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sábado, 18 de abril de 2026

Evangelio del día - Sábadode la 2a. Semana de Pascua


 

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 

Hechos 6, 1-7

En aquellos días, como aumentaba mucho el número de los discípulos, hubo ciertas quejas de los judíos griegos contra los hebreos, de que no se atendía bien a sus viudas en el servicio de caridad de todos los días.

Los Doce convocaron entonces a la multitud de los discípulos y les dijeron: “No es justo que, dejando el ministerio de la palabra de Dios, nos dediquemos a administrar los bienes. Escojan entre ustedes a siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a los cuales encargaremos este servicio. Nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra”.

Todos estuvieron de acuerdo y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Pármenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles, y éstos, después de haber orado, les impusieron las manos.

Mientras tanto, la palabra de Dios iba cundiendo. En Jerusalén se multiplicaba grandemente el número de los discípulos. Incluso un grupo numeroso de sacerdotes había aceptado la fe.v

Evangelio del Día

Lectura del santo evangelio según san Juan 

Juan 6, 16-21

Al atardecer del día de la multiplicación de los panes, los discípulos de Jesús bajaron al lago, se embarcaron y empezaron a atravesar hacia Cafarnaúm. Ya había caído la noche y Jesús todavía no los había alcanzado. Soplaba un viento fuerte y las aguas del lago se iban encrespando.

Cuando habían avanzado unos cinco o seis kilómetros, vieron a Jesús caminando sobre las aguas, acercándose a la barca, y se asustaron. Pero él les dijo: “Soy yo, no tengan miedo”. Ellos quisieron recogerlo a bordo y rápidamente la barca tocó tierra en el lugar a donde se dirigían.

Las palabras de los Papas

Detrás del caminar sobre las aguas hay un mensaje no inmediato, un mensaje para que acojamos nosotros. De hecho, en aquella época las grandes extensiones de agua eran consideradas sedes de fuerzas malignas no dominables por el hombre; especialmente si eran agitadas por la tempestad, los abismos eran símbolo del caos y hacían referencia a las oscuridades de los infiernos. Entonces, los discípulos se encontraban en el medio del lago en la oscuridad: en ellos está el miedo de ahogarse, de ser absorbidos por el mal. Y aquí llega Jesús, que camina sobre las aguas, es decir por encima de las fuerzas del mal, (…)  Es todo un mensaje que Jesús nos da. Este es el sentido del signo: los poderes malignos, que nos asustan y no logramos dominar, con Jesús se redimensionan inmediatamente. Él, caminando sobre las aguas, quiere decirnos: “no temas, yo pongo bajo los pies a tus enemigos” - bonito mensaje: “yo pongo bajo los pies a tus enemigos” -: ¡no las personas!, no son esos los enemigos, sino la muerte, el pecado, el diablo: estos son los enemigos de la gente, nuestros enemigos. Y Jesús estos enemigos los pisa por nosotros. Cristo hoy repite a cada uno de nosotros: “¡Animo, soy yo, no temas!”. Ánimo, es decir, porque estoy yo, porque ya no estás solo en las aguas agitadas de la vida. (Papa Francisco, Angelus, 13 de agosto de 2023)

Reflexión sobre el grabado

Hay algo en todos nosotros que anhela “el otro lado”. Pensamos que la hierba es más verde en el otro lado. Queremos explorar nuevas orillas... y eso puede inquietarnos. Como los discípulos que cruzaron el Mar de Galilea, sentimos que no estamos destinados a quedarnos donde estamos; nos sentimos atraídos hacia adelante, llamados, invitados a una nueva orilla. Y, sin embargo, en el momento en que nos ponemos en camino, las aguas rara vez están tranquilas. Se levantan vientos. El mar se agita. Se cierne la oscuridad. Cada nuevo paso, cada nueva vocación, cada nuevo trabajo, cada nueva casa a la que nos mudamos, cada cambio parece traer consigo resistencia, incertidumbre, incluso miedo. por un lado estamos entusiasmados, pero por otro tenemos miedo.

Es precisamente ahí, en medio de la lucha, en medio de los cambios, donde viene Cristo. No cuando todo está en calma, sino cuando las olas están altas. No en el resplandor de la certeza, sino en la oscuridad de la noche. Viene hacia nosotros y pronuncia esas mismas palabras tranquilas: “Soy yo. No temas”. Y de algún modo, cuando reconocemos Su presencia y nos damos cuenta de que ya está en la tormenta con nosotros, todo el viaje cambia. La distancia se acorta. La orilla lejana ya no parece inalcanzable. Quizá el objetivo de las tormentas nunca fue simplemente llegar... sino descubrir que Él está con nosotros a cada paso del camino.

El grabado coloreado a mano de Gustave Doré, hacia 1870, imagina la escena desde el punto de vista del propio Cristo: desde cerca de la orilla. Ve a lo lejos la pequeña barca de los discípulos y se pone a caminar sobre las aguas. Y sin embargo, después de haber estado yo mismo junto al mar de Galilea, de sólo unos 21 km de largo y 13 km de ancho, uno se da cuenta de lo ligeramente extraña que es la lectura de hoy. El mar de Galilea no es un océano. En ningún momento estás realmente lejos de la tierra. Y aun así... los discípulos entraron verdaderamente en pánico. Esto nos dice quizá algo interesante: incluso en un lago pequeño, el miedo puede parecer inmenso. Incluso cuando la orilla está cerca, puede parecer fuera de nuestro alcance. Incluso los acontecimientos más pequeños de nuestra vida pueden inquietarnos, haciéndonos sentir como si estuviéramos atrapados en una tormenta en el mar, cuando en realidad, la orilla está más cerca de lo que pensamos. Los discípulos estaban cerca de la seguridad y, sin embargo, abrumados. Y es precisamente ahí, en esa brecha entre la realidad y el miedo, donde Cristo los ve... y viene hacia ellos... y hacia nosotros.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

"Amado Dios, vengo ante Ti con humildad y un corazón lleno de esperanza. Señor, Tú que eres mi Creador y mi Padre misericordioso, te confío todas mis preocupaciones y esos pensamientos que perturban mi mente.
Dame la fuerza para soltar, para ya no querer controlarlo todo, y para rendirme a Tu plan perfecto. Cuando la oscuridad me rodee y no vea una solución inmediata, ayúdame a confiar en Ti, a creer que Tú abres un camino donde yo no puedo verlo.
Quita de mi corazón y de mi mente todo lo que está causando miedo e impotencia. Renuevo mi fe en que Tú tienes el control de todo. Gracias porque en Tus brazos estoy a salvo. Amén".

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