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lunes, 30 de junio de 2025

Evangelio del día


 

Libro de Génesis 18,1-2a.16-33.

El Señor se apareció a Abraham junto al encinar de Mamré, mientras él estaba sentado a la entrada de su carpa, a la hora de más calor.
Alzando los ojos, divisó a tres hombres que estaban parados cerca de él. Apenas los vio, corrió a su encuentro desde la entrada de la carpa y se inclinó hasta el suelo,
Después, los hombres salieron de allí y se dirigieron hacia Sodoma, y Abraham los acompañó para despedirlos.
Mientras tanto, el Señor pensaba: "¿Dejaré que Abraham ignore lo que ahora voy a realizar,
siendo así que él llegará a convertirse en una nación grande y poderosa, y que por él se bendecirán todas las naciones de la tierra?
Porque yo lo he elegido para que enseñe a sus hijos, y a su familia después de él, que se mantengan en el camino del Señor, practicando lo que es justo y recto. Así el Señor hará por Abraham lo que ha predicho acerca de él".
Luego el Señor añadió: "El clamor contra Sodoma y Gomorra es tan grande, y su pecado tan grave,
que debo bajar a ver si sus acciones son realmente como el clamor que ha llegado hasta mí. Si no es así, lo sabré".
Dos de esos hombres partieron de allí y se fueron hacia Sodoma, pero el Señor se quedó de pie frente a Abraham.
Entonces Abraham se le acercó y le dijo: "¿Así que vas a exterminar al justo junto con el culpable?
Tal vez haya en la ciudad cincuenta justos. ¿Y tú vas a arrasar ese lugar, en vez de perdonarlo por amor a los cincuenta justos que hay en él?
¡Lejos de ti hacer semejante cosa! ¡Matar al justo juntamente con el culpable, haciendo que los dos corran la misma suerte! ¡Lejos de ti! ¿Acaso el Juez de toda la tierra no va a hacer justicia?".
El Señor respondió: "Si encuentro cincuenta justos en la ciudad de Sodoma, perdonaré a todo ese lugar en atención a ellos".
Entonces Abraham dijo: "Yo, que no soy más que polvo y ceniza, tengo el atrevimiento de dirigirme a mi Señor.
Quizá falten cinco para que los justos lleguen a cincuenta. Por esos cinco ¿vas a destruir toda la ciudad?". "No la destruiré si encuentro allí cuarenta y cinco", respondió el Señor.
Pero Abraham volvió a insistir: "Quizá no sean más de cuarenta". Y el Señor respondió: "No lo haré por amor a esos cuarenta".
"Por favor, dijo entonces Abraham, que mi Señor no lo tome a mal si continúo insistiendo. Quizá sean solamente treinta". Y el Señor respondió: "No lo haré si encuentro allí a esos treinta".
Abraham insistió: "Una vez más, me tomo el atrevimiento de dirigirme a mi Señor. Tal vez no sean más que veinte". "No la destruiré en atención a esos veinte", declaró el Señor.
"Por favor, dijo entonces Abraham, que mi Señor no se enoje si hablo por última vez. Quizá sean solamente diez". "En atención a esos diez, respondió, no la destruiré".
Apenas terminó de hablar con él, el Señor se fue, y Abraham regresó a su casa.


Salmo 103(102),1-2.3-4.8-9.10-11.

Bendice al Señor, alma mía,
que todo mi ser bendiga a su santo Nombre;
bendice al Señor, alma mía,
y nunca olvides sus beneficios.

El perdona todas tus culpas
y cura todas tus dolencias;
rescata tu vida del sepulcro,
te corona de amor y de ternura.

El Señor es bondadoso y compasivo,
lento para enojarse y de gran misericordia;
No acusa de manera inapelable
ni guarda rencor eternamente;

no nos trata según nuestros pecados
ni nos paga conforme a nuestras culpas.
Cuanto se alza el cielo sobre la tierra,
así de inmenso es su amor por los que lo temen;


Evangelio según San Mateo 8,18-22.

