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lunes, 2 de septiembre de 2024

5 consejos para comenzar a orar con el corazón


Personas orando


La oración es el motor de todo cristiano, lo que nos mueve y nos impulsa a la alegría de comunicar a otros nuestro encuentro con Jesús.

Muchas veces escuchamos a algunos decir que los católicos no sabemos orar y que solo repetimos oraciones que nos sabemos de memoria, desconociendo que éstas han sido inspiradas en la Sagrada Escritura y en las palabras que Jesús pronunció. Al repetirlas vamos disponiendo el corazón para encontrarnos con Dios.

Profundizando en la oración vocal, nos podemos adentrar en la oración del corazón, esa que busca su fuente en el fondo de nuestro ser, más allá de la voluntad, de los afectos e incluso de las técnicas.

Por la oración del corazón buscamos al mismo Dios que habita en nuestro ser y lo encontramos invocando su nombre.

Leyendo el libro “La oración del corazón” de Jean Lafrance, un sacerdote francés, director de ejercicios y retiros, aprendí algunas claves para comenzar a orar con el corazón:

1. La peregrinación al corazón:

Muchas veces solo vivimos. No somos conscientes de lo que llevamos dentro de nosotros mismos. Estamos como adormecidos y dejamos que se apaguen en nuestro corazón las energías del Espíritu. 

«En el Evangelio, Cristo no cesa de repetir que hay que velar y orar, tras la puerta, esperando su vuelta: «velad, estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre» (Mt. 24, 42-44). El hombre así despierto debe aprender a convertirse en vigilante, es decir en un ser que espera pacientemente en silencio, que el rostro de amor de Dios quiere revelarse a los ojos de su corazón». (La oración del corazón. Jean Lafrance)

Es como aprender a sorprender al corazón en oración sin que la razón prepare nuestro diálogo con Dios. Todo esto tiene que ver con abrirnos auténticamente a la conversión. Esta no es una gracia de fuerza, sino de luz, una luz que no podemos fabricar nosotros mismos, se trata de que la aceptemos y nos dispongamos a recibirla esperándola con deseo.

2. Despertar el recuerdo de Dios:

La conversión es una verdadera revolución. Se trata de que el mundo no gire a mi alrededor, sino alrededor de Dios y de los demás.

Por eso la inclinación del corazón del hombre es ofrecerse, amar y buscar a Dios, en una palabra, adorar. Para adorar es necesario haber descubierto el rostro de Dios y sentirse atraído por Él. Para adorar hace falta más que la visión, hace falta el amor, darnos a Dios.

«En vez de ofrecer un día perfecto (¿qué significa eso?) ofrecemos un día lamentable, ¿qué importa, con tal que se ofrezca? Dios puede hacer lo que quiera del menor instante de nuestra vida si nosotros estamos decididos a ofrecérselo tal como es. Para liberarnos de todos nuestros complejos, lo más sencillo es darlos tal como son, sin tratar de librarse de ellos antes. Los que se acicalan antes de presentarse a Dios, parecen como si no quisieran darle todo, sino lo más hermoso, aunque sea precisamente lo feo lo que desea curarle Cristo». (La oración del corazón. Jean Lafrance)

3. La oración continua

Cuanto más avanzamos en la vida de oración más nos damos cuenta de lo importante que es perseverar. Esta perseverancia está ligada íntimamente a la fe y a la confianza. Muchas veces oramos con perseverancia, pero ponemos demasiado la confianza en nuestras fuerzas y nuestras esperanzas se centran en obtener resultados. Ponemos nuestra seguridad no en Dios sino en nuestros métodos.

Para alcanzar la oración constante es necesario desprendernos. El combate que supone nuestra búsqueda o nuestra huida de Dios se encuentra en la intención que anima nuestro corazón y esta intención se debe centrar en buscar solo a Dios.

4. La oración ininterrumpida

«Cuando el hombre ha adquirido la costumbre de acudir a Dios en todas sus cosas, para presentarle sus peticiones o para bendecirle en la acción de gracias, entra en un estado de oración incesante. Ha liberado en él su corazón de oración y se sorprende al ver cómo esta oración nace de su interior sin darse cuenta» (La oración del corazón. Jean Lafrance).

