Entradas populares

Mostrando entradas con la etiqueta Leyenda negra contra la Iglesia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Leyenda negra contra la Iglesia. Mostrar todas las entradas

viernes, 22 de mayo de 2026

Así movilizó Pío XII a su sobrino y un obispo pronazi para llegar a Himmler y salvar a 11.000 judíos

Las intervenciones del Papa Eugenio Pacelli fueron numerosas y diversas para evitar las matanzas.

Pío XII, un Papa cuya labor en la Segunda Guerra Mundial fue reconocida a su finalización y fue enturbiada años después sin fundamentos reales.

Pío XII, un Papa cuya labor en la Segunda Guerra Mundial fue reconocida a su finalización y fue enturbiada años después sin fundamentos reales.


    El 16 de octubre de 1943 había en Roma 12.428 judíos, según un reciente estudio de Dominiek Oversteyner. A las 14.00 horas de esa fecha en la Secretaría de Estado vaticana se supo que 1.007 de ellos habían sido deportados por tren con destino al campo de concentración de Auschwitz.

    Inmediatamente Pío XII cursó una protesta formal ante el embajador alemán ante el Vaticano, pero sabía que esa protesta sería inútil, como lo fueron las gestiones que hizo para detener ese convoy.

    Un complejo y salvador alambique

    Así que puso en marcha una iniciativa paralela para salvar la vida a los 11.421 judíos restantes, para los que había también orden de arresto. Fue un complejo alambique que involucró a cinco personas y que ha sido dado a conocer a la agencia Zenit por la organización Pave the Way, fundada por el judío norteamericano Gary Krupp precisamente para estudiar a fondo la documentación de ese periodo, y que en los últimos daños está ofreciendo frutos espectaculares.

    Los documentos dados a conocer ahora los encontró el historiador Michael Hesemann en la iglesia de Santa María del Alma, el templo madre de los católicos alemanes en la Ciudad Eterna.

    Según descubrió este experto, Pío XII (Eugenio Pacelli) envío a su sobrino, el príncipe Carlo Pacelli, a que se entrevistase con el obispo austriaco Alois Hudal, cabeza de Santa María del Alma, que tenía buenas relaciones con los nazis porque compartía algunos de sus puntos de vista. Sabía el Papa que una gestión directa de este prelado podía ser más efectiva que su propia intervención ante el embajador alemán.

    Hasta llegar a Himmler

    Así que Carlo Pacelli le transmitió a Hudal, en nombre del Papa, la orden de escribir una carta al general Reiner Stahel para que interrumpiese las deportaciones.

    La carta encontrada por Hesemann dice textualmente: "Una alta fuente vaticana acaba de informarme de que esta mañana ha comenzado el arresto de judíos de nacionalidad italiana. En interés del diálogo pacífico entre el Vaticano y la autoridad militar alemana, le ruego urgentemente que detenga estas detenciones en Roma y su área metropolitana. Lo exigen la reputación de Alemania ante países extranjeros, y también el peligro de que el Papa proteste abiertamente contra ello".

    Es muy importante esta última frase, porque da cuenta de la razón del silencio de Pío XII, que tantas veces se le ha reprochado, y que a la luz de esta misiva era parte del precio por salvar vidas humanas concretas.

    Esta carta de monseñor Hudal fue llevada en mano al general Stahel por el sacerdote alemán Pancratius Pfeiffer, superior de la congregación de los salvatorianos, íntimo colaborador del Papa y que conocía personalmente al militar alemán.

    A la mañana siguiente, Stahel llamó por teléfono para informar de lo siguiente: "Trasladé este asunto inmediatamente a la Gestapo local y a Himmler personalmente, y Himmler ordenó que, dado el estatus especial de Roma, se interrumpiesen en el acto las detenciones".

    Que esto sucedió así, recoge Zenit, se sabe por el testimonio del general Dietrich Beelitz, oficial de enlace entre el general Albert Kesselring, al mando de las tropas alemanas en Italia, y el cuartel general de Hitler. El general Beelitz fue testigo presencial de la conversación entre Stahel y Himmler, y testificó ante el padre Peter Gumpel (instructor de la causa de beatificación de Pío XII) que Stahel se dirigió al jefe de la Gestapo en un tono militar imperioso, hasta obtener de Himmler esa garantía.

