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jueves, 13 de junio de 2024

Las poderosas palabras que usaron los santos antes de morir

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Todos los cristianos estamos llamados a vivir de forma que declaremos que Dios es suficiente y que es el objetivo hacia el que tiende nuestra vida, porque al reconocerlo de esta forma, la vida se convierte en una preparación para la muerte; y ésta, se convierte en una realidad que no está solamente integrada y aceptada en la vida propia, sino que se abraza.

La hermana Teresa Noble relató un momento para ejemplificar esta idea: hace tiempo una enfermera de hospicio visitó a una hermana moribunda en su convento. Tras sentarse junto a la hermana, se percató de la paz que reinaba en la habitación. Ella dijo: “He visto muchas muertes, pero cuando vengo aquí, la muerte es diferente”.

Paz en la vida y en la muerte

Podemos inspirarnos de los testimonios de los santos, en especial, en aquellos últimos momentos de esos hombres y mujeres que vivieron completamente para Dios. Algunos lo padecieron bajo las circunstancias dolorosas y horribles, pero sus últimas palabras revelan una paz que solamente puede venir de saber que pronto verán al Único por el que han vivido y a Quien tanto han amado.

Conozcamos estos últimos momentos de seis santos:

Santa Isabel de la Trinidad

Saint Elizabeth of the Trinity

En sus últimos instantes, ni siquiera intentó esconder su felicidad al médico. Él estaba tan impresionado. Ella intentó explicarle cómo somos todos hijos de Dios. Cuando terminó de hablar, las lágrimas brotaban entre muchos de los que la escuchaban. Agotada por su esfuerzo, murmuró casi como en un canto:

¡Voy a la luz, al amor, a la vida!"

San Ignacio de Loyola

Ignacio llamó al padre Polanco para que le diera aviso al Papa de que le diera la bendición papal por su enfermedad. El padre con sorpresa le preguntó al santo si realmente era de gravedad, por que había médicos que podían dar otra opinión.

Aunque, Ignacio insistió, el padre se rehusaba porque con optimismo confiaba en que al día siguiente el médico hablaría de su mejoría. Y aunque el santo se negó, se abandonó en esa decisión. En la noche, Ignacio hizo la rutina de siempre. Al pasar la medianoche, guardo silencio, pero lo rompía cada cierto tiempo al sucumbir al llanto y exclamar:

¡Ay Dios!”

San Francisco de Asís

Cuando Francisco sabía que ya iba a partir llamó a sus hermanos, les dijo con una ternura palabras de consuelo ante el dolor que pudieran sentir al momento de su muerte pero siempre con la esperanza de un amor divino. Les habló sobre la importancia de la paciencia, pobreza y fidelidad a la Iglesia. Sentados entorno a él, Francisco extendió las manos, creando una cruz con sus brazos, los bendijo y pronunció este salmo:

A voz en grito clamo al Señor, a voz en grito suplico al Señor”, y lo recitó hasta el fin, diciendo: “Los justos me están aguardando hasta que me des la recompensa” (Sal 141).

Santa Juana de Arco

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Juana era una mujer muy devota, cuando hablaba, recitaba palabras con un gran fervor que sacaba la admiración de la multitud. En sus últimos instantes, ante la hoguera, la santa suplicó que le trajeran una cruz de una Iglesia para poder verla mientras fallecía, pues con gran amor quería dedicar su última mirada a Cristo.

Fray Isambart de Pierre, testigo de ese momento, describió que "estando ya envuelta en la llama, nunca cesó hasta el fin de confesar en alta voz el santo nombre de Jesús, implorando e invocando sin cesar la ayuda de los santos y las santas del Paraíso, y lo que aún es más, al rendir su espíritu inclinando la cabeza, profirió el nombre de Jesús en señal de que ella era ferviente en la fe de Dios."

