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viernes, 28 de junio de 2024

Evangelio del día


 

Segundo Libro de los Reyes 25,1-12.

El noveno año del reinado de Sedecías, el día diez del décimo mes, Nabucodonosor, rey de Babilonia, llegó con todo su ejército contra Jerusalén; acampó frente a la ciudad y la cercaron con una empalizada.
La ciudad estuvo bajo el asedio hasta el año undécimo del rey Sedecías.
En el cuarto mes, el día nueve del mes, mientras apretaba el hambre en la ciudad y no había más pan para la gente del país,
se abrió una brecha en la ciudad. Entonces huyeron todos los hombres de guerra, saliendo de la ciudad durante la noche, por el camino de la Puerta entre las dos murallas, que está cerca del jardín del rey; y mientras los caldeos rodeaban la ciudad, ellos tomaron por el camino de la Arabá.
Las tropas de los caldeos persiguieron al rey, y lo alcanzaron en las estepas de Jericó, donde se desbandó todo su ejército.
Los caldeos capturaron al rey y lo hicieron subir hasta Riblá, ante el rey de Babilonia, y este dictó sentencia contra él.
Los hijos de Sedecías fueron degollados ante sus propios ojos. A Sedecías le sacó los ojos, lo ató con una doble cadena de bronce y lo llevó a Babilonia.
El día siete del quinto mes - era el decimonoveno año de Nabucodonosor, rey de Babilonia - Nebuzaradán, comandante de la guardia, que prestaba servicio ante el rey de Babilonia, entró en Jerusalén.
Incendió la Casa del Señor, la casa del rey y todas las casas de Jerusalén, y prendió fuego a todas las casa de los nobles.
Después, el ejército de los caldeos que estaba con el comandante de la guardia derribo las murallas que rodeaban a Jerusalén.
Nebuzaradán, el comandante de la guardia, deportó a toda la población que había quedado en la ciudad, a los desertores que se habían pasado al rey de Babilonia y al resto de los artesanos.
Pero dejó una parte de la gente pobre del país como viñadores y cultivadores.


Salmo 137(136),1-2.3.4-5.6.

Junto a los ríos de Babilonia,
nos sentábamos a llorar,
acordándonos de Sión.
En los sauces de las orillas

teníamos colgadas nuestras cítaras.
Allí nuestros carceleros
nos pedían cantos,
y nuestros opresores, alegría:

«¡Canten para nosotros un canto de Sión!»
¿Cómo podíamos cantar un canto del Señor
en tierra extranjera?
Si me olvidara de ti, Jerusalén,

que se paralice mi mano derecha.
Que la lengua se me pegue al paladar
si no me acordara de ti,
si no pusiera a Jerusalén

por encima de todas mis alegrías.


Evangelio según San Mateo 8,1-4.

Cuando Jesús bajó de la montaña, lo siguió una gran multitud.
Entonces un leproso fue a postrarse ante él y le dijo: "Señor, si quieres, puedes purificarme".
Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: "Lo quiero, queda purificado". Y al instante quedó purificado de su lepra.
Jesús le dijo: "No se lo digas a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que ordenó Moisés para que les sirva de testimonio".


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

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Bulle

San Juan Crisóstomo (c. 345-407)
presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia
Homilías sobre san Mateo, nº 25,1-3


«Jesús extendió la mano y lo tocó diciendo: -Quiero, queda limpio-»

Jesús no le dice sencillamente: «Quiero, queda sano». Sino que hizo más «extendió la mano y lo tocó». Esto es lo que merece atención. Si le curó por un acto de su voluntad y con una palabra, ¿por qué le tocó con la mano? Me parece que sólo por una razón: para demostrar que él no es inferior sino superior a la ley, y que, en adelante, no hay nada impuro para el que es puro... La mano de Jesús no se volvió impura al tocar al leproso; por el contrario, el cuerpo del leproso se purificó a través de la santidad de esta mano que le tocó. Porque Cristo no sólo ha venido a curar los cuerpos, sino a elevar las almas a la santidad; de esta manera nos enseña a cuidar nuestra alma, a purificarla, i despreocuparnos de las abluciones exteriores. La única lepra a la que hay que temer es la del alma, es decir, el pecado...
En cuanto a nosotros, demos continuamente gracias a Dios. Agradezcámosle no sólo los bienes que nos ha dado sino también los que concede a los demás: de esta manera podremos destruir la envidia, cultivar y aumentar nuestro amor al prójimo... (EDD)

Oración

Jesús, de rodillas ante Ti, te pido que sanes mi corazón, no puedo vivir así, esta lepra me consume. No me siento con la fuerza para cambiar, pero sé que una sola palabra tuya bastará para sanarme, pues, la persona que se aproxima a Jesús lo hace con confianza: “Si quieres, puedes limpiarme” de mis pecados y de mi debilidad.
(cf. uniagustiana)



domingo, 11 de febrero de 2024

Evangelio del día - ¿No sería muchísimo mejor escucharlo con la familia proclamado en la Santa Misa presencial?

