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domingo, 30 de julio de 2017

El ateo y el oso


el oso y el ateo


Un ateo se paseaba porel bosque admirando lo que ese "accidente de evolución" había creado.
"¡Qué hermosos animales!" se dijo a sí mismo.

Caminando a lo largo del río escuchó un ruido 
detrás suyo. Volteó para mirar. 
Vio a un oso enorme corriendo hacia él.

Corría lo más rápidamente que pudo.  
Miró por encima de su hombre y vio 
que el oso estaba más cerca que antes. 
Corrió más rápidamente; estaba tan asustado 
que lágrimas saltaban de sus ojos.

Mirando nuevamente, el oso estaba más cerca. 
Su corazón estaba pulsando frenéticamente 
y trató de correr más rápidamente aún. 
Resbaló y cayó al suelo. 

Se volteó en el suelo y vio al oso encima de él 
extendiendo la pata izquierda para  agarrarlo 
y la derecho para golpearlo. 

En ese momento el ateo gritó 
sin pensarlo realmente:
"¡Oh Dios mío!..."

El oso quedó inmóvil
El bosque se había vuelto silencioso.
Y hasta el río dejó de fluir. 

Una luz brillante iluminó al hombre y
 una voz vino del cielo:"
"Has negado mi existencia, 
durante todos estos años,
has enseñado a otros que no existo 
y hasta has defendido
que la creación no es nada más 
que un accidente cósmico.
¿Realmente esperas que te saque de este apuro?
¿Puedo considerarte desde ahora como creyente?

El ateo miraba directamente hacia la luz y respondió:
"Sería hipocresía para mí eso de ser un cristiano 
después de estos años; 
pero, quizás, ¿podrías hacer que el oso sea cristiano?

"Muy bien," dijo la voz.

La luz se apagó.
El río fluía nuevamente.
Sonaban nuevamente los ruidos del bosque.

Y entonces el oso bajó su pata derecha...
junto las dos patas...
se santiguó, 
inclinó su cabeza y dijo:
"Bendice este alimento que voy a recibir".

lunes, 5 de diciembre de 2016

Los 4 objetivos de la misa

Compréndelos para vivir aún más profundamente la maravilla de la misa

Los 4 objetivos de la misa

Adoración
Es el fin latréutico de la misa. Deriva del término griego “latría”, que quiere decir precisamente adoración, alabanza a Dios en señal de reconocimiento de su divinidad; alabanza a Dios porque es Dios, pero no sólo de manera “genérica”, por lo que se puede alabar a Dios en cualquier lugar y momento, sino con la conciencia que en la misa Dios está presente de manera real y física en la Eucaristía, es decir, su Cuerpo y su Sangre donados por nosotros por amor para salvarnos del pecado y de la muerte.

Acción de gracias
Es el significado mismo de la palabra “Eucaristía”, que deriva del griego y significa precisamente “agradecimiento”. Este es el objetivo eucarístico de la misa: agradecer, dar gracias. La misa es la Eucaristía, es agradecimiento, es acción de gracias a Dios por todo lo que recibimos de él – precisamente por el hecho de recibirlo a Él mismo. Dios nos ha dado el don de agradecerle dignamente haciendo que en la misa ofrezcamos nada menos que al mismo Jesucristo en un acción de gracias.

Reparación
Llamada también propiciación o expiación, es el fin propiciatorio de la misa: se trata de reparar el sufrimiento que le provocamos a Dios cuando con nuestros pecados nos alejamos voluntariamente de su amor. Sólo Jesucristo puede expiar dignamente, a través de su sacrificio, las ofensas hechas a Dios. La misa es el sacrificio expiatorio porque vuelve presente, en la Eucaristía, al mismo Cristo en estado de víctima, con su Cuerpo donado por nosotros y su Sangre versada para lavarnos de nuestros pecados. “Esta es mi sangre de la alianza, versada por ustedes, en remisión de los pecados” (cfr. Mt 26, 28).
Petición

Llamada también impetración, es el acto de suplicar a Dios y de presentarle nuestras oraciones. Es el fin imprecatorio de la misa. Jesucristo vive e intercede por nosotros, presentando al Padre su Pasión. Si tenemos ya la promesa de obtener todo lo que pedimos a Dios en nombre de Jesús (cfr. Jn 16, 23), mayor debe ser nuestra confianza si ofrecemos a Dios al propio Jesús que nos ama. Además de ser la oración del mismo Jesús, la misa es también la oración de la Iglesia, que une sus súplicas a las de Cristo.



lunes, 8 de diciembre de 2014

Oración del Papa Francisco a la Inmaculada


Oh María, Madre nuestra,
hoy el pueblo de Dios en fiesta te venera Inmaculada,
preservada desde siembre del contagio del pecado.
Recibe el homenaje que te ofrezco en nombre
de la Iglesia que está en Roma y en el mundo entero.
Saber que tú, que eres nuestra madre,
que eres totalmente libre del pecado nos conforta.
Saber que sobre ti el mal no tiene poder, nos llena de esperanza y de fortaleza
en la lucha cotidiana que debemos realizar
en la lucha contra las amenazas del maligno.
Pero en esta lucha no estamos solos, no somos huérfanos,
porque Jesús, antes de morir en la cruz, nos ha dado a ti como madre.
Nosotros por lo tanto, a pesar de ser pecadores, somos tus hijos, hijos de la Inmaculada,
llamados a aquella santidad que en ti resplandece por la gracia de Dios desde el inicio.
Animados por esta esperanza,
nosotros hoy invocamos tu materna protección para nosotros,
para nuestras familias, para esta ciudad, para el mundo entero.
La potencia del amor de Dios, que te ha preservada del pecado original,
por tu intercesión libere a la humanidad de todo tipo de esclavitud espiritual y material,
y haga vencer, en los corazones y en los eventos, el designio de salvación de Dios.
Haced que también en nosotros, tus hijos, la gracia prevalga sobre el orgullo
y podamos volvernos misericordiosos como es misericordioso nuestro Padre Celeste.
En este tiempo que nos conduce a la fiesta de la Navidad de Jesús,
enséñanos a ir contracorriente:
a desvestirnos, abajarnos, donarnos, escuchar, hacer silencio,
a descentrarnos de nosotros mismos, para dejar espacio a la belleza de Dios,
fuente de la verdadera alegría.
¡Oh Madre nuestra Inmaculada, reza por nosotros