En otras palabras, es la unificación de nuestro corazón con Dios, vivir desde nuestro centro, que ilumina e irradia todos nuestros sentidos, acciones y facultades. Parece que algo se eleva de las profundidades de nuestro ser, una energía íntima o una fuente de luz que irradia su propio brillo. Mientras más me uno con Jesús, más me lleno de su presencia

5. El verdadero amor

A menudo nos repiten que deberíamos hacer un esfuerzo para amar a los demás o para vencer una antipatía, y por eso hemos llegado a creer que el amor al prójimo depende de nuestra buena voluntad. Es cierto, el amor exige una actividad por nuestra parte, pero tiene que situarse en las profundidades de nuestro corazón, allí donde el amor ha sido derramado por el Espíritu Santo.

«Pasa con el amor al prójimo lo mismo que con la oración; mientras intentemos hacer que nazca fuera, con el esfuerzo de la inteligencia o de la voluntad, fracasaremos lamentablemente. Este amor no es una virtud moral. Antes de amar a Dios y a los hermanos, hay que vivir la realidad de que Dios me ama. Se trata de un amor recibido, es la vida del resucitado derramada en nuestros corazones». (La oración del corazón. Jean Lafrance)

Luisa Restrepo, chuchpop

Vea también      Oración y Meditación del Católico: 
El Respirar el Alma en el Espíritu Santo



miércoles, 20 de septiembre de 2023

Vivir la vida contemplativa y la vida activa en armonía

mujer feliz plenitud


La vida cristiana se compone de dos dimensiones fundamentales: la contemplación y la acción. Ambas dimensiones son esenciales para el seguimiento de Cristo, pero ¿cómo se relacionan entre sí? ¿Cómo podemos equilibrarlas en nuestra vida cotidiana?

La vida cristiana se compone de dos dimensiones fundamentales: la contemplación y la acción. La primera se refiere al amor a Dios, expresado en la oración, la adoración y el estudio de las verdades divinas. La segunda se refiere al amor al prójimo, manifestado en las obras de caridad, justicia y apostolado.

Para responder a estas preguntas, podemos recurrir a la sabiduría de Santo Tomás de Aquino, el gran teólogo y filósofo del siglo XIII, que dedicó varias cuestiones de su Suma Teológica a este tema.

Según Santo Tomás, la vida contemplativa y la vida activa se complementan entre sí, pero no de la misma manera. La vida contemplativa es superior a la vida activa, porque tiene como objeto a Dios mismo, que es el bien supremo y la felicidad última del hombre.

La vida activa, en cambio, tiene como objeto los bienes temporales y humanos, que son medios para alcanzar a Dios. Sin embargo, la vida activa es necesaria para la vida contemplativa, porque nos ayuda a purificar nuestro corazón de las pasiones desordenadas, a ejercitar las virtudes morales y a disponernos para recibir la gracia divina.

Además, la vida activa es un fruto de la vida contemplativa, porque nos impulsa a compartir con los demás el amor y la verdad que hemos recibido de Dios.

Por lo tanto, no se trata de oponer o separar la vida contemplativa y la vida activa, sino de integrarlas y armonizarlas. Para ello, Santo Tomás nos propone algunos criterios prácticos:

VIDA CONTEMPLATIVAPRIORIDAD

Debemos dar prioridad a la vida contemplativa sobre la vida activa, sin descuidar las obligaciones de nuestro estado y vocación. Esto significa que debemos dedicar tiempo suficiente y de calidad a la oración personal y comunitaria, a la lectura espiritual y a la participación en los sacramentos.

VIDA ACTIVACON CONTEMPLACIÓN

TEAM

Debemos realizar las obras de la vida activa con espíritu de contemplación, es decir, con atención, recogimiento y amor a Dios. Esto implica que debemos evitar el activismo, el estrés y la dispersión, y buscar hacer todo por Dios y para Dios.

VOLUNTAD DE DIOSATENTOS A ATENDERLA

caridad

Debemos estar atentos a los signos de los tiempos y a las necesidades de nuestros hermanos, especialmente de los más pobres y necesitados. Esto supone que debemos estar abiertos a la voluntad de Dios y a las inspiraciones del Espíritu Santo, que nos pueden llamar a salir de nuestra comodidad y a servir con generosidad y alegría.

La vida contemplativa y la vida activa son dos caras de una misma moneda: el amor. Solo el amor nos permite vivir en comunión con Dios y con los demás. Como dijo San Juan de la Cruz: “En el atardecer de la vida nos examinarán del amor”.

