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domingo, 6 de diciembre de 2020

«Voy a empezar a ir a misa»: el camino de María Palmero y otros «millennials» en la era Covid

Esta joven periodista comenzó a hacerse preguntas durante el confinamiento

La pandemia de coronavirus, con el terrible número de muertes, los confinamientos
y la alteración de la forma de vida de las personas, ha hecho temblar los 
cimientos en los que se asienta la estabilidad de millones de personas.

En una sociedad con pocos referentes lo inmediato es lo que manda,
especialmente para los jóvenes, los “millennials”. Y cuando el coronavirus los
ha encerrado en casa o ha cerrado sus discotecas, bares… se han dado
contra un muro pues los ejes de su vida se han venido abajo.

Es en este momento en el que algunos de estos jóvenes han recapacitado
 sobre su vida y se han hecho preguntas
 que el ruido de sus vidas y el
ajetreo diario no les permitían oír: de dónde venimos y hacia dónde vamos,
 para qué existimos… Y la respuesta en algunos casos les dirigía al cristianismo, 
a la Iglesia.

Es lo que le ha ocurrido a María Palmero, una joven periodista millennial que
 escribe en Voz Populi y antes lo hizo en El Confidencial, que confiesa que
esta pandemia le ha hecho pensar sobre la fe, algo que nunca había hecho.

En redes sociales, esta joven periodista que escribe de tendencias, modas,
cotilleos e incluso sobre temas de sexualidad sorprendía a sus seguidores
 afirmando: “Voy a empezar a ir a misa, y no es broma. Hice la comunión
pero nunca me dio por ahí. Ahora, tras el confinamiento, he sentido una
 especie de llamada.
 Supongo que es una reacción normal. En fin, eso es todo”.

María Palmero

María Palmero reflexiona sobre jóvenes, fe y coronavirus / Foto- Twitter de
María Palmero

Este debate interior parece que no acabó ahí porque unas semanas más
tarde ha publicado una columna en Voz Populi titulada Millennials: los
curas os esperan
iniciada con su propia experiencia.

“La pandemia me ha hecho reencontrarme con la Iglesia, y no soy la
 única joven a la que le ha ocurrido. Millennials ateos y agnósticos también
 están yendo a las parroquias, pero ¿en busca de qué?”, cuenta Palmero,
que para responder esta pregunta en su artículo se ha apoyado en dos
jóvenes sacerdotes, entre otras personas.

Esta joven periodista recuerda que en el confinamiento muchos lo pasaron
 muy mal pero a otros les ha venido bien porque “se dieron cuenta de que
su vida estaba vacía, que no tenían vínculos fuertes con nadie. Que sus
amigos sólo eran amigos, personas que van y vienen, y no su familia. Que
igual malvivir en un piso enano en el centro de la ciudad y trabajar de lo suyo
 a cambio de un mísero sueldo no era un plan bueno de vida. Cuando al
 alcohol, el sexo esporádico y sin compromiso y las sustancias alegres dejaron
de condimentar sus vidas, se vieron a sí mismos y lo poco que habían
 construido en sus últimos años de existencia”.

Por ello, cree que “la pandemia ha sido un salvavidas para muchos jóvenes,
pues se han dado cuenta de lo que realmente es importante en la vida. Y
muchos de ellos han encontrado un refugio en las parroquias, aquellas
que sólo pisaban en bodas, bautizos y comuniones, si eso”.

María Palmero asegura que ella era una de esas jóvenes que no quería
 “atarse con un hijo pudiendo vivir la vida libremente ni “vivir con una
 pareja pudiendo tener una casa para mí
” ni “una vida estable pudiendo
disfrutar del momento”.

Sin embargo, reconoce que “durante los últimos meses me replanteé
 muchas cosas
 y sentí una especie de llamada hacia la iglesia, hacia la fe.”

“¿Por qué de pronto tenía ganas de ir a misa si mi único contacto
con el catolicismo fue hacer la Comunión y poco más?
 ¿Por qué tenía
 tantas ganas de escuchar a los párrocos y de estar en contacto con la Iglesia?
 ¿De casarme y de plantearme tener hijos? ¿Le habrá ocurrido a más gente,
a más jóvenes?”, se pregunta.

Esta joven está en el inicio de este camino, de empezar a responder
estas preguntas y conocer qué dice la Iglesia
 y qué puede hacer Dios
en su vida. Pero todo este proceso comienza siempre con un cambio de
actitud, de abrir la puerta. De momento María Palmero ha decidido abrirla.

Juan Manuel Góngora, celebrando misa

Juan Manuel Góngora tiene más de 20.000 seguidores en Twitter / Foto- Diario de Almería

Para saber si a más jóvenes les ha pasado como a ella, la periodista ha
 preguntado a varios sacerdotes. Uno de ellos es el padre Juan Manuel
Góngora
, cura de 32 años diocesano de Almería y muy activo en redes
 sociales.