Libro del Levítico 13,1-2.45-46.

El Señor dijo a Moisés y a Aarón:
Cuando aparezca en la piel de una persona una hinchazón, una erupción o una mancha lustrosa, que hacen previsible un caso de lepra, la persona será llevada al sacerdote Aarón o a uno de sus hijos, los sacerdotes,
La persona afectada de lepra llevará la ropa desgarrada y los cabellos sueltos; se cubrirá hasta la boca e irá gritando: "¡Impuro, impuro!"
Será impuro mientras dure su afección. Por ser impuro, vivirá apartado y su morada estará fuera del campamento.


Salmo 32(31),1-2.5.11.

¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado
y liberado de su falta!
¡Feliz el hombre a quien el Señor
no le tiene en cuenta las culpas,

y en cuyo espíritu no hay doblez!
Pero yo reconocí mi pecado,
no te escondí mi culpa,
pensando: “Confesaré mis faltas al Señor”.

¡Y tú perdonaste mi culpa y mi pecado!
¡Alégrense en el Señor, regocíjense los justos!
¡Canten jubilosos los rectos de corazón!


Carta I de San Pablo a los Corintios 10,31-33.11,1.

En resumen, sea que ustedes coman, sea que beban, o cualquier cosa que hagan, háganlo todo para la gloria de Dios.
No sean motivo de escándalo ni para los judíos ni para los paganos ni tampoco para la Iglesia de Dios.
Hagan como yo, que me esfuerzo por complacer a todos en todas las cosas, no buscando mi interés personal, sino el del mayor número, para que puedan salvarse.
Sigan mi ejemplo, así como yo sigo el ejemplo de Cristo.


Evangelio según San Marcos 1,40-45.

Se acercó a Jesús un leproso para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dijo: "Si quieres, puedes purificarme".
Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: "Lo quiero, queda purificado".
En seguida la lepra desapareció y quedó purificado.
Jesús lo despidió, advirtiéndole severamente:
"No le digas nada a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio".
Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo, divulgando lo sucedido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse afuera, en lugares desiertos. Y acudían a él de todas partes.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

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Bulle

Isaac de Stella (¿-c. 1171)
monje cisterciense
Sermon 11, 6-13 (PL 194, in “Lectures chrétiennes pour notre temps”, Abbaye d'Orval, 1972), trad. sc©evangelizo.org


Cristo con su esposa, la Iglesia, perdona los pecados

Dos cosas corresponden solo a Dios: el honor de recibir la confesión de los pecados y el otorgar su remisión. Por eso, es únicamente a Dios que hay que confesarlos.
El Todopoderoso y Altísimo, habiendo tomado una esposa débil e insignificante, de esta servidora hizo una reina. (…) Todo lo que es al Padre es al Hijo y todo lo que es al Hijo es al Padre, por su misma unidad de naturaleza. Igualmente, el Esposo ha dado todos sus bienes a la esposa y ha tomado a cargo todo lo que pertenece a la esposa, que ha unido a él y a su Padre. (…)
El Esposo, uno con el Padre y uno con la esposa, ha eliminado en ella todo lo que encontró de extraño, fijándolo a la cruz. Llevó sus pecados sobre el madero, destruyéndolos por el madero. Lo natural y propio de la esposa, él lo ha asumido y revestido. Lo que es propio y divino de él, lo ha dado. (…)
Comparte la debilidad de la esposa y su gemido, todo es común al Esposo y a la esposa: el honor de recibir la confesión de los pecados y el poder de su remisión. Es la razón de esta palabra: “Ve a presentarte al sacerdote” (Mt 8,4). (EED)

Oración

Bendito Dios, otra vez me encuentro ante Ti con el corazón lleno de arrepentimiento, listo para recibir tu bendición. Declaro que solo Tú eres el creador del universo y que en tu inmenso amor nos diste la salvación a través de Jesucristo, Tu hijo, para tener así la vida eterna.