Al verse rodeado de tanta gente, Jesús mandó a sus discípulos que cruzaran a la otra orilla.
Entonces se aproximó un escriba y le dijo: "Maestro, te seguiré adonde vayas".
Jesús le respondió: "Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos; pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza".
Otro de sus discípulos le dijo: "Señor, permíteme que vaya antes a enterrar a mi padre".
Pero Jesús le respondió: "Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos".


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

San Juan de la Cruz (1542-1591)
carmelita descalzo, doctor de la Iglesia
Avisos y máximas 169-175


«Ven, sígueme»

Cuanto más te separes de las cosas de la tierra, más te acercarás a las del cielo y más encontrarás las riquezas de Dios.
El que sabrá morir a todo, encontrará vida en todo.
Apártate del mal, haz el bien, busca la paz (Sl 33,14).
El que se queja o murmura no es nada perfecto, ni tan sólo buen cristiano.
Es humilde el que se esconde en su propia nada y sabe abandonarse a Dios.
Es pacífico el que sabe soportar al prójimo y soportarse a sí mismo.
Si quieres ser perfecto, vende tu voluntad y dala a los pobres de espíritu, después vuélvete hacia Cristo para obtener de él la suavidad y la humildad, y síguele hasta el Calvario y el sepulcro. (EDD)

Reflexión sobre la litografía

Justo antes del pasaje del Evangelio de Mateo que hoy nos ocupa, Jesús había curado a la suegra de Simón Pedro y a muchos otros enfermos. Sus milagros suscitaron una oleada de entusiasmo y, al comienzo de nuestra lectura, lo encontramos rodeado de grandes multitudes, atraídas por la maravilla de sus curaciones. En medio de esta creciente popularidad, un escriba judío se adelanta y declara con entusiasmo que seguirá a Jesús dondequiera que vaya. Es fácil imaginar el entusiasmo del escriba: ¿quién no querría seguir a alguien que realiza actos tan asombrosos? Sin embargo, Jesús responde con una verdad aleccionadora: "El Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza". En esencia, está diciendo: "Este camino que quieres recorrer no siempre está lleno de alegría y maravillas, hay penurias por delante".

Jesús reconoce que muchos se sienten atraídos por él cuando todo va bien, pero el verdadero discipulado exige algo más que entusiasmo en tiempos de éxito. Exige compromiso en la dificultad y la incertidumbre. El camino cristiano incluye momentos de brillo, pero también de oscuridad, confusión y pérdida. Al igual que las parejas se prometen fidelidad el día de su boda "en lo bueno y en lo malo, en la riqueza y en la pobreza", también nosotros estamos invitados a seguir a Cristo con el mismo amor firme, tanto en la calma como en la tormenta. Cristo no promete consuelo, pero sí su presencia inquebrantable. Por eso, nos llama no sólo a caminar con Él cuando el camino es llano, sino a permanecer a su lado cuando la senda es estrecha y escarpada.

Nuestro grabado moralizante publicado en 1883 ofrece un vívido panorama alegórico que ilustra la dura elección entre el placer mundano y la vida virtuosa. La composición se divide en dos caminos contrastados. A la izquierda, una gran puerta se abre al camino de los placeres terrenales. Su camino es suave y seductor, pero atrae a la multitud hacia lejanas montañas consumidas por el fuego y la destrucción. El cielo sobre este lado se vuelve cada vez más ominoso, simbolizando la ruina final que sigue a una vida de indulgencia. En contraste, el lado derecho presenta una puerta estrecha y humilde, apenas perceptible, que conduce a un camino empinado y arduo. Este camino serpentea junto a una cruz, atravesando puentes, valles y terrenos rocosos, simbolizando las pruebas de una vida virtuosa. Sin embargo, por encima de él, el cielo resplandece de paz y luz, revelando que este difícil camino conduce a la alegría eterna y a la unión con Dios. El contraste entre la oscuridad y la luz en el cielo sobre cada camino subraya poderosamente las consecuencias eternas de nuestra elección: seguir a Cristo o no.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