"La pandemia nos ha hecho darnos cuenta, a todos los niveles, de lo que
 es verdaderamente importante en la vida, como son las relaciones familiares,
 el amor hacia los demás. Lo que en la vida cotidiana pasaba más desapercibido, ahora se le da más importancia. El confinamiento ha sido un shock tan
 fuerte que ha empujado a muchos a hacer examen de conciencia"
,
 afirma el padre Góngora.

En experiencia del propio sacerdote, “los jóvenes que vienen buscan
 cosas verdaderas, lo auténtico de la vida ante el muestrario que tenemos
 (medios, avances digitales...), pues muchas veces nos quedamos
 en un mar de artificio. Lo que veo cuando hablo con ellos –e intento rascar
un poco– es que les hace falta algo autentico en sus vidas, y más auténtico
que la fe poco van a encontrar en este mundo. El tener fe te provee de una
moral, de unos procedimientos en tus actos, de una armadura".

Manuel Navarro, en su parroquia

Manuel Navarro es párroco en el barrio de Carabanchel de Madrid.

Por su parte, Manuel Navarro, sacerdote de 36 años y párroco en
Carabanchel Bajo (Madrid) además de capellán en la Universidad
Politécnica específica que en su caso "el tema del sacramento sigue
igual, pero sí vienen muchos (jóvenes) a colaborar con Cáritas
y a ayudar a gente.
 Y son personas nuevas y muy jóvenes".

El padre Navarro sí confirma que es la gente joven la que desde abril
 más se está animando para echar una mano para descargar camiones
con comida y otros bienes de primera necesidad que luego reparte la
parroquia. "Han venido muy rápido, nos ayudan en todo: desde sacar
el material hasta llevar alimentos a personas que no podían salir de sus
casas por unas razones u otras", afirma.

"Hay muchas familias que están sufriendo, y aunque algunos medios de
comunicación intenten ocultar ciertas cosas, las colas que se forman para
 recibir alimentos las ve todo el mundo. Los jóvenes las ven y vienen a decirnos
que en qué pueden ayudar", añade este religioso.

Por ello, estos sacerdotes ven como la caridad que muestra la Iglesia es
 una forma de atraer a estos jóvenes: "Los curas estamos aprovechando
ese gancho, ese deseo de hacer el bien y de colaborar, para que
conozcan realmente qué hacemos en las iglesias".

J. Lozano / ReL

Vea también    Los jóvenes y la Iglesia católica

Comentario


Antonio Bedmar Fernández

EL ESPÍRITU SANTO VUELVE A SOPLAR somo en Pentecostés.


Hace unas semanas se hizo una campaña de rezos del Rosario siguiendo las palabras de San Pío: "Cuando un millón de niños recen el Rosario, el mundo cambiará". Aunque no podemos estar seguros, es muy probable, por lo que he leído, que la cifra halla sido superada.


Yo me esperaba que el mundo cambiase de un modo triunfalista. Algo así como los judíos de tiempos de Jesús esperaban al Mesías. El Mesías vino, pero no como ellos lo esperaban. Hizo algo más valioso que convertir a Israel en el amo de un Imperio: nos salvó a todos de nuestros pecados.


He reflexionado: quizás lo que nos espera no es un gran triunfo en el sentido humano, sino algo más valioso: la conversión de millones de almas. Pero claro, esto no es triunfo en el sentido humano, si los poderes de este mundo siguen haciendo el mal. ¿Saben cual es, se considera, el mejor tiempo que tuvo la Iglesia Católica?

No fue la Edad Media, cuando tuvo más poder, pero bastante corrupción. Los tiempos del Imperio Romano, cuando se la perseguía, fue la época espiritualmente más exitosa.








lunes, 8 de junio de 2020

Ante las tensiones que surgen en el confinamiento, 20.000 matrimonios renuevan online sus promesas

