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martes, 4 de octubre de 2022

Müller carga contra la teoría de género y el transhumanismo, los «frutos podridos del nihilismo»


 

Desde el pasado viernes 30 de septiembre y este domingo 2 de octubre, se celebra en México el Congreso Mundial de las Familias. Un evento que pretende "unir y equipar a líderes, organizaciones y familias para afirmar, celebrar y fortalecer a la familia como el entorno fundamental y natural clave para el fortalecimiento de individuos y sociedades sostenibles".

Entre los ponentes ha destacado la presencia del Prefecto Emérito de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal alemán Gerdhard Müller, que abordó el posible "suicidio colectivo" de la humanidad al que aparentemente encamina el seguimiento del "nihilismo antropológico".

Definió esta corriente por su fuerte negación de Dios como "el sentimiento de la nueva era de que Dios mismo ha muerto", y que puede conducir a la convicción de que "no hay nada malo en el ser humano y que está permitido todo lo que le plazca".

En su conferencia, titulada El hombre hecho a imagen y semejanza de Dios: Un manifiesto contra el nihilismo antropológico, el cardenal alemán situó al cristianismo como alternativa a esta crisis, pues "promueve una civilización de la vida" y solo su seguimiento evitaría el fin de esta doctrina, un "suicidio colectivo de la humanidad".

"El ateísmo es nihilismo. Su fruto es la muerte", sentenció.

A lo largo de la conferencia abordó los planteamientos del "profeta del nihilismo antropológico", el filósofo Nietzsche, así como a sus seguidores actuales, representados por el historiador Yuval Noah Harari, "algo así como el gurú del llamado trans y posthumanismo".

El Prefecto Emérito explicó que "como historiador, el propio Harari debería saber lo rápido que la visión de un superhombre divino puede convertirse en un inhumano diabólico. El siglo XX lo ha demostrado de forma cruel" y advirtió de que si el hombre rechaza su condición creada a imagen y semejanza de Dios, corre el peligro de hundirse "en las profundidades del nihilismo antropológico".

Un ejemplo, explicó, se encuentra en las personas "que se han sometido a un lifting o actualizado su cara u otras partes del cuerpo", muchos de ellos partidarios de "querer llegar a ser como Dios" y de "establecer la diferencia entre el bien y el mal y lo verdadero y lo falso por sí mismas".

Persona, familia e Iglesia, objetivos del nihilismo

A continuación, destacó los aspectos fundamentales que son devastados por este nihilismo, siendo la propia vida el primero. "Es hostil a la vida", explicó, ya que "alienta el hecho de matar a los niños en el vientre materno como un derecho humano y la exigencia de la eutanasia".

Los "frutos podridos" de esta corriente también son visibles "en el cuestionamiento del matrimonio entre el hombre y la mujer", contemplado solo como una más de las posibilidades "de disfrute orgiástico y satisfacción sexual sin la plena entrega en el amor y sin la trascendencia a un niño como fruto del amor de sus padres".  

Así, explicó, es una nota de nuestros días que "se niega la referencia a la fecundidad del matrimonio con la que el Creador ha bendecido al hombre y la mujer para que transmitan, guarden y promuevan la vida creada por Dios".

Relacionada con ambos aspectos se encuentra la ideología de género, que el cardenal cuestionó duramente al afirmar que "aparte del hecho biológicamente probado de que no es posible un cambio real del sexo, la ficción de una libre elección del género es una negación de la voluntad de Dios para nuestra persona. Cada ser humano existe en su naturaleza corporal ya sea en expresión masculina o femenina", sentenció.

"Un hombre, en virtud de su disposición espiritual y corporal, tiene la posibilidad de convertirse en un esposo amoroso para su esposa y en un padre fiel para sus hijos. Pero no puede ser esposa o madre de otra persona sin traicionarse a sí mismo", advirtió el Cardenal.

Antes de finalizar destacó que, junto con la persona y la familia, el nihilismo y sus frutos son un aspecto "realmente peligrosos para la Iglesia", especialmente "cuando incluso los teólogos católicos ya no asumen la revelación de Dios en Jesucristo, sino que hacen un perverso compromiso con el posthumanismo solo para que la Iglesia sobreviva como una organización en un mundo sin Dios".

Concluyó su mensaje con un mensaje de esperanza hacia los fieles de la Iglesia: "Nuestra fe en Dios y Padre de Jesucristo supera la cultura de la muerte y el nihilismo antropológico. La fe nos abre a una cultura de la vida en el amor del Dios Trino porque somos liberados de la ‘esclavitud de lo pasajero a la libertad y la gloria de los hijos de Dios".

ReL

Vea también   La angustia y el hombre contemporáneo

Información más amplia

“El cristianismo promueve una civilización de la vida y desafía la cultura del nihilismo antropológico, que tendría que terminar en el suicidio colectivo de la humanidad. El ateísmo es nihilismo. Su fruto es la muerte”, dijo el Cardenal en su ponencia este viernes 30 de septiembre en el 14° Congreso Mundial de las Familias que se realiza en México.

En su sitio web, se explica que el congreso es “un evento público internacional e interreligioso que busca unir y equipar a líderes, organizaciones y familias para afirmar, celebrar y fortalecer a la familia como el entorno fundamental y natural clave para el florecimiento de individuos maduros y sociedades sostenibles”.

En su conferencia, el Cardenal Müller explicó que “el nihilismo, es decir, ‘el sentimiento de la nueva era’ de que ‘Dios mismo ha muerto’”, como escribió el filósofo Hegel, puede conducir al sentimiento de que no “hay nada malo en el ser humano y está permitido todo lo que le plazca, si creemos en la amable raciónalidad divina sobre y en todo el ser de su creación”.

