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lunes, 18 de mayo de 2026

Evangelio del día - Lunes de la 7a. Semana de Pascua


 

Libro de los Hechos de los Apóstoles 19,1-8.

Mientras Apolo permanecía en Corinto, Pablo, atravesando la región interior, llegó a Efeso. Allí encontró a algunos discípulos
y les preguntó: "Cuando ustedes abrazaron la fe, ¿recibieron el Espíritu Santo?". Ellos le dijeron: "Ni siquiera hemos oído decir que hay un Espíritu Santo".
"Entonces, ¿qué bautismo recibieron?", les preguntó Pablo. "El de Juan", respondieron.
Pablo les dijo: "Juan bautizaba con un bautismo de penitencia, diciendo al pueblo que creyera en el que vendría después de él, es decir, en Jesús".
Al oír estas palabras, ellos se hicieron bautizar en el nombre del Señor Jesús.
Pablo les impuso las manos, y descendió sobre ellos el Espíritu Santo. Entonces comenzaron a hablar en distintas lenguas y a profetizar.
Eran en total unos doce hombres.
Pablo fue luego a la sinagoga y durante tres meses predicó abiertamente, hablando sobre el Reino de Dios y tratando de persuadir a sus oyentes.


Salmo 68(67),2-3.4-5ac.6-7ab.

¡Cantad al Señor, reinos de la tierra!

¡Se alza Dios!
Sus enemigos se dispersan
y sus adversarios huyen delante de él.
Tú los disipas como se disipa el humo;

como se derrite la cera ante el fuego,
así desaparecen los impíos ante Dios.
Pero los justos se regocijan,
gritan de gozo delante de Dios

y se llenan de alegría.
¡Canten a Dios,
¡Abranle paso al que cabalga sobre las nubes!
Dios en su santa Morada

es padre de los huérfanos y defensor de las viudas:
él instala en un hogar a los solitarios
y hace salir con felicidad a los cautivos.


Evangelio según San Juan 16,29-33.

Los discípulos le dijeron a Jesús: "Por fin hablas claro y sin parábolas.
Ahora conocemos que tú lo sabes todo y no hace falta hacerte preguntas. Por eso creemos que tú has salido de Dios".
Jesús les respondió: "¿Ahora creen?
Se acerca la hora, y ya ha llegado, en que ustedes se dispersarán cada uno por su lado, y me dejarán solo. Pero no, no estoy solo, porque el Padre está conmigo.
Les digo esto para que encuentren la paz en mí. En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo".

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

San Juan Pablo II (1920-2005)
papa
Mensaje para la jornada mundial de la paz, 2002, §9-10 (trad. © Librería Editrice Vaticana)


“En el mundo tendréis luchas; pero tened valor, yo he vencido al mundo.”

“En el mundo tendréis luchas; pero tened valor, yo he vencido al mundo.” (Jn 16,33)
Las familias, los grupos, los estados, la comunidad internacional misma tienen que abrirse al perdón para reanudar los lazos rotos, para ir más allá de las situaciones de condena recíproca, para vencer la tentación de excluir a los demás negándoles toda posibilidad de apelación o recurso. La capacidad de perdón está en la base de todo proyecto de una sociedad futura más justa y más solidaria.
Negar el perdón, al contrario, sobre todo si es para mantener los conflictos, tiene repercusiones incalculables para el desarrollo de los pueblos. Los recursos se consagran a la carrera de armamentos, a los gastos de guerra o para enfrentarse a las represalias económicas. Así faltan los medios económicos necesarios para el desarrollo, la paz y la justicia. ¡Cuánto sufrimiento hay en la humanidad porque no sabe reconciliarse, qué atrasos porque no se sabe perdonar! La paz es la condición del desarrollo, pero una paz verdadera no es posible sin el perdón.
La propuesta del perdón no es algo que se admite por su evidencia o que se acepte fácilmente. En ciertos aspectos, es un mensaje paradójico. En efecto, el perdón comporta siempre, a corto plazo, una pérdida aparente, mientras que, a largo plazo, propicia un beneficio real. Con la violencia pasa exactamente lo contrario. La violencia opta por un beneficio a corto plazo, pero prepara para un futuro lejano una pérdida real y permanente. El perdón podría parecer una debilidad. En realidad, tanto para el que lo pide como el que lo concede, hace falta una fuerza espiritual grande y un coraje moral a toda prueba. Lejos de disminuir a la persona, el perdón la conduce a un humanismo más profundo y más rico, la capacita para reflejar en ella un rayo del esplendor del Creador. 
  (EDD)