Renovación del Matrimonio


Más de 20 mil matrimonios sobre todo de Hispanoamérica renovaron sus promesas matrimoniales desde sus hogares gracias a la organización Familia Unida Internacional, el pasado 30 de mayo, informa la revista Vida Nueva. Esta idea nació a raíz de las tensiones que surgen en las familias por culpa del confinamiento, por lo que sus organizadores vieron que era más que oportuno ofrecer motivos de esperanza en medio de la pandemia. De esta forma, la renovación estuvo precedida de unas reflexiones por parte de diferentes sacerdotes especializados en temas matrimoniales, como el perdón o la comunicaciónLas videoconferencias llevan por título: “Volver a lo esencial”, impartida por Adolfo Güémez; “El lenguaje del perdón”, por Guillermo Serra; “Amar es la manera más intensa de vivir”, por Ángel Espinoza; y “De la escasez a la abundancia”, a cargo de Evaristo Sada.
Tensión familiar intensificada por el confinamiento
En este contexto, Vida Nueva ha hablado con el sacerdote español Guillermo Serra, asesor de Familia Unida Internacional, en torno a las problemáticas principales a las que se enfrentan los matrimonios no sólo durante la cuarentena, sino en la actualidad.
Para el sacerdote –famoso en las redes sociales por sus reflexiones en torno a este sacramento–, es un hecho que las tensiones normales de la vida familiar se han ido intensificando en este periodo de confinamiento, por lo que la idea de esta iniciativa fue ofrecer a las parejas algunas ideas para ayudarles a manejar situaciones que son propias de su relación, pero que se han ido agudizando en este tiempo.
Expresó que una de las cosas que los matrimonios deben recordar, sobre todo en los momentos difíciles, es que “el amor es la mejor forma de vivir; vivir primero el amor de Dios, y es así como Dios va bendiciendo el matrimonio”.
Las problemáticas más comunes
El padre Guillermo Serra afirma que la problemática más común que enfrentan los matrimonios es la falta de comunicación, seguida de una gran necesidad de renovar el amor: “Y es que el tiempo nos hace mayores, pero no mejores; por eso debemos conocer los medios para renovar el amor en pareja, y que éste se refleje en acciones diarias; si no lo hacemos, el tiempo corre en nuestra contra”.
Una tercera problemática –apunta– tiene que ver con el perdón, que no es otra cosa que “un modo excepcional de amar”. Continúa: “Al perdón se llega cultivando la humildad, que es lo más difícil, esto significa ser consciente de mis debilidades como persona y de que mis acciones y palabras pueden herir a mi esposo o a mi esposa”.
Cuando los matrimonios logran entender lo anterior –dice–, crece; si no hay humildad, entonces se estancan los esposos, se encierran en su propio punto de vista. “Es importante recordar que el amor requiere, de cada miembro de la pareja, humildad para dar todo de su parte, y humildad para recibir de la otra parte lo que él o ella quieran dar, no lo que yo quiero que me dé”.
Para el padre Serra, los esposos deben entender que el amor es así, y “no esperar a que la otra persona dé lo mismo que yo, sino lo que ella me quiera dar”.
Familia Unida Internacional imparte programas de formación y “busca servir a la familia con innovación y excelencia a través de principios sólidos, espíritu de servicio, y manteniendo siempre un sentido trascendente y humanista de la familia a través de todas sus etapas y circunstancias”.
ReL

Vea también  Los cónyuges hacen de su matrimonio algo nuevo (abundantes recursos)


domingo, 26 de abril de 2020

Cómo mantener fuertes las amistades en el confinamiento (¡y por qué deberías hacerlo!)

Ahora más que nunca, necesitamos apoyarnos en nuestras conexiones sociales para mantenernos sanos mental y emocionalmente. Pero
 ¿cómo lo hacemos durante el confinamiento?
FACETIME

A lo largo de la semana pasada, nuestra empresa ha estado incorporando el uso de Zoom para poder continuar ofreciendo una formación interactiva personal a nuestros clientes mientras estemos confinados en casa. Pero como yo quería continuar ofreciendo entrenamientos fácilmente accesibles durante esta transición, he estado haciendo entrenamientos de una hora a través de Facebook Live desde la entrada al recinto de mi casa y… tengo que decirlo, no me ha gustado nada.
Hay un motivo por el que no soy Jillian Michaels: entrenar yo sola y hablando a una cámara es difícil, extraño y solitario. Echo de menos ver las caras de mi gente, saber de sus vidas, animarles durante los ejercicios… Añoro incluso escuchar sus quejas cuando digo la palabra “burpee”. Desesperada por tener interacción, pregunté a mi amiga Hailee si querría venir a entrenar conmigo (manteniendo la distancia de 2 metros, claro) para mi último vídeo hoy en Facebook Live. Y como es la mejor amiga que nadie podría tener, accedió.
Es increíble cuánto cambió mi mentalidad el simple hecho de saber que ella iba a estar ahí. Pasé de sentir temor por la sesión en directo a que me entusiasmara. Pasé más tiempo preparando el entrenamiento, añadí unas cuantas cosas chulas nuevas y, básicamente, pasé la mañana como mis hijos en Nochebuena: mirando el reloj y deseando que el tiempo avanzara más rápido para poder ver a mi amiga. Cuando por fin llegó y empezamos el vídeo, pude sentir la diferencia de inmediato. El directo estuvo lleno de energía, risas, compasión compartida por los burpee, y la hora se pasó volando. Cuando se marchó, me sentía más feliz de lo que había estado en semanas. Estos tiempos locos que estamos viviendo no me parecían tan lúgubres hasta después de pasar un rato cara a cara con mi amiga.
De verdad, esta es la lección que nuestra familia ha estado aprendiendo toda la semana. Mis hijos empezaron a hacer videollamadas con sus amigos y profesores a comienzos de mes, y el ánimo en la casa cambió drásticamente. Reían otra vez y discutían menos, claro, pero la diferencia real es que la esperanza había regresado a nuestra casa. Aunque fuera virtual, esa conexión con sus amigos y profesores había encendido el entusiasmo, la curiosidad y las ganas en los 5… y eso que yo no me había percatado de que los ánimos estuvieran tan mermados en todos nosotros.
Pero tiene sentido. Estamos diseñados para la conexión social, es necesaria para todo, desde la estabilidad mental y emocional hasta el funcionamiento pleno de las vías neuronales. Y en tiempos de crisis, nos sentimos inclinados a agruparnos para afrontar la situación… lo cual es parte de lo que hace tan difícil el confinamiento. Ahora mismo necesitamos a nuestros amigos y nuestras comunidades más que nunca y, por suerte, disponemos de formas sencillas para mantener fuertes esos vínculos y lograr esa conexión social necesaria para superar esta época sanos de mente, de cuerpo y de espíritu.