    Más descubrimientos llamativos

    La amistad de Stahel con los militares alemanes logró aún más cosas, como que 550 colegios e instituciones religiosas quedasen exentas de las inspecciones nazis, lo que sirvió para que fuesen utilizadas como refugio para cientos de judíos perseguidos. Algo que anotar en el haber de este prelado, a quien se acusó después de la guerra de facilitar la huida de nazis implicados en crímenes.

    Hesemann ha encontrado también un documento de alcance. Se trata de la orden original de las SS para proceder al arresto de ocho mil judíos en Roma para ser trasladados no a Auschwitz, sino al campo de Mauthausen, y no para su asesinato, sino como rehenes.

    Asistentes a los actos en la Plaza de San Pedro por el alma de Pío XII.

    Asistentes a los actos en la Plaza de San Pedro por el alma de Pío XII.Robert Lebeck (1929-2014)

    Este hecho, sugiere Hesemann, puede explicar la moderación pública de algunas manifestaciones de la Iglesia, en previsión de tener que negociar luego su liberación. Pero los datos sobre las gestiones encaminadas a salvar la vida de miles de personas con nombre y apellidos son cada vez más incontestables, y explican la multitud de muestras de agradecimiento de organizaciones judías, y de judíos a título personal, a Pío XII al finalizar la guerra, y que continuaron hasta su muerte en 1958.

    Sólo años después comenzó la campaña contra su memoria, que no ha aportado un solo documento significativo. El poco aprecio por la verdad de muchos historiadores que acusan al Papa Pacelli queda de manifiesto en que, según explica Gary Krupp a Zenit, ni siquiera se han molestado en consultar ninguno de los documentos descubiertos y hechos públicos por Pave the Way.

    C.L., ReL

    Vea también   Martín Borman msc: era hijo de la mano derecha de Hitler...




    lunes, 24 de marzo de 2025

    Cifras y datos para anular la leyenda negra de la Inquisición: la verdad, una realidad muy distinta

     

    Fotograma de la serie Isabel, de Televisión Española, donde aparece Torquemada torturando a un acusado.

    Fotograma de la serie Isabel, de Televisión Española, donde aparece Torquemada torturando a un acusado.


      La leyenda negra que pesa contra la Iglesia Católica que también persigue a España tienen en gran medida como nexo de unión el mito de la Inquisición española, una supuesta  máquina de matar y torturar a decenas de miles, e incluso según algunos historiadores, a cientos de miles de personas durante los siglos en los que estuvo activa.

      Algunos historiadores y escritores del siglo XX y XXI siguen alimentando estas historias nacidas en el siglo XVI en países en ese momento en guerra con España. Así, Edmon Paris habla de 10.000 ejecutados y 125.000 muertos por tortura o inanición en las cárceles de la inquisición.

      Simon Whitechapel habla de más de 100.000 ejecutados, y otros hablan de cifras que van desde los 31.000 hasta los 300.000 muertos. Pero no sólo los historiadores han propagado esta visión sangrienta de los tribunales eclesiásticos españoles sino que novelistas, pintores y hasta guionistas de cine han ayudado a que en la conciencia popular se identifique Inquisición con muerte y tortura.

      Sin embargo, Rodney Stark, reputado doctor en Sociología y gran experto en Historia, desmonta toda esta leyenda negra contra la Iglesia. Y no lo hace por una cuestión personal puesto que no es ni católico. Se basa en su búsqueda de la verdad y la exactitud de los datos.

      Stark ha escrito cuarenta obras y obtuvo el doctorado por la Universidad de Berkeley (California), en la que trabajó como investigador en el Survey Research Center y en el Center for the Study of Law and Society. Más tarde fue profesor de Sociología y Religión Comparada en la Universidad de Washington. Luego trabajó en la Baylor University. Stark ha sido presidente de la Society for the Scientific Study of Religion y de la Association for the Sociology of Religion, y ha recibido numerosos premios nacionales e internacionales por su eminente trabajo. Educado como luterano, se ha identificado como agnóstico hasta definirse como "cristiano independiente" no mucho tiempo antes de fallecer en 2022.

