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martes, 17 de febrero de 2026

Evangelio del día - martes semana 6


Epístola de Santiago 1,12-18.

Feliz el hombre que soporta la prueba, porque después de haberla superado, recibirá la corona de Vida que el Señor prometió a los que lo aman.
Nadie, al ser tentado, diga que Dios lo tienta: Dios no puede ser tentado por el mal, ni tienta a nadie,
sino que cada uno es tentado por sus malos deseos, que lo atraen y lo seducen.
De ellos nace el pecado, y este, una vez cometido, engendra la muerte.
No se engañen, queridos hermanos.
Todo lo que es bueno y perfecto es un don de lo alto y desciende del Padre de los astros luminosos, en quien no hay cambio ni sombra de declinación.
El ha querido engendrarnos por su Palabra de verdad, para que seamos como las primicias de su creación.


Salmo 94(93),12-13a.14-15.18-19.

Feliz el que es educado por ti, Señor.

Feliz el que es educado por ti, Señor,
aquel a quien instruyes con tu ley,
para darle un descanso
después de la adversidad,

Porque el Señor no abandona a su pueblo
ni deja desamparada a su herencia:
la justicia volverá a los tribunales
y los rectos de corazón la seguirán.

Cuando pienso que voy a resbalar,
tu misericordia, Señor, me sostiene;
cuando estoy cargado de preocupaciones,
tus consuelos me llenan de alegría.


Evangelio según San Marcos 8,14-21.

Los discípulos se habían olvidado de llevar pan y no tenían más que un pan en la barca.
Jesús les hacía esta recomendación: "Estén atentos, cuídense de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes".
Ellos discutían entre sí, porque no habían traído pan.
Jesús se dio cuenta y les dijo: "¿A qué viene esa discusión porque no tienen pan? ¿Todavía no comprenden ni entienden? Ustedes tienen la mente enceguecida.
Tienen ojos y no ven, oídos y no oyen. ¿No recuerdan
cuántas canastas llenas de sobras recogieron, cuando repartí cinco panes entre cinco mil personas?". Ellos le respondieron: "Doce".
"Y cuando repartí siete panes entre cuatro mil personas, ¿cuántas canastas llenas de trozos recogieron?". Ellos le respondieron: "Siete".
Entonces Jesús les dijo: "¿Todavía no comprenden?".

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

Juan Pedro de Caussade (1675-1751)
jesuita
El abandono a la providencia divina, II 1 (§ 26)


«¿No veis? Todavía no comprendéis?»

Si horadamos el velo, y si estamos vigilantes y atentos, Dios se nos revelará sin cesar, y gozaremos viendo su acción en todo lo que nos ocurre; a cada nueva cosa diremos: «¡Dominus est, ¡es el Señor!» (Jn 21,7). Y nos encontraremos con que en todas las circunstancias recibimos un don de Dios.
Consideraremos a las criaturas como instrumentos muy débiles en las manos de un obrero todopoderoso; y reconoceremos fácilmente que nada nos falta, y que el continuo cuidado de Dios hacia nosotros le lleva a desistir, a cada instante, de lo que nos conviene. Si tenemos fe acogeremos a gusto todas las criaturas; las acariciaremos, e interiormente les agradeceremos que, utilizadas por la mano de Dios, sirvan y favorezcan nuestra perfección. Si vivimos sin interrupción nuestra vida de fe, estaremos en continuo intercambio con Dios; le hablaremos boca a boca.
La fe es la intérprete de Dios: sin sus aclaraciones no se entiende nada del lenguaje de las criaturas. Es como una escritura hecha en cifras que no se ve más que confusión; es un montón de espinas de en medio de las cuales no sospechamos que Dios pueda hablar. Pero la fe nos hace ver, como a Moisés, el fuego de la caridad divina ardiendo en el corazón de estas espinas (Ex 3,2); la fe nos da la clave de estas cifras, y nos hace descubrir en la misma confusión las maravillas de la sabiduría que viene de lo alto. La fe da un rostro celeste a toda la tierra; es por ella que el corazón es transportado, radiante, para conversar en el cielo... La llave de estos tesoros, la llave del abismo, la llave de la ciencia de Dios.
(EDD)

Reflexión sobre el cuadro

Justo antes de la escena evangélica que hemos escuchado, Jesús ha alimentado a una multitud de cuatro mil personas con siete panes y unos pocos pececillos. Sin embargo, cuando los discípulos cruzan el mar de Galilea, se inquietan porque sólo llevan un pan en la barca. No entienden en absoluto la advertencia de Jesús sobre la levadura de los fariseos y de Herodes, y toman sus palabras de un modo dolorosamente literal. La levadura, en las Escrituras, siempre se refiere a ’una influencia oculta que actúa bajo la superficie', moldeando lentamente los corazones y las mentes. Esta levadura puede ser buena o mala. Marcos presenta aquí a Jesús profundamente exasperado, frustrado (al igual que en la lectura del Evangelio de ayer), lanzando una serie de preguntas como un profesor que se esfuerza por llegar a una clase que simplemente no escucha. Los discípulos han visto milagros con sus propios ojos y siguen sin entender.