REUNIONES VIRTUALES

Seamos sinceros: no hay mejor momento en la historia de la humanidad para una cuarentena. No solo tenemos teléfonos en los bolsillos, sino que esos teléfonos están equipados con cámaras y aplicaciones que nos permiten hablar cara a cara a través de kilómetros y continentes. Si recelas de medios sociales como Facebook, no temas, Zoom es de las mejores opciones ahora mismo. Mis hijos lo usan para las clases, yo lo uso para los entrenamientos, ¡mi hija hasta se fue de excursión al campo con su clase a través de Zoom! Utiliza estos recursos para mantener cerca tus conexiones sociales durante el distanciamiento social.

[...]

Ya utilices estas ideas o inventes astutas soluciones propias, es de importancia vital no permitir que el distanciamiento social se convierta en aislamiento social. Y aunque los padres estemos más ocupados y estresados que nunca, no podemos cometer el error de asegurar que nuestros hijos se mantengan conectados socialmente pero no hagamos lo mismo por nosotros mismos. Esta pandemia global está generando miedo y ansiedad en todos nosotros, así que contactemos con los demás, mantengamos los lazos y ayudémonos mutuamente a salir de esto juntos… aunque sea manteniendo las distancias.
Calah Alexander, Aleteia 

Vea también Amistades te rompen la soledad - Testimonio

lunes, 20 de abril de 2020

¿Ya no soportas el confinamiento? Pon en práctica este ejercicio

La monotonía, el mal humor del cónyuge, el malestar de uno de los niños, la imposibilidad de salir y estrechar entre los brazos a familiares y amigos… La lista de motivos para estar triste, incluso infeliz, durante el confinamiento podría alargarse hasta el infinito. Pero ¿y si un simple ejercicio pudiera ayudarte a ver el vaso medio lleno?
KORONAWIRUS

No sirve de nada si solo consideras la parte “difícil” de tu vida durante el confinamiento. ¿Y si exploraras el otro lado, donde están escritas todas las pequeñas alegrías que te da la vida? Así podrías tomar consciencia de todas las ventajas de que disfrutas y apreciarías lo que tienes, en vez de pasar el tiempo lamentando lo que no tienes. Sin duda te sorprendería descubrir que, en este aspecto también, ¡la lista es muy larga!

Innumerables fuentes de alegría y motivos para decir ‘gracias’

Lo que le pasó a Marie y a Jean cuando hicieron este ejercicio es que quedaron atónitos por los resultados. Primero se dieron cuenta de que era imposible ser exhaustivos en su lista porque, cada día, casi a cada instante, había acontecimientos, más anodinos o más importantes, que para ellos podían ser fuentes de dicha, mayor o menor. Disfrutar de un buen momento con amigos por videollamada, admirar el amanecer por la ventana, apreciar las pequeñas atenciones del cónyuge, estremecerse escuchando el canto de los vecinos en el balcón… ¡Todo esto dilata el corazón!
Su segunda sorpresa –y no menor– fue descubrir que, reconociendo explícitamente todas las pequeñas alegrías (sonreír, alegría de vivir, el compartir con los demás), estaban más naturalmente dispuestos a dar gracias. Gracias por esta hermosura, gracias por esta delicadeza, esa sonrisa en este contexto difícil… Podían fijar esta nueva mirada sobre el mundo en general, y la vida en particular, conectándola con la gratitud.
Pero poner en práctica esta perspectiva no es algo que salga solo sin más. Es necesaria una buena dosis de convicción y de espíritu abierto para cambiar la forma de mirar, de actuar y atreverse a expresar esos agradecimientos. Una actitud de reconocimiento, de gratitud, resultará muy agradable a los demás y no desmentirá la propuesta de san Pablo de dar gracias por todas las cosas (1 Te, 5,18).
Marie-Noël Florant, Edifa - Aleteia
Vea también ¿Hay una vía cristiana al sentido del humor?

miércoles, 15 de abril de 2020

Cómo evitar la violencia en casa durante el confinamiento

La cuarentena por coronavirus es una prueba emocional, prepárate y actúa
PRZEMOC DOMOWA

La mayoría de nosotros solemos tener problemas de gestión emocional en algunas áreas de nuestra vida, y es en el matrimonio y la familia donde solemos desbordarnos desahogando temores, frustraciones y defectos.
Y esto todavía más en el escenario de una cuarentena, donde han desaparecido los contrapesos motivacionales ordinarios que nos ayudan a sobrellevar las propias limitaciones y las de los demás.
¿Te has parado a pensar en el esfuerzo que implica conservar un equilibrio emocional familiar en una situación atípica como una cuarentena? Ninguna familia está totalmente exenta de caer en desavenencias.
Existen varios factores que suman estrés al confinamiento, entre ellos:
  • Una relación conyugal deteriorada.
  • La insolvencia por despido laboral o el negocio exitoso que tiene que cerrar.
  • Culpar al otro por la mala conducta o vicios de los hijos.
  • Alcoholismo y otras adicciones.
Puede ser que la violencia ya existiese como antecedente familiar, o que su aparición al confinamiento, En todo caso, es muy necesario identificarla en su gestación y evitar en lo posible que crezca.

