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domingo, 30 de enero de 2022

10 breves sugerencias para preparar mejor el corazón y recibir a Cristo en la Santa Comunión


 

Encontrarse con Jesucristo es con mucho la acción más importante en la vida de un cristiano. El católico tiene además la gracia de ya en esta vida poder estar con él y recibirlo. Se puede hacer a través de la Sagrada Comunión en la misa, donde está presente el cuerpo y la sangre de Cristo.

En el Padre Nuestro se reza: “El pan nuestro de cada día dánoslo hoy”. Dando una interpretación sacramental a esta frase de esta oración, también significa tener cada día la Sagrada Comunión en el contexto de la Santa Misa.

“Hablando sin exagerar, toda la eternidad no sería suficiente para prepararse lo suficiente para recibir incluso una Santa Comunión. Además, toda la eternidad no sería suficiente para rendir una acción de gracias digna por una Santa Comunión. La razón de esta poderosa afirmación es el simple hecho de que la Sagrada Comunión es realmente Dios; ¡es Jesús, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad en Su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad!”, explica el padre Ed Broom, sacerdote oblato y gran divulgador de cuestiones de espiritualidad católica.

Por eso, en un interesante artículo en Catholic Exchange ofrece diez breves sugerencias con el propósito de ayudar a todos a actualizar, mejorar y perfeccionar la disposición del corazón al recibir al Señor en la comunión:

1. Oración ferviente y humilde: “¡Señor, fortalece mi fe!”

La fe se puede comparar con una semilla; debe ser regada y cultivada. También se puede comparar con el desarrollo de los músculos en el levantamiento de pesas. Si no se hace con frecuencia y metódicamente, el músculo puede degenerar fácilmente en tejido flácido. Por último, se puede comparar con las artes y habilidades del lenguaje. Al descuidar la práctica de un nuevo idioma, el idioma hablado se vuelve fragmentado e incompleto.

Joven arrodillado en misa

"¡Pedid y se os dará!", dijo Jesús. La misa es un momento perfecto para ofrecer al Señor las cargas pesadas y darle gracias por tanto amor / Foto: Exe Lobaiza (Cathopic)

“Así es con nuestra fe, si no la practicamos y ejercitamos, entonces gradualmente se pierde. Dicho esto, debemos recordarnos constantemente que la Eucaristía, ‘la Presencia Real’, es verdadera y sustancialmente Jesús, el Hijo de Dios. Una oración corta pero ferviente que se dice con frecuencia y que puede lograr este objetivo es: ‘Señor, fortalece mi fe’”.

2. Purifica el cristal de la ventana interior de tu alma

San Ignacio de Loyola, así como otros santos, establecen la conexión íntima y estrecha entre estos dos Sacramentos: la Confesión y la Sagrada Eucaristía. El Sacramento de la Confesión o Reconciliación limpia y purifica el cristal interior de la ventana del alma de la suciedad del pecado. Luego, tras recibir la absolución en la que el alma se limpia y se vuelve transparente por la gracia, la recepción de la Sagrada Comunión tendrá una influencia e impacto mucho más poderosa en el alma.

En un alma limpia la luz de Cristo puede brillar con gracias omnipotentes en el alma. Jesús lo expresó claramente: “Bienaventurados los limpios de corazón; porque ellos verán a Dios”.

El sacerdote oblato recuerda: “por supuesto, si uno está en estado de pecado mortal, debe hacer una Confesión sacramental antes de recibir la Sagrada Comunión”.

3. ¡Nunca des por sentado este regalo!

Una tentación muy generalizada para aquellos que tienen fácil acceso a la Misa diaria y la Sagrada Comunión es simplemente dar por sentado al Señor. Como está publicado en la placa en muchas sacristías como un recordatorio para los sacerdotes: “Celebren esta Misa como si fuera la primera, la última y la única”.  Broom asegura este es también un “buen consejo también para los laicos: ¡recibid cada Comunión como si fuera la primera, la última y la única!”.

4. No llegues tarde

¿Llegarías tarde a una cita sumamente importante, con el Papa, el presidente o el jefe en tu nuevo trabajo? ¡Por supuesto que no!”, exclama el padre Ed Broom.

