nueva Alianza sellada con mi Sangre, que se derrama por ustedes.
La mano del traidor está sobre la mesa, junto a mí.
Porque el Hijo del hombre va por el camino que le ha sido señalado, pero ¡ay de aquel que lo va a entregar!".
Entonces comenzaron a preguntarse unos a otros quién de ellos sería el que iba a hacer eso.
Y surgió una discusión sobre quién debía ser considerado como el más grande.
Jesús les dijo: "Los reyes de las naciones dominan sobre ellas, y los que ejercen el poder sobre el pueblo se hacen llamar bienhechores.
Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que es más grande, que se comporte como el menor, y el que gobierna, como un servidor.
Porque, ¿quién es más grande, el que está a la mesa o el que sirve? ¿No es acaso el que está a la mesa? Y sin embargo, yo estoy entre ustedes como el que sirve.
Ustedes son los que han permanecido siempre conmigo en medio de mis pruebas.
Por eso yo les confiero la realeza, como mi Padre me la confirió a mí.
Y en mi Reino, ustedes comerán y beberán en mi mesa, y se sentarán sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.
Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido poder para zarandearlos como el trigo,
pero yo he rogado por ti, para que no te falte la fe. Y tú, después que hayas vuelto, confirma a tus hermanos".
"Señor, le dijo Pedro, estoy dispuesto a ir contigo a la cárcel y a la muerte".
Pero Jesús replicó: "Yo te aseguro, Pedro, que hoy, antes que cante el gallo, habrás negado tres veces que me conoces".
Después les dijo: "Cuando los envié sin bolsa, ni alforja, ni sandalia, ¿les faltó alguna cosa?".
"Nada", respondieron. El agregó: "Pero ahora el que tenga una bolsa, que la lleve; el que tenga una alforja, que la lleve también; y el que no tenga espada, que venda su manto para comprar una.
Porque les aseguro que debe cumplirse en mí esta palabra de la Escritura: Fue contado entre los malhechores. Ya llega a su fin todo lo que se refiere a mí".
"Señor, le dijeron, aquí hay dos espadas". El les respondió: "Basta".
En seguida Jesús salió y fue como de costumbre al monte de los Olivos, seguido de sus discípulos.
Cuando llegaron, les dijo: "Oren, para no caer en la tentación".
Después se alejó de ellos, más o menos a la distancia de un tiro de piedra, y puesto de rodillas, oraba:
"Padre, si quieres, aleja de mí este cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya".
Entonces se le apareció un ángel del cielo que lo reconfortaba.
En medio de la angustia, él oraba más intensamente, y su sudor era como gotas de sangre que corrían hasta el suelo.
Después de orar se levantó, fue hacia donde estaban sus discípulos y los encontró adormecidos por la tristeza.
Jesús les dijo: "¿Por qué están durmiendo? Levántense y oren para no caer en la tentación".
Todavía estaba hablando, cuando llegó una multitud encabezada por el que se llamaba Judas, uno de los Doce. Este se acercó a Jesús para besarlo.
Jesús le dijo: "Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?".
Los que estaban con Jesús, viendo lo que iba a suceder, le preguntaron: "Señor, ¿usamos la espada?".
Y uno de ellos hirió con su espada al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja derecha.
Pero Jesús dijo: "Dejen, ya está". Y tocándole la oreja, lo curó.
Después dijo a los sumos sacerdotes, a los jefes de la guardia del Templo y a los ancianos que habían venido a arrestarlo: "¿Soy acaso un ladrón para que vengan con espadas y palos?
Todos los días estaba con ustedes en el Templo y no me arrestaron. Pero esta es la hora de ustedes y el poder de las tinieblas".
Después de arrestarlo, lo condujeron a la casa del Sumo Sacerdote. Pedro lo seguía de lejos.
Encendieron fuego en medio del patio, se sentaron alrededor de él y Pedro se sentó entre ellos.
Una sirvienta que lo vio junto al fuego, lo miró fijamente y dijo: "Este también estaba con él".
Pedro lo negó, diciendo: "Mujer, no lo conozco".
Poco después, otro lo vio y dijo: "Tú también eres uno de aquellos". Pero Pedro respondió: "No, hombre, no lo soy".
Alrededor de una hora más tarde, otro insistió, diciendo: "No hay duda de que este hombre estaba con él; además, él también es galileo".
"Hombre, dijo Pedro, no sé lo que dices". En ese momento, cuando todavía estaba hablando, cantó el gallo.
El Señor, dándose vuelta, miró a Pedro. Este recordó las palabras que el Señor le había dicho: "Hoy, antes que cante el gallo, me habrás negado tres veces".
Y saliendo afuera, lloró amargamente.
Los hombres que custodiaban a Jesús lo ultrajaban y lo golpeaban;
y tapándole el rostro, le decían: "Profetiza, ¿quién te golpeó?".
Y proferían contra él toda clase de insultos.
Cuando amaneció, se reunió el Consejo de los ancianos del pueblo, junto con los sumos sacerdotes y los escribas. Llevaron a Jesús ante el tribunal
y le dijeron: "Dinos si eres el Mesías". El les dijo: "Si yo les respondo, ustedes no me creerán,
y si los interrogo, no me responderán.
Pero en adelante, el Hijo del hombre se sentará a la derecha de Dios todopoderoso".
Todos preguntaron: "¿Entonces eres el Hijo de Dios?". Jesús respondió: "Tienen razón, yo lo soy".
Ellos dijeron: "¿Acaso necesitamos otro testimonio? Nosotros mismos lo hemos oído de su propia boca".
Después se levantó toda la asamblea y lo llevaron ante Pilato.
Y comenzaron a acusarlo, diciendo: "Hemos encontrado a este hombre incitando a nuestro pueblo a la rebelión, impidiéndole pagar los impuestos al Emperador y pretendiendo ser el rey Mesías".
Pilato lo interrogó, diciendo: "¿Eres tú el rey de los judíos?". "Tú lo dices", le respondió Jesús.
Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la multitud: "No encuentro en este hombre ningún motivo de condena".
Pero ellos insistían: "Subleva al pueblo con su enseñanza en toda la Judea. Comenzó en Galilea y ha llegado hasta aquí".
Al oír esto, Pilato preguntó si ese hombre era galileo.
Y habiéndose asegurado de que pertenecía a la jurisdicción de Herodes, se lo envió. En esos días, también Herodes se encontraba en Jerusalén.
Herodes se alegró mucho al ver a Jesús. Hacía tiempo que deseaba verlo, por lo que había oído decir de él, y esperaba que hiciera algún prodigio en su presencia.
Le hizo muchas preguntas, pero Jesús no le respondió nada.
Entre tanto, los sumos sacerdotes y los escribas estaban allí y lo acusaban con vehemencia.
Herodes y sus guardias, después de tratarlo con desprecio y ponerlo en ridículo, lo cubrieron con un magnífico manto y lo enviaron de nuevo a Pilato.
Y ese mismo día, Herodes y Pilato, que estaban enemistados, se hicieron amigos.
Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a los jefes y al pueblo,
y les dijo: "Ustedes me han traído a este hombre, acusándolo de incitar al pueblo a la rebelión. Pero yo lo interrogué delante de ustedes y no encontré ningún motivo de condena en los cargos de que lo acusan;
ni tampoco Herodes, ya que él lo ha devuelto a este tribunal. Como ven, este hombre no ha hecho nada que merezca la muerte.
Después de darle un escarmiento, lo dejaré en libertad".