¿Cómo se puede ir formando la espiral de la violencia intrafamiliar?

Primera fase
El roce continuo, la monotonía de una rutina, el temor y las dudas sobre un futuro incierto en la salud y lo económico, provocan una situación de estrés.
Es necesario actuar con cambios de rutina a lo largo del día. De no ser así, es muy posible que aparezca el fantasma de las desavenencias.
Al principio, es suficiente una causa real o supuesta, por mínima que sea, para que las presiones se vayan formando, y aparezcan gradualmente palabras altisonantes o soeces, burlas, sarcasmos, descalificaciones entre los miembros de la familia.

TEENAGER
Monkey business images | Shutterstock

Aun cuando la falta de respeto ya es una forma de violencia, en este escenario se está a tiempo de reconducir las relaciones conflictivas con soluciones prácticas para mantenerse ocupados y con buen espíritu.
Segunda fase
Aparecen resentimientos, reclamaciones, restricción de recursos, cuestionamientos o control de actividades, celos excesivos, etc.  Se enciende la luz roja.
Se trata de poner límites.

Woman - Boy - Conversation - Speak
© Photographee.eu

Es el momento de hablar con claridad y sin concesiones acerca de lo que se piensa de lo negativo de la situación, y lo que afecta emocional y moralmente.
No permitir que el violento se sienta con derecho a instalarse en las agresiones constantes.
Tercera fase
La ira engendra ira, desatando la tormenta en forma de agresiones físicas graves, insultos, humillaciones, forzamientos sexuales, etcHay abuso de fuerza con sentimientos de impunidad.
En estas circunstancias, el cónyuge y el resto de la familia afectada se encuentran inmersos en un proceso generado por el miedo, potenciado por el aislamiento y la carencia de apoyo externo perceptible.
Pueden considerar que nada de lo que se haga resuelve el problema, y desalentados, no saber cómo actuar, por lo que sintiéndose en un callejón sin salida se vuelven muy sumisos y no expresan enojo, tanto por temor, como para evitar mayores conflictos, como una forma de procesar tanto dolor.

PŁACZ
Antonio Guillem | Shutterstock

Sin embargo, tal actitud los puede hacer aún más vulnerables, por lo que se hace necesario perder el miedo y la vergüenza para pedir ayuda.
Cuarta fase
En ciertos casos, amainada la tempestad, puede aparecer una actitud de arrepentimiento y reconciliación, manifestando sentimientos de culpa por las agresiones, promesas de no volverlo hacer, pidiendo perdón, etc.
En esta fase existe un componente de manipulación de los sentimientos de los afectados, de su necesidad de creer que finalmente habrá un cambio, de su natural esperanza.
Sin embargo, el ciclo se repite una y otra vez, fase por fase, por lo que es muy probable que exista una forma de adicción a la violencia cada vez más peligrosa, que llegue a poner en riesgo la vida del cónyuge o de algún miembro de la familia.

© DR

¿Qué hacer ante una explosión de violencia de alta peligrosidad?

  • Retirarse inmediatamente, considerando la opción de abandonar el domicilio resguardándose junto a sus hijos, en una casa de amigos o algún familiar.
  • Solicitar asistencia por teléfono.
  • Si ha habido agresión física, acudir inmediatamente a un hospital o centro de salud. …
  • Denunciar ante la autoridad correspondiente, o instituciones especializadas en violencia intrafamiliar.
  • Solicitar la orden de protección. …
La violencia intrafamiliar es una lamentable realidad que es necesario reconocer y atender en sus diferentes grados y manifestaciones.
Sobre todo cuando aún se está a tiempo de que que el perdón y el amor hagan volver a su cauce las relaciones afectadas. O, en caso contrario actuar decididamente para impedir que suceda una verdadera tragedia.

Oración contra la violencia familiar en confinamiento

Dios Padre,
camina por mi casa y cura todos mis males
(miedos, irritabilidad, culpa, resentimientos, obsesiones)
y por favor, cuida y sana a mi familia.
Amén.
Orfa Astorga 

Consúltanos en: consultorio@aleteia.org

Vea también Orar con los Misioneros del Sagrado Corazón - No-Violencia

martes, 14 de abril de 2020

¿Cómo podemos recibir la gracia en tiempo de confinamiento?

El sacramento que Dios nos ofrece hoy es el confinamiento y todo lo que de él surge. 