En su conferencia titulada “el hombre hecho a imagen y semejanza de Dios: Un manifiesto contra el nihilismo antropológico”, el Cardenal se refirió a las tesis de Nietzsche, “el profeta del nihilismo postcristiano” que proclamó “la muerte de Dios"; y al historiador Yuval Noah Harari, que “se ha convertido en algo así como el gurú del llamado trans y posthumanismo”.

El “superhombre divino” puede convertirse en “inhumano diabólico”

El Prefecto Emérito explicó que “como historiador, el propio Harari debería saber lo rápido que la visión de un superhombre divino puede convertirse en un inhumano diabólico. El siglo XX lo ha demostrado de forma cruel. En Europa Occidental y Oriental. Especialmente en Alemania y Rusia”.

“Si el hombre deja de ser una criatura a imagen y semejanza del Dios trino, se hunde en las profundidades del nihilismo antropológico”, advirtió.

Como ejemplo de esto, el Cardenal se refirió a las personas “que se han sometido a un ‘lifting’ o ‘actualizado’ su cara u otras partes del cuerpo. Ya no es una moda de Hollywood, si no que estas pobres criaturas dignas de misericordia han caído –sin  saberlo– en el nihilismo antropológico”.

“El nihilismo antropológico tiene como padre el orgullo de la criatura que quiere llegar a ser como Dios (Gn 3,5) y quiere establecer la diferencia entre el bien y el mal, lo verdadero y lo falso por sí misma”.

Su fuente de motivación, continuó el Purpurado alemán, “es la locura ciega de los impíos, que cambian la "gloria del Dios incorruptible" por sus imágenes ideológicas autofabricadas. Cuando el hombre adora la creación en lugar del Creador, pierde la gloria de los hijos y amigos de Dios”.

Hostil a la vida y al matrimonio

El Cardenal advirtió que el nihilismo antropológico “es significativamente hostil a la vida” ya que alienta el hecho de “matar a los niños en el vientre materno como un derecho humano y la exigencia utilitaria de la llamada ‘muerte piadosa’ (eutanasia) para los seres humanos ‘agotados’ o ‘ya no utilizables’”.

“Pero los frutos podridos del nihilismo antropológico también se muestran en el cuestionamiento del matrimonio entre el hombre y la mujer que se ve como una variante entre cualquier número de posibilidades del disfrute orgiástico de la satisfacción sexual sin la plena entrega en el amor y sin la autotrascendencia a un tercero, a saber, el niño como fruto del amor y el vientre de sus padres”.

De ese modo, “se niega la referencia a la fecundidad del matrimonio, con la que el Creador ha bendecido al hombre y a la mujer para que transmitan, guarden y promuevan la vida creada por Dios”. 

Ideología de género

El Cardenal Müller se refirió luego a la ideología de género, la corriente que no considera el sexo como un hecho biológico natural sino como una construcción sociocultural.

“Aparte del hecho biológicamente probado de que no es posible un cambio real del sexo, la ficción de una libre elección del género es una negación de la voluntad de Dios para nuestra persona. Cada ser humano existe en su naturaleza corporal ya sea en expresión masculina o femenina”, dijo.

“La ideología de género, que ciertamente también entra bajo el paraguas del nihilismo antropológico, priva tanto al hombre como a la mujer de sus propias posibilidades”, alertó.

“Un hombre, en virtud de su disposición espiritual y corporal, tiene la posibilidad de convertirse en un esposo amoroso para su esposa y en un padre fiel para sus hijos. Pero no puede ser esposa o madre de otra persona sin traicionarse a sí mismo”, advirtió el Cardenal.

En ese sentido, el Prefecto Emérito de la Congregación para la Doctrina de la Fe indicó que “nadie puede reformar o modernizar la enseñanza de Cristo, ‘porque él mismo (en su encarnación) trajo consigo toda la novedad y modernidad para renovar y vivificar al hombre’”, como dijo San Ireneo de Lyon, recientemente declarado Doctor de la Iglesia por el Papa Francisco.

Peligroso para la Iglesia

“El nihilismo antropológico se vuelve realmente peligroso para la Iglesia cuando incluso los teólogos católicos en posiciones centrales ya no asumen el hecho de la revelación históricamente única e insuperable de Dios en Jesucristo, sino que hacen un compromiso perverso con el posthumanismo, solo para que la Iglesia ‘sobreviva’ como organización social en un mundo moderno sin Dios”, dijo el Cardenal.

Para esta “teología sin Dios”, entonces, “la creación y la alianza, la encarnación y el sacrificio de Jesús en la cruz y su resurrección corporal sólo se consideran símbolos existenciales de calidad mítica”.

“Si el cristianismo fuera solo una colección de visiones dispares de lo incognoscible divino que se difunde sobre nuestra interpretación teórica del mundo y la forma práctica de hacer frente a la contingencia, entonces realmente no valdría la pena luchar, sufrir y morir por la verdad de Cristo”, explicó el Cardenal Müller.