Por esto mismo –agrega- “no debemos llegar tarde a la Casa de Dios para el evento más grande del planeta tierra: la celebración del Santo Sacrificio de la Misa. Si siempre llegas tarde, entonces al menos esfuérzate por llegar temprano a la Santa Misa. Como nos recuerda San Ignacio: ‘trata de ordenar el desorden en tu vida’”.

5. Ofrece tus propias intenciones

Normalmente el sacerdote mencionará la intención de la misa al comienzo, a menudo para una persona fallecida, un aniversario o las intenciones de una persona que aún vive. Sin embargo, esto no excluye que cualquiera pueda ofrecer sus propias intenciones privadas. “

Puedes llenar el altar con tantas intenciones como quieras. Dios no tiene límites y ama las almas generosas que le piden mucho. Muchas veces recibimos poco del Señor porque pedimos poco”, recuerda el sacerdote oblato.

6. Intenciones sugeridas

Como se ha dicho en el punto anterior las intenciones son ilimitadas. Se puede pedir o rogar al Señor por cualquier intención. Aún así, se recomiendan encarecidamente tres:

1) rezar por las almas del Purgatorio;

2) rezar por la conversión de los pecadores;

3) ¡rezar por la propia conversión del corazón de uno mismo!

Consagración en misa

La Eucaristía, donde Cristo se parte y se da por la humanidad, es el mayor regalo para el cristiano / Foto: Cristián Gutiérrez (Cathopic)

7. Participa plenamente

La Constitución Dogmática sobre la Liturgia de los documentos del Concilio Vaticano II,  Sacrosanctum  Concilium (1963) exhorta a los fieles en el contexto de la Misa a  participar plena, activa y conscientemente. En la Misa no se debe ser participantes pasivos, como si se estuviera en una sala de cine, sino como miembros activos del Cuerpo Místico de Cristo.

Ed Broom aclara este punto: “en otras palabras, debemos dar respuestas claras y entusiastas, escuchar atentamente la Palabra de Dios y asimilar la doctrina transmitida a través de la predicación de la Palabra de Dios. No estamos llamados a ser ‘calientabancos’ espirituales, sino a participar activamente en la Misa”.

8. Recibir la Comunión con reverencia

El momento más importante de la misa es la recepción de la Sagrada Comunión. El religioso recomienda “acercarse con humildad, reverencia, confianza y suplicando al Inmaculado Corazón de María la gracia de recibir a Jesús con gran amor, confianza y hambre de santidad”.

9. Acción de Gracias

“Si no tiene obligaciones pendientes, quédate después de la Misa para agradecer al Señor por venir a visitar a este pobre pecador. Toda la eternidad no sería suficiente para preparar nuestra alma para recibir al Señor de Señores y al Rey de Reyes. Además, toda la eternidad no sería suficiente para dar al Señor Jesús una acción de gracias adecuada. San Pablo VI sugiere el Rosario después de la Misa como una excelente manera de agradecer a Jesús en la Sagrada Comunión, a través del Corazón de María”, afirma Ed Broom.

10. Conviértete en un misionero eucarístico como María

Después de haber recibido a Jesús en la Sagrada Comunión y de haber hecho la acción de gracias recomienda imitar a María que, después de recibir a Jesús en su Corazón en la Anunciación, se apresuró a llevar a Jesús a su prima Isabel en su necesidad. “¡Por lo tanto, lleva la presencia de Jesús a los demás! También esfuérzate por traer de vuelta al redil a las muchas ovejas perdidas y descarriadas, de regreso al Buen Pastor, de regreso a la Iglesia Católica y sus Sacramentos”, concluye.

ReL

Vea también         Sermón sobre la Santa Comunión  -  Santo Cura de Ars
























miércoles, 22 de mayo de 2019

Para los que NO han ido a Misa el Domingo: Vea lo que ha perdido...

También a los que vamos a Misa los Domingos estas publicaciones nos pueden ayudar a celebrar más profunda y gozosamente...


