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miércoles, 8 de mayo de 2024

Crece la corriente contra los «tratamientos experimentales» trans: se unen los psiquiatras europeos

En su declaración, la ESCAP llama a la precaución ante sus consecuencias «desconocidas»Manifestación transgénero.

Cada vez son más los profesionales de la salud y autoridades que se niegan a dispensar los llamados "tratamientos transgénero": los últimos en hacerlo, los psiquiatras europeos dedicados a niños y adolescentes.


Algo está cambiando en Europa en torno a la llamadas "terapias de afirmación" transgénero, aquellas cuyo tratamiento ante la disforia es únicamente el de la transición de género, en lugar de abordar los traumas o dolencias causantes.

No hace ni un mes que el Servicio Nacional de Salud británico -NHS, por sus siglas en inglés- confirmaba el comienzo de la restricción en la medicación suministrada a menores en los tratamientos transgénero.

El  origen de esta histórica decisión se encuentra en el icónico Informe Cass, -dirigido por la expresidenta del Real Colegio de Pediatría Hilary Cass- que desveló cómo el Servicio de Desarrollo de la Identidad de Género británico habría obligado a miles de jóvenes y adolescentes a emprender "un camino tortuoso e innecesario, permanente y que les cambiaría la vida [...] un modelo de tratamiento que les expone a un riesgo considerable de angustia mental y que no es ni una opción segura ni viable a largo plazo".

Tras poner de relieve la ausencia de garantías que justifiquen los beneficios de estos tratamientos para los pacientes, así como su falta de seguridad y la preocupación que suscita en torno a los daños a largo plazo, el informe logró la paralización de los tratamientos en Inglaterra, convirtiéndose en el cuarto país europeo en tomar esta decisión.

Los antecedentes nórdicos contra los bloqueadores 

Uno de los pioneros a la hora de enfrentar los traramientos de afirmación transgénero fue Finlandia, que en 2020 ya decretó que la psicoterapia y no los bloqueadores de la pubertad o el uso de hormonas cruzadas debían ser los tratamientos principales en el abordaje terapéutico. Asimismo, las autoridades finlandesas priorizaban la necesidad de elaborar un diagnóstico previo que corroborase que no se dan trastornos  o afecciones mentales antes de comenzar el procedimiento médico.

En febrero de 2023, Suecia hacía lo propio a través de su responsable sanitario, Thomas Linden, al reconocer que "el incierto estado de conocimiento en la materia (de los tratamientos de cambio de sexo) incita a la prudencia". Así, Suecia pasó de pionero a detractor en los tratamientos transgéneroo, cuando el déficit de atención, autismo, problemas de alimentación, suicidios y un sin fin de desordenes y efectos asociados a este tipo de tratamientos fueron definitivamente abordados por las autoridades renunciando frente a la afirmación.

En junio de 2023 Noruega se incorporaba a la corriente opositora a los tratamientos experimentales transgénero a través del llamado de la Junta de Investigación de Atención Médica a revisar sus pautas al respecto. El motivo principal fue nuevamente la ausencia de evidencia científica, que llevó a decretar que dichos tratamientos fuesen "relegados al ámbito experimental". "La base de conocimiento, especialmente el basado en la investigación para el tratamiento de afirmación de género (hormonal y quirúrgico), es deficiente y los efectos a largo plazo son poco conocidos. Esto es particularmente cierto para la población adolescente donde tampoco se conoce la estabilidad de su incongruencia de género", argumenta el informe de la agencia.

Hilary Cass.

Hilary Cass es la responsable de elaborar el informe de casos de mala praxis en Tavistock que le llevaron a cerrar sus puertas. 

Declaración conjunta de los psiquiatras europeos

En los últimos días, la Sociedad Europea de Psiquiatría Infantil y Adolescente (ESCAP) ha publicado una declaración conjunta con firmas de la talla de la psiquiatra Sofie Crommen, Maja Drobnič Radobuljac, del departamento de Psiquiatría de la Universidad de Liubliana (Eslovenia), o la investigadora y Psiquiatra jefe del Hospital Universitario de Tampere (Finlandia), Riittakerttu Kaltiala, entre otros.

En su declaración, su mismo título hace referencia a la "necesidad urgente de salvarguardar las normas" en los tratamientos de pacientes con discorria: en este sentido, los investigadores remarcan que, aunque en el papel la disforia de género puede no ser "un trastorno de salud mental" para la Organización Mundial de la Salud, no es raro que la afección misma de a disforia vaya "acompañada de un sufrimiento significativo" y tenga "un impacto psicosocial importante en el individuo y la familia, requiriendo a veces intervenciones médicas y psicosociales".

