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sábado, 4 de abril de 2020

Una comunión espiritual para cada día de la semana

Este tiempo, tan duro para tantos, tan marcado por la muerte y el sacrificio, tan inesperado y a la par tan inaudito, ha traído para tantos el poder hacer, si cabe, más reciedumbre nuestra fe. Es así de duro: quien cree busca como fortalecer su fe; el incrédulo, parece que se asienta más en su argumentos... muchos, muchos otros extiende su mano, como tantos personajes del Evangelio para suplicar a Cristo, Nuestro Señor, que aumente nuestra fe.


Una de la prácticas más piadosas cuidada siempre por la Iglesia Católica ha sido la de la COMUNIÓN ESPIRITUAL. Son muchos los santos o directores de almas y escritores religiosos que han escrito fórmulas, a lo largo de los siglos, para hacer un acto de fe en la Presencia Real, para paliar el abandono de la Eucaristía, y con el deseo de recibir a Jesús Eucaristía.
1. Comunión del VENERABLE RAFAEL MARÍA MERRY DEL VAL. Yo la rezo con mucha frecuencia. La escribió en Roma, el 14 de julio de 1902:
A vuestros pies me postro, ¡oh Jesús mío!, y os ofrezco el arrepentimiento de mi corazón contrito, que se hunde en la nada, ante vuestra santa Presencia. OS ADORO en el Sacramento de vuestro Amor, la inefable Eucaristía, y DESEO RECIBIROS en la pobre morada que os ofrece mi alma. ESPERANDO LA DICHA DE LA COMUNIÓN SACRAMENTAL, quiero poseeros en espíritu. VENID A MÍ, puesto que yo vengo a Vos, ¡oh mi Jesús!, y que vuestro amor inflame todo mi ser en la vida y en la muerte. CREO EN VOS y ESPERO EN VOS. OS AMO. Así sea.

