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martes, 4 de octubre de 2022

Cinco claves para llegar a Dios a través del «ocio»: «Cuando sales de la rutina es más fácil verlo»


 

La sociedad de hoy lleva un ritmo tan frenético que, a veces, se antoja necesario detenerse un rato para reformular ciertos conceptos. Uno de ellos es el de "ocio", justo lo contrario que el neg-ocio, el "Dios" de este tiempo. El divulgador Steve Smith ha ofrecido en la web Catholic Stand una serie de claves para comprender cristianamente la importancia de disfrutar de Dios y de su creación, "sin tener que estar produciendo constantemente". 

El hemisferio norte va diciendo adiós al verano y "toca volver al trabajo". Algo que, reconoce Smith, no es malo en sí mismo, ya que "todo trabajo es un testimonio de la dignidad del hombre". Sin embargo, el trabajo no es el fin de todo, "el trabajo es 'para el hombre' y no el hombre 'para el trabajo'". El trabajo siempre debe apuntar a algo más grande. San Josemaría Escrivá afirma que "el trabajo nunca puede ser considerado lo principal de la vida".

Dos partes inseparables

Entonces, "¿qué es lo 'fundamental' en la vida?", se pregunta Smith. Para los budistas, puede ser escapar del sufrimiento. Para los cristianos, en cambio, lo "fundamental" es la unión con Dios. Y, el trabajo, como el ocio, son dos partes inseparables de ello. De hecho, según el profesor Josef Pieper: "El ocio está en un orden superior al mundo del trabajo". Pieper es una de las principales voces contemporáneas que habla del valor espiritual del ocio.

RezandoPara Smith, lo fundamental de la vida es la unión con Dios, que puede darse a través del ocio.

En este sentido, Smith señala que la naturaleza caída del hombre juega un papel muy importante a la hora de intentar mantenerse siempre alejados de Dios. La naturaleza caída provoca no comprender bien la función del trabajo, aunque se tengan sanas intenciones. "El querer salir adelante económicamente impulsa a muchas personas a dedicar cada vez más tiempo al trabajo", comenta.

La auténtica pregunta

El divulgador afirma que muchas veces se descuida la auténtica pregunta: ¿Por qué trabajo? Y, se suele contestar, que para "salir adelante". Smith señala que, para mucha gente, incluso, las vacaciones, se convierten en un "hacer algo", experimentar algo o cumplir deseos de una lista interminable.

"Si el ocio no es placentero, el hombre lo acabará eliminando", comenta Smith. Y, apunta, que hasta 2020, la mayoría de los indicadores mostraba que las personas cogían cada vez menos vacaciones

En este punto, Smith vuelve a mencionar la obra del profesor Pieper: "El ocio es esencialmente una 'no actividad'; es una forma de silencio. El ocio puede ser un requisito previo para escuchar".  Para Pieper, además, "el ocio implica una actitud de receptividad e inmersión en la realidad; una apertura del alma, a través de la cual surgen esas grandes y benditas intuiciones, que el 'trabajo mental' nunca podrá lograr".

La realidad tal y como es

La obra de Pieper, señala Smith, valora, también, el ocio como la actitud de no desear cambiar las cosas imperiosamente. "A menudo, juzgamos el valor de nuestro tiempo por la productividad. En el ocio, en cambio, nos permitimos aceptar la realidad tal y como es", afirma.

JóvenesEl ocio permite al cristiano un momento para aceptar la realidad tal y como es (Foto:Pixibay).

En este sentido, Smith se pregunta: "¿Cuándo fue la última vez que fuiste tú mismo?". Y, contesta que "ser uno mismo es estar alerta a los acontecimientos que nos rodean y, al mismo tiempo, sintonizados con los impulsos del Espíritu". Para el divulgador, "ser tú mismo es no preocuparte inútilmente por el futuro ni arrepentirte sin remedio del pasado".

Por esto mismo, el divulgador señala que Dios está diciendo algo fundamental sobre el ocio, cuando afirma: 'Estad quietos y sabed que yo soy Dios'." Es un mandato afirmativo, no negativo. "Dios no nos dice: 'Dejad de trabajar y sabed que yo soy Dios'", relata. La directriz de Dios no se encamina a lo que no deberíamos estar haciendo, sino a lo que deberíamos llegar a ser.

Para Smith, "aquietarse" es "el verdadero arte del ocio, simplemente estar presente, ser completamente tú mismo, estar completamente con Dios, sin necesidad de hacer, lograr o cambiar nada".

Una puerta de entrada

"Las olas del océano son relajantes y fascinantes. A menudo, pueden ser una puerta de entrada a la contemplación. Sin darnos cuenta, nuestras mentes son llevadas a cuestiones más profundas de la vida, como puede ser llegar a Dios", explica Smith.

El divulgador señala que, una vez que acaban las vacaciones de verano, se pueden tener unas 'mini vacaciones' cada día con Jesús. "No podemos ir a la playa todos los fines de semana, pero durante nuestro tiempo de meditación, podemos volver a 'saborear' eso mismo nuevamente. Nuestra oración diaria debe ser un tiempo de 'ocio', tanto o más que con nuestra familia de vacaciones", comenta.

