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jueves, 30 de abril de 2026

Evangelio del día - Jueves 4a. Semana de Pascua

 


Libro de los Hechos de los Apóstoles 13,13-25.

Desde Pafos, donde se embarcaron, Pablo y sus compañeros llegaron a Perge de Panfilia. Juan se separó y volvió a Jerusalén,
pero ellos continuaron su viaje, y de Perge fueron a Antioquía de Pisidia. El sábado entraron en la sinagoga y se sentaron.
Después de la lectura de la Ley y de los Profetas, los jefes de la sinagoga les mandaron a decir: "Hermanos, si tienen que dirigir al pueblo alguna exhortación, pueden hablar".
Entonces Pablo se levantó y, pidiendo silencio con un gesto, dijo: "Escúchenme, israelitas y todos los que temen a Dios.
El Dios de este Pueblo, el Dios de Israel, eligió a nuestros padres y los convirtió en un gran Pueblo, cuando todavía vivían como extranjeros en Egipto. Luego, con el poder de su brazo, los hizo salir de allí
y los cuidó durante cuarenta años en el desierto.
Después, en el país de Canaán, destruyó a siete naciones y les dio en posesión sus tierras,
al cabo de unos cuatrocientos cincuenta años. A continuación, les dio Jueces hasta el profeta Samuel.
Pero ellos pidieron un rey y Dios les dio a Saúl, hijo de Quis, de la tribu de Benjamín, por espacio de cuarenta años.
Y cuando Dios desechó a Saúl, les suscitó como rey a David, de quien dio este testimonio: He encontrado en David, el hijo de Jesé, a un hombre conforme a mi corazón que cumplirá siempre mi voluntad.
De la descendencia de David, como lo había prometido, Dios hizo surgir para Israel un Salvador, que es Jesús.
Como preparación a su venida, Juan había predicado un bautismo de penitencia a todo el pueblo de Israel.
Y al final de su carrera, Juan decía: 'Yo no soy el que ustedes creen, pero sepan que después de mí viene aquel a quien yo no soy digno de desatar las sandalias'.


Salmo 89(88),2-3.21-22.25.27.

Cantaré eternamente tu amor, Señor.

Cantaré eternamente el amor del Señor,
proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones.
Porque tú has dicho:
«Mi amor se mantendrá eternamente,

mi fidelidad está afianzada en el cielo.»
«Encontré a David, mi servidor,
y lo ungí con el óleo sagrado,
para que mi mano esté siempre con él

y mi brazo lo haga poderoso.»
Mi fidelidad y mi amor lo acompañarán,
su poder crecerá a causa de mi Nombre:
El me dirá: «Tú eres mi padre,

mi Dios, mi Roca salvadora.»


Evangelio según San Juan 13,16-20.

Después de haber lavado los pies a los discípulos, Jesús les dijo:
"Les aseguro que el servidor no es más grande que su señor, ni el enviado más grande que el que lo envía.
Ustedes serán felices si, sabiendo estas cosas, las practican.
No lo digo por todos ustedes; yo conozco a los que he elegido. Pero es necesario que se cumpla la Escritura que dice: El que comparte mi pan se volvió contra mí.
Les digo esto desde ahora, antes que suceda, para que cuando suceda, crean que Yo Soy.
Les aseguro que el que reciba al que yo envíe, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me envió".

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

San [Padre] Pío de Pietrelcina (1887-1968)
capuchino
Ep 3, 707; 2, 70


«Recibir al que Yo envío, es recibirme a mí mismo»

Tras el amor de nuestro Señor, te recomiendo el de la iglesia, su Esposa. Ella es de alguna manera la paloma que incuba y da lugar a la descendencia del Esposo. Da todos los días gracias a Dios por ser hija de la iglesia, a ejemplo de un gran número de almas que nos han precedido en esta ruta bendita. Ten mucha compasión de todos los pastores, predicadores y guías espirituales; se encuentran esparcidos por la superficie de la tierra... Ruega a Dios por ellos, para que se salven, sean fecundos y proporcionen la salvación a las almas.
Ruega por las personas infieles como por las fervientes, reza por el Santo Padre, por todas las necesidades espirituales y temporales de la Iglesia, porque ella es nuestra madre. Haz también una oración especial por todos aquellos que estamos implicados en la salvación de las almas para gloria del Padre.
(EDD)

