Aquí podemos ofrecer sólo unos cuantos aspectos
de las mil maravillas de la Santa Misa
¿Qué nombres hay para el banquete de Jesús con nosotros y qué significan? |
![]() Los diferentes nombres señalan el misterio insondable: Santo Sacrificio, Santa Misa, Sacrificio de la Misa, Banquete del Señor, Fracción del Pan, Asamblea Eucarística, Memorial de la Pasión, Muerte y Resurrección, Santa y Divina Liturgia, Santos Misterios, Santa Comunión. YouCat, n. 212 |
¿Cómo instituyó Jesús la Eucaristía? |
Este relato, el más antiguo acerca de los acontecimientos que tuvieron lugar en el Cenáculo, procede del Apóstol Pablo, quien, sin ser testigo presencial, escribió lo que se conservaba como misterio sagrado en la joven comunidad cristiana y se celebraba en el culto divino. YouCat, n. 210 |
"¡Tú serás transformado en mí!" |
San Agustín, Doctor de la Iglesia |
La Santa Misa nos hace considerar la vida, pasión y muerte de Jesús. |
La Santa Misa nos hace considerar la vida, pasión y muerte de Jesús, a la cual le sigue su gloriosa resurrección, con la diferencia de que todo esto fue vivido por la humanidad de Cristo y se cumplió durante el transcurso de 33 años, pasados realmente en las diferentes vicisitudes de la vida, mientras que en la Santa Misa, místicamente y en un breve espacio de tiempo, se renueva todo, en un estado de verdadero aniquilamiento, en el que las especies sacramentales contienen a Jesús vivo y verdadero, hasta que no lleguen a consumirse; de manera que después ya no existe su presencia sacramental en nuestros corazones, sino que regresa al seno de su divino Padre, como cuando resucitó de la muerte. Y luego, al ser consagradas nuevamente en la Santa Misa otras especies, desciende de nuevo a tomar el estado de víctima de paz y de amor propiciatorio, por lo que se renueva su estado sacramental para provecho nuestro, como viadores, y para satisfacción y gloria de su eterno Padre. Así, en el sacramento, nos recuerda la resurrección de nuestros cuerpos a la gloria, ya que, como él, cesando su estado sacramental se va a residir al seno de su Padre, así las almas humanas, cesando su estado de vida presente, pasarán a morar eternamente en las moradas del cielo en el seno de Dios, mientras que nuestros cuerpos se consumarán al igual que las especies sacramentales, como si ya no tuvieran existencia; pero después, con un prodigio de la omnipotencia de Dios, adquirirán la vida el día de la Resurrección Universal, y unidos a la propia alma se irán a gozar, si fueron buenos, la eterna bienaventuranza de Dios; mas en el caso contrario, se apartarán de Dios, para sufrir los más atroces y eternos tormentos. Sierva de Dios Luisa Piccarreta; Diario, volumen 1 |
¿En qué se transforman los que reciben la Eucaristía? En cuerpo de Cristo. |
San Juan Pablo II; Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, n. 23. |
Debéis conocer lo que debéis recibir a diario. |
![]() Debéis conocer lo que habéis recibido, lo que vais a recibir y lo que debéis recibir a diario. Este pan que vosotros veis sobre el altar, santificado por la palabra de Dios, es el Cuerpo de Cristo. Este cáliz -mejor, lo que contiene el cáliz-, santificado por la palabra de Dios, es la Sangre de Cristo. Por medio de estas cosas quiso el Señor dejarnos su Cuerpo y Sangre, que derramó para la remisión de nuestros pecados. San Agustín; Sermón 227: BAC 447, 285 |
"¡Ofreciéndonos como hostia viva...!" |
Invocando la materna protección de María Santísima, pidamos que cada vez que participemos en la Eucaristía nos hagamos también testigos de la caridad, que responde al mal con el bien (cf. Rm 12,21), ofreciéndonos como hostia viva a quien amorosamente se entregó por nosotros. Caminemos a la luz de Cristo, que es el que puede destruir la tiniebla del error. Supliquémosle que, con el valor y la reciedumbre de los santos, lleguemos a dar una respuesta libre, generosa y coherente a Dios, sin miedos ni rencores. Amén. Homilía del Santo Padre Benedicto XVI |

Porque yo he recibido una tradición que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo: "Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía". Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: "Este cáliz es la Nueva Alianza en mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía"
Era como si oyera una voz de lo alto: "Soy el alimento de los fuertes; ¡crece y aliméntate entonces de mí! Pero tú no me transformarás en ti como un alimento corporal, sino que tú serás transformado en mí".
Con la comunión eucarística la Iglesia consolida también su unidad como cuerpo de Cristo. San Pablo se refiere a esta eficacia unificadora de la participación en el banquete eucarístico cuando escribe a los Corintios: "Y el pan que partimos ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? Porque aun siendo muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un solo pan" 

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