Al hablar de cómo podemos recibir la gracia en este tiempo, primero es interesante comprender qué es la gracia. Algunos pueden “cosificarla”. Pensar en ella como si fuera un “producto” que se nos da en los sacramentos. En estos tiempos en los que no podemos acudir a ellos, no estaríamos recibiendo gracia… y estaríamos muriéndonos de inanición espiritual.
Sin entrar en etimologías profundas se puede decir que el término “gracia” está relacionado con la actitud de misericordia y de benevolencia de Dios hacia los hombres. La gracia, por decirlo sencillamente, es la misericordiosa ayuda que Dios nos presta.
La mayor fuente de esta gracia, habitualmente, son los sacramentos. En ellos Dios desborda su amor, su ayuda, hacia nosotros. Pero no hay que olvidar que todo es gracia: “Nadie puede decir Jesús es el Señor, excepto por el Espíritu Santo” (1 Cor 12, 3).
Cualquier cosa buena que hagamos, es manifestación de la acción del Señor en nosotros. Es decir, la gracia de Dios para el que quiere aceptarla puede recibirse constantemente, no es algo que esté necesariamente ligado a signos los sacramentos. “No esta cortada la mano de Dios para salvar” (Is 59, 1). Dios actúa de una forma especial a través de los sacramentos, pero Él es mucho más grande que los sacramentos, no se ha cortado las manos a sí mismo instituyendo signos sensibles, por eso, puede actuar y actúa de mil formas diversas.
Ningún confinamiento puede detener la acción de Dios. Cuando los fieles no pueden acudir a los sacramentos el Señor busca otros caminos. Él, por su gracia, hizo santos –y mártires– a personas y comunidades aisladas o presas, sin ayuda de los sacramentos. La gracia, el efecto de la acción divina en nosotros, sólo puede ser detenida por nuestra cerrazón a recibirla. Y hay infinidad –infinitas– maneras de abrir la puerta del corazón a la misericordia de Dios (a su gracia). Sin pretensión de ser exhaustivo, ahí van algunas ideas:

ABRIR EL CORAZÓN A DIOS BUSCÁNDOLE EN LA PIEDAD

  • Leer la palabra de Dios y meditarla.
  • Escuchar la predicación de algún sacerdote.
  • o participar de la eucaristía online.
  • La oración mental.
  • Y la meditación de textos espirituales.
  • Realizar comuniones espirituales.
  • El rezo del Via Crucis,
  • el del Rosario,
  • el del Ángelus,
  • o de cualquier otra oración.
  • Hacer el examen de conciencia al final del día y pedir perdón a Dios por nuestros pecados.
  • Mirar, besar imágenes de Jesús, la Virgen o los santos.
  • Utilizar sacramentales. El mero hecho de hacer la señal de la cruz… 
Simplemente elevar nuestra alma a Dios, devotamente, conscientemente; no como un mantra o una fórmula supersticiosa, sino sabiendo que nos dirigimos a nuestro Padre Dios, a nuestro Hermano Jesús, al Espíritu Santo… es abrir la puerta a la recepción de la gracia.

ABRIR EL CORAZÓN A DIOS BUSCÁNDOLE EN LOS DEMÁS

Dios actúa en nosotros –nos ayuda– cuando somos Cristo para los demás: cuando servimos. La gracia actúa en nosotros cuando damos amor, especialmente a los que nos rodean. Y el día a día ofrece mil circunstancias para servir y ayudar a los demás. Cada vez que lo hacemos, dejamos que entre la gracia y nos configure a Cristo.
Las obras de misericordia -corporales y espirituales- son una magnífica fuente de gracia. Dar testimonio de fe es otra forma de aceptar la gracia y dejar que Dios obre en nosotros.

ABRIR EL CORAZÓN A DIOS BUSCÁNDOLE EN LA CRUZ

Otra forma de dejar entrar a Dios en nuestra alma es privarse voluntariamente, con espíritu de penitencia, de alguna cosa lícita y agradable. El ayuno, la menor comodidad, la renuncia a las redes sociales, a una serie, a internet; especialmente cuando eso nos lleva a rezar más o hacer la vida más agradable a los demás, es también gracia. Nos une a Cristo en la Cruz.
En definitiva, la gracia es sobreabundante (cf. Rm 5, 20). Nos rodea. Estamos –podríamos decir– inmersos en la gracia, en Dios. “En Él vivimos, nos movemos y existimos” (Hch 17, 28). Sólo hay que abrir los poros del alma a ella.
Las actuales circunstancias de falta de sacramentos, nos ayudan a aprovechar mejor el “sacramento del momento presente” –en expresión de JP de Caussade, SJ–. El momento presente es el escenario de salvación que Dios ha pensado para nosotros. El sacramento que Dios nos ofrece hoy es el confinamiento y todo lo que de él surge.
Despistarse con situaciones ideales, nos priva de la gracia que Dios ha pensado para nosotros ahora. No desperdiciemos la posibilidad de rezar hoy –aunque no sea en la Iglesia–, la sonrisa que esperan los que me rodean aunque no sea mi mejor día,  la escucha al que me acompaña, las incomodidades del confinamiento, la ayuda que puedo prestar a un vecino, una situación desagradable, una estrechez económica, la disciplina en el aprovechamiento del tiempo y el cumplimiento de mis obligaciones, una posibilidad de ayuno, un servicio…
Hoy y ahora, Señor, ¿qué esperas de mí? El ahora es también un sacramento: ahí está Dios y ahí está su gracia.
Enrique Bonet, Aleteia
Escoja una de las Obras selectas de Espiritualidad para leerla durante la cuarentena



lunes, 13 de abril de 2020

¿Para ti también el confinamiento ha transformado tu casa en hogar?