Y, sin embargo, lo que brilla en este pasaje no es la ceguera de los discípulos, sino la extraordinaria fidelidad de Jesús. No les abandona, a pesar de que más tarde le abandonarán en el momento de su Pasión. Por el contrario, vuelve a buscarlos tras la Resurrección, renovando su vocación y devolviéndoles la confianza. El retrato brutalmente honesto que Marcos hace de los discípulos puede ser un gran consuelo para nosotros. Su lentitud para oír y su incapacidad para ver revelan el amor inquebrantable de Jesús por ellos, que siempre se mantuvo junto a sus discípulos y los animó, a pesar de que a veces se sentía muy frustrado. El mismo Jesús que les fue fiel, nos sigue siendo fiel a nosotros. Sigue acercándose a nosotros, invitándonos a empezar de nuevo y prometiéndonos que, si intentamos seguirle, nos dará todo el alimento espiritual que necesitamos para el camino.

Este lienzo de Thomas Brooks, pintado en 1854, representa con encanto y humor a un profesor que se esfuerza por comunicarse con su clase. La escena capta la llegada de un niño nuevo al aula, que ya muestra signos de travesura más que de afán por aprender. Esconde un nido de pájaros a sus espaldas, pasándoselo discretamente a otro alumno (un acto que probablemente le granjeará popularidad). A su alrededor, el aula está llena de pequeñas rebeliones: un niño come de una manzana; una botella de vino acecha en medio del suelo; y otro niño, escondido debajo de un banco, se entretiene pintando en los pantalones de un compañero. El aula parece desordenada y caótica, pero irresistiblemente atractiva. Se tiene la sensación de que la lección se pierde entre las distracciones y que el profesor, por paciente que sea, no consigue captar toda la atención de sus alumnos. Del mismo modo, los discípulos a menudo parecen distraídos y desconcentrados, perdiendo de vista la tarea que tienen ante sí. Y, sin embargo, es precisamente esta vulnerabilidad humana, esta tendencia a dejarse arrastrar en distintas direcciones, lo que les hace tan atractivos y tan fácil para nosotros reconocernos en ellos.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración    

Señor, yo creo, yo quiero creer en Ti

Señor, haz que mi fe sea pura, sin reservas, y que penetre en mi pensamiento, en mi modo de juzgar las cosas divinas y las cosas humanas.

Señor, haz que mi fe sea libre, es decir, que cuente con la aportación personal de mi opción, que acepte las renuncias y los riesgos que comporta y que exprese el culmen decisivo de mi personalidad: creo en Ti, Señor.

Señor, haz que mi fe sea cierta: cierta por una congruencia exterior de pruebas y por un testimonio interior del Espíritu Santo, cierta por su luz confortadora, por su conclusión pacificadora, por su connaturalidad sosegante.

Señor, haz que mi fe sea fuerte, que no tema las contrariedades de los múltiples problemas que llena nuestra vida crepuscular, que no tema las adversidades de quien la discute, la impugna, la rechaza, la niega, sino que se robustezca en la prueba íntima de tu Verdad, se entrene en el roce de la crítica, se corrobore en la afirmación continua superando las dificultades dialécticas y espirituales entre las cuales se desenvuelve nuestra existencia temporal.

Señor, haz que mi fe sea gozosa y dé paz y alegría a mi espíritu, y lo capacite para la oración con Dios y para la conversación con los hombres, de manera que irradie en el coloquio sagrado y profano la bienaventuranza original de su afortunada posesión.

Señor, haz que mi fe sea activa y dé a la caridad las razones de su expansión moral de modo que sea verdadera amistad contigo y sea tuya en las obras, en los sufrimientos, en la espera de la revelación final, que sea una continua búsqueda, un testimonio continuo, una continua esperanza.

Señor, haz que mi fe sea humilde y no presuma de fundarse sobre la experiencia de mi pensamiento y de mi sentimiento, sino que se rinda al testimonio del Espíritu Santo, y no tenga otra garantía mejor que la docilidad a la autoridad del Magisterio de la Santa Iglesia. Amén. 

SS. Paulo VI

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