Padre Amado, hoy acudo a Ti como parte de tu rebaño pidiendo que alejes de mí todo pensamiento impuro. Sabes Tú de la lucha constante que tienen tus hijos contra la tentación del maligno. Por eso, Padre amado, imploro para que rompas esas ataduras que el mundo me impone.

Fiel soy a tu palabra, Dios mío. Sin embargo la tentación es fuerte y mi carne sigue siendo carne y por ende débil. Y el mundo, con su maldad aún me llama. No quiero regresar a él, Padre Amado. Por eso, por el poder de tu nombre, ruego para disolver toda atadura con mi pasado carnal.

(Unidosenlaoracion)

viernes, 30 de junio de 2023

Evangelio del día


 

Libro de Génesis 17,1.4-5.9-10.15-22.

Cuando Abrám tenía noventa y nueve años, el Señor se le apareció y le dijo: "Yo soy el Dios Todopoderoso. Camina en mi presencia y sé irreprochable.
"Esta será mi alianza contigo: tú serás el padre de una multitud de naciones.
Y ya no te llamarás más Abrám: en adelante tu nombre será Abraham, para indicar que yo te he constituido padre de una multitud de naciones.
Después, Dios dijo a Abraham: "Tú, por tu parte, serás fiel a mi alianza; tú, y también tus descendientes, a lo largo de las generaciones."
Y esta es mi alianza con ustedes, a la que permanecerán fieles tú y tus descendientes; todos los varones deberán ser circuncidados.
También dijo Dios a Abraham: "A Sarai, tu esposa, no la llamarás más Sarai, sino que su nombre será Sara.
Yo la bendeciré y te daré un hijo nacido de ella, al que también bendeciré. De ella suscitaré naciones, y de ella nacerán reyes de pueblos".
Abraham cayó con el rostro en tierra, y se sonrió, pensando: "¿Se puede tener un hijo a los cien años? Y Sara, a los noventa, ¿podrá dar a luz?".
Entonces Abraham dijo a Dios: "Basta con que Ismael viva feliz bajo tu protección".
Pero Dios le respondió: "No, tu esposa Sara te dará un hijo, a quien pondrás el nombre de Isaac. Yo estableceré mi alianza con él y con su descendencia como una alianza eterna.
Sin embargo, también te escucharé en lo que respecta a Ismael: lo bendeciré, lo haré fecundo y le daré una descendencia muy numerosa; será padre de doce príncipes y haré de él una gran nación.
Pero mi alianza la estableceré con Isaac, el hijo que Sara te dará el año próximo, para esta misma época".
Y cuando terminó de hablar, Dios se alejó de Abraham.


Salmo 128(127),1-2.3.4-5.

¡Feliz el que teme al Señor
y sigue sus caminos!
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás feliz y todo te irá bien.

Tu esposa será como una vid fecunda
en el seno de tu hogar;
tus hijos, como retoños de olivo
alrededor de tu mesa.

¡Así será bendecido
el hombre que teme al Señor!
¡Que el Señor te bendiga desde Sión
todos los días de tu vida:

que contemples la paz de Jerusalén.


Evangelio según San Mateo 8,1-4.

Cuando Jesús bajó de la montaña, lo siguió una gran multitud.
Entonces un leproso fue a postrarse ante él y le dijo: "Señor, si quieres, puedes purificarme".
Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: "Lo quiero, queda purificado". Y al instante quedó purificado de su lepra.
Jesús le dijo: "No se lo digas a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que ordenó Moisés para que les sirva de testimonio".


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Bulle

Simeón el Nuevo Teólogo (c. 949-1022)
monje griego
Himno 30


«Jesús lo tocó diciendo: ¡quiero, queda limpio!»