La cuarentena nos vuelve hacia dentro para reencontrarnos con nuestros orígenes, recuerdos y valores en la calidez del hogar
COOKING

El #YoMeQuedoEnCasa es un acto de responsabilidad y solidaridad de puertas para afuera, para con los demás. Al mismo tiempo, el confinamiento es una oportunidad de oro para todos de puertas para adentro, una oportunidad para recuperar y explotar lo bueno que tenemos.
María es enfermera y madre de familia en Madrid, casada y con cinco hijos y ha dicho “en casa estamos bien. Estoy haciendo con los niños cosas que nunca he tenido tiempo de hacer antes. De hecho, me da hasta un poco de pena y miedo volver al huracán de vida que teníamos antes”.
¿Qué ha significado el volver a casa? Al principio caos frente a lo inesperado, de repente estábamos allí intentando adaptarnos entre todos, pero volver a casa y vivir el hogar nos ha dado la experiencia de una cotidianidad diferente y más consciente. Y es que con un enfoque adecuado, volver al origen sana y anima.
Esto fue lo que le sucedió al joven Don Bosco cuando sufrió una gran crisis tanto en su salud como en su fe. Don Cafasso, quien era su director espiritual en ese momento, lo envió a que vaya a su hogar y comparta el tiempo con su mamá Margarita donde encontró rehabilitarse.
Y es que como le ocurrió a este santo, el volver al hogar puede fortalecernos mucho ya que es un lugar propicio para llenarse de herramientas útiles para cuando nos toque salir otra vez y una base a la que podemos regresar para recoger más cuando lo necesitemos. 
Para muchos el hogar se asocia a la idea de calidez. Hay hogar cuando no solo vivimos bajo un mismo techo, sino cuando hay vida en él. No es el edificio ni el mobiliario. Son el afecto y el cuidado que se transmiten en las cosas y hacen que deje de ser un sitio donde simplemente comemos y dormimos, para vivir el amor doméstico.
El aroma en el aire del estofado que se va haciendo lentamente o aquellos olores deliciosos de las galletas que avisan desde el horno antes que se quemen. Cada comida no solo es un alimento para el cuerpo, sino también para el alma y eso hace al hogar.
El olor de la salsa hecha con cariño que vuelve a hacerse presente, las pequeñas cosas que tal vez estaban un poco olvidadas como el recetario de la abuela que había quedado archivado y muchas otras cosas más que habían pasado a un segundo plano por falta de tiempo, el trabajo o la distancia y ahora han sido recuperadas.
Hoy podemos recordar las cosas bonitas e importantes que hemos vivido y que muestran como somos. Tenemos la oportunidad de llenar de vida nuestra casa de nuevo y transformarla en hogar: un sitio donde podemos volver a protegernos, ayudarnos y compartir.
Y es que cuando volvemos a lo que nos hizo lo que somos, recuperamos muchos sentidos que estaban escondidos y con ellos una nueva dirección con una misión y la verdad de que los que están a nuestro lado necesitan de nosotros.
El hogar también se hace con el calor de una familia que reza. En estos momentos en los que se tienen conocidos enfermos u hospitalizados, son muchas las familias que han comenzado a rezar juntos como parte de la rutina diaria. Este es el caso de Blanca que ha incorporado el rezo del santo rosario en familia:
“Lo comenzamos a hacer a las 20.30 mientras mi marido paseaba con la bebé para dejarla dormida, y mi mayor y yo recogíamos la cocina. Y ahora, por videoconferencia, nos unimos a mis hermanos y padres que, desde diferentes puntos de la geografía española, nos vemos las caras para rezar”.
Una casa materialmente proporciona refugio, pero el hogar es aquél sitio donde se resisten las tormentas de la vida y se celebran los días de sol. En nuestras casas hay tantos tesoros escondidos: reliquias familiares, murales de fotos, trofeos, cartas, un edredón de la abuela sobre el pie de una cama, la vajilla de boda de nuestros padres.
Aquél sitio al lado de la ventana no es solamente un espacio físico, sino aquel lugar donde estabas parada cuando te enteraste que estabas embarazada de tu hijo, aquella pared es la que pintaste un verano con tu esposo o los recuerdos de cada Nochebuena o un simple domingo por la tarde que quedaron plasmados en aquella mesa del comedor.
Encontrarnos con estos valores, objetos y espacios de nuestra historia pasada, revitalizan la historia de nuestro presente. Es el momento perfecto para sacarlos a la luz, dejarlos a la vista, contarlos, remodelarlos, ser creativos con ellos y recobrar su significado como espectadores de una casa que es depósito de experiencia de vida.
La vida en familia hace al hogar y es un espacio importante que hoy podemos recuperar. En el hogar nos reencontramos con la vida. Una vida que puede pasar por nosotros y dejarnos marcas, pero que al final nos hacen más capaces de dar y querer ser generosos con los demás. Quedarnos hoy en casa nos humaniza, nos permite vernos otra vez como personas.
Cecilia Zinicola, Aleteia





miércoles, 1 de abril de 2020

Una cuarentena para hablar con mi esposa

La vida serena de un matrimonio que vive el confinamiento o aislamiento voluntario en su casa para evitar el contagio por coronavirus

