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sábado, 24 de enero de 2026

Así transforma un sacerdote su parroquia: el caso del padre Ignacio del Rey

 No me lo han contado: lo he visto. En Morón, San Miguel y San Francisco despierta; un sacerdote vive su misión hasta el final y la fe se entrega, no se gestiona

Charla de formación, parroquia San Miguel y San Francisco, Morón. Sevilla

Charla de formación, parroquia San Miguel y San Francisco, Morón. Sevilla@ignadelrey

16.01.2026 | 08:30

Actualizado: 


    Hay misiones que no se explican en un decreto ni se miden en plazos pastorales. Se entienden solo cuando uno las ve con sus propios ojos. No me lo han contado: lo he visto. Y cuando eso ocurre, el laico —tan dado a veces al escepticismo práctico— no puede sino rendirse ante una evidencia incómoda para los prejuicios: un buen sacerdote puede cambiarlo todo.

    Aceptar una misión en la Iglesia no es poca cosa. Aceptarla con alegría ya es una virtud. Pero aceptarla y bordarla con honores, como si se tratara de una vocación dentro de la vocación, eso ya entra en otra categoría. Algo así es lo que está ocurriendo en Morón, en esa parroquia que uno mira desde fuera y piensa, con cierta ironía devota, que si no es catedral es por pura discreción histórica. San Miguel y San Francisco no solo impresiona por su porte; hoy impresiona, sobre todo, por su pulso.

    Al frente está el padre Ignacio del Rey Molina, sacerdote diocesano de Sevilla. Y conviene decirlo claro desde el principio: no estamos ante un fenómeno de marketing pastoral ni ante un activista con sotana. Estamos ante un sacerdote que se cree su ministerio hasta las últimas consecuencias. Que cree en Dios, cree en la Iglesia y cree —esto ya es casi heroico— en que las cosas bien hechas, sostenidas en oración, dan fruto. Como él mismo dice: “Nada es para mí, todo es para Él. No quiero más que poner su nombre en la boca de los hombres”.

    Cuatro meses. Solo cuatro. Y la parroquia no para. Jóvenes que aparecen donde antes había silencio, formaciones donde antes había rutina, Hermandades acompañadas con criterio y cercanía, vida sacramental cuidada, orden sin rigidez y alegría sin superficialidad. Nada espectacular en el sentido vacío del término; todo profundamente eficaz en el sentido evangélico. Como si alguien hubiera recordado que la parroquia no es un edificio, sino un organismo vivo.

    Aquí es donde la ironía se impone sola: el padre Ignacio trabaja con la eficacia de un Navy Seal, pero su gran aliado no es la logística ni la estrategia, sino Cristo. Y eso se nota. Porque sabe de la vida, sabe de Dios y —bendita combinación— sabe de gestión en estas lides tan concretas y tan poco románticas que son las almas, los horarios, los grupos y los conflictos pequeños que, mal atendidos, se convierten en grandes.

    Nada de improvisaciones piadosas. Nada de espiritualismos desordenados. Hay visión pastoral, hay prioridades claras y hay algo que hoy escasea incluso dentro de la Iglesia: responsabilidad sacerdotal. Esa que entiende que el ministerio no es una identidad abstracta, sino un servicio encarnado en un lugar, en un pueblo y en un tiempo concretos.

    Y lo más llamativo es que todo esto no nace del afán de protagonismo, sino de la obediencia bien vivida. Alguien acepta una misión confiada por su obispo y, lejos de administrarla con mínimos, la vive como si fuera decisiva. Porque lo es. Cada parroquia lo es. Cada alma lo es. Y cuando un sacerdote actúa desde esa convicción, el pueblo lo percibe casi de inmediato.

    Como laica, confieso algo que quizá debería decirse más a menudo: ver a un sacerdote así dinamita los tópicos de los habituales críticos de la Iglesia. Una Iglesia, no ideal, pero si una real. La que a veces parece cansada, pero que revive cuando encuentra pastores que no se administran a sí mismos, sino que se entregan.

    Morón lo está viendo. Yo lo he visto. Y por eso merece ser dicho sin complejos: la labor de un buen sacerdote —como el padre Ignacio del Rey— no solo sostiene una parroquia; devuelve la esperanza de que la Iglesia, cuando quiere, acierta de lleno.

    Matilde Latorre de Silva, ReL

    Vea también      Colaboradores de la familia,
    parroquia y la escuela




    jueves, 14 de marzo de 2024

    Campaña en EEUU para que las parroquias busquen a los que dejaron de ir a misa con la pandemia

    Cartas, llamadas, postales... recursos preparados para reinvitar a la parroquia



    Durante la pandemia del coronavirus y sus confinamientos muchos cristianos, católicos o protestantes, perdieron el hábito de ir al culto dominical.

    Un estudio en 2022 del centro CARA de la Universidad de Georgetown calculaba un bajón del 7% de adultos en las misas católicas en EEUU.

    Algunos quizá murieron, otros quizá se acomodaron a seguir la misa por televisión o por Internet, otros perdieron el hábito o murió la persona que les acompañaba o invitaba...

    De hecho, en EEUU, como en otros países, hay numerosos "excatólicos" (un 13% de los adultos estadounidenses lo son según un estudio de Pew Forum de 2014), aunque es una categoría amplia. Un católico que no va a misa porque es perezoso, o tiene muchas más cosas que hacer, o no es devoto, sigue declarándose católico. Para declararse "ex-católico" tiene que haber pasado algo más: elegir otra religión o haberse enfadado activamente con la Iglesia por alguna razón. Es cierto que en muchas personas la mera desidia, una mudanza, un cambio de horarios laborales, pueden bastar para perder el hábito de la misa dominical.