2. Sin duda, una de las más populares y repetidas es la compuesta por SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ DE BALAGUER. Aquí con su letra autógrafa:
El fundador del Opus Dei la había tomado de un antiguo catecismo de 1800:
3. Cómo no, esta de SAN MANUEL GONZÁLEZ GARCÍA, el Obispo de los Sagrarios Abandonados, pura alma eucarística:
4. También muy conocida la de SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO. Doctor de la Iglesia, es el patrono de los abogados católicos, de los moralistas y de los confesores. Escribió más de 111 obras, entre las cuales cabe destacar el Tratado de Teología moral, y Las glorias de María, uno de los más renombrados libros sobre temas marianos:
5. SAN JUAN MARÍA BAUTISTA VIANNEY decía sobre la comunión espiritual: «Una Comunión espiritual actúa en el alma como un soplo de viento en una brasa que está a punto de extinguirse. Cada vez que sientas que tu amor por Dios se está enfriando, rápidamente haz una Comunión espiritual».
Esta preciosa oración compuesta por el santo Cura de Ars puede servirnos para hacerla, diciendo al final ¡Ven a mi corazón, oh Jesús!
Te amo, oh mi Dios.
Mi único deseo es amarte
hasta el último suspiro de mi vida.
Te amo, oh infinitamente amoroso Dios,
y prefiero morir amándote que vivir un instante sin amarte.
Te amo, Señor, y la única gracia que te pido 
es la de amarte eternamente.
Oh mi Dios, si mi lengua no puede decir cada instante que te amo,
quiero que mi corazón lo repita cada vez que respiro.
Te amo, oh mi Dios Salvador,
porque has sido crucificado por mí,
y me tienes aquí crucificado contigo.
Dios mío, dame la gracia de morir amándote
y sabiendo que te amo. Amén.
6. San Francisco de Asís decía «cuando no puedo asistir a la Santa Misa, adoro el Cuerpo de Cristo con los ojos del espíritu en la oración, lo mismo que le adoro cuando le veo en la Misa». Y santa Teresa de Jesús: «cuando no podáis comulgar ni oír Misa, podéis comulgar espiritualmente, que es de grandísimo provecho».
Por su parte, SAN ANTONIO MARÍA CLARET afirma: «Tendré una capilla fabricada en medio de mi corazón y en ella, día y noche, adoraré a Dios con un culto espiritual». En su libro Camino recto y seguro para llegar al Cielo encontramos esta bella comunión espiritual. Antes afirma "consiste, pues, esta comunión espiritual en un inflamado deseo de recibir a Jesús sacramentalmente":
¡Oh Jesus y Señor mío!... creo firmísimamente que Vos estáis realmente en el augusto Sacramento del Altar. ¡Ay, Dios mío! ¡qué feliz sería mi suerte, si pudiera recibiros en mi corazón!... Espero, Señor, que Vos vendréis a él, y le llenaréis de vuestra gracia.
Os amo, mi dulcísimo Jesús... ¡Que no os haya amado siempre!, ¡ojalá que nunca os hubiera ofendido ni agraviado, dulcísimo Jesús de mi corazón!... yo deseo recibiros en mi pobre morada.
Aquí calla, adora y entrégate a Jesús sin reserva. Crede et manducasti (cree, y ya has comido), dice San Agustín. Si con fe viva deseas comulgar, ya comulgaste espiritualmente (edición de 1851; páginas 41-42).
Un privilegio incomparable tuvo el santo (y así se presenta iconográficamente) del que fue objeto fue la conservación de las especies sacramentales de una comunión a otra durante nueve años. Así lo escribió en su Autobiografía: "El día 26 de agosto de 1861, hallándome en oración en la iglesia del Rosario de La Granja, a las siete de la tarde, el Señor me concedió la gracia grande de la conservación de las especies sacramentales, y tener siempre día y noche el santísimo sacramento en mi pecho. Desde entonces debía estar con mucho más devoción y recogimiento interior. También tenía que orar y hacer frente a todos los males de España, como así me lo manifestaba el Señor en otras oraciones."
7. Finalmente esta es la que las monjas del colegio "Compañía de María" de Talavera de la Reina enseñan a las niñas que no pueden comulgar, porque no están en edad de ello (los primeros cursos de primaria) y para las que se están preparando a recibir la primera comunión. También la compuso SAN MANUEL GONZÁLEZ GARCÍA:
 
Victor in Vinculis, Aleteia
Vea también Comunión de los divorciados y vueltos a casar

