Eva es hija de protestante... y famosa por cuestionar
en los medios la ideología de género
Eva Vlaardingerbroek es de origen holandés, hija de padre protestante y madre católica. Durante los confinamientos por el Covid 19 descubrió que "el mundo estaba librando una gran batalla espiritual".
Eva Vlaardingerbroek es holandesa, filósofa del derecho, analista política... y famosa por cuestionar con firmeza el feminismo radical, la ideología de género, el transhumanismo... y otros fenómenos muy similares en los medios de comunicación de EE.UU. A sus 26 años, la joven acaba de ser acogida en la Iglesia Católica junto con su padre.
Nacida de madre católica y padre protestante, Eva Vlaardingerbroek se crió como cristiana pero tuvo que ser la pandemia la que le abriera los ojos a "la batalla espiritual que enfrentaba el mundo". Eva se dio cuenta de que la fe católica es "el arma más poderosa" contra el relativismo moral de hoy en día.
Alejada de los templos
El National Catholic Register acaba de publicar una entrevista en la que habla de su camino hacia la fe y de la defensa de la doctrina católica. "Si no nos tomamos a nuestros enemigos lo suficientemente en serio, y no nos atrevemos a hablar en nombre de Cristo, después de lo que Él ha hecho por nosotros, ¿cómo esperamos ganar?", se pregunta.
Eva nació en Amsterdam (Holanda) en 1996 y creció junto a su hermano menor en una ciudad más pequeña no muy lejos de allí. Sus padres eran cristianos y trabajaban en la música clásica. Su abuelo, ya jubilado, era pastor protestante y un gran teólogo.
"Mis padres nunca me presionaban para ir a la Iglesia. Nunca me impusieron nada. De hecho, mirando hacia atrás, ojalá me hubieran empujado un poco más hacia la fe. Durante muchos periodos no le presté ninguna atención... pero siempre he creído en Dios", comenta Eva.
Bautizada como protestante, asistió durante mucho tiempo a la iglesia con su padre, hasta que, hace 15 años, decidieron acudir a misa con su madre. "Mi padre estaba harto de lo politizada que se había vuelto nuestra iglesia protestante. Yo me uní a ellos pero, como todo adolescente, no me sentía parte de aquello ya que no era oficialmente católica, así que dejé de ir", explica.
Eva nació en Amsterdam en 1996 y creció junto a su hermano menor en una ciudad más pequeña no muy lejos de allí. Sus padres eran cristianos y trabajaban en la música clásica.
Aunque nunca cuestionó su creencia en Dios, Eva no hacía ningún esfuerzo por decidir si quería ser protestante o católica. "Lamentablemente, mi fe no jugó un papel muy importante en mi vida", afirma.
Sin embargo, la pandemia del Covid 19 lo cambiaría todo. "En mis comienzos profesionales experimenté reacciones negativas hacia mis opiniones conservadoras. Me acostumbré a la sensación de ser cancelada por decir verdades incómodas, pero algo cambió con la pandemia. Ir en contra de la narrativa establecida no solo me cancelaba 'socialmente', sino también 'legalmente'", reconoce.
Eva se dio cuenta de que la batalla no era política sino espiritual. "La velocidad con la que la gente quería condenar a quienes no seguíamos 'la ciencia' y con la que nuestros gobiernos abolieron nuestros derechos constitucionales, fue una llamada de atención para mí. Descubrí que el mal no solo existía en tiempos de guerra, sino que estaba muy vivo y que muchas personas pueden ser seducidas por él rápidamente", reconoce.
Eva se propuso buscar una razón moral a todo aquello. "No quería discutir si las vacunas detenían la transmisión del virus o si estaba justificado que el Gobierno nos las impusieran por razones médicas. Quería adoptar una postura moral", explica.
"Todo tenía sentido"
Y, encontró motivaciones en lo que había leído en la Biblia. "La única postura moral que me pareció correcta era que había sido creada a imagen de Dios, que mi cuerpo es templo del Espíritu Santo, que mis derechos corporales me fueron otorgados por mi Creador, y que por lo tanto eran inalienables. Mis derechos no me fueron dados por un Gobierno... que podría, por otra parte, quitármelos en cualquier momento", argumenta.
Eva comenzó a hablar abiertamente de su fe en la escena pública. "Experimenté lo que sucede siempre que hablas del amor de Cristo, que las fuerzas del mal se hacen más fuertes, y que no hay nada que odien más que el testimonio. Sin embargo, las fuerzas del bien son cien veces más fuertes", asegura.