    Sea cual sea la causa del alejamiento, la Iglesia en EEUU, en el marco del "Avivamiento Eucarístico Nacional" que decretaron los obispos en todo el país, ha lanzado una campaña para que los párrocos y su equipo de colaboradores contacten con los que han dejado de venir a la parroquia, escribiéndoles postales, o cartas, o llamándoles por teléfono. Es la campaña "Invite One Back", que detalla trucos, ideas, argumentos y ofrece modelos de textos, también en español en su web.

    La campaña tiene clara su objetivo: "Todos debemos invitar a todos los que se fueron a regresar de una manera que asegure que se sientan vistos y deseados como miembros individuales de nuestra familia parroquial".

    Invitar a las personas al encuentro íntimo con Jesucristo

    El obispo Andrew H. Cozzens de Crookston, Minnesota, que dirige esta campaña, explica que la invitación no es solo a "llenar los bancos de la iglesia" sino "guiar a las personas a encuentros íntimos con Jesucristo y conducir almas a la salvación".

    Por el momento, la campaña no piensa en personas alejadas hace décadas ni en desconocidos, sino en ex-parroquianos que los sacerdotes pueden recordar, y cuyos datos probablemente guardan en algún sitio (en EEUU se guardan muchos más datos, teléfono y dirección de los fieles, que en España y los países hispanos).

    "Haga una lista de feligreses que no haya visto en mucho tiempo o personas que solían ser miembros de su parroquia, y comience a orar por ellos ahora. Discierna cómo puede comunicarse mejor con cada miembro de ese grupo y haga un plan para comunicarse con cada uno de ellos de la manera que sea más significativa. Reúna un equipo de 'guerreros de oración' dedicados a cubrir con oración a cada miembro ausente. ¡Esta es una excelente manera de involucrar a toda la parroquia en esta campaña significativa!", dicen las instrucciones para párrocos. Los grupos de oración, rosario, adoración o alabanza deberían orar por estas intenciones de forma específica.

    La web ofrece modelos de cartas pero anima a personalizar al máximo los textos, además de poner el membrete de la parroquia, y dejar claro que es toda la parroquia la que tiene muchas ganas de volver a acoger al parroquiano alejado, y que hay mucho para ofrecerle (por ejemplo, una jornada especial, un momento de fiesta o acogida, o una liturgia especialmente emotiva como Navidad, Pascua, Miércoles de Ceniza o una fiesta patronal de la Virgen).

    Otra opción es enviar "hermosas postales impresas", porque "llamarán la atención del destinatario y los costos de envío serán más bajos". Recomiendan usar plantillas en la plataforma Canva.

    Llamarles por teléfono, hacerles hablar y escuchar

    Pero lo mejor (fuera de visitar personalmente en casa al parroquiano alejado) es llamar por teléfono, preguntar por qué no se les ha visto últimamente en la parroquia y cómo puede la parroquia ayudarles con oración. Es importante escuchar lo que responde la persona, "haciéndoles sentir escuchados y deseados como miembros de su comunidad parroquial".

    Antes de empezar a telefonear, como en tantas otras acciones pastorales, recomiendan hacer una oración y poner las llamadas en manos de Dios.

    "Prepárese con una oración. Pídale a Jesús que le dé su corazón para atender a esta persona antes de coger el teléfono, e invite al Espíritu Santo a participar en la conversación. Dios sabe exactamente lo que esa persona necesita oír y hablará a través de ti", propone la campaña.

    En la llamada, detallan, "hay que dar a la persona la oportunidad de hablar en los primeros 15 segundos. Preguntar algo tan sencillo como "¿Qué tal está usted?" antes de empezar a explicar el motivo de la llamada es una buena forma de conseguir que la otra persona se implique más en la conversación. Aunque usted no conozca personalmente al destinatario de su llamada, antes era un miembro apreciado de la familia parroquial, así que en nombre de la parroquia, hablaremos con calidez".

    Hay que tener claras algunas cosas a la hora de empezar a hacer llamadas: poder ofrecer horarios en los que el párroco estará disponible, o momentos para el encuentro personal al terminar la misa, o un momento especial para quedar.

    Algunos pueden querer debatir sobre temas de fe, o dudas doctrinales: lo mejor es hacerlo con tranquilidad estableciendo una cita en la parroquia. Se recomienda concretar un día y hora concreto con la persona, anotarlo y esperarlo, y luego recordárselo con un e-mail o whatsapp ("recuerde que nos vemos el domingo en la misa de 11"). Muchas personas pueden estar impedidas por motivos de salud: la parroquia ha de poder enviarles alguien con la Sagrada Comunión, o al menos para visitarlas, orar con ellas y reestablecer el contacto.

    Andrew H. Cozzens considera que todo esto es un "gran acto de amor" y "una de las formas más sencillas y eficaces de evangelizar".

    El "avivamiento eucarístico" implica animar a la gente a acudir a misa y entenderla mejor, dicen en este vídeo:

    P.J.G., ReL

    Vea también     La parroquia es la casa de la familia

    Seis razones para quedarte en tu parroquia en Semana Santa


    PAQUES

    La Cuaresma avanza y el triduo pascual ya se vislumbra en el horizonte. Para muchos, el Triduo Pascual es una forma práctica de evadirse. Aleteia le invita a considerar una manera diferente de aprovechar al máximo estos Días Santos

    «¿Qué vas a hacer en Semana Santa?» Esta es una pregunta inofensiva pero que parece dar a entender que en Semana Santa, ¡la gente sale a pasear! Muchos aprovechan estos tres días para reunirse con sus familias y disfrutar de la tradicional comida de Pascua, ¿y si este año el descubrimiento más delicioso fuera quedarse y disfrutar de la Pascua en tu propia parroquia?