¡Señor, te veo en la cruz de este camino y resuena en mi interior la llamada a seguirte! ¡Al igual que tu llamaste a tus apóstoles a seguirte con la totalidad de su vida, siento que me llamas también a mi a pesar de mis recelos materiales, utilitaristas, egoístas; te pido que abras mi corazón para ser capaz de escuchar tu Palabra, ser capaz de comprender cuál es el plan que tienes pensado para mi, para amar más al prójimo, para vivir en la exigencia del amor! ¡Te pido, Señor, que siendo consciente de que me llamas a seguirte pueda vivir cada día más cerca tuyo y sea capaz de acoger en mi vida tu plan de amor! ¡Señor, tu sabes perfectamente lo que anida en lo más profundo de mi ser, lo que siente mi interior, sabes como soy, sabes de mis flaquezas y de mis debilidades, sabes también que te amo y con cuanta frecuencia de fallo, por eso te pido la gracia de no acostumbrarme a verte crucificado y a tratar de serte fiel no pecando más, abriendo mi corazón a la gracia, a tomar mi cruz y seguirte, a amarte más amando más al prójimo, a entrar en la dinámica de la esperanza y del amor, a ser don para los demás! ¡Señor, concédeme la gracia de cooperar contigo en la misión que tienes pensada para mi y que te siga siempre con alegría, consciente de que me has llamado a seguirte para andar siempre por los caminos de Dios!

¡Señor, quiero caminar en tu presencia; no permitas que mi egoísmo, mi soberbia, mis comodidades me hagan ceder a la tentación de caminar por mi cuenta sin encontrarme contigo en el camino de la vida! ¡Señor, envía tu Santo Espíritu sobre mi para que camine con fe a tu encuentro! ¡No permitas, Señor, que mi individualismo me haga alejarme de Ti! ¡Señor, hazme comunicar con alegría mi fe, la Buena Nueva de tu Evangelio, ser testimonio de tu amor, comunicar al mundo la necesidad que tengo de vivir a tu lado! ¡Señor mi caminar no es fácil, sabes que te busco pero te pido que salgas a mi encuentro; no me importa donde me lleves pero quiero que me tiendas la mano; que me hagas serte fiel para vivir abandonado a Ti como hizo tu madre, para que en medio de los problemas, dificultades, preocupaciones y ocupaciones que agitan mi existencia en mi corazón abierto resuene tu voz consoladora que me invita a no tener miedo y a caminar con confianza! ¡Señor, aumenta mi fe porque quiero vivir la radicalidad de tu amor, la totalidad de tu gracia y la fuerza de tu misericordia!

(oracionconelcorazónabierto)


domingo, 29 de junio de 2025

Ángelus del Papa León XIV


Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

Hoy es la gran fiesta de la Iglesia de Roma, nacida del testimonio de los apóstoles Pedro y Pablo y fecundada por su sangre y por la de muchos mártires. Todavía hoy hay cristianos en todo el mundo a los que el Evangelio vuelve generosos y audaces incluso a costa de la vida. Existe de ese modo un ecumenismo de la sangre, una invisible y profunda unidad entre las Iglesias cristianas, que a pesar de ello no viven todavía la comunión plena y visible. Quiero por lo tanto confirmar en esta fiesta solemne que mi servicio episcopal es servicio a la unidad y que la Iglesia de Roma está comprometida por la sangre de los santos Pedro y Pablo a servir, en el amor, a la comunión entre todas las Iglesias.

La piedra, de la que Pedro recibe también su propio nombre, es Cristo. Una piedra desechada por los hombres y que Dios ha hecho piedra angular. Esta plaza y las basílicas papales de san Pedro y de san Pablo nos cuentan cómo esa lógica aún se mantiene. Ellas se encuentran en lo que eran entonces los límites de la ciudad, “extramuros”, como se dice hasta hoy. Lo que a nosotros nos parece grande y glorioso antes fue descartado y excluido, porque contrastaba con la mentalidad mundana. Quien sigue a Jesús se encuentra recorriendo el camino de las bienaventuranzas, en el que la pobreza de espíritu, la mansedumbre, la misericordia, el hambre y la sed de justicia, y el trabajo por la paz encuentran oposición e incluso persecución. Y, sin embargo, la gloria de Dios brilla en sus amigos y a lo largo del camino los va modelando, cada vez que se convierten.

