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lunes, 27 de julio de 2026

Evangelio del día Lunes 17a. Semana T O


San Pantaleón de Nicodemia , San Desiderato de BesançonMás...

Libro de Jeremías 13,1-11.

Así me habló el Señor: "Ve a comprarte una faja de lino; te la ajustarás a la cintura, pero no la meterás en el agua".
Yo compré la faja, conforme a la palabra del Señor, y me la ajusté a la cintura.
La palabra del Señor me llegó por segunda vez, en estos términos:
"Toma la faja que habías comprado y que llevas puesta a la cintura. Ve en seguida a Perat y escóndela allí en la hendidura de una roca".
Yo fui a esconderla en Perat, como el Señor me lo había ordenado.
Al cabo de muchos días, el Señor me dijo: "Ve enseguida a Perat y recoge la faja que yo te mandé esconder allí".
Yo fui a Perat, cavé y recogí la faja del lugar donde la había escondido: la faja estaba estropeada, no servía para nada.
Entonces la palabra del Señor me llegó en estos términos:
Así habla el Señor: De esa misma manera destruiré el orgullo de Judá y el gran orgullo de Jerusalén.
Este pueblo malvado, que se niega a escuchar mis palabras, que sigue los impulsos de su corazón obstinado, que va detrás de otros dioses para servirlos y postrarse delante de ellos, será como esta faja que ya no sirve para nada.
Porque así como la faja se adhiere a la cintura del hombre, así yo me había adherido a toda la casa de Israel y a toda la casa de Judá -oráculo del Señor- para que ellos fueran mi pueblo, ni renombre, mi honor y mi gloria. ¡Pero no han escuchado!


Deuteronomio 32,18-19.20.21.

Despreciaste a la Roca que te engendró,
olvidaste al Dios que te hizo nacer.
Al ver esto, el Señor se indignó
y desechó a sus hijos y a sus hijas.
Entonces dijo: Les ocultaré mi rostro,
para ver en qué terminan.
Porque son una generación perversa,
hijos faltos de lealtad.
Provocaron mis celos con algo que no es Dios,
me irritaron con sus ídolos vanos;
yo provocaré sus celos con algo que no es un pueblo,
los irritaré con una nación insensata.


Evangelio según San Mateo 13,31-35.

Jesús propuso a la gente otra parábola:
"El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo.
En realidad, esta es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo van a cobijarse en sus ramas".
Después les dijo esta otra parábola: "El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa".
Todo esto lo decía Jesús a la muchedumbre por medio de parábolas, y no les hablaba sin parábolas,
para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: Hablaré en parábolas, anunciaré cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

San Máximo de Turín (¿-c. 420)
obispo
Homilía 111; PL 57, 511


La levadura del mundo entero

En el evangelio leemos: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, quedará solo; si muere dará mucho fruto ” (Jn 12,24). El Señor Jesús es el grano de trigo, pero también es levadura... Viniendo al mundo, como hombre y solo, el Señor Jesús ha dado a todos los hombres la posibilidad de llegar a ser lo que él mismo es. Todo aquel que se incorpora a la levadura de Cristo se convierte en levadura, útil para si mismo y para todos los demás. Se salvará y salvará a muchos.
Antes de ser introducida en una medida de harina, la levadura se bate, se desmenuza, se disuelve--- Entonces es cuando se asemeja a los innumerables granos de trigo molidos que constituyen la harina. Unifica en un cuerpo sólido una sustancia que, de suyo era tan inconsistente como el mismo polvo. La levadura, en fin, convierte en una pasta útil lo que parecía ser pura dispersión vana.
Así, Nuestro Señor Jesucristo, levadura del mundo entero, fue quebrantado por muchos sufrimientos, lacerado y destruido, y su sustancia, su preciosa sangre, fue derramada por nosotros para dar consistencia a todo el género humano disperso. Nosotros, que éramos como la harina de pueblos dispersos, nos ha reunido como la levadura convierte la harina en masa compacta. Nosotros yacíamos, miserables, por toda la tierra, dispersos y quebrantados, ahora quedamos unidos en el cuerpo de Cristo, gracias al poder de su pasión.
(EDD)