      En su libro Falso Testimonio. Denuncia de siglos de historia anticatólica (Sal Terrae), Stark desmonta las leyendas que durante siglos han lanzado contra la Iglesia Católica, y uno de los capítulos lo dedica precisamente a la Inquisición.

      La verdadera realidad de la Inquisición

      “El informe estándar sobre la Inquisición española es en buena medida una sarta de mentiras, inventadas y difundidas por propagandistas ingleses y holandeses en el siglo XVI, coincidiendo con las guerras que estas dos naciones sostuvieron con España, y repetidas desde entonces por historiadores maliciosos o mal informados interesados en confirmar una imagen de España como nación de fanáticos intolerantes”, afirma.

      Stark se basa en los estudios realizados por diferentes historiadores que analizaron todos los archivos de las Inquisiciones de Aragón y Castilla: 44.674 casos entre los años 1540 y 1700.

      Así, por ejemplo, en la ciudad de Toledo, entre 1575 y 1610 se produjeron tan sólo doce autos de fe, en los que se presentaron 386 acusados. Y rara vez un auto de fe terminaba con la entrega del reo a las autoridades civiles para su ejecución. Hubo de media en esta importante ciudad un procedimiento de este tipo cada tres años en ese periodo, lejos de las leyendas que hablaban de ejecuciones constantes en todo el territorio.

      ¿Cuántos muertos hubo en realidad? Según este experto los primeros 50 años de la Inquisición, que no entraban en el estudio citado anteriormente, pudieron ser los más sangrientos con una cifra de ejecutados que podría llegar a 1.500, es decir, 30 al año. Pero sobre este periodo, Stark asegura que faltan datos.

      De lo que hay mucha más información es del periodo que va de 1540 a 1700. En ese tiempo de los 44.674 acusados fueron ejecutados 826 personas, un 1,8% del total, es decir, poco más de 5 ejecuciones por año. Si se sumaran también las de los primeros cincuenta años, entre 1480 y el 1700 se habrían llevado a cabo una media de 10 ejecuciones anuales.

      La tortura, la imagen característica de la Inquisición

      Pero la leyenda negra no se quedó en la abultada cifra de muertos sino que la tortura es el gran signo que representa a la Inquisición española. Aquí también Rodney Stark enmienda la plana a estos historiadores y señala que “todos los tribunales de Europa utilizaron la tortura, pero la Inquisición lo hizo en una medida mucho menor que otros tribunales. En primer lugar, porque la legislación eclesiástica limitaba la tortura a una sesión que no durase más de quince minutos, y no podía ponerse en peligro ni la vida del reo, ni siquiera alguno de sus miembros. ¡Tampoco podía derramarse sangre”. Esto no quita que aún con estas limitaciones se pudiera hacer daño a los acusados, pero eran los propios inquisidores los que dudaban de la eficacia de la tortura.

      Thomas Madden, director del Centro de Estudios Medievales y Renacentistas en la Universidad de Saint Louis, ha calculado que los inquisidores españoles recurrieron a la tortura en aproximadamente el 2 por ciento de todos los casos que pasaron por su tribunales.

      Es más, muchos estudiosos coinciden en que las cárceles de la Inquisición fueron con mucho las más confortables y humanas de Europa. Madden afirma, según recoge Stark, que en la documentación aparecen casos curiosos de “criminales que en España decidían blasfemar a propósito para que los trasladasen a cárceles de la Inquisición”.

      La quema de brujas

      Stark también analiza otro punto que ha dado mucho juego al cine y la literatura: la quema de brujas. En su opinión, “entre las estadísticas históricas tal vez ningunas hayan sido tan ofensivamente infladas como las que se refieren al número de personas ejecutadas como brujas entre aproximadamente los años 1450 y 1700”.