Recuerdo cuando temprano me dijiste: “Vamos a saludar al sol”, y renuente te acompañé al jardín donde cerraste los ojos aspirando la brisa mañanera, mientras que yo ensimismado, comenzaba a pensar en mi apretada agenda del día.
Junto a mí, padecías cierta forma de soledad, y lo sobrellevabas.
Cuán orgulloso estaba de que fueses una brillante abogada que caminaba por su propia senda del éxito, así que, cuando me dijiste que reducirías tu actividad profesional para tener más tiempo para mí, para tener y educar a nuestros hijos, mi disgusto fue mayúsculo.
Esperaba que, en los comienzos de nuestro matrimonio, te concentraras únicamente en en “encumbrarnos”, y habías ya tomado otra decisión. Me sentí frustrado, pues desaceleraste el paso diciéndome que solo se vive una vez, y querías ser verdaderamente feliz.
Por supuesto que tu idea de la felicidad se apartaba de la mía, en la que ser feliz era igual a tener más medios materiales.  No comprendí entonces que tu decisión era la mejor expresión de tu libertad y de tu amor.
Sin embargo, comencé a admirar tu serena diligencia al dejar los “importantes” asuntos de tu oficina, para ocuparte de que nuestro bien amueblado y frío piso comenzara verdaderamente a tener calor de hogar.
Muy pronto en el forzoso confinamiento por la pandemia, comencé a desesperar, mientras que tú, en tu intimidad y en tu conciencia, has seguido inconmovible en tu capacidad de amar, por lo que sufres calladamente mientras haces llamadas interesándote por los demás, consolando, acompañando.
Y permaneces cerca de mí.
Eso habría bastado para que en mi corazón sintiera un profundo agradecimiento por tu amor y por tu compasión, pero me he acostumbrado solo a recibir y nadie da lo que no tiene.
Pasa que, cuando el trabajo ocupa todo mi tiempo, no me percato, ni siento una sensación de vacío; pero ahora que tengo más tiempo libre por dejar de ocuparme en lo que hago, me percato que no sé pensar en quien lo hace  y descubro que pretendía dar sentido a mi vida al trabajar mucho para ganar más.
Cuán sola te dejaba los largos fines de semana cuando, frustrada mi voluntad de trabajar, se ponía entonces a disposición del placer y me iba al bar o a otras diversiones con mis amigos, para aturdirme un poco, por decir lo menos.  Luego, el lunes volvía a mi ritmo de esfuerzo por conseguir más éxito, más dinero.
Ahora, la realidad es que la pandemia no hace distingos entre ricos y pobres, entre sabios e ignorantes, entre virtuosos y miserables… Y ante eso, me he sentido desarmado.
Preocupado por mi empresa y un difícil futuro económico, a altas horas de la noche no pude más y te desperté para desahogar mis temores. Me escuchaste en silencio, y cuando esperaba de tu brillante inteligencia consoladores razonamientos acerca de las posibilidades del mercado pasada la crisis; de recursos jurídicos para manejo de deudas; de la importancia de innovar, etcétera, etcétera, solo me tomaste de la mano y me sacaste al balcón señalando el estrellado firmamento, mientras te acurrucabas junto a mí.
Y estuvimos ahí, sin movernos en el silencio de la noche, dejando que fluyera en nosotros el titilar de los astros desde el fondo del cielo. Una inmensidad en la que humanamente se percibe la existencia como la más insignificante mota de polvo… mas no es así.
Hacía mucho que no veía las estrellas, como tampoco escuchaba la voz de Dios.
Una voz que comenzó a hablarme de sueños de infinito, de nostalgia de pureza, de un amor absoluto, de algo pleno, total, por lo que únicamente vale la pena vivir.  Una voz que ya no quiero dejar de escuchar.
Y comprendí que mi verdadero confinamiento era mi egoísmo, que pensando solo en lo que serán mis pérdidas económicas, no me he condolido ni planteado qué hacer por los vecinos, los ancianos que viven solos, los que carecen de recursos y por tanto que viven unidos y luchando en la tragedia.
Una voz que me sacó de un ensimismamiento que me aislaba de los demás cuando más se necesita vivir la fraternidad.  Y comencé a ser verdaderamente libre dentro de cuatro paredes. Y a tener paz. 
La pandemia indudablemente me quitará cosas y en cierto modo afectará “sueños”, pero en los de Dios, volveré al amor de mi esposa, a decidirme por los hijos, a sentirme a unido con el prójimo y a procurar el bien social antes que las utilidades de una empresa.
En realidad, voy a perder poco y a ganar mucho.
Orfa Astorga, Aleteia

Vea también La comunicación y la incomunicación en el matrimonio