Queridos hermanos y hermanas, sobre las tumbas de los apóstoles, meta milenaria de peregrinaje, también nosotros descubrimos que podemos vivir en esta continua conversión. El Nuevo Testamento no esconde los errores, las contradicciones, los pecados de aquellos que veneramos como los más grandes apóstoles. Su grandeza, en efecto, ha sido modelada por el perdón. El Resucitado los fue a buscar, más de una vez, para traerlos de nuevo a su camino. Jesús no llama una sola vez. Es por esto que todos podemos esperar siempre, como también nos recuerda el Jubileo.

La unidad de la Iglesia y entre las Iglesias, hermanas y hermanos, se nutre del perdón y de la confianza recíproca, que comienza por nuestras familias y nuestras comunidades. En efecto, si Jesús confía en nosotros, también nosotros podemos fiarnos los unos de los otros, en su Nombre. Los apóstoles Pedro y Pablo, junto con la Virgen María, intercedan por nosotros, de modo que, en este mundo herido, la Iglesia sea casa y escuela de comunión.

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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Les aseguro mis oraciones por la comunidad del Liceo “Barthélémy Boganda” de Bangui, en la República Centroafricana, que está de luto por el trágico accidente que ha causado numerosos muertos y heridos entre los estudiantes. Que el Señor consuele a las familias y a toda la comunidad.

Saludo hoy de manera especial a todos los fieles de Roma, en la fiesta de los santos patronos, y con gran afecto a los párrocos y a todos los sacerdotes que trabajan en las parroquias romanas, con gratitud y alentándolos en su servicio.

En esta fiesta se celebra también la Jornada dedicada al Óbolo de San Pedro, que es un signo de comunión con el Papa y de participación en su ministerio apostólico. Agradezco de corazón a todos los que con su donación sostienen mis primeros pasos como Sucesor de Pedro.

Bendigo a quienes participan en el evento denominado “Quo Vadis?”, peregrinando por los lugares romanos de la memoria de los santos Pedro y Pablo. Agradezco a todos los que han organizado con dedicación esta iniciativa que ayuda a conocer y honrar a los santos patronos de Roma.

Saludo a los fieles de varios países que han venido para acompañar a sus Arzobispos Metropolitanos, que hoy han recibido el Palio. Saludo a los peregrinos de Ucrania —siempre rezo por su pueblo—, de México, Croacia, Polonia, Estados Unidos de América, Venezuela, Brasil, al Coro Santos Pedro y Pablo, de Indonesia, así como a numerosos fieles eritreos que viven en Europa; a los grupos de Martina Franca, Pontedera, San Vendemiano y Corbetta; a los monaguillos de Santa Giustina in Colle y a los jóvenes de Sommariva del Bosco.

Doy las gracias a la “Pro Loco” de Roma Capital y a los artistas que han realizado la “Infiorata” en Via della Conciliazione y Piazza Pio XII. ¡Gracias!

Saludo a los Cooperadores Guanellianos del centro-sur de Italia, a la Asociación de Voluntarios de Chiari, a los ciclistas de Fermo y de Varese, al grupo deportivo Aniene 80 y a los peregrinos de “Connessione Spirituale”.

Hermanas y hermanos, sigamos rezando para que en todas partes se silencien las armas y se trabaje por la paz a través del diálogo.

¡Feliz domingo a todos!

(vatican.va)














Solemnidad de San Pedro y San Pablo - ¿No sería muchísimo mejor escuchar con la familia el Evangelio proclamado en la Santa Misa presencial?

 


Libro de los Hechos de los Apóstoles 12,1-11.