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    «EL TIEMPO ES ORO»… ¡Y MUCHO MÁS!

    El final de la Cuaresma no significa el final de la sobriedad. Y la primera razón para quedarse en su parroquia por Pascua es práctica: al no tener que hacer kilómetros, se ahorra dinero en el viaje. Ten en cuenta que esto no es una invitación a preferir el ahorro potencial a la alegría de una reunión familiar. No hay nada que le impida donar el presupuesto de transporte no gastado a una parroquia, comunidad o asociación.

    No hay viaje, por lo que no hay que hacer maletas, no hay atascos y, potencialmente, habrá más tiempo, menos irritación y más tranquilidad: ¡este tiempo ahorrado puede utilizarse para seguir el servicio que se habría perdido si hubiera tomado el camino!

    2
    LA OPORTUNIDAD DE EXPERIMENTAR TODOS LOS SERVICIOS

    Una de las gracias de permanecer en tu parroquia en Semana Santa es poder vivir todos los servicios del Triduo Pascual. Al volver cada vez al mismo escenario, uno se sumerge más profundamente en el significado de la Muerte de Jesús y experimenta plenamente la Gloria de su Resurrección. La coherencia se forma así a través de la misma liturgia, y cada oficio recuerda al anterior al tiempo que le da un nuevo significado.

    3
    PASCUA, PUNTO CULMINANTE DE LA VIDA PARROQUIAL

    Family at church together

    Si la Pascua es el punto culminante del año litúrgico, también lo es la vida parroquial. Es durante este tiempo cuando todas las personas de buena voluntad están llamadas a reunirse para vivir un espíritu fraterno. Es menos probable que el párroco confíe en alguien que está de paso que en un feligrés cuyos talentos conoce.

    Quedarse en la parroquia durante la Pascua supone una valiosa ayuda durante una semana en la que no solo hay misa dominical, sino también una serie de servicios que requieren mano de obra (colocación de la Cruz para la veneración del viernes, lavatorio de los pies, lectores, flores, etc.). No hay duda de que una de estas tareas es ideal para ti.

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    CENTRARSE EN EL «PRÓJIMO»

    La Pascua trata sobre el amor al prójimo y la entrega de uno mismo. Pero, ¿el prójimo no es precisamente ese feligrés geográficamente cercano y no la familia del otro extremo del país? ¿No son nuestros vecinos nuestros propios hijos, a los que podemos ayudar más a entrar en el Misterio del Triduo si no viajamos cientos de kilómetros durante tres días?

    5
    CONSERVE SUS HÁBITOS PARA VER MEJOR LO QUE HA CAMBIADO

    Al mantener el entorno parroquial habitual, lo que cambia es más desafiante. Lo nuevo es más sorprendente cuando ocurre en un entorno familiar. Permaneciendo en la parroquia para la Pascua, la Resurrección de Cristo puede ser la verdadera celebración, no eclipsada por fiestas y reuniones familiares.

    6
    INVITA A UN CONOCIDO

    También puedes sugerir a alguien que no se encuentre bien en este momento, a un padre con el que te tropieces a menudo a la salida del colegio o a un colega con el que hayas tenido una discusión recientemente, que se una para participar en los oficios.

    Cuando uno no está acostumbrado a ir a Misa, siempre es reconfortante saber que se espera de uno que asista, y esto puede ser a veces el detonante para empezar a ir de nuevo con más regularidad… y hacer un seguimiento si la invitación se renueva en las semanas posteriores a Semana Santa, ¡lo cual es más fácil si el punto de anclaje es tu parroquia habitual!

    Christine Magne, Aleteia

    Vea también     Celebrando Viernes Santo


    domingo, 10 de septiembre de 2023

    ¿Falta sentido de comunidad en tu parroquia o grupo? Puedes mejorarlo con estos 5 pasos sencillos

    Marcel LeJeune, de Catholic Missionary Disciples,
    propone iniciativa y acogida: lo cambia todo


    Generar lazos de confianza y amistad, expandirse más allá de la zona de confort y las "burbujas" parroquiales, rezar por sus miembros... son algunas de las características imprescindibles de una comunidad católica con impacto

    Una mudanza, una conversión o una simple casualidad. Un día "el primero" para ir a una parroquia nueva, solo o en familia. No es raro que al acabar la misa, los nuevos feligreses , al salir, sientan frialdad. Nadie se acerca a saludarles o conocerles. Muchas veces la respuesta será sencilla y directa: no volverán a misa.

    Así lo vivió el evangelizador Marcel LeJeune, fundador del programa Catholic Missionary Disciples.

    Recién casado, se cambió de ciudad con su familia y tuvo que buscar una nueva parroquia, tratando por todos los medios de integrarse en una comunidad y conocer a los fieles.

    "Nadie nos dio la bienvenida, nadie se acercó, nadie nos saludó por primera vez", recuerda.

    La auténtica comunidad católica

    La suya "no es una experiencia poco común", pero su respuesta sí: tras un año de intentos fallidos, él y su esposa tomaron la iniciativa y reunieron a otros matrimonios recién casados con el objetivo de "hacer algo, aunque fuese de forma imperfecta. Empezamos a aprender sobre la auténtica comunidad católica, lo difícil que puede ser y crecimos como discípulos al ser desafiados a vivir nuestra fe".

    De acuerdo con su experiencia y la definición de comunidad, conjunto de personas vinculadas por características o intereses comunes", LeJeune fue consciente de que la comunidad, en el ámbito católico, "debe parecerse más a una familia que a un club, no se trata de estar de acuerdo o de llevarse bien, sino de quererse y cuidarse unos a otros, incluso a aquellos a quienes no te gustan o no les gustas".

