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martes, 5 de abril de 2022

Evangelio del día


Evangelio según San Juan
 8,21-30.

Jesús dijo a los fariseos:
"Yo me voy, y ustedes me buscarán y morirán en su pecado. Adonde yo voy, ustedes no pueden ir".
Los judíos se preguntaban: "¿Pensará matarse para decir: 'Adonde yo voy, ustedes no pueden ir'?".
Jesús continuó: "Ustedes son de aquí abajo, yo soy de lo alto. Ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo.
Por eso les he dicho: 'Ustedes morirán en sus pecados'. Porque si no creen que Yo Soy, morirán en sus pecados".
Los judíos le preguntaron: "¿Quién eres tú?". Jesús les respondió: "Esto es precisamente lo que les estoy diciendo desde el comienzo.
De ustedes, tengo mucho que decir, mucho que juzgar. Pero aquel que me envió es veraz, y lo que aprendí de él es lo que digo al mundo".
Ellos no comprendieron que Jesús se refería al Padre.
Después les dijo: "Cuando ustedes hayan levantado en alto al Hijo del hombre, entonces sabrán que Yo Soy y que no hago nada por mí mismo, sino que digo lo que el Padre me enseñó.
El que me envió está conmigo y no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada".
Mientras hablaba así, muchos creyeron en él.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Bulle

Santa Teresa Benedicta de la Cruz
Edith Stein, (1891-1942), carmelita descalza, mártir, copatrona de Europa
Meditación sobre la fiesta de la Exaltación de la Cruz, 14•09•1939


«Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que Yo soy» (lea mirando la cruz)

Ante ti cuelga el Salvador en la cruz porque se hizo obediente hasta la muerte en la cruz (Flp 2,8)... Tu Salvador cuelga ante ti en la cruz, desnudo y solo, porque él ha escogido la pobreza... Tu Salvador cuelga ante ti con el corazón abierto. El ha derramado la sangre de su corazón para ganar el tuyo. Si quieres seguirle en santa pureza, tu corazón tiene que estar libre de todo deseo terreno... Los brazos del crucificado están extendidos para atraerte hasta su corazón. Él quiere tu vida para regalarte la suya. ¡Ave cruz, spes unica! ¡Salve, santa cruz, nuestra única esperanza!
El mundo está en llamas... Pero en lo alto, por encima de todas las llamas, se eleva la cruz. Ellas no pueden quemarla. Ella es el camino de la tierra al cielo. Quien la abraza con fe, amor y esperanza es llevado hasta el seno de la Trinidad. El mundo está en llamas. ¿Te sientes impulsada a apagarlas? Mira a la cruz. Desde el corazón abierto brota la sangre del Redentor. Ella apaga las llamas del infierno. Haz libre tu corazón... y se derramará en tu corazón el caudal del Amor divino hasta inundar y hacer fecundos todos los confines de la tierra.
¿Oyes el gemir de los heridos en los campos de batalla? Tú no eres médico ni enfermera, y no puedes vendar sus heridas. Tú estás encerrada en tu celda y no puedes alcanzarlos. ¿Oyes la llamada agónica de los moribundos? Tú quisieras ser sacerdote y estar a su lado. ¿Te conmueve el llanto de las viudas y de los huérfanos? Tú quisieras ser un ángel consolador y ayudarles. Mira al Crucificado. Si estás esponsalmente unida a él en el fiel cumplimiento de tus santos votos, tu sangre es su sangre preciosa. Unida a él eres omnipresente como él. Tú no puedes ayudar como el médico, la enfermera o el sacerdote aquí y allí. En el poder de la cruz puedes estar en todos los frentes, en todos los lugares de aflicción...
Los ojos del Crucificado te están mirando, interrogándote y poniéndote a prueba. ¿Quieres sellar de nuevo y con toda seriedad la alianza con el Crucificado? ¿Cuál será tu respuesta? «Señor, ¿a quién iremos? Tú sólo tienes palabras de vida eterna» (Jn 6,68). ¡Ave Cruz, spes unica! (EDD)

























lunes, 4 de abril de 2022

Pensamiento MSC del día

P. Miguel Ángel
 

Evangelio del día


 

Evangelio según San Juan 8,12-20.