      Aunque se reconoce que los protestantes quemaron a numerosas mujeres acusadas de bruja, son muchos los historiadores que han colocado a la Inquisición nuevamente como líder en este campo. Pero ni las cifras de quemas de brujas son tantas en el ámbito protestante, ni la Inquisición mantuvo un liderazgo en estos casos.

      El historiador William Monter, experto en esta materia, afirmó que en el periodo en el que la caza de brujas alcanzó su cota más alta en la mayor parte de Europa (1540-1640), la Inquisición de Aragón sólo ejecutó a doce personas por superstición y brujería.

      Por su parte, otro historiador como era Henry C. Lea, abiertamente anticatólico, reconoció que la caza de brujas “se había llevado a cabo de forma comparativamente inocua” en España, y que esto “se había debido a la sabiduría y firmeza de la Inquisición”.

      La quema de libros es otra de las acusaciones recurrentes contra la Inquisición. Es cierto que se quemaron algunos libros. Afirma Stark que muchos de éstos “contenían herejías teológicas –por ejemplo doctrinas luteranas-, pero entre los libros quemados hubo muy pocos –o tal vez ninguno- de carácter científico. Los españoles nunca incluyeron las obras de Galileo en su lista de libros prohibidos”.

      Lo que llama la atención a este historiador es que la mayoría de los libros que fueron quemados “eran considerados pornográficos. Por lo visto, aunque los primeros libros impresos fueron Biblias y libros de oración, los impresores no tardaron en descubrir la existencia de un activo –aunque clandestino- mercado de literatura obscena”.

      Javier Lozano / ReL

      Vea también     Inquisición: Y dale con el viejo mito



























      viernes, 29 de septiembre de 2023

      La doctrina de la Iglesia y la mujer


      Fra Angelico, 'La Resurrección de Jesús y las mujeres en la tumba'. Fueron ellas
       las primeras testigos de la Resurrección, una preeminencia que ya anunciaba 
      el papel que la mujer iba a adquirir en el cristianismo.

      “La dignidad de la mujer y su vocación, objeto constante de la reflexión 
      humana y cristiana, ha asumido en estos últimos años una importancia
      muy particular” (carta apostólica de 
      San Juan Pablo II Mulieris dignitatem, 1).

      “‘Creó pues Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó,
       macho y hembra los creó (Gén 1, 27)’. Este conciso fragmento contiene
       las verdades antropológicas fundamentales: el ser humano es el 
      ápice de
       todo lo creado en el mundo visible
      , y el género humano, que tiene su
      origen en la llamada a la existencia del hombre y de la mujer, corona todo
       la obra de la creación; ambos son seres humanos en el mismo grado, tanto
       el hombre como la mujer; 
      ambos fueron creados a imagen de Dios”
      (
      Mulieris dignitatem, 6).

      “Es algo universalmente admitido -incluso por parte de quienes se ponen en
      actitud crítica ante el mensaje cristiano- que 
      Cristo fue ante sus
      contemporáneos el promotor de la verdadera dignidad de la mujer y de la
      vocación correspondiente a esta dignidad” (
      Mulieris dignitatem, 12).

      Pero los textos fundamentales del Nuevo Testamento son Gál 3, 28:
      “Ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; 
      ni hombre ni mujer; ya
      que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”; junto con la afirmación de
      1 Pe 3, 7: “
      Coherederas que son también de la gracia de la vida”.

      A lo largo de los siglos hay una cantidad inmensa de textos doctrinales
      y legislativos defendiendo la
       dignidad y vocación de la mujer. En la 
      Iglesia primitiva
       las mujeres gozaban de un estatus más elevado del
      que disponían en el 
      mundo grecorromano en general, lo que contribuyó
       a que fueran las 
      grandes promotoras del cristianismo.

      Ya el Decreto de Graciano (año 1140) consideró requisito indispensable la
      capacidad de elegir libremente la propia pareja, y esta exigencia gozó en
      adelante del favor de la legislación eclesiástica, hecho tanto más
      notable cuantoque 
      ni el derecho romano ni el germánico 
      consideraban esencial el 
      libre consentimiento para la
      constitución del matrimonio
      , siendo por tanto
      el cristianismo, y muy especialmente el 
      catolicismo, el promotor
      de los primeros derechos fundamentales de la mujer.