Pero la multitud comenzó a gritar: "¡Qué muera este hombre! ¡Suéltanos a Barrabás!".
A Barrabás lo habían encarcelado por una sedición que tuvo lugar en la ciudad y por homicidio.
Pilato volvió a dirigirles la palabra con la intención de poner en libertad a Jesús.
Pero ellos seguían gritando: "¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!".
Por tercera vez les dijo: "¿Qué mal ha hecho este hombre? No encuentro en él nada que merezca la muerte. Después de darle un escarmiento, lo dejaré en libertad".
Pero ellos insistían a gritos, reclamando que fuera crucificado, y el griterío se hacía cada vez más violento.
Al fin, Pilato resolvió acceder al pedido del pueblo.
Dejó en libertad al que ellos pedían, al que había sido encarcelado por sedición y homicidio, y a Jesús lo entregó al arbitrio de ellos.
Cuando lo llevaban, detuvieron a un tal Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo cargaron con la cruz, para que la llevara detrás de Jesús.
Lo seguían muchos del pueblo y un buen número de mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él.
Pero Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: "¡Hijas de Jerusalén!, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos.
Porque se acerca el tiempo en que se dirá: ¡Felices las estériles, felices los senos que no concibieron y los pechos que no amamantaron!
Entonces se dirá a las montañas: ¡Caigan sobre nosotros!, y a los cerros: ¡Sepúltennos!
Porque si así tratan a la leña verde, ¿qué será de la leña seca?".
Con él llevaban también a otros dos malhechores, para ser ejecutados.
Cuando llegaron al lugar llamado "del Cráneo", lo crucificaron junto con los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda.
Jesús decía: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen". Después se repartieron sus vestiduras, sorteándolas entre ellos.
El pueblo permanecía allí y miraba. Sus jefes, burlándose, decían: "Ha salvado a otros: ¡que se salve a sí mismo, si es el Mesías de Dios, el Elegido!".
También los soldados se burlaban de él y, acercándose para ofrecerle vinagre,
le decían: "Si eres el rey de los judíos, ¡sálvate a ti mismo!".
Sobre su cabeza había una inscripción: "Este es el rey de los judíos".
Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: "¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros".
Pero el otro lo increpaba, diciéndole: "¿No tienes temor de Dios, tú que sufres la misma pena que él?
Nosotros la sufrimos justamente, porque pagamos nuestras culpas, pero él no ha hecho nada malo".
Y decía: "Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino".
El le respondió: "Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso".
Era alrededor del mediodía. El sol se eclipsó y la oscuridad cubrió toda la tierra hasta las tres de la tarde.
El velo del Templo se rasgó por el medio.
Jesús, con un grito, exclamó: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu". Y diciendo esto, expiró.
Cuando el centurión vio lo que había pasado, alabó a Dios, exclamando: "Realmente este hombre era un justo".
Y la multitud que se había reunido para contemplar el espectáculo, al ver lo sucedido, regresaba golpeándose el pecho.
Todos sus amigos y las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea permanecían a distancia, contemplando lo sucedido.
Llegó entonces un miembro del Consejo, llamado José, hombre recto y justo,
que había disentido con las decisiones y actitudes de los demás. Era de Arimatea, ciudad de Judea, y esperaba el Reino de Dios.
Fue a ver a Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús.
Después de bajarlo de la cruz, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro cavado en la roca, donde nadie había sido sepultado.
Era el día de la Preparación, y ya comenzaba el sábado.
Las mujeres que habían venido de Galilea con Jesús siguieron a José, observaron el sepulcro y vieron cómo había sido sepultado.
Después regresaron y prepararon los bálsamos y perfumes, pero el sábado observaron el descanso que prescribía la Ley.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

