Harta
repercusión está teniendo la carta del padre Matteo Ferrari, prior
general de la Congregación Camaldulense de la orden de San Benito, dirigda a
los priore, vicepriore, repsonable de las residencias, maestros de novicios y de
las profesiones simples.
La gran repercusión de la carta es,
entre otras razones, porque trata un tema muy actual: el uso de internet,
smartphones y redes sociales en las comunidades religiosas.
En su
misiva fechada el 2 de febrero de 2026, el Prior General advierte que
“internet, el uso del smartphone y de los sociales, los videos y los films online, el uso de WhatsApp sin reglas son un desafío para
la vida monástica y religiosa. No podemos fingir que este desafío no existe”: es decir es un asunto que requiere ser abordado, y
no se puede voltear la mirada de los problemas que contiene. Escribe en la introducción:
Internet, el uso de los teléfonos inteligentes y las redes sociales, los vídeos y las películas en línea, el uso sin reglas de WhatsApp son un desafío para la vida monástica y religiosa. No podemos fingir que este desafío no existe. Nosotros, que no somos «nativos digitales», solo nos preocupamos por el rendimiento y las posibilidades que pueden ofrecer las redes sociales e Internet. Pero para las nuevas generaciones, estos «medios» son la forma de comprenderse a sí mismas y de relacionarse con el mundo. Por lo tanto, creo que es necesaria una reflexión profunda y también valiente sobre estos temas, especialmente para las personas en formación. También en el mundo laico se está cuestionando el uso de estos medios, especialmente por parte de los más jóvenes. Con mayor razón debemos ocuparnos nosotros.
Una
reflexión necesaria particularmente para las nuevas generaciones
El documento aborda la formación
monástica en sus diferentes etapas, desde el postulantado hasta la profesión
simple, estableciendo criterios claros sobre el uso de tecnologías digitales.
Según las Constituciones citadas por Dom Matteo, “el postulantado tiene el
objetivo de favorecer en los jóvenes un gradual adecuamiento psicológico y
espiritual a la nueva situación”.
Durante el noviciado, las
Constituciones establecen que “el noviciado tiene como objetivo principal aquel
de hacer conocer y experimentar al candidato las exigencias fundamentales del
vivir monástico”. En este período, explica el Prior General, “ocurre vivir una
real separación suspendiendo el uso de las rede sociales, el uso de internet en
la celda [monástica], la visión individual de filmaciones o de películas, el
abono de plataformas como Netflix y disciplinar la comunicación con la familia
y los amigos vía WhatsApp”.
Responsabilidad
en la profesión simple
Para los profesos simples, Dom
Matteo señala que “en el tiempo de la profesión simple tiene lugar que las
personas en formación aprendan a hacer uso sabio de internet y de las redes
sociales, también escogiendo responsablemente de no hacer uso, si no lo requieren
necesidades comunitarias”.
El documento cita la Regla de San
Benito: “los monjes deben custodiar siempre el silencio con amor, pero sobre
todo durante la noche» (RB XLII,1). El Prior General agrega que “pienso que
esta custodia del silencio con amor hoy tiene que ver también y sobre todo las
rede sociales, internet, los filmes. Los profesos simples deberán habituarse
responsablemente a usar estos medios como instrumento de trabajo y en un uso
sabio del tiempo y no como ocasión de dispersión, de fuga y de ‘ocio’, enemigo
del alma (cf. RB LVIII,1)”.
Una
invitación al discernimiento
San Romualdo, fundador de los
Camaldulenses, afirma en la Piccola Regola:
“Sé en tu celda como en el Paraíso. Olvídate del mundo y tíralo a tus
espaldas”. Reflexionando sobre esto, Dom Matteo cuestiona: “¿Es posible vivir
este aparte de la Pequeña Regla sin ninguna atención a las rede sociales y a
internet, con todo aquello que esto comporta?”.
El Prior General advierte sobre el
riesgo de que “la celda, de un crisol de escucha, oración y vida de sabiduría,
puede realmente transformarse en lugar de dispersión, de pérdida de tiempo, de
fuga de sí mismo y de las propias tensiones interiores”.
Dom Matteo afirma igualmente: “Creo
que la celda monástica no sea el lugar para guardar filmes individualmente y
que sea mucho más sano pensar en momentos comunitarios, que podrían tener un
valor formativo para todos y también de crecimiento en la comunión y en la
fraternidad”.
En la parte conclusiva, donde
invita a que se reflexione en la aplicación concreta de estos principios, el
prior general advierte que “el uso de las redes sociales y de internet corre el
riesgo de transformar la práctica de la celda [ndr. del recogimiento] en un
mero formalismo”. Invita el religioso a acudir a expertos en ese tipo de
comunicación, para profundizar en el asunto.
“He escrito estas cosas para tener
una reflexión común y para no aparentar que este desafío para la vida monacal
de hoy no existe”, termina.
(gaudiumpres.org)
Vea también Los riegos de las redes sociales

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