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sábado, 17 de octubre de 2026

Evangelio del día sábado 28a semana del tiempo ordinario - Memoria de San Ignacio de Antioquía, obispo y mártir

 


San Ignacio de Antioquía , San Andrés BessetteMás...

Carta de San Pablo a los Efesios 1,15-23.

Por eso, habiéndome enterado de la fe que ustedes tienen en el Señor Jesús y del amor que demuestran por todos los hermanos,
doy gracias sin cesar por ustedes recordándolos siempre en mis oraciones
Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, les conceda un espíritu de sabiduría y de revelación que les permita conocerlo verdaderamente.
Que él ilumine sus corazones, para que ustedes puedan valorar la esperanza a la que han sido llamados, los tesoros de gloria que encierra su herencia entre los santos,
y la extraordinaria grandeza del poder con que él obra en nosotros, los creyentes, por la eficacia de su fuerza. Este es el mismo poder
que Dios manifestó en Cristo, cuando lo resucitó de entre los muertos y lo hizo sentar a su derecha en el cielo,
elevándolo por encima de todo Principado, Potestad, Poder y Dominación, y de cualquier otra dignidad que pueda mencionarse tanto en este mundo como en el futuro.
El puso todas las cosas bajo sus pies y lo constituyó, por encima de todo, Cabeza de la Iglesia,
que es su Cuerpo y la Plenitud de aquel que llena completamente todas las cosas.


Salmo 8,2-3a.4-5.6-7.

¡Señor, nuestro Dios,
qué admirable es tu Nombre en toda la tierra!
Tú, que afirmaste tu majestad sobre el cielo,
con la alabanza de los niños

y de los más pequeños,
Al ver el cielo, obra de tus manos,
la luna y la estrellas que has creado:
¿Qué es el hombre para que pienses en él,

el ser humano para que lo cuides?
Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y esplendor;
le diste dominio sobre la obra de tus manos.

Todo lo pusiste bajo sus pies.


Evangelio según San Lucas 12,8-12.

Les aseguro que aquel que me reconozca abiertamente delante de los hombres, el Hijo del hombre lo reconocerá ante los ángeles de Dios.
Pero el que no me reconozca delante de los hombres, no será reconocido ante los ángeles de Dios.
Al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará.
Cuando los lleven ante las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no se preocupen de cómo se van a defender o qué van a decir,
porque el Espíritu Santo les enseñará en ese momento lo que deban decir".

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

Beato Humberto de Romans (c.1200-1277)
dominico
“Felices los perseguidos por la justicia” (col. La vie spirituelle, 1924, Lectures chrétiennes pour notre temps, Abbaye d'Orval, 1970)


Los sufrimientos del tiempo presente no pueden compararse con la gloria futura (Rom 8,18)

Ármense de esa paciencia que obra tantas maravillas en los santos. (…) Reflexionemos y veremos que nuestros sufrimientos en esta vida, la gravedad de nuestros pecados y el horror de los tormentos del infierno, no tienen proporción con la enormidad de los sufrimientos de Cristo y con la recompensa celestial. Nuestros Padres se regocijaban por los días de humillación y los años de pruebas que el Señor preparaba (…) La paciencia es un diamante, con ella el alma resiste a las adversidades; es un remedio ya que sana todas las heridas; un escudo porque protege de todos los ataques. Nunca nadie podrá tocarnos si hemos empezado a librar interiormente el combate contra nosotros mismos. (…)
En la construcción de un edificio se golpea, se talla, se esculpe la piedra destinada a un lugar de honor. Así ocurre con nosotros, somos apremiados en este mundo con el fin de entrar en el templo celestial, en el que no escucharemos ningún golpe de martillo. La alegría no debe venir que después de la tristeza necesaria por nuestras faltas pasadas, para nuestra perfección espiritual y el crecimiento de nuestra gloria eterna. ¡Labor fecunda, precioso dolor, felices lágrimas que el Todopoderoso secará en los ojos de los probados! Jesús ha dicho que el Reino de los cielos es el atributo de los que sufren persecución por la justicia (Mt 5,10).
(EDD)