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Bulle

San Antonio de Padua (1195-1231)
franciscano, doctor de la Iglesia
Sermón para la Cena del Señor (Une Parole évangélique, Franciscaines, 1995).


He aquí que nuestro Amado va hacia el Monte de los Olivos

He aquí que nuestro Amado, racimo de alheña, bouquet de mirra (cf. Cant 1,12-13), después de celebrar el festín rico y refinado y cantar el himno, sale con sus discípulos hacia el Monte de los Olivos. Allí, pasa toda la noche sin dormir, preocupado por cumplir la obra de nuestra salvación. Se aleja de los apóstoles, tiene una tristeza de muerte. Se arrodilla delante de su Padre y le pregunta si es posible que esa hora pasara lejos de él. Pero somete su voluntad a la voluntad del Padre (cf. Mt 26,38-39). Entrado en agonía, “su sudor eran como gotas de sangre” (cf. Lc 22,4).
Después de esto, traicionado por uno de sus discípulos con un beso, es prendido y llevado como un malhechor. Su rostro está velado, luego lo cubren de insultos y escupidas. Lo golpean en la cabeza con una caña, le pegan, lo flagelan atado a una columna. Es coronado de espinas, condenado a muerte. Cargan sobre sus espaldas la madera de la cruz, lo ponen en camino hacia el Calvario. Despojado de sus vestiduras, crucificado entre dos ladrones, abrevado con hiel y vinagre, insultado, es blasfemado por los que pasan.
¿Qué podemos agregar? La Vida muere por la muerte que somos. ¡Ojos de nuestro Amado, cerrados en la muerte! Rostro inclinado y exangüe, sobre el que los ángeles aman fijar la mirada. ¡Labios, panal de miel que destila palabras de vida eterna, devenidos lívidos! ¡Maestro que pende inclinado y hace temblar a los ángeles! ¡Manos que tocando hacen desaparecer la lepra, devuelven la vista, expulsan al demonio, multiplican los panes! ¡Estas manos están atravesadas por clavos, bañadas en sangre!
Amados hermanos, recojamos todo esto, compongamos un bouquet de mirra, pongámoslo sobre nuestro pecho, llevémoslo en nuestro corazón, (…) para poder resucitar con él al tercer día. ¡Qué el que es bendito en los siglos, nos obtenga todo esto! Amén.

Oración

Señor, cuando tenga hambre, dame alguien que necesite comida;

Cuando tenga sed, dame alguien que precise agua;

Cuando sienta frío, dame alguien que necesite calor.

Cuando sufra, dame alguien que necesita consuelo;

Cuando mi cruz parezca pesada, déjame compartir la cruz del otro;

Cuando me vea pobre, pon a mi lado algún necesitado.

Cuando no tenga tiempo, dame alguien que precise de mis minutos;

Cuando sufra humillación, dame ocasión para elogiar a alguien; Cuando esté desanimado, dame alguien para darle nuevos ánimos.