viernes, 3 de abril de 2020

Comunión espiritual: la eucaristía en tiempos de confinamiento

Traduzco y comparto este iluminador artículo aparecido en L'Homme Nouveau:
Sacerdote de la diócesis de Bayona que entró en la Compañía de Jesús en 1850, el R.P. Justin Etcheverry (1815-1890) es autor de numerosas obras. Durante sus años en la isla de la Reunión, escribió La Communion spirituelle, libro de espiritualidad en el que recuerda los efectos de esta práctica así como las condiciones esenciales para obtener todos sus beneficios: 
"Así es como el santo Concilio de Trento definió la comunión espiritual: “aquellos que recibiendo con el deseo este celeste pan, perciben con la viveza de su fe, que obra por amor, su fruto y utilidades”. […]
“La comunión sacramental es más que la estrecha unión de dos amigos que se abrazan, más que la unión del esposo y la esposa; la Comunión espiritual es definitivamente algo más que la unión que puede tener lugar entre dos corazones, por el pensamiento, el afecto y el recuerdo. Sabemos  que Aquel que es amor supera infinitamente todo lo que puedan soñar las más ricas imaginaciones y los corazones más ardientes; alegrémonos al escuchar a la Iglesia decirnos que cuando comulgamos espiritualmente, nos alimentamos por el deseo de este Pan Celestial, y que en virtud de la fe que la caridad hace fructífera, sentimos el fruto y la utilidad. […]
Y no se piense que se trata aquí de la unión sólo con la Divinidad; que actúa, como dijimos al principio, por la gracia santificante; crece y se intensifica por todos los actos de virtud y por todos los impulsos del santo amor. Aquello de lo que estamos hablando es más completo; es todo nuestro ser que se une misteriosamente a todo el Hombre-Dios; es la Eucaristía que recibimos espiritualmente con todos sus dones y efectos. Nos unimos con Jesús por una gracia especial que viene de la Eucaristía: también los actos de nuestra comunión espiritual deben dirigirse a Jesús en la Eucaristía.
Nuestro acto de fe se aplica a la presencia de Nuestro Señor en el Sacramento del Altar; nuestra esperanza es el deseo confiado de recibir al autor mismo de la gracia; nuestro amor se dirige al Hombre-Dios en el misterio que es aquí abajo la más alta expresión de su caridad. Es necesario que estos sentimientos tengan su carácter determinado de este modo, para producir la comunión espiritual, como acabamos de explicarlo y como vamos a explicar al exponer su método.
Puesto que la comunión espiritual suple a la comunión sacramental, tiene que convertirse en su fiel copia y ser calcada a ella en todo lo que la precede, la acompaña y la sigue. Así que también tiene su preparación, su recepción y su acción de gracias.
Preparación: En primer lugar, el estado de gracia. Un corazón que esté en los lazos del pecado mortal debe antes que nada ocuparse de romper sus cadenas y de regresar por el arrepentimiento al Dios que ha abandonado; hasta que una reconciliación plena no se pueda lograr, no se pueden pretender esas efusiones íntimas que están reservadas al más tierno amor.
Además, ni siquiera puede imaginarlo […] Cuando está en el estado de gracia, que es ya la unión con Dios, el alma procede a actos de fe, de amor, de deseo, de humildad, que la unirán perfectamente al Hombre-Dios. Un acto de fe la transporta hasta el tabernáculo y allí ella se postra y adora. Por lo tanto, allí está, siempre presente, siempre encerrado para nosotros, este Dios que los elegidos contemplan en sus eternos esplendores; ahí está, humilde y velado, pero tan grande como en los cielos.[…]
Recepción: Ha llegado el momento de la unión: hay que emplear todas nuestras potencias espirituales. Nuestra imaginación, nuestra memoria, nuestro corazón las tienen en abundancia; tanto que a menudo tenemos que defendernos de la invasión de sus peligrosos sueños. Las fantasías van y vienen, presentándonos todo un mundo que bulle ante nosotros con todos los encantos y todas las tentaciones de la realidad; porque, ¿quién puede decir que la fertilidad de sus pensamientos no llegue a ser un tormento diario? Santifiquemos estas facultades tan vivas, tan activas, aplicándolas a las ideas divinas y a los impulsos del amor sagrado. Tenemos que dilatar toda nuestra alma para recibir al huésped divino; una vez recibido, le abrazaremos estrechándolo con respetuosa ternura; y permaneceremos un instante en esta deliciosa alegría de la posesión, que expresa tan bien la Esposa del Cantar de los Cantares: «Mi amado es mío, y yo suya» (Cantares, II, 16).
Acción de Gracias: Sin embargo, no debemos separarnos (los corazones que se aman nunca se separan), pero sí interrumpir estos santos disfrutes. Aquí abajo los gozos, incluso los más puros, sólo pueden durar un instante. Volverán pronto, sin duda, pero para terminar rápidamente de nuevo y sucederse como grados de ascensión hacia el cielo.
Agradezcamos a Jesús; bendito sea por honrar con una visita tan grande el alma que no es más que su humilde sirvienta y a la que eleva a la dignidad de su esposa. Él ha estrechado los lazos de su ternura que cada contacto divino hace más íntima y dulce; que nos ha dado un beso de su boca (Cantares, I, 1), y este beso misterioso nos ha dejado una huella viva y un suave recuerdo.
Nos retiramos felices; y en medio de este mundo del que aún escuchamos su voz, en medio de los trabajos que estamos a punto de reanudar, en la carrera habitual que todavía tenemos que recorrer, este recuerdo permanecerá con nosotros para mantener vivo nuestro inmortal amor. Podremos, como expresión de nuestra gratitud, servirnos de algunas de las hermosas oraciones que la Iglesia dirige a su Esposo en el tabernáculo”.
R. P. Justin Etcheverry,
La Communion spirituelle (Édition Périsse Frères 1863)
Traducido de L’Homme Nouveau (28 de marzo de 2020) n.º 1708
Mientras el mundo gira, ReL

