
San Chárbel vivió en el siglo XIX, en el Líbano. Se sintió atraído por la vida eremítica del desierto y acabó ingresando en el monasterio de san Marón, en Annaya.
Después de muchos años, Chárbel sintió que Dios le llamaba de nuevo a convertirse en ermitaño y se le concedió permiso para vivir el resto de su vida en una ermita situada en una colina cercana al monasterio.
Murió en 1898 y, al parecer, nunca fue fotografiado en vida. Incluso si fue fotografiado, no existe ninguna fotografía de la época. Sin embargo, existe una misteriosa fotografía suya que se utilizó posteriormente para la mayoría de sus retratos oficiales.

La historia detrás de la fotografía
El P. George Webby, sacerdote maronita de Pensilvania, fue en peregrinación a la tumba de san Charbel el 8 de mayo de 1950, día de su cumpleaños, con un grupo de monjes maronitas.
Hicieron una foto fuera de los muros del monasterio y, después de revelarla, se dieron cuenta de que había una figura desconocida delante de todos. La figura de la foto no formaba parte de su grupo, así que preguntaron a los monjes del monasterio si sabían quién era.
Algunos de los monjes más ancianos supieron de inmediato de quién se trataba: san Charbel.

Estos monjes habían conocido a san Chárbel en vida y podían reconocerlo. Y lo fascinante es que la mayoría de los retratos modernos de san Chárbel se basan en esta imagen milagrosa.
¿Otra foto de san Chárbel?
Hay otro caso de foto misteriosa: una fotografía tomada en 2016 que supuestamente muestra a san Chárbel bendiciendo a una mujer enferma de cáncer. Había acudido a su tumba para rezar por su curación, pero el monasterio estaba cerrado. Así que le pidió a un monje anciano que la bendijera y más tarde descubrió que ningún monje vivía en el monasterio con esa descripción. Lo tomó como una señal de que el propio san Chárbel la había bendecido. Cuando regresó, descubrió que el cáncer había desaparecido.
Es un recordatorio de que san Chárbel sigue siendo un poderoso intercesor celestial y de que los milagros continúan produciéndose muchos años después de su muerte.
Philip Kosloski, Aleteia
Vea también La Misa: Un Milagro de Amor, ¿Valoramos suficientemente la Santa Misa?