Cuando quiera que los otros me comprendan, dame alguien que necesite de mi comprensión;

Cuando sienta necesidad de que cuiden de mí, dame alguien a quien pueda atender;

Cuando piense en mí mismo, vuelve mi atención hacia otra persona.

Haznos dignos, Señor, de servir a nuestros hermanos;

Dales, a través de nuestras manos, no sólo el pan de cada día, también nuestro amor misericordioso, imagen del tuyo.

-Madre Teresa de Calcuta M.C.





























lunes, 29 de marzo de 2021

10 maneras de contemplar y profundizar durante estos días en la Pasión de Cristo

 


La Encarnación del Hijo de Dios es la muestra de amor más grande que el hombre puede recibir. Jesús, siendo Dios, vino a este mundo y decidió entregar su propia vida para la salvación de la humanidad. Y lo hizo a través de una terrible muerte.

La Pasión de Cristo, en la que nos introducimos en esta Semana Santa, enseña este profundo amor por nosotros. Y podría haber evitado ese sufrimiento. Era el Hijo de Dios. Entonces, ¿por qué lo hizo? ¿Por qué decidió pasar por este terrible dolor?

San Ignacio de Loyola da dos razones fundamentales que responden a esta pregunta. Por un lado, sufrió la pasión para mostrar al mundo la gravedad del pecado. Pero también, y esta es la segunda razón, quería mostrar la inmensidad de su amor.

Jesús murió por nosotros para reparar nuestro pecado y mostrarnos su infinito. "¡No hay mayor amor que el que da la vida por sus amigos!", dice el Evangelio.

El padre Ed Broom, oblato de María Inmaculada, y experto en temas de espiritualidad ofrece en Catholic Exchange diez formas de contemplar la Pasión, el sufrimiento y la muerte de Jesús, realizada por amor al hombre:

1. Evangelios

Medita en oración los relatos de la Pasión en los cuatro Evangelios. Cada Evangelio tiene dos capítulos sobre la pasión de Cristo: Mt 26-27, Mc. 14-15, Lc. 22-23; y Jn. 18-19. Ve a la fuente última; ¡la palabra de Dios!

2. Contempla la cruz

Otra opción es pasar un tiempo en contemplación silenciosa ante un crucifijo. Contempla con amor la cabeza coronada de espinas. Luego contempla las cinco sagradas llagas de las que brotó la sangre para tu salvación. ¡Acércate y besa estas heridas expresando tu más sincera gratitud!

María Magdalena, la Virgen y San Juan en La Pasión de Cristo

3. Vía Crucis

Haz el Vía Crucis. Camina despacio y en oración contemplando las catorce Estaciones de la Cruz. Puedes estar con la Virgen, San Juan y María Magdalena acompañando a Jesús, el varón de dolores, en la Pasión. En oración, pregunta al Espíritu Santo cuál de las catorce estaciones toca más profundamente tu corazón.

4. Propuesta de una película: La pasión de Cristo

Una gran opción es ver la película de La Pasión de Cristo. Pero no la veas simplemente como una interpretación de Hollywood que ganó un Oscar. Hazlo según el modo de contemplación ignaciano. Debes estar listo para acompañar al Señor Jesús en cuerpo, mente y corazón con Nuestra Señora de los Dolores.

5. Otra película: Marcelino Pan y Vino

Hay otra bella película para ver estos días. Observa al niño Marcelino, y su íntima y creciente amistad con Jesús mientras está en la cruz. Conviértete en Marcelino tú mismo. Contempla a Jesús clavado de la cruz.

Conviértete en este amigo de Jesús. Habla con Jesús; comparte tus sentimientos con Él, tus dolores, tus luchas, tus miedos, tus dudas, tus inseguridades, ansiedades, tus tentaciones e incluso tus pecados. Dile a Jesús, mientras está clavado en la cruz, cuánto los amas, cuánto deseas renunciar al pecado y cuánto deseas estar con Él en el cielo por toda la eternidad.

6. Confesión

¿Por qué no arrodillarse ante Jesús crucificado y expresar con la más profunda contrición de corazón tu dolor por haber sido responsable de su horrenda y desgarradora pasión? Puedes terminar este acto de contrición haciendo una buena, mejor aún, la mejor confesión de toda tu vida. El Salvador sufriente te espera en este sacramento de la misericordia.

7. Meditación: las últimas siete palabras

Medita las últimas siete frases que Jesús expresó desde la cruz:

-“Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”

-"¡Tengo sed!"

-“Mujer, ahí tienes a tu hijo; hijo, ahí tienes a tu madre”

-"Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"

-“En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”

-"Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu"

-"¡Todo está cumplido!"