Jesús les dirigió una vez más la palabra, diciendo: "Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida".
Los fariseos le dijeron: "Tú das testimonio de ti mismo: tu testimonio no vale".
Jesús les respondió: "Aunque yo doy testimonio de mí, mi testimonio vale porque sé de dónde vine y a dónde voy; pero ustedes no saben de dónde vengo ni a dónde voy.
Ustedes juzgan según la carne; yo no juzgo a nadie,
y si lo hago, mi juicio vale porque no soy yo solo el que juzga, sino yo y el Padre que me envió.
En la Ley de ustedes está escrito que el testimonio de dos personas es válido.
Yo doy testimonio de mí mismo, y también el Padre que me envió da testimonio de mí".
Ellos le preguntaron: "¿Dónde está tu Padre?". Jesús respondió: "Ustedes no me conocen ni a mí ni a mi Padre; si me conocieran a mí, conocerían también a mi Padre".
El pronunció estas palabras en la sala del Tesoro, cuando enseñaba en el Templo. Y nadie lo detuvo, porque aún no había llegado su hora.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

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Bulle

Talasio Líbico y Africano
higúmeno en Libia
Centurias I-IV, Filocalia (Philocalie des Pères Neptiques, DDB-Lattès), trad. sc©evangelizo.org


“El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida” (Jn 8,12)

Nosotros que hasta ahora somos esclavos de los placeres de la carne, ¿con qué esperanza vamos al encuentro de Cristo?
Cristo es el salvador del alma y del cuerpo. El que sigue sus huellas es librado del mal. (…)
Nuestro Señor y nuestro Dios es Jesucristo. El que lo sigue, no permanece en las tinieblas. (cf. Jn 12,46). (…)
La luz del alma es el santo conocimiento. El insensato que no la posee, camina como en las tinieblas. (…)
El que ama a Jesús será librado del mal. El que lo sigue verá el verdadero conocimiento. (…)
El que venera a Dios, busca las razones de Dios. El que ama la verdad, encuentra esas razones.
En su compasión, el Señor sostiene los que caen y levanta a los que fueron volteados (cf. Sal 144(145),14). (…)
El estudio de las palabras de Dios, abre al conocimiento de Dios al que lo busca de verdad, con deseo y piedad. (…)
El que escucha a Cristo se ilumina. El que lo imita se endereza. (…)
Cristo, nuestro Señor y nuestro Dios, es Jesús. Nos dio la fe en él y nos lleva a la vida. (EDD)

Oración

Señor, te pido valor y lucidez para afrontar todas mis dificultades, no dejes que mi ánimo decaiga. Tú eres mi fortaleza y mi roca fuerte, mi escudo protector ante la adversidad. Que nunca quedemos confundidos los que en Ti ponemos nuestra fe y nuestra esperanza.

Mi corazón quiere sentir en todo momento que se llena de tu confianza y con todas sus fuerzas quiere salir dispuesto a servir y a comprometerse con el logro de todos mis sueños.

Ayúdame a dar lo mejor de mí, a entregarme plenamente a la bondad y pureza de tu amor, a centrarme en tu Palabra que abriga, que sostiene, que impulsa y alienta a superar todo obstáculo y dificultad que se presente.

Ayúdame a explorar la profundidad de mi ser, a escudriñarme bien a fondo y encontrar todos esos talentos que has sembrado en mí, para conseguir el éxito y la felicidad en todas y cada una de las tareas que me toca realizar.

En tu Nombre, y con tu ayuda, sé que puedo vencer, porque nadie que ha confiado en Ti, en tu compasión y en tu misericordia, ha salido defraudado.

Amén























domingo, 3 de abril de 2022

Evangelio del día


 

Evangelio según San Juan 8,1-11.

Jesús fue al monte de los Olivos.
Al amanecer volvió al Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y comenzó a enseñarles.
Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos,
dijeron a Jesús: "Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio.
Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?".
Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo.
Como insistían, se enderezó y les dijo: "El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra".
E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo.
Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos. Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí,
e incorporándose, le preguntó: "Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Alguien te ha condenado?".
Ella le respondió: "Nadie, Señor". "Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante".


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Bulle

Santa Faustina Kowalska (1905-1938)
religiosa
Pequeño diario (Petit journal, la Miséricorde divine dans mon âme, Parole et Dialogue, 2002), trad. sc©evangelizo.org