Reflexión sobre el tarro de mostaza

La breve parábola de Jesús sobre la semilla de mostaza habría calado de inmediato entre sus oyentes. Esa diminuta semilla negra era muy conocida en toda Tierra Santa. Aunque era extraordinariamente pequeña, podía convertirse en un gran arbusto, llegando a alcanzar varios metros de altura. Los agricultores y jardineros conocían bien su asombrosa transformación. Jesús eligió esta planta común para revelar algo grandioso: el Reino de Dios suele comenzar de formas que parecen insignificantes, casi invisibles, pero que poseen un inmenso poder de crecimiento. Lo que parece pequeño en manos de Dios puede convertirse en algo que ofrezca refugio, alimento y vida a muchos.

Nuestra encantadora mostaza de porcelana de Meissen, fabricada alrededor de 1744-1745, es mucho más que un simple accesorio de mesa. Formaba parte del magnífico servicio Andreevsky, una opulenta vajilla encargada por Augusto III, rey de Polonia y elector de Sajonia, y entregada como regalo diplomático a la emperatriz Isabel de Rusia. La mostaza está decorada con el águila imperial rusa de dos cabezas en negro y con la insignia de la Orden de San Andrés, la más alta orden de caballería de Rusia, fundada por Pedro el Grande. Fabricada en porcelana de pasta dura, demuestra la extraordinaria maestría técnica de la fábrica de Meissen, la primera productora europea de auténtica porcelana. Resulta fascinante que se dedicara tal maestría artística a un objeto destinado simplemente a contener mostaza.

La mostaza ya se cultivaba ampliamente en el antiguo Oriente Próximo mucho antes de la época de Cristo. Los arqueólogos han encontrado semillas de mostaza en yacimientos egipcios que datan de hace más de 3.000 años, y tanto los romanos como los griegos apreciaban la mostaza tanto como condimento como medicina. En la época de Jesús, la mostaza se elaboraba triturando o moliendo las diminutas semillas con un mortero, para luego mezclar el polvo resultante con mosto de uva (zumo de uva recién prensado y sin fermentar) o con vinagre, agua o vino, con el fin de crear una pasta. De hecho, la palabra inglesa ’mustard“ deriva del latín ”mustum ardens», que significa «mosto ardiente», en referencia a la mezcla picante de semillas trituradas y mosto de uva.

Hay también algo profundamente simbólico en todo esto. La diminuta semilla tuvo que ser aplastada antes de que se liberara todo su sabor. Del mismo modo, el Reino de Dios suele crecer a través de la humildad, el sacrificio y la perseverancia paciente. Los actos de bondad más pequeños, las oraciones más silenciosas y los gestos de fe más sencillos pueden parecer insignificantes, pero, en la providencia de Dios, poseen el poder de transformar vidas.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

Señor, quiero ser un instrumento en tu mano, para que tú puedas transformar toda la masa en la que yo me encuentro, este mundo tan espectacular en el que me pusiste. Aquí, en este mundo, en medio del mundo, quiero ser ese factor de transformación, tanto: en mi familia, mi trabajo, en mi universidad, si estoy estudiando, con las personas con las que me encuentre.

Quiero ser esa levadura en la masa que transforma todo y que pone Tu Nombre, Señor, en todas partes. Quiero ser ese verdadero apóstol, como san Marcos que, aunque no era uno de los doce, sí que fue un gran apóstol y llevó tu mensaje, lo escribió, lo mandó y hoy, tú y yo quizá, nos hemos convertido, nos hemos acercado a el Señor.

(hablarconJesus.com)

viernes, 28 de enero de 2022

Evangelio del día




 

Evangelio según San Marcos 4,26-34.