La celebración, como parte del ocio, es también un aspecto muy importante de la vida. Porque, la verdadera celebración, se centra en el momento presente. "La cultura solo florece sobre el suelo del ocio, siempre que entendamos por 'cultura' lo que va más allá de las meras necesidades vitales... Si el ocio no tiene significado en sí mismo, entonces es claramente imposible de lograr", señala Pieper.

FiestaLa verdadera celebración se centra en el momento presente de la vida (Foto: Pixibay).

El escritor pone su mirada en la fiesta auténtica. "La fiesta combina los tres elementos que constituyen el ocio: la inactividad o el reposo, la ausencia de esfuerzo y  salir de lo cotidiano. Todo el mundo sabe lo difícil que es para los modernos alcanzar todo esto", apunta. 

El mayor "ocio" de todos 

Si se vincula "ocio" con celebración, la celebración por excelencia es la Eucaristía. "Celebrar es proclamar que el mundo está bien hecho. Aquellos que no creen que esto sea así, no son capaces de lograr el 'ocio.' Este depende de si concebimos o no al mundo como algo agradable. La forma más alta de aprobación del mundo se encuentra en el culto a Dios, en la alabanza del Creador, en la liturgia", apunta Pieper.

Para terminar, el escritor asegura que "no podemos alcanzar el 'ocio', si depende de nuestra propia naturaleza. El ocio solo se puede lograr, en la medida en que poseemos la chispa divina en nosotros. Nuestro Dios continuará llamándonos siempre en el ocio de nuestra meditación, en las celebraciones, en nuestro descanso diario y en la Eucaristía", asegura.

J.C., ReL

Vea  también     Meditación, abrirse a Dios
en silencio y recogimiento

























domingo, 16 de febrero de 2020

6 tips te ayudaran a combatir las distracciones en misa




Misa
Wikipedia
Las distracciones en misa son una cosa común. ¿Te ha pasado que estás en plena ceremonia, y por más que intentas concentrarte en la homilía o a las Sagradas Escrituras, tu mente está en otra parte? El Padre Paul-Michael Piega, de la diócesis de Austin, Estados Unidos, tiene unos tips que podrían ayudarte:

1. Trata de llegar un poquito más temprano a Misa:

Esto ayuda a tener un momento de oración para dejar el mundo y sus responsabilidades afuera, y tomes consciencia de que estas por entrar a una hora santa, al sacrificio de Cristo.

2. Llega con una intención específica:

Así habrá un sentido quizás más motivacional para participar de la Misa. Recordar constantemente tu intención en la Misa hará que prestes atención y busques vivir el sacramento seriamente.

3. Participa en la Misa:

Así sea leyendo las lecturas, o cantando en el coro, busca siempre estar atento a cada parte de la Misa para poder responder según lo pida el sacramento. En el momento de arrodillarse, en el momento de ponerse de pie o sentarse.

4. Lee las lecturas con anticipación las lecturas del día:

Si lees el Evangelio antes de la Misa podrás saber de qué trata y podrás tener más atención al respecto. Mucho mejor si lees la opinión de algún Papa o Santo sobre esa lectura.

5. Si te sientes cansado o con sueño:

No tengas miedo de ponerte de pie e irte a la parte de atrás de la iglesia. Camina un poco hasta que se pase el sueño. Pero siempre atento a la Misa.

6. Si tienes imágenes sagradas o estatuas de santos en tu santuario o iglesia:

Mira estas imágenes y pide su intercesión para que puedan ayudarte a tener más atención a la Misa. Y recuerda el por qué ellos se convirtieron en santos: Cristo. Y Él se encuentra al frente tuyo.
Esto podría ayudarte en las misas si te es muy difícil prestar atención. Acuérdate que lo importante es conocer a Cristo mediante la homilía y las Lecturas.

Tu vida espiritual está en juego. ¡Ánimo!  ¡La misa es importante!

ChurchPOP

Nota adicional: Revisar cómo es tu oración durante la semana. ¿De verdad rezas concentrándote y rechazando las distracciones? Mejora tu oración durante la semana y mejorarás tu participación durante la Misa Dominical


domingo, 2 de febrero de 2020

Oración para pedir silencio y escuchar a Dios

“Me tienta creer que te escucho, cuando escucho mi voz.
 ¡Enséñame a discernir! Dame luz para distinguir tu rostro…”
WOMAN

Ayúdame a hacer silencio, Señor,
quiero escuchar tu voz.
Toma mi mano, guíame al desierto,
que nos encontremos a solas, Tú y yo.
Necesito contemplar tu rostro,
me hace falta la calidez de tu voz,
caminar juntos…
callar para que hables Tú.
Me pongo en tus manos,
quiero revisar mi vida,
descubrir en qué tengo que cambiar,
afianzar lo que anda bien,
sorprenderme con lo nuevo que me pides.
Me tienta creer que te escucho,
cuando escucho mi voz.
¡Enséñame a discernir!
Dame luz para distinguir tu rostro.
Llévame al desierto Señor,
despójame de lo que me ata,
sacude mis certezas y pon a prueba
mi amor para empezar de nuevo,
con humildad, sencillez, fuerza
y Espíritu para vivir fiel a Ti.