Para aquel entonces, Eva ya sabía que tenía que volver a Dios. "Aquello me hizo pensar en mi fe, pero no sabía a qué iglesia unirme, así que decidí tomarme mi tiempo. Fui a muchas iglesias 'sin denominación' donde conocí a cristianos maravillosos y devotos. Sin embargo, en esas grandes iglesias faltaba algo", explica.
"Encontré los discursos del profesor Peter Kreeft en YouTube y los vi durante horas... hasta que me topé con su vídeo: 'Siete razones por las que todos deberían convertirse en católicos'. No podía discutir nada de lo que decía. Todo tenía sentido. Desde que Cristo mismo había fundado la Iglesia, pasando por la importancia de los santos, hasta el verdadero milagro de la Eucaristía. Sabía que tenía que tomar una decisión", añade.
Puedes escuchar aquí las razones de Peter Kreeft para ser católico.
Y, llegó la Misa del Gallo del año pasado. "Sentí en mi corazón que quería ser católica. Cuando llegué a casa después de misa, recibí una felicitación de Navidad de mi querido amigo el padre Benedict Kiely. Me preguntó que cuándo me convertiría al catolicismo. No existen las coincidencias", relata.
A Eva uno de los elementos que más le atrajo de la fe católica fue la transubstanciación. "Como protestante nunca sentí que se pudiera racionalizar aquello, así que opté por el argumento de que 'era algo simbólico'. Cuando lees las Escrituras lo que Jesús dijo está muy claro. No es en absoluto simbólico. Aunque no puedo racionalizarlo, lo creo; si Cristo dijo que es así, es así. No tenía otra opción que convertirme en católica", comenta.
"El arma más poderosa contra el relativismo es la fe católica. ¿Qué mejor que poder decir 'no', en un momento en que la gente dice que 'todo vale'? Decir que existe la belleza, el bien, la verdad. La doctrina católica sigue siendo la misma. La doctrina ha resistido y siempre resistirá la prueba del tiempo, porque Él mismo fundó la Iglesia", asegura Eva.
Ahora, la labor de Eva ha variado ligeramente. "Trato de asegurarme de que todos mis puntos de vista se alineen con mi fe. Mi misión es defender a las personas corrientes que son consideradas invisibles por el establishment. Me duele ver cómo se esfuerzan y las élites las califican como deplorables. Eso no es lo que Cristo nos enseña", comenta.
"Creo que vivimos tiempos muy oscuros. Un mundo al revés, donde la gente llama a los hombres mujeres, a las mujeres hombres; a lo malo bueno y a lo bueno malo. Yo confío en Dios, y sé que la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la han vencido. Nada me da más esperanza que eso. El bien vencerá porque Cristo ya ha vencido a la muerte y nos ha hecho libres", explica Eva.
"Hemos sido salvados por Él, pase lo que pase aquí en la tierra. Lo que la gente piensa de mí no tiene importancia, comparado con lo que Dios piensa de mí. Cristo y la Verdad son los que me conducen en los esfuerzos de cada día", asegura.
Y Eva denuncia el plan del maligno. "Muchos cristianos aceptan las 'palabras bonitas' que usan los globalistas para vendernos sus planes. Si miras lo que están proponiendo, se reduce a que esta gente quiere jugar a ser Dios. Las soluciones que ofrecen siempre se alimentan del miedo a la muerte. Lo cual, si crees que esta vida no es todo lo que hay, no nos debería preocupar tanto", expresa.
"La ideología de género y el feminismo son las ideologías más dañinas que existen, porque impiden que las personas se casen, formen una familia y sean verdaderamente felices", insiste Eva.
"A mi generación se le ha dicho que no debemos casarnos ni tener hijos, porque todo es una construcción social opresiva creada por el patriarcado. Y además de eso, tener hijos también es malo para el clima, así que no te molestes… nos dicen que podemos acostarnos con cualquiera todo lo que queramos y que si te quedas embarazada, puedes abortar, porque es tu cuerpo, tu elección. Todo esto es obra del diablo", asegura.
Aquí puedes ver una intervención de Eva en la que habla de su fe.