Matilde Latorre, Aleteia

Vea también     Día 21: Consagración de nuestra vida de oración - 33 Pasos con María a Jesús




























domingo, 9 de julio de 2023

Conoce la vida contemplativa: oración, trabajo y servicio

WORLD DAY OF CONSECRATED LIFE

Las monjas y monjes de vida contemplativas son mujeres y hombres que han consagrado su vida a Dios en el silencio, la oración y la clausura. Sin embargo, esto no significa que lleven una vida ociosa o inútil. Al contrario, realizan una gran variedad de tareas que contribuyen al bien de la Iglesia y de la sociedad

Las comunidades contemplativas están formadas por mujeres y hombres que han respondido con generosidad a la llamada de Dios.

Lo han dejado todo por seguir a Cristo y han encontrado en Él el sentido de su vida. Han elegido la mejor parte, que no les será quitada.

Son un don para la Iglesia y para el mundo. Con su oración, su trabajo y su servicio, contribuyen al bien común y a la salvación de las almas.

Con su testimonio, inspiran a muchos a buscar a Dios y a entregarse a Él. Son una esperanza para el futuro.

Estas comunidades nos muestran que es posible vivir en este mundo sin ser del mundo, que es posible ser felices sin tenerlo todo, que es posible ser santos sin hacer ruido.

 La oración, corazón de la vida contemplativa

La oración es la razón de ser de las comunidades contemplativas. Ellas dedican gran parte de su día a la alabanza de Dios, a la intercesión por las necesidades del mundo y a la contemplación de los misterios de la fe.

La oración es el motor que impulsa su vida y su misión.

Su oración se expresa de diversas formas: la liturgia de las horas, la eucaristía, la adoración eucarística, el rosario, la lectio divina, la meditación, el silencio

Cada orden religiosa tiene su propia espiritualidad y carisma que enriquecen la oración con matices propios.

La oración de los contemplativos no es egoísta ni aislada, rezan por toda la Iglesia, por el Papa, por los obispos, por los sacerdotes, por los religiosos, por los fieles laicos, por los enfermos, por los pobres, por los pecadores, por los que sufren…

También rezan por las intenciones que les hacen llegar personas de todo el mundo que confían en su poder intercesor.

La oración de la vida contemplativa es una forma de evangelización silenciosa pero eficaz.

Son testigos de que Dios existe, de que es amor y de que vale la pena entregarle todo, son nuestros faros de luz en medio de las tinieblas del mundo.

El trabajo: una expresión de amor y creatividad

Las monjas y monjes no solo rezan, sino que también trabajan. El trabajo es una dimensión esencial de la vida humana y cristiana.

El trabajo dignifica a la persona, la permite desarrollar sus capacidades y colaborar con Dios en la obra de la creación.

Realizan diversos tipos de trabajo según sus habilidades y las necesidades del monasterio.

Se dedican a la limpieza, al cuidado del huerto, al mantenimiento de las instalaciones…

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También se ocupan de la cocina, de la lavandería, de la enfermería, o se especializan en algún oficio artesanal o artístico: bordado, cerámica, repostería, música…

CLARISAS

Su trabajo tiene un doble fin: el sustento económico del monasterio y el servicio a los demás.

Venden algunos productos, que elaboran con sus manos, en sus monasterios y conventos o en fundaciones como la Fundación DeClausura.

Estos productos son apreciados por su calidad y por su valor espiritual. Muchas personas compran estos productos para apoyarlos o para regalarlos a sus seres queridos.

Este trabajo también tiene un valor apostólico. A través del trabajo, transmiten el mensaje del Evangelio con su ejemplo y con su arte.

Muchas personas se acercan al monasterio para comprar sus productos o para solicitar sus servicios y se encuentran con una sonrisa, una palabra amable o una bendición.

El servicio: una manifestación de comunión y caridad

Las comunidades contemplativas no viven solas sino en comunidad. La comunidad es una escuela de amor donde aprenden a convivir con sus hermanas y hermanos, a compartir lo que tienen y lo que son, a perdonar y a pedir perdón, a ayudarse mutuamente.

La comunidad es también una familia donde se sienten acogidos, queridos y respetados.

La comunidad es un lugar donde celebrar las alegrías y llorar las penas, donde reír y llorar juntos, donde crecer en la fe y en la amistad.

La comunidad es también una expresión de la Iglesia universal. Se sienten unidos a todos los miembros del cuerpo de Cristo, especialmente a los más necesitados.

Se interesan por lo que pasa en el mundo y se comprometen con las causas justas. A pesar de su precariedad económica colaboran con otras comunidades religiosas y con otras instituciones eclesiales y sociales.

