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martes, 14 de julio de 2026

San Benito y el arte de hacer silencio

 



En una cultura de notificaciones, pantallas y conversaciones permanentes, san Benito recuerda que el silencio no es un vacío, sino el espacio donde aprendemos a escuchar a Dios, a los demás y a nosotros mismos...

Vivimos rodeados de ruido. El teléfono vibra constantemente, las redes sociales reclaman nuestra atención y el tiempo de silencio parece convertirse en un lujo. Sin embargo, san Benito comprendió que el silencio no era un simple ejercicio de disciplina, sino una condición necesaria para crecer como persona y como creyente. Su enseñanza sigue siendo sorprendentemente actual: quien nunca hace silencio difícilmente podrá escuchar la voz de Dios.

Llega un momento de silencio, pequeño, casi insignificante: el ascensor que sube, la fila en la caja, el semáforo en rojo, los treinta segundos del microondas, el instante en que apagas la luz y te acuestas. Se abre apenas una rendija de quietud y, antes de que tú lo decidas, antes incluso de pensarlo, tu mano ya se está moviendo hacia el teléfono, hacia el control remoto, hacia la nevera, hacia cualquier cosa. No pensaste "quiero revisar el teléfono": tu mano fue sola, como un reflejo animal, a llenar ese silencio antes de que alcanzara a posarse sobre ti. Y si te fijas en lo que sientes cuando no haces nada, descubres esa incomodidad física, esa comezón, esa inquietud casi de ansiedad, como si estar quieto fuera peligroso. Quiero hablarte de esa urgencia de estar siempre ocupado, pero antes necesito decirte algo: no vine a decirte que el trabajo es malo, ni que la productividad sea un pecado. Vine a preguntarte otra cosa, mucho más incómoda y mucho más liberadora: ¿y si toda esa prisa no fuera dedicación, sino huida? ¿Y si la agenda llena fuera, sin que lo sepas, una forma de no quedarte a solas con algo que no quieres oír? 

Hace quince siglos, mientras el imperio se derrumbaba y el mundo se llenaba de caos y ruido, San Benito hizo lo más contracultural que podía hacerse: se detuvo. Y desde esa quietud construyó una Regla, un modo de vida que ha sostenido almas durante mil quinientos años, y que entendió algo que nuestra época perdió por completo: que el ser humano no está hecho para correr sin parar, sino para vivir con ritmo. En este documental vamos a nombrar aquello de lo que huyes cuando te mantienes ocupado, y a entender por qué te sientes tan desconectado de ti mismo. Verás por qué la vida moderna es como una cinta de correr: te agotas, sudas, te quedas sin aliento… y no avanzas un solo paso.

 Descubrirás lo que Benito recuperó —el equilibrio entre trabajo, oración y lectura, y un silencio que no es vacío, sino que está lleno de todo lo que el ruido te impedía oír— resumido en sus dos palabras eternas: "ora et labora". Y bajarás a lo concreto con tres prácticas para hoy mismo: recuperar el ritmo de tu día, crear pequeños espacios sin pantalla, y atreverte al silencio deliberado. Hasta el cambio que lo transforma todo: bajarte de la cinta que no lleva a ningún lado. Porque detenerse no es perder el tiempo, es encontrarte. Baja el volumen del mundo y cruza la puerta de esa casa que creías vacía… para descubrir que, del otro lado, esperándote con paciencia, estabas tú. 

Guillermo Arévalo, Aleteia 

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