El Purpurado alemán subrayó que “nuestra fe en el Dios y Padre de Jesucristo supera la cultura de la muerte y el nihilismo antropológico. La fe nos abre a una cultura de la vida en el amor del Dios Trino porque somos liberados de la ‘esclavitud de lo pasajero a la libertad y la gloria de los hijos de Dios’”.



















sábado, 12 de febrero de 2022

Una madre declara la guerra a la «escuela trans»: «Debemos recuperar la potestad de nuestros hijos»


 

January Littlejohn es madre de tres hijos, reside en Tallahassee (Florida) y durante años ha sido una voluntaria en la escuela de su hija de 13 años. Su confianza se quebró por completo cuando la adolescente le confesó haber pactado con el colegio, a sus espaldas, el comienzo de su "transición de género". Desde entonces, Littlejohn ha declarado la guerra legal al centro y alerta a los padres: "Si esperáis a que la ideología de género llegue a vuestras casas, será demasiado tarde. Debemos actuar".

"La ideología de género casi destruyó a mi familia". Con estas palabras, la madre de tres hijos describe el infernal proceso gestado a sus espaldas por el que su hija puede comenzar, protegida por la ley, su transición de género bajo el total desconocimiento de sus padres.

Todo comenzó antes de la pandemia, cuando el grupo de amigos de la adolescente "estaba obsesionado con cualquier cosa relacionada con el colectivo LGTBQ".

Su madre explica "que nunca había expresado confusión de género, se volvió socialmente retraída, ansiosa y deprimida" durante la pandemia, "al experimentar un profundo y repentino estrés".

Bajo sospecha

Al comenzar de nuevo las clases presenciales, Littlejohn acudió a una maestra para explicarle el incidente. "Le hicimos saber que no estábamos empleando el nombre y pronombres que quería, que no creíamos que fuese lo mejor para ella, que recibía asesoramiento psicológico para ayudarla a procesar lo que ocurría en su interior y que creía que lo que le pasaba estaba relacionado con su grupo de amigos", explica. 

No tardó en saber que, sin quererlo, había cometido un gran error: aquella maestra era la defensora del colectivo LGTBQ en el campus.

"Dos semanas después, cuando la recogí, me dijo que se había reunido con tres trabajadores de la escuela para cambiar su nombre y lo divertido que le pareció que le preguntasen que baño prefería usar", relata: "Estaba en shock".

Cuando la madre llamó a la escuela, le dijeron que lo tratado con su hija estaba sujeto a confidencialidad y que la joven tenía que darle a sus padres su consentimiento expreso para ser notificados de lo tratado en las reuniones.

"Semanas después nos enseñaron el plan de apoyo para estudiantes transgénero que había firmado con la escuela: le permitieron cambiar su nombre, atendieron sus preferencias de servicios y baños y le dejaban elegir si quería compartir habitación con chicos o chicas en las excursiones", describe la madre, así como la posibilidad de engañar u ocultarles información sobre el tema.

Los padres, considerados enemigos

Entre las clausulas de los documentos, encontraron tres puntos que sintetizan lo que se aplica "en colegios de todo el estado" norteamericano y en cada vez más colegios de todo el mundo:

  • Los padres no deben ser informados cuando sus hijos anuncien una identidad transgénero con el personal de la escuela.
  • Los niños pueden elegir el baño que coincida con su identidad de género sin notificación a los padres
  • Los niños tienen el derecho legal de ocultar a sus padres información sobre su identidad de género y los pasos tomados para afirmar esa identidad.

La familia Littlejohn.

La pequeña de los Littlejohn, de 12 años, es la enésima víctima del lobby trans en la escuela, cuyas autoridades han fomentado su transición de género al margen y en contra de la voluntad de sus padres. 

En su denuncia, describe lo ocurrido como "una mentira que está abriendo una peligrosa brecha entre padres e hijos", y que envía el mensaje de que "los padres son el enemigo y que los niños deben ser protegidos de sus padres y no por sus padres".

Es un proceso que, además, "es el primer paso hacia la transición médica, lo que incluye el uso de medicamentos experimentales, hormonas y cirugías con daños irreversibles a largo plazo como esterilidad y disfunción sexual".

Tras lo ocurrido, el matrimonio comenzó un proceso de investigación en la que descubrieron los múltiples conflictos previos asociados a la "disforia de inicio rápido" como son "la ansiedad, traumas previos, depresión o incluso autismo".

Por ello, la familia destaca que tanto con los programas escolares aplicados a su hija y a los miles de casos que se suceden cada día "se está poniendo a los niños en mayor riesgo de daños psicológicos y físicos".

Las nuevas arma de destrucción masiva

La madre "desearía que su situación fuese un caso aislado" pero es consciente de que es un problema de un alcance cada vez mayor y que afecta "a todo tipo de familias" por su penetración desde la escuela, "la zona cero para difundir este adoctrinamiento y contagio social".

Antes de concluir su relato, llamó a la acción de todos los padres y familias alentando a hablar el tema con sus hijos, investigar y formarse y conocer todos los tratamientos posibles, ya que "no es transfóbico investigar y estar informado o querer proteger a nuestros hijos de una ideología que puede resultar devastadora".

"Si esperáis a que la ideología de género llegue a vuestras casas será demasiado tarde, también para tener estas conversaciones con ellos", recomienda a las familias.

Los padres, en pie de guerra contra la escuela, han presentado una demanda federal contra la escuela convencidos de que "esto debe detenerse".

 "Nuestra demanda se trata, en última instancia, de proteger los derechos de los padres para educar a sus hijos sin la interferencia del gobierno. Es mi trabajo proteger a mi hija y la escuela me ha quitado [ese deber y derecho]. Ha llegado el momento de recuperar nuestra patria potestad", concluye.