"La única solución que veo a este problema es ser intransigente. Dios creó a Adán y a Eva, no a 73 géneros diferentes. No es más que el hombre tratando de ser su propio dios, lo que nunca ha funcionado y nunca funcionará. Lo mejor que podemos hacer como católicos es decirle a la gente que hay una alternativa que pueden seguir. Que existe y que tiene un nombre: Jesucristo", concluye.
a los 15 años quiso «transicionar» pero se arrepintió
José Errasti, Marino Pérez y Nagore de Arquer publican en la editorial Deusto una guía práctica para las familias que tienen adolescentes que se declaran transexuales: "No tiene ningún sentido que el sexo se puede cambiar".
Nagore de Arquer se considera una "desistidora", una persona que se siente trans y da marcha atrás en un proceso de cambio de sexoantes de comenzar la hormonación. Todo comenzó cuando tenía quince años yuna psicóloga le aconsejó "cambiar su cuerpo" para solucionar los problemas de acoso que sufría en la escuela.
José Errasti, profesor titular de la Facultad de Psicología de la Universidad de Oviedo, junto a Marino Pérez, Catedrático de Psicología, y Nagore de Arquer, estudiante de Psicología, acaban de publicar el libro Mamá, soy trans (editorial Deusto). Una guía para las familias de adolescentes con "conflictos de género".
La solución de una psicóloga
Este nuevo libro, como los autores lo definen, es un manual para ayudar a las familias con hijos que se declaran transexuales. Es el segundo libro que publican dos de sus autores sobre este tema, después de: Nadie nace en un cuerpo equivocado
"Con quince años sufría bullying y quería ser un chico", asegura Nagore en una entrevista publicada recientemente en La Nueva España. La psicóloga, entonces, debido a sus rasgos más masculinos, le aconsejó empezar a hormonarse. La adolescente accedió pero, poco después, cambió de idea y comenzó a hacer activismo a través de las redes sociales.
"Yo quería ser un chico, fue una idea que me transmitió mi psicóloga porque tenía un aspecto más masculino, no me gusta maquillarme, no me gustan los vestidos, ni las faldas, me gusta vestir 'como un chico'", asegura en la entrevista.
Su psicóloga le llegó a preguntar: "¿No quieres ser un chico?". Una propuesta muy peligrosa para una joven en su situación. "Rechazaba mi cuerpo por el bullying que me habían hecho durante muchos años en el colegio. La psicóloga en vez de solucionar los problemas de acoso que había sufrido me dio la solución de una transición hormonal médica", explica.
"Llegué a obsesionarme, en las redes sociales te dicen que si tú piensas que eres trans automáticamente lo eres. Con quince años si estás sufriendo y te presentan una solución como si fuera la definitiva, te la crees", añade.
El acompañamiento de sus padres
De Arquer comenzó entonces un proceso de "transición social". "Mis padres no se lo veían venir, nunca he sido femenina pero nunca he rechazado mi cuerpo como se dice que lo rechazan las personas transexuales desde pequeñas", explica.
Y, eran tiempos en los que no había ninguna ayuda. "Para mi madre, sobre todo, fue una bomba porque me ha criado con la idea de que podía hacer lo que quisiera con mi vida y tu cuerpo no está mal por ello. No había una asociación Amanda a la que pudieran acudir, estaban muy solos", dice.
Los padres le cambiaron de psicóloga y su malestar fue disminuyendo. En aquella primera sesión con la nueva profesional lo primero que le dijo De Arquer era que era trans. "Ella me respondió, muy bien eres trans, pero dime la razón por la que estás aquí, dime cuáles son los problemas que te han traído aquí", resalta.
"Cada persona necesita su propio proceso, yo necesité dos años de terapia. Fue un cambio de visión de mí y de mejorar mi autoestima", asegura.
Las tres claves para corregirlo
Otro de los autores de Mamá, soy trans es el profesor José Errasti. "En las presentaciones del anterior libro la gente nos preguntaba qué era lo que tenían que hacer si mañana les llega su hija de trece años y les dice que es un chico. Eso es lo que nos ha llevado a escribir este segundo libro, que es una guía concreta para afrontar este tipo de problemas".
El catedrático asegura en una entrevista que la situación es dramática. "Estamos viviendo un auténtico boom de estos problemas. Sabemos que es un asunto muy complejo que en cada familia se puede presentar con mil detalles relevantes. "La prudencia, la empatía, el respeto y la sensatez", son las claves.
"La prudencia nos aconsejaría no tomar decisiones irreversibles, de forma apresurada o forma poco meditada. No es sensato que el 87% de las personas que consultan en la unidad de trastornos de género catalana, que se llama Transit, salgan con la receta de hormonas en la mano", comenta.