La comunidad es también una anticipación del cielo. Las monjas viven en la esperanza de la vida eterna, donde verán a Dios cara a cara y gozarán de su presencia para siempre. Viven en la alegría de saberse hijas e hijos de Dios y herederos de su reino.

Un don para la Iglesia y para el mundo 

Son una invitación a todos los cristianos a vivir con más intensidad nuestra relación con Dios, a ponerlo en el centro de nuestra vida, a confiar en su providencia, a amarlo con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con todas nuestras fuerzas.

Una bendición para todos los que las conocen, las visitan o se comunican con ellas y ellos.

Nos ofrecen su amistad, su escucha, su consejo, su oración. Nos hacen sentir que no estamos solos, que hay alguien que nos quiere y que reza por nosotros.

Las monjas contemplativas son un regalo de Dios. Demos gracias al Señor por ellas y pidámosle que suscite muchas vocaciones a esta forma de vida tan bella y tan necesaria.


Matilde Latorre, Aleteia Vea también       Vida Consagrada: Espiritualidad y Realidad de los Consagrados en la Vida Religiosa

(abundante información)





























domingo, 3 de julio de 2022

¿Leíste los Relatos de un Peregrino Ruso?

BOOKS

Podemos orar sin cesar y agradar a Dios en todos nuestros actos, por más sencillos que parezcan

“No amo a Dios, puesto que si amase a Dios, estaría continuamente pensando en Él con profundo gozo”

Relatos del Peregrino Ruso

De casualidad vi el libro en una de las estanterías de la Librería Católica. Su título me cautivó:  Relatos de un Peregrino Ruso.

Supe con el tiempo que era un clásico de espiritualidad. Se calcula que fue escrito alrededor de 1855.

Un libro tan antiguo ¿qué tendría que decirme? Lo he recordado porque un lector me preguntó si le recomendaba su lectura. A mí me encantó por su sencillez e ingenuidad. Caminé junto a un Peregrino de alma inquieta y pura que sale en la búsqueda de la verdad.

En una obra que puedes encontrar en cualquier librería católica en tu país, pregunta por ella. No te defraudará su lectura.

Todos somos el Peregrino

Me he identificado con nuestro Peregrino porque todos, en algún momento de nuestras vidas, somos como él. Llenos de inquietudes salimos en la búsqueda de un ideal, un propósito, una respuesta a nuestras preguntas.

La trama es muy sencilla. Empieza de esta forma:

“El domingo vigesimocuarto después de la Trinidad entré en la Iglesia para orar durante el oficio; estaban leyendo la epístola de San Pablo a los Tesalonicenses, en el pasaje en que está escrito: Orad sin cesar. Estas palabras penetraron profundamente en mi espíritu, y me pregunté cómo es posible orar sin cesar, siendo así que todos debemos ocuparnos en diversos trabajos a fin de proveer a la propia subsistencia.

Busqué en la Biblia y leí con mis propios ojos exactamente lo mismo que había oído: «Orad sin cesar», «orad en todo momento en espíritu».

¿Qué hacer?, pensé. ¿Dónde encontrar una persona capaz de explicarme estas palabras? Iré por las iglesias donde predican oradores famosos y acaso en ellas encontraré lo que busco. Y sin más, me puse en camino”.

Ahora sabemos que hay muchas formas de hacerlo. Podemos orar sin cesar y agradar a Dios en todos nuestros actos, por más sencillos que parezcan. Te comparto en este escrito 7 claves para lograrlo. ¡Te van a encantar!

Un camino espiritual con una meta

El peregrino escribe el libro en primera persona, como si fuese un diario personal. En realidad es un itinerario espiritual.

Busca el conocimiento de la oración. Usa palabras muy sencillas y te identificas con él, sientes que caminas a su lado.

Es una travesía interminable, en busca de una respuesta a una pregunta que parece sencilla: “Cómo puedo orar sin cesar?”. ¿Lo has pensado alguna vez?

 A nuestro Peregrino nada lo detiene, es perseverante. Está enfocado y no se desvía por nada.

En Aleteia hemos publicado algunos artículos buenísimos sobre esta maravillosa obra, mostrando la fuerza de su espiritualidad y grandes enseñanzas que los lectores podemos sacar de su lectura.

Toda nuestra vida puede ser oración

¿Te gustaría saber más?  Fray Nelson Medina nos enseña las prácticas que debemos cultivar para que todo en nuestra vida sea una oración.