Y decía: "El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra:
sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo.
La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga.
Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha".
También decía: "¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo?
Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra,
pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra".
Y con muchas parábolas como estas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender.
No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Bulle

Beato María-Eugenio del Niño Jesús (1894-1967)
carmelita, fundador de Nuestra Señora de Vida
La unión transformante, Quiero ver a Dios (Je veux voir Dieu, Carmel, 1949), trad. sc©evangelizo.org


El Reino de Dios es como la semilla que germina y crece

No podemos pedir a la gracia divina revelar todas sus potencialidades durante el período de crecimiento. La semilla que muere, el delicado tallo que sube, no dicen exactamente lo que portan en ellos. Toda germinación y crecimiento se hacen en el caos o, al menos, en el misterio. El desarrollo pleno sólo extiende las propiedades de la vida ya presente y la calidad del fruto.
En la unión transformante, después de los períodos oscuros que han escondido varias propiedades, la gracia descubre sus riquezas esenciales y muestra que realiza una transformación que nos hace semejantes al amor de Cristo Jesús. La expansión externa de Cristo Jesús en las almas, tomará diversas formas, ya que esta gracia de Cristo es multiforme y brilla con reflejos diversos. Pero la transformaciónen en Cristo debe ser real y profunda y debe afirmarse por la semejanza que crea el amor en la voluntad, los pensamientos, los sentimientos y la actividad exterior. (...)
El doble realismo que debemos exigir de la unión transformante, para reconocerla verdadera y auténticamente cristiana, es la divinización de la naturaleza para que seamos hijos de Dios y la encarnación de la vida divina para que seamos cristianos. (EDD)

Oración

He visto una semilla Señor,
que ha caído en la vereda del camino.
Tú la creaste.
¿Qué hace allí?

Espera la tierra fértil,
La lluvia del invierno
La brisa del verano.

Si no los encuentra,
¿dónde podrá germinar?

Un niño pasa cerca, pero no la ve.

El viento la mueve a su gusto,
de un lado a otro.

Debe germinar, y crecer
y dar frutos. Para eso la creaste.

Soy como esa semilla Señor.

El viento me lleva de un lado a otro
y aún no vivo, según tu voluntad.

Siémbrame en tu Corazón,
para que pueda germinar
y dar frutos para ti.

Señor yo también quiero germinar y crecer.
Quisiera hacer tantas cosas y no puedo.

Reconozco mi inutilidad.
Sin ti, ¿qué puedo hacer?

Tú lo has dicho: “Sin mí no pueden nada”.
Y yo, sin ti, nada puedo.

Soy una semilla Señor.
Siémbrame en tu Corazón,
para que pueda germinar
y dar frutos

es.catholic.net

































martes, 26 de octubre de 2021

Evangelio del día


 

Evangelio según San Lucas 13,18-21.

Jesús dijo entonces: "¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con qué podré compararlo?
Se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su huerta; creció, se convirtió en un arbusto y los pájaros del cielo se cobijaron en sus ramas".
Dijo también: "¿Con qué podré comparar el Reino de Dios?
Se parece a un poco de levadura que una mujer mezcló con gran cantidad de harina, hasta que fermentó toda la masa".

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Comentario


Bulle

Beato María-Eugenio del Niño Jesús
carmelita, fundador de Nuestra Señora de Vida
La unión transformante (Je veux voir Dieu, Ed. Carmel, 1949), trad. sc©evangelizo.org


La gracia santificante es como levadura

La apelación de unión transformante evoca en primer lugar la regeneración espiritual y transformación completa del alma por el amor. El alma “se vuelve divina y Dios por participación” (cf. San Juan de la Cruz, Cántico Espiritual, 27). Su unión con Dios es tal que llegan a ser “dos naturalezas en un mismo espíritu y amor de Dios”. La plenitud de esas palabras libra sus secretos a la luz de definiciones de la gracia santificante y sus propiedades.
La gracia santificante dada por el bautismo es una participación real a la vida divina. Entra en nuestra alma, establece su sitio en la sustancia como cualidad entitativa y toma posesión de las facultades por las virtudes infusas. No queda en la superficie como un barniz o al exterior como un injerto que prolonga el tallo. Ella es realmente infusa y penetra en la profundidad como un cuerpo simple, como aceite derramado y levadura, de los que no se puede parar la acción y la penetración invasoras. El alma y las facultades son a la vez envueltas y penetradas por esta vida divina. La vida espiritual es esta progresión conquistadora de la vida divina por invasión progresiva. La gracia es verdaderamente ese grano de levadura que una mujer pone en tres medidas de harina. (…)
Ella sólo transforma para unir más a Dios. Unión y transformación van juntas. Tal es la propiedad esencial del amor y esta gracia es caridad, como Dios es amor. (…) La gracia o amor que invade el alma y la transforma es participación creada de la naturaleza divina. Pertenece al alma y permanece diferenciada de Dios. Sin embargo, ella es dada para unir al principio del que procede. Ella tira el alma en el brasero infinito que es Dios mismo y la mantiene por una unión constante como en su elemento vital.