"El respeto implica entender que la persona que tenemos delante está sufriendo de verdad, que no está ni fingiendo, ni está haciendo teatro y que tenemos que intentar ayudarle y que merece toda nuestra consideración. Pero es importante no confundir el respeto con la aquiescencia, con darle la razón en todo lo que está diciendo", añade.
Y, concluye con el tercer principio. "La sensatez parecería indicar que no conviene tomar decisiones basadas en ideas absurdas. Por ejemplo, la idea de que el sexo se puede elegir es absurda. No tienen ningún sentido que el sexo sea una variable volitiva y puramente apetitiva, que las personas eligen en función de su libertad o autodeterminación", asegura.
Errasti tiene claro que es una locura. "No tiene ningún sentido que el sexo se puede cambiar, que alguien puede pasar de ser varón a mujer o viceversa. No tiene sentido pensar que hay más de dos sexos. Cualquier reacción extrema es negativa. Es decir, es negativa cualquier reacción autoritaria. Y también es desaconsejable lo contrario", expresa.
Y propone una tercera vía. "Se necesita un término medio que permita que pase un tiempo de observación, de comprensión, de analizar muy bien la razón por la que esa persona está diciendo eso y que permita analizar muy bien cuándo empezó a sentir lo que dice que siente (...). Las familias se sienten muy solas. Es muy fácil ser progre con los hijos de los demás. Es muy fácil cuando el problema le pasa a otro", comenta.
El profesor asegura que hay muchos casos de gente que quiere volver a la etapa previa a la hormonación. "Hay un boom muy importante de personas que quieren 'transicionar', pero también empieza a haber un boom de gente que se arrepiente de haber 'transicionado'. Las intervenciones médicas para 'transicionar' son irreversibles incluso farmacológicamente", explica.
"A mucha gente se le ha vendido la idea de que los males que está viviendo en la adolescencia, que es una etapa en la que lo raro es encontrarse bien, son debidos a que no saben que en verdad son del otro sexo", añade.
Errasti echa mucha de la culpa a Internet. "Las redes sociales están llenas de personas que han 'transicionado' y juran que todos sus males se resolvieron. Muchos caen en esa narración salvífica, casi mitológica de esa transformación personal en la que renacerás siendo tú mismo. La realidad es que no es así. Es habitual que haya unos primeros momentos de euforia, pero en muchísimos casos, al cabo de unos meses la realidad se impone", afirma.
Y, habla de las consecuencias de estas terapias. "A lo mejor no tenías asumida la homosexualidad o que tenías problemas de espectro autista, de expresiones emocionales o simplemente que no te ajustabas a los estereotipos sexuales tradicionales. No te pasaba nada en el pecho ni en el pene. La gente no se da cuenta de que cuando te hormonas tienes que hormonarte cada uno de los días de tu vida", advierte.
Para el profesor, la aprobación de la ley Trans es la puntilla. "La ley trans impone, en aras de una ideología, que los profesionales solo podemos afirmar las peticiones de los adolescentes, no podemos tener juicio propio. Si vienen pidiendo hormonas hay que dárselas, no tenemos nada que opinar al respecto", asegura.
"Y eso es igualarnos al vendedor de un centro comercial y quitarnos nuestro criterio clínico. Eso va a dar lugar a muchísimos problemas y va a provocar mucho sufrimiento. Han entrado, ideología en mano, en el campo de la intervención clínica", añade.
Errasti apunta que el transexualismo es casi un estilo de vida. "El discurso trans es el 'pack' completo adolescente. Incluye una estética, una ética, un lenguaje, unos referentes, un criterio para distinguir quién es de los míos y quién de los malos; e incluye también la temática del yo y del sexo que son los dos grandes temas adolescentes", señala.
"Es un discurso que tiene ese punto mitológico del viaje del héroe en dónde una persona gris con sus problemas cotidianos sufre una tremenda crisis personal y renace convertido en el Mesías. Cómo no vas a fascinarte con esas cosas", apunta.
Puedes ver aquí una entrevista a los autores del libro.
El profesor concluye advirtiendo de los peligros de esta ideología. "Los profesores no tienen formación adecuada y acostumbran a dejar este tipo de temas a asociaciones de educación sexual que pertenecen a los colectivos transgeneristas para que impartan talleres de educación sexual (...). La idea transgenerista se está colando en las escuelas de forma completamente masiva, sin ninguna criba y ese es un grave problema que hay que abordar", termina diciendo.