Vea también Sermón del Santo Cura de Ars sobre la Santa Comunión



domingo, 29 de marzo de 2020

La comunión espiritual


La Comunión espiritual.

Creo, Jesús mío, que estás presente en el Santísimo Sacramento del Altar; te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte dentro de mi alma. Mas, no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven espiritualmente a mi corazón. No permitas, Jesús mío, que jamás me aparte y separe de ti.
Así sea.

La Comunión Espiritual bastantes veces al día.
Si ustedes practican el Santo ejercicio de la Comunión Espiritual bastantes veces al día, en un mes se encontrarán completamente cambiados.
San Leonardo de Porto Maurizio



La comunión espiritual.
Cuando estuviere legítimamente impedido, tenga siempre buena voluntad y devota intención de comulgar, y así no carecerá del fruto del Sacramento. Porque cualquier devoto puede cada día y cada hora comulgar espiritualmente con fruto. Más en ciertos días y en el tiempo mandado, debe recibir sacramentalmente el cuerpo de su Redentor con afectuosa reverencia, y buscar más bien la gloria y honra de Dios, que su propia consolación. Porque tantas veces comulga místicamente y se alimenta invisiblemente su espíritu, cuantas se acuerda con devoción el misterio de la Encarnación y Pasión de Cristo, y se enciende en su amor.
Beato Tomás de Kempis
La Imitación de Cristo





La comunión espiritual.
La comunión espiritual consiste, en un deseo ardiente de recibir a Nuestro Señor Jesucristo sacramentalmente y en amoroso abrazo, como si se lo hubiera ya recibido.
Santo Tomás de Aquino
Doctor de la Iglesia


La comunión espiritual.
El santo Concilio de Trento dice que hay tres clases de Comunión: la primera meramente sacramental; la segunda puramente espiritual, y la tercera sacramental y espiritual a la vez.



Apostolado de la Santa Misa Diaria

sábado, 21 de marzo de 2020

El Papa invita a todos «los que siguen la misa por televisión a hacer la comunión espiritual»


