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lunes, 27 de julio de 2026

Evangelio del día Lunes 17a. Semana T O


San Pantaleón de Nicodemia , San Desiderato de BesançonMás...

Libro de Jeremías 13,1-11.

Así me habló el Señor: "Ve a comprarte una faja de lino; te la ajustarás a la cintura, pero no la meterás en el agua".
Yo compré la faja, conforme a la palabra del Señor, y me la ajusté a la cintura.
La palabra del Señor me llegó por segunda vez, en estos términos:
"Toma la faja que habías comprado y que llevas puesta a la cintura. Ve en seguida a Perat y escóndela allí en la hendidura de una roca".
Yo fui a esconderla en Perat, como el Señor me lo había ordenado.
Al cabo de muchos días, el Señor me dijo: "Ve enseguida a Perat y recoge la faja que yo te mandé esconder allí".
Yo fui a Perat, cavé y recogí la faja del lugar donde la había escondido: la faja estaba estropeada, no servía para nada.
Entonces la palabra del Señor me llegó en estos términos:
Así habla el Señor: De esa misma manera destruiré el orgullo de Judá y el gran orgullo de Jerusalén.
Este pueblo malvado, que se niega a escuchar mis palabras, que sigue los impulsos de su corazón obstinado, que va detrás de otros dioses para servirlos y postrarse delante de ellos, será como esta faja que ya no sirve para nada.
Porque así como la faja se adhiere a la cintura del hombre, así yo me había adherido a toda la casa de Israel y a toda la casa de Judá -oráculo del Señor- para que ellos fueran mi pueblo, ni renombre, mi honor y mi gloria. ¡Pero no han escuchado!


Deuteronomio 32,18-19.20.21.

Despreciaste a la Roca que te engendró,
olvidaste al Dios que te hizo nacer.
Al ver esto, el Señor se indignó
y desechó a sus hijos y a sus hijas.
Entonces dijo: Les ocultaré mi rostro,
para ver en qué terminan.
Porque son una generación perversa,
hijos faltos de lealtad.
Provocaron mis celos con algo que no es Dios,
me irritaron con sus ídolos vanos;
yo provocaré sus celos con algo que no es un pueblo,
los irritaré con una nación insensata.


Evangelio según San Mateo 13,31-35.

Jesús propuso a la gente otra parábola:
"El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo.
En realidad, esta es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo van a cobijarse en sus ramas".
Después les dijo esta otra parábola: "El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa".
Todo esto lo decía Jesús a la muchedumbre por medio de parábolas, y no les hablaba sin parábolas,
para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: Hablaré en parábolas, anunciaré cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

San Máximo de Turín (¿-c. 420)
obispo
Homilía 111; PL 57, 511


La levadura del mundo entero

En el evangelio leemos: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, quedará solo; si muere dará mucho fruto ” (Jn 12,24). El Señor Jesús es el grano de trigo, pero también es levadura... Viniendo al mundo, como hombre y solo, el Señor Jesús ha dado a todos los hombres la posibilidad de llegar a ser lo que él mismo es. Todo aquel que se incorpora a la levadura de Cristo se convierte en levadura, útil para si mismo y para todos los demás. Se salvará y salvará a muchos.
Antes de ser introducida en una medida de harina, la levadura se bate, se desmenuza, se disuelve--- Entonces es cuando se asemeja a los innumerables granos de trigo molidos que constituyen la harina. Unifica en un cuerpo sólido una sustancia que, de suyo era tan inconsistente como el mismo polvo. La levadura, en fin, convierte en una pasta útil lo que parecía ser pura dispersión vana.
Así, Nuestro Señor Jesucristo, levadura del mundo entero, fue quebrantado por muchos sufrimientos, lacerado y destruido, y su sustancia, su preciosa sangre, fue derramada por nosotros para dar consistencia a todo el género humano disperso. Nosotros, que éramos como la harina de pueblos dispersos, nos ha reunido como la levadura convierte la harina en masa compacta. Nosotros yacíamos, miserables, por toda la tierra, dispersos y quebrantados, ahora quedamos unidos en el cuerpo de Cristo, gracias al poder de su pasión.
(EDD)

Reflexión sobre el tarro de mostaza

La breve parábola de Jesús sobre la semilla de mostaza habría calado de inmediato entre sus oyentes. Esa diminuta semilla negra era muy conocida en toda Tierra Santa. Aunque era extraordinariamente pequeña, podía convertirse en un gran arbusto, llegando a alcanzar varios metros de altura. Los agricultores y jardineros conocían bien su asombrosa transformación. Jesús eligió esta planta común para revelar algo grandioso: el Reino de Dios suele comenzar de formas que parecen insignificantes, casi invisibles, pero que poseen un inmenso poder de crecimiento. Lo que parece pequeño en manos de Dios puede convertirse en algo que ofrezca refugio, alimento y vida a muchos.