"Quedan 100 años para ver la primera resurrección, el envejecimiento se puede prevenir"; "Perdió un ojo por el cáncer y decidió convertirse en un cyborg"; "El hombre del futuro: un conjunto de datos sin cuerpo físico";"Construir un futuro posthumano mejor que el presente humano"; "El príncipe Harry y Meghan Markle planean adentrarse en el Metaverso"… Son solo algunos de los titulares de prensa, cada vez más frecuentes, que preparan el terreno para una corriente que se contempla con optimismo, pero de la que poco o nada se sabe en torno a sus consecuencias: el trans y el posthumanismo.
¿Habrá pecado o delitos en el metaverso? ¿Será posible un hurto o violación en el mismo? ¿Y evangelizarlo? ¿Cuáles serían sus consecuencias morales? ¿Podrán vivir nuestros cuerpos -y conciencias- un paraíso terrenal? ¿Hasta qué punto puede ser mejorado el hombre? ¿Por qué no vivir 300 años? ¿Es todo ello compatible con la fe cristiana?
Por utópico -o distópico- que parezca, es una realidad que estas y otras preguntas surgen y lo harán cada vez más conforme proyectos como el Metaverso o Neuralink -uno de las empresas de Elon Musk- prosiguan su camino. De hecho, desde hace unas semanas la otrora Facebook y actual Meta ha desplegado una potente campaña publicitaria en las calles y las redes sociales que en cierta manera ya da una respuesta: "El metaverso será virtual, pero su impacto será real".
Para dar respuesta a estas y otras preguntas, el pionero investigador del transhumanismo Albert Cortina ha sido el último invitado de la Milicia de San Luis IX en acudir a su ciclo Actualidades 2022.
A lo largo de una conferencia magistral, el autor de obras de referencia como ¡Despertad! Transhumanismo y Nuevo Orden Mundial o Humanismo avanzado para una sociedad biotecnológica ha realizado una serie de advertencias en torno a esta nueva "tecnoreligión" que atenta contra no pocos aspectos de la Ley Natural y contra la práctica totalidad de la fe cristiana.
1º Hacia una especie irreconocible superando a Dios
Uno de los aspectos que Cortina se preocupó de resaltar fue que el transhumanismo implica "un nuevo gnosticismo, una tecnoreligión" que, en lugar del alma, pretende "liberar la mente y la inteligencia de un cuerpo que enferma y muere".
En este sentido, el transhumanismo se inscribe en el marco de las revoluciones biológica y digital para las cuales el rediseño genético de los seres humanos incluso en la línea germinal -las células que transmiten el material genético a la descendencia- es todo un objetivo, así como la creación de un "no lugar" que supone el ciberespacio o el metaverso.
"Es una utopía o distopía que pretende la liberación de la condición biológica y natural del ser humano", explica.
Para sus partidarios, "el ser humano está mal hecho, Dios lo ha creado mal porque envejece, es caduco y muere, pero nosotros tenemos las tecnologías para ir más allá de lo humano. Podemos ser mejores humanos, pero el transhumanismo dice que seamos más que humanos, con modificaciones genéticas, de otra especie e irreconocibles". Para muestra, uno de sus máximos exponentes, Ray Kurzwell, cuyo objetivo es la "singularidad tecnológica". Este concepto propugna que "cuando la inteligencia artificial supere a la humana, nos hibridaremos con ella para superar nuestra condición natural, emergiendo así una nueva especie".
2º El objetivo: una humanidad -muy reducida- sin techo de vida
Cortina menciona a Aubrey de Grey, otro de los grandes gurús del transhumanismo y firmemente convencido de que "quedan 100 años para ver la primera [sic] resurrección" o de que "el envejecimiento se puede revertir". "Profetiza que es una enfermedad y que por tanto es curable y cuando sepamos curarla, sabremos prolongarla", explica Cortina. Creen que "no hay un techo límite que el ser humano no pueda superar", explica. El problema es que "seguramente esta humanidad sea muy reducida", de acuerdo a las "catastróficas consecuencias" de que toda la población superase el siglo de vida.
3º Luchando contra la propia naturaleza humana
El experto menciona que esta "superlongevidad" estará necesariamente ligada a un "superbienestar". Como de Grey, otros gurús transhumanistas como David Pearce o Luc Ferry pretenden lograrlo "reduciendo el sufrimiento". "No hablan del mejoramiento humano a través de la religión, la educación o la cultura, sino de la modificación genética, diseñando al embrión para que no sufra: si tiene discapacidades, fuera, si tiene tendencia a la depresión, rediseñaremos esas condiciones del ser humano".