Oración

Señor, yo creo, yo quiero creer en Ti

Señor, haz que mi fe sea pura, sin reservas, y que penetre en mi pensamiento, en mi modo de juzgar las cosas divinas y las cosas humanas.

Señor, haz que mi fe sea libre, es decir, que cuente con la aportación personal de mi opción, que acepte las renuncias y los riesgos que comporta y que exprese el culmen decisivo de mi personalidad: creo en Ti, Señor.

Señor, haz que mi fe sea cierta: cierta por una congruencia exterior de pruebas y por un testimonio interior del Espíritu Santo, cierta por su luz confortadora, por su conclusión pacificadora, por su connaturalidad sosegante.

Señor, haz que mi fe sea fuerte, que no tema las contrariedades de los múltiples problemas que llena nuestra vida crepuscular, que no tema las adversidades de quien la discute, la impugna, la rechaza, la niega, sino que se robustezca en la prueba íntima de tu Verdad, se entrene en el roce de la crítica, se corrobore en la afirmación continua superando las dificultades dialécticas y espirituales entre las cuales se desenvuelve nuestra existencia temporal.

Señor, haz que mi fe sea gozosa y dé paz y alegría a mi espíritu, y lo capacite para la oración con Dios y para la conversación con los hombres, de manera que irradie en el coloquio sagrado y profano la bienaventuranza original de su afortunada posesión.

Señor, haz que mi fe sea activa y dé a la caridad las razones de su expansión moral de modo que sea verdadera amistad contigo y sea tuya en las obras, en los sufrimientos, en la espera de la revelación final, que sea una continua búsqueda, un testimonio continuo, una continua esperanza.

Señor, haz que mi fe sea humilde y no presuma de fundarse sobre la experiencia de mi pensamiento y de mi sentimiento, sino que se rinda al testimonio del Espíritu Santo, y no tenga otra garantía mejor que la docilidad a la autoridad del Magisterio de la Santa Iglesia. Amén.

(Pronunciada por SS Pablo VI en la Audiencia general del 30 de octubre de 1968)




































domingo, 13 de junio de 2021

«Los resultados de la siembra no dependen de nuestras capacidades, dependen de la acción de Dios»

 


Francisco comentó este domingo en el Ángelus de la Plaza de San Pedro las parábolas que somete la liturgia a la consideración de los cristianos, que "se inspiran en la vida ordinaria y revelan la mirada atenta de Jesús, que observa la realidad y, mediante pequeñas imágenes cotidianas, abre ventanas hacia el misterio de Dios y la historia humana".

"Jesús hablaba en un modo fácil de entender, hablaba con imágenes de la realidad, de la vida cotidiana", dijo el Papa, para enseñarnos "que incluso las cosas de cada día, esas que a veces parecen todas iguales y que llevamos adelante con distracción o cansancio, están habitadas por la presencia escondida de Dios, es decir, tienen un significado. Por tanto, necesitamos ojos atentos para saber 'buscar y hallar a Dios en todas las cosas'”.

Es Dios quien hace dar fruto a la semilla

La parábola de la semilla de mostaza, que es la más pequeña pero crece hasta convertirse en el árbol más grande, nos permite "vislumbrar cómo el Señor conduce la historia", a través de "una pequeña semilla buena que silenciosa y lentamente germina". Es la semilla de nuestras buenas obras, que pueden parecer "poca cosa", pero como "todo lo que es bueno pertenece a Dios", también dan fruto, aunque "de modo escondido, a menudo invisible".

Con esta parábola "Jesús quiere infundirnos confianza", ante "la debilidad del bien respecto a la fuerza aparente del mal", o cuando nuestros esfuerzos no parecen obtener resultado: "El Evangelio nos pide una mirada nueva sobre nosotros mismos y sobre la realidad" para ver más allá de las apariencias y "descubrir la presencia de Dios que, como amor humilde, está siempre operando en el terreno de nuestra vida y en el de la historia".