José María Carrera / ReL

Vea también     Guía con 16 preguntas sobre transexcualidad e identidad de género


























domingo, 19 de diciembre de 2021

Una madre explica como sacó a su hija de la red trans que la atrapó: es como una secta o las drogas

«Mi hija me odiaba como el drogadicto odia a quien le impide drogarse»: hay que ser firme


Una joven que se deshace... la ideología trans, como las drogas y las sectas,
se aprovechan de la identidad vulnerable de los adolescentes


Desde que nació, a la hija de Charlie Jacobs le gustaba el color rosa, se ponía vestidos y se metía en el armario a probarse los tacones de su madre. Pero a los 12 años, unas charlas para jóvenes en el colegio y las redes sociales la introdujeron y ataron al movimiento transgénero. 

Charlie Jacobs -pseudónimo de una norteamericana, madre de dos adolescentes- ha querido explicar con detalle en The Daily Signal cómo la ideología de género, reforzada y radicalizada desde Internet, funcionó en su hija como una secta destructiva, o como una adicción.

Charlie, como madre, luchó por rescatarla, a menudo teniendo en contra al colegio, costándole encontrar ayuda terapéutica. Con perseverancia incansable de madre, logró grandes mejoras.

Su relato se titula: "Lo que he aprendido rescatando a mi hija de su fantasía transgénero".

Primera adolescencia: ropas amplias

Todo empezó al llegar la adolescencia, al asumir su cuerpo las curvas de la feminidad. "A medida que su cuerpo maduraba empezó a evitar cualquier ropa que acentuara su figura". 

A la madre no le preocupó al principio que la chica usara siempre ropa ancha, porque también ella, de adolescente, había hecho lo mismo. 

"Luego mi hija se sumergió en el anime [dibujos animados japoneses] y el cosplay  [disfraces elaborados] vistiéndose como personajes fantásticos, y yo la animé por su lado creativo", explica. Su hija tiene una vertiente artística y creativa muy grande, y por lo general es bueno apoyar algo así.

La madre descubrió tiempo después que en los ambientes de aficionados al anime y el cosplay hay una cantidad desproporcionada de activistas de ideología de género, militantes y seductores. 

El otro punto de "contagio" fue una charla en la escuela... ¡a pesar de que era un centro católico!

"Durante aquel tiempo, en la escuela -que era católica- mi hija pasó por Teen Talk, un programa con base en Manitoba, Canadá, que dice que enseña a los jóvenes información detallada y 'sin prejuicios' sobre sexualidad, salud reproductiva o el uso de sustancias", explica.

"Llegó a casa con un lenguaje completamente nuevo. Ella y todas sus amigas se definieron entonces como lesbianas, pansexuales e incluso poliamorosas. Ninguna de las cinco eligió lo que el programa llamaba 'básico', ser heterosexual".

Intentando parecer un niño, descendió a la ira

Su madre comenzó a preocuparse por el cambio que veía en su hija. La chica se distanció de amistades anteriores. Pasaba horas en las redes sociales a través de cuentas falsas que su madre desconocía, mientras la engañaba mostrándole cuentas inocuas en Internet.

Cuando tenía 13 años, madre e hija fueron a una convención de anime en California. Allí la muchacha conoció a una chica de 16 años, mucho más madura.

"Esa chica hipnotizó a mi hija con su personalidad. Después de la convención, se cortó el pelo como un chico, dejó de depilarse y empezó a pedir ropa interior de niño", recuerda Jacobs.

Esa chica sería, en persona o a través de Internet, la que introduciría e impulsaría más profundamente a la muchacha en el entorno transgénero. "Más tarde supe que había abusado sexualmente [molested, en inglés] de mi hija", relata. 

Ideología trans en los colegios.

La preocupada madre quedó sorprendida ante la promoción de la ideología transgénero en la escuela de su hija, incluso siendo un centro católico [foto referencial]

El infierno en redes: fetichismo, pedofilia, drogas y porno

La niña se puso "irreconocible". "Su personalidad descendió a la ira, comenzó a hacer vídeos groseros en TikTok, empezó a hablar mal y rompió todas las reglas familiares".

No había cumplido los 15 años cuando anunció que se consideraba transgénero.

"Después comenzó a amenazar con suicidarse y se hundió en una profunda depresión", relata la madre.

Angustiada, consiguió las contraseñas de las redes sociales de su hija y quedó impresionada por lo que vio. "Su amiga de la convención de anime le había enviado un vídeo masturbándose, hablaban de fetichismo sexual, incesto y pedofilia y las chicas mayores enseñaban a las más pequeñas como vender a hombres fotos de ellas desnudas y así ganar un buen dinero", comenta.

Entre otras conversaciones, encontró que las propias chicas hablaban sobre qué efecto causaba cada droga o extirparse los pechos. Enviaban mensajes a la chica animándola a 'patear la cabeza' de su madre por 'tránsfoba'.

Adicción a las redes sociales.

Muchos jóvenes son víctimas del engaño de la ideología transgénero motivados por una actividad compulsiva en redes sociales, con efectos que pueden ser irreversibles. 

Como con un adicto: ni móvil, ni Internet, ni Twitter 

La decisión de Charlie Jacobs, como madre, fue radical e inmediata. "Cogí su teléfono, eliminé todas las redes sociales (YouTube, Instagram, Twitter…) y contactos y le bloqueé la capacidad de acceder a internet. Eliminé YouTube de la televisión, tiré todos sus disfraces e involucré a la policía por la pornografía", enumera. "Le advertí de que si alguien le enviaba pornografía, no dudaría en denunciarlo a la ley".

"[Mi hija] me odiaba como un adicto odia a la persona que impide que se drogue, pero me mantuve firme a pesar de sus excesos y abusos verbales", relata Jacobs.

Tuvo que pasar por siete profesionales de la salud mental para que solo uno estuviese dispuesto a analizar el asunto, la repentina identidad transgénero de la joven.