Antes que brillara la luz divina,
no me conocía a mí mismo.
Viéndome entonces en las tinieblas y en la prisión,
encerrado en un lodazal,
cubierto de suciedad, herido, mi carne hinchada...,
caí a los pies de aquél que me había iluminado.
Y aquél que me había iluminado toca con sus manos
mis ataduras y mis heridas;
allí donde su mano toca y donde su dedo se acerca,
caen inmediatamente mis ataduras,
desaparecen las heridas, y toda suciedad.
La mancha de mi carne desaparece...
de tal manera que la vuelve semejante a su mano divina.
Extraña maravilla: mi carne, mi alma y mi cuerpo
participan de la gloria divina.
Desde que he sido purificado y liberado de mis ataduras,
me tiende una mano divina,
me saca enteramente del lodazal,
me abraza, se echa a mi cuello,
me cubre de besos (Lc 15,20).
Y a mi que estaba totalmente agotado
y que había perdido mis fuerzas
me pone sobre sus hombros (Lc 15,5),
y me lleva lejos de mi infierno...
Es la luz que me arrebata y me sostiene;
me arrastra hacia una gran luz...
Me hace contemplar por que extraño remodelaje
él mismo me ha rehecho (Gn 2,7) y me ha arrancado de la corrupción.
Me ha regalado una vida inmortal
y me ha revestido de ropa inmaterial y luminosa
y me ha dado sandalias, anillo y corona
incorruptibles y eternas (Lc 15,22). (EDD)

Oración

(Repasar lo de Simeón)
























jueves, 12 de enero de 2023

Evangelio del día

 

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Evangelio según San Marcos 1,40-45.

Se acercó a Jesús un leproso para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dijo: "Si quieres, puedes purificarme".
Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: "Lo quiero, queda purificado".
En seguida la lepra desapareció y quedó purificado.
Jesús lo despidió, advirtiéndole severamente:
"No le digas nada a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio".
Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo, divulgando lo sucedido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse afuera, en lugares desiertos. Y acudían a él de todas partes.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Bulle

Rabano Mauro (c. 784-856)
abad benedictino, obispo
Rabano Mauro (h. 784-856), abad benedictino y obispo Tres libros a Bonose, libro 3,4; PL 112,1306


Puedes purificarme

No debes carecer de confianza en Dios ni perder la esperanza de su misericordia. No quiero que dudes o que te desesperes de poder ser mejor. Pues, si el demonio consiguió precipitarte desde la altura de la virtud hasta el abismo del mal, con mayor motivo Dios podrá llamarte a elevarte hacia la cima del bien y no sólo reponerte en el estado en el que te encontrabas antes de tu caída, sino hacerte más feliz de lo que parecías antes. No te desanimes, te lo ruego, y no eludas la esperanza del bien por miedo a que sea de ti lo que les ocurre a quienes no aman a Dios; porque no es la multitud de los pecados la que lleva el alma a la desesperanza, sino el desprecio que se siente por Dios.
Cualquier pensamiento que nos quita la esperanza de la conversión procede de la falta de fe: como una piedra pesada atada del cuello nos lleva a mirar hacia abajo, hacia el suelo, sin poder levantar la mirada hacia el Señor. Pero el que se arma de valor y que tiene el espíritu iluminado, logra liberarse de tan aborrecible peso. "Como los ojos de los siervos miran la mano de sus señores, y como los de la sierva la mano de su señora, así nuestros ojos miran al Señor, nuestro Dios, hasta que tenga misericordia de nosotros. (Sal 123,3). (EDD)


Oración

Padre celestial lleno de gracia:

Yo vengo a ti como un pecador necesitado y contrito,
sin poder propio para hacer morir las acciones del cuerpo.

Necesito de ti diariamente, que vengas en mi ayuda para hacer de mi obligación
el mortificar el poder del pecado que vive en mi vida.

Que nunca intente mortificarlo en mis propias fuerzas,
olvidando que sin tu Espíritu mis esfuerzos serán en vano.

Señor, a través de tu Espíritu ayúdame a hacer morir
la sutil y astuta fuerza del enemigo.

Al despertarme cada día, dame la fuerza para recordar mi tarea de hacer morir el pecado,
y recordar que el pecado me matará a mí si yo no lo hago morir a él.

Protégeme de nunca claudicar en mi batalla con el pecado,
sabiendo constantemente que el pecado tomará ventaja.

Ayuda a mi corazón a abundar en gracia que fluya de tu Espíritu,
y destruye en mi corazón la incontenible lujuria por pecar.

Dame una vida caracterizada por la mortificación del pecado,
y dame vida, vigor y consuelo para mi vida y para esta batalla.

Señor, recuérdame cada día a esforzarme por tener total obediencia,
y así debilita el poder del pecado en mi vida.

Ayúdame a conocer los métodos y las ocasiones del éxito del pecado,
y a luchar y a esforzarme constantemente por la santidad.

Que yo pueda constantemente estar consciente de la culpa, el peligro, y lo malo del pecado,
sabiendo que sin ti, caigo en una consciencia cauterizada, en dureza de corazón, y engaño mi alma.