      Desde Graciano, Papas y concilios han insistido en la absoluta necesidad
      de su consentimiento para el matrimonio y en su libertad para abrazar estado.
       En tiempos más recientes nos dice la 
      Pacem in Terris de San Juan XXIII:
      “Los seres humanos tienen el derecho a la libertad en la elección del propio
      estado y, por consiguiente, a crear una familia con paridad de derechos y de
      deberes entre el hombre y la mujer, o también a seguir la vocación al sacerdocio
      o a la vida religiosa” (15); “En la mujer se hace cada vez más clara y operante
       la conciencia de su propia dignidad. Sabe ella que no puede consentir en ser
      considerada y tratada como un instrumento; exige ser considerada como persona,
       en paridad de derechos y obligaciones con el hombre, tanto en el ámbito de
      la vida doméstica como en el de la vida pública” (41).

      En el Concilio, la Lumen Gentium y la Gaudium et Spes recogen en diversos
      lugares la 
      dignidad igual de los seres humanos y las aspiraciones y
      derechos fundamentales de la mujer, rechazando expresamente toda
      forma dediscriminación que se base en el sexo (ver 
      Lumen Gentium 32
      Gaudium et Spes 9, 29, 52 y 60), así como, ya en tiempos de Juan Pablo II,
       el 
      Código de Derecho Canónico (canon 208) y el Catecismo de
      la Iglesia Católica
       (2335).

      San Juan Pablo II insiste en la igualdad y en la complementariedad:
      “La igual dignidad de todos los miembros de la Iglesia es obra del Espíritu,
      está fundada en el Bautismo y la Confirmación y corroborada por la
      Eucaristía. Sin embargo también es obra del Espíritu la variedad de formas”
       (exhortación 
      Vita consacrata, 31). “Femineidad y masculinidad son entre
       sí 
      complementarias, no sólo desde el punto de vista físico y psíquico, sino
       
      ontológico. Sólo gracias a la dualidad de lo 'masculino' y de lo 'femenino',
      lo 'humano' se realiza plenamente” (
      Mulieris dignitatem, 7). El hombre y
      la mujer “son a la vez iguales en cuanto personas y 
      complementarios en
       cuanto masculino y femenino” (
      Catecismo de la Iglesia Católica, 372).

      Consecuencia de esta complementariedad debe ser la colaboración activa
      entre el hombre y la mujer y el que la realización personal no se consigue
      buscando la propia autonomía e independencia, sino en los matrimonios
      en la 
      entrega mutua, en el avanzar juntos y en todo caso en la apertura,
      generosidad y 
      donación hacia los demás. Para Benedicto XVI, en su
      discurso inaugural de Aparecidam “el cristianismo reconoce y proclama
      la 
      igual dignidad y responsabilidad de la mujer respecto al hombre”.

      En el campo moral, no es admisible que la moralidad femenina tenga
       que ser 
      más estricta que la masculina. La igualdad de deberes y derechos
      de ambos sexos es indiscutible: lo que está bien para uno, también lo está
      para el otro, y viceversa.

      En la vida apostólica de la Iglesia, las mujeres son auténticas protagonistas.
      Como me decía un misionero: “Si conviertes a un varón, conviertes a uno,
      si conviertes a una mujer, conviertes a una familia”. Incluso desde el punto
      de vista numérico, las religiosas consagradas son
       tres veces
      más numerosas que los hombres
      . La identidad de la Iglesia se caracteriza
       también por su dimensión femenina: la Iglesia es la 
      esposa de Cristo.

       En la actualidad, la Iglesia está cada vez más comprometida en la defensa
      de los derechos humanos y de la justicia social, y, por tanto, en la defensa de
      los derechos de la mujer, por lo que creo podemos honradamente decir que
      en lo verdaderamente esencial, la mujer ha encontrado en la Iglesia una defensora
      de su dignidad fundamental, 
      especialmente en los países de misión.

       

       Pedro Trevijano, ReL

       "nuevo feminismo"