Santo Tomás Moro

Al amanecer, sir Thomas Pope, su singular amigo, vino a traerle un mensaje del rey, según el cual al día siguiente sería decapitado. (…) Tomás respondió:

“Señor Pope, por sus buenas noticias le doy gracias de todo corazón. Siempre he tenido una muy estrecha obligación con su Alteza el Rey por lo beneficios y honores que ha acumulado sobre mí de manera generosísima. Y sin embargo más obligado estoy yo con su Alteza por ponerme en este lugar, en donde he tenido tanto tiempo y espacio para conmemorar mi final, con la ayuda de Dios. Y sobre todo, señor Pope, estoy obligado a su Alteza porque ha sido su placer liberarme con tanta prontitud de las miserias de este mundo desastroso. Y por eso, no dejaré de rezar sinceramente por su Alteza, tanto aquí como también en el otro mundo (…)”

En esa conversación pidió que rezarán por él y dieran testimonio porque padecería la muerte por la Iglesia católica. Se arrodilló, se dirigió con el verdugo con gesto alegre y le dijo:

Arme de valor su espíritu hombre, y no tema hacer su oficio, mi cuello es muy corto. Ándese con tiento y no dé de lado (…)”.

Santa Bernadette Soubirous

Un martes de Pascua Bernadette estaba muy enferma, por lo que el capellán le comentó que se preparara para hacer este sacrificio. Ella le respondió: "No es ningún sacrificio abandonar esta pobre vida en la que hay tantas dificultades para pertenecer a Dios".

El día siguiente, le ataron el crucifijo en sus manos, en caso de que se le cayera por la debilidad. Miro la estatua de la Virgen y dijo: "La he visto. Qué bella es y qué prisa tengo por ir a verla". Bernadette le pidió a la hermana Natalie Portat que le ayudará a dar gracias. Tomó el crucifijo y rezó: “Dios mío, te amo con todo mi corazón, con todo mi alma, con toda mi fuerza”. Bernadette respondía al Ave María: “Santa María, Madre de Dios, ruega por mí, pobre pecadora, pobre pecadora”. En el momento de su muerte, imitando a Jesús, pronunció:

Tengo sed”.

Bernadette hizo la señal de la cruz antes de tomarle al agua que trajeron las hermanas. Tomó un sorbo e inclinó la cabeza. Ahí dejó la vida en este mundo.

Información obtenida de: Alabanza de Gloria: Recuerdos de Sor Isabel de la Santísima Trinidad; Saint Ignatius of Loyola, de Francis Thompson; Leyenda Mayor de San Francisco, por san Buenaventura; Testimonio de fray Isambart de la Pierre, testigo ocular de su juicio; La vida de Tomás Moro, por su yerno William Roper; My Name Is Bernadette

Teresa Noble, Aleteia

Vea también   El Cristiano ante la Muerte: Catequesis para jóvenes






sábado, 2 de septiembre de 2023

Septiembre: 30 excelentes oportunidades para leer la Biblia

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Es posible que no sepamos muy bien cómo se maneja la Biblia, por eso Aleteia te presenta un buen método para facilitarte esta agradable tarea

Septiembre es el mes de la Biblia porque el día 30 de ese mes se celebra la fiesta de san Jerónimo, el gran traductor de la Biblia al latín, el texto conocido como la Vulgata.

Algunos católicos aprovechan estos días para leer más la Biblia -de manera personal o en comunidad- o para participar en talleres bíblicos, e incluso hacer un retiro de estudio de la Sagrada Escritura.

La Biblia es un conjunto de libros escritos por diferentes personas en diferentes épocas. En él encontramos las verdades de la fe y es en sus páginas que sobre el amor de Dios y cómo practicar estas enseñanzas en nuestras vidas.

Un método muy conocido y que puede dar mucho fruto se encuentra en el libro de Monseñor Jonas Abib, La Biblia en mi día a día.