    Así lo hacían los primeros cristianos, que "vivían en una comunidad, se reunían regularmente, rezaban juntos, se servían y responsabilizaban los unos de los otros y se conocían entre ellos", explica. El Evangelio está lleno de ejemplos.

    Pero aquella comunidad de cristianos primitivos, "generalmente, no se parece a las parroquias de hoy en día".

    En primer lugar, explica, porque la auténtica comunidad católica "no es una burbuja", sino que se supone que "debe llegar a los demás, atraer a los otros a los sacramentos, su sentido es el bien del mundo y no solo de los que van a misa".

    Marcel LeJeune.

    Como evangelizador, escritor y autor de varios libros y presidente de Catholic Missionary Disciples, Marcel LeJeune es una de las voces más autorizadas en norteamérica al hablar de evangelización.  

    En otras palabras: "La comunidad no es el objetivo. Jesús es la meta, el cielo es la meta, la santidad es la meta. Pero no podemos alcanzarlo plenamente sin una comunidad católica fuerte. Cuando enfocamos nuestra vida en Jesús, el cielo y la santidad, la comunidad no necesariamente sucede, pero es posible que surja. Pero se necesita iniciativa y voluntad".

    Consciente de que muchos fieles y parroquias se encuentran "estancados" en este aspecto, propone cinco pasos para construir una comunidad católica fuerte.

    1º) Toma la iniciativa

    LeJeune y su esposa vieron que tenían que "salir de la zona de confort y liderar", aún estando "mal equipados, sin tener experiencia de liderazgo" o siendo "más jóvenes" que la gente que les rodeaba. Dejaron de "esperar a que actuara otro" y tomaron la iniciativa. "Todo lo que se necesita para formar una comunidad y relaciones sólidas es alguien con quien comenzar", explica.

    2º) La oración, imprescindible en la comunidad

    Para abrirse "al poder de Dios" y lograr "un impacto espiritual en la vida de los demás",  se necesita oración. "Si realmente queremos construir comunidades católicas fuertes, debemos comprometernos a rezar por aquellos que deseamos tener en la comunidad, incluso por quienes aún no conocemos. Todos ellos deben ser añadidos a la lista de oración diaria", subraya.

    3º) No subestimar algo tan simple como una invitación

    El simple hecho de invitar a alguien a una reunión, un evento o una misa transmite mucho: no solo que esa gente le importa a quien le invita, sino que quiere que forme parte de su vida. Y muchos están esperando esa invitación. Según sus datos, "un 43% de los católicos no practicantes se plantean volver a vivir su fe, pero ¿qué ocurrirá si nunca son invitados a hacerlo", plantea.

    Es algo que se puede "extrapolar" a quienes sí van a misa, pero carecen de amistades cristianas o de una comunidad. También ellos "están esperando una invitación", y es tan sencillo como "presentarse a alguien en misa, hablar un rato y acabar invitándole a una reunión, una comida o un café. No es algo que haya que pensar mucho, solo hacerlo más".

    4º) Visión a largo plazo: voluntad de servir 

    Pero según LeJeune, donde se encuentra el "verdadero objetivo" es "en la inversión", en dedicar tiempo.

    "Las personas que invierten en una comunidad pensarán más en cómo servir a los demás, en lugar de preguntarse `¿qué obtengo yo de esto?´. Estas son las personas que están dispuestas a invertir profundamente en una comunidad, pero con la visión de llegar a más. Así como no puedes ser discípulo de Jesús cuando vives separado de Él, no puedes ser parte de una comunidad cristiana y vivir separado de los demás", explica. Por ello, una comunidad cristiana que no tenga un liderazgo con iniciativa y una visión a largo plazo, probablemente fracasará.

    5º) Como Jesús, con paciencia crear relaciones y confianza

    Lejeune propone también "mirar a Jesús" y hacer lo que Él hizo. "Él tomó la iniciativa por los suyos, rezó por ellos, les invitó e invirtió en ellos y tuvo un profundo impacto. Pasó mucho tiempo con la gente, hizo crecer las relaciones, desafió a otros, les dio responsabilidades, los dejó fracasar y los perdonó y nosotros necesitamos hacer lo mismo", explica.

    Se trata de tener "iniciativa" en las relaciones con la comunidad, que no se queden "en la superficie", pero que tengan la paciencia necesaria para conocerse, generar confianza, compartir las debilidades y rendirse cuentas unos a otros". 

    José María Carrera, ReL

    Vea también      La Fiesta Tiempo para la Comunidad  (pdf)





























    viernes, 21 de julio de 2023

    ¿Qué es una comunidad católica? ¿Qué tipos hay y cómo ayudan a evangelizar? ¿Es opcional?

                                 Preguntas y respuestas en el Encuentro Transforma,
                                 con Cristy Salcedo, de Nunc Coepi



    ¿A qué llamamos "comunidad" en entornos católicos? ¿Cómo está cambiando el concepto y qué importancia tiene para evangelizar?

    Ese fue el marco de un taller que impartió en el Encuentro Transforma de Alicante el 1 de julio Cristina Salcedo (Cristy) de la iniciativa de renovación pastoral de evangelización Nunc Coepi.

    Cristy Salcedo, originaria de República Dominicana, se formó en la fe en la comunidad Siervos de Cristo Vivo, fundada por el padre Emiliano Tardiff, que incluye a sacerdotes pero sobre todo a laicos. En España se casó con Tote Barrera y recorrieron todo el país trabajando para Cursos Alpha, animando a estos encuentros de evangelización y formando evangelizadores. Ahora, desde Nunc Coepi, con el curso Pastores Gregis, ayudan a los sacerdotes a emprender la "conversión pastoral" que transforma las parroquias.