De este modo, añade, pretenden luchar contra la propia naturaleza, olvidando que "la condición humana se caracteriza por enfermar, ser vulnerable, envejecer, morir y muchas veces sufrir. Dicen que esas condiciones propias del hombre se sustituirán en el futuro posthumano y por eso no se sufrirá".
4º En búsqueda del Homo Deus
Uno de los objetivos últimos de estas doctrinas, explica, es "la desmaterialización y desconexión de la mente del cuerpo biológico. Para ellos lo importante es la mente y el cuerpo, cuanto más dure mejor, pero lo que pretenden es esa idea gnóstica de que la mente salga de la cárcel que es el cuerpo biológico y se vaya a esa autoconsciencia, al metaverso, a un avatar".
El posthumanismo y transhumanismo, dice, son corrientes marcadas por un "mesianismo y misticismo" que también tienen "una Biblia", el Homo Deus del israelí Yuval Noah Harari, profesor en la Universidad Hebrea de Jerusalén y principal exponente transhumanista con el objetivo único de "aumentar las capacidades del ser humano, mejorado y potenciado", para ser su propio Dios.
Albert Cortina es uno de los pensadores españoles más relevantes y críticos en torno al transhumanismo: desde hace años alerta en sus escritos, libros y conferencias sobre los riesgos que esta doctrina tendrá sobre la persona, la naturaleza y la fe, entre otros aspectos.
5º El último paso de los derechos ilimitados sobre el propio cuerpo
Cortina se refiere al atleta Oscar Pistorius o al polemista Neil Harbisson -que reclama "el derecho a ser un cyborg" y se presenta como tal- como potenciales representantes de la "diversidad funcional", transformando una discapacidad en capacidades sobrehumanas.
En primer lugar, dice, aunque puede haber aspectos ventajosos para tratar discapacidades, habría que preguntarse por hasta qué punto son los "conejillos de indias" del transhumanismo. En este sentido, el transhumanismo y el posthumanismo también abren la puerta a que posibles modificaciones genéticas sean transmitidas entre generaciones, una línea roja que hasta ahora ha encontrado la oposición de "todos los comités bioéticos".
"Ojo con el tema del mejoramiento humano", advirtió: "Lo que dice el transhumanismo es que tendremos plasticidad y libertad morfológica" -cambio de género, de especie, de apariencia, de capacidades, etc- incluso "el derecho a cambiar a cyborg o de hibridación con máquinas. Va en la línea ideológica del derecho ilimitado sobre el propio cuerpo, mucho más allá de mejorar al ser humano", explica. El biohackinng o los biochips para aumentar estas capacidades ya son una realidad.
Recientemente ha visto la luz el último libro de Albert Cortina al respecto, "Transhumanismo, la ideología que desafía a la fe cristiana", de Ediciones Palabra.
6º Totalmente en contra de la cosmovisión cristiana
Explica que el Metaverso cobra una relevancia crucial. "Se pretende la transferencia de la mente en la tierra o en el espacio virtual para perpetuarla y liberarla del cuerpo. Va de la mano de visiones New Age que invaden las sociedades postcristianas, [en contra] de que tenemos un alma inmortal y un cuerpo que un día será resucitado glorioso", explica. Entre otros postulados de esta "tecnoreligión global", sus partidarios afirman ser depositarios de "la misión de generar una conciencia colectiva para diluir la individual".
Cortina menciona que este proceso implica una "nueva creación, -el `seréis como dioses´-, de los futuros seres posthumanos y de sus entornos virtuales para la creación de futuras identidades sin cuerpo, desmaterializadas. ¿Ahí habrá normas morales? ¿Conciencia? ¿El avatar seremos realmente nosotros? ¿Cometeremos delitos y pecados? ¿Habrá un orden moral en el metaverso? ¿Podremos evangelizar el metaverso o será en sí mismo la construcción del Anticristo?", se plantea.
7º El metaverso, ¿un paraíso en la tierra?
Como parte de esa "desmaterialización", se plantea incluso la existencia de nuevos soportes digitales para almacenarla o transferirla en búsqueda de la "inmortalidad cibernética", como ya se ha planteado en un importante congreso transhumanista que contó con la presencia de líderes religiosos partidarios de la "reencarnación" digital.
"La tendencia de lo que quieren conseguir va en esa dirección, de mapear el cerebro, reproducirlo artificialmente, manipularlo y superarlo, transferir la mente a un soporte no físico a modo de un holograma casi angelical y vivir en ese paraíso terrenal que sería un metaverso a través de avatares, que serían nuestra mente e identidad", subraya.