Reflexión sobre el cuadro

Hoy recordamos a San Ignacio de Antioquía, padre de la Iglesia primitiva, obispo y mártir. Nacido en Siria a mediados del siglo I, se dice que Ignacio fue instruido personalmente (junto con otro futuro mártir, San Policarpo) por el Apóstol Juan. Cuando Ignacio se convirtió en obispo de Antioquía hacia el año 70, asumió el liderazgo de una iglesia local que, según la tradición, fue dirigida en primer lugar por San Pedro antes de su traslado a Roma. Situada en la actual Turquía, Antioquía era una de las principales ciudades del Imperio Romano. También fue el lugar donde los creyentes en las enseñanzas de Jesús y en su resurrección recibieron por primera vez el nombre de "cristianos".

Las cartas de Ignacio hablan con gran vehemencia de la importancia de la unidad de la Iglesia, los peligros de la herejía y la importancia de la Eucaristía como 'medicina de la inmortalidad‘. Sus escritos contienen la primera descripción escrita que se conserva de la Iglesia como ’católica“, término derivado del griego que denota tanto universalidad como plenitud. Sobre su inminente martirio escribió: ”Ahora empiezo a ser discípulo. Que vengan el fuego y la cruz; que vengan las hordas de bestias salvajes; que vengan los desgarros, las fracturas y las dislocaciones de huesos; que vengan la amputación de miembros; que venga la destrozamiento de todo el cuerpo; y que vengan sobre mí todos los terribles tormentos del diablo: solo que me permita alcanzar a Jesucristo“.”

San Ignacio de Antioquía dio testimonio de Cristo públicamente por última vez en el Anfiteatro Flavio de Roma, donde fue despedazado hasta la muerte por los leones. Este momento lo vemos representado en nuestro cuadro de Pier Leone Ghezzi. Nuestro santo está arrodillado entre los leones, con los brazos abiertos y la mirada elevada hacia el cielo. Por encima de él, un ángel le tiende la palma del martirio, signo de victoria a través de la fidelidad a Cristo. Incluso mientras las bestias le atacan, Ignacio se estira hacia la vida celestial que le espera. Fíjate en cómo el anfiteatro parece abrirse ya hacia el cielo. Las nubes y los ángeles entran en la arena, llevando la promesa de la eternidad al mismo lugar del sufrimiento. Los espectadores contemplan su muerte; Ignacio alza la mirada hacia su bienvenida.

San Ignacio nos ofrece las palabras que nos permiten comprender este cuadro: “Yo soy el trigo de Dios”, escribe, anhelando convertirse en “el pan puro de Cristo”. Su lenguaje es profundamente eucarístico: desea que toda su vida se convierta en una ofrenda, unida a Jesús. Los leones pueden desgarrar su cuerpo, pero no pueden separarlo de Cristo.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

Oración para ser testigo de Dios

Señor Dios todopoderoso, te doy gracias por tu amor y por permitirme conocerte. Pon tus palabras en mis labios y llena mi corazón de valentía. Dame la gracia de reflejar tu luz no solo con lo que digo, sino con mis acciones de cada día. Quita de mí el miedo o la duda, y recuérdame que es tu Espíritu Santo quien obra. Que mi vida sea un reflejo fiel de tu misericordia para que otros puedan encontrarte a través de mí. Amén.

Consejos prácticos para dar testimonio

  • Sé sencillo y natural: No necesitas palabras complejas; comparte lo que Dios ha hecho en tu vida con sencillez.
  • Habla con tus acciones: El mejor testimonio se nota en los frutos del amor, la paciencia y el servicio a los demás.
  • Confía en el Espíritu: Recuerda las palabras del Evangelio: no temas cómo defenderte o qué decir, porque el Señor pone las palabras en el momento indicado.

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