“Antes de intentar que todo sea oración hay que tener experiencia viva, frecuente, habitual, gozosa, sin romanticismo, de lo que es orar”.

Recuerdo una ocasión que un conocido sacerdote, el padre Jorge Loring, vino a mi país, Panamá.

Conducía el auto, encendí la radio y de casualidad escuché una entrevista que le hacían en la emisora.

Explicaba que podemos ofrecer a Dios todas nuestras actividades cotidianas y pedirle que las convierta en oración, es el ofrecimiento de obras.

Es lo que yo hago todos los días. Temprano me levanto y lo primero es ofrecer a Dios todo lo que haré.

Le pido que mis actos sean una oración continua, aunque lo olvide en el camino, por estar trabajando. Que cada gesto, pensamiento y palabra se convierta en oración.

¿Eres contemplativo?

Ya lo decía san Josemaría Escrivá:“Los hijos de Dios hemos de ser contemplativos: personas que, en medio del fragor de la muchedumbre, sabemos encontrar el silencio del alma en coloquio permanente con el Señor: y mirarle como se mira a un Padre, como se mira a un Amigo, al que se quiere con locura”.

Y tú, amable lector, ¿tienes alguna forma predilecta para rezar? Compártela con nosotros. Te paso mi email personal: cv2decastro@hotmail.com

¡Dios te bendiga!

Claudio de Castro, Aleteia 


Vea también               Consagración de nuestra Vida de Oración

























miércoles, 2 de febrero de 2022

¿Sabías que la vida contemplativa es posible? Te dejamos 7 claves para cultivarla desde donde te encuentres


 

Cuando oímos el término contemplativo nos puede parecer que se trata de algo limitado a las personas que se retiran del mundo para dedicarse exclusivamente a Dios. Ellos serían los únicos que podrían alcanzar ese estado de estrecha comunión con la divinidad. Pero en realidad se trata de una forma de vivir también en el mundo

El estar metidos en Dios no impide estar de lleno en el trabajo, amando todo lo noble que existe en el mundo. Al contrario, para la mayor parte de cristianos la contemplación no se debe separar de la acción: contemplo, porque trabajo; y trabajo, porque contemplo. 

El mensaje de san Josemaría es justamente el que podemos llegar a ser contemplativos en medio de las actividades ordinarias de cada día, en medio del trabajo.

Sostiene que no resulta difícil convertir el trabajo en un diálogo de oración. Y nos da los primeros indicios: «nada más ofrecérselo y poner manos a la obra, Dios ya escucha, ya alienta. ¡Alcanzamos el estilo de las almas contemplativas, en medio de la labor cotidiana!»

Buscar la unión con lo sobrenatural

Según san Agustín en lo más hondo del ser humano existe un lugar, más íntimo a uno mismo que sí mismo, en el que Dios habita y en el que solamente se puede entrar si se es invitado por el mismo Dios y se acepta libremente la purificación necesaria para poder acoger la luz divina. 

El contemplativo se descubre habitado por Dios, que ha deseado establecer en él su morada, como dice el Salmo 132: «Esta es mi mansión por siempre; aquí viviré, porque la deseo.» 

Consciente y fascinado por este descubrimiento, quien ha sido tocado por esta gracia concentra todas sus energías en dialogar con el divino huésped y tratar su cuerpo como un templo. 

Acoger el don de Dios

La vida contemplativa no es algo que podamos fabricar a nuestro antojo, sino una vida que nos es dada. Es un don inmerecido ante el que no cabe otra actitud que la receptividad. No es algo que uno decide arbitrariamente, como si se tratara de un hobby o un entretenimiento. 

Corresponde a un anhelo del corazón que le presenta esa súplica al Padre Dios y le dedica tiempos diarios esperando su respuesta. Luego ese don se va extendiendo al resto de actividades del día, se mete en el trabajo y todas las actividades por más intrascendentes que parezcan.

Es Dios quien nos escoge para que seamos contemplativos. No estamos ante un tipo de vida que haya que conquistar, sino ante un modo de ser que hay que dejar que aflore desde lo más interior, allí donde Dios sembró, por el bautismo, la semilla de un amor infinito.