Fieles en el Angelus de este domingo.

Cientos de fieles escucharon al Papa en la Plaza de San Pedro este domingo.

"También en la Iglesia puede arraigar la cizaña del desánimo", concluyó, "sobre todo cuando asistimos a la crisis de la fe y al fracaso de varios proyectos e iniciativas": "Pero no olvidemos nunca que los resultados de la siembra no dependen de nuestras capacidades: dependen de la acción de Dios. A nosotros nos toca sembrar, y sembrar con amor, con esfuerzo, con paciencia. Pero la fuerza de la semilla es divina".

Como en la segunda parábola del día, la del sembrador que echa la semilla de noche y no ve cómo ni cuándo crece, pero crece "cuando él menos se lo espera": "Con Dios siempre hay esperanza de nuevos brotes, incluso en los terrenos más áridos".

ReL

Vea también      Comentarios de Sabios y Santos



































Evangelio del día

 

ChristianArt 
 
Marcos 4:26-34 El arbusto echa grandes ramas para que los pájaros del aire se refugien en su sombra
 
 

Pájaros en un huerto, Pintado por James Hautman (nacido en 1964), Pintado en 2011, Óleo sobre lienzo
 © The Hautman Brothers

Jesús dijo a la multitud: "Así es el Reino de Dios. Un hombre echa la semilla en la tierra. De noche y de día, mientras duerme y cuando está despierto, la semilla brota y crece; no sabe cómo. Por sí misma, la tierra produce primero el brote, luego la espiga, después el grano completo en la espiga. Y cuando la cosecha está lista, no pierde tiempo: empieza a segar porque la cosecha ha llegado'.

También dijo: '¿A qué podemos decir que se parece el reino de Dios? ¿Qué parábola podemos encontrar para él? Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es la más pequeña de todas las semillas que hay, pero que, una vez sembrada, se convierte en el mayor arbusto de todos y echa grandes ramas para que las aves del cielo se refugien a su sombra".

Utilizando muchas parábolas como éstas, les hablaba de la palabra, en la medida en que eran capaces de entenderla. No les hablaba sino en parábolas, pero les explicaba todo a sus discípulos cuando estaban solos.

Comentario


Bulle

San Pedro Crisólogo (c. 406-450)
obispo de Ravenna, doctor de la Iglesia
Sermón 98 ; CCL 24A, 602


"Extiende ramas largas, donde las aves del cielo a tu sombra, pueden hacer su nido"

Hermanos, habéis aprendido cómo el Reino de los cielos, con toda su grandeza, se compara a un grano de mostaza… Cristo es el Reino. A manera de una semilla de mostaza, ha sido sembrado en un jardín, el cuerpo de la Virgen. Creció y llegó a ser el árbol de la cruz que cubre la tierra entera… Cristo es rey, porque es el principio de toda autoridad. Cristo es el Reino, porque en él reside toda la gloria de su reino… Y Cristo es el hombre, porque el hombre total es renovado en Él. Cristo es el grano de mostaza, el instrumento en el que Dios se inserta para hacer descender toda su grandeza en la pequeñez del hombre. Él mismo se hizo un hombre cualquiera para renovar al hombre. Siendo hombre, recibió el grano de mostaza que es el Reino de Dios… Aunque como Dios, la poseía desde siempre. Echó la semilla en su jardín…
El jardín es esta tierra cultivada que se extendió en el mundo entero, labrado por el arado de la Buena Noticia, cercado por los límites de la sabiduría; los apóstoles trabajaron duro para arrancar todas las malas hierbas. Nos complacemos en contemplar allí los jóvenes retoños de los creyentes, las azucenas de las vírgenes y los rosas de los mártires; flores que dan allí siempre su perfume.
Cristo pues sembró la semilla de mostaza en su jardín. Echó raíces cuando les prometió su Reino a los patriarcas, germinó con los profetas, creció con los apóstoles, y se hizo un árbol inmenso que extiende sus ramas innumerables sobre la Iglesia, y le prodiga sus dones… Toma las alas de plata de la paloma de las que habla el profeta (Sal. 67,14)… Despega para gozar de un descanso infinito, libre de la red del cazador (Sal. 90,3), entre tantas frondosidades magníficas. Sé fuerte para despegar así, y vete a vivir con seguridad a esta morada. (EDD)