    En el Encuentro Transforma, en un taller con unos 60 evangelizadores, planteó el tema de "la comunidad".

    Durante años, cuando los católicos han hablado de "comunidad", se han referido a la Iglesia en general (todos formamos la comunidad que es la Iglesia) o a su parroquia.

    Pero cada vez se usa para más entornos y se menciona más en relación a la evangelización. En el Documento de Aparecida de 2007 de los obispos del CELAM (América Latina y Caribe), que Benedicto XVI aprobó como una hoja de ruta de evangelización, aparece "comunidad" 233 veces en 300 páginas.

    La "comunidad" no es un invento de pastoralistas modernos. Cuando Jesús quiso evangelizar y formar evangelizadores lo hizo creando una comunidad, 12 hombres que vivían con Él, a los que entrenaba, que le veían actuar y aprendían sus enseñanzas. Así, Marcos 3,14 dice: "Y designó a doce, para que estuvieran con El y para enviarlos a predicar". Se dan ahí las dos cosas: estar juntos con Él, y también salir a evangelizar.

    Una definición y varios niveles

    Cristy Salcedo da una definición de comunidad: "Grupo de personas con una misma visión, misión y pasión, un mismo corazón y espíritu, que muestran su amor en la convivencia".

    Esto puede aplicarse a distintos niveles y con distinta intensidad. Ella misma señala varios niveles de comunidad cristiana:

    1. La Iglesia: todos los creyentes, que se supone que se aman y tienen un mismo corazón, con Cristo.
    2. La parroquia: viven en una misma zona, bastantes de entre ellos se conocen, se supone que se aman.
    3. La comunidad de servicio: es el grupo de catequistas, el de voluntarios de Cáritas, las señoras que limpian... se conocen y realizan tareas juntos; se supone que se aman.
    4. Una comunidad de vida: pueden tener votos y compromisos, o carecer de ellos, pero son un grupo pequeño, se conocen entre sí, no comparten sólo tareas sino sus inquietudes profundas, a menudo viven juntos, o pasan tiempo juntos con amistad, cercanía, intimidad...

    El mismo Jesús vivió estos 4 círculos:

    1. Una multitud enorme que le seguía y a la que atendía;
    2. 72 discípulos a los que formó y envió a predicar;
    3. 12 discípulos con los que vivió durante 3 años, preparó de cerca;
    4. Un grupo de 3 íntimos: Pedro, Juan y Santiago, a los que llevaba a encuentros especiales.

    4 características para una comunidad fuerte

    En esa última categoría, la comunidad de íntimos, la que puede vivir una célula, grupo pequeño evangelizador, un convento o monasterio, etc... debe haber: unidad, amistad, complementariedad, crecimiento y pertenencia.

    1. Unidad: en su visión y misión y carisma, unidos en Cristo (recordando su enseñanza: "Yo soy la vid y vosotros los sarmientos");

    2. Amistad: la Biblia alaba la amistad; por sociología y psicología, parece que entre los jóvenes es más fácil de conseguir esta comunidad basada en amistad; entre los adultos mayores cuesta más. Son amigos verdaderos, sinceros, que se juntan por su amistad pero también por el Señor. Un cristiano puede mostrarse vulnerable, hablar con sinceridad, con estos amigos.

    3. Complementariedad: "Somos como un solo cuerpo pero con muchos miembros", explica San Pablo a los Corintios, y cada miembro cumple unas funciones (mano, pie) y no puede decir que no necesita del otro. En una comunidad se busca entender los dones, capacidades y servicios de cada uno, y valorarlos, y hacer que se complementen.

    4. Crecimiento: la comunidad existe para que el cristiano aprenda y madure. El documento de Aparecida, en su punto 277, dice: "el discípulo es alguien apasionado por Cristo, a quien reconoce como Maestro". Un discípulo es alguien que crece a los pies de su Maestro... y, a medida que madura, trae a otros y los forma como discípulos. El discípulo busca madurar, y no quedarse eternamente inmaduro.

    Cristy denuncia algo que ve que sucede a menudo con cristianos que disfrutan de cosas de Dios, pero no maduran. "Muchos cristianos van a bonitas experiencias de Dios, de tal retiro a tal peregrinación, pero son experiencias pasajeras. No se comprometen con una comunidad, van de un sitio a otro... ¡pero es en la comunidad donde se puede crecer!"

    El documento de Aparecida se subtitula "Discípulos y misioneros de Jesucristo" y usa cientos de veces la palabra "discípulos". Se supone que un cristiano debe madurar para ser discípulo.

    ¿Cómo se define "discípulo"? "Discípulo es el que ha tenido un encuentro firme con Jesús, está desarrollando su conversión, crece en el discipulado, se compromete en la comunidad y sirve en la misión", enumera Cristy.

    La comunidad, además, aporta una "pertenencia". Da identidad, "sabemos que somos de tal grupo, carisma o tradición. Hoy muchos jóvenes sufren por falta de identidad. Pertenecer a una identidad les da capacidad de compromiso. Hoy a la gente le cuesta mucho priorizar cosas importantes para el cristiano, como la fe, la evangelización y la Iglesia. La comunidad ayuda a poder hacerlo", detalla Cristy.

    Un encuentro de la comunidad Familias Invencibles en 2022

    Un encuentro en 2022 de la comunidad Familias Invencibles (abierto a amigos y otras familias); en la comunidad, los hermanos se conocen, se apoyan y pueden sincerarse. También crecen juntos en el seguimiento a Jesús.

    Integrar comunidades dentro de las parroquias

    Antiguamente, en el mundo rural, cuando una parroquia cubría todo un pueblo, con 200 o 600 o 800 habitantes, cuando todos se conocían y eran parientes entre sí, la parroquia era prácticamente una comunidad en sí, de forma natural.