Desde entonces la madre dedicó su vida por entero a investigar el tema trans y a tratar de recuperar el vínculo con su hija. Y ha logrado avances.

Su receta, mucha comprensión y firmeza en la verdad

"Tras un año y medio infernal, está volviendo a su ser: una hija hermosa, artística, amable y cariñosa", explica aliviada, antes de enumerar  su "receta" para aliviar la disforia de género de la adolescente.

"Después de un breve tiempo en que cometimos el error de usar el nombre masculino, nuestra familia y todos los adultos en la vida de mi hija solo usamos su nombre de nacimiento y los pronombres correspondientes", relata.

"No permitimos la 'transición social', aunque no pudimos controlar su colegio", añade. "Una escuela católica que, increíblemente, se negó a seguir nuestra decisión", denuncia.

La madre también comenzó a acercar a su hija historias de mujeres trans que se arrepentían de su transición. Dejó libros de Abigail Shrier y Susan Evans por toda la casa para que los leyese.

También recurrió a los consejos del podcast Partners for Ethical Care y del libro de una co-fundadora de este grupo, Maria Keffler: "Desist, Detrans & Detox: Getting Your Child Out of the Gender Cult” (Desistir, destransicionar, desintoxicar: sacar a tu hijo de la secta de género).

En "Irreversible damage", Abigail Shrier muestra como la imposición de la ideología de género está haciendo un "daño irreversible" a las chicas adolescentes y jóvenes multiplicando los casos de disforia de género.

En inglés, Maria Keffler habla de su libro "Desist, detrans, detox": para "sacar a tu hijo de la secta de género"

Esta madre explica su empeño así: "Me dediqué por entero a recuperar la estrecha relación que mi hija y yo habíamos tenido. Tuve que morderme la lengua y responder a su ira con amor o alejándome cuando sabía que no podría responder así".

"Me acerqué a ella en momentos vulnerables, la abracé, me puse a su lado en su cama. Dejé de mirarla como su fuera una víctima y le hice saber que nunca dejaría de luchar por ella", añade.

"Al mismo tiempo, dejé que viese los carteles de las protestas a las que yo asistía, le acribillé con preguntas que demostraban la ausencia de lógica en la ideología de género, incluso ponía memes divertidos, críticos contra el género, cuando entraba en mi oficina".

Lo más importante, insiste "es que me mantuve firme. Me negué a aceptar su engaño con compasión".

"Sé que he de continuar con tenacidad ya que la ideología de género repta por cada aspecto de la vida, pero por ahora puedo dar ya un suspiro de alivio", concluye esta madre valiente y firme.

J.M.C / ReL

Vea también     ¿Qué es la idelogía de género?


















domingo, 26 de septiembre de 2021

Cincuenta expertos alertan del daño que se está haciendo a los niños trans con la «reasignación»

Hablan de un «secuestro de la infancia» en nombre de un dogmatismo ideológico

A Keira Bell le inyectaron testosterona y le hicieron una doble mastectomía cuando era menor de edad. Cuando se arrepintió ya era tarde. Su demanda contra el centro Tavistock ha logrado que la justicia británica supervise las intervenciones quirúrgicas y hormonales sobre niños, que hasta ahora se realizaban sin ningún tipo de consideración al bien del menor.

 

En asociación con el Observatorio de los Discursos Ideológicos sobre la Infancia y la Adolescencia, un grupo de profesionales de la infancia e investigadores (médicos, psiquiatras, psicoanalistas, abogados, jueces, profesores del sistema educativo nacional francés, filósofos, sociólogos, etc.), en total una cincuentena de personalidades, protestan contra el discurso de la "autodeterminación" de los niños, que, según ellos, legitima un fuerte aumento de las solicitudes de reasignación de sexo, especialmente entre los adolescentes.

Éste es el  manifiesto que han publicado  en L'Express:

Cambio de sexo en niños: "No podemos seguir callando ante esta grave deriva".

No podemos seguir callando ante lo que nos parece una grave deriva cometida en nombre de la emancipación del "niño transgénero" (aquel que declara no haber nacido en el "cuerpo correcto"). Los discursos radicales legitiman las solicitudes de cambio de sexo basándose únicamente en los sentimientos, que se erigen como la verdad. Pero esto es a costa de un tratamiento médico de por vida o incluso quirúrgico (extirpación de pechos o testículos) en el cuerpo de los niños o adolescentes. Lo que nos preocupa es este fenómeno y su gran repercusión mediática, no las decisiones de los adultos transgénero. 

El gobierno escocés, pensando tal vez que podría proporcionar una respuesta, publicó el 12 de agosto nuevas directrices de inclusión LGBT según las cuales, los niños a partir de la edad de entrada en la escuela primaria, podrán cambiar su nombre y género en la escuela sin el consentimiento de sus padres. Sin su consentimiento e incluso sin que sus padres sean informados si el niño así lo solicita. 

A los niños se les hace creer que una niña puede convertirse en un niño y viceversa porque así lo han decidido sin el consejo de los adultos, y esto ocurre a una edad cada vez más temprana.  

Lo que está ocurriendo en nuestros países vecinos podría suceder muy rápidamente en Francia: la difusión proteiforme de estas creencias ha dado lugar, en los últimos años, a un considerable aumento de cambio de sexo entre los niños y, más concretamente, entre las adolescentes. Según Jean Chambry, psiquiatra infantil responsable del CIAPA (Centro Intersectorial de Acogida del Adolescente de París), hace diez años había unas diez solicitudes al año; en 2020 hubo diez solicitudes al mes (solo en la región de Isla de Francia). Chambry habla de una preocupante aceleración de las respuestas médicas a estas peticiones de transición. 