Un océano de misericordia

Jesús mío, agradeciéndote por tantas gracias, te ofrezco mi alma y mi cuerpo, mi razón y mi voluntad y todos los sentimientos de mi corazón. Con mis votos, me di enteramente a Ti, no hay nada más que pueda ofrecerte.
Jesús me dijo: “Hija mía, no me diste lo que es esencialmente tuyo”. Entrando en mi mismo reconocí que amaba a Dios con todas las fuerzas de mi alma. No podía descubrir lo que no había librado a Dios y le pregunté: “Jesús, dímelo y Te lo libraré de inmediato, de todo corazón”. Jesús me dice con bondad: “Hija mía, líbrame tu miseria, ella es tu propiedad exclusiva”.
En ese momento un rayo de luz iluminó mi alma y conocí todo el abismo de mi miseria. En ese instante, me acurruqué en el Santísimo Corazón de Jesús, con una confianza inmensa. Aunque hubiera tenido sobre la conciencia todos los pecados de los damnificados, no habría dudado de la misericordia de Dios y con el corazón arrepentido me habría tirado en el abismo de Tu misericordia. Creo Jesús, que no me habrías rechazado lejos de ti, me habrías absuelto por la mano del que tiene Tu lugar.
Entregaste el Espíritu, Jesús. La fuente de vida ha brotado por las almas y un océano de misericordia se ha abierto para el mundo entero. Fuente de vida, insondable misericordia divina, abraza el mundo entero y sumérgenos.

Oración

" Señor Dios, Padre eterno y omnipotente, reconocemos y confesamos delante de tu santa Majestad que somos pobres pecadores,
nacidos en la iniquidad, inclinados al mal e incapaces por nosotros mismos de practicar el bien. Confesamos haber quebrantado diariamente y de distintas maneras tus santos mandamientos, y merecer así, por tu justa sentencia, la condenación y la muerte.
Pero, oh Señor, sentimos un vivo dolor por haberte ofendido y nos condenamos a nosotros mismos y a nuestras transgresiones con un verdadero arrepentimiento, acudimos a tu gracia y te suplicamos nos socorras en nuestra miseria.
Ten piedad de nosotros, oh Dios de toda bondad, Padre misericordioso, y perdona nuestros pecados, por el amor de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Salvador.
Concédenos y aumenta cada día en nosotros las gracias de tu santo espíritu, a fin de que reconociendo siempre nuestras faltas, nos arrepintamos y renunciemos a ellas de todo nuestro corazón y llevemos frutos de justicia y de santidad que te sean agradables, por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. »

(hozana.org)
























Pensamiento MSC del día

P. Miguel Ángel
 


sábado, 2 de abril de 2022

“Por la deplorable conducta de miembros de la Iglesia católica pido perdón a Dios y de corazón: lo siento mucho”. Papa Francisco a indígenas canadienses

 


Discurso en español a los representantes de los pueblos originarios que han sido recibidos en audiencia a lo largo de la última semana de marzo y que este viernes 1 de abril fueron recibidos juntos en la Sala Clementina del Vaticano.

(ZENIT Noticias / Ciudad del Vaticano, 01.04.2022).- Tras una semana de encuentros privados en los que el Papa fue recibiendo y escuchando a delegaciones de la Asamblea de las Primeras Naciones canadienses, entre el 28 de marzo y el 1 de abril, la mañana del viernes 1 de abril el Santo Padre recibió en audiencia a todos los participantes y les dirigió un discurso.

El Papa Francisco inicio agradeciendo al arzobispo canadienses que a nombre de todos le dirigió unas palabras: “En los últimos días he escuchado atentamente sus testimonios. Los he llevado conmigo en la reflexión y la oración, imaginando sus historias y situaciones. Os agradezco que hayáis abierto vuestros corazones y que con esta visita hayáis expresado el deseo de caminar juntos”, dijo inicialmente el Papa.

A continuación, retomó “algunos de los muchos aspectos que me llamaron la atención”. Ofrecemos a continuación el resto del discurso traducido al castellano. El director editorial de ZENIT está por publicar un artículo de análisis sobre el asunto de las residencias, la así llamada “reeducación” que se brindó en ellas, también por parte de la Iglesia católica, esta visita, las reivindicaciones y otros temas relacionados.


***

Me gustaría empezar con una expresión que pertenece a su sabiduría y que no es sólo un refrán, sino una forma de ver la vida: «Hay que pensar en siete generaciones adelante cuando se toma una decisión hoy». Esta frase es sabia, es previsora, y es lo contrario de lo que ocurre a menudo en nuestros días, donde perseguimos objetivos útiles e inmediatos sin tener en cuenta el futuro de las próximas generaciones. En cambio, el vínculo entre los mayores y los jóvenes es indispensable. Debe cultivarse y salvaguardarse, porque garantiza que la memoria no se borre y la identidad no se pierda. Y cuando la memoria y la identidad se salvaguardan, la humanidad mejora.