    En ciudades más grandes, además, solían crearse cofradías ligadas a un oficio, un patrón o una devoción, para el auxilio mutuo y la amistad más cercana. Las terceras órdenes de las congregaciones religiosas podían funcionar también como comunidades.

    Hoy las parroquias cubren territorios con decenas de miles de personas, de las que sólo unos pocos cientos acuden a los oficios, y que a menudo no se conocen entre ellas. En España y otros lugares hay mucho individualismo: un feligrés casi no sabe sobre los que se sientan a su lado en misa.

    Con la Nueva Evangelización, en las últimas décadas, dentro de una misma parroquia pueden surgir distintas comunidades ligadas a movimientos, espiritualidades, sensibilidades, incluso a la edad (adolescentes, matrimonios con niños pequeños...).

    Un párroco ha de poder alimentar esas comunidades, para "que se entrelacen entre sí, con pertenencia y corresponsabilidad", pide Cristy.

    Las dificultades

    Tanto Cristy como los asistentes al taller, conocedores de parroquias en plena conversión pastoral que prueban nuevas formas de discipular a los feligreses, señalaron retos y dificultades que ya se han constatado:

    1) Cuando cambian al párroco, y el nuevo párroco arrincona o desmantela las comunidades que encuentra;
    2) Cuando el párroco no consigue dar una visión conjunta a las diversas comunidades (compartimentos estancos);
    3) Cuando cada grupo considera que no necesita nada del otro, ni integrarse (contra lo de 1 Co 12: "el ojo no puede decir a la mano: 'no te necesito', ni tampoco la cabeza a los pies").

    Otro reto es, simplemente, que los feligreses sean individualistas, no quieran ir más allá de su casa y su familia, y piensen en la parroquia como un lugar que es "expendedor de servicios". Esa mentalidad debilita mucho a la Iglesia.

    "En el ADN del cristianismo está el evangelizar, el discipular y el crear comunidad, eso no puede cambiar", insiste Cristy. Las formas concretas pueden ser distintas según la época, lugar y personas. "Lo más importante es plantearse como católicos, tú, yo, cada uno, si deseas tener hermanos verdaderos, cercanos, para misionar juntos y crecer juntos".

    "Cada parroquia, con su pastor a la cabeza, debe discernir el espacio que da a la vida comunitaria. Y en encuentro de evangelización, como este, vale la pena explorar lo que hacen en otros lugares, lo que funciona y no funciona, pero siempre sabiendo que ser evangelizadores, discipuladores y comunitarios es parte esencial de la Iglesia", explicó a modo de conclusión.

    Los párrocos y pastores pueden profundizar más sobre renovación pastoral, discipulado y encaje con comunidades a través de Nunc Coepi y su curso Pastores Gregis.

    Pablo J. Ginés, ReL

    Vea también    Cómo promover hoy una Espiritualidad Misionera en la Parroquia























    viernes, 24 de febrero de 2023

    Oración por mi parroquia

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    "Que podamos compartir la fe con alegría y querernos unos a otros, respetarnos, servirnos y mostrarte al mundo"

    La Iglesia está rezando especialmente por las parroquias este mes de febrero de 2023, a petición del papa Francisco. ¿Quieres unirte? Esta oración puede inspirarte:

    Señor Dios, que siempre estás cerca, nos buscas
    y sales a nuestro encuentro ahí donde estamos:

    Gracias por nuestra parroquia, por todos los que la formamos y por los recursos que tiene,
    gracias porque te haces presente en ella: en la iglesia, en los sacramentos,
    en el amor que nos tenemos unos a otros,
    en los sacerdotes, en los más necesitados, en cada hermano.

    Ven, Espíritu Santo a nuestra parroquia, para que podamos compartir la fe con alegría
    y amarnos, respetarnos, servirnos los unos a los otros y mostrarte al mundo.

    Cuida, ilumina y conforta especialmente a nuestro párroco,
    que viva su vocación con fidelidad y plenitud, y pueda sentirse en familia entre sus feligreses.
    Atiende las necesidades, físicas y espirituales, de cada uno de los que formamos parte de la parroquia.

    Ayúdanos a formar una verdadera comunidad, cercana y acogedora, que esté abierta a todos, centrada en las personas y no en la burocracia, y especialmente atenta a los excluidos.

    Que todos podamos sentir en nuestra parroquia el gozo y la paz de ser hermanos,
    bajo la amorosa mirada de nuestra Madre la Virgen María y su amable cuidado y protección.

    Amén.

    ¿Por qué las parroquias?

    Una parroquia es «una determinada comunidad de fieles constituida de modo estable en la Iglesia particular, cuya cura pastoral, bajo la autoridad del Obispo diocesano, se encomienda a un párroco», según el Código de Derecho Canónico.

    Normalmente incluye a todos los fieles de un territorio determinado, aunque a veces apoya a grupos cristianos con alguna característica en común.

    Sobre el valor de la parroquia, explica el Padre de la Iglesia san Juan Crisóstomo:

    «No puedes orar en casa como en la Iglesia, donde son muchos los reunidos, donde el grito de todos se dirige a Dios como desde un solo corazón. Hay en ella algo más: la unión de los espíritus, la armonía de las almas, el vínculo de la caridad, las oraciones de los sacerdotes».

     Patricia Navas, Aleteia

     Vea también        La Parroquia es la casa de las familias




















    martes, 31 de enero de 2023

    ¿Qué espera el Papa Francisco de las parroquias?


            

    Comunidades cercanas, abiertas y generosas. El nuevo Video del Papa hace un llamado a las parroquias para que sean realmente comunidades: centros de escucha, de acogida y con las puertas siempre abiertas.