Oración

Oh Dios, fuerza de los que en ti esperan, escucha nuestras súplicas y, puesto que el hombre es frágil y sin ti nada puede, concédenos la ayuda de tu gracia, para observar tus mandamientos y agradarte con nuestros deseos y acciones. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén






























martes, 27 de octubre de 2020

Evangelio del día

 

ChristianArt 
 
Lucas 13, 18-21 El reino de Dios es como levadura que hace fermentar toda la masa
 
 
Naturaleza muerta con quesos, alcachofas y cerezas, Pintura de Clara Peeters (activa 1607-1621),
Pintada en 1625, Óleo sobre tabla © Los Angeles County Museum of Art

En aquel tiempo, Jesús dijo: “¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con qué podré compararlo? Se parece a la semilla de mostaza que un hombre sembró en su huerta; creció y se convirtió en un arbusto grande y los pájaros anidaron en sus ramas”. Y dijo de nuevo: “¿Con qué podré comparar al Reino de Dios? Con la levadura que una mujer mezcla con tres medidas de harina y que hace fermentar toda la masa”.

Comentario

Beato Carlos de Foucauld (1858-1916)
ermitaño y misionero en el Sahara
Salmo 95 (Méditations sur les psaumes, Nouvelle Cité, 2002), trad. sc©evangelizo.org


Toda alma puede devenir primera en el Reino

¡Qué bueno es el Señor al llamar todas las naciones a la salvación! (…) No sólo todas las naciones en general, por sus apóstoles y sucesores, ¡también cada hombre en particular, en todo momento, por acción incesante de su gracia divina! No sólo llama a la salvación y al cielo, sino al “primer lugar” en el cielo. Porque usted está sin cesar “a la puerta de cada alma, llamando” con su gracia. Depende de cada alma de aceptar una gracia y serle fiel. Recibirá en seguida una gracia más grande. Luego, verá a la gracia crecer, aumentar a cada momento y tomar pronto un desarrollo inmenso, si el alma es fiel a recibirla continuamente.
Seamos fieles a la gracia, con constancia, a partir del momento que fuere de nuestra vida. Como el grano de mostaza, en poco tiempo, ella será en nosotros un árbol dónde puedan posarse los pájaros del cielo. Por la comunión de santos, la aplicación de sus méritos, el poder de sus oraciones y ejemplos, ¡nuestra vida llevará una gran gloria a Dios y ayudará a la santificación de muchas almas!
¡Oh mi Dios! ¡Qué destino nos ofrece! Toda alma puede devenir un sol, un gran árbol, “la primera en el Reino de Dios”. Toda alma puede recibir torrentes de gracia. Nos ofrece sin cesar todo eso: alcanza que seamos constantemente fieles a la gracia, desde cualquier instante de nuestra vida. ¡Qué el momento presente sea para mí ese feliz instante! (EDD)





lunes, 27 de julio de 2020

Evangelio de hoy

Mt 13, 31-35La semilla crece en un árbol donde los pájaros se refugian
Aves frutales migratorias, pintado por Fred Tomaselli (nacido en 1956), pintado en 2006, collage fotográfico, gouache, acrílico y resina sobre panel de madera, © Fred Tomaselli. Imagen cortesía de Glenstone
En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la muchedumbre: “El Reino de los cielos es semejante a la semilla de mostaza que un hombre siembra en su huerto. Ciertamente es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando crece, llega a ser más grande que las hortalizas y se convierte en un arbusto, de manera que los pájaros vienen y hacen su nido en las ramas”. Les dijo también otra parábola: “El Reino de los cielos se parece a un poco de levadura que tomó una mujer y la mezcló con tres medidas de harina, y toda la masa acabó por fermentar”. Jesús decía a la muchedumbre todas estas cosas con parábolas, y sin parábolas nada les decía, para que se cumpliera lo que dijo el profeta: Abriré mi boca y les hablaré con parábolas; anunciaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo.
Comentario