Una vez más, una hermosa imagen ha surgido en los últimos días. Os habéis comparado con las ramas de un árbol. Como las ramas de un árbol, han crecido en diferentes direcciones, han pasado por diferentes estaciones, e incluso han sido azotado por fuertes vientos. Pero os habéis anclado firmemente a las raíces, que habéis mantenido firmes. Y así siguen dando fruto, porque las ramas sólo llegan alto si las raíces son profundas. Me gustaría mencionar algunos frutos, que merecen ser conocidos y valorados. En primer lugar, vuestro cuidado de la tierra, que no veis como un bien a explotar, sino como un don del Cielo; para vosotros conserva la memoria de los antepasados que allí descansan y es un espacio vivo en el que vivir la propia existencia dentro de un tejido de relaciones con el Creador, con la comunidad humana, con las especies vivas y con la casa común que habitamos. Todo esto les lleva a buscar la armonía interior y exterior, a cultivar un gran amor por la familia y a tener un sentido vivo de la comunidad. A ello se añaden las riquezas específicas de vuestras lenguas, vuestras culturas, vuestras tradiciones y formas artísticas, patrimonios que os pertenecen no sólo a vosotros, sino a toda la humanidad, ya que expresan la humanidad.

Pero su árbol que da frutos ha sufrido una tragedia, de la que me han hablado estos días: la del desarraigo. La cadena que transmitía conocimientos y estilos de vida, en unión con la tierra, se rompió con la colonización, que sin respeto arrancó a muchos de vosotros de vuestro entorno vital e intentó conformaros con otra mentalidad. Así, su identidad y su cultura han sido heridas, muchas familias han sido separadas, muchos niños se han convertido en víctimas de esta acción homologadora, apoyada en la idea de que el progreso se realiza mediante la colonización ideológica, según programas planificados y no respetando la vida de los pueblos. Esto es algo que desgraciadamente sigue ocurriendo hoy en día, a varios niveles: la colonización ideológica. Cuántas colonizaciones políticas, ideológicas y económicas hay en el mundo, impulsadas por la codicia y el afán de lucro, despreciando a los pueblos, sus historias y tradiciones, y la casa común de la creación. Por desgracia, esta mentalidad colonial sigue estando muy extendida. Ayudemos juntos a superarlo.

A través de vuestras voces pude conmover y llevar dentro de mí, con gran tristeza en mi corazón, las historias de sufrimiento, privaciones, trato discriminatorio y diversas formas de abuso experimentadas por varios de vosotros, particularmente en los internados. Es escalofriante pensar en el deseo de inculcar un sentimiento de inferioridad, de hacer que alguien pierda su identidad cultural, de cortar sus raíces, con todas las consecuencias personales y sociales que esto ha supuesto y sigue suponiendo: traumas no resueltos que se han convertido en traumas intergeneracionales.

Todo esto ha despertado en mí dos sentimientos: indignación y vergüenza. Indignación, porque es injusto aceptar el mal, y es aún peor acostumbrarse al mal, como si fuera una dinámica ineludible causada por los acontecimientos de la historia. No, sin una firme indignación, sin memoria y sin el compromiso de aprender de los errores, los problemas no se pueden resolver y vuelven. Lo vemos en los últimos días en relación con la guerra. La memoria del pasado nunca debe sacrificarse en el altar del supuesto progreso.

Y también siento vergüenza, os lo he dicho y os lo repito: siento vergüenza, dolor y pena por el papel que varios católicos, especialmente los que tienen responsabilidades educativas, han jugado en todo lo que os ha dolido, en los abusos y en la falta de respeto a vuestra identidad, a vuestra cultura e incluso a vuestros valores espirituales. Todo esto es contrario al Evangelio de Jesús. Por la deplorable conducta de esos miembros de la Iglesia católica pido perdón a Dios y quiero decirles de corazón: lo siento mucho. Y me uno a mis hermanos obispos de Canadá para pedirles disculpas. Es evidente que no se pueden transmitir los contenidos de la fe de una manera ajena a la misma fe: Jesús nos enseñó a acoger, amar, servir y no juzgar; es terrible cuando, precisamente en nombre de la fe, se rinde un contra-testimonio al Evangelio.

Su historia amplifica en mí aquellas preguntas, muy relevantes hoy, que el Creador dirige a la humanidad al principio de la Biblia. Primero, después del pecado cometido, le pregunta al hombre: «¿Dónde estás?» (Gen 3:9). Poco después, le hace otra pregunta, que no puede desconectarse de la anterior: «¿Dónde está tu hermano?». (Gen 4:9). ¿Dónde estás? ¿Dónde está tu hermano? Son preguntas que debemos hacernos siempre, son las preguntas esenciales de nuestra conciencia para no olvidar que estamos en esta tierra como custodios de la sacralidad de la vida y, por tanto, custodios de nuestros hermanos, de todo pueblo hermano.