El Papa, en misa en la festividad de San José

El Papa Francisco, muy devoto de San José, celebró este jueves su festividad sin fieles durante la misa que celebró en Santa Marta. Además, el Santo Padre exhortó a la comunión espiritual en este difícil momento debido a la pandemia del coronavirus, que ha provocado la suspensión de misas y cierre de iglesias en numerosos lugares.
“Invito a todos los que están lejos y siguen la misa por televisión a hacer la comunión espiritual”, dijo Francisco, y rezó: “A tus pies, oh Jesús mío, me postro y te ofrezco el arrepentimiento de mi corazón contrito que se abandona en su nada y en Tu santa presencia. Te adoro en el sacramento de tu amor, deseo recibirte en la pobre morada que mi corazón te ofrece. En espera de la felicidad de la comunión sacramental, quiero tenerte en espíritu. Ven a mí, oh Jesús mío, que yo vaya hacia Ti. Que tu amor pueda inflamar todo mi ser, para la vida y para la muerte. Creo en Ti, espero en Ti, Te amo. Que así sea”.
Rezar por los presos
Como está haciendo cada día celebrando la Eucaristía, Francisco pidió rezar especialmente por algún grupo concreto y en este caso pidió orar “por los hermanos y hermanas que están en las cárceles: ellos sufren mucho, por la incertidumbre de lo que sucederá dentro de la cárcel, y también pensando en sus familias, cómo están, si alguien está enfermo, si falta algo. Estamos cerca de los detenidos, hoy, que sufren tanto en este momento de incertidumbre y dolor”.
En su homilía, comentando el Evangelio del día, que habla de San José, hombre justo, es decir, hombre fiel, capaz de entrar en el misterio de Dios, el Pontífice recordó la importancia de la oración de adoración.
Este es el texto íntegro de la homilía que recoge Vatican News:
El Evangelio (Mt 1:16.18-21.24) nos dice que José era "justo", es decir, un hombre de fe, que vivía la fe. Un hombre que puede ser enumerado en la lista de todas esas personas de fe que hemos recordado hoy en el oficio de las lecturas (cf. Carta a los Hebreos, cap. 11); esas personas que vivieron la fe como fundamento de lo que se espera, como garantía de lo que no se ve, y como prueba de lo que no se ve.
José es un hombre de fe: por eso era "justo". No sólo porque creía, sino también porque vivía esta fe. Un hombre "justo". Fue elegido para educar a un hombre que era un verdadero hombre pero que también era Dios: se necesitaba un hombre-Dios para educar a un hombre así, pero no había. El Señor eligió a un hombre "justo", un hombre de fe. Un hombre capaz de ser un hombre y también capaz de hablar con Dios, de entrar en el misterio de Dios. Y esta fue la vida de José. Vivir su profesión, su vida de hombre y entrar en el misterio. Un hombre capaz de hablar con el misterio, de interactuar con el misterio de Dios. No era un soñador. Entró en el misterio. Con la misma naturalidad con la que llevó a cabo su oficio, con esta precisión de su oficio: fue capaz de ajustar un ángulo milimétrico en la madera, sabía cómo hacerlo; fue capaz de bajar, de reducir un milímetro de la madera, de la superficie de una madera. Cierto, era preciso. Pero también era capaz de entrar en el misterio que no él podía controlar.
Esta es la santidad de José: llevar adelante su vida, su oficio con rectitud, con profesionalidad; y de momento, entrar en el misterio. Cuando el Evangelio nos habla de los sueños de José, nos hace entender esto: entrar en el misterio.
Pienso en la Iglesia hoy, en esta Solemnidad de San José. Nuestros fieles, nuestros Obispos, nuestros sacerdotes, nuestros consagrados y consagradas, los papas: ¿son capaces de entrar en el misterio? ¿O es necesario que se regulen de acuerdo con las prescripciones que los defienden de lo que no pueden controlar? Cuando la Iglesia pierde la posibilidad de entrar en el misterio, pierde la capacidad de adorar. La oración de adoración sólo puede darse cuando uno entra en el misterio de Dios.
Pidamos al Señor la gracia de que la Iglesia viva en la concreción de la vida cotidiana y también en la "concreción" – entre comillas – del misterio. Si no puede hacerlo, será una Iglesia a mitad, será una asociación piadosa, llevada adelante por prescripciones pero sin el sentido de la adoración. Entrar en el misterio no es soñar; entrar en el misterio es precisamente esto: adorar. Entrar en el misterio hoy es hacer lo que haremos en el futuro, cuando lleguemos a la presencia de Dios: adorar.
Que el Señor dé a la Iglesia esta gracia.


ReL
Vea también La Comunión Espiritual

viernes, 21 de agosto de 2015

El cardenal Prefecto para la Congregación de los Obispos Ouellet explica por qué la comunión espiritual puede ser un camino para quien no puede comulgar


Ouellet explica por qué la comunión espiritual puede ser un camino para quien no puede comulgar

Luciano Mola / Avvenire
«La misericordia de Dios puede restablecer la comunión espiritual en las almas arrepentidas aun manteniendo un límite a la comunión sacramental, pues esa se adapta a la debilidad de los pecadores sin favorecer esta debilidad a expensas de la fidelidad de los otros miembros del pueblo de Dios». 
 