Sofie Crommen.

Sofie Crommen, psiquiatra de niños y adolescentes y terapeuta, una de las firmantes de la declaración. 

El documento llama la atención de graves cambios producidos en torno a la disforia de género y que ha llevado a no pocos expertos médicos del ámbito psiquiátrico a considerarlo "una moda".

Según la declaración conjunta de la ESCAP, los primeros servicios especializados de este tipo se dirigían a "un pequeño número de adultos" que eran biológicamente hombres y se definían como mujeres. Ahora, continúa el documento, se asiste a un "aumento sustancial" en las tasas de derivación, conformadas por un perfil totalmente distinto: "La mayoría se refieren a personas post-púberes" de sexo femenino. Es decir, en dos décadas el perfil promedio de la disforia ha pasado de ser masculino y minoritario a femenino, infantil y masivo: según los datos aportados por la clínica Tavistock, clausurada por el citado Informe Cass, el incremento del número de chicas jóvenes derivadas a la unidad de "tratamiento de género" entre 2009 y 2018 pasó de 32 a 1.740, lo que  supone un incremento de 5337%.

En su declaración, la Sociedad Europea de Psiquiatría Infantil y Adolescente continúa argumentando que entre esos casos, hay una serie de "condiciones comunes" previas al surgimiento de esa disforia, entre las que destacan autismo, depresión, ansiedad, tendencias suicidas o la experiencia de traumas previos como abuso sexual. Condiciones que, como se denuncia, no siempre son abordadas en los tratamientos transgénero.

Contra los principios bioéticos: de "conejillos de indias" al suicidio

Ante el surgimiento de investigaciones que evidencian las graves consecuencias para la salud de los menores que conllevan el uso de bloqueadores y hormonas cruzadas, los firmantes recuerdan a las autoridades y proveedores de atención médica aplicaciones concretas de los principios generales bioéticos en el tratamiento de menores con disforia.

De este modo, respecto al principio de no maleficiencia, sugieren los daños de "utilizar una intervención experimental con efectos potencialmente irreversibles o consecuencias desconocidas", generalmente ignorados. También recomiendan "considerar la relación beneficios-daños de no proporcionar intervenciones médicas o garantizar un diagnóstico y tratamiento adecuados de los trastornos psiquiátricos coexistentes " siguiendo el principio de beneficiencia  y llaman a respetar el principio de autonomía "involucrando a los menores evaluando su capacidad de dar consentimiento" o "adoptar un proceso de consentimiento informado adecuado para decisiones posiblemente irreversibles". Entre otros aspectos desoídos en el estabilshment del cambio de género, los psiquiatras europeos también claman por la necesidad de respetar el principio de justicia garantizando el acceso a la información, evaluación y tratamientos fiables y actualizados.

Más allá de los principios bioéticos, generalmente desoídos como se mostró en la clausurada Tavistock, los firmantes remarcan que las revisiones del National Institute for Health and Care Excellence contemplan resultados perjudiciales tras los tratamientos, como puede ser la depresión, ira, ansiedad, cambio en la densidad osea o suicidio. Unas revisiones que,  de buscar la seguridad de los pacientes, "recomiendan extremar la precaución al llevar a cabo estas intervenciones".

Los firmantes y psiquiatras europeos recogen las alertas de revisiones científicas alemanas que recomiendan que niños y adolescentes con disforia "reciban principalmente intervenciones psicoterapéuticas" que, lejos de agravarla, "aborden y reduzcan" su carga.

"Cualquier decisión de utilizar bloqueadores de la pubertad y/u hormonas entre sexos debe tomarse caso por caso. Se debe realizar una evaluación del riesgo-beneficio y, si es posible, dentro de estudios clínicos, se debe realizar un diagnóstico y tratamiento psiquiátrico/psicoterapéutico de los trastornos mentales concomitantes", abunda el documento.

Llamados concretos a los profesionales de la salud

Antes de concluir, los firmantes de la Sociedad Europea de Psiquiatría Infantil y Adolescente dirigen un último llamado a los pfoesionales que trabajan con pacientes de disforia de género a:

– Insistir en continuar un debate profesional abierto sobre la disforia de género en niños y adolescentes e informar abiertamente los resultados de las investigaciones resultantes.