    El segundo Video del Papa del año acaba de publicarse con la intención de oración que el Santo Padre confía a toda la Iglesia Católica a través de la Red Mundial de Oración del Papa. Este mes de febrero, el Papa Francisco invita con una sonrisa a poner un cartel en cada parroquia que diga: «Entrada libre».

    Con esto nos quiere recordar a todos que no hay requisitos especiales para entrar, porque las «parroquias no son un club para pocos, que dan una cierta pertenencia socia

    La riqueza de la Iglesia

    El exterior de una parroquia hermosa, pero vacía. Luego, la propia parroquia llena de gente, se vuelve aún más bella. Así comienza El Video del Papa de este mes, recordando que la riqueza de la Iglesia no está en los edificios, sino en las personas que acuden a ellos.

    Las parroquias en las que piensa Francisco son, de hecho, «comunidades cercanas, sin burocracia, centradas en las personas y donde encontrar el regalo de los sacramentos». Las imágenes, procedentes de parroquias de todo el mundo, muestran convivencias, charlas, distribución de material a los más necesitados, visitas a ancianos y enfermos, espectáculos, eventos interiores o exteriores.

    Se trata de un video lleno de vida, esa vida que fluye en las parroquias y que sigue haciendo de ellas —en un mundo en el que cada vez es más fácil replegarse sobre uno mismo y que tiende a preferir lugares de encuentro virtuales frente a los presenciales— puntos de referencia para muchos, donde se aprende el arte del encuentro.

    La Iglesia entre las casas

    Ya en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, publicada al inicio de su pontificado, Francisco había destacado la centralidad de la parroquia: «aunque ciertamente no es la única institución evangelizadora», había escrito citando una expresión de Juan Pablo II en Christifideles laici, la parroquia tiene la particularidad de ser «la misma Iglesia que vive entre las casas de sus hijos y de sus hijas». Por eso debe estar «en contacto con los hogares y con la vida del pueblo» y no convertirse en «una prolija estructura separada de la gente o en un grupo de selectos que se miran a sí mismos». Pero este «llamado a la revisión y renovación de las parroquias», añadió, «todavía no ha dado suficientes frutos en orden a que estén todavía más cerca de la gente».

    Replantear el estilo

    En este Video del Papa, el Papa insiste en la idea de que las parroquias continúen este camino de transformación, que sean un centro de acogida y de escucha: «tienen que volver a ser escuelas de servicio y generosidad, con las puertas siempre abiertas a los excluidos. Y a los incluidos. A todos». Se puede tener éxito, dice, siendo «audaces»: replanteando «el estilo de nuestras comunidades parroquiales» y «poniendo la comunión, la comunión de la gente, la comunión eclesial, en el centro».

    Las personas en el centro

    El P. Frédéric Fornos S.J., Director Internacional de la Red Mundial de Oración del Papa, comentó acerca de esta intención de oración: «Hace algunos años Francisco dijo a la diócesis italiana de Isernia-Venafro: ‘Cada comunidad parroquial está llamada a ser un lugar privilegiado de la escucha y el anuncio del Evangelio; casa de oración reunida en torno a la Eucaristía; auténtica escuela de la comunión».

    Escucha, oración y comunión. Son notas sinodales esenciales para la vida de las parroquias. Pero para ello tienen que ser realmente comunidades, con las personas en el centro, porque somos verdaderamente comunidad cuando conocemos al otro, conocemos su nombre, sus necesidades, su voz. ¿Cuántas veces ocurre que la parroquia se ha transformado en una agrupación de personas más o menos desconocidas que se encuentra para la misa del domingo, pero sin vida comunitaria? El desafío es muy grande. Ser una comunidad cristiana es una gracia, nace de la fe compartida, de la fraternidad vivida y de la acogida a los más necesitados; nace de una experiencia espiritual común, del encuentro con Jesucristo Resucitado.

    Como dice Francisco en El Video del Papa «seamos audaces» con respecto a la escucha del Espíritu Santo, «replanteémonos todos el estilo de nuestras comunidades parroquiales».



    Vea también    Comisión Espiscopal de Evangelización:
    100 puntos (de Aparecida)
    para un examen de conciencia parroquial














    miércoles, 27 de octubre de 2021

    ¿Cómo retener a los nuevos fieles que visitan tu parroquia? 11 ideas para que les guste y regresen

              Marcel Lejeune insiste: lo más importante es invertir en acogida


    De todas las preguntas que se hace un nuevo visitante de una parroquia,
    hay una en la que los fieles tienen la responsabilidad: "¿Me sentiré acogido?"

    Tres segundos es lo que tarda una persona en decidir si quiere seguir viendo un anuncio en redes o permanecer en una página web.

    En el caso de las parroquias, los nuevos visitantes tardan diez minutos en responder una pregunta determinante: “¿Me sentiré acogido al entrar?”  

    El experto en evangelización y estrategia parroquial Marcel Lejeune ofrece 11 consejos para que la respuesta sea positiva y que los nuevos visitantes de tu parroquia decidan volver.

    El 80% de los que se sienten acogidos, regresan 

    “Cada persona tiene una razón única por la que ir a su parroquia”, afirma Lejeune en su blog de evangelización, Catholic Missionary Disciples , donde comparte  su experiencia de muchos años acompañando apostolados parroquiales católicos. 

    Lo que quieren todas las personas al visitar una parroquia es sentirse valoradas y acogidas.

    Sin embargo, eso no siempre sucede. Con frecuencia, el sacerdote o los anfitriones no son capaces de ponerse en la piel de los nuevos visitantes.

    El verdadero desafío, explica, es poder "ver a nuestras propias parroquias con los ojos de nuestros visitantes".