Reflexión sobre la acuarela

Al comienzo de la lectura del Evangelio, oímos a los discípulos muy confiados en su fe. Incluso se muestran algo descarados con Jesús: "¡Ah, ahora hablas claro y no utilizas el lenguaje figurado!‘. Sólo pueden decir esto, porque se sienten muy sólidos en su relación con Jesús. Pero Jesús les pincha la confianza en sí mismos y les dice que le dejarán y le abandonarán. De hecho, ¡al día siguiente ya lo hacen! Durante la prueba, la pasión y la muerte en la cruz, ¿dónde estaban los discípulos? Jesús nos dice que nosotros tampoco podemos ser demasiado complacientes y confiados en nuestra relación con Dios. Tenemos que trabajar en ello cada día.

En nuestra lectura del Evangelio, Jesús habla con profundo realismo a sus discípulos: “Mirad, llega la hora, de hecho ha llegado, en que seréis dispersados”. Sabe que la unidad que han experimentado en torno a Él físicamente pronto se romperá. El miedo, la persecución y la propia misión les enviarán en distintas direcciones. Algunos viajarán a tierras lejanas; otros permanecerán más cerca de Jerusalén. Cada apóstol recorrerá un camino distinto, llevando el Evangelio a culturas, lenguas y pueblos diferentes. Pero las palabras de Cristo encierran un desafío más profundo: aunque estén dispersos geográficamente, nunca deben dividirse espiritualmente. Deben permanecer uno en la misión, uno en el propósito y uno en Cristo. Su dispersión no pretende debilitar a la Iglesia, sino permitir que la Buena Nueva se extienda por el mundo como semillas llevadas por el viento. El peligro no es la dispersión, sino la división.

Lo mismo vale para nosotros hoy. También nosotros somos enviados a vidas, profesiones, luchas y vocaciones diferentes, y sin embargo estamos llamados a permanecer profundamente unidos en Cristo y en su Iglesia, para que dondequiera que estemos dispersos, siga creciendo la presencia del Evangelio.

Nuestra acuarela sobre papel de Eric Ravilious titulada Chalk Paths (Senderos de tiza), pintada en 1935, representa el paisaje ondulado de los Downs de Sussex surcado por senderos serpenteantes que desaparecen tras colinas y árboles. Al contemplar el cuadro, nuestros ojos siguen los numerosos senderos que se extienden en la distancia, aunque no podemos ver del todo adónde conduce ninguno de ellos. Es una bella imagen del Evangelio de hoy. Cristo dice a sus discípulos que serán “dispersados”, enviados por diferentes caminos, diferentes misiones, diferentes viajes por el mundo. Y lo mismo ocurre con nosotros. Cada uno de nosotros recorre un camino único en la vida, con llamadas, luchas y responsabilidades diferentes. Sin embargo, el Evangelio nos recuerda que, aunque recorramos caminos diferentes, no estamos dispersos en el aislamiento, sino que hemos sido enviados en comunión, unidos en una sola fe, una sola misión, un solo amor.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración 

Oh, Señor, hazme un instrumento de Tu Paz .
Donde hay odio, que lleve yo el Amor.
Donde haya ofensa, que lleve yo el Perdón.
Donde haya discordia, que lleve yo la Unión.
Donde haya duda, que lleve yo la Fe.
Donde haya error, que lleve yo la Verdad.
Donde haya desesperación, que lleve yo la Alegría.
Donde haya tinieblas, que lleve yo la Luz.

Oh, Maestro, haced que yo no busque tanto ser consolado, sino consolar;
ser comprendido, sino comprender;
ser amado, como amar.

Porque es:
Dando , que se recibe;
Perdonando, que se es perdonado;
Muriendo, que se resucita a la
Vida Eterna.

(San Francisco)


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