– Insistir en que las intervenciones novedosas y experimentales relacionadas con la disforia de género se diferencien del tratamiento clínico de rutina y se realicen exclusivamente como parte de protocolos de ensayos de investigación.

– Informar y recordar sobre la necesidad de estudios de seguimiento a largo plazo. La ESCAP pide a la UE que cree un marco o registro de estudios que incluya a los pacientes actualmente tratados, a los que no reciben tratamiento y a los que interrumpieron el tratamiento, para comprender mejor los resultados.

– Promover el aprendizaje activo de faltas pasadas en el manejo de niños y adolescentes con disforia de género, para prevenir violaciones de los estándares clínicos, científicos y éticos existentes.

– Insistir en brindar atención explícita a las personas que buscan la detransición o lamentan su transición, para abordar, respetar y comprender sus experiencias, brindar atención y apoyo adecuados y considerar cómo estas narrativas pueden integrarse en la práctica clínica.

– Fomentar un debate profesional abierto, inclusivo y basado en evidencia sobre el desarrollo de estándares para la mejor atención a niños y adolescentes con disforia de género. Dicho debate y cualquier proceso de toma de decisiones deben incluir expertos con experiencia vivida en incongruencia de género con diversos resultados (transición, destransición, resolución sin intervenciones y cualquier otro resultado posible).

– Insistir en que los resultados de la investigación se publiquen únicamente según criterios de calidad y no en función de sus conclusiones.

Los firmantes concluyen el documento no sin antes reiterar las "graves consecuencias a largo plazo de estos tratamientos", remarcando la necesidad de seguimientos a largo plazo que permitan comprender tanto "el curso natural de la disforia sin tratamiento médico" como las consecuencias de la transición. La ESCAP concluye pidiendo a los proveedores de atención médica "que no promuevan tratamientos experimentales e innecesariamente invasivos con efectos psicosociales no probados y, por lo tanto, que se adhieran al principio primum-nil-nocere (primero, no hacer daño)".

J.M.C., ReL

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miércoles, 1 de febrero de 2023

Transgénero arrepentida, «sabía que nunca sería un hombre», pero las amenazas del lobby pesaron más

Amelia, nuevo ejemplo de resistencia al movimiento trans:
«Mi detransición fue mi desintoxicación»


Tras seis meses de obsesión y manipulación por el lobby trans, Amelia Guerrero abandonó la transición y lucha por sanar sus heridas gracias a un profesional que, en lugar de "afirmar", trató sus fantasmas y heridas del pasado.

El  lobby trans es un colectivo reducido. Muy reducido, pero con mucha influencia mediática. Según datos oficiales entre el 0,3 y el 0,5% de la población "es transgénero". Un dato imposible de demostrar por completo, ya que no termina de diferenciar si estos padecen disforia o incongruencia de género. Tampoco si deciden "transicionar" o, por el contrario, tratarse médicamente. Muchos de los que acuden a especialistas ven aliviada o suprimida la disforia, otros muchos lo hacen simplemente al superar la adolescencia, y otros que la padecen deciden no transicionar.

Aún así, los gobiernos occidentales "implantan" legislaciones que contribuyen a una clara discriminación positiva, pero que sin embargo, son claramente perjudiciales para las personas transexuales a las que se dirigen. Es al menos la tesis que sostuvo Amelia Guerrero durante su intervención en la IIª Jornada Clínica organizada por la FCPOL (Fundación para la Clínica Psicoanalítica de Orientación Lacaniana). 

Andaluza y de 20 años, la suya es una opinión a tener en cuenta. No solo porque ha sufrido en sus carnes la manipulación del lobby trans-queer, sino porque aún después de comenzar su "transición" y arrepentirse de la misma tras mostrarse perjudicial e ineficaz, se sigue considerando víctima de la disforia.

La transición, explica, lejos de lo que prometen sus apologistas, no cambia nada. De hecho lo empeora. Y las actuales legislaciones como la que se encuentra en vías de aprobación en España, también. Con ella, "las personas con disforia" se ven "abandonadas, sin ninguna solución para aliviar el sufrimiento". Explica que solo se les da vía libre para transicionar… pero no para sanar.

Su pesadilla comenzó a los doce años y se prolongó durante los seis siguientes. Su caso también es revelador porque la sucesión de acontecimientos que desató el comienzo de su "transición" podría calificarse "de manual".

¿Una transición de manual? Descubre cómo todas ellas siguen casi el mismo patrón en nuestras historias de trans arrepentidos. 