Bulle
San Claudio de la Colombière (1641-1682)
jesuita
Diario espiritual (Écrits spirituels, Christus n° 9, DDB, 1982), trad. sc©evangelizo.org

La semilla de la gracia
La gracia de Dios es una semilla que no hay que sofocar, que tampoco hay que exponer mucho. Se debe alimentar en el corazón sin demasiado mostrarla delante de los hombres.
De dos tipos de gracia, aparentemente pequeñas, dependen nuestra perfección y salvación. Primer gracia, una luz que nos hace descubrir una verdad. Tenemos que recogerla con cuidado y velar a que no se apague por nuestra falta, servirnos de ella como regla para nuestras acciones y ver a dónde nos conduce. Segunda gracia, un movimiento que nos lleva a realizar una acción de virtud en ciertas ocasiones. Tenemos que ser fieles a esos movimientos, porque esa fidelidad puede ser el centro de nuestra felicidad.
Dios nos puede inspirar una mortificación en ciertas circunstancias. Si escuchamos su voz, quizás producirá en nosotros grandes frutos y santidad. En cambio, despreciar esta pequeña gracia puede tener funestas consecuencias, como ha ocurrido a ciertos favorecidos por ella, que cayeron en desgracia por no haberla ayudado. (EDD)


ChristianArt

miércoles, 20 de junio de 2018

Para los que NO han ido a Misa el Domingo pasado

Reflexionando sobre el Evangelio del Domingo pasado
¿Grano de mostaza o batería de teléfono?


Hace poco tiempo escuchaba a un sacerdote decir que hoy en día es muy complicado entender las parábolas. ¿Por qué es tan complicado? La argumentación era sencilla: actualmente no tenemos las mismas referencias vitales que en la Judea de hace 2000 años. Tras esta razón nos comentó que habría que traducir las parábolas y por ejemplo, hablar de la pila de teléfono móvil en vez del grano de trigo. Personalmente creo que tiene razón en nuestra incapacidad de entendimiento para todo lo que no salga en un meme en las redes sociales o en una serie de éxito de cualquiera de los canales de pago actuales. Esta es una de las contradicciones más evidentes de nuestra sociedad. Teóricamente estamos mucho más formados que nunca, pero ¿Tantos años de estudio no nos sirve para entender una simple y evidente parábola?
Es cierto que ya no vivimos los ciclos naturales que propiciaba una vida sencilla en el campo, pero no por ello dejamos de tener la capacidad de entender cuando nos explican algo sencillo. ¿Por qué referirnos a una batería de móvil, cuando disponemos de parábolas sobre las que meditar y comprender lo que Cristo nos señala a través de su Palabra? Las parábolas nos permiten ir más allá de la superficialidad de lo que aparentemente se relata. ¿Por qué quedarnos en la superficialidad de un relato, cuando podemos beber del Agua Viva que es la Palabra de Dios? Este es el primero de los problemas que nos encontramos cuando nos acercamos a las Sagradas Escrituras, que son Revelación directa de Dios.

Actualmente, muchos y relevantes católicos miran las Sagradas Escrituras como si hubieran sido escritas por pobres e ignorantes judíos del siglo I.

Nos parece que eran personas que no entendían nada de lo que Cristo les decía y hacía. En nuestra soberbia, nos atrevemos a reinterpretar las Sagradas Escrituras desde puntos de vista adecuados a lo que en pleno siglo XXI se considera aceptable. Todo esto se realiza olvidando la existencia de la Tradición Apostólica, que dejamos reposar en una vitrina de museo. Para nosotros, personas postmodernas del siglo XXI, la efusión del Espíritu Santo en Pentecostés no pasa de una historieta imaginativa que nos ha llegado del pasado.
Leamos lo que dice Clemente de Alejandría (Padre de la Iglesia y miembro de gran relevancia de la Escuela de Alejandría) de las Parábolas y de las Sagradas Escrituras en general:
Los que sabemos bien que el Salvador no dice nada de una manera puramente humana, sino que enseña a sus discípulos todas las cosas con una sabiduría divina y llena de misterios, no hemos de escuchar sus palabras con un oído carnal, sino que, con un religioso estudio e inteligencia, hemos de intentar encontrar y comprender su sentido profundo.(Clemente de Alejandría, Quis dives salvetur 5, 2-4)
Ojo, los escritos Sagrados no contienen ninguna sabiduría oculta que es controlada por iniciados o sabios. Tampoco guardan ningún un secreto exclusivo que dote de poder a su poseedor. Tampoco contiene códigos secretos que sólo se pueden hallar por medio del esfuerzo personal. No se trata de volver a las interpretaciones gnosticistas de los primeros siglos.