Escena de la última cena en La Pasión de Cristo

8. Santa Misa

Con mucho, el acto más grande en la tierra es el sacrificio de la Misa. De manera invisible pero real en cada misa se renuevan los frutos de la Pasión y muerte de Jesús en el Calvario (ese primer Viernes Santo). Asiste al Santo Sacrificio de la Misa para participar plenamente activa y conscientemente.

9. La contemplación su Preciosa Sangre

Jesús derramó su sangre varias veces por la salvación de la humanidad para que puedas estar con Él para siempre en el cielo. Reflexiona lentamente y en oración los diversos momentos en que derramó su sangre, comenzando con la circuncisión cuando era un bebé. Luego, sigue con las diversas escenas de su vida, específicamente su Pasión en la que derramó su sangre por amor.

-Huerto de los Olivos: gotas de sangre brotaron de Sus poros.

-Flagelación: ¡Fue azotado brutalmente soldados romanos, abriendo grandes heridas en su cuerpo. Él sufre esto para reparar los pecados contra la virtud de la pureza.

-Coronación de espinas, las cuales que penetraron profundamente en la piel de su cabeza

- Cargando con la cruz hasta el Calvario: San Bernardo y otros santos han hablado sobre el dolor insoportable que debió haber experimentado con la cruz y sus astillas atravesando y penetrando Su hombro.

-Las vestiduras desgarradas: Al llegar al Calvario, los soldados rasgaron brutalmente sus vestiduras, reabriendo así las heridas que le habían infligido en la flagelación; una vez más para reparar los pecados de la impureza.

-Crucifixión: con los clavos que atravesaron y penetraron sus manos y pies su sangre corría a borbotones.

-Costado abierto: incluso después de su muerte, siguió dando su sangre. Con la lanza, el soldado perfora su costado atravesando su Sagrado Corazón, del que salió sangre y agua.

10. Nuestra Señora de los Dolores

Como en la película La Pasión de Cristo, ¿por qué no intentar vivir todos los diferentes momentos de la Pasión, el sufrimiento y la muerte de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo a través de los ojos y del Corazón Doloroso e Inmaculado de María, la Madre de Dios?

ReL

Vea también    Un recorrido por la pasión de Cristo, de ayer y de hoy. Un Vía Crucis para los jóvenes



miércoles, 2 de enero de 2019

Alejado y proaborto hasta que vio «La Pasión» de Mel Gibson: en Garabandal se selló su conversión

Antonio, profesor universitario, vivió una tremenda experiencia durante la película