Nuestra encantadora mostaza de porcelana de Meissen, fabricada alrededor de 1744-1745, es mucho más que un simple accesorio de mesa. Formaba parte del magnífico servicio Andreevsky, una opulenta vajilla encargada por Augusto III, rey de Polonia y elector de Sajonia, y entregada como regalo diplomático a la emperatriz Isabel de Rusia. La mostaza está decorada con el águila imperial rusa de dos cabezas en negro y con la insignia de la Orden de San Andrés, la más alta orden de caballería de Rusia, fundada por Pedro el Grande. Fabricada en porcelana de pasta dura, demuestra la extraordinaria maestría técnica de la fábrica de Meissen, la primera productora europea de auténtica porcelana. Resulta fascinante que se dedicara tal maestría artística a un objeto destinado simplemente a contener mostaza.

La mostaza ya se cultivaba ampliamente en el antiguo Oriente Próximo mucho antes de la época de Cristo. Los arqueólogos han encontrado semillas de mostaza en yacimientos egipcios que datan de hace más de 3.000 años, y tanto los romanos como los griegos apreciaban la mostaza tanto como condimento como medicina. En la época de Jesús, la mostaza se elaboraba triturando o moliendo las diminutas semillas con un mortero, para luego mezclar el polvo resultante con mosto de uva (zumo de uva recién prensado y sin fermentar) o con vinagre, agua o vino, con el fin de crear una pasta. De hecho, la palabra inglesa ’mustard“ deriva del latín ”mustum ardens», que significa «mosto ardiente», en referencia a la mezcla picante de semillas trituradas y mosto de uva.

Hay también algo profundamente simbólico en todo esto. La diminuta semilla tuvo que ser aplastada antes de que se liberara todo su sabor. Del mismo modo, el Reino de Dios suele crecer a través de la humildad, el sacrificio y la perseverancia paciente. Los actos de bondad más pequeños, las oraciones más silenciosas y los gestos de fe más sencillos pueden parecer insignificantes, pero, en la providencia de Dios, poseen el poder de transformar vidas.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

Señor, quiero ser un instrumento en tu mano, para que tú puedas transformar toda la masa en la que yo me encuentro, este mundo tan espectacular en el que me pusiste. Aquí, en este mundo, en medio del mundo, quiero ser ese factor de transformación, tanto: en mi familia, mi trabajo, en mi universidad, si estoy estudiando, con las personas con las que me encuentre.

Quiero ser esa levadura en la masa que transforma todo y que pone Tu Nombre, Señor, en todas partes. Quiero ser ese verdadero apóstol, como san Marcos que, aunque no era uno de los doce, sí que fue un gran apóstol y llevó tu mensaje, lo escribió, lo mandó y hoy, tú y yo quizá, nos hemos convertido, nos hemos acercado a el Señor.

(hablarconJesus.com)

martes, 26 de octubre de 2021

Evangelio del día


 

Evangelio según San Lucas 13,18-21.

Jesús dijo entonces: "¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con qué podré compararlo?
Se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su huerta; creció, se convirtió en un arbusto y los pájaros del cielo se cobijaron en sus ramas".
Dijo también: "¿Con qué podré comparar el Reino de Dios?
Se parece a un poco de levadura que una mujer mezcló con gran cantidad de harina, hasta que fermentó toda la masa".

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Comentario


Bulle

Beato María-Eugenio del Niño Jesús
carmelita, fundador de Nuestra Señora de Vida
La unión transformante (Je veux voir Dieu, Ed. Carmel, 1949), trad. sc©evangelizo.org


La gracia santificante es como levadura

La apelación de unión transformante evoca en primer lugar la regeneración espiritual y transformación completa del alma por el amor. El alma “se vuelve divina y Dios por participación” (cf. San Juan de la Cruz, Cántico Espiritual, 27). Su unión con Dios es tal que llegan a ser “dos naturalezas en un mismo espíritu y amor de Dios”. La plenitud de esas palabras libra sus secretos a la luz de definiciones de la gracia santificante y sus propiedades.
La gracia santificante dada por el bautismo es una participación real a la vida divina. Entra en nuestra alma, establece su sitio en la sustancia como cualidad entitativa y toma posesión de las facultades por las virtudes infusas. No queda en la superficie como un barniz o al exterior como un injerto que prolonga el tallo. Ella es realmente infusa y penetra en la profundidad como un cuerpo simple, como aceite derramado y levadura, de los que no se puede parar la acción y la penetración invasoras. El alma y las facultades son a la vez envueltas y penetradas por esta vida divina. La vida espiritual es esta progresión conquistadora de la vida divina por invasión progresiva. La gracia es verdaderamente ese grano de levadura que una mujer pone en tres medidas de harina. (…)
Ella sólo transforma para unir más a Dios. Unión y transformación van juntas. Tal es la propiedad esencial del amor y esta gracia es caridad, como Dios es amor. (…) La gracia o amor que invade el alma y la transforma es participación creada de la naturaleza divina. Pertenece al alma y permanece diferenciada de Dios. Sin embargo, ella es dada para unir al principio del que procede. Ella tira el alma en el brasero infinito que es Dios mismo y la mantiene por una unión constante como en su elemento vital.