Para los divorciados que se han vuelto a casar la comunión espiritual, o comunión de deseo, es por lo tanto una práctica no sólo aconsejable, sino deseable. Y la pastoral «debe profundizar aún más la vía de la comunión espiritual poniendo en claro su estrecha relación con la comunión eucarística y con la comunión eclesial». 
 
Así escribe el cardenal Marc Ouellet, prefecto de la Congregación para los Obispos, en dos amplias contribuciones inéditas preparadas para "Avvenire" [y de las que ReL ofrece algunos pasajes]. 
 
El análisis del cardenal teólogo -ha sido profesor ordinario de teología dogmática en la Pontificia Universidad Lateranense de 1996 a 2002- sobre la comunión espiritual a los divorciados que se han vuelto a casar se articula en dos reflexiones. 
 
En el primer texto, "Comunione spirituale e comunione sacramentale: unità e distinzione" (Comunión espiritual y comunión sacramental: unidad y distinción, ndt)examina lo que la tradición bíblica, patristica y teológica ha dicho a propósito de ladiferencia entre comunión espiritual y comunión sacramental, deteniéndose sobre todo en San Pablo, San Agustín y Santo Tomás y sintetizando cuanto confirmado por el Concilio de Trento. 
 
En el segundo, "Se la comunione spirituale è possibile per i divorziati risposati, allora perché no la comunione sacramentale?" (Si la comunión espiritual es posible para los divorciados que se han vuelto a casar, entonces ¿por qué no lo es la comunión sacramental?, ndt), explica las razones por las que, en su opinión, es justo que la Iglesia siga pidiendo «a los divorciados que se han vuelto a casar que se abstengan de la comunión sacramental, invitándoles sin embargo a practicar la comunión de deseo, la comunión espiritual». 
 
El problema de la oportunidad de continuar aconsejando la práctica de la comunión espiritual a los divorciados que están en una nueva unión -y que según cuanto afirmado por el magisterio de la Iglesia no pueden acercarse a la Eucaristia-, ya se había planteado en el debate sinodal del pasado octubre. 
 
El tema fue posteriormente retomado en la Relatio Synodi de la asamblea extraordinaria (18/10/2014) y después en el Instrumentum laboris publicado el 23 de junio pasado en vista de la asamblea ordinaria del próximo mes de octubre.
 
Ahora Ouellet retoma el hilo del discurso, desarrollando su tesis en tres líneas. Ante todo explica el valor de la comunión espiritual que en ningún caso puede ser considerada Eucaristia de "serie B". De hecho, la comunión sacramental y la comunión espiritual están profundamente vinculadas.

Haciendo referencia a Santo Tomás, el cardenal explica que «hay un modo perfecto y otro imperfecto de comulgar: el modo perfecto identifica comunión sacramental y espiritual, donde la primera nutre a la segunda; el modo imperfecto es tanto el de la comunión sacramental sin el efecto espiritual por la falta de disposición, como el de la comunión espiritual de deseo sin la comunión sacramental a causa de cualquier impedimento». 
 
El segundo punto concierne el motivo por el cual la Iglesia pide a los divorciados que se han vuelto a casar que se abstengan de la comunión sacramental: «Dado que el matrimonio sacramental es "signo eficaz, sacramento de la alianza de Cristo con la Iglesia", allí donde la alianza conyugal esté rota, el respeto de la Alianza con Cristo impone abstenerse de la comunión sacramental». 
 
Por último, la importante evidencia pastoral que se inclina ante el sufrimiento de las personas, explicando que en cada caso «la misericordia divina sobrepasa el orden sacramental y actúa en los corazones más allá de los obstáculos» que los hombres pueden reconocer.

Para volver a encontrar la gracia de Dios, antes de la absolución de los pecados y de la gracia eucarística, es necesario de hecho «el arrepentimiento sincero y un camino de conversión que tengan un efecto de justificación también cuando las condiciones objetivas de las personas no pueden ser modificadas».
 