"En la transición a la adolescencia me encontraba sola y sufría mucho, también por el abuso sexual al que me vi expuesta siendo muy pequeña y por el acoso escolar que desde el final de Primaria hasta Bachillerato he sufrido sin encajar en ningún sitio", relata.

Cuenta que "no encajaba" solo porque siendo chica le gustase el tenis, los videojuegos o leer cómics (manga), pero también por algo tan lógico como no estar dispuesta a ceder un palmo de su dignidad.

"Yo era la chica rara porque no subía fotos en bañador o ropa interior a las redes sociales, algo que ahora parece ser empoderador para la mujer", afirmó, y que ella contempla como "muy negativo, especialmente para chicas jóvenes".

A los estragos generados por el acoso escolar y el miedo a los abusos sexuales, que la "sexualizasen" en el día a día se sumó a la cartera de razones que la llevó, finalmente, a cambiar su forma de vestir -"mucho más ancha" o incluso con "bañador de chico" en la playa o la piscina-.

"Eso creó un muro entre cualquier chica con la que intentaba socializar y yo. Esa chica parecía tan alejada de mí que pensé que no podía acercarme a ser una chica normal", recuerda.

Ya solo faltaban uno o dos pasos para que este caso, otro más "de libro", llegase a término. Y uno de ellos es el de las redes sociales.

¿Transiciones bajo velada coacción? "O lo haces, o morirás"

"Tuvieron un papel crucial, debido a que ya tenía esa idea de que en mi cabeza había algo mal conmigo pero no sabía qué era ni cómo solucionarlo. Fue mediante la exposición a este tipo de temáticas en redes sociales lo que me dijo que mi problema es que yo era en realidad un chico y no lo sabía", recuerda.

La cosa fue a más: no solo es que no lo supiese, sino que le aseguraron que "para ser feliz tenía que transicionar".

"Me obsesioné. Cuando estás en una situación tan dolorosa te agarras a lo que sea para seguir adelante y yo me agarré a esa narrativa que se me inculcó en Tumblr, Tuenti -que ya no existe- Pinterest, Instagram o incluso Facebook. Estos mensajes están en todos lados y parece que desde todos los sitios se inculcan", explica.

Hoy, Amelia se sorprende ante lo "peligroso" de una situación en que le decían que "si no transicionaba no iba a ser feliz y me acabaría quitando la vida. La única forma en que podía ser feliz era transicionando y por eso me obsesioné".  

La estafa de la transición y su "desintoxicación"

Cuenta que no solo quería ser un hombre, sino que también tomó la decisión de "transicionar" como si esto fuese "una especie de refugio" para evitar que le hiciesen más daño, ya fuese mediante el bullying en la escuela o bajo el acoso sexual.

"Pensaba que nunca más iba a tener que sufrir por estas problemáticas. Solo buscaba poder vivir tranquila", cuenta.

De hecho, Amelia "siempre" tuvo claro que quería transicionar. Y lo hizo, convencida de que le haría feliz. "Pero cuanto más cerca estaba [de la transición], más sufría y más lejos estaba de la felicidad. Sabía perfectamente que nunca iba a tener los cromosomas de un hombre, que podría hacerme muchas cirugías y operaciones, pero que nunca sería un hombre", confiesa.

Fue en torno a los 16 años cuando decidió ir al psicólogo. Si bien no abordó directamente el abuso o sus planteamientos sobre la transición, esto le ayudó a lograr una gran mejoría en la percepción que tenía de sí misma, en su autoestima o en sus relaciones con los demás. El motivo, entre otros, fue que su psicóloga siguió la praxis opuesta a la cada vez más extendida de la afirmación de género por defecto y abordó los problemas que llevaron a Amelia a esa situación

"Mi detransición se podría llamar también desintoxicación. [Mi transición] fue algo muy nocivo para mí y me mantuvo durante muchos años obsesiva", asegura.

Contra la "Ley trans"

Por su experiencia, la voz de esta joven "detrans" debe tenerse en cuenta en lo relativo a la forma de entender la llamada "Ley Trans", en sus últimas fases antes de ser aprobada en España y de la que no augura buenos resultados.

Principalmente por los "problemas que acarrearía", como "el borrado de las mujeres, que ya nada recae en cuál es tu sexo sino tu forma de pensar o de sentirte o lo peligrosa que es para las personas con disforia que no queremos transicionar y que nos vemos abandonadas sin ninguna solución para paliar el sufrimiento".

