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lunes, 20 de abril de 2026

Evangelio del día - Lunes 3a. Semana de Pascua


 

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles

Hechos 6, 8-15

En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y de poder, realizaba grandes prodigios y signos entre la gente.

Algunos judíos de la sinagoga llamada "de los Libertos", procedentes de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no podían refutar la sabiduría y al Espíritu con que hablaba.

Entonces sobornaron a algunos hombres para que dijeran: "Nosotros hemos oído a este hombre blasfemar contra Moisés y contra Dios".

Alborotaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas; cayeron sobre Esteban, se apoderaron de él por sorpresa y lo llevaron ante el sanedrín. Allí presentaron testigos falsos, que dijeron: "Este hombre no deja de hablar contra el lugar santo del templo y contra la ley. Lo hemos oído decir que ese Jesús de Nazaret va a destruir el lugar santo y a cambiar las tradiciones que recibimos de Moisés".

Los miembros del sanedrín miraron a Esteban y su rostro les pareció tan imponente como el de un ángel.

Evangelio del Día

Lectura del santo evangelio según san Juan

Juan 6, 22-29

Después de la multiplicación de los panes, cuando Jesús dio de comer a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el lago. Al día siguiente, la multitud, que estaba en la otra orilla del lago, se dio cuenta de que allí no había más que una sola barca y de que Jesús no se había embarcado con sus discípulos, sino que éstos habían partido solos. En eso llegaron otras barcas desde Tiberíades al lugar donde la multitud había comido el pan. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaúm para buscar a Jesús.

Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo llegaste acá?" Jesús les contestó: "Yo les aseguro que ustedes no me andan buscando por haber visto signos, sino por haber comido de aquellos panes hasta saciarse. No trabajen por ese alimento que se acaba, sino por el alimento que dura para la vida eterna y que les dará el Hijo del hombre; porque a éste, el Padre Dios lo ha marcado con su sello".

Ellos le dijeron: "¿Qué necesitamos para llevar a cabo las obras de Dios?" Respondió Jesús: "La obra de Dios consiste en que crean en aquel a quien él ha enviado".

Las palabras de los Papas

Esteban (…) "lleno de gracia y de poder" (Hch 6, 8), presenta en el nombre de Jesús una nueva interpretación de Moisés y de la misma Ley de Dios, relee el Antiguo Testamento a la luz del anuncio de la muerte y la resurrección de Jesús. Esta relectura del Antiguo Testamento, una relectura cristológica, provoca las reacciones de los judíos, que interpretan sus palabras como una blasfemia (cf. Hch 6, 11-14). Por este motivo es condenado a la lapidación. Y san Lucas nos transmite el último discurso del santo, una síntesis de su predicación. Del mismo modo que Jesús había explicado a los discípulos de Emaús que todo el Antiguo Testamento habla de él, de su cruz y de su resurrección, también san Esteban, siguiendo la enseñanza de Jesús, lee todo el Antiguo Testamento en clave cristológica. Demuestra que el misterio de la cruz se encuentra en el centro de la historia de la salvación narrada en el Antiguo Testamento; muestra que realmente Jesús, el crucificado y resucitado, es el punto de llegada de toda esta historia. Y demuestra, por tanto, también que el culto del templo ha concluido y que Jesús, el resucitado, es el nuevo y auténtico "templo". (Papa Benedicto XVI, Audiencia general, 10 de enero de 2007)

(vatican.va)


Reflexión sobre el cuadro

En la lectura de hoy, Jesús nos pregunta de qué tenemos hambre en la vida. ¿De comida? ¿Una carrera laboral exitosa? ¿Dinero?... ¿O tenemos hambre de algo más? Sí, podemos tener hambre de cosas que satisfagan nuestros sentidos y nos complazcan físicamente, pero también existe el hambre espiritual que necesita ser alimentada. Supongo que somos seres básicamente necesitados. Ansiamos alimento físico, emocional e intelectual. Pero la necesidad espiritual suele ser menos evidente. Sólo cuando somos conscientes del hambre y la sed espirituales que llevamos dentro, podemos crecer hasta la plenitud espiritual. Y eso es lo que Jesús nos pide hoy: que seamos 'conscientes' de nuestras vidas espirituales y 'trabajar por el alimento que perdura hasta la vida eterna'.

Jesús utiliza la analogía de la comida (no sólo porque el pasaje de hoy tenga lugar después de la alimentación de los cinco mil), pues entiende que haríamos cualquier cosa por comer si tuviéramos hambre. Jesús recurre tan a menudo al lenguaje de la comida para revelar los misterios de la vida espiritual, porque la comida es algo que todos entendemos en el nivel más básico. Habla del pan, del hambre, de la sed, no como ideas abstractas, sino como realidades cotidianas que forman parte de la vida diaria. En el Evangelio de Juan, se llama a sí mismo Pan de Vida; en otros lugares habla de agua viva, de un banquete preparado, de semillas sembradas y cosecha recogida. A través de estas imágenes, nos muestra que nuestras necesidades más profundas no son sólo físicas, sino espirituales: que al igual que el cuerpo anhela alimentarse, el alma anhela a Dios. Y lo más hermoso es que no se limita a hablar del alimento... ¡se convierte en él! En la Eucaristía, Cristo se ofrece como alimento para nuestro camino, recordándonos que la vida espiritual no es algo lejano o abstracto, sino algo que hay que recibir, saborear y vivir.

En nuestra mesa ricamente puesta, pintada por Floris van Dijck, se nos presenta un despliegue casi abrumador de abundancia: quesos apilados, uvas maduras, manzanas, pan, frutos secos, cristalería fina y porcelana, todo cuidadosamente dispuesto y visto desde arriba para que se pueda saborear cada detalle . A primera vista, es una celebración de la prosperidad; una orgullosa muestra de la riqueza y el refinamiento del Siglo de Oro holandés. Los quesos, amontonados, sugieren abundancia y éxito; el cristal reluciente y la porcelana importada aluden al comercio mundial y al lujo. Sin embargo, como ocurre con tantos bodegones de esta época, bajo la superficie se esconde algo mucho más profundo.

El pan colocado en el borde de la mesa entra en nuestro espacio: es el pan de la eucaristía. Las uvas, tan llenas y luminosas, nos recuerdan el vino, el sacrificio, la sangre de Cristo. Las nueces, cerradas y difíciles de abrir, simbolizan a menudo la verdad oculta o la vida interior del alma. En efecto, ¡podemos ser unas nueces difíciles de abrir! E incluso la fruta, tan fresca ahora, lleva dentro la sugerencia del tiempo que pasa, de la madurez que no durará. Estos cuadros mantienen una tensión: se deleitan con la belleza material, pero nos recuerdan con delicadeza que toda abundancia es efímera.

by Padre Patrick van der Vorst



Oración 

"Señor Jesús, Tú eres el Pan Vivo bajado del cielo, el verdadero alimento que trae a nuestra vida luz, paz, alegría y esperanza. En mis dudas y las prisas del mundo, te pido fe para acoger este misterio: que al recibirte, tú habitas en mí y yo en ti.
Señor, danos siempre de este pan, alimento que trasciende lo humano y une el cielo a la tierra. Que mi trabajo, mis palabras y mis silencios sean "comulgar" con tu amor y me nutran para la vida eterna. Amén."

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