La Eucaristía es el culmen de toda la vida cristiana.
La Eucaristía es el culmen de toda la vida cristiana, porque los fieles llevan a ella todas sus oraciones y obras buenas, sus gozos y sufrimientos, y estas modestas ofrendas se unen a la oblación perfecta de Cristo, quedan plenamente santificadas y se elevan hasta Dios en un culto perfectamente agradable, que introduce a los fieles en la intimidad divina Jn 6, 56-57. Por ello, como escribe santo Tomás de Aquino, la Eucaristía es "el coronamiento de la vida espiritual y el fin de todos los sacramentos".
San Juan Pablo II
Audiencia General, 8 de abril de 1992

Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo.
Una vez terminadas las grandes y admirables preces, el pan se hace Cuerpo y el cáliz Sangre de Nuestro Señor Jesucristo.
San Atanasio
Doctor de la Iglesia

El pan, antes de la consagración, es un pan ordinario; pero cuando se le consagra, se convierte y se llama Cuerpo de Cristo.
San Gregorio de Nisa

La Iglesia y la Eucaristía.
Guiada por el Espíritu Santo, la Iglesia desde el principio se manifestó y se confirmó a sí misma a través de la Eucaristía.
San Juan Pablo II
Encíclica Dominum et Vivificantem


Nombres que se le dan al Sacramento de la Eucaristía. 1
De ordinario, al sacramento de la Eucaristía se le dan siete nombres. La palabra eucaristía significa gracia o acción de gracias. A este sacramento se lo llama gracia, porque contiene al autor de la gracia y porque comunica la gracia en abundancia. Se lo llama acción de gracias, porque fue instituido y se ofrece como sacrificio, para dar gracias a Dios por medio de Jesucristo, por todos los bienes, tanto corporales como espirituales, que hemos recibido de Él.
San Juan Bautista de la Salle




Nombres que se le dan al Sacramento de la Eucaristía. 2
Se lo llama Santísimo Sacramento porque contiene a Jesucristo, que es la santidad misma, y porque comunica elevada santidad a quienes lo reciben dignamente.
Se lo llama Sacramento del Altar, porque el altar es el lugar donde es consagrado y donde se lo conserva.
Se lo llama Comunión porque une estrechamente a Jesucristo a aquellos que lo reciben, y porque quienes comulgan se unen entre sí por caridad sincera y visible.
San Juan Bautista de la Salle



Nombres que se le dan al Sacramento de la Eucaristía. 3
Se lo llama Santa Hostia, porque contiene a Jesucristo, que se ofreció en sacrificio muriendo en la cruz, y se ofrece aún cada día en este sacramento, cuando se consagra.
Se lo llama Pan de los hijos, porque es el alimento del alma y el pan de los hijos de Dios.
Se lo llama Santa Mesa, porque es un banquete en el que los fieles son alimentados con el cuerpo y con la sangre de Jesucristo.
San Juan Bautista de la Salle




Nombres que se le dan al Sacramento de la Eucaristía. 4
Se lo llama Viático, porque es sólo para los hombres que son viajeros sobre la tierra; pero se lo llama así, de modo muy particular, con relación a los enfermos, que al recibir este sacramento en el lecho de muerte son fortificados espiritualmente para terminar su viaje, y para pasar con mayor seguridad y facilidad de la tierra al Cielo. En la Iglesia primitiva también se llamaba viático porque los primeros cristianos tenían la costumbre de no emprender ningún viaje sin llevar con ellos el sacramento de la Eucaristía. Los santos Padres le han dado todavía varios otros nombres, pero esos son los principales y los que están más en uso en la Iglesia.
San Juan Bautista de la Salle




Apostolado de la Santa Misa Diaria











sábado, 9 de marzo de 2019

El católico participa con fervor cada domingo en la celebración de la Eucaristía


Es la Voz de tu Conciencia de Católico. 
¡Préstale Atención!
Te hablará a lo más tardar mañana en la mañana



Llamado de la Conciencia para participar en la Misa Dominical


Los padres de familia tienen una responsabilidad multiplicadora. Cuando se ponen las pilas, todos los miembros de la familia se acercan a Dios. Cuando flojean, a lo mejor todos les siguen el ejemplo. ¿Por qué no van a Misa 15 minutos antes. En muchas parroquias hay confesiones antes de la Misa. Algunas la ofrecen durante la Misa. Cuando no  hay nada ¿porqué no se lo piden al sacerdote de la parroquia?

domingo, 10 de abril de 2016

¿Se puede comulgar si has cometido pecados veniales?