Cuestiona también las repercusiones que tendrá en los profesionales dedicados a la salud mental que no quieran seguir una terapia afirmativa con sus pacientes. "Se enfrentan a multas muy grandes por no querer acatar este dogma. [La ley] se plantea de una manera horrenda", concluye.

J.M.C., ReL

Vea  también     Guía con 16 preguntas sobre transexualidad
e identidad de género



































domingo, 19 de diciembre de 2021

Una madre explica como sacó a su hija de la red trans que la atrapó: es como una secta o las drogas

«Mi hija me odiaba como el drogadicto odia a quien le impide drogarse»: hay que ser firme


Una joven que se deshace... la ideología trans, como las drogas y las sectas,
se aprovechan de la identidad vulnerable de los adolescentes


Desde que nació, a la hija de Charlie Jacobs le gustaba el color rosa, se ponía vestidos y se metía en el armario a probarse los tacones de su madre. Pero a los 12 años, unas charlas para jóvenes en el colegio y las redes sociales la introdujeron y ataron al movimiento transgénero. 

Charlie Jacobs -pseudónimo de una norteamericana, madre de dos adolescentes- ha querido explicar con detalle en The Daily Signal cómo la ideología de género, reforzada y radicalizada desde Internet, funcionó en su hija como una secta destructiva, o como una adicción.

Charlie, como madre, luchó por rescatarla, a menudo teniendo en contra al colegio, costándole encontrar ayuda terapéutica. Con perseverancia incansable de madre, logró grandes mejoras.

Su relato se titula: "Lo que he aprendido rescatando a mi hija de su fantasía transgénero".

Primera adolescencia: ropas amplias

Todo empezó al llegar la adolescencia, al asumir su cuerpo las curvas de la feminidad. "A medida que su cuerpo maduraba empezó a evitar cualquier ropa que acentuara su figura". 

A la madre no le preocupó al principio que la chica usara siempre ropa ancha, porque también ella, de adolescente, había hecho lo mismo. 

"Luego mi hija se sumergió en el anime [dibujos animados japoneses] y el cosplay  [disfraces elaborados] vistiéndose como personajes fantásticos, y yo la animé por su lado creativo", explica. Su hija tiene una vertiente artística y creativa muy grande, y por lo general es bueno apoyar algo así.

La madre descubrió tiempo después que en los ambientes de aficionados al anime y el cosplay hay una cantidad desproporcionada de activistas de ideología de género, militantes y seductores. 

El otro punto de "contagio" fue una charla en la escuela... ¡a pesar de que era un centro católico!

"Durante aquel tiempo, en la escuela -que era católica- mi hija pasó por Teen Talk, un programa con base en Manitoba, Canadá, que dice que enseña a los jóvenes información detallada y 'sin prejuicios' sobre sexualidad, salud reproductiva o el uso de sustancias", explica.

"Llegó a casa con un lenguaje completamente nuevo. Ella y todas sus amigas se definieron entonces como lesbianas, pansexuales e incluso poliamorosas. Ninguna de las cinco eligió lo que el programa llamaba 'básico', ser heterosexual".

Intentando parecer un niño, descendió a la ira

Su madre comenzó a preocuparse por el cambio que veía en su hija. La chica se distanció de amistades anteriores. Pasaba horas en las redes sociales a través de cuentas falsas que su madre desconocía, mientras la engañaba mostrándole cuentas inocuas en Internet.

Cuando tenía 13 años, madre e hija fueron a una convención de anime en California. Allí la muchacha conoció a una chica de 16 años, mucho más madura.

"Esa chica hipnotizó a mi hija con su personalidad. Después de la convención, se cortó el pelo como un chico, dejó de depilarse y empezó a pedir ropa interior de niño", recuerda Jacobs.

Esa chica sería, en persona o a través de Internet, la que introduciría e impulsaría más profundamente a la muchacha en el entorno transgénero. "Más tarde supe que había abusado sexualmente [molested, en inglés] de mi hija", relata. 

Ideología trans en los colegios.

La preocupada madre quedó sorprendida ante la promoción de la ideología transgénero en la escuela de su hija, incluso siendo un centro católico [foto referencial]

El infierno en redes: fetichismo, pedofilia, drogas y porno

La niña se puso "irreconocible". "Su personalidad descendió a la ira, comenzó a hacer vídeos groseros en TikTok, empezó a hablar mal y rompió todas las reglas familiares".

No había cumplido los 15 años cuando anunció que se consideraba transgénero.