Por aquel entonces, el rey Herodes hizo arrestar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos.
Mandó ejecutar a Santiago, hermano de Juan,
y al ver que esto agradaba a los judíos, también hizo arrestar a Pedro. Eran los días de "los panes Acimos".
Después de arrestarlo, lo hizo encarcelar, poniéndolo bajo la custodia de cuatro relevos de guardia, de cuatro soldados cada uno. Su intención era hacerlo comparecer ante el pueblo después de la Pascua.
Mientras Pedro estaba bajo custodia en la prisión, la Iglesia no cesaba de orar a Dios por él.
La noche anterior al día en que Herodes pensaba hacerlo comparecer, Pedro dormía entre dos soldados, atado con dos cadenas, y los otros centinelas vigilaban la puerta de la prisión.
De pronto, apareció el Angel del Señor y una luz resplandeció en el calabozo. El Angel sacudió a Pedro y lo hizo levantar, diciéndole: "¡Levántate rápido!". Entonces las cadenas se le cayeron de las manos.
El Angel le dijo: "Tienes que ponerte el cinturón y las sandalias" y Pedro lo hizo. Después le dijo: "Cúbrete con el manto y sígueme".
Pedro salió y lo seguía; no se daba cuenta de que era cierto lo que estaba sucediendo por intervención del Angel, sino que creía tener una visión.
Pasaron así el primero y el segundo puesto de guardia, y llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad. La puerta se abrió sola delante de ellos. Salieron y anduvieron hasta el extremo de una calle, y en seguida el Angel se alejó de él.
Pedro, volviendo en sí, dijo: "Ahora sé que realmente el Señor envió a su Angel y me libró de las manos de Herodes y de todo cuanto esperaba el pueblo judío".

Salmo 34(33),2-3.4-5.6-7.8-9.

Bendeciré al Señor en todo tiempo,
su alabanza estará siempre en mis labios.
Mi alma se gloría en el Señor:
que lo oigan los humildes y se alegren.

Glorifiquen conmigo al Señor,
alabemos su Nombre todos juntos.
Busqué al Señor: El me respondió
y me libró de todos mis temores.

Miren hacia El y quedarán resplandecientes,
y sus rostros no se avergonzarán.
Este pobre hombre invocó al Señor:
El lo escuchó y lo salvó de sus angustias.

El Ángel del Señor acampa
en torno de sus fieles, y los libra.
¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!
¡Felices los que en El se refugian!

Segunda Carta de San Pablo a Timoteo 4,6-8.17-18.

Querido hermano:
Yo ya estoy a punto de ser derramado como una libación, y el momento de mi partida se aproxima:
he peleado hasta el fin el buen combate, concluí mi carrera, conservé la fe.
Y ya está preparada para mí la corona de justicia, que el Señor, como justo Juez, me dará en ese Día, y no solamente a mí, sino a todos los que hayan aguardado con amor su Manifestación.
Pero el Señor estuvo a mi lado, dándome fuerzas, para que el mensaje fuera proclamado por mi intermedio y llegara a oídos de todos los paganos. Así fui librado de la boca del león.
El Señor me librará de todo mal y me preservará hasta que entre en su Reino celestial. ¡A él sea la gloria por los siglos de los siglos! Amén.

Evangelio según San Mateo 16,13-19.

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?".
Ellos le respondieron: "Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas".
"Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?".
Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo".
Y Jesús le dijo: "Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo.
Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.
Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo".

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

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Bulle

San Pablo VI
papa 1963-1978
Exhortación sobre la alegría cristiana, l975


“Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.”