Cortina completó su ponencia con una llamada a la acción cristiana frente a esta ideología, "que va en contra de que somos hijos de Dios, hechos a su imagen y semejanza, integradas por un cuerpo y un alma que será resucitado glorioso e inmortal en la vida eterna".
Esta visión, dice, "se rompe con el transhumanismo, que pretende llegar a esos ángeles caídos que se rebelaron contra el Creador. Es una gran rebelión contra el plan divino para llevarnos a una vida eterna y no a una inmortalidad falsa y cibernética".
Cortina concluyó mencionando "los dones del Espíritu Santo" como arma frente a las falsas propuestas tecnológicas y llamó a la necesidad de "definir los principios universales basados en una ética cristiana de la virtud para hacerlos extensibles", de "influir desde la fe católica para conducir a la humanidad por la civilización del amor y no tener miedo a transmitirla con esperanza por este mundo que se avecina".
Carter Snead, experto en bioética pública, avisa de leyes que machacarán a los frágiles
Carter Snead es un experto en bioética pública - aquí habla en una universidad croata
El 17 y 18 de junio la Universidad Francisco de Vitoria albergó la que probablemente ha sido el mayor congreso crítico contra el transhumanismo en España, con cientos de asistentes en persona y por Internet y con numerosos expertos.
El transhumanismo implica usar la tecnología, no para curar y reparar lo dañado (como siempre se ha hecho) sino para 'ampliar' y 'mejorar' las capacidades del hombre, o al menos de unos hombres, los que paguen por ello. Drogas, prótesis o modificaciones genéticas irían en esa línea. Nadie se molesta en definir demasiado qué es "mejorar".
Los abusos pueden ser distintos en China que en Europa
¿Cuáles son los límites? Quizá unos en China y otros en Europa. Quizá en China los límites serán los que diga el Estado: podrán ampliar sus cuerpos con prótesis poderosas y drogas los más dóciles al Partido para servirle. O quizá obliguen a todos a ser modificados, "por su propio bien".
En Occidente el único límite podría ser el deseo del consumidor y la autonomía. Si "con mi cuerpo hago lo que quiero" para abortar o para esterilizarme, o para eutanasiarme, también puedo usar esa autonomía para cambiar mis brazos, piernas u órganos por otros biónicos, más fuertes, por drogas que me potencien... aunque eso acorte mi vida o me venda a una multinacional.
Hay mucha fantasía y chaladura en las promesas exacerbadas del transhumanismo, como las había en la del futuro luminoso y la sociedad sin clases del comunismo. Pero en su aplicación inmediata, en sus primeras fases, como al comunismo, se le va a dar mejor destruir lo viejo que sustituirlo por algo nuevo y mejor.
Dos días de expertos en la Universidad Francisco de Vitoria insistieron en mostrar que no se trata sólo de fantasías teóricas, sino de un movimiento dañino que va a dificultar abordar los verdaderos retos de justicia y solidaridad entre los hombres.
Carter Snead: los gobiernos hacen mal en fomentar la autonomía exacerbada
Una de las grandes voces internacionales en el congreso fue -vía conexión telemática desde EEUU- Carter Snead, miembro de la Academia Pontificia Para la Vida desde 2016, director del Nicola Center for Ethics and Culture y experto en bioética pública.
"La bioética pública tiene que ver con los gobiernos, con lo que permiten, prohíben y fomentan. Trata temas como procreación, bebés, ancianos, moribundos, gente vulnerable y la fragilidad del cuerpo son los temas que trata, incluyendo experimentación con embriones, eutanasia, reproducción asistida, etc…", explicó.
Snead denunció que se están aprobando leyes en Occidente que insisten en presentar al ser humano como un individuo "sin conexiones ni enlaces, atomizado y desvinculado", de una autonomía exagerada. Las leyes modernas parecen pensar que un ser humano es una voluntad que, casi por casualidad, tiene un cuerpo. Familia, linaje, herencias, responsabilidades grupales... todo eso queda en nada ante la voluntad individual. "Ahora parece que la función de los gobiernos sea liberar al individuo de cada peso que dificulte ejercer su voluntad”.