Personas comulgando


Julio de la Vega-Hazas, Aleteia
San Pablo expresó con contundencia que no todos están en condiciones de  recibir la Comunión: Examínese, por tanto, cada uno a sí mismo, y entonces coma del pan y beba del cáliz, porque el que come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación (I Cor 11, 28-29). Estas palabras ponen de relieve la gravedad del asunto, pero no proporcionan un criterio claro de cuándo uno es digno y cuándo no. Por eso, como tantas otras, esta cuestión también fue sometida a debate.

Da la impresión, sin embargo, que los destinatarios de la carta –los corintios- ya tenían alguna idea al respecto. Es pues importante ver las fuentes conocidas de la vida de la Iglesia primitiva. A finales del siglo I o principios del II se escribió la llamada Didache (o “Doctrina de los Doce Apóstoles”), en la que se habla bastante de la Eucaristía. Tras señalar que el sacramento es solo para los bautizados, añade la siguiente frase: Quien sea santo, acceda; quien lo sea menos, haga penitencia. Aunque necesite una ulterior precisión, sigue siendo un criterio válido, a la luz del cual se entiende lo que está establecido.

Se podría objetar, y con razón, ¿pero quién puede decir que es santo?

Libre de todo pecado, nadie. Por eso el acercamiento a la Comunión debe ser penitencial, para purificarnos cuanto podamos. Lo propio es recibir la comunión cuando ya hay una comunión del alma con el Señor. 

(Nota adicional: Por eso, al comienzo de la Santa Misa el sacerdote invita a pedir perdón: "Antes de celebrar los sagrados misterios pidamos perdón por nuestros pecados"  - los que suelen llegar tarde ¡nunca piden perdón! -  y antes de la Comunión decimos: "Señor, no soy digno...").

Ahora bien, hay diversas situaciones, como también hay distintos tipos de pecados. El pecado mortal rompe del todo esa comunión, y en este caso la penitencia requerida pasa por la recepción del sacramento de la Penitencia como condición previa.

Por eso establece el Código de Derecho Canónico que quien tenga conciencia de hallarse en pecado grave, no celebre la Misa ni comulgue el Cuerpo del Señor sin acudir antes a la confesión sacramental (c. 916) (las excepciones se refieren a necesidades sin posibilidad de recibirlo, en cuyo caso debe haber un acto de contrición perfecta y el propósito de confesarse cuanto antes: o sea, en todo caso se recibe en gracia de Dios, aunque no haya más remedio que posponer la confesión).

Una aclaración al respecto puede ser pertinente: no hay penitencia verdadera ni confesión válida sin propósito de enmienda; es lógico, en caso contrario sería una pantomima. Esto sirve para entender por qué no pueden acceder a la Comunión personas que están y quieren seguir estando en una situación habitual de pecado.

Queda el pecado venial. Nadie escapa de cometer alguno, y pretender estar libre de todo pecado venial resulta presuntuoso. En la historia de la Iglesia existió un puritanismo católico, llamado jansenismo (lo creó un tal Cornelius Jansen), que en este sentido restringía mucho la comunión. Fue rechazado por la Iglesia, pero dejó sentir su influencia, hasta que el Papa San Pío X borró sus vestigios hace un siglo. Con razón: no va por ahí la penitencia requerida.

En estos casos –cuando se está en gracia- la penitencia es la interior, la cual se incluye en la liturgia. El pecado venial no impide la Comunión –al contrario, es alimento interior que da fuerzas para combatirlo-, pero, a la vez, para participar dignamente en los sagrados misterios… comencemos por reconocer nuestros pecados. Palabras familiares para quien asiste a Misa, que van seguidas por un acto de contrición de lo más completo. Luego, la preparación inmediata nos recuerda que vamos a comulgar como invitados y que no somos dignos de recibirle; en cierto modo, también son palabras de contrición. Es interesante comprobar que, en la celebración de la Comunión fuera de la Santa Misa, la liturgia es mucho más breve, pero incluye estas dos partes penitenciales, las mismas.

En resumen. Para comulgar, hay que estar en gracia de Dios. Aún estándolo, nunca somos dignos del todo de recibir al Señor. Eso no es obstáculo para comulgar, pero la dignidad del sacramento postula que procuremos hacernos lo más dignos posible.