Antonio es profesor universitario, está casado y es padre de tres hijos
Antonio es profesor universitario, está casado y es padre de tres hijos
Antonio José Sánchez Sáez es profesor titular de Derecho en la Universidad
de Sevilla. Desde niño le gustaban los estudios y se volcó completamente en
ellos. Consiguió las mejores becas, fue enviado a estudiar a Harvard y a la
Sorbona. Pero cuanto más reconocimiento tenía más se alejaba de Dios,
hasta el punto de atacar las creencias de la Iglesia y defender públicamente
el aborto en sus charlas con los amigos.
Ahora ve claro que el demonio le engañó con la soberbia, y tuvo que ser la
humildad extrema que vio en La Pasión de Cristo de Mel Gibson en el cine
lo que le llevó a una conversión que se acabó afianzando gracias a la Virgen
en Garabandal y en otros lugares marianos como Medjugorje.
Sánchez Sáez, casado y padre de tres hijos, recuerda en una entrevista en
el programa Cambio de Agujas de Euk Mamie, que tanto él como sus
hermanos fueron educados en colegios católicos, pero que esta fe que
pudo llegar a tener se fue diluyendo hasta dejar toda práctica religiosa.
“La soberbia de la intelectualidad”
“A mí me han ido siempre muy bien los estudios. Todo mi tiempo y mi
vocación era estudiar y sacar las mejores notas. Cuando entré en la
universidad me volqué completamente en los estudios y los idiomas. En
muchas ocasiones los estudios tienen una parte muy buena de acercarte
al Señor, pero a mí me alejó
, sobre todo por esa soberbia de creerte que
puedes con todo, de ser el número 1, de que te halaguen, de triunfar en el
mundo”, explica este andaluz.
Pero además, el profesor de Derecho fue más allá haciendo “proselitismo” de
esa forma de pensar, pues cuenta que “utilizaba mi conocimiento para
introducir el relativismo en las personas que me rodeaban
, y podría haber
quitado la fe a mucha gente”.
Él lo llamaba la “soberbia de la intelectualidad” y poco a poco fue intoxicando
su corazón hasta llegar a defender públicamente el aborto y “todos los
pecados que ahora son alabados como los derechos del hombre”.
“Mi vida estaba vacía”
Antonio tiene claro que “el demonio es muy inteligente” y sabía cómo tentarle
para que él cayera, y era el éxito. La mejor beca, Harvard, la Sorbona, la plaza
de profesor en la universidad… “No me dejaba reflexionar, no tenía
constancia del camino equivocado que estaba llevando
, era un frenesí
de éxito y de un hombre que según el mundo podía ser ejemplar”.
Sin embargo, confiesa que “mi vida era una vida vacía”, aunque de eso se dio cuenta más tarde. Actuó como un “peón del enemigo” en donde “Dios no tenía hueco en mi vida”.
Fue entonces cuando se echó novia y se acabó casando con ella. Su esposa era católica, pero poco a poco fue alejándola de la práctica religiosa. Y llegó el momento que cambiaría su vida para siempre.
Una película comenzó a cambiar su vida
Una tarde acudió con su esposa para ver alguna película en versión original, pues ella es profesora de inglés. Aquel día no había ninguna, pero proyectaban La Pasión de Cristo de Mel Gibson.
“Entramos sin que tuviéramos idea de qué era la película, ni que la dirigía Mel Gibson”, recuerda Antonio. No había más de quince personas allí y según empezó a ver las escenas quedó “absorbido” completamente.
Cuando Jesús aparece en el Monte de los Olivos, y vio el enormemente sufrimiento de Jesús, este profesor asegura que “empecé a sentir mucho dolor por mis pecados y luego el don de lágrimas”.  Durante toda la película estuvo llorando. “No era un llanto histérico –explica- sino que recuerdo que eran lágrimas calientes, que me empaparon toda la camisa y me llegaban hasta el pantalón. Cuando acabó la película me sentí transformado y pensé: ‘todo esto fue verdad, ¡lo sufriste por mí!”.
“¿Qué te ha pasado?”
El problema era que había llorado tanto que le daba vergüenza que le viera su mujer, y por eso no se atrevía a levantarse de la butaca. Y entonces en los créditos de la película vio que Mel Gibson se había basado en las visiones de la beata Ana Catalina Emmerich (cuyos libros puede comprar aquí) y los escritos de la española sor María de Jesús de Ágreda.
En su retina se quedaron esos dos nombres que más adelante tuvieron un papel muy importante en su vida. Al día siguiente, Antonio tenía un hambre enorme de Dios, y dijo a su mujer que quería ir a misa. “¿Qué te ha pasado?”, le preguntó extrañada, pues él siempre se empeñaba en quitar y esconder cualquier imagen religiosa que encontrase. Además, quería confesar.
De defender el aborto a rezar frente a un abortorio
Al verla tan sorprendida, le contó todo lo que había experimentado en el cine. Y así se fraguó la conversión de Antonio y la vuelta a la práctica religiosa plena de su esposa. “En aquella primera confesión hubo otra llantina y una alegría tremenda tras muchos años. Esto me llevó rápidamente a la Adoración y luego a rezar frente a un abortorio. ¡Yo, que apoyaba el aborto! El Señor lo barrió todo y me transformó”.
Desde aquel momento, Antonio quiso ofrecer su vida para ser un “instrumento de misericordia, que Dios existe, y que su Madre nos busca siempre para traernos, por muy alejados que estemos”.
Un carisma mariano muy especial
Pues si su conversión comenzó con la película de La Pasión, y se fue fraguando con las lecturas de la beata Emmerich y sor María Jesús de Ágreda, se consolidó gracias a la Virgen María. “Desde el principio, mi conversión tuvo un carácter apocalíptico”, explica este profesor universitario.
Esto le llevó a interesarse sobremanera por las apariciones de la Virgen María y por sus mensajes. “Mi devoción y carisma han sido los avisos que Nuestra Madre del Cielo nos ha hecho desde estos últimos 150 años”, conociendo “por qué se aparecía” y hablaba de la “urgente conversión”, la “gran apostasía” y la segunda venida del Señor.


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En Garabandal, una pequeña aldea cántabra, Antonio pidió dos pruebas de fe