Formas de facilitar la contemplación

No hay una receta concreta, ya que como está explicado, se trata de un don, pero si se puede facilitar las cosas para recibir este regalo. Existen algunas disposiciones del alma para la vida de oración, aunque no es exhaustivo ofrezco una pequeña lista que puede ayudar:

1. Buscar el recogimiento

vida contemplativa, ¿Sabías que la vida contemplativa es posible? Te dejamos 7 claves para cultivarla desde donde te encuentres

Tener momentos en el día donde no se dispersan los sentidos, la imaginación, la inteligencia y la voluntad. En un ambiente permeado por las tecnologías digitales que se pelean nuestra atención, el recogimiento consiste en encontrar tiempos para el trato exclusivo con Dios.

Centrar la atención en la presencia de Dios en el alma. Definitivamente, incluye la retirada de la mente de los asuntos externos y terrenales con el fin de atender a Dios y las cosas divinas. Como el profeta Elías, descubrimos al Señor no en el ruido de los elementos y el ambiente, sino en un susurro de brisa suave.

2. Fomentar momentos de silencio

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Es la única forma de desarrollar la capacidad de concentrarse, para meterse en los caminos de Dios. El Cardenal Sarah nos alienta: «El primer lenguaje de Dios es el silencio; debemos aprender a ser silenciosos y a descansar en Dios».

Necesitamos tiempos de silencio para poner a Dios en el centro de nuestras preocupaciones, de nuestros pensamientos, de nuestro actuar y de nuestra vida. Así, nuestra vida cristiana podrá fundamentarse en la luz de la fe y alimentarse en la oración. Siguiendo de nuevo a Sarah: «Dios Nuestro Padre no se deja abordar más que en el silencio».

3. Vida de oración

vida contemplativa

Se cultiva, se va convirtiendo en algo frondoso. Hay un itinerario compuesto por etapas que son diferentes. El modo de hacer oración depende de cada persona, se va desarrollando en el tiempo, podemos hablar que se tiene un crecimiento. Será necesario recurrir constantemente al Espíritu Santo quien nos concede esta vida de oración.


Vale la pena tener claro que no es mera abstracción, la oración es un diálogo de tú a tú, donde ponemos todo el corazón. Es la cosa más ajena al intelectualismo. La intimidad más profunda enlaza a la persona con Dios. Dedicarle un espacio diario a esta práctica será la mejor manera de empezar a tener vida de oración. 

4. Crecer en presencia de Dios

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Los enamorados se tienen presentes y se acuerdan el uno al otro todo el día. En nuestra vida interior todo consiste en conseguir tener esa misma presencia de Dios, para sentirnos amados y amar. Desde el primer momento de la jornada hasta el último buscar al Señor. Es cuestión de amar a Jesucristo y poner toda el alma.

Es de nuevo san Josemaría quien nos da una idea de cómo conseguirlo: «Primero una jaculatoria, y luego otra, y otra…, hasta que parece insuficiente ese fervor, porque las palabras resultan pobres…: y se deja paso a la intimidad divina, en un mirar a Dios sin descanso y sin cansancio. Vivimos entonces como cautivos, como prisioneros. Mientras realizamos con la mayor perfección posible, dentro de nuestras equivocaciones y limitaciones, las tareas propias de nuestra condición y de nuestro oficio, el alma ansía escaparse. Se va hacia Dios, como el hierro atraído por la fuerza del imán. Se comienza a amar a Jesús, de forma más eficaz, con un dulce sobresalto.»

5. Formación doctrinal

vida contemplativa

El asombro está cerca de la contemplación, la sorpresa verdadera viene del descubrimiento intelectual. La formación teológica es clave para la vida de oración. Sin una adecuada formación, nada podemos hacer, necesitamos formar nuestra inteligencia y nuestra voluntad para poder cumplir siempre y en todo la voluntad de Dios. 

Buscamos con esfuerzo un mayor conocimiento de Dios porque deseamos de veras amarle, como dice el salmo 42: «como el ciervo ansía la fuente de las aguas, así te busca mi alma, Dios mío». Para alcanzar la contemplación necesitamos doctrina, la vida interior no se apoya en un voluntarismo sin doctrina, ni tampoco en un sentimentalismo estéril, se debería apoyar en la roca firme de la filiación divina, en la piedad doctrinal.

6. Buscar vivir en Cristo

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Como san Pablo nos recuerda, consiste en tener sus mismos sentimientos (Fil 2,5). Se puede conseguir de distintas formas, pero definitivamente, requerirá salir al encuentro de los demás. 