    En este Año Santo nos os hemos invitado a cumplir, materialmente o en espíritu y por la intención, un peregrinaje a Roma, al corazón de la Iglesia católica. Con todo, es demasiado evidente que  Roma no constituye el término de nuestro peregrinaje en el tiempo. Ninguna ciudad santa de aquí abajo es nuestra meta. Ésta está oculta más allá de este mundo, en el corazón del misterio de Dios, todavía invisible para nosotros... Para los apóstoles Pedro y Pablo, Roma ha sido este término, donde los santos han derramado su sangre como último testimonio.
    La vocación de Roma estriba de los apóstoles; el ministerio que nos toca ejercer desde aquí es un servicio a favor de la Iglesia universal e incluso de toda la humanidad. Es un servicio irremplazable, ya que, según el beneplácito de su sabiduría, Dios colocó Roma, la ciudad de Pedro y de Pablo en el itinerario que conduce a la Ciudad Eterna, porque confió a Pedro las llaves del Reino de los cielos. Pedro unifica en su persona el colegio de todos los obispos. Lo que queda aquí en Roma, no por la voluntad del hombre, sino por una providencia libre y misericordiosa del Padre, del Hijo y del Espíritu, es la “solidez de Pedro”, como la define San León Magno: Pedro no cesa de ocupar su sede; conserva una participación plena en el ministerio de Cristo, Soberano Pontífice. La estabilidad propia de la piedra que él ha recibido de la piedra angular que es Cristo (1Cor 3,11), una vez establecido como Pedro-Piedra, (Mt 16,16) la transmite a todos sus sucesores.  (EDD)

Reflexión sobre el icono cretense

Hoy celebramos la solemnidad de los santos Pedro y Pablo, dos gigantes de nuestra fe cristiana, dos pilares de la Iglesia primitiva, cuyas distintas misiones y temperamentos contribuyeron a configurar el cristianismo tal como lo conocemos. La tradición de honrarlos juntos el 29 de junio se remonta al menos al año 258 d.C., como testimonio de su martirio común en Roma y de su papel fundamental en el crecimiento de la Iglesia.

Nuestro icono del siglo XV, pintado en Creta, representa un abrazo profundamente simbólico entre los apóstoles Pedro y Pablo. Este tema fue poco frecuente en el arte bizantino hasta mediados del siglo XV, cuando empezaron a florecer las representaciones de los dos santos juntos. Es probable que este cambio artístico refleje las esperanzas ecuménicas del Concilio de Ferrara-Florencia (1438-1439), que pretendía sanar el cisma entre las Iglesias oriental y occidental. Estos iconos revelan cómo la imagen de Pedro y Pablo unidos se utilizó como un poderoso signo de reconciliación y unidad.

En nuestro icono, Pedro aparece a la izquierda y Pablo a la derecha. Pedro representa la estabilidad, la tradición y la autoridad eclesial: "la roca" sobre la que Cristo edificó su Iglesia. Pablo, el antiguo perseguidor convertido en misionero, encarna el celo misionero y la profundidad teológica de la Iglesia. Juntos, personifican la plenitud del Evangelio: Pedro, que nos fundamenta en la unidad y en una sólida fidelidad a Cristo, y Pablo, que nos impulsa hacia el anuncio, la valentía y la conversión. Como dijo tan bellamente el Papa Benedicto XVI "La tradición cristiana siempre ha considerado inseparables a San Pedro y San Pablo: juntos representan todo el Evangelio de Cristo.."

La mayoría de los apóstoles y santos son honrados individualmente, pero la Iglesia coloca a Pedro y Pablo en una única fiesta solemne, no para disminuir su individualidad, sino para magnificar su misión compartida. No hay una fiesta separada de San Pedro como tal; tampoco hay una fiesta de San Pablo (aparte de celebrar su conversión). Los celebramos juntos, lo que nos dice mucho sobre cómo la Iglesia quiere que veamos a estos santos. Es una fiesta no sólo de recuerdo, sino de unidad: unidad de doctrina y de misión, de fe y de obras, de autoridad y de carisma.

by Padre Patrick van der Vorst

Reflexión   ¿Quién es Jesús?






sábado, 28 de junio de 2025

¿Cómo abordar la crisis de vocaciones en el mundo? La respuesta del Papa

 

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El Papa León XIV conversó con los participantes del jubileo de sacerdotes sobre la crisis de vocaciones y la alegría en el sacerdocio

El Papa León XIV habló de los signos de crisis que afectan la vida y la misión de los sacerdotes durante un encuentro internacional de sacerdotes celebrado el 26 de junio de 2025 en el Auditorio de la Conciliazione, a un paso del Vaticano. Para abordar la crisis de vocaciones, los instó a hacer propuestas contundentes y liberadoras a los jóvenes y abordó una vez más el significado del celibato sacerdotal.


I.Media Aleteia