Leer y conocer la Palabra de Dios

La obra es como un mapa que nos guía en la lectura y conocimiento de la Palabra de Dios. En resumen, el autor nos orienta de la siguiente manera:

  • Lee la Biblia todos los días – y eso significa que para aprender las cosas de Dios no hay fin de semana ni feriado. La Biblia debe ser leída diariamente.
  • Ten un horario fijo – sabemos que a veces nuestra rutina cambia, pero en general, trata de mantener un tiempo fijo para esta lectura.
  • Marca el tiempo – determina la duración de tu estudio y cumple tu propósito. Sé realista y serio sobre el compromiso. Si eliges 10 minutos, apégate a ellos.
  • Elige un lugar – da preferencia a un lugar tranquilo, donde puedas concentrarte y dedicarte al estudio de la Palabra de Dios.
  • Usa lápiz, bolígrafo, resaltador – marca los pasajes que más te llamen la atención.
  • Crea un ambiente de oración – es un tiempo de escucha de lo que Dios nos tiene que decir, es un verdadero encuentro con el autor de la vida.

Diario espiritual

Y para una mejor comprensión, Jonas Abib nos enseña a llevar un diario espiritual. Si es posible, utiliza un cuaderno (una hoja para cada día) y anota lo siguiente:

  • 1.- Las promesas de Dios – esto es lo que Dios cumplirá para aquellos que son fieles a Su Palabra (ej: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” – Mt 18, 20).
  • 2.- Mandatos de Dios – son los mensajes que nos indican por dónde debemos ir (ej: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura” – Mt 16, 15).
  • 3.- Principio Eterno – son los principios que muestran cómo funciona el Reino de Dios (ej: “El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido” – Lc 18, 14).
  • 4.- Mensaje de Dios para mí hoy – después de leer, escribe lo que Dios quiere decirte con ese pasaje.
  • 5.- ¿Cómo puedo aplicar esto en mi vida? Después de meditar en el texto, es hora de comprender cómo puedes practicar la Palabra de Dios, cómo te inspirará a actuar a diario.

Una guía para leer la Biblia

Y para hacer la lectura, comenzando por el Nuevo Testamento, monseñor Jonas Abib indica el siguiente guión:

1 – Primera Carta de San Juan (dos veces)

2 – Evangelio de San Juan

3 – Evangelio de San Marcos

4 – Cartas Menores de San Pablo: Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, Primera y Segunda Tesalonicenses, Primera y Segunda Timoteo, Tito y Filemón

5 – Evangelio de San Lucas

6 – Hechos de los Apóstoles

7 – Carta a los Romanos

8 – Evangelio de San Mateo

9 – Primera y Segunda Carta a los Corintios

10 – Carta a los Hebreos

11 – Carta de Santiago

12 – Primera y Segunda Carta de San Pedro

13 – Segunda y Tercera Carta de San Juan

14 – Carta de San Judas

15 – Apocalipsis

16 – Primera Carta de San Juan (3ª vez)

17 – Evangelio de San Juan (2ª vez)

Estudiar la Sagrada Escritura es escuchar lo que Dios tiene que decirnos. Es la Palabra Viva la que nos enseña y nos muestra la salvación.

Entonces, con fe y esperanza, comienza a leer y persevera. Estoy seguro de que encontrarás un verdadero tesoro que transformará tu vida.

Mário Scandiuzzi, Aleteia 


14 consejos útiles para aprender a leer la Biblia

BIBLE
No busques en ella un libro devocional o un manual de normas morales. Es algo mucho más grande

Las estadísticas dicen que a pesar de que la mayoría de los católicos posee una Biblia, ni siquiera el 5 % la lee. Son las reflexiones de un sacerdote italiano, Federico Tartaglia. La mayor parte la encuentra aburrida, o tenía una idea equivocada de lo que iba a encontrar.

Y sin embargo, la Biblia es un libro apasionante: 73 libros escritos en un arco de dos mil años, en el que se narra la aventura más apasionante de la humanidad: la búsqueda de Dios por parte del hombre, y cómo Él se le revela progresivamente.