Al mismo tiempo, pienso con gratitud en tantos buenos creyentes que, en nombre de la fe, con respeto, amor y bondad, han enriquecido su historia con el Evangelio. Me alegra, por ejemplo, pensar en la veneración que se ha extendido entre muchos de vosotros por Santa Ana, la abuela de Jesús. Este año me gustaría estar con vosotros en esos días. Hoy necesitamos reconstituir una alianza entre abuelos y nietos, entre ancianos y jóvenes, premisa fundamental para una mayor unidad de la comunidad humana.

Queridos hermanos y hermanas, espero que los encuentros de estos días nos abran nuevas vías para explorar juntos, inspirar valor y aumentar el compromiso a nivel local. Un proceso eficaz de curación requiere acciones concretas. Con espíritu de fraternidad, animo a los obispos y a los católicos a seguir dando pasos en la búsqueda transparente de la verdad y en la promoción de la curación de las heridas y la reconciliación; pasos en un camino de redescubrimiento y revitalización de vuestra cultura, incrementando en la Iglesia el amor, el respeto y la atención específica a vuestras genuinas tradiciones. Me gustaría decirles que la Iglesia está de su lado y quiere seguir caminando con ustedes. El diálogo es la clave para el conocimiento y el intercambio, y los obispos de Canadá han expresado claramente su compromiso de seguir caminando con ustedes por una senda renovada, constructiva y fructífera, en la que los encuentros y proyectos compartidos puedan ayudar.

Queridos amigos, me he enriquecido con vuestras palabras y aún más con vuestro testimonio. Habéis traído a Roma el sentido vivo de vuestras comunidades. Estaré encantado de volver a beneficiarme de vuestro encuentro, de visitar vuestras tierras natales, donde viven vuestras familias. ¡No iré a ustedes en invierno! Me despido entonces en Canadá, donde puedo expresar mejor mi cercanía a ustedes. Mientras tanto, les aseguro mis oraciones, invocando la bendición del Creador sobre ustedes, sobre sus familias, sobre sus comunidades.

Y no quiero terminar sin decirles una palabra a ustedes, hermanos obispos: ¡gracias! Gracias por su valor, gracias. En la humildad: en la humildad se revela el Espíritu del Señor. Ante historias como la que hemos escuchado, la humillación de la Iglesia es fecunda. Gracias por su valor.

¡Y gracias a todos!
















Aún estás a tiempo de obtener una indulgencia plenaria en Cuaresma

 

indulgencia plenaria en adoracion eucaristica
Créditos: Loli Casaux, Cathopic.

Cuaresma, el tiempo de preparación para la Pascua del Señor, es un tiempo en que la Iglesia no regala cuatro maneras de obtener una indulgencia plenaria.

Una indulgencia plenaria es la remisión de la pena temporal por los pecados que nos han sido perdonados en culpa. Además, puede ser recibida por uno mismo o solicitada para un difunto y solo se puede obtener una por día.

4 formas de obtener una indulgencia plenaria en Cuaresma

1. Rezar el Vía Crucis

Con esta oración recordamos y meditamos la Pasión y Muerte de Jesús. Se puede rezar recorriendo las 14 estaciones en las iglesias o bien, si por un motivo extremo la persona no puede movilizarse, se puede orar en el lugar donde se encuentre.

2. Rezar el Santo Rosario

Para obtener la indulgencia plenaria en Cuaresma, el Santo Rosario deberá rezarse en comunidad: en una iglesia, en un oratorio, en familia, en una comunidad religiosa o en una asociación de fieles.

3. Adoración Eucarística

La visita a Jesús Sacramentado deberá extenderse por más de media hora para ser efectiva.

4. Leer o escuchar las Sagradas Escrituras

La lectura o escucha -más la reflexión- de La Biblia es otra de las formas en que puedes obtener una indulgencia plenaria en Cuaresma. Al igual que en la adoración, el tiempo estimado es, como mínimo, de media hora.

Más allá de estas formas particulares, para obtener cualquiere  indulgencia plenaria, los fieles deben cumplir también estas tres condiciones fundamentales:

  1. La confesión de los pecados,
  2. Comulgar
  3. La oración por las intenciones del Papa: La Iglesia sugiere un “Padre Nuestro” y un “Ave María”.

¡Aún estás a tiempo de obtener una indulgencia plenaria en Cuaresma!

Andrés Jaromezuk 

Vea también   El verdadero sentido de las indulgencias - San Juan Pablo II