Señor permite que tu santa ley esté siempre en mi mente,
para que me pueda guiar y producir temor por ti.

Por la gracia de tu Espíritu,
implanta humildad que debilite el orgullo,
pureza de mente para limpiar lo sucio,
mentalidad celestial para contrarrestar el amor a este mundo.

Que tu Espíritu produzca que mi corazón abunde en gracia,
y en los frutos que son contrarios a la carne,
consume y exhibe la raíz de mi pecado,
trae la cruz de Cristo a mi corazón a través de la fe.

Porque es solo al contemplar la gracia desplegada en la cruz de Cristo
que seré capaz de experimentar su poder aniquilador del pecado.

Oro esto en el poderoso nombre de Jesucristo, el que está sobre todo nombre,
AMÉN.






















jueves, 13 de enero de 2022

Evangelio del día


 

Evangelio según San Marcos 1,40-45.

Se acercó a Jesús un leproso para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dijo: "Si quieres, puedes purificarme".
Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: "Lo quiero, queda purificado".
En seguida la lepra desapareció y quedó purificado.
Jesús lo despidió, advirtiéndole severamente:
"No le digas nada a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio".
Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo, divulgando lo sucedido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse afuera, en lugares desiertos. Y acudían a él de todas partes.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Bulle

San Pablo VI
papa 1963-1978
Homilía del 29 de enero de 1978 – XXV Jornada mundial de los leprosos


“Jesús extendió la mano y lo tocó”

El gesto afectuoso de Jesús que se acerca a unos leprosos, los reconforta y los cura, tiene su plena y misteriosa expresión en la Pasión. En pleno suplicio y desfigurado por el sudor de sangre, por la flagelación, por la corona de espinas, por la crucifixión, abandonado por el pueblo que ha olvidado todo los bienes recibidos de él, Jesús en su Pasión se identifica con los leprosos; llega a ser su imagen y su símbolo, tal como el profeta Isaías había tenido la intuición contemplando por anticipado el misterio del Siervo del Señor: “No tenía belleza ni figura, lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado por los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros... Nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado” (Is 53,2-4). Pero es precisamente de las llagas del cuerpo sufriente de Jesús y de la fuerza de su resurrección que brotan la vida y la esperanza para todos los hombres golpeados por el mal y la enfermedad.
La Iglesia ha sido siempre fiel en anunciar la palabra de Cristo unida al gesto concreto de misericordia solidaria para con los más pobres, los últimos. A lo largo de los siglos ha habido un crecimiento en la entrega conmovedora y extraordinaria en favor de los que viven golpeados por el peso de las enfermedades humanamente más repugnantes. La historia hace relucir el hecho de que los cristianos han sido siempre los primeros en preocuparse del problema de los leprosos. El ejemplo de Cristo ha sido seguido, ha sido fecundo en gestos de solidaridad, de entrega, de generosidad y de caridad desinteresada.   (EDD) 

Oración

¡Gracias, Señor, por los regalos que me ofreces cada día! ¡Gracias, Señor, por que me sanas y me salvas por mero amor y misericordia! ¡Te pido, Señor, que entres en lo más profundo de mi corazón y sanes cada una de las cosas de mi vida que necesitan ser sanadas! ¡Señor, tu me conoces perfectamente, me conoces más que a mi mismo, y sabes que parte de mi vida debe ser sanada! ¡Toca con tus manos aquello que debe ser sanado y cambiado y libéralo de las cadenas que lo aprisionan! ¡Elimina, Señor, por medio de tu Santo Espíritu, todos aquellos obstáculos que me aprisionan, me acobardan y me hacen sufrir! ¡Tómame, Señor, de las manos y no me abandones porque quiero caminar contigo! ¡Dale luz, Señor, a las zonas oscuras de mi vida y llena con tu presencia las partes vacías de mi existencia, especialmente aquellas que necesitan ser sanadas y salvadas! ¡María, Madre de Jesús, ven también en mi ayuda para consolar lo que debe ser consolado y para proporcionarme la fuerza que tantas veces me falta para caminar con alegría! ¡Renueva, Espíritu Santo, mi confianza en Dios y dame la fortaleza para hacer frente a las dificultades, trampa y adversidades de la vida y hazme consciente de que es el amor de Dios el que me sostiene siempre! ¡Cura esas heridas que deben ser sanadas! ¡Concédeme la gracia de no poner barreras al amor de Dios y ni al amor del prójimo, no permitas que me repliegue en mi mismo y por medio de tu gracia sanadora dale sentido a mi vida! ¡Jesús, sanador de cuerpo y de alma, te glorifico, te alabo y te bendigo y me entrego enteramente a Ti y te hago entrega de mi corazón, de mi mente y de mi espíritu para salir al mundo y proclamar tu amor y tu misericordia, tu bondad y tu justicia!