Por el P. Javier Leoz, Aleteia
Oración publicada por Oleada Joven



miércoles, 5 de octubre de 2016

12 ruidos que impiden escuchar a Dios

Hacer silencio exterior es más fácil que encontrar el silencio interior...

12 ruidos que impiden escuchar a Dios

Para hacer una oración provechosa hay que favorecer el silencio. Es una condición indispensable para escuchar y encontrarnos con Dios.

Y más que propiciar un silencio exterior hay que propiciar el interior; hay que ELIMINAR TODOS LOS RUIDOS que intervienen negativamente en la oración, ruidos que distraen o, incluso, impiden realizar la oración.

El silencio exterior 
Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de CERRAR LA PUERTA, ora a tu Padre que está allí, en lo secreto…” (Mt 6, 6).

Muy difícilmente escucharemos a Dios si estamos sumergidos en un contexto caótico lleno agitación, de palabrería y de dispersión. Es importante el silencio de la lengua, de los medios de comunicación, de cosas y de personas.

Este silencio es el más fácil, basta con internarse en un bosque, estar en la cima de una montaña, entrar en una capilla solitaria, etc.

12 ruidos que impiden escuchar a Dios

El silencio interior 
El encuentro con Dios se da en el silencio del alma. Es importante conocer los ruidos que también podríamos llamar “interiores” para superarlos en la serenidad.

Estos son ruidos tremendos que no nos permiten el encuentro con Dios en la oración, ya sea esta comunitaria (verbal, litúrgica) cuando se reza, como –y con mayor razón- en la personal (oración mental: contemplación, meditación) cuando se ora.

Son ruidos silenciosos que, aunque no salgan a flote, anidan en la profundidad de la persona. Son ruidos que, incluso, a la larga nos van enfermando. Recordemos algunos:

12 ruidos que impiden escuchar a Dios

1. El ruido del odio: Este sentimiento hace inviable la oración, pues la persona no tiene vida espiritual o vida de Dios pues prescinde del otro. Bien lo dice san Juan: “Todo el que aborrece a su hermano es un asesino” (1 Jn 3, 15).

2. El ruido de la crítica a Dios: Cuando le reprochamos a Dios lo malo que nos pasa o vemos. Este ruido silencioso nos hace callar al ser una actitud de reproche, crea distancias y elimina deseos de diálogo con Dios. Con un sentimiento de disgusto contra Dios se impide entablar un diálogo sereno.

3. El ruido del rencor: El enfado por algo o contra alguien, si no se elimina a tiempo, se puede convertir en rencor. Este ruido es negativo hasta para la salud física y psicológica. Aquí conviene recordar que una condición previa para la oración es tener un corazón reconciliado (Mt 5, 24).

4. El ruido del orgullo: Este ruido silencioso es exceso de amor propio, un amor hacia los propios méritos por lo que la persona se cree superior a las demás o no necesitada de Dios.

5. El ruido de la envidia: Este ruido silencioso hace que no se alabe a nadie ni se hable bien de alguien. Es un ruido que desconoce los propios talentos negando la acción de Dios en la propia vida, esto crea tensión contra Él.

6. El ruido del miedo: Impide confiar en Dios y en su providencia. Incluso se cree que a Dios no le importamos.

7. El ruido de las preocupaciones: Estas circunstancias absorben la atención. No hay la debida cercanía con Dios, hay incomunicación pues las preocupaciones generan inquietud.

8. El ruido de la debilidad: Es prácticamente el silencio de la impotencia. Se cree que la oración no es posible, o que sea ineficaz. No se sabe qué hacer o decir en la oración y se decide no hacerla.

9. El ruido de la acomodación en el pecado: El recuerdo del propio pecado y/o la complacencia o la instalación en el mismo es un ancla que nos impide elevarnos a Dios, o sintonizarnos con Él.

10.- El ruido de la vanidad: La inclinación a amoldarnos a la mentalidad del mundo y a sus frivolidades acaparan la atención y hacen que la oración sea inviable al no considerarla algo prioritario en la vida.

11.- El ruido del propio pasado personal: Un pasado en el que no se ha tenido experiencia ni de Dios ni de oración. Además el recuerdo de los errores del pasado crea un desasosiego e inquietud interior.

12. El ruido de las fantasías: Una imaginación desbordada que no se controla genera fantasías de todo tipo que impiden escuchar la voz de Dios.

Conviene recordar estos ruidos y detectar otros tantos para luego reconocerlos como un problema, porque sólo de esta manera podemos hacer algo para superarlos y favorecer la oración.

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Henry Vargas Holguín, aleteia