De aquí la conclusión abierta a la esperanza: «También quienes viven en una situación irregular pueden experimentar la divina misericordia en un cuadro sacramental apropiado que respete el misterio de la Alianza: "Lealtad y fidelidad se encuentran, justicia y paz se besan" (Sal 85, 11).
 
DEL PRIMER ARTÍCULO DE OUELLET
»Antes de entrar en el mérito de la aplicación de esta distinción al caso que nos interesa, recordemos ante todo la tradición de la Iglesia católica a este propósito, que parece haberse hundido en el olvido. La facilidad con la que todos actualmente comulgan ha hecho que en muchos desaparezca el sentido espiritual profundo de la comunión eucarística. 

»Un cierto deseo de participación activa en el plano social ha suplantado la exigencia, antes percibida con fuerza, del estado de gracia para acercarse a la comunión. Esta es la razón por la que es necesario recordar la enseñanza de la tradición católica sobre la distinción y la unidad entre la comunión sacramental y la comunión espiritual tal como se ha entendido y se ha transmitido durante siglos.
 
(...)
 
»La tradición católica se apoya sobre todo en la doctrina del Concilio de Trento a propósito de la comunión eucarística, en respuesta a las posiciones protestantes. Esa distingue claramente tres casos: 

-la comunión sacramental de quien está en estado de pecado, que no es espiritual porque es indigna;
-la comunión espiritual sin alimentarse del sacramento;
-la comunión perfecta, sacramental y espiritual.
 
(...)
 
»La unidad y la distinción de las dos formas de comunión no siempre se percibe con claridad en nuestros días a causa de una cierta banalización de la comunión por nosotros recordada al inicio, que es lo opuesto de la imperfecta práctica de la comunión sacramental que duró siglos siglos y que el jansenismo agravó en los tiempos modernos por exceso de moralismo, pero que San Pío X combatió eficazmente promoviendo la comunión frecuente.
 
DEL SEGUNDO ARTÍCULO DE OUELLET
»Se observa efectivamente la tendencia bastante difundida entre los fieles de acercarse a la comunión sacramental sin una conciencia clara de las condiciones espirituales requeridas para recibir fructuosamente el sacramento. 

»Muchos perciben la comunión sacramental como una participación activa a la liturgia más que como un signo de comunión con el Cuerpo de Cristo en cuanto miembros de la Iglesia.Abstenerse de la comunión comporta entonces un vago sentido de exclusión o incluso de discriminación. De aquí un deseo de participación completa que no sea frustrado por una norma heredada de un pasado que ya se considera acabado.
 
»La posición de la Iglesia católica respecto a las personas divorciadas y que se han vuelto a casar en lo que se refiere a la comunión eucarística sigue siendo a pesar de todo clara y constante en la tradición, si bien su situación irregular no les impide participar en la comunión espiritual del sacramento.
 
(...)
 
»La alianza conyugal es efectivamente el signo sacramental del don de Cristo esposo a la Iglesia esposa, don actualizado en la celebración de la Eucaristia y ratificado públicamente al alimentarse con las santas especies en el banquete de la Nueva Alianza: "Tomad y comed, este es mi cuerpo", "¡Amén!". 

»Si el signo sacramental del matrimonio indisoluble es destruido por la ruptura de la primera unión y la entrada en una nueva unión objetivamente adúltera, ¿de qué modo las personas divorciadas que se han vuelto a casar pueden testimoniar públicamente y en verdad el significado nupcial de la comunión eucarística? 

»Ni siquiera una conversión auténtica fundada sobre un arrepentimiento real puede eliminar el obstáculo de una situación objetiva que contradice la verdad de los sacramentos del matrimonio y de la Eucaristia.  Esta es la razón por la que la Iglesia pide a los divorciados que se han vuelto a casar que se abstengan de la comunión sacramental, invitándoles sin embargo a practicar la comunión de deseo, la comunión espiritual en el sentido que hemos definido más arriba.