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sábado, 16 de mayo de 2026

Cómo la lujuria roba la paz del corazón

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Nos han vendido una falsa "libertad sexual", haciendo de la lujuria un "derecho" en vez de un pecado que roba la paz del corazón de quien cae en ella

La hipersexualización es un hecho innegable en esta época. Se ha perdido el sentido de la castidad, la modestia y la virginidad. Por el contrario, el mundo ha hecho creer a la gente que es una vergüenza no tener relaciones sexuales a determinada edad y los padres de familia se concretan a recomendar a sus hijos que se "cuiden". Pero no ven más alla: el corazón pierde la paz por causa de la lujuria.

Las advertencias de san Pablo

El Apóstol san Pablo sabía bien que este mal perdería a quien cediera a la tentación. En varias de sus cartas hace fuertes exhortaciones a controlar las pasiones desordenadas porque desagradan enormemente a Dios:

"Por lo tanto, hagan morir en sus miembros todo lo que es terrenal: la lujuria, la impureza, la pasión desordenada, los malos deseos y también la avaricia, que es una forma de idolatría. Estas cosas provocan la ira de Dios" (Colosenses 3, 5)

A los Efesios también advierte de las consecuencias:

"Y sépanlo bien: ni el hombre lujurioso, ni el impuro, ni el avaro –que es un idólatra– tendrán parte en la herencia del Reino de Cristo y de Dios" (Efesios 5, 5).

La lujuria roba la paz

Quizá no es fácil entender qué es la lujuria. En la Enciclopedia Católica encontramos la definición:

"Lujuria es el deseo desmedido por, o la satisfacción de, el placer carnal que se experimenta en los órganos reproductivos humanos".

Cuando el hombre y la mujer descuidan sus sentidos y las relaciones interpersonales, fácilmente pueden caer en la tentación carnal. Por eso, aunque se experimente placer momentáneamente, el corazón estará sobresaltado por el fuego de la pasión. No hay como la paz de quien nada tiene que esconder.

Por eso, la Enciclopedia comenta también:

"Se dice que la lujuria es un pecado capital, y la razón es obvia. El placer que este vicio tiene como su objeto es a la vez tan atractivo y connatural a la naturaleza humana como para excitar fuertemente el deseo de una persona, y así conducirla a la comisión de muchos otros trastornos en la búsqueda de ella.

Cuida tus sentidos

Por eso, para no ceder a este vicio, es necesario ser muy cuidadosos con lo que vemos, oímos, leemos y conversamos. También lo es huir de quienes nos incitan al pecado y buscar las ayudas espirituales para fortalecernos, tales como la confesión frecuente, la santa Misa entre semana y la comunión.

También será muy importante consagrar nuestra pureza a María santísima, orar constantemente para pedir a Dios que aleje de nosotros cualquier imagen, persona o situación que puede perturbarnos y pedir la intervención constante de nuestro ángel de la guarda.

De este modo, la paz del corazón y la integridad del cuerpo, mente y alma estarán aseguradas. No te desanimes.

Mónica Muñoz, Aleteia

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