Vivir en Cristo significa que imitamos el ejemplo de Cristo. Todo lo que Jesús hizo y dijo, eso es lo que debemos hacer y decir. Vivir en Cristo es conocer a Cristo cada día mejor, no solamente un montón de información acerca de Cristo, sino a Cristo mismo. En definitiva, vivir en Cristo significa que estamos dispuestos a renunciar a todo lo que nos impide tener a Cristo.

Para lograrlo será necesario dejarnos conducir por el Espíritu, que nos da la vida en Cristo Jesús, libera de la ley del pecado y de la muerte; lleva a que se manifiesten en la vida del creyente los frutos del Espíritu Santo: la caridad, el gozo, la paz, la longanimidad, la benignidad, la bondad, la fe, la mansedumbre, la continencia. Contra estos frutos no hay ley. Los que son de Jesucristo han crucificado su carne con sus pasiones y concupiscencias. 

7. Vivir la Liturgia

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Un camino muy bonito y profundo para llegar a ser contemplativos es vivir la liturgia. Aplicar el entendimiento. Penetrar en la verdad. Poner atención en los gestos y palabras. Pensar quién lo dice y a quién se lo dice. Asumir actitudes de fondo.

Se podría considerar la liturgia como la acción sacerdotal de Jesucristo, continuada en y por la Iglesia bajo la acción del Espíritu Santo, por medio de la cual el Señor actualiza su obra salvífica a través de signos eficaces, dando así culto perfectísimo a Dios y comunicando a los hombres la salvación, aquí y ahora. Por eso es fundamental para llegar a la contemplación.

En 10 Min con Jesús, hemos preguntado a muchas personas acerca de su forma de hacer oración. Lo hemos juntado en Secretos de la Oración Los invitados son de todos los estratos: madres de casa, exitosos profesionales, sacerdotes, parejas, jóvenes, etc. pueden ayudar con ideas concretas de cómo luchar para ser contemplativos en este mundo.

Podemos concluir citando a santo Tomás que decía que uno solo contempla cuando ama. El esfuerzo de recogimiento es importante, pero lo más relevante es el énfasis en el amor: Eucaristía. ¡Un enamorado no necesita palabras porque Contempla!



























miércoles, 5 de mayo de 2021

Acción y contemplación son complementarios, y el ejemplo es Jesús, señala el Papa en su catequesis

 


                                           El Papa Francisco en su audiencia de los miércoles desde el Palacio Apostólico
 - este miércoles habló de la contemplación


Cada miércoles el Papa Francisco comenta distintas formas de orar y este 5 de mayo, en su catequesis de la Audiencia General desde la Biblioteca del Palacio Apostólico, el Papa ha hablado de la oración contemplativa, y el equilibrio entre acción y contemplación, que se complementan. Y el ejemplo vivo que así lo demuestra y ejemplifica es el mismo Jesucristo.

“Hay una única gran llamada, una gran llamada en el Evangelio, y es la de seguir a Jesús por el camino del amor. Este es el ápice y el centro de todo. En este sentido, caridad y contemplación son sinónimos, dicen lo mismo”, señaló el Papa, como gran conclusión.

Hacer actos de amor, pero purificados por la oración

Recordó la enseñanza del gran carmelita español San Juan de la Cruz, quien “sostenía que un pequeño acto de amor puro es más útil a la Iglesia que todas las demás obras juntas”.

“Lo que nace de la oración y no de la presunción de nuestro yo, lo que es purificado por la humildad, incluso si es un acto de amor apartado y silencioso, es el milagro más grande que un cristiano pueda realizar. Y este es el camino de la oración de contemplación: yo lo miro, Él me mira. Y allí, en ese acto de amor, diálogo silencioso con Jesús, se hace mucho bien a la Iglesia”, añadió el Papa.

En el ritmo de la gran ciudad, ¡ser contemplativo!

Sin embargo, el Santo Padre advirtió que quienes viven en las grandes ciudades corren el riesgo de perder la capacidad de contemplar y citó la primera carta pastoral que escribió en septiembre de 1980 el jesuita Carlo María Martini cuando fue enviado como arzobispo a Milán. En el texto, “la dimensión contemplativa de la vida”, Martini escribió que “de hecho, quien vive en una gran ciudad, donde todo es artificial y funcional, corre el riesgo de perder la capacidad de contemplar. Contemplar no es en primer lugar una forma de hacer, sino una forma de ser”.

El Papa Francisco añadió a eso que que “ser contemplativos no depende de los ojos, sino del corazón. Y aquí entra en juego la oración, como hecho de fe y de amor, como ‘respiración’ de nuestra relación con Dios. La oración purifica el corazón, y con eso, aclara también la mirada, permitiendo acoger la realidad desde otro punto de vista”.