Reflexión sobre la vidriera

La traición de Jesús por uno de sus compañeros más cercanos es uno de los momentos más dolorosos del Evangelio, y es algo que la Iglesia primitiva luchó profundamente por comprender. Sabiendo que a sus seguidores les costaría entender que Jesús permitiera la traición, cita las Escrituras: Salmo 41:9: "El que comió mi pan levantó contra mí su calcañar”. O traducido más libremente: Incluso mi amigo íntimo en quien confiaba, que comía mi pan, que compartía la mesa conmigo, ahora me ha traicionado". Así, ya en los salmos, el rey David describe la traición de un amigo íntimo. Hay pocas heridas tan profundas como la de ser traicionado por alguien cercano. Y es en esta experiencia humana donde entra la historia de Judas 

Sin embargo, lo que hace que este momento sea aún más sorprendente es lo que lo rodea. En el Evangelio de Juan, Jesús habla de traición justo después de haberse arrodillado para lavar los pies a sus discípulos, incluido Judas. Sabe lo que se le viene encima, y aun así sirve. Sigue amando. Así es la fidelidad en el Reino de Dios: no una respuesta a la bondad de los demás, sino una generosidad incluso con los que nos traicionan o no nos caen especialmente bien. Todas las personas necesitan que las sirvamos. Es fácil servir a los amigos, pero mucho menos fácil servir a las personas que no nos caen bien. Es entonces cuando nuestra fe florece de verdad, cuando nuestra fidelidad no depende de la reciprocidad.

El trágico final de Judas Iscariote se describe con la mayor claridad en el Evangelio de Mateo, donde se nos dice que, lleno de remordimientos, devolvió las treinta monedas de plata y luego se fue y se ahorcó. Es un momento duro y aleccionador. Sin embargo, la tragedia más profunda de Judas no es sólo la traición (por terrible que fuera), sino lo que vino después. Reconoció su pecado, sintió dolor, pero no podía creer en la misericordia. No podía imaginar que Jesús pudiera perdonarle. Y ahí es donde su historia se convierte en desesperación. Porque la verdad es que Cristo le habría perdonado. El mismo Señor que perdonó a Pedro, que perdonó a los que lo crucificaron, seguramente habría perdonado a Judas. La tragedia de Judas no fue que cayera, sino que no pudiera creer que podría ser levantado de nuevo.

Nuestra vidriera, realizada en Alemania hacia 1520, representa una inquietante imagen del Ahorcamiento de Judas. Pertenece a una larga tradición medieval que intentaba hacer visible lo que le ocurre al alma en el momento de la muerte. En la vidriera, Judas Iscariote cuelga sin vida del madero, pero el verdadero drama se desarrolla en un detalle inquietante: un demonio arranca de su cuerpo una figura pequeña, parecida a un niño, que emerge de su vientre. Este “niño” representa el alma. Los artistas medievales solían imaginar el alma como algo pequeño y vulnerable, casi infantil, que nace del cuerpo al morir... y aquí, trágicamente, no la reciben los ángeles, sino que se apoderan de ella las fuerzas del mal.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

"Oh, Señor, al contemplar la historia de tu pasión, mi corazón se conmueve por la figura de Judas Iscariote. Entiendo que su traición fue el dolor más agudo para tu Sagrado Corazón. Ante la inmensidad de tu misericordia, que excede todo entendimiento humano, pongo en tus manos a quien te entregó.
Señor, te pido compasión por aquel que desesperó de tu perdón y se sumió en la oscuridad. Que la luz de tu sacrificio en la cruz alcance incluso las sombras más profundas de la historia humana. Enseña a nuestros corazones a no juzgar, sino a confiar en que tu amor es más grande que cualquier traición.
Señor Jesús, ten piedad de todos los pecadores, y perdónanos cuando, como Judas, olvidamos la inmensidad de tu gracia. Amén."

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