(orarconelcorazonabierto.wordpress.com)
























viernes, 25 de junio de 2021

Evangelio del día

 

ChristianArt 
 
Mateo 8:1-4 Un leproso se acercó y se inclinó
 
 
Hombre arrodillado con las muñecas atadas, Dibujo de la escuela de Guercino (1591-1666) Mediados del siglo XVII, Pluma, tinta marrón y aguada marrón y gris sobre tiza negra © Princeton University Art Museum

Evangelio según San Mateo 8,1-4.

Cuando Jesús bajó de la montaña, lo siguió una gran multitud.
Entonces un leproso fue a postrarse ante él y le dijo: "Señor, si quieres, puedes purificarme".
Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: "Lo quiero, queda purificado". Y al instante quedó purificado de su lepra.
Jesús le dijo: "No se lo digas a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que ordenó Moisés para que les sirva de testimonio".


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Bulle

Santa Teresa de Calcuta (1910-1997)
fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad
A Simple Path, pag. 79 (Camino de sencillez)


“Jesús extendió la mano y lo tocó.”

    En nuestros días, en Occidente, la peor enfermedad no es la tuberculosis o la lepra sino el sentirse indeseable, abandonado, privado de amor. Sabemos cuidar las enfermedades del cuerpo por medio de la medicina, pero el único remedio para la soledad, el desconcierto y el desespero es el amor. Hay mucha gente que muere en el mundo por falta de un trozo de pan, pero hay muchos más que mueren por falta de un poco de amor. La pobreza de Occidente es una pobreza diferente. No es sólo una pobreza de soledad, sino también de falta de espiritualidad. Existe un hambre de amor como existe un hambre  de Dios. (EDD)

Oración

Concédenos vivir siempre, Señor, en el amor y respeto a tu santo nombre, porque jamás dejas de dirigir a quienes estableces en el sólido fundamento de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo.



















jueves, 14 de enero de 2021

Evangelio del día

 

ChristianArt 
 
Marcos 1:40-45 Un leproso se acercó a Jesús y le suplicó
 
 

Víctimas de lepra enseñadas por el obispo, Iluminación medieval de James Le Palmer, Tomado del manuscrito
 de Omne Bonum, Ejecutado alrededor de 1360-1375, Tinta y pintura en vitela,
 Número de registro: c6541-07; Real 6 E. VI; f.301ra. © Biblioteca Británica, Londres

En aquel tiempo, se acerca a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas:

«Si quieres, puedes limpiarme».

Compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo:

«Quiero: queda limpio».

La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio.

Él lo despidió, encargándole severamente:

«No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio».

Pero cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a él de todas partes.

Comentario


Relato de tres compañeros de San Francisco de Asís (c. 1244)
Parágrafo 11


San Francisco es curado de su miedo por un leproso

    Un día, cuando el joven Francisco montaba a caballo cerca de Asís, un leproso le salió al encuentro. Francisco sentía una gran repugnancia hacia los leprosos. Esto le empujó con fuerza a bajar del caballo y le dio al leproso una moneda  de plata, besándole la mano. El leproso le dio un beso de paz y Francisco montó de nuevo en el caballo y continuó su camino. A partir de este momento empezó a superar cada vez más sus inclinaciones naturales y llegó a una perfecta victoria sobre sí mismo, por la gracia de Dios.
    Algunos días más tarde, con gran cantidad de dinero en el bolsillo se dirigió hacia el hospicio de los leprosos y, una vez reunidos todos, les dio a cada uno de ellos una limosna besándoles las manos. A la vuelta experimentó lo que en un principio le resultaba amargo, --ver y tocar a los leprosos--, se le había vuelto dulzura. Antes, la simple vista de los leprosos, como él mismo confesaba, le era tan penoso que incluso evitaba ver las casas donde habitaban. Si en alguna ocasión los veía o le tocaba pasar cerca de una leprosería...volvía el rostro y se tapaba la nariz. Pero la gracia de Dios le convirtió de tal manera que se le hizo familiar y le gustaba convivir con ellos y servirlos, como el mismo reconoce en su testamento. La visita a los leprosos le había transformado. (EDD)