Un discurso trivializado afirma que podríamos prescindir de la realidad biológica, de la diferencia sexual entre hombres y mujeres, en favor de singularidades elegidas basadas únicamente en los "sentimientos". Estos discursos ideológicos engañosos se transmiten en las redes sociales, donde muchos adolescentes con problemas de identidad acuden a buscar soluciones a su malestar. En nombre de la "autodeterminación" -un eslogan que atrae a todos los progresistas- se convence a los niños y adolescentes de que pueden cambiar de sexo con la ayuda de tratamientos hormonales o incluso de una cirugía mutiladora. Esta retórica, difundida por activistas en muchos países occidentales, utiliza falacias destinadas a engañar.

Secuestro de la infancia

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Y tenemos (todavía) derecho a reaccionar sin ser insultados o amenazados? ¿Cómo pueden estos derechos de autodeterminación ser un progreso satisfactorio? Este fenómeno, el "niño transgénero", es en realidad una mistificación contemporánea que debe ser denunciada enérgicamente porque se trata de un adiestramiento ideológico. Nos quieren hacer creer que, en nombre del bienestar y la libertad de cada individuo, un niño, liberado del acuerdo de sus padres "reaccionarios", podría "elegir" su supuesta identidad de género. 

Pero el niño es un ser en construcción, su desarrollo está en constante evolución antes de alcanzar la etapa de madurez. Los neurocientíficos, los expertos en desarrollo, los psicoanalistas, los psiquiatras infantiles, los pediatras y todos los especialistas en la primera infancia son unánimes al respecto.  

Piernas de niños.

Engañar a un menor sugiriéndole que puede cambiar su sexo mercantiliza su cuerpo de por vida. Foto (contextual): Ben Wicks / Unsplash.

Se somete al niño, y aún más el adolescente, a un control que le lleva a la desestabilización mental, a la ruptura con su familia si esta no le apoya y con todos aquellos que se niegan a compartir su punto de vista. Este control genera un discurso antisocial y acusador e impone además un lenguaje específico o incluso una neolengua a los que les rodean. El discurso de estos jóvenes es a menudo estereotipado, como si hubieran perdido el pensamiento crítico (que es una característica del control).

Denunciamos este secuestro de la infancia. Es urgente informar al mayor número posible de ciudadanos, de todas las profesiones, de todos los bandos, de todas las edades, sobre lo que bien podría considerarse en un futuro como uno de los mayores escándalos sanitarios y éticos, que habríamos visto llegar sin decir una palabra: la mercantilización del cuerpo de los niños. Porque al persuadir a estos niños de que se les ha "asignado" un sexo al nacer y que pueden cambiarlo libremente, se les convierte en pacientes de por vida: consumidores de por vida de productos químicos hormonales comercializados por las empresas farmacéuticas, consumidores recurrentes de operaciones quirúrgicas a la búsqueda del sueño quimérico de un cuerpo de fantasía. En la actualidad, los países que estaban a favor de la transición médica antes de la mayoría de edad están prohibiendo los tratamientos hormonales a los menores (Suecia, Reino Unido y algunos estados de Estados Unidos). 

Este dogmatismo implica una gran confusión para que nadie sepa cómo actuar y alzar la voz, a menudo por miedo a ciertas asociaciones LGBTQI+. Pero estas siglas abarcan a personas muy diferentes, algunas de las cuales, como nosotros, están preocupadas por los excesos actuales. Algunas están sometidas a la ley del silencio que reina en ese ambiente. El documental sueco "Trans train" muestra a jóvenes adultos que, abandonados a su suerte y amenazados por haberse manifestado públicamente, han sido presionados por su comunidad trans si han expresado dudas o han "detransicionado" (es el proceso que sufren jóvenes que lamentan el proceso de transición social y/o médica que ven como una respuesta equivocada a sus preguntas o a su malestar).  

Reina la confusión, mantenida en gran medida para manipular a la humanidad en su sustrato más profundo: su evolución, su temporalidad, su errancia y sus dudas. En nombre del rechazo a una supuesta asignación de sexo, asistimos avergonzados, sin entender nada, a una asignación de identidad. Así, Jorgina de Los cinco [serie de libros de Enid Blyton en los que una de los protagonistas, Jorgina, se hace llamar Jorge], antes descrita como un marimacho, es presentada actualmente como transgénero. Podríamos reírnos de ello si no fuera sintomático de nuestra época, atacada por radicalismos políticos que se adelantan a todo debate.  

¡No, en nombre de la protección de los niños no podemos seguir callando! Nos negamos a aceptar que, en nombre de los "derechos humanos", se cuestione esta base común -el universalismo de los derechos- que constituye el fundamento de la humanidad.  