    ¿Tienen una experiencia positiva?
    ¿Se sienten bienvenidos?
    ¿Saben dónde aparcar o cómo llegar?
    ¿Hay buena información sobre la parroquia y horarios en su página web?

    Al final, todo se reduce a una pregunta: ¿Cómo podemos ser más hospitalarios con nuestros parroquianos? 

    Si la respuesta a estas preguntas es positiva, el éxito estará asegurado: según el experto Chris Abbott, el 80% de los visitantes que se sienten bienvenidos en una parroquia, repiten la asistencia. 

    1º) Los primeros 10 minutos son clave

    El experto calcula que en ese periodo de tiempo, los visitantes se forman una primera impresión de la parroquia. “Desde que aparcan el coche hasta que se sientan en el banco están valorando la organización, y esos minutos pueden suponer la diferencia entre volver o no hacerlo nunca”

    2º) La página web es el primer escaparate…

    Es lo que la mayoría de los posibles visitantes verá primero. ¿Tu parroquia no tiene página web? Y en caso de tenerla, ¿es atractiva, intuitiva y completa? ¿Encontrarán fácilmente lo que buscan? ¿El lenguaje empleado es comprensible para los que acceden a ella? Todos estos son puntos que cuentan. 

    3º) … pero no es el único escaparate: las personas importan

    Para Lejeune, también es importante “tener a alguien fácilmente visible, situado en un lugar destacado, para responder a las preguntas o hacer recomendaciones. Algunas parroquias llegan a incluir puestos de recepción y bienvenida en el exterior, donde pueda verse. Esta es una manera fácil de hacer que los visitantes sepan dónde pueden acudir para obtener más información, hacer una pregunta…etc”.

    Consejos para que los feligreses se sientan bienvenidos y repitan la visita a tu parroquia, por el orador y experto Chris Abbott (en inglés)

    4º) Ten huecos reservados para "los nuevos"

    “Pídale a sus feligreses que aparquen en sitios concretos para reservar los primeros espacios a los nuevos asistentes. Incluso puede reservar algunos huecos solo para ellos. Si es difícil encontrar hueco o el parking está lleno, incluso se pueden hacer equipos de ayudantes. Piense en un fin de semana lluvioso: algunos pueden darse la vuelta y marcharse para no volver”.

    Parking de coches de Nuestra Señora de Caná.

    Es importante tratar de reservar huecos de aparcamiento para un número de nuevos visitantes que acudan a la parroquia. 

    5º) No les obligues a trepar para poder sentarse

    Los feligreses veteranos que no tienen hijos pequeños pueden ponerse en el medio del banco, guardando los sitios de los extremos de los bancos para los novatos que llegan tarde.

    “Este es uno de los problemas culturales más comunes que pueden pasar desapercibidos para los que frecuentan la parroquia, tener que trepar por encima de otros para conseguir un asiento”.

    6º) Ten colaboradores que ayuden a buscar sitios

    Si el párroco tiene algunas misas que se llenan, debe asegurarse de que haya acomodadores atentos a ayudar a los nuevos que buscan asiento. No poder encontrar un asiento y / o tener que ir hasta el banco delantero no es una forma de hacer que alguien se sienta bienvenido.

    Estos acomodadores, especifica Lejeune, no deben confundir su papel con el de los equipos de bienvenida y hospitalidad. Tienen una misión diferente. Los primeros sujetan las puertas y ayudan a encontrar sitios. Los otros hacen las otras cosas de esta lista. 

    7º) Si hay guardería y baños, que estén listos para usar

    Otro detalle importante es que la guardería “sea fácil de encontrar, esté bien marcada, limpia y sea segura. No significa que deba usarse, pero si hace falta, mejor que las familias tengan una buena experiencia”.

    Asegúrese de que sus baños estén bien señalizados, limpios y sean fáciles de encontrar”, continúa.

    Otro tema importante: “Deben revisarse con regularidad, ¡especialmente en un fin de semana ajetreado!”.

    Guardería de misa.

    Para los nuevos visitantes de su parroquia que tengan hijos, una guardería bien señalizada les proporcionará acogida y seguridad. 

    8º) No cometer el error de forzar presentaciones incómodas

    Hacer que un extraño se presente a una parroquia es más intimidante que darle la bienvenida por parte de los fieles. “Soy extrovertido, pero odio cuando me piden que me presente como visitante. Imagina a alguien que no sea católico y / o muy tímido. ¿Por qué les estamos poniendo la responsabilidad de darse a conocer a nosotros, cuando deberíamos ser nosotros quienes los busquemos?”

    9º) Mantén informados a los feligreses, pero no les agobies

    Lejeune advierte de la necesidad de que los feligreses nuevos y los visitantes sepan dónde sentarse, como ubicarse y moverse por los espacios, dónde ir o dónde está el servicio. “Si no lo saben, aumentan los aspectos negativos de la visita”, advierte. Sin embargo, no hay que agobiar. “Tener cinco minutos de anuncios al final de la misa con anuncios e indicaciones puede ser un freno para que la experiencia de los más nuevos sea positiva”.

    10º) Si alguien nuevo va a tu parroquia, que no esté solo… Y si puedes, invítale

    “Encuentra personas hospitalarias y con carisma y capacítalas para hablar con los nuevos visitantes. Haz que los coloquen en lugares estratégicos. Encuentra personas con un carisma para la hospitalidad y capacítalas para hablar con ellos, y si lo consiguen, que salgan a tomar algo“. ¿De qué otra forma podría el visitante saber que lo valoramos?

    11º) Reza por ellos

    “Una última cosa”, añade Lejeune. “Rezad por los que visitan vuestra parroquia durante la Misa".


    Rel

    Vea también     La parroquia es la casa de las familia