Carter Snead en una ponencia sobre bioética pública ante universitarios
Ocultan la realidad: que somos cuerpos frágiles y en interdependencia
"Pero la realidad es que los humanos somos cuerpos frágiles y enfermamos, somos vulnerables, dependemos todos unos de otros, tenemos límites naturales... Los seres corporales necesitamos redes de generosidad incondicional, dar con generosidad y recibir con agradecimiento, como dice McIntyre. Los seres humanos estamos hechos para el amor y la amistad. Una cultura que no entiende el cuerpo y su fragilidad no entiende al hombre. Y si no entiende esto, esta cultura dejará atrás a los débiles, a los enfermos, a los niños..."
Así, todo el discurso sobre hombres fuertes que con tecnología quieren ser superhombres y aplicar el triunfo de la voluntad, enseguida se convertirá en una pesadilla de fuertes machacando o hundiendo a débiles.
Lo verdaderamente humano es apoyar redes que promuevan:
- una generosidad justa - el reconocimiento de que dependemos unos de otros - la hospitalidad con el extraño - la misericordia con el que sufre - la gratitud y humildad al recibir - apertura al visitante inesperado - la solidaridad, la dignidad, la veracidad - la amistad verdadera que desea el bien del otro
En realidad, todas esas cosas son las que suelen ejercer los padres con los hijos, de forma generalizada, y las que el cristianismo suele fomentar como parte de la fraternidad de reconocerse como hijos de Dios en un mundo de fragilidad.
Quien va contra el cuerpo, enseguida va contra los hombres
El transhumanismo, que es hostil al cuerpo humano (porque el cuerpo humano es frágil) acaba siendo hostil a los humanos.
En la visión cristiana -la realista, la que combina generosidad, agradecimiento y realismo- la humildad es una virtud.
Pero, recuerda Carter Snead, la humildad es específicamente rechazada por muchos transhumanismos, igual que otras virtudes. Proponen más y más tecnología para que no dependamos unos de otros (algo que consideran humillante). A cambio, prefieren que dependamos de las máquinas.
Snead señala que no hay que estar contra la tecnología que se usa para curar, aliviar, para hacer terapia, para reparar lo dañado (como se ha hecho siempre con gafas o muletas), pero sí contra la que promete "enhancement", es decir, "ampliar" al hombre.
Hay que definir qué es 'salud normal'... o todo será consumismo
Eso significa que es importante definir con seriedad qué es la salud "normal". Los médicos siempre buscan devolver la salud normal, estándar, sin haberse esforzado mucho en definirla. "Pero si desde la bioética pública no hay concepto de salud estándar o normal, todos nos convertiremos en transhumanistas", advierte Snead.
Sin ese concepto, todos pediremos más prestaciones. La medicina ya no será el arte de reparar lo dañado, cuidar y aliviar, sino que será, simplemente, dar al 'consumidor' las 'prestaciones' que pida. Insistiendo: si salud es ‘lo que desee el individuo’ la medicina se convertirá en consumismo.
La eutanasia, por ejemplo, es eso: un médico que ni cura ni cuida, sino que aporta una prestación que no da ninguna salud, matar, simplemente porque lo pide un consumidor. Mañana puede pedir que quiten sus piernas y le pongan prótesis, o que le mantengan drogado porque le causa placer.
Defender al pequeño y frágil
"La autonomía es importante pero es solo una parte pequeña del verdadero relato humano", concluyó Carter Snead. "El verdadero relato humano recoge cómo nos interrelacionamos. Las leyes del aborto presentan engañosamente al bebé y la madre como extraños que pelean por sus derechos, pero cualquiera que haya vivido el embarazo entenderá que eso no recoge la realidad, no recoge el milagro y la maravilla de la relación madre-feto. Los provida han de decir: 'amamos a ambos, al bebé y la madre, y queremos amor y hospitalidad radical para ambos'. Y lo mismo con la eutanasia".
En cuanto a los mismos transhumanistas militantes -o teóricos y soñadores- ¿no conocen, no aman a personas frágiles y limitadas en su vida?, planteó Snead. "Si piensan en estos seres queridos frágiles, pueden empezar a entender que mientras ellos anhelan convertirse en poderosos 'másters del universo' que florecen con poder, irán dejando detrás, abandonando, a los más débiles".
Por desgracia, en el contexto actual de España, con la eutanasia ya legalizada, vendida como un derecho, un servicio, una prestación, cualquier eutanasista con ínfulas de "progreso" podría responder a Snead: "no, nosotros no abandonaremos a nadie; con gran misericordia, les convenceremos de que lo mejor es que firmen un papel, y luego un sedante y una inyección letal".
Carter Snead en una ponencia sobre bioética pública ante universitarios