Firmas 

Nicole Athéa (endocrinóloga y ginecóloga), Elisabeth Badinter (filósofa), Anne-Laure Boch (neurocirujana, Hospital de la Salpêtrière), Thierry Baranger (magistrado honorario, antiguo presidente de los tribunales para la infancia de París y Bobigny), Marie-Jo Bonnet (historiadora, escritora), Jean-François Braunstein (filósofo, profesor de la Universidad Panteón Sorbona), Anna Cognet (psicóloga clínica), Alain Cornec (abogado), Laurence Croix (profesor, universidad de Nanterre), Chantal Delsol (filósofa, miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas), Bernard Devauchelle (profesor de medicina y jefe de servicio de Cirugía Maxilofacial del CHU de Amiens), Marie Josèphe Devillers (militante lesbiana feminista), Christine Le Doaré (jurista, militante feminista), Catherine Dolto (haptoterapeuta), Corinne Ehrenberg (psicoanalista), Caroline Eliacheff (psiquiatra infantil, psicoanalista), Xavier Emmanuelli (médico, presidente del Samu Social International), Nicole Farges (psicólogo, psicoanalista), Natalie Felzenszwalbe (abogada honoraria), Isabelle Ferrari (cofundadora de AMQG, Approche mesurée des questionnements de genre chez les jeunes, en Ginevra), Christian Flavigny (psiquiatra infantil, psicoanalista), Esther Fouchier (presidenta del Foro Mujeres del Mediterráneo), Pascale Fourcade (psiquiatra), René Frydman (profesor de medicina), Delphine Girard (profesora de letras clásicas de secundaria, militante laica), Bernard Golse (psiquiatra infantil, psicoanalista, APF, profesor emérito de psiquiatría del niño y el adolescente, Universidad de París), Julie Gosselin (informática, feminista), Nadia Guenet (directora del programa de radio "La révolution sera féministe"), Liliane Kandel (socióloga, feminista, miembro del comité de redacción de Temps modernes), Annick Karsenty (presidenta de la Asociación Mujeres Solidarias, de Marsella), Aaron Kimberly (Gender Dysphoria Alliance, Canadá), Frédérique Kuttenn (antiguo jefe de servicio de Endocrinología y de Medicina Reproductiva en el Hospital de la Pitié-Salpêtrière), Rhadija Lamrani Tissot (psicoanalista, lingüista), Jean-Pierre Lebrun (psiquiatra, psicoanalista), Manuel Maidenberg (pediatra), Danièle Manesse (lingüista, investigadora en didáctica de las lenguas, Universidad Sorbonne-Nouvelle), Céline Masson (profesora de universidad), Martine de Maximy (magistrada honoraria, antigua jueza del tribunal de la infancia), Isabelle de Mecquenem (profesora agregada de filosofía, miembro del consejos de los expertos en laicidad), Scott Newgent (TReVoices), Sylvie Quesemand Zucca (médico, psiquiatra), Gérard Rabinovitch (filósofo, sociólogo), Jean-Pierre Rosenczveig (antiguo presidente del Tribunal de la Infancia de Bobigny), Hana Rottman (pediatra, psiquiatra infantil), Olivia Sarton (jurista), Dominique Schnapper (socióloga, politóloga), Myriam Szejer (psiquiatra infantil), Sonia Timsit (psiquiatra, psicoanalista), Claire Squires (profesora, Universidad de París), Samuel Veissière (antropólogo y profesor de psiquiatría transcultural en la Universidad McGill de Montréal), Jean-Pierre Winter (psicoanalista), WHRC-France (Women Human Rights Campaign (Derechos de las mujeres basados en el sexo).

Traducido por Elena Faccia Serrano. ReL

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jueves, 23 de septiembre de 2021

9 valientes consejos para resistir la corriente trans desde la caridad y la firmeza cristianas

El obispo Burbidge, de Arlington, pide afrontar la disforia de género con verdad y respeto

Durante la catequesis sobre la Iglesia ante la corriente trans, alertó a los padres católicos
sobre el uso de las redes sociales, internet, la televisión e incluso la escuela.

Ayudar y acompañar a las personas que experimentan disforia de género, pero sin ceder ante la ideología trans y sus falsas soluciones que dañan a la persona y la sociedad...

Así se resume una reciente catequesis del obispo de la diócesis de Arlington, Michael F. Burbidge, que ha querido trasladar a los fieles las enseñanzas de la Iglesia sobre la ideología trans, con motivo de “tremendos trastornos” que ya son visibles “en nuestros sistemas sociales, legales y médicos”.

El documento, que se puede consultar íntegramente en español en la web de la diócesis, muestra los aspectos más relevantes de “una visión de la persona humana contraria a la verdad” y ofrece nueve consejos para resistir su influencia desde la caridad y la firmeza cristianas.

1º) La sexualidad es buena y nos habla de Dios

“El cuerpo de cada persona, dado por Dios desde el momento de la concepción ni es ajeno ni una carga, sino parte integral de la persona”, afirma Burbidge, ya que, además, “revela el diseño de Dios para todos los seres humanos”.

Al mismo tiempo, añade, “es importante tener en cuenta que puede haber una variedad de formas en las que una persona puede expresar su identidad sexual. Una persona puede tener intereses atípicos”, pero eso “no cambia la identidad sexual de la persona como hombre o mujer: estas diferencias están ordenadas hacia su unión complementaria”.

2º) La sexualidad existe para unir a los hombres con las mujeres

“La relación entre hombre y mujer tiene un significado trascendente. Su unión complementaria sirve como icono del matrimonio entre Cristo y la Iglesia. A través de la procreación, los cónyuges dan la bienvenida a una nueva vida en el mundo, y se convierten en imagen de la Trinidad”.

3º) Respeto, caridad y justicia para los que sufren disforia de género

El obispo Burbidge continúa afirmando que uno de los legados del pecado original es la falta de armonía entre el cuerpo y alma. "Esta falta, sin embargo, no niega la profundidad del cuerpo y alma de la persona. La restauración de esa armonía originaria realiza su cumplimiento en la resurrección del cuerpo en el último día", explica.

Dos amigos hablando.

Burbidge también destaca el ejemplo que debemos dar los cristianos en el buen trato hacia quienes sufren disforia.