Oración

Señor, yo creo, yo quiero creer en Ti

Señor, haz que mi fe sea pura, sin reservas, y que penetre en mi pensamiento, en mi modo de juzgar las cosas divinas y las cosas humanas.

Señor, haz que mi fe sea libre, es decir, que cuente con la aportación personal de mi opción, que acepte las renuncias y los riesgos que comporta y que exprese el culmen decisivo de mi personalidad: creo en Ti, Señor.

Señor, haz que mi fe sea cierta: cierta por una congruencia exterior de pruebas y por un testimonio interior del Espíritu Santo, cierta por su luz confortadora, por su conclusión pacificadora, por su connaturalidad sosegante.

Señor, haz que mi fe sea fuerte, que no tema las contrariedades de los múltiples problemas que llena nuestra vida crepuscular, que no tema las adversidades de quien la discute, la impugna, la rechaza, la niega, sino que se robustezca en la prueba íntima de tu Verdad, se entrene en el roce de la crítica, se corrobore en la afirmación continua superando las dificultades dialécticas y espirituales entre las cuales se desenvuelve nuestra existencia temporal.

Señor, haz que mi fe sea gozosa y dé paz y alegría a mi espíritu, y lo capacite para la oración con Dios y para la conversación con los hombres, de manera que irradie en el coloquio sagrado y profano la bienaventuranza original de su afortunada posesión.

Señor, haz que mi fe sea activa y dé a la caridad las razones de su expansión moral de modo que sea verdadera amistad contigo y sea tuya en las obras, en los sufrimientos, en la espera de la revelación final, que sea una continua búsqueda, un testimonio continuo, una continua esperanza.

Señor, haz que mi fe sea humilde y no presuma de fundarse sobre la experiencia de mi pensamiento y de mi sentimiento, sino que se rinda al testimonio del Espíritu Santo, y no tenga otra garantía mejor que la docilidad a la autoridad del Magisterio de la Santa Iglesia. Amén.

(Pronunciada por SS Pablo VI en la Audiencia general del 30 de octubre de 1968)




































martes, 27 de octubre de 2020

Evangelio del día

 

ChristianArt 
 
Lucas 13, 18-21 El reino de Dios es como levadura que hace fermentar toda la masa
 
 
Naturaleza muerta con quesos, alcachofas y cerezas, Pintura de Clara Peeters (activa 1607-1621),
Pintada en 1625, Óleo sobre tabla © Los Angeles County Museum of Art

En aquel tiempo, Jesús dijo: “¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con qué podré compararlo? Se parece a la semilla de mostaza que un hombre sembró en su huerta; creció y se convirtió en un arbusto grande y los pájaros anidaron en sus ramas”. Y dijo de nuevo: “¿Con qué podré comparar al Reino de Dios? Con la levadura que una mujer mezcla con tres medidas de harina y que hace fermentar toda la masa”.

Comentario

Beato Carlos de Foucauld (1858-1916)
ermitaño y misionero en el Sahara
Salmo 95 (Méditations sur les psaumes, Nouvelle Cité, 2002), trad. sc©evangelizo.org


Toda alma puede devenir primera en el Reino

¡Qué bueno es el Señor al llamar todas las naciones a la salvación! (…) No sólo todas las naciones en general, por sus apóstoles y sucesores, ¡también cada hombre en particular, en todo momento, por acción incesante de su gracia divina! No sólo llama a la salvación y al cielo, sino al “primer lugar” en el cielo. Porque usted está sin cesar “a la puerta de cada alma, llamando” con su gracia. Depende de cada alma de aceptar una gracia y serle fiel. Recibirá en seguida una gracia más grande. Luego, verá a la gracia crecer, aumentar a cada momento y tomar pronto un desarrollo inmenso, si el alma es fiel a recibirla continuamente.
Seamos fieles a la gracia, con constancia, a partir del momento que fuere de nuestra vida. Como el grano de mostaza, en poco tiempo, ella será en nosotros un árbol dónde puedan posarse los pájaros del cielo. Por la comunión de santos, la aplicación de sus méritos, el poder de sus oraciones y ejemplos, ¡nuestra vida llevará una gran gloria a Dios y ayudará a la santificación de muchas almas!
¡Oh mi Dios! ¡Qué destino nos ofrece! Toda alma puede devenir un sol, un gran árbol, “la primera en el Reino de Dios”. Toda alma puede recibir torrentes de gracia. Nos ofrece sin cesar todo eso: alcanza que seamos constantemente fieles a la gracia, desde cualquier instante de nuestra vida. ¡Qué el momento presente sea para mí ese feliz instante! (EDD)