Por eso, leer la Biblia no es leer una historia cualquiera, ni un libro de recetas morales. Es mucho más: es la historia de la búsqueda de cada uno de nosotros. Pero, ¿cómo leerla?

Ruta para navegantes

1.La Biblia no hay que leerla, sino escucharla. Es necesario lo primero fiarse del texto, de quienes lo escribieron y del Espíritu que les rodea. No se trata de un libro antiguo, sino de un texto vivo que habla.

2. No hay que leerla para buscar un mensaje moral. No se trata de un libro que quiere ofrecernos reglas morales, para esto bastan los Diez mandamientos. En el centro de este libro está el hombre en busca de Dios y éste que sale a su encuentro. Cada página intenta entender y desvelar el misterio del hombre en relación con el misterio de Dios. Y sus consecuencias.

3. Hay que leerla para comprender si de verdad Jesús es el Señor. Para nosotros los cristianos esta es la perspectiva principal que nos empuja a buscar cómo todas las palabras de este texto tienen su cumplimiento y su significado en la persona de Jesús.

4. Hay que comprenderla como un libro humano. Es un libro escrito por hombres, que habla de hombres y de sus circunstancias, buscando entender a la humanidad a la luz de la fe en Dios. Y es una humanidad sorprendente, la de Jesús, su momento culminante.

5.Hay que justificarla en sus límites. No es un libro perfecto. En ella se encuentran no sólo pecados e injusticias, sino también errores, incongruencias y sobre todo visiones limitadas del hombre y de Dios. Es un libro en constante evolución, que revela progresivamente el rostro de Dios, con grandes saltos hacia adelante y algunos pasos atrás.

6. Hay que leerla a diario. Es necesario entrar en un régimen de escucha cotidiana, en el que la constancia ceda el paso a la curiosidad y a la pasión.

7. Hay que leerla en porciones pequeñas, para facilitar la asimilación de lo leído. Y no es necesario comprender cada palabra del texto, sino de captar ese aspecto que más atrae nuestra atención y que puede ser útil a nuestro itinerario.

8. Hay que leerla sin miedo. No hay razones para temer equivocarse en la interpretación, simplemente hay que tener una escucha atenta y sincera. El Espíritu está en el texto, pero también en nuestro corazón.

9.Hay que leerla con ayuda. Es importante tener una buena edición de la Biblia que nos acompañe en la lectura con sus comentarios y notas al texto. Aparte, ya en la web y en las librerías es posible encontrar una gran cantidad de comentarios bíblicos.

10.Hay que leerla en compañía. La lectura personal es tan importante como la lectura comunitaria. Confrontarse y compartir con quienes leen asiduamente la Biblia nos ayuda y sostiene en el viaje, y la sabiduría de quienes van por delante no debe desanimarnos, sino solo inspirarnos.

11. Hay que leerla y también escribirla. El uso de un cuaderno en el que apuntar las frases que nos impactan y las reflexiones que surgen de la lectura es muy útil, sobre todo al principio.

12Hay que rezarla. Antes, durante y después de la lectura, la oración es el signo y el instrumento de quien quiere escuchar a Dios. Empezar a usar la oración de los Salmos, al principio si quieres sólo los que más te gustan, es muy importante.

13. Hay que acudir a ella en silencio. Cuando la mente hace silencio, sucede que la frase que nos gustó vuelve a asomarse una y otra vez durante nuestra jornada, provocando consuelo y sorpresa.

14.Hay que disfrutar los descubrimientos. Cuando empecemos a descubrir cosas sorprendentes y significados que nos maravillen, estaremos dispuestos a comprender que las semillas que Dios fue sembrando en el otoño de una lectura fatigosa, empiezan a traer los frutos de una primavera florida.

Tomado del libro de Federico Tartaglia,  “E’ ora di leggere la Bibbia” (Ancora editrice).

                                      Vea también    10 Razones para leer la Biblia