"Después comenzó a amenazar con suicidarse y se hundió en una profunda depresión", relata la madre.

Angustiada, consiguió las contraseñas de las redes sociales de su hija y quedó impresionada por lo que vio. "Su amiga de la convención de anime le había enviado un vídeo masturbándose, hablaban de fetichismo sexual, incesto y pedofilia y las chicas mayores enseñaban a las más pequeñas como vender a hombres fotos de ellas desnudas y así ganar un buen dinero", comenta.

Entre otras conversaciones, encontró que las propias chicas hablaban sobre qué efecto causaba cada droga o extirparse los pechos. Enviaban mensajes a la chica animándola a 'patear la cabeza' de su madre por 'tránsfoba'.

Adicción a las redes sociales.

Muchos jóvenes son víctimas del engaño de la ideología transgénero motivados por una actividad compulsiva en redes sociales, con efectos que pueden ser irreversibles. 

Como con un adicto: ni móvil, ni Internet, ni Twitter 

La decisión de Charlie Jacobs, como madre, fue radical e inmediata. "Cogí su teléfono, eliminé todas las redes sociales (YouTube, Instagram, Twitter…) y contactos y le bloqueé la capacidad de acceder a internet. Eliminé YouTube de la televisión, tiré todos sus disfraces e involucré a la policía por la pornografía", enumera. "Le advertí de que si alguien le enviaba pornografía, no dudaría en denunciarlo a la ley".

"[Mi hija] me odiaba como un adicto odia a la persona que impide que se drogue, pero me mantuve firme a pesar de sus excesos y abusos verbales", relata Jacobs.

Tuvo que pasar por siete profesionales de la salud mental para que solo uno estuviese dispuesto a analizar el asunto, la repentina identidad transgénero de la joven.

Desde entonces la madre dedicó su vida por entero a investigar el tema trans y a tratar de recuperar el vínculo con su hija. Y ha logrado avances.

Su receta, mucha comprensión y firmeza en la verdad

"Tras un año y medio infernal, está volviendo a su ser: una hija hermosa, artística, amable y cariñosa", explica aliviada, antes de enumerar  su "receta" para aliviar la disforia de género de la adolescente.

"Después de un breve tiempo en que cometimos el error de usar el nombre masculino, nuestra familia y todos los adultos en la vida de mi hija solo usamos su nombre de nacimiento y los pronombres correspondientes", relata.

"No permitimos la 'transición social', aunque no pudimos controlar su colegio", añade. "Una escuela católica que, increíblemente, se negó a seguir nuestra decisión", denuncia.

La madre también comenzó a acercar a su hija historias de mujeres trans que se arrepentían de su transición. Dejó libros de Abigail Shrier y Susan Evans por toda la casa para que los leyese.

También recurrió a los consejos del podcast Partners for Ethical Care y del libro de una co-fundadora de este grupo, Maria Keffler: "Desist, Detrans & Detox: Getting Your Child Out of the Gender Cult” (Desistir, destransicionar, desintoxicar: sacar a tu hijo de la secta de género).

En "Irreversible damage", Abigail Shrier muestra como la imposición de la ideología de género está haciendo un "daño irreversible" a las chicas adolescentes y jóvenes multiplicando los casos de disforia de género.

En inglés, Maria Keffler habla de su libro "Desist, detrans, detox": para "sacar a tu hijo de la secta de género"

Esta madre explica su empeño así: "Me dediqué por entero a recuperar la estrecha relación que mi hija y yo habíamos tenido. Tuve que morderme la lengua y responder a su ira con amor o alejándome cuando sabía que no podría responder así".

"Me acerqué a ella en momentos vulnerables, la abracé, me puse a su lado en su cama. Dejé de mirarla como su fuera una víctima y le hice saber que nunca dejaría de luchar por ella", añade.

"Al mismo tiempo, dejé que viese los carteles de las protestas a las que yo asistía, le acribillé con preguntas que demostraban la ausencia de lógica en la ideología de género, incluso ponía memes divertidos, críticos contra el género, cuando entraba en mi oficina".

Lo más importante, insiste "es que me mantuve firme. Me negué a aceptar su engaño con compasión".

"Sé que he de continuar con tenacidad ya que la ideología de género repta por cada aspecto de la vida, pero por ahora puedo dar ya un suspiro de alivio", concluye esta madre valiente y firme.

J.M.C / ReL

Vea también     ¿Qué es la idelogía de género?