Para entender las Sagradas Escrituras hace falta sentido común, humildad, oración, sencillez y la acción del Espíritu Santo que nos ayuda a abrir el corazón a Dios.

Si cambiamos el grano de trigo por una batería de teléfono móvil, a lo más que llegaremos es a vernos reflejados en la angustia hipercomunicativa que nos atenaza en este tecnificado siglo XXI. San Cromacio de Aquilea fue un obispo italiano del siglo V. En sus escritos nos habla del sentido profundo de estas parábolas. Un sentido que nos conduce al Misterio, que no es secreto ni reservado para unos pocos:
El Señor se comparó a sí mismo a un grano de mostaza: siendo Dios de gloria y majestad eterna, se hizo un niño muy pequeño, puesto que quiso nacer de una virgen tomando un cuerpo de niño. Lo pusieron en tierra cuando su cuerpo fue enterrado. Pero después de haberse enderezado de entre los muertos por su gloriosa resurrección, creció tanto en la tierra que llegó a ser un árbol en cuyas ramas habitan los pájaros del cielo.
Este árbol significa la Iglesia que la muerte de Cristo resucitó en  gloria. Sus ramas sólo pueden significar a los apóstoles porque, igual que las ramas son el ornamento natural del árbol, así también los apóstoles, por la belleza de la gracia que han recibido, son el ornamento de la Iglesia de Cristo. Se sabe que sobre sus ramas habitan los pájaros del cielo. Alegóricamente, los pájaros del cielo somos nosotros que, llegando a la Iglesia de Cristo, descansamos sobre la enseñanza de los apóstoles, tal como los pájaros lo hacen sobre las ramas. (San Cromacio de Aquilea (¿-407). Sermón 30, 2)
¿Puede el símil de la batería de móvil llegar a la profundidad que nos ofrece San Cromacio? ¿Qué impide darnos cuenta que los Evangelios son mucho más que cuentos míticos que expresan de una forma “peculiar” la vida de Jesús de Nazareth? El problema que tenemos los católicos del siglo XXI es que vivimos cegados por el emotivismo socio-cultural de la época que nos toca vivir. Nos pasa algo similar, pero agravado, de lo que sucedió en anteriores épocas: barroco, romanticismo, ilustración, modernidad, etc. ¿Por qué agravado? Porque...

...según nos alejamos de la fuente de la Tradición, nuestro entendimiento de la Revelación se va haciendo más y más discontinuo y rupturista.

Deberíamos tener claro que la vida de Cristo es una continua llamada a vivir en nosotros la Revelación. Una constante invitación a llevar la Verdad a cada momento de nuestra vida. Una invitación a morir a nosotros mismos para volver a nacer del Agua y del Espíritu (Jn 3, 5). Sólo entonces, una vez renacidos, daremos fruto abundante. Sólo si el grano de trigo muere como tal, puede fructificar, crecer y dar fruto abundante (Jn 12, 20-33). Nosotros mismos somos extensión del grano de mostaza: pequeños, incapaces e insignificantes por nosotros mismos.

Somos nada hasta que, renacidos en Cristo, nos convirtamos en medio del Evangelio.

Un medio similar al árbol capaz de albergar pájaros en sus ramas y que brota de ese insignificante grano de mostaza. La Gracia de Dios, los dones del Espíritu, la Comunión de los Santos, hacen que podamos decir “muévete” a una montaña y que la montaña de mueva (Mt 17, 20). ¿Moveremos lo que queramos? Evidentemente, cuando Amamos de verdad a Dios, nuestra voluntad queda unida a la Voluntad del Señor. Querremos lo que Dios desea y a través de nosotros, se hará realidad.