Las pruebas de fe a la Virgen
Así fue como descubrió las apariciones de Garabandal, una pequeña aldea cántabra en la que se habría aparecido la Virgen a unas niñas durante la década de los 60 del pasado siglo. “Tenía que ir a Garabandal: “’Quiero ir’, le dije a mi mujer”. Iba a ir solo pero convencí a mi mujer. Fuimos y allí a la Virgen le pedí dos pruebas de fe”.
Como hombre de estudio y de ciencia necesitaba conocer la verdad. De hecho, sabía que el demonio le había atacado por la inteligencia y el conocimiento, y por eso Dios le convenció a través de la los argumentos filosóficos, doctrinales e históricos. En su naturaleza siempre había estado el investigar todo.
Y allí estaba, en Garabandal delante de la pequeña imagen de la Virgen situada en Los Pinos. “Pedí dos pruebas sobrenaturales y me las dio. Fueron clarísimas, patentes y evidentes, y desde entonces la Virgen de Garabandal me acompaña y la tengo en mi dormitorio, en mi coche, en mi Rosario de dedo y la tengo muy presente en mi vida.
Y este mensaje mariano se ha convertido en vital en su vida y en una misión apostólica. “Si no cambiamos de rumbo y no nos convertimos (como los habitantes de Nínive ante las advertencias de Jonás), pronto comenzarán los acontecimientos apocalípticos allí descritos, y que nos ha recordado la Virgen angustiosamente en sus apariciones de los últimos años, muchas ya aprobadas y reconocidas por la Iglesia (La Salette, Lourdes, Fátima, Amsterdam, Akita, Kibeho) y otras aún por aprobar (Ezquioga, Garabandal, Prado Nuevo, Medjugorje). Si los profetas anunciaron la proximidad del Mesías, de Cristo, es ahora su madre, la Santísima Virgen María, la que, desde hace décadas, nos profetiza la inminencia de su segunda venida. Si antes Cristo vino al mundo, en su primera venida, por medio de su madre, también ahora será ella la que nos lo traiga por segunda vez. Es un carisma difícil de llevar el que Dios me dio, pero con la ayuda de la Virgen y la de mi director espiritual, se hace menos pesado”, afirmaba Antonio en otra entrevista.
Publicado originariamente en Cari Filii News














viernes, 30 de marzo de 2018

Lope de Vega, Quevedo, Góngora… Los 10 mejores sonetos para meditar sobre la Pasión de Cristo

Las plumas del Siglo de Oro, al pie de la Cruz
Lope de Vega, Quevedo, Góngora… Los 10 mejores sonetos para meditar sobre la Pasión de Cristo
Al pie de la Cruz, la emoción y la reflexión se conjuntan, y también se expresan como arte

La Semana Santa siempre ha sido un tiempo de celebración y devoción para los fieles y también de inspiración para los artistas.

Los motivos de la Pasión y la Resurrección del Señor han dado lugar a innumerables obras de incalculable valor en todos los campos: escultura, pintura, música, cine (a partir del siglo XX)… Y también, por supuesto, en la literatura.

Uno de los géneros de la literatura es la poesía y una de las formas de la poesía es el soneto (del italiano sonetto, cancioncilla).

Esta compilación es sólo y exclusivamente de sonetos que tienen como motivo –total o parcialmente- una escena de la Pasión. Todos los seleccionados corresponden a autores de los siglos de oro de la literatura española (XVI y XVII).

Si Lope de Vega y Quevedo se llevan la palma con cuatro poemas cada uno, es porque son los que más se prodigaron en esta suerte.

Sonetos de la Pasión

1.
Pastor que con tus silbos amorosos
me despertaste del profundo sueño,
Tú que hiciste cayado de ese leño,
en que tiendes los brazos poderosos,

vuelve los ojos a mi fe piadosos,
pues te confieso por mi amor y dueño,
y la palabra de seguirte empeño,
tus dulces silbos y tus pies hermosos.

Oye, pastor, pues por amores mueres,
no te espante el rigor de mis pecados,
pues tan amigo de rendidos eres.

Espera, pues, y escucha mis cuidados,
pero ¿cómo te digo que me esperes,
si estás para esperar los pies clavados?
Lope de Vega

2. En la muerte de Cristo, contra la dureza del corazón del hombre

Pues hoy derrama noche el sentimiento
por todo el cerco de la lumbre pura,
y amortecido el sol en sombra oscura,
da lágrimas al fuego, y voz al viento;

pues de la muerte el negro encerramiento
descubre con temblor la sepultura,
y el monte, que embaraza la llanura
del mar cercano, se divide atento,

de piedra es hombre duro, de diamante
tu corazón, pues muerte tan severa
no anega con tus ojos tu semblante.

Mas no es de piedra, no; que si lo fuera,
de lástima de ver a Dios amante,
entre las otras piedras se rompiera.
Francisco de Quevedo



El Cristo crucificado de Velázquez

3. Soneto a Cristo crucificado

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.
Anónimo

4. Sobre estas palabras que dijo Jesucristo en la Cruz: “Mulier, ecce filius tuus: ecce Mater tua” (Ioan, 19)

Mujer llama a su Madre cuando expira,
porque el nombre de madre regalado
no la añada un puñal, viendo clavado
a su Hijo, y de Dios, por quien suspira.