Refiriéndose a la disforia de género, destaca que "la experiencia de este conflicto interior no es pecaminosa en sí misma, sino que debe entenderse como un desorden que refleja la falta de armonía más amplia, causada por el pecado original". Por ello, "todo individuo con esa condición debe ser tratado con respeto, justicia y caridad". 

4º) Escuchar a la ciencia: ni hormonas ni cirugías cambian de verdad el sexo

"Sabemos por la biología que el sexo de una persona está determinado genéticamente desde el momento de la concepción, y está presente en cada célula del cuerpo". Por lo tanto, "la llamada transición podría cambiar la apariencia de una persona y sus rasgos, pero de hecho no cambia la verdad de la identidad de la persona como hombre o mujer: ninguna hormona o cirugía puede convertir a una mujer en un hombre, o a un hombre en una mujer". 

5º) Buscar el bien de quien padece disforia desde la verdad y caridad

"Un discípulo de Cristo desea amar a todas las personas y buscar activamente su bien. Sin embargo, existe un gran peligro de una caridad desviada y una falsa compasión. Los cristianos deben hablar y actuar siempre tanto con caridad como con la verdad. Afirmar a alguien en una identidad en desacuerdo con su sexo biológico o afirmar la transición deseada por una persona es engañar a esa persona", declara el obispo.

"En ninguna circunstancia podemos confirmar erróneamente a una persona". Esta confirmación es para el obispo "particularmente peligrosa en el caso de los niños: engaña gravemente y confunde al niño acerca de quién es él o ella".

Igual de críticas son las "intervenciones médicas o quirúrgicas que afirman el género",  que implican graves mutilaciones del cuerpo humano y son moralmente inaceptables.

6º) Cuidado con el lenguaje: no decir cosas contrarias a la verdad

El obispo Burbidge advirtió también de que "aquellos que declaran una identidad transgénero y buscan una transición, a menudo adoptan nuevos nombres y pronombres que reflejan su identidad deseada. Tal uso puede parecer inofensivo", pero en realidad "presenta una profunda crisis: nunca podemos decir algo contrario a lo que sabemos que es verdadero. Usar nombres y pronombres que contradicen la identidad dada por Dios a la persona es hablar falsamente".

"En ningún caso se debe obligar a nadie a utilizar un lenguaje contrario a la verdad". Y en caso de obligación, "los fieles deben evitar el uso de términos que afirmen el género o que transmitan la aprobación o refuercen el rechazo de la persona a la verdad".

7º) Sacerdotes: "Escuchad y comprender sus vivencias"

Para Burbidge, uno de los mayores desafíos de la ideología transgénero es que "el rechazo de las verdades fundamentales sobre nuestra humanidad perjudica el modelo que Dios utiliza para revelarse a nosotros y manifestar su plan salvífico".

Por ello, destaca que para hacer frente a esta concepción es fundamental para el clero, catequistas y maestros comprender que "la Iglesia enseña que una persona es creada hombre o mujer, no que las personas que experimentan disforia o confusión de género son malas".  Dirigiéndose a ellos, les recomienda que "al hablar con quienes experimentan disforia de género, es fundamental escuchar y comprender sus vivencias. Necesitan saber que son amados y valorados".

8º) Padres, "vigilad": internet, redes sociales, televisión... y también la escuela

Dirigiéndose a los padres, se refirió a ellos como "los primeros y mejores maestros: los hijos creerán, rezarán y amarán según lo que ven, oyen y experimentan en su hogar". Por ello, "además de su buen ejemplo", Burbidge destaca que "criar a los hijos también requiere vigilancia contra ideas peligrosas. Esto significa el seguimiento cercano de lo que reciben a través de internet y redes sociales", así como "la programación infantil" o "el sistema de educación".

Niña viendo una tablet.

Uno de los peligros sobre los que alerta el obispo Burbidge es la gran influencia que estas corrientes tienen sobre los menores en redes sociales e internet.

A los padres que ya se les presenta el caso de uno de sus hijos con disforia, les anima a "encontrar la fuerza y sabiduría a través de la gracia de los sacramentos de la Comunión y Confesión".

Burbidge dijo que "deben esforzarse por encontrar las verdaderas razones del dolor y la infelicidad de sus hijos, buscar médicos fiables  y reunirse con otros padres que han pasado pruebas similares",  pero "en ninguna circunstancia buscar terapias de afirmación de género". "Confiando en Dios, los padres deben estar seguros y confiados de que la máxima felicidad en un niño radica en aceptar el cuerpo como un regalo de Dios y descubrir su identidad como hijo de Dios".

9º) A los que sufren disforia: "La Iglesia está aquí para acompañarte"

"Cada uno de nosotros tiene una lucha que es única", expresa el obispo,  "pero ninguno de nosotros debería sentirse solo". Dirigiéndose "a los que luchan", advirtió de que "aunque puedas tener dificultades con tu cuerpo o tu imagen, Dios te ama en la totalidad de tu cuerpo".

Por ello, aconseja "estar atentos" a las "soluciones simplistas" entre las que destaca "el cambio de nombre, pronombres o incluso la apariencia de tu cuerpo. Hay muchos que han recorrido ese camino antes que tú para lamentarlo. El camino difícil -pero más prometedor- hacia la alegría y la paz es tomar conciencia de la bondad de tu cuerpo y de tu identidad".

"La Iglesia está aquí para asistirte y acompañarte, para que conozcas la belleza del cuerpo y alma que Dios te ha dado, y llegar a disfrutar de la gloriosa libertad de los hijos de Dios".

Puede consultar aquí la catequesis completa en español.

J. M. Carrera / ReL


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