Ante esto, el Santo Padre subrayó la diferencia entre la oración contemplativa y “la dimensión contemplativa del ser humano” que es “un poco como la ‘sal’ de la vida: da sabor, da gusto a nuestros días” y añadió que “se puede contemplar mirando el sol saliendo por la mañana, o los árboles que visten de verde la primavera; se puede contemplar escuchando música o el canto de los pájaros, leyendo un libro, delante de una obra de arte o esa obra maestra que es el rostro humano...”.

En cambio, el Papa explicó que la oración de contemplación transforma el corazón porque “todo nace de ahí: de un corazón que se siente mirado con amor. Entonces la realidad es contemplada con ojos diferentes”.

Lo que enseña el Catecismo

Francisco citó al Catecismo de la Iglesia Católica, que dice que “la oración contemplativa es mirada de fe, fijada en Jesús” y recordó el testimonio de un campesino al Santo Cura de Ars que decía: “Yo le miro y Él me mira” al referirse al momento cuando rezaba ante el Sagrario.

Asimismo, el Catecismo de la Iglesia Católica describe en el número 2715 que “la luz de la mirada de Jesús ilumina los ojos de nuestro corazón; nos enseña a ver todo a la luz de su verdad y de su compasión por todos los hombres”.

“¡Yo le miro, y Él me mira!”. Es así: en la contemplación amorosa, típica de la oración más íntima, no son necesarias muchas palabras: basta una mirada, basta con estar convencidos de que nuestra vida está rodeada de un amor grande y fiel del que nada nos podrá separar”, añadió el Papa.

Aprender a mirar con la mirada de Jesús

El Santo Padre señaló que Jesús fue maestro de esta mirada porque “en su vida no han faltado nunca los tiempos, los espacios, los silencios, la comunión amorosa que permite a la existencia no ser devastada por las pruebas inevitables, sino de custodiar intacta la belleza” y agregó que “su secreto era la relación con el Padre celeste”.

De este modo, el Pontífice reflexionó en el pasaje del Evangelio de San Marcos que describe la Transfiguración y destacó que “los Evangelios colocan este episodio en el momento crítico de la misión de Jesús, cuando crecen entorno a Él la protesta y el rechazo. Incluso entre sus discípulos muchos no lo entienden y se van; uno de los doce alberga pensamientos de traición. Jesús empieza a hablar abiertamente de los sufrimientos y de la muerte que le esperan en Jerusalén”.

“En este contexto Jesús sube a lo alto del monte con Pedro, Santiago y Juan. Y se transfiguró delante de ellos, y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, tanto que ningún batanero en la tierra sería capaz de blanquearlos de ese modo”, citó el Papa.

El Santo Padre destacó que “en el momento en el que Jesús es incomprendido, precisamente cuando todo parece ofuscarse en un torbellino de malentendidos, es ahí que resplandece una luz divina. Es la luz del amor del Padre, que llena el corazón del Hijo y transfigura toda su Persona”.

Contemplación y acción van juntas: el ejemplo es Jesús

El Papa no está de acuerdo con los que “han entendido la contemplación como opuesta a la acción, y han exaltado esas vocaciones que huyen del mundo y de sus problemas para dedicarse completamente a la oración” por lo que concluyó que “en realidad, en Jesucristo, en su persona y en el Evangelio, no hay contraposición entre contemplación y acción”.

“En el Evangelio, en Jesús, no hay contradicción. Puede que provenga de la influencia de algún filósofo neoplatónico, pero seguramente se trata de un dualismo que no pertenece al mensaje cristiano”, afirmó el Papa.

Rezo del rosario contra la pandemia

El Papa Francisco recordó que anima a todos los fieles a seguir rezando el Rosario contra la pandemia de coronavirus. "Hoy, el Santuario de la Santísima Virgen del Rosario de Namyang, en Corea del Sur, dirige esta oración mariana. Nos unimos a los reunidos en este Santuario, rezando especialmente por los niños y adolescentes", dijo. A los fieles de lengua italiana les animó a sumarse al rezo del 8 de mayo al mediodía desde el Santuario de Pompeya. Y a todos puso como ejemplo a la Virgen María, "modelo de fe y testigo operante de la palabra de Cristo, para obtener el vigor cristiano en las opciones y dificultades de la vida".

ReL