Crucificado en sus tormentos, mira
su Primo, a quien llamó siempre «el Amado»,
y el nombre de su Madre, que ha guardado,
se le dice con voz que el Cielo admira.

Eva, siendo mujer que no había sido
madre, su muerte ocasionó en pecado,
y en el árbol el leño a que está asido.

Y porque la mujer ha restaurado
lo que sólo mujer había perdido,
mujer la llama, y Madre la ha prestado.
Francisco de Quevedo

5. Fuerza de lágrimas
Con ánimo de hablarle en confianza
de su piedad entré en el templo un día,
donde Cristo en la cruz resplandecía
con el perdón que quien le mira alcanza.

Y aunque la fe, el amor y la esperanza
a la lengua pusieron osadía,
acordéme que fue por culpa mía,
y quisiera de mí tomar venganza.

Ya me volvía sin decirle nada,
y como vi la llaga del costado,
paróse el alma en lágrimas bañada:

Hablé, lloré y entré por aquel lado,
porque no tiene Dios puerta cerrada
al corazón contrito y humillado.
Lope de Vega



Detalle de los pies en el Cristo crucificado de Velázquez

6. A Cristo en la Cruz
Pender de un leño, traspasado el pecho
y de espinas clavadas ambas sienes;
dar tus mortales penas en rehenes
de nuestra gloria, bien fue heroico hecho.

Pero más fue nacer en tanto estrecho
donde, para mostrar en nuestros bienes
a dónde bajas y de dónde vienes,
no quiere un portadillo tener techo.

No fue esta más hazaña, ¡oh gran Dios mío!,
del tiempo, por haber la helada ofensa
vencido en flaca edad, con pecho fuerte

—que más fue sudar sangre que haber frío—,
sino porque hay distancia más inmensa
de Dios a hombre que de hombre a muerte.
Luis de Góngora

7.
¡Cuántas veces, Señor, me habéis llamado,
y cuántas con vergüenza he respondido,
desnudo como Adán, aunque vestido
de las hojas del árbol del pecado!

Seguí mil veces vuestro pie sagrado,
fácil de asir, en una cruz asido,
y atrás volví otras tantas, atrevido,
al mismo precio en que me habéis comprado.

Besos de paz os di para ofenderos,
pero si fugitivos de su dueño
hierran cuando los hallan los esclavos,

hoy que vuelvo con lágrimas a veros,
clavadme vos a vos en vuestro leño,
y tendréisme seguro con tres clavos.
Lope de Vega



Cristo después de la flagelación, de Murillo

8. Al buen ladrón, sobre las palabras: “Memento mei” et “Hodie mecum eris in Paradiso”, acordando lo que dice: “Non rapinam arbitratus”

¡Oh vista de ladrón bien desvelado,
pues estando en castigo tan severo
vio reino en el suplicio y el madero,
y rey en cuerpo herido y justiciado!

Pide que dél se acuerde el coronado
de espinas, luego que Pastor Cordero
entre en su reino, y deja el compañero
por seguir al que robo no ha pensado.

A su memoria se llegó, que infiere
con Dios su valimiento, porque vía
que por ella perdona a quien le hiere.

Sólo que dél se acuerde le pedía
cuando en su reino celestial se viere,
y ofreciósele Cristo el mismo día.
Francisco de Quevedo

9.
Muere la vida, y vivo yo sin vida,
ofendiendo la vida de mi muerte,
sangre divina de las venas vierte,
y mi diamante su dureza olvida.

Está la majestad de Dios tendida
en una dura cruz, y yo de suerte
que soy de sus dolores el más fuerte,
y de su cuerpo la mayor herida.

¡Oh duro corazón de mármol frío!,
¿tiene tu Dios abierto el lado izquierdo,
y no te vuelves un copioso río?

Morir por él será divino acuerdo,
mas eres tú mi vida, Cristo mío,
y como no la tengo, no la pierdo.
Lope de Vega



Agnus Dei de Zurbarán

10. Refiere cuán diferentes fueron las acciones de Cristo Nuestro Señor y de Adán

Adán en Paraíso, Vos en huerto;
él puesto en honra, Vos en agonía;
él duerme, y vela mal su compañía;
la vuestra duerme, Vos oráis despierto.

Él cometió el primero desconcierto,
Vos concertastes nuestro primer día;
cáliz bebéis, que vuestro Padre envía;
él come inobediencia, y vive muerto.

El sudor de su rostro le sustenta;
el del vuestro mantiene nuestra gloria:
suya la culpa fue, vuestra la afrenta.

Él dejó horror, y Vos dejáis memoria;
aquél fue engaño ciego, y ésta venta.
¡Cuán diferente nos dejáis la historia!
Francisco de Quevedo

F. Delgado-Iribarren ReL