PAPA LEÓN XIV
ÁNGELUS
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Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!
También hoy escuchamos en el Evangelio una parte del “sermón
de la montaña” (cf. Mt 5,17-37). Después de haber proclamado
las Bienaventuranzas, Jesús nos invita a entrar en la novedad del Reino de Dios
y, para guiarnos en este camino, revela el verdadero significado de los
preceptos de la Ley de Moisés, que no sirven para satisfacer una necesidad
religiosa exterior y sentirse bien ante Dios, sino para hacernos entrar en la
relación de amor con Dios y con los hermanos. Por eso, Jesús dice que no ha
venido a abolir la Ley, «sino a dar cumplimiento» (v. 17).
El cumplimiento de la Ley es precisamente el amor, que
realiza su significado profundo y su fin último. Se trata de adquirir una
“justicia superior” (cf. v. 20) a la de los escribas y fariseos, una justicia
que no se limita a observar los mandamientos, sino que nos abre al amor y nos
compromete en el amor. Jesús, en efecto, examina algunos preceptos de la Ley
que se refieren a casos concretos de la vida, y utiliza una forma lingüística
—las antinomias— para hacer ver la diferencia entra una justicia religiosa
formal y la justicia del Reino de Dios. Por una parte, Jesús afirma: «Ustedes
han oído que se dijo a los antepasados», y, por otra: «Pero yo les digo» (cf.
vv. 21-37).
Este planteamiento es muy importante. Nos dice que la Ley ha
sido dada a Moisés y a los profetas como un camino para empezar a conocer a
Dios y su proyecto sobre nosotros y sobre la historia o, para usar una frase de
san Pablo, como un preceptor que nos ha guiado hacia Él (cf. Ga 3,23-25).
Pero ahora, Él mismo, en la persona de Jesús, ha venido entre nosotros llevando
la Ley a cumplimiento, haciéndonos hijos del Padre y dándonos la gracia de
entrar en relación con Él como hijos y hermanos entre nosotros.
Hermanos y hermanas, Jesús nos enseña que la verdadera
justicia es el amor y que, en cada precepto de la Ley, debemos percibir una
exigencia de amor. No es suficiente con no matar físicamente a una persona, si
después la mato con las palabras o no respeto su dignidad (cf. vv. 21-22). Del
mismo modo, no basta con ser fiel al cónyuge formalmente y no cometer
adulterio, si en esa relación faltan la ternura recíproca, la
escucha, el respeto, el cuidado mutuo y el caminar juntos en un proyecto común
(cf. vv. 27-28.31-32). A estos ejemplos, que Jesús mismo nos ofrece, podríamos
agregar otros más. El Evangelio nos ofrece esta preciosa enseñanza: no se
necesita una justicia mínima, se necesita un amor grande, que es posible
gracias a la fuerza de Dios.
Invoquemos juntos a la Virgen María, que ha dado al mundo a
Cristo, Aquel que lleva a cumplimiento la Ley y el plan de salvación. Que Ella
interceda por nosotros, ayudándonos a entrar en la lógica del Reino de Dios y a
vivir en su justicia.
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Después del Ángelus
Queridos hermanos y hermanas:
Expreso mi cercanía a la población de Madagascar, afectada
en tan poco tiempo por dos ciclones que han provocado inundaciones y
deslizamientos de tierra. Rezo por las víctimas y sus familiares, así como por
todas las personas que han sufrido graves daños.
En los próximos días se celebrará el año nuevo lunar, una
festividad que celebrarán miles de millones de personas en Asia oriental y
otras partes del mundo. Que esta alegre celebración sirva para reforzar los
lazos familiares y de amistad, lleve serenidad a los hogares y a la sociedad, y
sea una ocasión para mirar juntos hacia el futuro construyendo la paz y la
prosperidad para todos los pueblos. Con mis mejores deseos para el nuevo año,
expreso a todos mi afecto e invoco sobre cada uno la bendición del Señor.
Me complace saludar a todos ustedes, romanos y peregrinos,
en particular a los fieles de la parroquia de San Lorenzo en Cádiz, España, y a
los que han venido desde Le Marche.
Doy la bienvenida a los estudiantes y profesores de la
Escuela Católica All Saints de Sheffield y
del Colegio Salesiano Thornleigh de Bolton, en
Inglaterra; de la Escuela de Vila Pouca de Aguiar,
en Portugal; del Colegio Altasierra, de Sevilla; y de la Escuela Edith
Stein de Schillingfürst, en Alemania.
Saludo a los participantes en el Encuentro Nacional del
Movimiento de Estudiantes Católicos (FIDAE); a los confirmandos de Almenno
San Salvatore y a los de Lugo, Rosaro, Stallavena y Alcenago;
a los niños de la Escuela San Giuseppe de Bassano del
Grappa y a los del Instituto Salesiano Sant’Ambrogio, de
Milán; a los jóvenes de Petosino y a los de Solbiate y Cagno.
¡Les deseo un buen domingo a todos!
(vatican.va)
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